Gracias a todos leer, por sus reviews y comentarios.

Que el año que viene les depare muchas cosas buenas, retos, salud, momentos felices…y mucho NanoFate!

Y bueno, como dicen que lo que uno hace el primer día del año, lo hace todo el año, pues tenía que actualizar a como diera lugar hoy, hoy, hoy. No revisé el capitulo tanto como acostumbro, me disculpo por anticipado por cualquier error involuntario. Tampoco quería dejarlos esperando más. Especialmente a Pascualina que ha esperados (im)pacientemente por semanas! Gomen por el retraso

Sansker, no me he explayado todavía en la descripción del ejercito Belka pero me explayé en algo mas! ;)


ADVERTENCIA: Este fic es Fate-Nanoha y está clasificado M, por contenidos y situaciones fuertes y/o violentas, así como escenas íntimas de carácter sexual entre dos mujeres. Si este tipo de contenido, no es de su agrado, por favor no lo lean.

DISCLAIMER: Los personajes de Magical Girl Lyrical Nanoha no me pertenecen y son propiedad de sus respectivos autores. Todas las situaciones y personajes presentados en esta historia son ficticios, cualquier parecido con situaciones o personajes reales, históricos o presentes, no es en absoluto intencional.


"Ahora y para Siempre" por Aleksei Volken

Capítulo 13. Descubrimientos.

-X-

El aire frío atravesaba a los dos jinetes embozados. Llevaban dos días cabalgando y apenas se habían detenido para descansar o dormir por turnos. Ese atardecer marcaría su tercer día de camino.

Durante la noche había nevado copiosamente y en esos primeros momentos de la mañana todo estaba cubierto por un manto blanco. Nevadas como esa a finales del otoño solo auguraban un invierno mucho más crudo de lo habitual. Si bien habían atravesado parte de la cadena montañosa que rodeaba la capital Belka, esa cantidad de nieve era demasiada aún para las partes altas.

Con cautela pero también con presteza se internaron en el bosque Negro, una enorme y densa masa boscosa que se extendía por varios cientos de hectáreas y que marcaba el final del territorio de la capital Belka. El bosque negro estaba poblado por arboles de anchos y gruesos troncos, altos y frondosos. Los llamaban así porque los arboles que lo poblaban eran de un color verde oscuro intenso, casi negro; y bajo tal follaje, poca luz pasaba incluso en un día diáfano y brillante. En invierno, era casi una noche perpetua, pero los jinetes no tenían tiempo que perder así que cabalgaron durante horas en silencio en medio de la espesura. No había ningún camino reconocible en medio del bosque, ni ninguna señal de que alguien pasara por ahí.

-¿Estas segura de que sabes a donde vamos, Testarossa?- preguntó Signum oteando alerta los alrededores como había hecho desde que entraron en la masa boscosa.

Ese era un paraje al que los Belka nunca entraban. Menos en invierno. No había manera de transitar y era ideal para ser emboscado en cualquier momento. Conforme el día avanzaba la capitana de Fate comenzó a preocuparse de cómo iban a salir de esa densidad.

-Aunque no lo parezca…sí,- respondió Fate y detuvo a su caballo.

Por primera vez, le mostró a Signum el pergamino que su Olivie le había dado.

Era un mapa con indicaciones detalladas. Signum lo miró a detalle pero todavía sin estar muy convencida.

-Aunque vayamos por buen camino, no hay manera de saber cuanto tiempo nos falta para llegar a la marca. Pronto va a oscurecer,- apuntó la guerrera, -Y después de todo, ¿Qué estamos buscando aquí?-

-Lo verás cuando lo encontremos,- dijo Fate retomando la marcha.

Signum frunció el ceño pero cabalgó detrás de la rubia tras escrutar los alrededores con desconfianza una vez más.

La poca luz que tenían bajo los arboles comenzó a escasear aún más, conforme el sol inicio su descenso detrás de las nubes gris claro que cerraban el cielo y ligerísimos copos de nieve comenzaron a caer.

En ese umbral de tiempo entre el día y la noche, cuando todo es de color gris y es difícil distinguir la verdadera forma de las cosas, Fate y Signum escucharon el inconfundible siseo de las flechas y con un sobresalto se prepararon para la batalla.

Cuatro flechas encendidas se clavaron la nieve a una prudente distancia de ella marcándoles el alto.

