LOS PERSONAJES DE RANMA NO ME PERTENECEN

CAPITULO 14

"A mi casa, a mi verdadera casa"…

Esas palabras en si, ya eran todo un misterio. ¿Qué querría decir con su verdadera casa? ¿El lugar donde residía normalmente? ¿O que el lugar donde iban era suyo en propiedad? Bueno, eso mismo dijo del asqueroso apartamento en el que la alojó por primera vez…

Akane se devanaba la cabeza intentando deducirlo por si misma, porque obviamente no le iba a preguntar a él, ya que tras otra media hora de viaje, la cara de piedra de su particular conductor, había vuelto a hacer su aparición.

Desviando apenas la vista de la ventanilla, fijó su mirada disimulada en el perfil masculino. Conducía sin abrir la boca y con un rictus de molestia en el rostro. Sus manos aferraban crispadas el volante con demasiada fuerza, haciendo resaltar las venas de su antebrazo izquierdo, donde la manga de la chamarra color café, se encontraba remangada. En ese preciso instante, su mano izquierda se posó con seguridad sobre la palanca de cambios, para cambiar de marcha, permitiéndole a Akane ver su otro brazo durante décimas de segundos. Sin embargo ese corto lapsus de tiempo fue más que suficiente para observar el reguero rojo procedente de algún punto en su hombro, que serpenteando por su fornido bíceps, llegaba casi hasta su codo y que teñía de intenso carmesí la tela de la manga.

- ¡Dios! ¡Estás sangrando! - exclamó sobresaltada ante su propio e inesperado descubrimiento.

Él sin desviar ni un ápice la mirada de la carretera, asintió con una mueca burlona. - Suele suceder cuando te hieren…

Ella pestañeó sorprendida por su falta de emoción ante la situación y su aparente frialdad, pero al segundo se giró en su asiento para gritarle nuevamente con toda la fuerza de sus pulmones. - ¡Idiota! ¿Por qué no me has dicho que estabas herido? ¡Debemos ir a un hospital enseguida!

- ¿Hospital? - Una risa amarga se escondía tras su tono de voz. - Lo siento, nena, pero no podemos. Eso los alertaría y los pondría sobre nuestra pista en menos que canta un gallo. Debemos seguir e intentar llegar a nuestro destino cuanto antes. Es nuestra única opción por el momento.

- No creo que pase nada porque nos desviemos un poco y acudamos a un médico. Alguien tiene que verte esa herida.

- Me halaga que te preocupes tanto por mi, preciosa, pero mi prioridad ahora mismo es ponerte a salvo; todo lo demás puede esperar.

Un repentino sentimiento de rabia la alcanzó al escuchar el cariñoso pero burlón apelativo, sin embargo rápidamente se tornó en culpabilidad al ver cómo la sangre continuaba su curso. Sus ojos se prendieron en una intensa y roja gota que asomaba ya por debajo del pliegue de la manga, alcanzando el fuerte antebrazo.

- Pero, no puedes seguir así. Puedes desangrarte… - empezó a enumerar agitando nerviosamente las manos. - … o puede infectársete la herida, o qué sé yo: pudrirse y… cangrenarse y… y caerse a trozos…

El giró apenas la cabeza para lanzarle una mirada divertida antes de volver nuevamente su atención hacia la monótona calzada. - ¡Cálmate! No va a ocurrir nada de eso. Solo es un rasguño. La bala apenas me rozó.

- ¿U… una bala? - Akane tragó saliva consciente por vez primera de la gravedad del momento vivido. Las armas de fuego no eran objetos habituales en su tranquilo mundo y no estaba para nada habituada a convivir con ellas. Las sillas y mesas voladoras, los ladrillos y los mazos gigantescos y demoledores si, pero las pistolas nunca. Pensar que balas perdidas habían silbado sobre su cabeza, la hicieron palidecer de repente.

