Ehm... ¿me recuerdan? -agacha la cabeza y juguetea con sus dedos- Lamento la demora... creo que fue una semana más tarde de lo que prometí... pero perdí por completo la noción de los días y digamos que... me olvidé de esa historia. ¿Me perdonan?
Disclaimer: HP es de Jotaká, TS de Steph. La historia, mundo, trama y unos pocos personajes de Ayla.
A lo que estamos aquí.
XIV – Hechicera
3pPOV – dos meses después
En el jardín de la mansión Malfoy de Olympia, bajo la atenta mirada de Scorpius Malfoy y Albus Dumbledore, Rosalie Malfoy practicaba su hechicería. Pasado un mes desde su ruptura, Rose ya era capaz de concentrarse en algo. Sin embargo, eso no evitaba que sintiera todo el peso de su dolor pasado el momento de acción. Por ello, intentaba mantenerse eternamente ocupada. No siempre lo lograba.
- Hédera – murmuró la joven, apuntando con su mano derecha a una estatua de piedra en forma de dragón.
Inmediatamente, una enredadera comenzó a surgir del suelo y cubrió la estatua. Con un movimiento seco de muñeca izquierda, la hiedra convocada se fue estrechando hasta reducir a polvo su objetivo. Bajó sus manos y volteó a ver a los ancianos, que la evaluaban silenciosamente.
- Está lista – murmuró Dumbledore.
- ¿Estás seguro, Albus? – inquirió algo desconfiado Scorpius – No pienso arriesgarla por una suposición…
- Rosalie, ¿qué nivel es el encantamiento hédera? – preguntó el director de Hogwarts a su alumna.
- Catorce, profesor – contestó la chica volviendo sus ojos plateados al montículo de polvo -. Reparo.
- Y no supuso dificultad para ella – añadió el director, cruzando sus ojos azules con los plateados de su compañero de estudios. El anciano Lord Malfoy suspiró.
- Adelante.
Albus Dumbledore caminó hasta ponerse frente a la hechicera. Se miraron fijamente y comenzaron a combatir sin varitas. La potencia era impresionante. Los hechizos volaban sin dar en el blanco, o chocando con escudos, o topándose con objetos transfigurados. La edad no parecía impedimento para que ambos (una demasiado joven y el otro demasiado mayor) explotaran sus habilidades al máximo.
Duraron horas en un espectacular despliegue de hechicería. Al finalizar, ambos lucían impecables. A su alrededor parecía un campo de batalla muggle. Respiraban algo agitadamente, pero la determinación lucía en los dos hechiceros.
- Nivel quince, profesor – murmuró la joven rubia alzando la barbilla, en un gesto obstinado y orgulloso propio de su familia (materna y paterna).
- Me doy cuenta, Rosalie – contestó el anciano -. ¿Cómo están tus compañeros?
- Listos para volver a Inglaterra en cuanto sea posible – respondió la heredera, adoptando su papel.
- Sabes dónde ir – el director evaluó con la mirada a la alumna -. Las barreras estarán levantadas para cualquiera con el escudo de la Hermandad o el emblema de la Alianza. Convérsalo con el Círculo Interno. Hogwarts está con estudiantes, pero no creo que eso sea un problema.
- No lo será, señor – negó la chica -. Los enviaré en grupos, somos demasiados para ir todos de inmediato. ¿Cree poder adaptar un sector para encajar una casa?
- No será problema. El campeonato de quidditch no corrió este curso, por lo que me encargaré de retirar el estadio para que puedas adaptarla a tus necesidades.
- Gracias, profesor.
Luego de eso, un fénix descendió de un árbol y se posó en el hombro de su dueño. Albus Dumbledore inclinó la cabeza a modo de despedida y desapareció. La heredera se encaminó junto a su bisabuelo y se sentó a su lado. Con un chasquido de dedos, el jardín volvió a estar impecable.
- Estoy orgulloso de ti, Rosalie – comenzó el anciano, rompiendo el silencio varios minutos después.
- Gracias, Scorpius – murmuró ella distraídamente.
- No hablo solo de que pudiste resistir cuatro horas y media en un duelo de hechicería con Albus – añadió. La joven lo miró algo confusa -. Apenas eres mayor de edad y cargas con la Hermandad, la Alianza, la profecía de Rowena, tu… extraña situación sentimental – el Lord ignoró la mueca de su bisnieta –, el odio de Riddle y, por si fuera poco, tu embarazo.
- No quiero hablar de eso – susurró la chica desviando su mirada a la estatua que había roto con enredaderas apenas horas atrás.
- Rosalie – advirtió él. Ella suspiró y le miró -. No nos metamos con el honor familiar, ni con tu propio orgullo. Ese chico tiene el derecho de saber que es su hijo.
- Ni siquiera mi madre sabe que estoy embarazada, Scorpius – se quejó ella -. Es capaz de obligarme a casarme, no que me queje pero… sabes lo que opino de esto.
- Eres mayor de edad, heredera de los Malfoy y los Black, y la cabeza más visible de la resistencia – dijo poniendo su mano en el hombro de la más joven -. Confío en ti.
