Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, todos los derechos le corresponden a J. y WB. Los personajes y situaciones que no conozcan son míos.

14

14

LA INQUISICIÓN DE CORDELIA

- ¡¿Viste lo que hizo ese idiota?!- exclamó James desanimado- Parecía un primate arriba de la escoba el muy estúpido¡Hasta un niño de pecho podría pasar esa quaffle por el aro de Harrison!

- Este sí que se lo toma en serio¿no, Remus?- preguntó Sirius con una sonrisa tétrica.

Acababan de presenciar la masacre de Gryffindor por Slytherin en el primer partido del campeonato de Quidditch, de la que tanto Sirius como James veían muy difícil olvidarse; James no podía concebir como era que King, el capitán del equipo de Quidditch, no había podido manejar la escoba si siempre se decía que era tan bueno para ello. La torre de Gryffindor jamás había estado tan desanimada como esa vez, y él no estaba para aparentar felicidad y hacerlos reír. Todos esbozaban sus mejores rostros de aflicción.

El retrato de la dama gorda se movió con rapidez y aparecieron Frank Longbottom, un prefecto de sexto año, muchacho mediano y macizo con cara de buenos amigos e inocente, seguido de Elizabeth Horper, la chica de cara descarada y pelo espeso que había guiado a los Gryffindor en su primer día de Hogwarts, también prefecta. Ambos hablaban acaloradamente, pero parecían felices.

- Hey, chicos- exclamó Horper a toda voz, para llamar la atención de la torre- Se anula el partido, dos de las escobas estaban adulteradas por alguno de Slytherin.

- ¿Te estás burlando de nosotros, Horper?- preguntó Sirius en voz alta.

- Nada de eso, Black, se anula el partido.

- Bueno, eso explicaría las fallas de King- comentó Alice Robins, una chica de cara redonda que estaba sentada cerca de ellos y hablaba con Evans- En general es muy buen jugador.

- ¿Quién creen que haya sido?- preguntó James en voz baja para sus amigos.

- Me apunto por uno de los cursos menores, en Slytherin se da una proporción extraña, mientras más grandes, más idiotas con la varita, a lo mejor fue Quejicus- dijo Sirius. James miró a Remus, que parecía valorar la idea.

- Tal vez, por la fama que tiene se sabe varias maldiciones para escoba, pero no hagan nada estúpido- dijo Remus- Por una vez podrían dejar que los profesores vean que sucede.

James hizo una mueca de disgusto y se echó con todo su pequeño cuerpo sobre una butaca. Que Snape fuera el que había maldecido las escobas no sería ninguna sorpresa para él, aunque inevitablemente James, a esas alturas del partido, no podía dejar de preguntarse qué pasaría si se supiera. Específicamente, qué pasaría si Evans lo supiera. Una sonrisa socarrona apareció en su cara cuando recordó la cara de terror que había puesto su compañera al ver el primer partido de Quidditch de su vida. Era todo un poema la cara de Evans, aunque con los minutos se había mostrado contenta de ver como las escobas andaban de un lado a otro. A James le gustaba verla contenta.

Tal y como esperaban ellos, el culpable de la adulteración de las escobas no apareció aun cuando todos los profesores investigaron en ello. El mes de noviembre pasó con rapidez y el partido se repitió, esta vez con resultados favorables para Gryffindor, aunque con una actuación no tan sorprendente, por lo que James decidió que el próximo curso intentaría entrar al equipo, puesto que los de primero no podían. Las cada vez más sencillas clases, por lo demás, se vieron gratamente interrumpidas cuando llegaron las vacaciones de Navidad. Tanto James como Sirius, Remus y Peter se irían a sus casas a pasarla con sus familias, pero había algunos que se quedaban, para regocijo de James, como Severus Snape. Jamás se habría burlado de algún chico que no tuviera una familia decente donde pasar las fiestas, pero que fuera Quejicus usualmente eliminaba toda moral en James.

Así que la semana de Navidad los cuatro dejaron el castillo para volver a subirse al expreso de Hogwarts. Esta vez, James obligó a Corde prometer que se sentaría un momento con ellos. Su amiga apareció ante su puerta, luego de haber olvidado su promesa, pidiendo algo y seguida de una avergonzada Evans.

- ¿Qué pasa?- preguntó James con una sonrisa, a lo que Evans suspiró largamente, como preparándose para contar algo muy desagradable.

- Corde está pidiendo zanahoria a la señora del carrito- murmuró en voz baja, alarmada de que alguien los pudiera oír. James rió.

- Así que sigue con esos gustos¡qué niña!- comentó. Evans lo miró sin entender- Corde siempre le roba la zanahoria a mi elfina doméstica las pocas veces que va a mi casa, le fascina.