Las dos guerreras miraron a su alrededor con la mano en la empuñadora de sus espadas.

-Espera Signum…- ordenó Fate antes de que su compañera hiciera algún movimiento, -Si hubieran querido matarnos hubieran podido hacerlo fácilmente.-

-Así es, los intrusos no son bienvenidos aquí, pero al menos les daremos la oportunidad de decir quienes son y que hacen aquí,- dijo una voz que parecía provenir de todos lados y de ninguno.

Signum y Fate escrutaron los arboles a su alrededor, las sombras de la noche que caía vertiginosamente hacían difícil ver de donde venían sus atacantes.

Fate decidió jugarse el todo por el todo.

-Soy Fate Testarossa y estoy buscando a alguien…que creo puede estar en este lugar.-

Solo el silencio le respondió por varios y largos segundos.

-Eso es bastante vago…Fate Testarossa- respondió la voz al fin.

-Yo ya me he identificado, creo que al menos nos merecemos el mismo trato.-

-Pero todavía no has dicho a quien buscas,- insistió la voz.

Fate lo consideró. La voz pertenecía a un hombre. Bien podía ser el hombre que buscaban. O no; en cuyo caso, en el mejor de los casos, estarían en graves problemas.

Podía sentir como Signum a su lado se preparaba para saltar del caballo y enfrentar lo que fuera.

-Zest Grangaitz,- dijo Fate al fin.

Un silencio a un más largo que el anterior le siguió a sus palabras.

Una sombra se deslizó detrás del tronco de un árbol frente a ellas. Fate notó sin problemas que se trataba de una figura alta y fornida, cubierta con una larga y gruesa capa oscura con capucha y sostenía una enorme ballesta de madera en la mano izquierda. Fate podía distinguir la sombra de la punta de la flecha que estaba armada y lista en el arma.

-El hombre que busca esta muerto…heredera Belka,- dijo la figura sin hacer ningún otro movimiento.

Por toda respuesta Fate descubrió su cabeza, desmontó de caballo con lentitud y manteniendo sus manos levantadas y a la vista, se aproximó a la oscura silueta.

-Realmente eres Fate Testarossa.-

-Y tu realmente eres Zest Grangaitz,- dijo Fate, -Tenía quince años cuando desapareciste pero te recuerdo.-

-No desaparecí,- Zest imitó a Fate descubriendo su cabeza. Su rostro no expresaba ni sorpresa, ni gusto, ni malestar de ver a la heredera del trono Belka frente a él. –Me mataron.-

-X-

Casi tres días habían pasado desde que Fate se había marchado en su misión.

Alicia no había soltado prenda respecto a los detalles de lo Fate iba a hacer. De hecho, tampoco había dicho exactamente a dónde iba su gemela o cuando podría regresar exactamente. En realidad, no le había dicho nada en absoluto.

Nanoha se esforzaba practicando los cortes y movimientos que Saber le había indicado para su sesión de entrenamiento de ese día, pero no podía evitar preguntarse que estaría pasando con Fate.

Shamal tampoco había podido sacar mucho de Signum antes de que se fuera aunque en realidad, Nanoha dudaba que lo hubiera intentado siquiera. La doctora tenía "otras preocupaciones" en la cabeza en esos momentos.

-No basta con hacer los movimientos mecánicamente,- la voz de Saber tras ella la volvió a la realidad de su entrenamiento. Por alguna razón que todavía no tenía muy clara, no quería reconocer frente a Saber, en quien estaba pensando.

Sonriendo un poco apenada, se volvió para encarar a su maestra.

-Mi señora Nanoha aprende con rapidez pero el arte de la espada requiere concentración, enfoque…- dijo la guerrera seria y tras eso lanzó un ataque moderadamente veloz que Nanoha alcanzó a bloquear haciendo sonreír a Saber, -…Práctica.-

Las dos mujeres iniciaron entonces una serie de movimientos de ataque y defensa tomando como base los ejercicios que Nanoha había estado practicando ese día durante horas.

Pronto anochecería y desde la partida de Fate los días habían estado grises y muy fríos.

Nanoha se había volcado a su entrenamiento y pasaba gran parte del tiempo con Vita, Zafira…y Saber.

