Capítulo 14

A Rivendell

¿Quién era él? Un hombre, pero sólo eso sabía.

—Causas mucho alboroto, hobbit —dijo por fin el hombre, mirando a través de las ventanas empañadas por la lluvia—. Si yo lo quiero, puedo pasar desapercibido; pero desaparecer por completo, es un arte —finalizó apagando las velas con la punta de sus dedos.

Bilbo lo miró confundido, preguntándose por sus amigos y por la identidad del hombre.

—No lo entiendo —murmuró negando con la cabeza—. Mire, lo que pasó allá fuera…

— ¿Tienes miedo? —Y Bilbo asintió —. Aún no temes lo suficiente. Yo sé lo que te sigue.

— ¿Y qué podría ser eso, Maese Trancos? —La profunda voz de Thorin hizo eco en la habitación cuando entró seguido de sus sobrinos, y con la mano envuelta en la empuñadura de Orcrist.

El hombre lo miró, reconociéndole de inmediato y no se detuvo en cuanto hacerle una reverencia, que sólo bajó los ánimos de los jóvenes Dúrin.

—Oí mucho de ti y de tu aventura, Thorin Escudo del Roble, hijo de Thrain —Pero Thorin le miró esperando que respondiera. Él también temía de las sombras que los perseguían y cuando le oyó decir que aún no temían lo suficiente, se sintió desfallecer. Su Bilbo y sus sobrinos… no quería imaginarse perder a ninguno en manos de ¿Nazgul? Espectros del Anillo, ni vivos ni muertos; así dijo Trancos.

Pero ahora todos querían saber ¿Dónde estaba Gandalf? ¿Por qué siempre quedaba de encontrarlos en algún lugar y luego fallaba? Lo mismo pasó en Erebor.

No quería confiar de todo en ese hombre, pero si era su última esperanza, lo seguirían de cerca adonde fuera que los estuviera guiando.

A la mañana siguiente, mientras caminaban por una cuesta escarchada, Bilbo miró a Thorin y le dirigió una tierna sonrisa que tomó al enano desprevenido y lo hizo sonrojar. A lo que Fili y Kili rieron por lo bajo, ganándose una mirada asesina por parte de su tío, que los hizo correr al lado de Trancos.

—Dinos, Trancos —dijo Kili, trotando junto con Fili, ambos a cada lado del Montaraz —. Ya sé por qué te dicen Trancos. —y el hombre sonrío con ternura, porque nunca había visto a dos enanos tan jóvenes y joviales.

— ¿A dónde nos llevas? —Completó Fili.

—A Rivendell, joven príncipe.

Entonces ambos hermanos se detuvieron a mirar a su tío, y lo encontraron; tal como esperaban, haciendo un pésimo intento por no fruncir el ceño, y a Bilbo tomarle de la mano para que continuara caminando.

¿Otra vez a Rivendell? Se fueron para no volver, por eso habían robado tantas cosas y hecho un desastre monumental.

— ¡Oh, vamos, Thorin! —Dijo Bilbo—. Lord Elrond nos estima mucho, él no es como Thranduil y su prole.

Pero encendió más la mecha de Thorin al mencionar a Thranduil.

—No tengo por qué ir allá de nuevo, Bilbo. Mi opinión acerca de los elfos no cambia —espetó sin importarle que Trancos lo escuchara.

—Vamos, debemos llevar el Anillo allá, finalmente nos desharemos de él —dijo abrazándolo, sintiendo los cálidos brazos de Thorin rodearlo —y podremos volver a nuestro hogar.

Trancos mientras tanto, observaba fascinado el amor que había nacido entre el pequeño hobbit y el anterior Rey Bajo la Montaña. Era tan extraño que una criatura pacífica y hogareña se enamorara de otra que era totalmente lo opuesto.

Siguieron caminando hasta que se encontraron cerca del anochecer en la Cima de los Vientos. Trancos, amablemente les dejó más armas y se fue a vigilar los alrededores.

Bilbo acomodó su saco de dormir, y entonces escuchó unos pasos firmes que se acercaban a él.

— ¿Te molesta si te acompaño? —preguntó Thorin, sonriendo a la luz del atardecer, quitándole a Bilbo la razón y el pobre hobbit sólo fue capaz de asentir y sonreír como un niño.

Se acomodaron juntos, aislándose del frío con el cuerpo y una ligera manta; ligera para el viento que golpeaba la cima.

Thorin cayó dormido de inmediato, así como Bilbo, porque la preocupación a ambos los estaba consumiendo. Pero el enano estaba más tranquilo gracias a las palabras de su hobbit: finalmente se desharían del Anillo. Una noche más, y todo quedaría solucionado.

El aroma del humo sin embargo despertó al enano y cuando se dio vuelta ¡Horror! Sus irresponsables sobrinos habían encendido una fogata ¡Cualquiera los vería!

— ¿Qué han hecho? —Exclamó pisoteando la fogata con ímpetu, pero fue demasiado tarde, en la lejanía se escucharon los horribles chillidos de los Espectros del Anillo, y fueron esos gritos los que despertaron a Bilbo.

Sintió a Thorin levantarlo con rapidez y brusquedad y subieron para evitar que los alcanzaran el mayor tiempo posible.

Thorin no concebía la idea de enfrentarse a esas cosas, pues eran inmortales. Pero no había de otra y en menos de lo que imaginó, se encontraron rodeados por nueve espectros negros, que como si nada los hicieron a un lado a los tres.

Por un momento el corazón de Thorin se detuvo, sus sobrinos estaban a salvo, pero Bilbo había desaparecido, y apareció luego de ser apuñalado en el hombro.

Se levantó movido por el horror y la angustia de ver a Bilbo herido. Llegó a su lado y lo envolvió en sus brazos. Y cuando creía que todo estaba perdido, Trancos llegó y con gran agilidad pudo enfrentar a los nueve.

Pero ahora…

— ¡Bilbo! —Exclamaron Fili y Kili, corriendo al lado de su hobbit, herido por un puñal de Morgul que Thorin reconoció como el que el viejo chocho le había entregado a Gandalf ¿Cómo? ¿Qué estaba pasando?

—Bilbo, resiste, por favor, no te vayas, no me dejes—suplicó Thorin tomando el rostro dolorido de su hobbit entre las manos—. No —suspiró uniendo su frente con la de él, y la sintió tan fría.

Bilbo no sabía qué pasaba, se había puesto el Anillo en un ataque de pánico, había visto a esos antiguos Reyes de Hombres como sombras grises, y luego un terrible dolor le quemó todo el cuerpo, y ahora, sólo sabía que Thorin estaba a su lado, pero ya no sabía por cuánto tiempo más sería así.