Evans sonrió de manera dulce. Mierda, pensó James, de manera dulce. No, Evans sonrió, solo sonrió, la manera da igual. James estaba pasando por esa misma catarsis desde hace unas cuantas semanas desde que, sin querer, se diera cuenta de un acto humillante. Había sido durante el banquete de Halloween cuando había volcado la sal de la mesa cuando ella, ah…la maldita niña bonita boquita de algodón Evans, le había sonreído en vez de responderle una de sus tantas maldades.

Que le gustara una niña a sus cortos once años era tan desconcertante y humillante como que lo hicieran vestir los colores de las Abispas frente al Gran Comedor. Era imposible, y no le gustaba la sensación de vulnerabilidad que sentía cada vez que ella le sonreía. Estaba tan paranoico que cada vez que terminaban sus lecciones revisaba con sumo cuidado las escasas anotaciones que hacía para corroborar que no había hecho ningún corazón con el nombre Lily. Se sentía a salvo sabiendo que solo estaría enamorado el día que dibujara una snitch con las iniciales de la niña, y por ahora, las letras L. E aun no formaban parte de su subconsciente.

- ¿James¿James? Black a Potter. No hay caso, este parece enamorado- Tres personas rieron a carcajadas.

- James¿estás bien?- La voz más ronca, algo alterada por la risa. Ese era Remus.

- ¿No le habrán echado alguna maldición?- preguntó otra, ansiosa. Peter.

- No, está así desde que su prometida Withers y la Evans se fueron- bromeó un idiota, Sirius.

- ¡Estoy bien!- exclamó molesto, pero luego la arregló poniendo su mejor cara traviesa- Solo me preocupa la reacción de mis padres, no me han mandado ningún reclamo, pero la profesora McGonagall me dijo que le ha mandado varias lechuzas.

- ¡Puros sin sentidos! Somos niños, debemos entretenernos- exclamó Sirius.

- Por cierto, James, aun no nos has explicado cómo es que te las arreglaste para vagar por el castillo hasta las cocinas sin que nadie te viera- dijo Remus intrigado.

Oh, oh, capa invisible. James se había acordado del excelente regalo de su padre solo unas semanas después del partido de Gryffindor contra Slytherin, para saber si descubría a alguien declarándose culpable. En, realidad, para ver si descubría a Snape delatándose, pero no había resultado. Después de eso se había dedicado a describir las bondades de la capa invisible unas tres veces más, pero aun no estaba muy seguro si contarles a sus amigos, principalmente porque no sabía si estaría permitido, y la fiabilidad de Sirius y Peter era algo de sumo riesgo, el primero de manera intencional y el otro de manera estúpida.

- Esto…

Salvado por el chirrido del tren. El expreso acababa de llegar al Andén 9 ¾ y James se había envuelto entre miles de muchachos y capas, y baúles y enormes jaulas con lechuzas histéricas por todos lados. Aunque, en comparación con el 1 de septiembre, bajarse en Navidad era pan comido por los alumnos de menos.

James, Sirius, Remus y Peter se acercaron a una de las bajadas. Peter había tenido la intención de bajar primero su baúl, con paupérrimos resultados cuando el peso del baúl lo había arrojado a él también. Remus, que era todo un caballero, pegó un salto y ayudó al pequeño Peter, mientras James y Sirius, que eran unos desadaptados se reían como maníacos.

Potter, Black, no es mi intención arruinarles la fiesta- Mary MacDonald apareció tras ellos seguida de Sweeting, Corde y Evans- Pero considerando que vemos todos los días a Pettigrew cayéndose, y creo que sí son todos los días, no es necesario que hagan tanto taco, chicos, anda, muévanse de una vez.

- Vale, vale- rió Sirius mientras empujaba suavemente a James.

- ¡JAMES POTTER!

Rayos, esa voz furibunda de todas las mañanas James la habría reconocido a kilómetros de distancia, y ahora, después de no escucharla en un par de meses, le parecía más aterradora. Miró a todos lados en un vano intento de escapar de su madre.

- Sirius, hazme espacio, si mi madre me agarra ahora, me asesina- murmuró.

- ¿Tu madre es esta dulce dama que te mira con ternura, Potter?- preguntó socarrona Evans detrás de él, mirando hacia delante igual que el resto de los curiosos. Justo cuando James dirigía también sus ojos al punto en cuestión, Corde coronó la escena.

- Hola, señora Potter- Su amiga y su dulce voz. Tal vez también sirviera como calmante con la otra gente- Tanto tiempo que no la veía.

James sonrió triunfante cuando observó que su madre se mostraba desconcertada ante el tono suave y meloso de Corde. Entonces el chico comprendió que se había equivocado, Corde no la había arruinado más, lo había salvado de una buena. De una enorme. Otro punto más del por qué debía replantearse a Sirius como su mejor amigo.

- ¡Ah, Corde, querida!- exclamó su madre más contenta cuando abrazaba a Corde, que había brincado con la gracia de una gacela desde el tren- ¿Cómo han ido las clases?

- Bastante bien, gracias, aunque no puedo decir que tan bien como a James, es uno de los mejores de primero- Una oleada de gratitud corrió por cada centímetro del cuerpo de James.

