Traigo el nuevo capítulo (tiempo récord? nah, sólo lo sometí a revisión ortográfica) Entraré en exámenes estas dos semanas y no quería tardarlo tanto. Entonces aquí lo tienen. De antemano gracias por leer :)


Capítulo 13

[POV Tomoe]

El despertador sigue sin sonar. No lo hará sino hasta dentro de una hora.

Y odio que aún no haya sonado. Odio despertar y darme cuenta que el sueño no volverá, que en realidad no quiero que vuelva el sueño. Porque si duermo volveré a soñar con lo que no tengo, con lo que anhelo y el despertar será muy amargo. Así es la realidad… mi realidad.

Miro alrededor y detesto cada centímetro de mi habitación, cada adorno, los muebles. Todo. Y detesto que mi cama sea tan grande. Una familia entera podría dormir aquí y sin embargo sólo es para mí y alguna que otra conquista. Esas que sólo vienen atraídas por mis regalos y el poder de mi apellido.

Bien podría ser yo un pervertido viejo obeso y calvo, sin escrúpulos. Y la mayoría de las chicas que han pasado la noche aquí no verían la diferencia.

Vuelve la mirada al pulcro techo blanco. Es muy amplio ¿Cuántas casas de tamaño normal caben en esta simple habitación?

Desactivo la alarma y me levanto a ducharme… mejor aún, podría nadar un rato, de todas formas mi trabajo inicia en unas tres horas. Tiempo suficiente para relajarme, tengo el presentimiento de que hoy no será un día cualquiera.


Hoy he visto pasar frente a mí a la contadora de la empresa. Con su habitual sonrisa, esa tonta sonrisa de "Todo es paz y felicidad a mi alrededor" y esa sonrisa nunca me la creo.

-Murasame-kun. –llamé su atención.

-Ah, Tomoe. No te había visto. –acentuó la sonrisa. -Buenos días.

-¿Pasa algo?

-¿Debe pasar algo?

-No necesariamente, pero considerando nuestra última conversación…

-Todo está bien. –agitó la mano quitando importancia al asunto. - Aoi y yo nos iremos a vivir juntas la próxima semana y… -¿Dijo vivir juntas?

-Bien, ya no digas nada. Todo va de maravilla en tu vida amorosa.

-Kazama… -dijo ella sin la necesidad de que yo preguntara nada... es obvio que aún tiene algo por ella– Kazama y yo seguimos siendo mejores amigas.

-De acuerdo. Te veo luego Murasame. –sonrío y me voy de ahí completamente cabreada.

Camino a prisa a mi oficina, ahí donde puedo destruir cada maldita cosa que se me ponga enfrente.

-Hola jefa. –su voz chillona me sobresalta.

-¡Demonios Taema! –grité llevándome las manos al pecho. -¿qué demonios haces en mi oficina?

-Entregando mis reportes.

-Claro, pero podías esperar a que yo estuviera dentro de la oficina y luego pedir permiso de entrar como la gente normal.

-Ok. Tal vez lo haga algún día. –desechó mi comentario. –Ahora jefa, sé que siempre estás de mal humor frente a mí, pero hoy no soy yo la que te pone irritable ¿se puede saber cuál es el problema? –y al parecer se lo diré, por más que creo que ella no es la persona adecuada para contarle nada…

-¡Esa idiota!

-¿Otra de tus noviecitas? Dime ¿Fue Akemi?

-¿Quién es Akemi?

-POR TODOS LOS CIELOS- creo que está indignada, en realidad no me importa. - me robas a mi novia y ahora ni siquiera recuerdas su nombre.

-Ah… la dejé un día después. No paraba de decir que te extrañaba. –dije con sarcasmo.

-Bien, si no es Akemi ¿quién te puso así?

-Murasame-kun. Esa tonta que primero me llama desde Paris, preocupada porque su eterno amor volvió a aparecer frente a sus ojos. Luego viene llorando a decirme que Kazama nunca la amará blablablá… y justo cuando Kazama-kun la besa y le dice que también la ama…

-¡Vaya! No sabía eso. –dijo sorprendida. –Lo siento, continúa

-¿Sabes lo que hizo? –pregunté histérica- ¡Decidió que lo mejor era quedarse con Aoi y que se van a vivir juntas!

-¿Y eso es lo que te molesta?

-SIIII, DEMONIOS. –Tiré un puñetazo directo a mi escritorio. -¿tienes una idea de lo que me costó crear una excusa para que Kazama trabajara en mi empresa? -… y bueno, qué remedio, solté la verdad sin premeditarlo.

-¡Guao! ¿Quién lo diría? –dijo burlona. –Entonces esa es la razón de por qué me tuviste trabajando horas extra buscando el número de una pintora sin renombre... Y yo que me creí el cuento de que era para ahorrar lo del diseñador gráfico.

