MI PERDICIóN

(BeMyDownfall)

Por Kristen Elizabeth

Traducido por Inuhanya

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen.

-.-.-.-.-.-

Capítulo 14: No te la lleves

-.-.-.-.-.-

"Bueno, Relena, creo que las dos ya lo solucionaron."

El rostro de la nueva madre brilló mientras miraba a su hija recién nacida. Después de sólo un intento, Gisele se había pegado a su seno, y actualmente tomaba su primer alimento con facilidad.

"Sacó la voluntad de su padre," murmuró Relena. "No acepta fallas." Sacudió su cabeza con asombro. "Es la sensación más extraña."

Sally sonrió. "He escuchado decir eso a otras madres. Espero averiguarlo algún día."

La Presidenta se recostó contra su almohada. "No estaba segura de que llegaría a hacerlo. Y sé que no lo hubiera hecho si no fuera por ti, Dra. Po. Muchas gracias."

"Verdaderamente, fue un placer." Sally aclaró su garganta. "Aunque no estás fuera de peligro todavía. Tan pronto como se duerma, tengo todo un conjunto de exámenes que temo tendré que practicarte."

"Está bien." Relena acunó a su bebé más cerca a su cuerpo. "Lo que sea que tome, lo haré."

Hubo un golpe en la puerta. Sally frunció. "Nadie le presta atención a la señal de madre alimentando?" preguntó en voz alta. "Quién es?"

"Heero," fue la corta respuesta.

El rostro de Relena se iluminó. "Entra, Heero!"

Él se dejó entrar tentativamente y se paralizó por un segundo cuando vio a Relena descubierta, alimentando a su hija de su desnudo seno. "Debo regresar más tarde?"

"No seas tonto." Le señaló con su mano libre. "No hay nada que no hayas visto antes. Mira… se está alimentando sin problema. La Dra. Po dice que es una muy buena señal."

"Significa que no tendrá que estar en la UCIP por mucho más de dos días," le informó Sally. "Incluso podrías llevarla a casa para finales de semana."

"Casa." Relena saboreó la palabra. "No es maravilloso, Heero?"

Tomando su rostro en su gruesa palma, la miró con una ternura que Sally nunca habría creído si no lo hubiera visto, pero no dijo nada. No parecía que lo necesitara. De alguna forma, Relena lo sabía, y era obvio de la forma en que sus ojos se cerraron en pura felicidad.

Gisele interrumpió el momento al soltar el pezón de Relena y gimoteó ligeramente. Relena la miró instantáneamente. "Debo sacarle los gases ahora?"

"Veré que lo hagan," dijo Sally. "Necesitas descansar por un momento antes de comenzar esos exámenes."

Relena miró a Heero. "Heero necesita alzarla. Aún no ha…" se detuvo en seco.

Los ojos de Heero se abrieron. "Relena… qué pasa? Estás bien?"

"Sólo cansada." Ella le dio una débil sonrisa, pero incluso sus sonrisas más débiles eran brillantes para él. "Estaré bien. Sólo han sido un par de días locos, ya sabes."

Sally asintió, entendiendo, pero aún alcanzó por Gisele. "Tan pronto como terminemos, la traeré. Lo prometo."

"Y entonces Heero puede cargarla." Relena dejó ir a su bebé con más reluctancia que antes. "Adiós, ángel. Mami y papi te aman mucho."

Acunando con cuidado a Gisele en sus brazos, Sally los dejó solos. Heero agarró una silla y la acercó más a la cama de Relena. "En verdad estás bien, o sólo lo dices? Puedes entender mi preocupación; me mantuviste ignorante sobre tu condición todo el tiempo que estuvimos lejos."

"Y odié cada momento de mentirte. Pero sabía que me traerías aquí, y no podía soportar la idea de ser separados otra vez."

"Aún debiste decirme que estabas sufriendo. Yo habría… no sé." Pasó una mano por su desordenado cabello. "Cuidado mejor de ti."

Relena tomó su mano en la fría suya. "Heero, ninguna mujer ha sido mejor cuidada que yo durante los últimos meses. Así que, sí, en verdad estoy bien. Tengo al hombre que amo a mi lado y mi hija va a ser saludable y hermosa… y no voy a ir a ningún lado."

"Bien." Él se inclinó y presionó un suave beso contra su boca. "Planeo aferrarte a eso."

Relena lo besó, saboreando el calor de sus labios. "Te amo, Heero."

Él se separó y la miró directo a los ojos. "Cásate conmigo," dijo de repente.

Ella estudió su rostro por largo rato, buscando alguna señal de que pudiera estar bromeando. Nunca parpadeó mientras estuvo sentado, esperando por su respuesta.