- ¿Ah, sí?

Su madre se manifestó interesada en las cosas que le contaba Cordelia, así que James supuso que la tormenta había pasado por un rato. De un salto llegó al andén junto a Sirius, que se despidió con una sonrisa igual de macabra que la que habría puesto si le hubieran pedido ir a la sala común de Slytherin. A lo lejos, y por las facciones iracundas de los Black, James creyó que en efecto, iba a un nido de serpientes. Sirius los miró, tragó con dificultad, e hizo una última seña a sus amigos.

También vio como Olive Sweeting se reunía con un chico igual de rubio, calcado a ella, pero mayor, que debía ser el hermano contra el que tanto despotricaba siempre. Mary MacDonald se acercó a una pareja de casados, definitivamente muggles por la pinta y la cara de desconcertados, que debían ser sus padres. Peter se despidió de ellos y fue junto a una señora de aspecto maternal que en seguida comenzó a decir lo pequeño que estaba y lo mal que se veía. Remus había desaparecido con un sorpresivo adiós y no lo había podido divisar por ninguna parte, y en cuanto a Evans, la chica abrazaba cariñosamente dos señores y sonreía a una muchacha tan desagradable que de solo verla James estaba seguro que debía ser la hermana que no gustaba de la magia. Menuda muchacha con cara de caballo.

La familia Evans se alejó con el hombre acarreando el baúl de la chica de espeso pelo rojizo. Para su desgracia, Evans se dio vuelta y le sonrió con amabilidad mientras seguía a su madre y hermana.

- ¡Argh…¡Diablos!- James maldijo por todo lo alto cuando su baúl, que había bajado milagrosamente solo, se cayó sobre su pie derecho.

- Cuida esa boca, muchacho- amenazó su madre de manera brusca- Venga, ya vamos¿tienes todas tus cosas, Corde, querida?

Los tres, su madre, Corde y él, salieron a la estación de King Cross entre medio de muchos muggles que cargaban con varias compras navideñas. Dumbledore había accedido, después de numerosos carteos entre él y su padre, que Corde podía quedarse durante las fiestas, en la casa de los Potter, así que James estaba, era que no, más feliz que unas pascuas. Los regaños de su madre habían quedado de lado por lo menos de momento.

Media hora después James y Corde estaban echados en la nieve luego de haber terminado sus felices monos de nieve. El suyo no podía jactarse de ser una lindura, pero el de Corde era un verdadero esperpento. Según ella, se había basado en él, lo que lo ofendió un poco cuando vio que era una figura cabezona con dos botones enormes como ojos y una sonrisa bobalicona que no le hacía justicia. De cualquier manera no se enfadaría con ella porque sabía que su amiga realmente se había esforzado, solo agradecía a dios que Sirius no estuviera ahí para ver esa cosa.

- Estoy agotada- murmuró Corde. Su amiga bostezó como lo haría un gato antes de dormir y se acurrucó en la nieve.

- ¿Estás mal de la cabeza? Te vas a resfriar- dijo James sin muchas ganas de sacarla de ahí- Corde, te necesito viva si nos vamos a casar- Ella rió con ganas y levantó su cabeza con una sonrisa nada agradable. De esas que James le había visto poner pocas veces en su vida- Corde… ¿qué pasa?

- Te gusta- Fue lo único que ella dijo.

- ¿La idea de casarnos? Bueno, eres la chica más bonita que conozco pero estás loca, no es como que me haga muchas ilusiones- Corde rió de nuevo y negó con la cabeza.

- No, burro…- dijo con su voz misteriosa- Te gusta Lily.

Claro, había olvidado lo observadora que era Cordelia Withers, con sus dos ojos siempre atentos a todo lo que sucedía a su alrededor, a pesar de que nunca se diera cuenta de la reacción del mundo con ella.

- No es cierto- mintió James, inmaduro hasta el final.

- Oh, sí lo es- aseguró Corde levantándose de la nieve y dando unos alegres saltos a la casa de los Potter- ¡Te gusta Lily!

- ¡Corde, eso no es cierto…Corde¡Hey, espera, no es verdad lo que dices!- James se levantó a trompicones del suelo y fue tras su amiga.

- Señora Potter…- canturreó Corde, exultante de felicidad. De no ser porque él era el objeto de burla, James lo habría encontrado muy gracioso.

- Corde, no te atreverías…

James pudo ver como los azules ojos de su amiga brillaban con intensidad cuando la vio entrar a la casa.

- ¿Conoce a Lily Evans?


Uf, tantos siglos, deben entenderme, fin de año, feliz 2008 sea de paso. Bueno, este capítulo quiero dedicárselo a todos los que me han dejado comentarios de anónimos, generalmente me suben mucho el ánimo, en serio. Ah, y también a los que me han agregado como una de sus historias favoritas, me hacen muy feliz. Eso es todo, un beso a todos! Espero no demorarme tanto la próxima.

GreenDoe