- ¿Eres consciente de que mi hijo, solo por ser mío, cargará con la herencia Malfoy-Black? Los Wood son una rica familia sangre pura, no tan visibles pero igualmente prominentes. Unir a los Malfoy-Black con los Wood-Potter sería… ya sabes, demasiado para un niño.
- Merece su herencia, querida. Un niño ilegítimo puede ser bastante discriminado, por muy heredero de una familia aristocrática sea. Que ese muchacho lo reconozca le dará enormes posibilidades… además de que Oliver es el único heredero de su tradición.
- No estás ayudando, ¿sabes? – ambos sonrieron y se encaminaron al interior de la enorme mansión blanca.
Rosalie llevaba un par de semanas sin pasarse por la base, preocupada como estaba de lograr el nivel adecuado para volver al juego. Por lo demás, enterarse de su embarazo apenas una semana atrás la tenía en las nubes, y no necesariamente en buen sentido.
Pocas veces se quebraba la cabeza (ése era el trabajo del Círculo Interno de la Hermandad) pero en ese momento estaba completamente confundida. Nunca sería fácil ser hechicera, mucho menos heredera de una tradición como la suya. Y sumarle a eso un embarazo fuera de matrimonio y a su edad… no quería ni pensar en lo que le venía.
Ayudó a su bisabuelo a sentarse en la sala y llamó a un elfo doméstico para que trajera su medicina. El anciano le sonrió agradecido.
- Eres demasiado buena, Rosalie.
Ella sonrió tristemente. Sí, habían tenido esa conversación unas cuatro veces diarias desde que llegó a Malfoy Manor a consultar un libro de hechicería merliniana y terminó quedándose.
- No pienso dejarte solo, Scorpius.
El principal punto de discusión era que el Lord quería que ella volviera con su madre y sus hermanos, pero ella no estaba en absoluto dispuesta a dejar que su querido bisabuelo sufriera solo la viruela de dragón (además de que estaba más tranquila lejos de los dos chicos de los que estaba enamorada). Por otro lado, la magia del bebé dentro de ella parecía creer que no era capaz de defenderse a sí misma, porque no había sido contagiada a pesar de estar el día completo junto al anciano.
La joven dejó a su bisabuelo durmiendo en su habitación y se encaminó al despacho. Escribió rápidamente una nota de convocatoria para su madre, su hermano, y los Wood. Incluyó una pequeña pluma-traslador que se activaría solo con la magia de las personas a las que quería ver. No llevaría a nadie más.
Dos días más tarde, estaba en el laboratorio monitoreando el progreso de algunas pociones cuando un elfo doméstico apareció informando que sus invitados esperaban en la sala. Ni que decir que la rubia demoró un par de minutos en calmarse lo suficiente para congelar los calderos y dirigirse a la estancia.
En cuanto entró, su hermano prácticamente se tiró encima de ella y comenzó a reprocharle el no contactar en cinco días. Hay que ver. Se sentó junto a su bisabuelo, con su madre y su mellizo en un sofá a la izquierda y Oliver y sus padres en uno a la derecha.
- ¿Para qué querías vernos, querida? – preguntó amablemente la señora Wood. Ella se mordió el labio, nerviosa.
- No es fácil de decir… - comenzó. El anciano puso una mano en su hombro.
- Adelante – animó Narcissa. Rosalie respiró profundamente, preparándose para la reacción.
- Estoy embarazada.
Silencio. Draco parecía no querer entender, Narcissa se veía claramente confundida, Anabelle no comprendía qué hacían ellos ahí, Oliver senior fruncía el ceño con la misma pregunta que su esposa y Oliver junior estaba en shock.
Finalmente, el chico responsable de la conmoción logró recuperarse y casi corrió a sentarse junto a su ex-novia para abrazarla fuertemente.
- ¿Estás segura, Rosie? – murmuró en su oído.
- No tienes idea de cuánto, Oliver – susurró en respuesta.
- Eh, creo que no entiendo – habló el señor Wood, haciendo que los chicos se separaran -. ¿Qué pintamos nosotros aquí? Quiero decir, ustedes dos terminaron hace años…
- Sí, bueno – su hijo frunció el ceño -. La verdad es que hemos tenido algunos, este, encuentros…
- ¿No hay dudas de que sea un Wood-Malfoy, entonces? – intervino Narcissa, al parecer aceptando la situación.
- Ninguna, madre – negó la joven.
- Rose, ¿podría hablar contigo un minuto? A solas – pidió el ojiazul.
Ambos caminaron al cuarto de la chica en silencio. Cuando ella cerró la puerta y él puso algunos hechizos de privacidad, se sentaron en el sofá.
- ¿Qué haremos? – preguntó él.
- No sé tú, pero yo pienso tenerlo – se encogió de hombros la rubia. El castaño sonrió.
- Sí, bueno, no me refería precisamente a eso – murmuró -. Más bien… nosotros.
- Explícate, Wood – pidió ella.
- Rose… sé que no estás de acuerdo con las, eh, ideas de nuestras madres acerca de casarse por causa de un hijo y esas cosas…
- No hay mayor verdad en este mundo – afirmó ella, haciéndole sonreír.