"Está bien," respondió Relena, su voz ronca con emoción. "Acepto."

Alguna vez Duo había dicho que probablemente Heero no había nacido con la capacidad para sonreír genuinamente. Bueno, Relena estaba feliz de reportar que estaba muy equivocado.

-.-.-.-.-.-.-

Después que Gisele fue atendida, cambiada y acostada en su cálida cuna, Sally pausó para una carga de cafeína en la estación de las enfermeras justo por el corredor de la habitación de la Presidenta. Escuchó la conversación a su alrededor mientras se servía una fuerte taza de café. La mayoría del chisme se centraba en su muy importante paciente, o más específicamente, su secreto e ilegítimo embarazo. Sally estuvo tentada a ponerle un fin a los rumores, pero no estaba segura de qué diría para hacerlo. Relena no estaba casada y había escondido su condición de todo el mundo al desaparecer con su amante por cinco meses. Y ese amante era su guardaespaldas Preventivo. No había mucho que no fuera la verdad.

Sorbía de su taza mientras hojeaba unos cuantos reportes. Justo cuando estuvo por llamar a una enfermera para comenzar los preparativos para los exámenes de Relena, la conversación se tornó más fuerte. Curiosa, Sally levantó la mirada de sus papeles.

Un enorme arreglo de flores bloqueaba su vista. Las enfermeras estaban reunidas a su alrededor, admirando los hermosos cartuchos. Rosas, azucenas, dragones y lirios… era clásico, único y verdaderamente asombroso.

"Acaban de llegar," respondió una enfermera a la tácita pregunta de la doctora. "Son para la Presidenta Peacecraft."

"Qué hermoso," murmuró Sally. "Yo se las llevaré; estoy en camino a su habitación." Colocando una tabla bajo un brazo, luchó por levantar el pesado vaso de vidrio. "Alguien quiere darme una mano?"

Les tomó a dos mujeres cargar las flores por el corredor, pasar al guardia, y entrar a la habitación de Relena. Lo valió al ver a Heero en el borde de la cama, un brazo envuelto seguramente alrededor de los hombros de la Presidenta, sin mencionar ver las cristalinas lágrimas de felicidad en los ojos azules de la mujer.

"Entrega especial para ti, Señora Presidenta," dijo Sally tras las flores.

"Oh!" Relena miró a Heero. "Tú…?"

"Deseo poder tomar crédito por él," dijo arrepentido. "A ver." Se levantó y tomó el florero de las mujeres. "Había una tarjeta? Ha sido examinado completamente?"

"Estoy segura que sí," respondió Sally. "Nada pasa el lobby sin ser escaneado, hasta el último botón de rosa."

"Puedes ponerlas cerca a la ventana, Heero?" Él hizo lo que le pidió Relena; admiró los resultados por un momento. "Ilumina toda la habitación, pero creo que preferiría tenerlas más cerca de mi. Imagino que huelen divino. Ciertamente son hermosas."

Heero las regresó hacia ella. "No son nada comparadas contigo." Las mejillas de Relena se colorearon con placer. Él depositó el florero junto a su cama, lo cerca suficiente para que pudiera alcanzar y tocar los suaves pétalos.

"Me pregunto si Milliardo las envió?" musitó ella, inclinándose tanto como pudo para inhalar los combinados perfumes de las flores. "Tenía razón… divino."

Aunque podría haberse quedado a su lado y observarla todo el día, el beeper de Heero sonó de repente. Su mano voló a su cinturón para revisarlo. "Maldición," murmuró. "Chang. Relena, debo…"

"Está bien," le dijo honestamente. "Ve a hacer la llamada."

Heero se inclinó sobre su cama y le dio un largo y suave beso. "Regresaré."

"Lo sé." Relena le dio un pequeño guiño cuando alcanzó la puerta y la miró. "Te amo, Heero."

Él casi le responde, pero algo lo detuvo al último minuto, y todo lo que hizo fue bajar su cabeza en reconocimiento. Era un momento tan pequeño, un evento relativamente insignificante, pero luego, se odiaría por eso.

Porque las llamadas no eran permitidas dentro del hospital, Heero tuvo que salir en orden de tener una línea segura con la base de los Preventivos. Una vez que la consiguió, el rostro de Wufei apareció en la pequeña pantalla.

"Yuy. Ya era hora," dijo él sin más saludo.

"Será mejor que esto sea bueno, Chang," respondió Heero rudamente. "Relena me necesita."

En el pasado, su compañero habría resoplado o hecho alguna especie de comentario derisivo sobre mujeres, así que Heero fue tomado por sorpresa cuando Wufei asintió. "Sí. Te necesita. Especialmente ahora."

