Saludos!!!!
Vamos directo a contestar mensajes:
SMaris: Muchas gracias por los chocolates… hey!, yo no he dicho que Luna esté muerta, faltan cosas por ver… ah! Y sí, el recuerdo era así de intenso y estamos en las mismas, yo también quiero uno ;)… gracias por pensar eso de la historia, pero sobre todo por comentar!!!, gracias, gracias, gracias!
Saludos y que disfruten el cap (a ver si así comentan!=P)
-¡Ron! –Gritó al verlo entrar en la casa, Lavender y él alzaron la vista hacia las escaleras, la profesora lucía realmente asustada.
-¿Qué pasa? –Subió las escaleras de dos en dos zancadas, tras él, Lavender dejó las galletas en una mesita y corrió tanto como los tacones altos le permitían.
-Creo que ha entrado en shock, recordó la muerte de Fred. –McGonagall miraba fijo a Ron, que palideció y echó a andar hacia la habitación, Lavender agitada se paró frente a la profesora, sin saber qué hacer.
-Vayan a la cocina y traigan té… hablaré con ella. –Preocupado por la posibilidad de que Hermione hubiera olvidado todo repentinamente, entró sofocado en la habitación; no podría iniciar de cero, era aún peor que saber que ella recordaba con demasiada velocidad.
La vio sobre la cama, había adoptado la posición fetal y respiraba acompasada, creyó que dormía como luego del suceso del beso, así que antes de acercársele, quiso cerciorarse de que el procedimiento avanzaba y de que no habían retrocedido con ese incidente; fue directo al espejo y se desabrochó la camisa, le dio la espalda e inspeccionó el tatuaje a conciencia; un mayor número de líneas habían desaparecido desde que la nutria luciera entera, pudo respirar tranquilo al ver que ella seguía recordando, un ruido sobre la cama lo hizo volverse.
-Hermione. –Masculló al ver que le miraba fijamente, sorprendida por el tatuaje y con las mejillas brillantes por las líneas del llanto.
-Te tatuaste. –Murmuró intimidada, nunca le había visto a Ron ese tatuaje, se sintió ultrajada, extrañamente agredida, como si la piel de esa espalda fuera la de su espalda, quiso golpearlo con fuerza y gritarle por esto, esa espalda debería seguir estando pura; si le había ocultado semejante tatuaje, ¿Habría algo más que no sabía?
-Es… lindo ¿No? –Fue lo único que se le ocurrió comentar, ella le miró seria y volvió a acostarse en la misma posición, casi dejándose caer con violencia en el colchón, como si deseara matarse con el golpe contra la mullida superficie de la cama; aturdido por su expresión se acercó y se arrodilló para verla directamente a los ojos, se negó a mirarlo y se sintió bicho; Hermione miraba al vacío ignorándole y apesadumbrado no pudo menos que preguntar. -¿Estás bien?
-No. –Contestó secamente, no podía dejar de pensar en Fred, en Tonks y en Remus, era como un vacío muy profundo en el alma, había recordado algo más terrible que no saber quién era o el vacío de su mente, había recordado que todos mueren y que pueden hacerlo de formas verdaderamente espantosas. -¿Te has puesto algún arete en un sitio que no sepa? –Preguntó con la intención de dejar de pensar en la muerte, pero también con un claro tono de molestia, no sólo era la realidad de la vida, ahora era el saber que había estado el suficiente tiempo fuera de Ron, que ahora lucía un tatuaje abarcándole casi toda la espalda; él se había tatuado, su espalda estaba ahora marcada y de cierta forma eso le impedía saber si la espalda que había visto en su mente horas antes, era esa; rabió, la figura del tatuaje tenía un significado y no podía explicarse cuál.
-No… ¿Te gustaría que me lo pusiera? –Preguntó sonriendo mientras le quitaba el cabello de la frente, ella gruñó y se dio la vuelta pegándole en la mano para alejarlo. -¡Oye!
-No seas tonto Ronald… -exclamó emberrinchada, le dolía la cabeza de ver tanto, empezaba a sentirse enferma. -… ¿Qué es lo que te tatuaste?
-Pues… -Si le decía que era una nutria lo más probable era que la relacionara con ella, Hermione era demasiado lista para no atar cabos; se mordió el labio pensando qué contestar.
-¡¿Te tatuaste?! –Desde la puerta preguntó una voz sorpresivamente chillona, Hermione se irguió a medias en la cama y se le quedó mirando. –Ron… ¿Te hiciste un tatuaje? –Preguntó mientras se acercaba a la cama con la charola del té, Hermione no podía hacer nada más que inspeccionar aquellas facciones conocidas.