Ranma ajeno al cambio en el rostro de la chica, respondió con indiferencia. - Si, pero como te he dicho, fue solo un roce, a pesar de lo que sangra. - desvió los ojos para echar un vistazo por el retrovisor asegurándose por enésima vez que no les seguían. - Cuando paramos en la anterior gasolinera, me hice un apaño con unas vendas y un poco de esparadrapo. - explicó cambiando nuevamente de marcha. - aunque pensé que duraría mas.

Akane respiraba trabajosamente. - Por eso mismo, debemos encontrar algún lugar donde curarte. - replicó con una voz que casi no parecía la suya, observando nuevamente cómo la sangre ya empezaba a gotear sobre los vaqueros del joven, creando una oscura y húmeda mancha. - ¡Oh! ¡Fíjate, no deja de sangrar! - añadió estrechando sus propias manos sobre su regazo, con claro nerviosismo.

De improviso, Ranma giró el volante con fuerza haciendo virar al coche violentamente. Akane agradeció como nunca el tener el cinturón de seguridad bien puesto, ya que si no hubiera salido disparada por el parabrisas con toda seguridad. Cuando pudo centrar la vista, se dio cuenta de que el joven había guiado el automóvil por un pedregoso y accidentado sendero que llevaba hasta un apartado bosquecillo. Minutos mas tarde, estacionaba detrás de un gran árbol rodeado de matorrales, que los cubría oportunamente de las miradas curiosas de cualquiera que pudiera pasar por la carretera.

La joven Tendo abriendo sus grandes ojos castaños, observó los alrededores con desconfianza. - ¿Qué hacemos aquí? - preguntó volviendo nuevamente su mirada hacia su acompañante.

- ¿No estabas tan preocupada por mi herida? - respondió desabrochando los dos cinturones de seguridad con un sonoro clic. - Me he detenido aquí para hacerme una cura de urgencia - añadió abriendo la portezuela de la chica para que pudiera bajar del auto. - Así que… ¡venga, ayúdame a curarme!

-¿Q… qué? - Exclamó angustiada. El cuerpo se le descompuso tan solo de pensar en tener que andar con carne sanguinolenta. Pero lamentablemente ya no había nadie que pudiera contestarle porque Ranma había descendido del vehículo y la esperaba en la parte trasera del mismo.

- Akane… - la llamó mientras levantaba la portezuela trasera. - ven, por favor.

La chica con las piernas temblando descendió del asiento y se acercó a su compañero. Ranma se había desecho ya de la chamarra y solo llevaba una vieja camiseta de un tono gris claro que tenía todo el lateral totalmente empapada de sangre.

- ¡Oh, por Kami! - La joven pensó que se iba a desmayar al ver tanto rojo junto. El joven la miró con una media sonrisa perversa.

- No puedo creerlo, estás pálida como la cera. Has visto muchos combates en tu vida, cómo para que ahora te moleste un poco de sangre. Te estás ablandando con la edad, marimacho.

Ella le devolvió una mirada fatigada. - Te recuerdo que en esos combates abundaban los golpes, los moratones y los esguinces e innumerables chichones, pero casi nunca hubo heridas abiertas; además…

Un inexplicable mareo la hizo tambalearse y el chico la sujetó antes de que se desplomase.

- Akane… - la llamó preocupado. - ¿qué te ocurre?

- Nada… - respondió aforrándose al brazo sano de Ranma. - Lo siento, pero es que desde que vi a… aquella chica… yo…

- Tranquila. - la interrumpió él al comprender lo que le ocurría. - Lo siento. Había olvidado lo que tuvo que ser para ti. – respondió con una nueva y desconocida ternura. Suavemente le pasó una mano reconfortante por la tensa espalda aportándole calor y confianza.

- Vuelve al coche y descansa. – susurró sobre sus negros cabellos. - y por mi herida no te preocupes, creo que puedo arreglármelas solo.

- No. - protestó ella débilmente aunque soltándose de los brazos que la sostenían. - Te ayudaré.

- No hace falta, hazme caso. Vuelve al coche y espera. – Suavemente comenzó a empujarla por la espalda obligándola a volver al vehiculo, pero la chica se volvió y lo miró seriamente.