"Qué pasa?"

"Recibí un mensaje de Trowa." Wufei pausó. "Ha resuelto cómo fue envenenada Relena."

Los ojos de Heero se fruncieron. "Dímelo. Ahora."

"Regresé a todos los archivos, a todas las personas que entrevistamos, especialmente su secretaria, y no encontré nada… pero luego indagué un poco más profundo."

"Dije ahora, Chang."

Su compañero tomó un respiro. "En la noche anterior a que recibiera la carta, Relena tuvo una cita con el ex-esposo de Karen Wynstock. De acuerdo a la investigación financiera que hicimos en él, ese día había enviado flores a su oficina."

"Flores," repitió Heero.

"Es lo único que nunca revisamos, porque nunca las encontramos. Probablemente tiró la evidencia al minuto que entró en la oficina al día siguiente. Al mismo tiempo colocó la carta en el correo de la Presidenta. Encaja, Heero. El veneno estaba en las flores. Y Relena lo inhaló." Pausó para otro respiro. "Yuy? Hola? Estás ahí?"

Él nunca obtuvo una respuesta. Heero había tirado el comunicador y regresado al hospital.

Alcanzó la habitación de Relena al mismo tiempo que un apresurado grupo de doctores y enfermeras, tres de los cuales empujaban un carrito rojo brillante.

"No," dijo él entre fuertes y atemorizados respiros. "No… Relena… por favor."

Heero comenzó a pasar enfermeras, quitándolas del camino si eran obstinadas. "Señor!" llamó una de las más obstinadas. "Señor, no puede entrar ahí." Fue por su brazo para alejarlo de la puerta. "Los doctores necesitan espacio para…"

Efectivamente la silenció con el fuerte poder de su mirada. "Voy a entrar."

La petrificada mujer asintió. "Está bien." Heero la pasó y abrió la puerta.

"No entiendo," Sally estaba en medio de decirles a sus enfermeras. "Estaba bien dos minutos atrás!"

"Doctora, está hipotensa. 70 sobre 40."

"Mierda!" Sally frotó su brazo por su frente. "Um… alisten los paneles. Carga a 100." Otra enfermera alcanzó el carrito y agarró los dos paneles atados a cordones y se los alcanzó a Sally. Otra enfermera ajustó algo en una pequeña pantalla de computador. "Despejen."

Heero cerró sus ojos cuando el cuerpo de Relena saltó del shock. No podía ver. Bilis subió a su garganta.

"65 sobre 40," dijo una enfermera.

"Otra vez," ordenó Sally.

Heero colocó una mano sobre su boca, retrocediendo hacia la pared. Con sus ojos aún cerrados, todo lo que podía hacer era escuchar.

"Vamos, Relena," dijo Sally. "Por favor, no me hagas abrirte."

"No está respirando!"

"Kit de entubación, 35 Francés." Un momento pasó. "Estoy dentro. Conéctenla."

"Aún nada, Doctora. El ritmo cardíaco está bajando, la presión aún desciende."

"Por favor, Relena. Vamos… no lo hagas." El tono de Sally se tornó de suplicante a autoritario. "Traigan al cirujano aquí. Vamos a tener que abrirla."

Una máquina se activó, emitiendo una serie de pitos. "Asístole!"

"Vasopresina, 100 cc."

Minutos pasaron. El corazón de Heero latía en la base de su garganta, rápido y duro. Qué irónico. Su corazón no se calmaba y el de Relena no funcionaba. Las voces se tornaron en un enmudecido zumbido, amortiguado y distante. Por largo rato, no escuchó nada específico. Hasta que Sally dijo, "No, no adrenalina. Sobrecargaremos sus sistemas. Algún ritmo?"

"Nada, doctora."

Sally pausó. "Cuánto tiempo ha pasado?"

"Veinte minutos."

"Detengan las compresiones." Los ojos de Heero se abrieron justo para ver a Sally mirar el reloj, parpadeando rápidamente. "Hora del deceso, 14:45."

"No. No… no…no… NO!" En piloto automático, Heero alcanzó en su funda por su arma. Con húmedas y temblorosas manos, levantó el arma hacia las enfermeras. "Continúen. Denle lo que tengan para… regresarla!"

Las enfermeras se paralizaron, mirando al enloquecido hombre apuntándoles un arma.

Sally lamió sus secos labios. "Heero, baja el…"

"Cállate," espetó, fríamente. "Hagan su maldito trabajo, o juro que las mataré."

"Relena no querría esto."

"Relena quería vivir." Apretó el gatillo. "Y si quieren hacer lo mismo, les sugiero trabajar."