-Bueno es que… -Ron se sonrojó, Hermione fruncía el ceño con rabia, ella era…
-Lavender… -escupió casi con furia, Lavender se volvió a verla y le dedicó una enorme sonrisa, Hermione se la devolvió forzada, casi creyó que le rechinaba el rostro del esfuerzo que hacía para que pareciera una sonrisa natural. -… Lavender.
-Ginny. –Exclamó al llegar a la casa, la pelirroja se levantó y corrió a abrazarlo desesperada, Harry la apretó contra sí y pudo sentir cómo su corazón latía como un caballo desbocado.
-¡Oh Harry!... si yo hubiera llegado antes, si hubiera venido de inmediato… pero me quedé jugando en la calle con los vecinos… ¡Es que no tenía idea! –Gritó, Harry la consolaba dándole masajes en la espalda, intentaba hacerla sentir mejor; pero él tampoco se sentía del todo bien, la noticia le había llegado cuando salía de San Mungo, Luna Lovegood había sido atacada en su casa, Cho había tenido que ir a decírselo en persona, la cosa era grave.
-¿Qué le hicieron? –Preguntó conteniendo la ira que lo carcomía, Hermione, Molly, Luna, le estaban tirando demasiado cerca.
-La… ellos… -Ginny no podía articular palabra. -… intentaron ahogarla en la tina.
-Pero… -Harry quería hacer la pregunta: "¿Está viva?", pero los ojos de Ginny, hinchados de tanto llorar, lo hicieron recapacitarlo, realmente era una pregunta demasiado riesgosa. -… estará bien, es Luna… la tendremos bromeando sobre eso en unas horas… ya lo verás…
-Es que… ¡Aaaah!... es que… -Ginny apretaba los puños llena de ira, no entendía por qué ensañarse de esa forma con Luna, era una niña, no le hacía daño a nadie, ella era toda paz y lindura, no había razón. -… estaba morada, helada cuando la saqué de la tina, Neville… él le dio toda la resucitación que pudo y… si ella se muere… ¡Si ella muere juro que van a pagarlo! –Gritó histérica, Harry no podía ya ni siquiera contenerla entre sus brazos, estaba fuera de sí. -¡Primero Hermione, mi madre y ahora Luna!... ¡Voy a matar a cada uno de esos bastardos!
-Ginny… -de nada le servía intentar calmarla, no si él también se sentía igual; no lograba contener el temblor de sus manos, intentó hacerlos puños para que no se notara, pero lo único que logró fue provocarle a todo su cuerpo un vaivén que lo hacía ver idiota; se llevó la mano a la frente y golpeó el mueble más cercano con su mano cerrada, Luna, la vida de Luna era ahora lo que estaba en juego, las cosas eran muy distintas ya. -… tenemos que dar con ellos.
-Alguien tenía que saber que Luna estaba sola Harry, entraron en la casa sin forzar ninguna puerta, fue alguien que sabía cómo entrar… ella estaba desprotegida… alguien lo sabía. –Ginny le miraba a los ojos fijamente, él asintió, era cierto todo cuanto ella decía; se abrió la puerta de la habitación, Harry alcanzó a ver a Xeno tirado junto a la cama sollozando, Neville salió al pasillo y en cuanto cruzó la puerta y cerró, Harry lo vio venirse a bajo, caer de rodillas al suelo y tirarse sobre sus manos gritando de rabia, Ginny corrió hacia él desesperada.
-Luces muy bien Hermione. –Comentó Lavender notándole tensa, Hermione asintió apenas, con un esfuerzo sobrehumano por parecer linda. –Has mejorado bastante.
-¿Lo crees? –Preguntó casual, se envolvió en la manta y se sentó con las rodillas pegadas al pecho, Ron sonrió a Lavender. –¿Me viste hace poco? –Preguntó desconcertada, ¿Acaso la visitaría cuando aún no recordaba mucho?
-No en realidad… vine un par de veces mientras estuviste… -Lavender se volvió a Ron en la búsqueda de un término apropiado, él infló las mejillas apretando los labios, tampoco tenía idea de alguna palabra indicada. -… bloqueada.
-¿Ah sí? –Hermione sentía cada vez más que la sangre le hervía, Lavender puso la charola en la orilla de la cama y sirvió tres tazas, Ron la ayudó para que no se tirara el té y con ello Hermione ardía en furia, el dolor de cabeza menguaba dando paso a un cosquilleo desesperante en la nuca. –Qué curioso… Ron no me visitaba según sé. –Exclamó mirando al pelirrojo con unos ojos asesinos, él le devolvió una mirada crispada, no entendía por qué se ponía tan mal.
