Capítulo 14: la defensa

Hermione cayó al suelo, arrastrando con ella al chico que tenía cogido. Hacía tanto tiempo que no usaba magia, y al hacerlo sin su varita no estaba segura si podría aparecerse correctamente sin sufrir una despartición en ella, o en Malfoy, al cual llevaba consigo.

Desde el suelo, Draco y ella se miraron unos segundos, diciéndoselo todo. Hasta que una cabellera rubia aterrizó encima de Hermione. Tras ella una pelirroja hizo lo mismo y Draco sintió como lo levantaban del suelo y lo atrapaban de nuevo. Esta vez era uno de los gemelos. Sus amigos también estaban retenidos. ¿Realmente había sido una buena idea?

-oh, te he echado tanto, tantísimo de menos Hermione – decía Luna desde el suelo regando de besos el rostro de Hermione.

-Luna déjame sitio, yo también quiero abrazarla. – se quejaba Ginny con los ojos llorosos.

En cambio Hermione lloraba como una magdalena, pero Draco pudo ver un cambio en sus lágrimas. Sonreía y se la veía feliz.

-os quiero tanto chicas – susurraba una y otra vez entre sollozos, abrazándolas a ambas.

Pero el rubio no pudo seguir escuchando la escena, pues lo llevaban hacia el interior de la destartalada casa de los Weasley. Mientras cruzaba el ancho jardín pudo ver a alguien que reconoció como la madre de Hermione correr hacia el grupo de chicas. También iba llorando y tras ella la señora Weasley caminaba presurosa debatiéndose entre las lágrimas y la preocupación.

Al parecer ya habían notado la desaparición de los chicos y los habían visto llegar desde la ventana.

El rubio se giró una última vez para ver el reencuentro de madre e hija.


Hermione se deshizo con cariño de sus amigas tan pronto vio a su madre correr hacia ella llamándola.

-¡mama! – sollozó levantándose para encontrarse con ella fundiéndose en un gran abrazo.

-mi niña, mi pequeña – lloraba se madre abrazándola mientras al mismo tiempo intentaba comprobar que su hija estuviera sana y salva.

-no llores mama, estoy bien.

-no sé qué voy a hacer con vosotras – "regañaba" la señora Weasley al tiempo que abrazaba a las otras dos.

-entrad en el campo de fuerza protector, podrían seguiros – gritaba el señor Weasley acercándose a ellos por el jardín.

-¡Hermy! – gritó un hombre tras él con asombro – realmente eres tú. ¡Hermione!

Y la castaña caminó hacia el campo protector sin conseguir que su madre la soltara para abrazar a su padre.

-un momento – susurró la chica secándose las lágrimas y cayendo en la cuenta de que le faltaba alguien allí - ¿Dónde está Malfoy?

-no te preocupes, preciosa – le dijo con cariño el señor Weasley – están atrapados, y en cuanto todos comprueben que estás a salvo llamaremos a azkaban para que se los lleven.

-¡no! – dijo Hermione dejándolos a todos sin habla – estáis cometiendo un error – y dicho eso se apresuró al interior de la casa.

-¿vas a pegar a alguien que no puede defenderse? – retaba Draco a Ron, el primero completamente atado a una silla. A Ron lo retenía Lupin para que no se echara encima del rubio. Parecía estar fuera de sus casillas y las palabras de Malfoy solo le alentaban a lanzarse sobre él. – podría contigo aún en estas condiciones – sonrió con suficiencia el rubio.

¿Cómo podía ser tan petulante aun en la situación en que se encontraba?

-basta Ron – dijo firmemente Hermione desde la puerta del salón, donde los habían metido – ¡soltadlos!

-¡pero tú estás Loca! - dijo Ron deshaciéndose de Lupin y enfrentándose a su amiga - ¿te han lavado el cerebro o qué? No vamos a soltar a estos mortífagos.

-Malfoy y sus amigos vienen conmigo – dijo sin más. Ya todos en la madriguera presenciaban la escena.

Draco la miraba atentamente. Él nunca habría enfrentado a su familia y amigos por ella. Al menos no directamente.

-no puedo creerlo ¿estás defendiendo a los mortífagos que te han secuestrado y retenido durante meses? – en verdad Ron no podía creer las palabras de la castaña, y por las expresiones de la sala, pocos daban crédito a la defensa de Hermione.