Más de uno de los miembros de la corte habían manifestado su desagrado ante el comportamiento de Nanoha pero se habían guardado de expresar abiertamente su opinión. La razón era una sola.

Precia Testarossa.

Los tres días, Precia Testarossa había observado en silencio a su nuera y a la enviada de Albion y los tres días, se había mantenido en silencio. Nadie quería expresar una opinión que pudiera contrariar a la mercurial dirigente, asi que aun en desacuerdo, todos permanecían en silencio.

Desde su posición de pie en una de las ventanas de los pisos superiores de Stir Castle, observaba los movimientos de las mujeres.

Llegó un momento en que Nanoha finalmente se dejó caer en la nieve agotada y riendo. Saber se inclinó a su lado. Durante un rato solo estuvieron así, una tirada en la nieve y la otra acuclillada a su lado, hablando, hasta que Vita se aproximó para decirles algo y entonces Saber se incorporó y extendió la mano para ayudar a Nanoha a levantarse.

Tras sacudir la nieve de sus ropas de entrenamiento se encaminaron hacia la calidez que prometía el interior del castillo.

Al mirarlas aproximarse, una voz suave susurro detrás de Precia, -Has estado muy callada estos días desde que Fate se fue... y al parecer le estas dejando mucho tiempo libre a Saber.-

Precia ni siquiera se volvió para mirar a Olivie. Con la mirada fija en las mujeres mas abajo respondió con rostro inexpresivo, -No… Saber no esta desocupada en lo absoluto.-

-X-

Esa noche, a diferencia de las noches anteriores cuando Nanoha casi siempre cenaba en sus habitaciones o en las de Alicia, Saber insistió en que cenaran en el comedor principal y que después caminaran por las arcadas del patio principal.

Vita se mantenía siempre a una prudente distancia de ellas. Lo suficientemente distante como para que pudieran hablar sin tenerla mirando sobre sus hombros, pero lo suficientemente cerca como para no perderlas de vista ni un segundo.

Zafira insistía en las precauciones de Vita eran un poco extremas pero la guerrera no estaba dispuesta a tolerar ninguna sorpresa con respecto a Nanoha y su deber de protegerla. Especialmente en esos momentos que Fate no estaba.

Además, no le gustaba para nada la forma en la que esa guerrera extranjera miraba a esposa de su señora y menos las miradas que les echaban los miembros de la corte de la Hegemon.

-Estas dos idiotas me están poniendo en una situación realmente difícil,- murmuró cuando Saber y Nanoha que caminaban delante de ella se detuvieron y ella hizo lo mismo.

Nanoha se sentía a gusto en compañía de la guerrera de Albión pero no podía relajarse por completo como había hecho la primera noche que se conocieron.

Desde que Fate había partido, cada vez que vez que Hayate las veía juntas fuera de sus sesiones de entrenamiento, le lanzaba miradas inquisitivas y a la primera oportunidad, aprovechaba para recordarle que los Belka tenían penas extremadamente severas para el adulterio.

Nanoha desde luego, protestaba airadamente pero se ponía roja hasta las orejas. Especialmente cuando después de ese recordatorio, Hayate también le recordaba como Fate se había despedido antes de partir. La pelirroja no había podido sacarse ese beso de la cabeza aunque no lo hubiese admitido ante nadie.

-Estas muy ensimismada en tus pensamientos esta noche.-

La voz de Saber nuevamente, la volvió a la realidad y se dio cuenta que desde hacia varios minutos no decía nada.

-Al igual que en la práctica de hoy,- agregó Saber.

Nanoha evito mirarla para que la guerrera no notara el rubor que su comentarios le habían causado.

-¿Estas preocupada por ella?- preguntó Saber al fin mirando hacia el frente.

La noche era fría y aun cerca de las antorchas y bajo la arcada se sentía el frio atravesándolas. Saber lo manejaba mejor que Nanoha. Nunca hacía tanto frío en la capital de Nihon como en Dinsmark.