-No quería verte en ese estado. –Dijo demasiado sincero como para no herir, Hermione palideció y miró a otro lado, Lavender le dio un golpe a Ron con la rodilla y le hizo una mueca inclinando la cabeza. –¡No me era grato! –Dio él como excusa y Lavender resopló con marcado cansancio, que hizo creer a Hermione que se molestaba porque se preocupara por ella.
-Eres igual de bruto que siempre. –Dijo sonriendo concienzuda, Ron también sonrió y eso a Hermione le produjo la impresión de que los dos tenían un lenguaje propio, como si fueran secuaces en algo, como si le ocultaran el idioma de los dos; la abordó una ira irracional, apretó más su cuerpo, al punto que le dolía de tanto presionarse las piernas con los brazos.
-Siempre ha sido un bruto inconsciente. –Comentó en un murmullo molesto, Ron se volvió a mirarla y al ver sus ojos ardiendo identificó aquello como celos, por dentro sonrió, pero luego se dio cuenta que la cosa no pintaba bien si lo pensaba seriamente.
-Ni que lo digas… pero eso ya lo sabemos bien. –Le tendió la taza de té a Hermione, que la tomó con cierta reticencia, luego le dio la otra a Ron. –Espera… no le he puesto suficiente azúcar. –Le agregó un poco y le sonrió, Ron la imitó pero sentía la mirada de Hermione clavada sobre él, así que procuró no ser tan afectuoso.
-Aquí ya hay bastante. –Masculló Hermione de pronto, Lavender la miró sin comprender.
-¿Perdón, Hermione? –La castaña le sostuvo la mirada y al ver que seguía con la actitud de mosquita muerta del Colegio, no pudo contener su lengua.
-¡Qué hay suficiente azúcar entre los dos!... si les emana del cuerpo la miel. –Espetó molesta, con un movimiento de mano tan brusco que derramó media taza de té sobre sus rodillas quemándose, Ron se levantó presuroso e intentó secarla. -¡No me toques Won-Won! –Exclamó airada, Ron se quedó perplejo, recordaba el absurdo apodo, Lavender rió por lo bajo.
-Empiezas a recordar… yo ya ni me acordaba de eso. –Lavender se sentó en el suelo y le dio un sorbo a su taza de té, Hermione la miró enardecida.
-¡No estoy para bromitas, Lavender! –Le espetó en la cara con tanta fuerza que Ron tuvo que sujetarla para que no perdiera el equilibro y se viniera abajo enredada en las mantas. -¿Crees que soy idiota y no me doy cuenta de lo que tienen ustedes dos?... haría falta no tener cerebro… o creerse todas las estupideces de Trelawney. –Estaba tan alterada que le temblaban las manos y derramó el resto del té sobre la cama y el pecho de Ron frente a ella; el comentario sobre Trelawney hizo que Lavender frunciera el ceño, pero contuvo su enojo, pensando que tal como Luna le había dicho dos días antes, Hermione necesitaba tiempo, paciencia y apoyo.
-Hermione… contrólate. –Ron procuró suavizar las cosas, aunque la quemadura, ¡Vaya que dolía!; intentó ver las cosas con más humor, pero la mirada de Hermione no se lo permitía y de cierta forma, la cosa era realmente divertida.
-Déjala Ron… le hace falta tener estos arranques… además es cosa que no se ve seguido. –Lavender, sacó la cuchara de su taza y le dio un nuevo sorbo, Hermione se estiró hacia ella dispuesta a arrancarle el cabello y la sonrisa a la fuerza.
-¡Esto no es un arranque!, ¡Es más!… me importa poco lo que hagan, ¡Pueden vivir juntos si les viene en gana! –Gritó levantándose de la cama, pero como siempre, todos los recuerdos agolpados de pronto, le hicieron la mala pasada de caerle de peso y se tambaleó mareada; Ron la sujetó apenas del brazo para que no cayera y Lavender soplando levemente a su taza les miró de reojo. -¡Suéltame Ron!... anda a tomar tesito y comer galletas con tu Lav-Lav. –Ésta vez el comentario era demasiado emocional para no sonar idiota, Lavender soltó una carcajada estrepitosa y Ron frunció el ceño contrariado y por qué no decirlo, divertido, incluso sonrió de lado. -¡No te burles de mí, Ronald Weasley! –Dijo ya casi al borde de las lágrimas de impotencia y humillación.
