IMÁGENES

Imagen 14: Verde

Por Okashira Janet

14/50

..

Hinata caminó lentamente, casi dolorosamente, lo sabía, siempre lo había sabido, que Naruto a quien amaba era a Sakura, pero ¿Por que tenía que enterarse de esa manera que su relación ya era oficial?, es decir, todo el mundo lo veía venir, Naruto el hombre que dentro de poco se volvería Hokage y Sakura Haruno la mejor medic-nin de todas las aldeas ninja, tan buena en lo que hacía que ya había superado a Tsunade-sama.

—¡Sakura-chan te amo! —Ella había pasado por el puesto de ramen no porque quisiera verlo a él ni cosa parecida, para su desgracia había sido una desafortunada casualidad, ese día se suponía que iría a entrenar con Kiba y Shino, hacía tiempo que no lo hacían y se encontraba sumamente feliz por el hecho a pesar de que el día era sombrío. Habían quedado de verse en el campo de entrenamiento diez, como en los viejos tiempos, pero antes Hinata le había prometido a Hanabi que pasaría por el centro y le avisaría a Moegi que su hermana se retrasaría un poco, había aceptado el encargo porque no debía desviarse demasiado y además iba temprano a la cita con sus compañeros.

—También te amo Naruto baka… —La respuesta de Sakura había sido lo mismo que si se hubiera echado encima un balde de agua helada, no, peor, había sido como si su corazón se detuviera y toda su sangre se quedara estática dejando a su cuerpo sin oxigeno. Ni siquiera supo como es que siguió caminando, tenía el vago recuerdo de que los ojos le picaban, que los pies se negaban a seguir, que su corazón se estrujaba impidiéndole respirar adecuadamente.

A medio camino se olvidó del asunto de Moegi y caminó como autómata por las calles de Konoha, a su alrededor la gente reía, gritaba, se insultaban, corrían, carcajadas y un despertar que empezaba a abrazar a una acariciadora primavera, pero ella no podía ser participe de todo aquello, en su mente sólo se repetía sin cesar la misma idea "Naruto esta con Sakura" y para nadie era una sorpresa y no debía de serlo tampoco para ella, pero aún así no podía evitarlo, ¡Había esperado por tanto tiempo!, lo había amado desde que era una niña, desde el día aquel en el que él la había salvado sin conocerla, desde que siendo niños él había arriesgado su integridad por ella.

Amargas lágrimas escaparon de sus ojos perdiéndose por sus mejillas, su largo flequillo ocultó su tristeza al resto de las personas, sí, había soñado tontamente que quizás algún día Naruto se fijaría en ella, en un mundo paralelo, en una vida aparte quizás él la notara, tal vez la vería a los ojos y notara que sus pupilas no eran desagradables, tal vez sus sonrojos dejaran de convertirse en una cosa rara para pasar a ser un gesto adorable, tal vez notara su largo cabello con tintes azules… todo falsas ilusiones, ¿Cómo podía compararse una chica rara y apocada con Sakura, una mujer fuerte y decidida?, Hinata no podía evitarlo, admiraba a Sakura, le hubiera gustado ser como ella, tener su temple, su fuerza, su arrojo.

Recordaba sin embargo que una vez Sakura se había sentado al borde de las escaleras, sus hermosos ojos verdes un tanto perdidos.

—¿Pasa algo Sakura-san? —No había podido evitar preguntarle, por lo general la joven de cabello rosa no solía perderse en divagaciones.

—¿Te digo una cosa Hinata? —La voz de la joven medico sonaba lejana y Hinata fue consciente de que hablaba con ella sólo porque era la primer persona que se había cruzado en su camino en un momento en el que lo necesitaba.

—Si usted gusta Sakura-san.

—Yo en verdad amaba a Sasuke-kun. —Hinata se preguntó si debía hacer algún comentario, pero como la cabeza se le quedo hueca en aquel instante prefirió permanecer en silencio—. Yo en verdad lo amaba, —Sakura continuó—, lo había amado desde que éramos niños así que no podía ver a nadie más que a él, ¡Que tonta!

—¿Tonta? —Hinata preguntó suavemente sin entender porque se insultaba a si misma por amar tanto a alguien.

—¿No lo ves Hinata? —Finalmente la joven de cabellos rosas elevó la mirada, sus ojos verdes brillando—. Porque yo amaba tanto a Sasuke-kun no podía ver a las demás personas que me rodeaban, una nunca debe vivir sólo para un hombre, mucho menos cuando ese hombre no te corresponde.