-Preocupada, no- respondió Nanoha sin saber del todo si era verdad, -Me intriga tanto secreto alrededor de lo que F…, los Belka están haciendo…y me imagino que tu tampoco vas a decirme nada, ¿no es así?-

Saber guardo silencio unos momentos antes de decir con cierta tristeza, -No creo estar en posición de decirte cosas que tu familia política…o tu esposa, deben decirte…Aun así te lo diría, pero eso implicaría traicionar mi juramento de caballero.-

-Oh, si…yo sé,- dijo Nanoha con igual tristeza, -Algo se de ese "honor de guerrero" del que hablas.-

Saber la tomó de los hombros con firmeza para hacerla voltear y mirarla, -No, no me refiero a "ese" tipo de honor. No me refiero al honor que conquista y domina sino al honor que protege y respeta. El honor de caballero es muy diferente al honor de guerrero.-

Nanoha se quedó muda unos instantes ante la intensidad que veía brillar en los ojos verdes de Saber.

-Y yo siempre voy a protegerte…y a respetarte.-

Esas últimas palabras de Saber y la intensidad con que fueron pronunciadas hicieron que ambas se ruborizaran mientras se miraban.

Ambas saltaron un poco al escuchar la voz de Vita a su lado y un poco demasiado cerca de ellas.

-¿Todo en orden…señora Nanoha?- preguntó la guerrera dirigiéndose a Nanoha pero mirando amenazadoramente a la guerrera de Albión, especialmente porque pese a haberla visto, no había soltado a la esposa de su señora.

-¡Por supuesto que todo esta bien!- casi gritó Nanoha exasperada. Vita la había sorprendido pero no tanto como Saber con su declaración anterior. –Saber es una aliada, Wolkenritter-san; creí que hasta tu podrías ver que hay mucha diferencia entre ella y los Huckebein.-

Vita casi echaba humo por las orejas pero no apartó la vista de la mano de Saber todavía en el brazo de Nanoha, quién siguiendo la dirección de su mirada, se soltó del agarre de la rubia solo para ponerse a su lado y colgarse de su brazo izquierdo antes de decir casi como si nada.

-Caminemos un poco más, guerrera de Albion.-

-Como la señora desee,- respondió Saber en el mismo tono siguiéndole la corriente a Nanoha para profundo desagrado de Vita, que las siguió mas de cerca de lo habitual hasta que entraron nuevamente al castillo y Saber acompañó a Nanoha a su habitación.

Vita miró con las cejas enarcadas como Saber se despedía caballerosamente y Nanoha prometía estar nuevamente a primera hora para la práctica. La guerrera de Albion ni siquiera le dijo "Buenas noches" a Vita después de que Nanoha cerró la puerta y se encaminó hacia su propia habitación que estaba en otro piso del castillo.

Tras suspirar profundamente, Vita se dijo que por fin podría tener un poco de tranquilidad.

-X-

Ese no era el caso de Nanoha.

Una vez que Saber la hubiera dejado en la habitación, se sentó en la cama y cerró los ojos.

-Provocar a un Belka no es exactamente lo más sabio y prudente pero al parecer es algo que se te da a la perfección, ¿sabes? Combinar tu falta de sabiduría y prudencia con esa cualidad puede ser extremadamente peligroso para todas nosotras.-

Hayate.

Nanoha no la había oído entrar, así que seguramente había dejado la puerta entreabierta para poder entrar en cuanto ella lo hiciera.

-No estaba provocando a nadie,- dijo Nanoha abriendo los ojos y poniéndose de pie para empezar a desvestirse. Hayate estaba de pie con los brazos cruzados casi en el centro de la habitación y muy por el contrario a su costumbre, se mantuvo en silencio.

Finalmente Nanoha, reconoció, -Ok, tal vez si estaba provocando a la pequeña pero es…que, arhhhggg…estos Belka son…insoportables.-

-Fate no te pareció tan insoportable al despedirse de ti sin embargo estos últimos días no has hecho sino pasar tiempo con Saber. Y muchas personas te han estado observando por cierto.-

-¿Si?...- preguntó Nanoha desafiante, estallando al fin de la tensión que tenía acumulada desde hacía varios días -¡Pues me da gusto!...Tal vez así puedan darse cuenta que NADA malo ha pasado en ese tiempo. Tal vez ese es el problema, ¿no? Saber me trata con decencia y respeto. ¡A nadie le escandalizó tanto cuanto ese maldito Huckebein me atacó!...A diferencia de los Belka, Saber no está tratando de violarme.-

Hayate se acercó a su amiga y tomándola del brazo, la guio a la cama para que ambas se sentaran.