- Iré directo al punto. ¿Volverías conmigo? No hablo de casarnos, por supuesto. Solo… volver a salir. Intentarlo de nuevo. Si más adelante se da, pues…
- Déjame pensarlo.
Lo consideró en verdad. Pensó en Edward, en contraste con Oliver. Debía admitir que siempre había soñado con pasar toda su vida con el mago, pero jamás había considerado al vampiro como una opción permanente. Quizás nunca había pensado que pasaría a su lado el tiempo suficiente para ello. Siempre supo que en algún momento se vería obligada a volver a Inglaterra, y no contaba con que él la acompañara.
Edward era el chico ideal para muchas. Para ella… no tenía la menor idea. Fue lindo mientras duró, era cierto, aunque la verdad es que la perspectiva de transformarse y vivir la eternidad mientras veía morir a sus seres queridos no le atraía en lo absoluto. En ese aspecto, no encajaba con su último novio.
Oliver, por otro lado, era el chico perfecto para la mayoría del alumnado de Hogwarts y más de una revista le había puesto como el soltero más codiciado cuando comenzó su carrera deportiva. Él jamás hizo caso a nada de eso, el chico prefería pasar el tiempo con sus cercanos antes que ganar la copa del mundo de quidditch. Vale que era un sueño, pero de ahí no pasaba. No conocía a nadie como el heredero de los Wood. Nadie la conocía como él. Nadie lo conocía como ella.
Si era sincera, aunque él fuera un pobre muggle lo habría amado igual. La esencia del guardián sería la misma. ¿Y Edward? Quizás no lo habría visto dos veces si no fuera un vampiro. Bien, había llegado a amarlo, pero no estaba segura de haber llegado a ese punto (la verdad, no estaba segura de haber querido conocerlo) si no le hubieran llamado la atención los ojos dorados.
Oliver había sido su primer todo. Edward apenas su último novio.
Oliver hacía magia desde que tenía memoria. Si no fuera por ella, Edward no tendría la menor idea de sus habilidades. (¿Acaso influía? Bueno, ella era una hechicera sangre pura y no concebía su vida sin magia)
Oliver era capaz de todo por ella. Edward ni consideraría la opción de transformarla para pasar la eternidad a su lado (bien, no le interesaba, pero habría sido un lindo gesto).
Miró al ojiazul. Conocía a la perfección cada rasgo de su rostro, cada cicatriz, cada línea de su cuerpo. ¿Y Edward? Nunca habría llegado a ese punto con él… sentía que estaría traicionando a su ex de entregarse a otro. Se había sentido increíblemente mal al despertar junto a McKinnon cuando ya había terminado con Oliver, pero el remordimiento por engañar al vampiro solo había derivado en una ruptura. De haber engañado al mago, probablemente se habría tirado de la torre de Astronomía.
Perder a Edward le dio unas cuatro semanas de dolor, y no le costó más que buscar distracciones para olvidarlo. Alejar a Oliver le regaló años de sufrimiento, soledad e inseguridad.
¿Estaba acaso cegada por el hecho de que el Gryffindor fue su primer todo? ¿Bella estaba en lo cierto? ¿Quizás eso no le dejaba pensar? Si era el caso, bienvenida la confusión pero… ¿era justo? Y en todo caso, ¿a quién le importaba que fuera justo o no?
Merlín sabía que a Rosalie Narcissa Malfoy-Black jamás en su vida, incluso desde antes de conocer sus verdaderos orígenes, le habían importado en lo más mínimo las opiniones del resto de la gente. ¿Qué más le daba si algún desconocido pensaba que ella era una niña mimada? ¿Qué más le daba si a su madre no le agradaba que hiciera amistad con hombres lobo? Era su vida, ¿no?
Oliver Julius Wood-Potter contra Edward Anthony Masen.
¿En verdad sería capaz de olvidar a Oliver? ¿En verdad amaba a Edward?
¿Compensa la demora?
Bien, llegamos al punto en que iré escribiendo a medida que avancemos en la historia. Hasta este capítulo, estaba todo escrito y fríamente calculado. Tengo la mitad del siguiente, pero nada más. A partir de ahora, todo puede pasar y ni yo sé lo que pueda salir. Hay algunas ideas, por supuesto, y dos finales posibles para la historia. Es probable que escriba ambos... ¡pero bueno!
Consideraré sus sugerencias desde ahora, pues ya no es posible que éstas lleguen a alterar lo escrito, así que... me desvío de nuevo, lo siento.
Estoy en medio de una crisis existencial y no logro concentrarme ni para leer :/ Espero que lo entiendan si demoro más de lo usual en actualizar.
Ojalá les haya gustado.
¿Dudas? ¿Sugerencias? ¿Amenazas? ¿Críticas? ¿Comentarios? Ya saben, todo por RR. Si no están registradas/os y quieren que les conteste, dejen su correo o twitter o facebook o alguna forma para contactar.
Nos leemos!
Ayla
PD: Si alguien aquí lee "Tarde", mi demora se debe al hecho de que no quedo conforme con el resultado... Crisis existencial, ¿recuerdan? Y esta historia la escribo sobre la marcha...