-Malfoy me salvó de la muerte. Me ha salvado innumerables veces – el rubio miró al suelo con incomodidad. No le gustaba la idea de que ella lo pregonara. No quería que la gente se hiciera juicios equivocados sobre él. – también salvó a mis padres – informó buscando a sus progenitores con la mirada. Ellos se veían preocupados. Se ahorró el hecho de que la tuvo encerrada en las mazmorras hasta casi dejarla morir. Eso no lo diría nunca.

-si tanto te ha cuidado este mal nacido ¿Qué son esas marcas en tu cara, eh? – Ron se acercó a ella y la cogió de la barbilla para que todos pudiera apreciar su ojo morado y su labio partido – más parece que como si te hubiera dado una paliza – algunos presentes asentían de acuerdo y otros la miraban con preocupación.

-por favor, Ronald – dijo enfadada deshaciéndose de su mano. Cuando el pelirrojo se ponía en plan cabeza dura no había quien le hiciera entrar en razón – solo es un encantamiento.

Hermione se detuvo un momento para mirar al rubio. Él la estaba mirando.

-en mi bolsillo interior derecho – dijo él sin más.

Hermione se acercó, y evitando tocarle más de lo necesario sacó su propia varita de donde el chico le había indicado.

-gracias por traerla – le susurró ella, sin dejar de mirarle a los ojos. Con su mirada se disculpaba por la bienvenida. Él solo asintió.

Con un movimiento, y armada ya con su propia varita, su cara volvió a la normalidad. Los murmullos inundaron la sala. Comprendían que algo raro estaba pasando.

-bien, bien ¡silencio, por favor! – dijo Lupin levantando la voz – creo que lo mejor y más sensato es que nos sentemos tranquilamente y Hermione nos cuente lo que ha ocurrido durante estos meses.

-y de paso que mis hijos me expliquen cómo se les ha ocurrido escaparse para colarse en la casa de un mortífago. – dijo enfadada la señora Weasley. Los susodichos miraron en todas direcciones, evitando la mirada de su madre.

-está bien, os contaré todo. Pero antes debéis desatadlos.

-estás loca si piensas que voy a mover una sola cuerda de esos enfermos – le gritó Ron, seguía fuera de sus casillas. ¿Cómo podía ser tan cuadriculado?

-¡basta, Ronald! – Ginny salió en defensa de su amiga, colocándose junto a ella y cogiendo su mano – no hables así a Hermione. Ella tiene derecho a explicarse y tú no debes acusarla antes de escucharla. – por primera vez echó un vistazo a las personas que habían traído consigo. Sus rostros ya estaban descubiertos y reconoció a los otros dos también de Slytherin. El de piel más oscura la miraba tan fijamente que tuvo que apartar la vista, incómoda.

Ron, todo rojo ya, hasta las orejas, dejo su contestación cuando Lupin puso una mano en su hombro.

-vamos a calmarnos. ¿Por qué no pasamos a la cocina? – propuso el antiguo profesor – Ninphadora ¿Por qué no preparas té para todos? - los presentes comenzaron a pasar a la cocina – Bill, desátalos. Solo mantendremos las cuerdas en las manos como medida de seguridad – añadió mirando a Hermione, que suspiró. Se estaba sintiendo realmente cansada solo de pensar en la gran explicación que vendría.

-Draco Malfoy y sus dos amigos me han estado ayudando desde que estoy encerrada – dijo una vez todos estuvieron sentados alrededor de la mesa de la cocina. Hermione se puso al lado del rubio, que mantenía las manos atadas en su regazo y miraba a todo y todos con su habitual cara de asco, lo que hacía menos creíble el testimonio de la chica. – ellos nunca quisieron están con Voldemort, solo no tuvieron opción…

-siempre hay opción ¿te has tragado ese cuento? Eres tan ingenua Hermione… - decía Ron, que había estado mirando alternativamente a ella y a Malfoy rojo de ira ¿porqué se sentaba junto a él? – podrían haber elegido nuestro bando desde un principio.

-¿ah, sí? ¿Alguien puede decirme que habría pensado si alguno de estos chicos hubiera pedido estar en nuestro bando? – preguntó Hermione mirando a todos los presentes.

Al instante Luna levantó una mano.

-Luna, no es necesario que levantes la mano para hablar – le explicó Lupin con cariño.

Blaise rió por lo bajo, pero se detuvo cuando encontró la mirada asesina de la pequeña de los Weasley dirigida hacia él.

-yo habría pensado que solo querían unirse a nosotros para pasar información a los mortífagos. Excepto de Nott. Él es bueno porque una vez que ayudó a bajar una de mis zapatillas del sauce boxeador.

Todos miraron al pálido chico, que intentó sonreír consiguiendo una extraña mueca.