- He dicho que te ayudaré, y lo haré. - dijo resueltamente sorprendiendo al joven. - Puedo hacerlo, de verdad. Tú solo dime qué he de hacer.

Ranma bajó su mirada buscando sus ojos. - ¿Estás segura?

Ella asintió con un gesto. - No soy muy buena enfermera - admitió encogiéndose de hombros. - pero haré lo que pueda. – añadió finalmente con una leve sonrisa.

La contempló indeciso durante unos segundos pero al ver que la herida continuaba sangrando, exhaló un suspiro y de un solo movimiento, se desprendió de la manchada camiseta.

Siempre había tenido un físico estupendo, pero ahora esa palabra se le quedaba ridículamente corta. Akane sintió un repentino calor subirle al rostro y completamente turbada, apartó la mirada de aquel torso cincelado y de perfectas proporciones. Ranma se dio cuenta enseguida del embarazo de ella y sonrió apenas. ¡Así que la chica aun se avergonzaba ante un hombre sin camisa!… esto después de todo, iba a ser divertido.

Girándose a penas, se inclinó y sacó del fondo una maleta grande y negra que abrió dentro del maletero y la chica lo miró con curiosidad.

- ¿Qué llevas ahí?

- Material de emergencia. - fue su escasa respuesta. Ella desvió nuevamente sus ojos hacia la maleta que el joven acababa de abrir. Dentro, perfectamente ordenada había ropa limpia y varias bolsas pequeñas cerradas con cremalleras. Ranma removió el interior hasta que encontró la que buscaba. Un neceser de tamaña mediano de color verde. Lo abrió dejando ver un botiquín muy completo.

- Bien… - dijo sacando varios frascos, algodón, vendas, guantes quirúrgicos y una pequeña cajita de metal que colocó sobre la tapa de la maleta cerrada.

- Primero tienes que limpiar la herida y desinfectarla con esto. - explicó encarando nuevamente a la chica y poniendo el desinfectante y las gasas en sus pequeñas manos. - luego… - continuó explicando mientras abría la pequeña cajita. - aquí, como puedes ver, hay material de sutura. Solo tienes que coser… - añadió con una sonrisa buscando los ojos de la joven. - y cantar…

Akane estaba blanca como el papel aguantado en sus temblorosos dedos el bote de alcohol y las gasas. A pesar de la buena temperatura, sentía sus pies y sus manos heladas. Sus ojos se fijaron en el musculoso brazo herido y tragó con fuerza.

- ¿Podrás hacerlo, nena? - escuchó decir a su compañero.

Elevó sus castaños ojos y asintió con la cabeza, ya que creía que las palabras no saldrían de su boca. ¡Cuánto daría por que Kasumi estuviera allí! Seguro que ella sería capaz hasta de hacerle un bordado.

- De acuerdo. - La voz de Ranma sonaba lejana pero segura. - Puedes empezar cuando quieras.

El joven se apoyó en el paragolpes trasero para bajar su estatura y que así la chica trabajara más cómoda. Ella se acercó y con lentitud, y tras ponerse los guantes, impregnó una de las gasas con el alcohol para comenzar a limpiar la herida. La piel de Ranma al tacto estaba cálida y suave, pero los músculos bajo esa piel eran recios y tensos como cables del más resistente acero. El joven se tensó y aspiró repentinamente cuando las manos de la chica hicieron contacto con su piel y ella lo miró preocupada.

- ¿Te hago daño?

- No. - Ranma sacudió apenas la cabeza. - Es que tienes las manos frías…

- Ah… lo siento, creí que con los guantes no lo notarias…

- No te preocupes. Continua.

Akane prosiguió con su labor limpiando toda la superficie manchada hasta que finalmente la herida fue más visible. La bala, ciertamente no había llegado a traspasar la carne, pero había causado un profundo y largo surco de varios centímetros, en la zona cercana al hombro.

La joven tomó una nueva gasa impregnada y con toda la suavidad de la que fue capaz, limpió directamente la herida. Tenía que reconocerle al joven su mérito, ya que estaba segura que le tenía que doler como mil demonios, pero el moreno ni siquiera pestañeó.