-Hermione… toma aire ¿Sí? –Lavender se volvió a verla riendo todavía por lo bajo, Hermione le miró furiosa, dispuesta a golpearla hasta que se le quitara la sonrisa del rostro. –Escucha, deja de preocuparte… Won-Won y yo, hace mucho que no tenemos nada que ver. –Murmuró alzando las cejas para ver a Ron, que asintió, Hermione no bajó la guardia, no creía nada.
-¡He dicho que no me importa! –Volvió a arremeter molesta, Lavender sacudió la cabeza riendo todavía, se volvió a mirarla y levantó la mano mostrándole el dorso, Hermione no entendía.
-¿Ves?... –Lavender señaló con su índice izquierdo su dedo anular derecho. -… ya ni siquiera llevo el apellido Brown… soy la señora Finnigan. –Hermione abrió la boca casi hasta quedarse sin mandíbula, Lavender llevaba una argolla de matrimonio; se volvió a Ron buscando apoyo, él sólo atinó a sonreír y a abrazarla contra su costado para besarle la cabeza, ahora se sentía tan estúpida. –Seamus te envía saludos. –Lavender le dio un nuevo sorbo a su té, era divertido saber que podías provocarle celos a Hermione Granger.
Cuando entró en la habitación, no podía contener el temblor de su labio inferior, éste era uno de esos momentos en que una desea, con todas sus fuerzas, no tener corazón para no sentir, se le doblaban las piernas y aunque Harry la llevaba asida por la cintura, el piso seguía pareciendo de gelatina paso a paso; Neville respiraba fuerte, casi como si le doliera el pecho, como si fueran sus pulmones los que estaban destrozados, los que habían sido llenados con agua hasta los bordes. En la cama, las sábanas blancas cubrían con una delicadeza casi pecaminosa el cuerpo débil de Luna, en cualquier otra situación Neville se habría sonrojado y no hubiera podido verla demasiado, de tan perfecta que le parecía en su pequeñez y sencillez.
El sanador había sido muy claro, era una verdadera sorpresa que estuviera viva, eso hablaba de dos cosas: la primera, que esa niña era más fuerte que cualquier otra que hubiera visto, la segunda, que el responsable no había querido matarla, no tenía esa intención, sólo quería asustarla; sin embargo, Luna se debatía ahora en la puerta de la muerte, el daño a sus pulmones era cosa ajena a las pociones y los hechizos, era cosa de tiempo, reposo, empeño y corazón. Una vez con el agua fuera de su sistema Luna podía dedicarse a descansar, pero de tal forma, que quien la viera no hubiera podido decir que vivía, en esa cama había un cadáver.
Tenía las mejillas hundidas, los ojos enmarcados por unas amoratadas ojeras y los labios oscuros, flácidos, sin vida alguna; Neville no pudo verla demasiado, se volvió a la ventana y miró afuera, en la calle los niños jugaban a la pelota, el cielo brillaba todavía y las nubes se paseaban como un rebaño de algodón; Harry miró a Xeno fijamente, tirado sobre sus rodillas, presionando la mano de su hija contra sus labios, se concentraba en el movimiento del pecho de la chica, como si temiera que de un momento a otro dejara el desesperante proceso de subir y bajar. Ginny no pudo contenerse y se puso a llorar, la idea de ver a su mejor amiga así, deshecha, no era precisamente grata, de hecho le torturaba la culpa, podía haber sido la diferencia, quizá ese maldito las habría matado a las dos, pero ahora Luna no estaría así.
-Mi rayito de luz azul… mis manos de algodón y tul… mi suspiro de mañana feliz… con mis dedos de dulce lombriz… -Xeno cantaba lo que parecía ser una canción de cuna, demasiado rara para no ser de su autoría; Neville dejó escapar un sollozo enardecido, llevándose las manos a la cabeza, en un intento por calmar con apretones la rabia que lo consumía por dentro; Harry se llevó a Ginny contra su pecho, donde se puso a llorar frenética. En la cama, Luna dejó escapar un débil suspiro, tan suave y entrecortado, que bien podría haber sido el último.
-Bueno, ha sido una tarde emocionante… profesora, Ron, Hermione… -Lavender se puso de pie, McGonagall que se les había unido pocos minutos antes, se levantó para guiarla a la puerta. -… espero que sigas mejorando Hermione, mira que Ron te ha extrañado mucho. –Dijo riendo todavía divertida por la reacción anterior, Hermione se sonrojó pero no dijo nada más, asintió y se despidió de ella con un fuerte abrazo.