Cuando Nanoha se calmó lo suficiente, se disculpó. –Lo siento Hayate-chan…no es contigo con quien estoy enojada…es esta situación…todo lo que ha pasado…-

Hayate la hizo mirarla para preguntarle.

-¿Estas confundida? Respecto a lo que sientes, quiero decir. -

-Si… ¡No!...lo que quiero decir…- Nanoha se tomó la frente entre las manos. –Dioses, si…estoy confundida…Yo…yo no quiero sentir nada por ella Hayate-chan.-

-Estarías en problemas muy graves si sintieras algo por Saber, Nanoha-chan…-

Nanoha meneó la cabeza. –No, no me refiero a Saber.-

-Oh, Dioses… ¡Nanoha-chan!...Si pudieras sentir algo por Fate-san eso sería maravilloso, mucho más de lo que hubiéramos esperado…y creo que a Fate-san le haría muy feliz por cierto…yo creo que en el fondo ella…-

-¡Hayate!... ¿No escuchaste nada de lo que dije? No quiero sentir nada por ella… No puedo sentir nada por ella. –

Hayate la miró sin intentar explicarle nuevamente lo que tantas veces ya le había dicho.

-No deseo seguir hablando de esto Hayate-chan, por favor,- le pidió Nanoha poniéndose de pie y acercándose a la ventana. Siempre que quería evitar a Fate hacía eso, se acercaba a la ventana. Y mientras estuvo con ella, Fate siempre la seguía. Hasta que las cosas se habían complicado y Fate había abandonado su habitación matrimonial.

-Independientemente de lo que no puedas o no quieras sentir por Fate-san…no sería justo que involucraras a la guerrera de Albión en un conflicto que podría ir mucho más allá de ustedes dos,- dijo Hayate poniéndose de pie igual que Nanoha para después enfilar hacia la puerta que comunicaba sus habitaciones. Con una ultima mirada que su amiga pelirroja no correspondió, cruzó cerrando la puerta tras de si.

Nanoha lanzó un suspiro de alivio cuando finalmente pudo quedarse a solas. Lo que le había dicho a Hayate era realmente la verdad, no quería hablar sobre cómo se estaba sintiendo. Es más, no quería ni siquiera pensar acerca de cómo se estaba sintiendo.

Especialmente considerando que ese beso de despedida de Fate insistía en regresar una y otra vez a su memoria en los momentos menos esperados…o menos oportunos.

Como cuando se iba a dormir y extrañaba la cercanía y el calor del cuerpo de Fate a su lado. El sonido de su respiración. Su aroma. O peor aún, su expresión relajada y tranquila mientras dormía.

"No puedo estar extrañándola de esta manera," se decía a si misma por enésima acostada en la oscuridad de su habitación.

En esos momentos era cuando el recuerdo de los dos últimos besos que Fate le había dado, la dejaban sintiéndose afiebrada y con el corazón acelerado.

Y por más esfuerzos que hacía, no podía pensar en otra cosa que no fuera la sensación de sus labios suaves, húmedos y cálidos sobre los suyos.

Las noches anteriores, había conseguido parar en ese recuerdo; pero quizá a raíz de la conversación con Hayate, quizá a raíz de la turbación que Saber le había provocada, quizá simplemente porque extrañaba casi físicamente a Fate; esa noche se dejó llevar imaginando esos labios no solo en sus labios sino bajando por su cuello y sus hombros.

Nanoha sintió como si una hoguera se encendiera entre sus piernas, cuando fue más allá de eso y se imaginó las manos de Fate abriendo su ropa de dormir y sus labios húmedos rozando sus pezones mientras sus propias manos abrían su ropa y rozaban sus pezones endurecidos.

Afiebrada, se descubrió de la sabanas blancas y su manos se deslizaron por su estómago y su abdomen; con un gemido, se imaginó que eran los dedos de Fate y no los suyos los que dejaban trazos ardientes en su piel, los que se enredaban con el suave vello de su pubis para después rozar el botón húmedo entre sus piernas.

Abrió las piernas casi sin darse cuenta para tener un mejor acceso a la humedad más profunda y mas intima y con un estremecimiento recorriéndola, completamente ruborizada y avergonzada consigo misma, Nanoha finalmente se dio cuenta al sentir la tibia humedad que manaba de su sexo, de lo excitada que estaba solo de pensar en Fate tocándola de esa manera.