Con todo el coraje que pudo reunir, Sally caminó directo hacia él. Él hizo una mueca cuando tocó su mano. "No eres más un asesino. No la decepciones."

Sus dedos se relajaron mientras sus rodillas se debilitaban. Ella tomó la oportunidad para retirar gentilmente el arma. Los brazos de Heero cayeron a sus costados. "Devuélvemela," susurró. "Por favor. Dios, Sally, por favor." Contuvo cálidas lágrimas. "Por favor, por favor… la necesito."

"Heero." Ella tragó fuertemente. "Se fue."

Justo entonces, la puerta se abrió y una enfermera entró con un bulto rosado en sus brazos. "Dra. Po, es hora de su próxima comida." Viendo el caos, y el muy quieto cuerpo de la madre del bebé en la cama, la mujer se detuvo en seco.

Heero no pudo detenerse de mirar hacia la enfermera cargando a Gisele. Podía ver un poco del rostro del bebé en el océano de rosa, el mechón de oscuro cabello en su frente que nunca sería el rubio dorado de Relena.

"Tómala, Heero," lo urgió Sally. La enfermera se les acercó y le alcanzó el bebé a su padre. "Te necesita."

No pudo hacer trabajar sus brazos. Y no estaba completamente seguro de que quisiera. Tomar al bebé, abrazarla, sentir su calor y vida mientras Relena se enfriaba más… no podía hacerlo.

Sacudiendo su cabeza, Heero se alejó de su hija. "No puedo."

Sin otra palabra, salió de la habitación. No se detuvo hasta que estuvo fuera en el aire fresco. Tragó enormes respiros, su estómago revuelto y ardiendo. Un pájaro trinó en un árbol cercano y varias personas lo pasaron con extrañas miradas. No pudo luchar más contra su estómago, y Heero vomitó en los arbustos.

Doblado de cintura, limpió su boca con el revés de su mano mientras la pena derribaba cada una de sus barreras emocionales. "Relena," gritó. "Relena!"

-.-.-.-.-.-.-

"… la procesión comienza desde las puertas de la Mansión Presidencial y recorrerá dos millas por el centro de lo que alguna vez fue el Reino de Sanq, su país natal, y terminará en la Vieja Catedral de la Ciudad. Tras la ceremonia y un funeral sin precedente de cinco días, será llevada al cementerio de la iglesia y Relena Darlian Peacecraft, Presidenta de las Naciones Unidas del Espacio Terrestre, la Reina de la gente, descansará junto con sus ancestros. Un apropiado, pero pronto final para una hermosa vida."

La enfermera cambiando la sonda de Quatre sacudió su cabeza tristemente. "Sr. Barton, estará bien si apago la televisión? Es horriblemente triste."

Trowa sacudió su cabeza. Cuando habló, su garganta estaba seca. "Déjala encendida. Él querría verlo." Miró a su amor durmiente. "Ellos eran amigos, sabes."

"No lo sabía. También la conocía?"

Él pensó por un momento. "No. No realmente." Un segundo pasó. "Aunque debí hacerlo. Las cosas que hizo… de nuevo le dio un propósito a mi vida. Y nunca se lo agradecí. Ninguno de nosotros lo hizo."

La enfermera miró la pantalla. "Yo voté por ella. Es como de mi edad. Era." Sacudió su cabeza. "Nunca entenderé por qué los buenos mueren jóvenes."

"Yo tampoco," susurró Trowa cuando se fue la enfermera. En el televisor, un grupo de cincuenta niños marchaban solemnemente tras el carruaje que llevaba el ataúd de Relena. Pero justo en frente de ellos, los portadores del féretro que cargaban a la Presidenta del carruaje a la catedral caminaban a lo largo. Tres preventivos desconocidos, y junto a ellos, tres rostros conocidos. Wufei Chang, Duo Maxwell y Milliardo Peacecraft.

"Deberíamos estar ahí," le dijo al quieto cuerpo de Quatre. Algo lo golpeó. Un rostro ausente. "Él debería estar ahí."

Pero sin importar lo duro que escaneó las multitudes que alineaban las calles para un vistazo final de su caída princesa, no vio el rostro de Heero Yuy.

No tuvo tiempo de pensar mucho más. Algo tocó su muñeca y saltó, en guardia instantáneamente.

Los dedos de Quatre lo alcanzaron; sus ojos azules lentamente comenzaron a abrirse. Al ver a Trowa, le dio una seca sonrisa. "Hola." Trató de lamer sus labios para humedecerlos. "Qué me he perdido?"

-.-.-.-.-.-.-

Continuará…