Faltaba una semana para el cierre de semestre, tanto estudiantes como maestros estábamos apurados con las entregas de trabajos finales y los exámenes, afortunadamente no habría ningún chico reprobado en mis clases y eso me tenía muy feliz, terminaría el ciclo escolar con tranquilidad.

Tendría que tomarme un par de semanas extra para arreglar el papeleo con la Universidad, pero pronto estaría de vuelta en casa con mi familia y amigos, con mi Legolas; después de aquel horrible suceso, Legolas y yo pudimos retomar nuestra relación, y hablábamos por Skype o por teléfono casi a diario, él aún no sabía qué carrera escoger, pero era un hecho que asistiría a la Universidad en el semestre por iniciar, lo cual me ponía contentísimo.

Volví al departamento, no sin antes pasarme por la tienda a comprar algunas cosas para la comida, me encontraba de muy buen humor, tenía ganas de cocinar algo rico y después llamar a mi hermano, tal vez por la noche hablar con Legolas un rato; al fin llegué al departamento y comencé a preparar la cena, estaba tan concentrado en mi labor que no pude evitar un gruñido cuando tocaron a la puerta.

- ¡Voy!- grité, dejando el sartén en la estufa.

Me limpié las manos con el trapo de cocina y me apresuré a la puerta, casi suelto un grito cuando vi de quién se trataba.

- Quita esa cara, casi parece que no estás feliz de vernos- dijo mi hermano.

Abracé a Faramir tan fuerte que le saqué el aire, enseguida fui a abrazar a mi cuñada y a mi pequeño sobrino, y al final pude abrazar a Legolas, lo besé dulcemente, dejando caer un par de lágrimas de felicidad.

- ¿Por qué no me avisaron que venían?- reclamé, mientras los hacía pasar.

- Si te avisábamos ya no era sorpresa- contestó Eowyn.

- Bueno, tienen razón- admití, sonriendo – esperen, saldré a comprar más cosas para la cena-

- Yo voy contigo- ofreció Legolas.

- Que alguien quite del fuego lo que dejé en la cocina- pedí.

Legolas y yo caminamos hasta la tiendita, podría ser la cosa más sencilla del mundo pero para nosotros era perfecto, la cajera del mini super me sonrió tan amable como siempre, le correspondí gustoso y le deseé un buen día, al volver a casa, Legolas tomó mi mano.

- Tenía tantas ganas de estar en París contigo- dijo mi amado muchacho, sonriendo – es tu lugar favorito en el mundo, ¿no?-

- Donde estés tú es mi lugar favorito- respondí, apretando ligeramente su mano.

- Qué cursi eres- se burló, sonriendo socarronamente - ¿estás feliz?-

- Ahora sí- dije, besándolo en los labios – hay que volver, nos están esperando-

Pasé una de las veladas más hermosas de mi vida, desde la preparación de la cena junto a Ewoyn, hasta la plática hasta altas horas de la madrugada con mis seres amados y mi sobrino durmiendo en los brazos de su papá, decidí cederles mi cama a Faramir, Eowyn y mi sobrinito, mientras que Legolas y yo nos acomodamos en el sofá cama de la sala.

- No vayan a follar- me advirtió Faramir, ante la mirada de reproche de Eowyn.

- Pues ustedes igual- repliqué, notando a mi cuñada sonrojarse – tengo que ocupar esa cama unas semanas más, eh-

- Ustedes están locos- bufó Eowyn.

Al fin, al estar acostados en la oscuridad, encontré la mano de Legolas y la sostuve en la mía, disfrutando del calor de su cuerpo y de su respiración sobre la mía.

- ¿Qué va a pasar ahora?- preguntó Legolas.

- Iremos a casa- contesté – entrarás en la Universidad, yo daré mis clases, y así seguiremos juntos hasta que te gradúes y decidas qué hacer, yo estaré a tu lado, que es donde debo de estar-

- ¿Así de fácil?-

- Bueno, suena fácil pero obviamente tendrá sus dificultades, pero yo estoy dispuesto a enfrentarlas, ¿y tú?-

- Ay profesor- dijo Legolas, riendo - ¿en serio me pregunta eso a estas alturas?-

- Ya no soy tu profesor, Legolas- respondí.

- Creo que siempre lo vas a ser, Boromir- dijo suavemente, abrazándose a mí.

Creí que lo había subido hace tiempo, si alguien aún lee, aquí el final. Gracias por todo.