- Siento si te hago daño. - le dijo en un intento de disculpa. - pero la herida está muy sucia y tengo que desinfectarla bien…

- Tranquila. No es para tanto. Tú sigue como vas.

- De acuerdo… - Después de unos minutos, Akane terminó y ya lo único que le quedaba por hacer era lo que mas temía: suturar.

- Esto… verás, yo nunca he hecho una sutura…

Los azules ojos la miraron divertidos. - ¿No has cogido ni siquiera nunca una aguja de coser?

- Pues…

- Ya veo, así que la pobre Kasumi sigue teniendo que hacerte todas las faenas, ¿no marimacho?

La chica enfureció y los ojos refulgieron como luceros. - ¡De eso nada! Para tu información, ¡no soy tan inútil como pretendes hacerme parecer!

Ranma esbozó una sonrisa malvada. - Entonces… ¿Habrás cosido alguna vez un botón o el dobladillo de una falda, no?

Ella aspiró con fuerza por la nariz, fulminándolo con la mirada. El joven rió y le guiño un ojo. - Pues no hay mucha diferencia. Si sabes arreglarte las minifaldas, podrás con esto.

La orgullosa chica adelantó la mano y cogió la terrible cajita como si fuera de hierro y estuviera al rojo. Dentro encontró lo que necesitaba. La aguja estaba enhebrada con el hilo especial de cirugía. La miró como fuese el peor de sus enemigos pero tomando aire se giró hacia el joven. Este la miraba con una sonrisa confiada y ella agradeció internamente el gesto.

- ¡Vamos Akane! Es muy fácil.

Con manos temblorosas acercó el delicado y afilado instrumento a la carne y lo hundió lo más cerca posible del borde de la herida. Escuchó a Ranma animándola a seguir, y antes de que se diera cuenta ya había terminado.

- ¿Te das cuenta?… no fue tan difícil.

Ella sonrió y fijó sus ojos en su obra. No era el perfecto trabajo de un cirujano plástico, pero al menos la herida estaba cerrada y ya no corría riesgo de infección.

- Bueno, no… En fin, todos los días se aprende algo nuevo, ¿No?

Ranma sonrió examinando con la ayuda de uno de los retrovisores del auto, la obra de la chica.

- Eso dicen… Ahora puedes presumir de que aunque no sepas freír un huevo, si sabes coser heridas de bala. – le dijo en broma. Sin embargo la chica no se rió, por el contrario se había quedado literalmente muda. Al girarse para observarse la herida en el espejo, la amplia espalda había quedado justo frente a sus ojos. Y la chica con los ojos espantados, no podía creer lo que veía.

La morena piel estaba atravesada por al menos una docena de largas y profundas cicatrices, que surcaban su carne desde los potentes hombros hasta la esbelta cintura, alcanzando a veces parte de su costado. Eran marcas antiguas, supuso por la coloración de las mismas y por su estado, pero no por eso eran menos impactantes. Por su grosor y su profundidad parecían haber sido hechas por dos tipos de instrumentos diferentes, pero con algo en común. Armas capaces de lacerar la carne y abrir profundos y dolorosos surcos sobre la piel, pero no era capaz de imaginar qué…

- Látigos de cuero y bastones de caña.

La chica elevó la mirada hacia el atractivo rostro que la contemplaba con gesto impenetrable.

- ¿Q... qué?

- Que fueron hechas con látigos de cuero y bastones de caña. ¿No era eso lo que te estabas preguntando? – preguntó con la mirada de hielo instalada de nuevo en sus azules ojos.

- Perdona. Yo no quería incomodarte, solo que…

- Si, comprendo. Solo tenías la morbosa curiosidad por saber que podía haber hecho para que mi espalda fuera un conglomerado de carne picada ¿me equivoco? – El tono de su voz era cada vez mas agrio y la chica se encogió instintivamente.

- Pues siento desilusionarte, pero es una larga y desagradable historia y no me apetece contarla.- le respondió empezando a recoger los utensilios utilizados y guardarlos en la maleta con rapidez. - Así que sube al coche mientas recojo todo esto que partimos en seguida.