-Saluda a Seamus de mi parte. –Pidió, aunque recordaba apenas levedades del chico, Lavender asintió con un brillo peculiar en los ojos y se retiró con la profesora, Ron las despidió y luego fue a cerrar la ventana; Hermione continuaba sobre la cama, mirándolo, ¿Realmente le importaba tanto? –Ya ha anochecido, ¿Verdad?
-Sí… y el viento está fresco hoy… no vayas a abrir la ventana… ¿Quieres que te traiga algo de comer? –Preguntó volviéndose a mirarla, ella negó lentamente.
-No tengo hambre, quiero dormir… me siento muy cansada. –Murmuró, Ron asintió y caminó hacia la puerta con la intención de retirarse. –Ron.
-¿Dime? –Se detuvo antes de tomar la perilla de la puerta, ella se reprendió, lo que quería decirle era demasiado absurdo o más bien, demasiado tonto y atrevido, pero no podía evitar necesitarlo.
-¿Podrías quedarte conmigo? –Solicitó mirando directo a las sábanas, como si ver la reacción de Ron la fuera a matar, al parpadear no pudo evitar ver aquél recuerdo y sonrojada se volvió a verlo ansiosa de conocer su actitud ante la petición; Ron estaba tan sorprendido como emocionado, el brillo en sus ojos denotaba una alegría que la hizo morderse la lengua. –Sólo, no quiero quedarme sola.
-Está bien… iré por una manta y me quedaré en el sillón. –Ron asintió emocionado, no iba a forzar las cosas de más, así que salió corriendo, al toparse con McGonagall en el pasillo le dijo que no cenarían y que dormirían temprano.
Hermione al verse sola sintió todo el peso de lo que había solicitado, apresurada arregló la cama se puso su ropa de dormir y se metió; acomodaba las mantas con las manos temblorosas pensando en una y mil cosas, cuando la puerta volvió a abrirse, Ron entró metido en su pantalón de dormir y una camiseta blanca, llevaba en las manos una manta escocesa; sonriendo cruzó la habitación hacia el sillón a un metro de la cama, se sentó y se echó la manta encima, Hermione, tirada del lado izquierdo de la cama, lo miraba esperando que dijera algo.
-Cuando quieras apagar la luz. –Susurró Ron sonriendo tiernamente, ella asintió con la cara pegada a la almohada, entonces se acurrucó entre las mantas y se dio cuenta que aún tenía frío.
-Ron. –Llamó, él, que había sacado de algún sitio un cubo de rugby, se mordía el labio inferior batallando con la pequeñez multicolor (hacía más de un año que Luna se lo había obsequiado y no había logrado aún poner ni dos cuadros del mismo color juntos), la miró a los ojos esperando lo que le fuera a decir. –Podrías… ¿Podrías recostarte junto a mí? –Pidió respirando profundo para que las palabras no se le fueran a quedar a medio camino; Ron sonrió y dejando de lado el cubo, se acercó y se recostó a su lado, sobre las cobijas, para no abusar; se echó encima su manta y sonrió, ella suspiró al tenerlo cerca.
-¿Quieres que ponga mi manta sobre ti también? –Preguntó mirándola, ella negó y se acurrucó con más fuerza, pero tratando de no tocarlo.
-Así está bien, gracias. –Murmuró cerrando los ojos, con él tan cerca, los recuerdos lejos de volver parecían disiparse, asentarse. –Apaga la luz. –Pidió con la voz cansada, se sentía muerta, eran demasiadas emociones para un día, la cabeza le pesaba como si la invadiera una espantosa debilidad.
-Está bien… buenas noches Hermione. –Susurró al apagar la luz.
-Buenas noches… -él asintió y se acomodó sobre la almohada mirándola; ella, con los ojos cerrados, no supo si él estaba serio o sonriente como en el sillón. -… Ron.
-¿Mmm? –Fue el único sonido, más salido de su pecho que de su garganta, Hermione sonrió, quería decir que tenía los ojos cerrados.
-Mañana no hay que ir a ningún sitio… ¿Podríamos sólo quedarnos en casa? –Preguntó dándose cuenta que la pesadez de la noche empezaba a golpearla, le parecía estar sumergiéndose en una alberca de agua oscura y densa, pero cálida y conocida.
-Como tú quieras. –Contestó él también con la voz apagada, empezaba a quedarse dormido, Hermione sonrió internamente y se pegó a él ya sin tapujos, era lo mismo que había estado buscando en la mañana, esa persona que le daba calidez y que la hacía sentir segura.
-Eras tú a quién buscaba. –Susurró pegada a su pecho, Ron no le contestó nada, al parecer, estaba ya dormido.