Nunca se había entregado a Fate voluntariamente pero en esos momentos deseaba que su esposa estuviera ahí tocándola de esa manera, haciéndola sentir de esa manera.

Respirando profundamente, cerró los ojos y dejó que los dedos de su mano derecha se deslizaran y se mojaran en la humedad de su excitación para después subir a su clítoris, una y otra vez con lentitud. Nanoha jadeó mientras sus dedos se movían suavemente en movimientos circulares alrededor de su botón y ella se imaginaba la dorada cabeza de Fate descendiendo entre sus piernas y su boca apresándola.

Los jadeos se convirtieron en gemidos conforme el ritmo de su mano se fue haciendo más fuerte y más intenso, más rápido. Su espalda se arqueó y todos sus músculos se tensaron cuando sintió las explosiones recorrerla una tras otra hasta que se quedó tendida y extenuada sobre las sábanas.

Podía escuchar el retumbar de su corazón como si llenara todo el espacio de la habitación.

Su frente estaba ligeramente perlada de sudor, pese al frío. Abrió los ojos para encontrarse con su cama nuevamente vacía y sintió sus dedos completamente mojados con los jugos de su fantasía.

Cuando su respiración se calmó nuevamente, se dio cuenta que el consuelo que se había auto-proporcionado iba a ser más una maldición que un alivio.

Había trasgredido su última barrera.

Pese a lo que le había dicho a Fate en su noche de bodas y aunque no hubiera sido "personalmente," se había entregado a su esposa de la manera más íntima que concebía; en su interior más profundo. Ahora que se había dejado llevar por su deseo, se sentía aún más afiebrada que antes. E intuía que solo había una manera de calmar el incendio que sentía consumiéndola por dentro.

Aunque no lo reconociera nunca ante Hayate o ante la misma Fate, no podía seguir engañándose: Deseaba a su esposa.

Y ardía de deseo por que le hiciera amor apasionadamente.

No sabía que sentía por ella. No tenía ni la más remota idea de cómo era estar "enamorada" de alguien. No quería ni pensar en esa posibilidad. Pero su cuerpo ardía solo de pensar en ella.

Esa noche más que otras, sus sueños estuvieron poblados de perturbadoras imágenes de cuerpos enlazados, de jadeos y de roces.

En el último y más perturbador, el que la hizo despertar y sentarse abruptamente en la cama respirando agitadamente; Fate estaba entre sus piernas, tomándola tal y como había fantaseado esa noche, pero cuando se irguió para recostarse sobre ella, ya no era más Fate sino Saber quien la miraba con adoración y deseo en sus ojos verdes.

Nanoha se había sobresaltado, no solo por lo vívido del sueño sino por la intensidad de sus emociones y su corazón latía desbocado nuevamente.

No necesitaba tocar ese lugar entre sus piernas para saber lo húmeda que estaba.

Los primeros rayos de luz de filtraban por la ventana. Pronto tendría que vestirse e ir a su sesión de entrenamiento con Saber.

La pelirroja encogió las piernas, las abrazó casi pegándolas a su pecho e inclinó la cabeza entre ellas.

-Dioses, ¿Por qué tiene que pasarme esto a mi?-

-X-

Fate y Signum habían pasado toda la noche en la cabaña oculta de Zest Grangaitz y en esos momentos, casi al mediodía siguiente, salían del bosque Negro rumbo al destino que el hombre les había indicado.

Las dos mujeres iban en silencio, cada una sumida en los pensamientos que el encuentro con Zest les había provocado y las dudas que su historia les había generado. Casi no habían dormido pero Fate sentía como si el fuego bullera en su interior. No se sentía fatigada sino ansiosa por llegar al sitio y comprobar lo que Zest les había dicho.

La cabaña de Zest estaba estratégicamente ubicada en una grieta lo suficientemente ancha de un risco, una pequeña formación rocosa que no alcanzaba a verse entre la espesura del bosque hasta que uno casi chocaba contra ella. Esta era lo suficientemente grande para ser una barrera natural y un refugio inexpugnable y lo suficientemente pequeña para pasar desapercibida.

De acuerdo a lo que les había dicho Zest, había pasado casi ocho años escondido en ese bosque. Entre el risco, la espesura de ese bosque que aunque no era prohibido si era muy poco transitado especialmente en invierno, y lo alejado de los caminos; no había tenido grandes problemas para mantenerse oculto y alejado de ojos indeseables y peligrosos.