Ella lo miró con los ojos nublados, pero sin decir nada se volvió y se metió en el auto. Cuando ella estuvo fuera de su vista, el joven apretó con furia su puño sin notar que su mano sostenía aun la pequeña caja metálica, la cual quedó completamente aplastada. Al percatarse la arrojó violentamente en el interior del maletero y sacando una camiseta limpia, se la colocó tras cerrar la portezuela de un violento portazo. Dentro del coche Akane sintió la violencia que desplegó el joven y se sintió fatal. Asumió que era por algo que ella había hecho. Quizás el mirar tan fijamente sus cicatrices, pero no pudo evitarlo. Nunca imagino verle herido de esa manera.

Ranma abrió la portezuela del conductor y se subió al asiento. Arrancó el motor y salió como una exhalación incorporándose a la carretera en la mitad de tiempo del que había empleado para salir anteriormente. Akane se sujetaba del reposabrazos y evitaba mirarlo. Sabía que estaba furioso y no quería provocarlo más.

Él a su vez, después de un buen rato conduciendo trató de calmar su ánimo un poco, pero lanzó una mirada de soslayo hacia la joven y al contemplar su pálida faz y sus ojos lacrimosos, repentinamente sintió su furia renacer.

- Siento que por mi culpa hayas visto una imagen tan repugnante, pero supongo que podrás contener las ganas de vomitar hasta que lleguemos a nuestro destino. Espero que no sea pedir demasiado…

Ella lo miró con la boca abierta y la indignación plasmada en sus bellos y brillantes ojos.

- ¿Por quién me tomas?

- No lo sé; dímelo tú. Comprendo que la vista de mi espalda no sea plato de gusto de nadie, pero creí que a ti, siendo tan fuerte como esperaba, no te revolviese el estómago la vista de unas viejas cicatrices… pero por lo visto eres igual que los demás.

- Pues te equivocas, Saotome.- replicó desviando la mirada hacia la ventanilla. - Como siempre…- añadió después en un susurro.

El la miró apenas y volvió la vista hacia la carretera.

- ¿Ah si? ¿Y en qué me equivoco?

Ella se mantuvo en silencio unos instantes, pero al final tomó aire y respondió. - No siento repugnancia por la vista de tus cicatrices. No me impresionan de esa manera. Simplemente son los recuerdos de unas heridas que te fueron inflingidas en algún momento de tu pasado.

Él apretó con fuerza los dedos sobre el volante y bufó, sin embargo la chica continuó hablando sin vacilar. - Lo que verdaderamente me produce asco es pensar en que alguien haya sido capaz de hacer daño a un semejante de esa manera tan vil y tan cruel.

Ranma apretó con fuerza los dientes. - No necesito que desperdicies tu compasión conmigo, Srta. Tendo. ¡Así que guárdatela para quien lo precise!

Los ojos de la chica se aguaron sin poder evitarlo, pero su carácter fuerte le instó a gritarle.

- ¡No te tengo lástima, estúpido! Es otra cosa lo que siento, pero tú eres demasiado idiota para comprenderlo…

Furiosa se giró dándole la espalda y se cubrió con su propia chaqueta. Cerró los ojos para retener las lágrimas y fingió dormir. Ranma no volvió a abrir la boca y continuó conduciendo en silencio. Con el suave balanceo del auto y por el cansancio acumulado, la chica finalmente cayó dormida de verdad. Ranma lo supo inmediatamente por el sonido de su respiración y suspiró aliviado. Él también necesitaba un descanso pero prefería esperar hasta llegar a su destino. Las horas fueron pasando y cuando la tarde empezaba a caer, Akane se desperezó y abrió los ojos.

- Por fin despiertas.

Ella lo miró con desconfianza. La voz del joven sonaba normal y amigable. Sentándose bien en su asiento lo estudió con los ojos entrecerrados.

- ¿Qué? – preguntó él con una sonrisa.