-es cierto que todos habríamos desconfiado de ellos – dijo Charlie – pero es que sus familias son seguidores de Voldemort ¿Por qué no íbamos a pensar que querrían seguir sus pasos?

-¿no os dais cuenta de que con ese pensamiento les hemos empujado, desde siempre, a no tener opción? En ningún momento tuvieron elección – dijo Hermione – desde que nacieron, fueron juzgados sin tenerlos en cuenta como personas con personalidades propias y pensamientos propios.

-tienes toda la razón. – intervino el señor Weasley – nunca dimos una oportunidad a estos chicos.

-su comportamiento no ayudo, precisamente, a que pensáramos distinto de ellos – dijo Fred.

-aunque eran dignos contrincantes de bromas. – añadió George con nostalgia.

-si… ¡tú! – dijo Fred señalando a Blaise – una vez Mcgonagall te castigo por una broma nuestra.

-¡cierto! Nos ofendió profundamente. Fue una de las mejores.

-y tú te llevaste el mérito de todo…

-intenté explicarle a Mcgonagall que no fui yo, pero había tantas chicas suspirando y mirándome como a un héroe que… - se defendió Blaise como si fuera una charla de amigos.

-si… esa era la mejor parte. Las chicas. – sonrió George golpeando a su hermano con complicidad.

-chicos, nos estamos desviando un poco del tema – intervino Lupin de nuevo – creo que ahora debemos escuchar a los chicos, pero deberéis tomar veritaserum antes de hablar. Lo comprendéis ¿verdad? - Los chicos asintieron, excepto Malfoy que se mantuvo impasible y realmente serio. Una vez los tres hubieron bebido, comenzó el interrogatorio – ¿algo que decir en vuestra defensa?

Pasaron varios segundos hasta que Theo se decidió a hablar.

-en nuestra defensa diremos que nunca hemos hecho realmente daño a nadie a menos que estuviéramos bajo demasiada presión. Solíamos evitar los encargos de alguna forma u otra, haciendo creer al resto que los habíamos cumplido.

-sí, como los de los padres de Granger. Malfoy insistió mucho en que debíamos cambiarlos por otras personas ¡auch, Draco! Tranquilo, no voy a hablar más de la cuenta – dijo Blaise.

-diciendo eso, ya estás hablando más de la cuenta – se quejó Draco. Algunos presentes ocultaron sus risas. Hermione se sonrojó sin saber muy bien el motivo.

-pero cambiando a los padres de Hermione, dejasteis que otros murieran en su lugar. Y al parecer no fue una muerte limpia… - dijo Lupin, que pudo ver la escena.

-alguien tenía que morir allí, lo único que quería es que Granger no sufriera. Ya estaba pasando por bastante – dijo Draco maldiciendo la poción. Podía sentir los ojos de la chica mirándole fijamente, por lo que no se movió ni un músculo y continuó mirando una cucharita sobre la mesa.

-¿y porque nos atrapasteis cuando fuimos a salvar a Hermione? - preguntó Ron como si ese argumento fuera irrebatible.

-Hermione me pidió que fuera con ella. Me dio a entender que mi única oportunidad iba a ser estar de vuestro lado, pero no podía dejar a mis amigos.

-tampoco podíamos irnos sin más. – dijo Theo – en cambio si hacíamos creer al resto de los mortífagos que nos habían llevado como rehenes, bueno…

-os cubgíais las espaldas pog si no os aceptábamos aquí – habló Fleur por primera vez.

-siempre podríamos decir que habíamos escapado si no nos creíais – corroboró Theo.

-es cierto. A mí éste – dijo Ginny señalando a Blaise – me dijo que le arrebatara a varita y le atrapara. Lo tenían todo planeado.

-claro que es cierto, estamos bajo los efectos del veritaserum – le contestó Blaise molesto – por cierto, me llamo Blaise Zabini, no "éste".

-pero Lucius si que era realmente peligroso, y mucha de la gente que se reunía en la mansión Malfoy, también. Por eso los moretones de mi cara. He tenido mucha suerte de que fuera Malfoy quien se ocupara de mí como prisionera… pero ellos son buenos, tenéis que creerme. De otro modo, jamás los habría traído aquí – se excusó Hermione desesperada por que la creyeran.

-estoy muy orgullosa de ti, hija – le dijo su padre, sentado al lado de su madre, que a su vez estaba sentada junto a Hermione agarrada a su mano.

-bien, yo siempre he creído en las segundas oportunidades, y estos chicos obviamente están diciendo la verdad. – sentenció Remus Lupin.