Aunque no había sido tampoco como si no hubiera salido en lo absoluto.

Tras guiar a las dos guerreras por el bosque nevado y oscuro como si estuvieran a plena luz del día hasta su cabaña, las invitó a pasar, les ofreció bebida y comida caliente y hablaron durante toda la noche; aunque en realidad lo más apropiado sería decir que Signum no habló en lo absoluto y Fate solo abrió la boca en algunos momentos para hacer alguna pregunta.

Durante la mayor parte del tiempo, Zest Grangaitz les contó su historia. Cómo había sido compañero de armas de Enzo Testarossa, su amigo incluso desde antes que fuera nombrado Hegemon, como lo había ayudado a consolidar su imperio. Y como había caído junto con él cuando Enzo murió.

De acuerdo a lo que Zest les había dicho, había personas muy influyentes en Dinsmark, que tras la sospechosa muerte de Enzo, lo que menos querían era a alguien leal al fallecido Hegemon haciendo preguntas y husmeando donde menos conveniente era.

Fate y Alicia tenían solo quince años cuando su padre había muerto y con el impacto de la noticia, el revuelo político que ese acontecimiento causó así como la ascensión de su madre y su nombramiento oficial como Heredera, poco recordaba Fate de Zest. Había sido amigo de su padre, si…pero no tan cercano como en otros tiempos lo había sido desde que el Hegemon había contraído matrimonio con Precia de la familia Segbrecht. Después de la muerte de Enzo, Precia había iniciado la campaña expansionista Belka y poco después Zest Grangaitz había muerto en un accidente de campaña.

Salvo que no había muerto.

Y salvo que él decía que no había sido un accidente.

Había sido un invierno crudo, tan crudo como el que esperaban ese año, Zest regresaba de una de las primeras campañas en Yukto uno de las primeras provincias conquistadas. Su carruaje y su reducida escolta habían sido embocados en el paso rocoso muy cerca de Dinsmark. Ninguna de las guardias el paso salió a su ayuda.

El ataque había sido tan violento e inesperado, que en medio de la nevada su carruaje se había despeñado por el acantilado del paso. No había manera de llegar al fondo del río. Todos asumían que había muerto.

Y él había preferido que asi fuera. Al menos durante un tiempo. Un tiempo que ya se había extendido por diez años.

Fate todavía no podía creer muchas de las cosas que Zest le había dicho.

Tendría que verlo con sus propios ojos.

Por ello, tras salir del bosque Negro, Fate y Signum se habían mantenido alejadas de los caminos principales y Fate había impuesto un ritmo de marcha implacable hacía ese lugar.

Desde el punto del bosque Negro en que salieron, todavía tendrían que cabalgar cuatro días hasta Kestrel pero Fate decidió no esperar ni un momento mas para corroborar la información que Grangaitz les había dado. Desde donde estaban, apenas había un día de distancia hasta el principado de Glatisan, el hogar de Sieglinde Jeremiah, una de las guerreras de más confianza de Fate en la guardia imperial.

Faltaba casi una hora para el amanecer cuando Fate y Signum estuvieron cerca del oscuro contorno del castillo de Glatisan y hogar de la familia Jeremiah.

Dejando a sus caballos ocultos en los arboles, las dos guerreras hicieron a pie el resto del tramo.

Glatisan, a diferencia de Dinsmark, no tenía una barrera natural tan eficiente como las montañas y bosques intransitables que rodeaban la capital Belka.

El principado de Glatisan era una zona de cultivos fértil y productivas, tenían zonas boscosas amables y cálidas a su alrededor, río cercanos. Era una tierra rica y abundante que había formado parte del Imperio Belka durante generaciones.

El Castillo de Glatisan estaba ubicado en la parte más alta del ondulado terreno, de espaldas al risco más alto que tenían y que usaban a la vez como protección y puesto de vigía. Era una construcción pesada y fuerte, tanto que parecía más un fuerte de guerra que un castillo, razón por la cual era conocido como la Fortaleza de Glatisan en lugar de como castillo. El nombre, como Fate bien sabía, también hacía referencia al papel predominante que la familia Jeremiah tenía como defensor del Imperio Belka.