—Oh. —Las mejillas se le colorearon de manera escandalosa pensando que Sakura lo decía por ella, por el amor que incondicionalmente le tenía a Naruto, pero luego recapacitó y se dio cuenta de que podría ser así, podría ser que Sakura —a su manera— quisiera darle un consejo, pero la historia que le había contado era cierta, porque realmente la joven estudiante de Tsunade había amado a Sasuke con todas sus fuerzas, por eso…

—Por eso yo… —La joven dejó que las lagrimas resbalaran hasta el suelo, no podía odiar a Naruto, ¡Eso nunca!, él había sido su camino, su luz, le estaría eternamente agradecida, pero tampoco podía odiar a Sakura, no, porque ella era todo lo que le hubiera gustado ser, porque Sakura era ruda pero amable, buena pero fuerte y cuando Sakura sonreía al curar a una persona uno tenía la sensación de que todo iba a estar bien, que las cosas se iban a arreglar. No, no podía enojarse con ninguno de los dos, ¿Qué culpa tenían ellos de que se hubiera enamorado de Naruto sin que él le hubiera dado ningún indicio de que correspondía sus sentimientos?

—¿Y ahora que hago? —Se sentía vacía y terrible así que desvió su camino y se adentró a un lugar donde ni el olfato de Kiba ni los bichos de Shino pudieran encontrarla, no quería enfrentar a sus amigos llorosa y necesitada de cariño, no, por una vez deseaba sonreír y hacer de cuenta que no pasaba nada aunque no fuera cierto. Intentando no tropezar con sus propios pies se escurrió de cualquier manera entre la gente y siguió caminando, caminó hasta que perdió el sentido de sus pasos, hasta que las lágrimas se secaron en sus mejillas y entonces se dio cuenta de que no sabía donde se encontraba pero no le importó, se sentó a los pies de un enorme árbol y dejó que el viento secara sus ojos, había pensado que estando sola podría llorar y gemir a su antojo pero ya no tenía fuerzas para hacerlo, su mente había quedado en un aturdidor estado en blanco.

Lentamente dejó que su barbilla reposara sobre sus rodillas, se sentía cansada, demasiado pesada, la cabeza le dolía de tanto llorar y a esas alturas no sabía si lloraba por Naruto, por ser demasiado poca cosa frente a Sakura o por su propia inutilidad.

Estaba por echarse a llorar nuevamente cuando lo notó con vergüenza, que no se encontraba sola, a varios metros se encontraba tirado Shikamaru, los ojos cerrados y las manos a modo de almohada, seguramente se había quedado dormido observando las nubes, apocada y sintiéndose más tonta de lo que ya se sentía Hinata se paró rápidamente del lugar y salió corriendo intentando hacerlo lo más suavemente posible para no despertarlo, lo que no supo al huir de él dándole la espalda fue que el joven abrió un ojo y la observó marcharse, cuando la figura de la joven se perdió en la lejanía volvió a cerrar su ojo e inhaló profundamente, se preguntaba porque habría estado llorando, pero definitivamente aquel no era asunto suyo y no quería meterse en algo tan problemático.

0o0o0o0o0o0o0o

No era que Hinata no quisiera comer, era simplemente que no tenía apetito, demasiadas cosas se agolpaban en su mente y en su corazón, demasiado sufrimiento para ir cargándolo a cuestas sin decirle nada a nadie, en el clan nadie había notado su cambio, demasiado ocupados en sus propios asuntos no habían notado que la joven heredera se retraía aún más en si misma, no notaban sus prolongados silencios ni sus largos suspiros, la manera en que siempre dejaba el plato a medio terminar y la palidez que últimamente no abandonaba su rostro.

Ella lo sabía, que nadie lo notaría, Shino y Kiba habían intentado sacarle la verdad pero habían desistido cuando con los ojos anegados en lágrimas ella había murmurado que no quería recordar algo que le hacía daño. Neji que usualmente siempre se fijaba más en ella había salido en una larga misión y Hanabi era demasiado joven para comprender problemas de amores así que simplemente había dado por sentado que todo era un problema de barriga.