-pero eso no quiere decir que deban quedarse en mi casa. No están con los mortífagos, perfecto. Pero que se larguen y luchen por su cuenta.

-no seas injusto Ron. Yo los traje conmigo, no puedo dejarlos ahora a su suerte.

-ya los has sacado de allí – siguió Ron – tu deuda ha acabado. Que se marchen.

-si ellos se van, entonces yo me voy con ellos – la castaña estaba realmente enfadada con su amigo.

-calma chicos. Aquí somos muchas personas. Lo más justo es que hagamos una votación – dijo Bill – a favor de que estos chicos se queden aquí. – anunció.

Hermione fue la primera en levantar la mano. Solo basto una mirada a sus dos amigas para que estas hicieran lo mismo. Los gemelos y los padres de Hermione, junto con Lupin, fueron los siguientes. Poco a poco, excepto Ron, todos votaron a favor.

El pelirrojo se levantó con fuerza, tirando la silla y saliendo de la cocina hacia el piso superior.

-si Harry estuviera aquí estaría de mi parte… - le escucharon murmurar antes de salir.

-¡Harry! ¿Dónde está Harry? – todos la miraron con preocupación, pero sin llegar a contestarle. Se llevó ambas manos a la boca, negando con la cabeza – oh no, no estará…

-claro que no – dijo Ginny levantándose – ven con nosotras.

Las tres chicas salieron de la cocina y guiaron a la castaña a la habitación donde Harry dormía desde hace tanto tiempo.

-está en coma. Esos aparatos lo mantienen con vida – le informó Ginny cuando entraron – pero no quiere despertar – a la pequeña Weasley se le quebró la voz.

-Harry… - Hermione se sentó en la cama, agarrando con cariño la mano del chico para llevársela a la boca y darle un suave beso. De nuevo se sentía al borde de las lágrimas.

-no es que no quiera despertar, Ginny. Es que no puede – le dijo Luna a su amiga abrazándola sobre los hombros.

-Ginny… lo siento tanto, vosotros... – comenzó Hermione.

-nosotros nada – dijo Ginny frotándose los ojos y deshaciéndose del abrazo de Luna – el me dejó antes de volver a casa, y ahora no quiere volver conmigo. ¡No lo necesito! – terminó enfadada ocultando su rostro tras sus manos para que no la vieran llorar.

Sus dos amigas corrieron a abrazarla.

-sabes muy bien que él lo hizo para protegerte. – la confortó Hermione.

-déjala, seguramente mañana se pasará el día aquí metida con él. Hay días en que realmente le odia, y días que no puede dejarle solo. Ya la conoces.

-Luna, deja de hablar como si no estuviera delante – dijo la pelirroja limpiando sus lágrimas de nuevo. Pero rompió a reír con algo de tristeza, pues Luna tenía razón. Pronto todas reían. – además, lo importante es que estás aquí de nuevo, Hermione.

-sí, estábamos tan preocupadas por ti… - dijo Luna.

-no volveremos a separarnos nunca, chicas – dijo Hermione abrazando a ambas.


Draco se frotó las muñecas cuando le desataron. No porque le dolieran realmente, sino porque se sentía tan incómodo en aquella estancia llena de desconocidos que no sabía qué hacer. Y encima ella había desaparecido.

De pronto alguien le abrazó por sorpresa. De no ser porque olían distinto y porque la presión alrededor de su cuello era distinta, habría pensado que era Hermione la que le abrazaba. Pero era su madre.

-gracias, gracias por salvarnos esa noche, y sobre todo, gracias por salvar a mi hija – le soltó y le miró intensamente a los ojos – te debo mi vida, Draco Malfoy.

-no se preocupe, señora – murmuró el rubio más incómodo si cabía.

-eres un buen chico – el señor Granger le dio unas palmadas amistosas en su espalda. Antes, cuando era más joven, soñaba que si hacía algo bien y complacía a su padre, tendría un gesto parecido con él. Lo había visto hacer a muchos padres con sus hijos, sobre todo en el andén, pero al final, la primera vez que lo recibía era del padre de otra persona.

-lo siento mucho, pero como veis la casa es pequeña, y ya la hemos agrandado lo posible – intervino la señora Weasley, dirigiéndose a los tres – voy a tener que instalaros en la sala de estar. Por la noche convertiremos los sofás en camas, solo que no habrá mucha privacidad. En realidad hace mucho que en esta casa no hay privacidad ninguna – murmuró la señora Weasley más para sí misma.

-no se preocupe, señora. Estaremos bien en la sala de estar. – contestó educadamente Theo – somos nosotros los que debemos agradecerle por acogernos en su casa.