-Por favor guarda el secreto.

-Sabes que lo haré… -sonrió espléndidamente. –aunque ¿sabes? Últimamente he estado pensando que merezco un aumento.

-¡Oh no! Eso no, si te doy el aumento terminarás siendo mi jefa, tu puesto ya es muy alto en esta empresa. No. -rectifiqué.

-Y yo aquí teniendo ilusiones… de acuerdo, entonces me gustaría que mi horario se redujera un poco.

-¿Cuánto? –pregunté considerando seriamente lo de su horario, así me libraría de su presencia por algunas horas.

-tres horas. –dijo mientras se subía en el escritorio para quedar a unos centímetros de mi cara.

-Bien, entonces entrarás a las 11:00 am. -¿Qué era ese dulce olor?

-Nop. –Se alejó un poco… ¿mandarina? Es decir… ¿qué quiere decir con que no? –Entraré a la misma hora, pero saldré tres horas antes de mi hora habitual. Así podré evitarme tu humor de la tarde y varios trabajos de horas extra.- ¿Cómo fue que terminé en esta situación? ¡Tonta Sumika Murasame!

-Está bien. –Declaré. –Pero sólo será por un mes.

-Está bien. –Declaré. –Pero sólo será por un mes. A la empresa no le conviene tenerte casi de vacaciones.

-Dos. –Retó con una mirada que prometía que mis secretos más oscuros serían revelados al mundo entero si no aceptaba.

-Dos meses… -acepté a regañadientes. –ahora sal de mi oficina.

-Claro. –señaló una carpeta amarilla. –haz el favor de revisar estos papeles.


Me gustaría ser de ese tipo de ricos despreocupados. Ese tipo de gente que no tiene escrúpulos, que toma lo que no es suyo. Que duermen tranquilos por las noches, las preocupaciones que llenan su vida se limitan a acrecentar sus cuentas bancarias.

Ojalá yo fuera como ellos.

De esa forma me importaría un comino si tengo amigos o no, al fin, ellos tratan a las personas como si fueran un pañuelo desechable…

Así me importaría un carajo si mi mejor amiga hace o deshace. Si es feliz cuando sonríe o si puedo apoyarla cuando llora.

Pero resulta que soy del tipo que gusta de ver felices a las personas que me importan.

Incluso la tonta de Miyako. Sé que la detesto, pero no creo que sea una persona con malas intenciones. De hecho resulta de mucha ayuda cuando se lo propone… hubiera odiado que una tipa como Akemi se aprovechara de ella.

Es un alivio que la chica cayera en mi trampa.

Lo que no logro entender es esta obsesión porque Murasame esté con Kazama. Ella hizo su elección ¿Por qué me molesta?

Ellas van a irse a vivir juntas. ¿Por qué infiernos creo correcto meter las manos?

No debo.

Sumika decidió que su felicidad es al lado de Aoi… yo no debería…

"Ushio Kazama es de las personas que te importan" –dijo una parte de mi conciencia.

"Vamos Tomoe, te gusta ver el drama en los que se mete tu mejor amiga cuando se trata de romance" –una burlona parte sádica en mí hace acto de presencia.


No es una mala zona para vivir. En absoluto.

De hecho vive muy cerca de mi casa, creo que su compañera de habitación tiene mucho que ver con el tipo de residencia… es decir, las modelos ganan mucho dinero.

Llámenme entrometida, pero la relación que tienen Azusa y Murasame me parece demasiado perfecta. No es que Aoi-kun me desagrade, pero no me parece la pareja adecuada para mi mejor amiga…

Esa es la decisión que tomé.

-Un momento. –dijo una voz femenina desde dentro luego de que hice sonar el timbre.

-Hola. –saludé a la rubia que me recibió en pijama. –Tú debes ser Charlotte Munchausen. –asintió. –Soy Tomoe, me preguntaba si está Kazama por aquí, no ha pasado a recoger su cheque.-

-Ushio está en su habitación. –me invitó a entrar.

-Siento la intromisión. –dije mientras atravesaba el pórtico.

-Lamento recibirte en pijama, salí un par de días por un trabajo y no había dormido bien.

-Entiendo eso de no dormir. –sonreí. –De hecho me encantaría andar de pijama como tú, pero si lo hago varios de los asociados lo tomarían como pretexto para quitarme mi puesto.

-Gajes del oficio. –rió y su sonrisa me hizo recordar… nada, no es como si hubiera recordado el rostro de esa odiosa niñata.

Con cierta curiosidad miré a mi alrededor. Una sala amplia, los sillones eran de piel, completamente en negro todos. La mesita de centro era de madera, de un color rosa chillón que no hacía juego con ningún mueble del lugar. El control de la TV descansaba en una esquina de la mesita, junto con algunas latas de Pepsi.