Aquellos días fueron tan extraños que incluso Hinata misma empezó a dudar de lo que había ocasionado el cambio en ella en primer lugar, solía ponerse su pesada chamarra y caminar sin rumbo fijo por la aldea, horas y horas en la más completa soledad, entonces no pensaba en nadie ni escuchaba a nadie, sólo el constante ir y venir de su cabeza, sabía que el amor de Naruto nunca había sido suyo, ni siquiera remotamente, por eso ahora que lo veía en retrospectiva se preguntaba si no era acaso que se había aferrado a Naruto por ser lo más lógico que alguien hubiera podido hacer en su caso, por supuesto, no iba a negar que con el paso del tiempo había acabado por amarlo, eso no cambiaría de la noche a la mañana, era solamente que ahora las cosas empezaban a tomar un mayor sentido.

¿Qué hubiera hecho otra niña sola en su caso?, se suponía que el clan Hyuuga no dependía de los demás para alcanzar sus metas, pero ella no era como el resto de su familia, ella era tímida, retraída, insegura y débil, ¿No era todo eso patético?, con un suspiro se dejo caer en el suelo, se había salido de su casa sin desayunar y empezaba a cansarse por la falta de alimento.

—¿Has bajado un poco de peso, no? —Hinata se asustó al notar a alguien a escasos metros de ella, sobre todo porque no lo había notado antes.

—¿Shikamaru-kun?

—Estaba observando las nubes, pero si te importuno puedo irme.

—N-no, no es necesario. —tartamudeó y luego enrojeció como era común en ella, sólo que esta vez su sonrojo no fue tan marcado como lo era antes.

—Últimamente te notó algo ausente. —El joven dejó la frase al aire, ella encogió la cabeza.

—N-no creo estar ausente Shikamaru-kun. —Pero sabía que era una mentira, ella misma sentía que no era ella.

—Bueno, ¿Quién soy yo para decir algo como eso, cierto? —El joven se encogió de hombros y volvió a tirarse sobre el pasto—. Soy yo quien siempre se aísla del mundo para ver nubes.

—E-eso me parece agradable. —En realidad Hinata no supo porque había dicho eso, ciertamente siempre le había parecido que Shikamaru era un niño muy relajado en la academia, siempre saltándose las clases diciendo algo como "problemático" y tirándose en cualquier lugar a ver el cielo, a veces a Hinata le hubiera gustado ser un poquito como él, sólo unos instantes, para olvidarse que pertenecía al estricto clan Hyuuga y debía dar una imagen que no tenía ni por asomo.

-¡Oh, es agradable! —Él exclamó sonriendo complacido, sus torneados brazos sirviéndole de almohada y el chaleco Jounnin abierto mostrando su trabajado abdomen bajo la playera negra, Shikamaru había sido el único que había pasado el examen Jounnin de ese año, Hinata sospechaba que Sakura también lo hubiera pasado de haberse presentado pero la joven había esperado que Naruto alcanzara su nivel para presentarse el año que venía juntos.

—Pareces muy relajado Shikamaru-kun… —acotó algo sólo porque no sabía que hacer en aquel lugar con un compañero al que a duras penas le había dirigido la palabra anteriormente.

—Y tú pareces tener problemas. —comentó cómo si cualquier cosa, los ojos cerrados la pose relajada.

—¡Yo no…!

—Ven a ver las nubes conmigo, quizás lo que te falta es relajarte.

—Esto… —Intentó negarse pero después se dio cuenta de que no había razón por la cual no hacer lo que él le sugería así que se acostó a un prudente metro de él y cruzando los brazos sobre su abdomen elevó los ojos al cielo, los primeros minutos su cabeza bullía en pensamientos acerca de la ridiculez de lo que estaba haciendo, si acaso toda la aldea notaba su estado de animo como lo hacía Shikamaru, ¿Sabrían Naruto y Sakura lo que estaba sufriendo por su noviazgo?, después sus pensamientos empezaron a volverse más vagos, ¿Acaso los del clan no habían notado nada raro en ella aún?, ¿Esa nube que pasaba tenía forma de borreguito?, y esa otra, ¿Acaso era una abeja?, entre caballitos voladores, solecitos y cosas demasiado amorfas para sacarles parecido con algo empezó a sentir un estado de somnolencia, su visión empezó a verse afectada por el caer de sus pestañas, su cuerpo se sintió liviano y sin venir a cuento se pintó una sonrisa en su cara, aunque ni ella misma supo porque.