La ciudad estaba amurallada pero hacía muchísimo tiempo que no sufría un asedio de guerra. Con vigilancia, las puertas nunca estaban cerradas por completo. Konrad Jeremiah, padre de Sieglinde era querido y respetado por los habitantes. Sin tener una mano despiadada como la Hegemon Testarossa era implacable con los delitos. Y su ejército era tan temido como la Guardia Imperial.

Era quizá un exceso de confianza que les había facilitado a Fate y a Signum una entrada a la ciudad sigilosa a la ciudad. Fate, como heredera del imperio podía llegar de improviso a cualquier lugar y ser tratada de acuerdo a su rango; pero en ese caso, lo que menos quería era ser identificada como la heredera del Imperio.

Así que, ocultándose en las sombras y haciéndose pasar por soldados comunes terminando su guardia, las guerreras se acercaron al castillo-fortaleza. Konrad no tenía una muralla interna como Stir Castle, solo una zona verde arbolada separaba su castillo del resto de la ciudad.

Desde ahí, ocultas por las sombras Fate y Signum notaron como pese a lo inusual de la hora, una actividad frenética se desarrollaba en una de las salidas laterales de la fortaleza. La salida este que estaba más cercana a la muralla de que rodeaba la ciudad.

Muchos hombres se movían entrando y saliendo, moviendo lo que parecían ser enormes cajas de madera.

Lo que más llamó la atención de las guerreras Belka, era que toda la actividad era realizada en la oscuridad, solo con la poca luz de las estrellas y una luna en creciente. Pese a la oscuridad, les estaba costando mucho trabajo distinguir a los hombres, cuantos eran y que uniformes vestían. Todos los soldados imperiales vestían el mismo uniforme, incluso en los principados y provincias, lo que cambiaba eran las insignias que distinguían a unos de otros.

Aun con la poca luz, ellas deberían ser capaces de ver los brillos de las armaduras de los soldados. Pero no había ninguno.

Tras acercarse un poco más, ambas notaron que los hombres vestían el mismo tipo de ropa, oscura y sin insignias. Y todos llevaban el rostro cubierto, salvo una abertura al nivel de los ojos. Si tenían alguna armadura, esta estaba oculta debajo de esa ropa oscura que vestían.

-Son como los hombres que describió la guerrera de Albión,- susurró Signum.

Fate no dijo nada pensando en las preguntas que tendría que hacerle al día siguiente a Konrad y como las plantearía.

Sin embargo, no tuvo tiempo de seguir con esa línea de pensamiento, ya que Signum señalo nuevamente hacía el frente.

Finalmente una antorcha había aparecido.

Fate frunció el ceño.

El hombre que había salido con antorcha en mano era Bruno Jeremiah, hermano de Sieglinde, dando órdenes e indicaciones a los hombres embozados. Después de hacer eso, se acercó a una de las cajas y rápidamente, uno de los hombres la abrió como él indicaba.

Bajo la luz de las antorchas, Fate pudo ver como Bruno tomaba algo de una de las cajas y lo sacaba para inspeccionarlo antes de regresarlo a la caja satisfecho.

-¿Por qué Bruno Jeremiah esta sacando cajas llenas de armas a esta hora de la fortaleza de su padre?- preguntó Signum en un nuevo susurro, -Además, justo es el cambio de guardia. Es cuando el castillo tiene más movimiento pero también cuando la guardia esta mas ocupada.-

-Hay muchas más preguntas que esas Signum,- respondió Fate de igual manera, -¿A dónde las lleva? ¿Qué pretende hacer con ellas? ¿Por qué?...-

Había una pregunta más que se había clavado como una estaca en el corazón de Fate en esos minutos que habían estado observando. Aunque no sabían quien era el traidor, todos los indicios apuntaban a que había alguien dentro de Dinsmark, alguien muy cercano a Stir Castle que estaba ayudando a los conspiradores y rebeldes. Un traidor.

-Y más importante aún… ¿Sabe Sieglinde de esto? ¿Estará… involucrada?-

Repentinamente, Fate se dio cuenta que no iba a poder hacerle una visita cordial a Konrad para hacerle todas esas preguntas.

-X-


Gracias a todos de antemano.

Muy feliz año y buenos deseos para todos. Espero leernos mucho en este 2012!