El ruido de las series animadas sonaba en la TV.

-Por aquí.- Me guió por un pasillo completamente vacío a excepción de un cesto de basura colocado a un lado de la primera puerta. Señaló la última puerta, a la izquierda del pasillo. –Ella está aquí… -dijo en voz baja. –umm –dudó.

-¿si? –la animé a decir cualquier cosa que fuera lo que quisiera decirme.

-Ella está rara. –Me lo imaginaba, ella solía ser rara de vez en cuando. -Me dijiste que fuiste su jefa y espero que al menos hable contigo… -definitivamente estaba preocupada. - aunque sean sólo asuntos de negocios.

-Haré lo que pueda.- prometí. –Gracias por dejarme entrar…

-Lotte. –dijo. –Prefiero que me digan Lotte. –sonreí en acuerdo, Lotte sonaba más apropiado. Y con la misma educación de Miyako, entré sin llamar.

El olor a pintura y demás químicos me dieron en la cara de golpe.

¿Cuántos litros de pintura se han destapado en esta habitación? ¿Desde cuándo? Dudo mucho que hayan ventilado este lugar.

-¿Kazama-kun? –llamé la atención de la chica que sostenía firmemente un pincel con el cual trazaba líneas en tonos ocre.

Su inexpresivo rostro me miró.

-Hachi-san… -susurró. – no sabía que vendrías ¿cómo estás? –su tono de voz tampoco mostraba emociones.

-Estoy muy bien, gracias. –respondí sintiendo un enorme nudo en la garganta. –Vine a traerte tu último cheque y de paso a saludarte.

-Gracias. –tomó el sobre que le ofrecí y volvió a su tarea… en silencio una vez más.

Remojó varias veces su pincel en óleo café y volvió a su tarea. Concentrada, sin hablar. Parecía que se había olvidado de que yo estaba ahí. ¿A qué vine en realidad?

Decidí que sería mejor irme.

-¿Has visto esas películas Hachi-san?

-¿Perdón? –pregunté para asegurarme de no haber alucinado la pregunta, dicen que estas sustancias hacen ver visiones.

-Las películas antiguas ¿las has visto?

-Sí. Algunas.

-Amo esas películas. Nunca sabes el color de sus ropas, o cómo está pintada su casa. Todo es blanco y negro o sepia. Las películas de amor eran las mejores. Siempre había un final feliz. –me inquietaba que todo era dicho sin emoción alguna, todo en el mismo tono… muerto. –De niña creía que sería maravilloso vivir en ese mundo sin colores, ahí donde hay un final feliz para todos. ¡Qué tontería! ¿verdad?

-No. –dije y ella soltó una pequeña lágrima, la única que lágrima rebelde que logró escapar. –no es así.

-Lo sé… el blanco y negro es para el pasado.

-Eres una idiota Kazama. –quería golpearla en la cabeza para hacerla reaccionar, pero en su lugar la abracé. - ¿Sabes la diferencia que hay entre Azusa y tu?

-Si. Que ella es exitosa escribiendo novelas románticas y aparte tiene a Sumi-chan, en cambio yo nunca terminé el primer manuscrito y Sumi-chan sólo es mi amiga.

-Exacto. –dije con ironía. –Lo que no sabes es que Aoi no se sentó a lamentarse de lo mal que le iba. Ella no se puso a lloriquear frente a un lienzo y pintó rayitas cafés. Ella se metió a mi maldita empresa, se coló a una junta ejecutiva y besó a Sumika enfrente de todos y ese numerito le valió un "entiende que no quiero ser tu novia". -que alguien me calle por favor. -Si Sumika está con ella es porque Azusa ha luchado por ello y tú no… tu sólo lloras.

Dicho esto salí de la habitación.

Mareada.

Sin saber siquiera lo que he dicho, sin saber si en alguna parte dije alguna estupidez como de costumbre.

Con ganas de volver en el tiempo y cerrarme la boca, tal vez volver en el tiempo y decidir que es mejor no venir y dirigirme a casa.


Bien ahí se queda el capítulo. ¿No aman lo entrometida que es Tomoe? ...no sé si exageré esta parte de ella.

Nos leemos en el próximo capítulo :D

besos!

PD. Xo gracias por los reviews! me agrada tu crítica y las ideas q tienes :D Las estoy considerando. No te preocupes, ya recibí los del capítulo 12 pero primero me llegan al correo y luego de una semana aparecen en FF. No suelo escribir textos demasiado largos, a veces me voy por las ramas y se pierde todo. Entonces prefiero que queden cortos pero que se entienda la historia que trato de contar... gomen.