Ella enderezó la espalda y le lanzó una severa mirada. – me preguntaba si tendrías trastorno bipolar…

El joven rió y ella ya dio por sentado de que así era efectivamente.

- Hace unas horas parecía que no me soportabas y ahora estás sonriente y amable. ¿Qué drogas estás tomando?

Ranma sonrió nuevamente de medio lado. - Siento lo de antes, Akane. Espero que aceptes mis disculpas. En mi defensa diré que el tema de mis… cicatrices es algo muy doloroso para mi, y no me siento bien cuando hablo de ello. Por favor, no me lo tomes en cuenta…

Ella se quedó un rato pensativa y luego asintió con un leve gesto. - De acuerdo y perdóname a mi también. No debería haberme quedado mirando tan fijamente. Debí ser más prudente.

- No, no es culpa tuya. Es normal que te causara curiosidad.

Akane le escuchaba observando embelesada como el sol comenzaba a ponerse por el horizonte llenado de un dorado resplandor todo el paisaje.

- Quizás algún día te cuente como me las hice…

Ella volvió a mirarle pero él tenía su mirada fija al frente y no dijo nada más. Después de algunos minutos la chica rompió el silencio.

- No te he preguntado, pero ¿quieres que conduzca yo un rato? Debes estar cansado…

- ¿Sabes conducir?

- Claro, soy una chica de mi tiempo.

- ¡Vaya! Bueno es saberlo. Quizás en otra ocasión, Ahora ya no es necesario. En apenas cinco minutos llegaremos.

Akane se incorporó aun mejor en el asiento, atisbando con curiosidad por la ventanilla. La carretera desde varios kilómetros atas se habia transformado en un carril sin asfaltar, lleno de tierra y diminutas piedras que rebotaban contra los bajos del coche.

- Pero esto es un camino de cabras… - replicó ella con la desilusión plasmada en la cara. - ¿no me llevarás a otro cuchitril como el de antes, verdad?

Él no contestó. Girando a la izquierda desembocaron en un claro en medio del bosque y de repente detuvo el automóvil.

- Juzga por ti misma…

Akane abrió la portezuela y descendió despacio del vehiculo. Sus ojos recorrieron los alrededores y una sonrisa se pintó en su bello rostro.

La luz del atardecer se filtraba entre las hojas de los frondosos árboles, bañando de un esmeraldino y hermoso resplandor toda la zona, donde justo frente a ella se erguía la más hermosa y acogedora cabaña de madera que jamás hubiera imaginado. Rodeaba por una cerca también de madera y perfectamente barnizada, presentaba una imagen moderna pero sin perder el encantador y rústico aire de una casa de las montañas. Junto a la puerta y bajo las ventanas, macizos de flores multicolores alegraban el ambiente y el suave césped que bordaba el camino, parecía una suave y mullida alfombra verde.

- Es… preciosa. – dijo apenas en un suspiro.

Ranma sonrió satisfecho apareciendo junto a ella cargado con su pesada maleta negra y con el bolso de la joven.

- Si, y este es verdaderamente mi hogar.

Ella volvió el rostro y lo miró. Él amplió su sonrisa y tomándola del brazo la insto a caminar a su lado.

- Ahora si de verdad, Akane. Bienvenida a mi hogar.

Fin del capítulo.

…//…..

Me he dado toda la prisa que he podido para dejaros este capítulo en este mismo fin de semana. Creí que la semana Santa daría más de si, pero por desgracia los últimos 5 días estuve en cama con mucha fiebre y con unas jaquecas terribles. Pero bueno, no siempre las cosas salen como una quiere.

Ni siquiera he tenido tiempo de agradeceros particularmente a cada una, los maravillosos comentarios que me habéis dejado. Pero no quiero que creáis que no lo agradezco, sois lo mejor de todo. Recibir vuestros review, vuestras opiniones y palabras de aliento es el mejor aliciente que puedo recibir para continuar con esta locura de mis fics. Gracias de todo corazón y hasta la próxima.

Un beso muy grande, Marina.

Pd.: no lo he revisado bien, así que es posible que veáis algunos fallitos.