-no es nada, cielo… - sonrió la señora Weasley al chico dando unas palmaditas en su hombro con cariño. – sentaos. Seguro que tenéis algo de hambre. Pronto comeremos.

Mientras se sentaban, las chicas volvieron a la cocina. Hermione se sentó entre sus dos amigas y estuvieron charlando durante toda la comida. La madre de Hermione de vez en cuando le tendía la mano para que se la cogiera, y ambos padres no dejaban de mirarla, como si temieran que fuera a volver a desaparecer. La castaña había mirado varias veces en dirección a Ron Weasley, que miraba su comida cabizbajo, y solo una vez había mirado a Draco Malfoy. Y él podía jurarlo, pues no había dejado de mirarla en toda la comida.

Estaba enfadado. No, muy enfadado. Pero no iba a quejarse ante nadie, ni con sus amigos, y posiblemente tampoco con ella. Y no podría hacerlo porque no volvería a verla sola nunca más. No en esa casa. Había estado demasiado acostumbrado a tenerla para él solo.

Y la gran pregunta era ¿por qué le molestaba esa situación?

Removía su plato sin apenas comer, y tres cuartos de lo mismo hacían sus dos amigos. Estaban incómodos, y nadie les hablaba. Entre ellos tampoco lo hicieron.

Cuando la comida terminó, y mientras algunos se levantaban a recoger la mesa, Ron se levantó y sin decir nada a nadie, salió de la cocina. Enseguida Hermione se disculpó y salió tras él.

Draco comenzó a apretar los puños, pero antes de que lo hiciera demasiado fuerte, Theo le quitó gentilmente el vaso que sujetaba.

-no es necesario que rompas nada ahora mismo – le susurró.

-no creo que esos dos tengan nada, ya viste como él le hablaba… - comentó Blaise, también por lo bajo.

-¿y por qué cuernos crees que a mi podría interesarme si tienen o no tienen nada, Blaise? – preguntó Draco rozando la ira. Lo mejor habría sido quedarse en casa y olvidarse de esa bruja.

-solo decía… - se disculpó el moreno con una sonrisa burlona que enfureció más si cabía al rubio. Pero no se pudo quejar porque en ese momento se sentaron junto a ellos los gemelos Weasley.

-bueno, ¿y que tal es eso de ser mortífago? – preguntó uno de ellos

-¿muchas misiones suicidas? – preguntó el otro.

-no creas – contestó Blaise como si fuera una pregunta cualquiera – no nos dejaban hacer mucho. Ya sabéis, por ser los más jóvenes e inexpertos.

-esa era la parte buena – añadió Theo.

-pues aquí estamos igual. Los adultos no nos dejan ni participar, ni oír – les dijo George.

-la diferencia es que nosotros queremos participar – dijo Fred.

-y creemos que tenemos derecho a saber lo que pasa – continuo George.

-es por eso que –Fred bajo la voz antes de continuar – hace años creamos las orejas extensibles.

-gracias a ellas sabemos todo lo que está pasando y lo que los adultos hablan.

-¿estáis intentando vendérnoslas? – preguntó Draco con indiferencia.

-¿habéis traído pasta? – preguntó a su vez Fred.

-no. – dijo sinceramente Theo.

-ni un Sickle – añadió Blaise.

-entonces no hay mucho negocio por aquí… - le dijo George a su hermano.

-vaya…, pensamos que querríais información para pasar a Voldemort – les dijo Fred con una gran sonrisa.

Los otros tres se pusieron serios al instante.

-no pongáis esa cara, no es cierto – Ginny apareció tras sus hermanos, junto a ella estaba Luna – ya los iréis conociendo…

-no sé porque me siento ofendido, hermanita – dijo George en absoluto ofendido.

-ya no importa – dijo Ginny observando cómo su madre recogía de la mesa los dos últimos vasos – tenemos que irnos…

-tres… - dijo Luna sonriendo.

-dos… - la siguió Ginny rodando los ojos.

-uno – acabó Fred.

-chicos, porque no pasáis al salón, o podéis enseñarle la casa a los chicos – les dijo la señora Weasley.

-claro mamá – le sonrió Ginny con falsa inocencia. – es su sutil forma de echarnos… - susurró a los chicos.

Los siete se levantaron y salieron de la cocina.


bueno, la verdad es que hoy no tengo demasiado tiempo, así que solo paso por aquí para dejar el capítulo y como siempre, agradecer vuestros reviews, eso si, hoy en general a todos. espero que hayáis disfrutado de estas lineas.

hasta la próxima!