0o0o0o0o0o0o0o0o0o

No era que ver las nubes con Shikamaru se hubiese vuelto una rutina, era simplemente que a veces coincidían, no siempre, era sólo un par de veces por semana, cómo él era Jounnin solía tener bastantes misiones que lo apartaban de la aldea y a pesar de sus sentimientos encontrados ella debía seguir atendiendo a los mandatos que reclamaban el uso del Byakugan para el bien de la aldea.

Pero de cualquier manera había veces que coincidían, a Shikamaru no le gustaba tocar temas serios, por lo general intercambiaban frases acerca del clima, una que otra misión, Kurenai y su hijo, cosas así.

Por supuesto que encontrarle formas a las nubes era una de las cosas en las que Hinata había descubierto que era buena y Shikamaru solía sonreír cada que ella mencionaba una nueva forma a algo que no parecía ser más que bolas blancas sobre bolas blancas.

—Eso no se me había ocurrido. —El muchacho sonreía de medio lado y ella sonreía también, un poco más apagado, un poco menos efusivo y un poco más sonrojada, pero sonreía y eso era algo que últimamente no se había dado el lujo de hacer.

Shikamaru siempre terminaba durmiéndose, a pesar de que hiciera calor o que hubiera mosquitos, ella dormía a veces y en otras ocasiones seguía viendo las nubes aunque ya no pudiera comentarle a él lo que le parecían, en otras ocasiones cerraba los ojos y pensaba, los sentimientos por Naruto no desaparecían pero habían dejado de ser dolorosos, últimamente incluso podía imaginarlo sonriendo al lado de Sakura y entonces no era precisamente tristeza lo que sentía, había deseado tanto que alguien notara a Naruto cómo lo hacía ella que el hecho de que fuera Sakura quien finalmente lo había reconocido carecía de importancia.

A veces cuando abría los ojos Shikamaru la estaba viendo fijamente, las primeras veces se había sonrojado enormemente diciendo incoherencias, pero él siempre tenía una razón para aquello: "Se te había subido un bicho", "Pensé que te habías dormido" o "Va siendo hora de volver a casa", a veces las razones por las que él la veía no tenían sentido del todo pero Hinata había aprendido que aquello no importaba realmente y si él quería verla sólo porque sí carecía de importancia también.

Se dio cuenta de que el tiempo a su lado había empezado a pasar cuando se descubrió a si misma preparando el almuerzo para los dos, Shikamaru la había incitado —de una forma que aún no acababa a comprender— a comer de nuevo de manera regular, Hinata aún recordaba la primera vez que el joven había probado su comida.

—Naruto me había comentado ya esto, no le creí porque tiende a exagerar, pero sinceramente cocinas realmente bien. —El halago tuvo la cualidad de hacerle enrojecer hasta las orejas y aunque musitó un "No es para tanto" Shikamaru no volvió a comentar el asunto ni ella a sacarlo a la luz, aunque desde entonces los almuerzos juntos se volvieron rutina.

Hinata gustaba de sentarse hasta que el cansancio la obligaba a acostarse sobre el verde pasto, los rayos de sol cayendo en suaves raudales y el zacate brillando fresco bajo sus manos, últimamente Hinata empezaba a relacionar el verde con Shikamaru, suponía que era porque era el único de ellos que usaba de manera casi religiosa el chaleco Jounnin, su cabello oscuro siempre permanecía en ese estado tieso regándose bajo su cabeza mientras miraba las nubes.

Con el paso de los días él cada vez se dormía más rápido y entonces Hinata ya no se ocupaba en mirar las nubes sino que giraba tímidamente hacía él, le gustaba ver la manera en la que el sol producía sombras en su nariz recta, también le gustaba ver su cuello ancho enmarcado por la playera negra, sus manos grandes de hombre y sus brazos torneados que siempre usaba a modo de almohada.

Después de muchos minutos admirando su rostro solía admirarlo todo, las piernas abiertas enfundadas por el pantalón oscuro, su tranquila respiración y la manera en la que todo él le traía calma, a veces al observarlo pensaba que le gustaría ser como él, tranquilo, relajado, fuerte, prudente e inteligente, estaba segura de que de ser alguien así conseguiría mayor aceptación en su clan.

Pero ella no era él y entonces, cuando Shikamaru abría los ojos y la veía fijamente antes de decir "Hora de regresar", a ella le aliviaba no ser él, porque entonces siempre podía ver esos ojos oscuros como la eternidad clavados en ella.

0o0o0o0o0o0o0o0o0o

—Tan, tan, tan. —Hanabi tarareaba alguna canción al tiempo que movía de un lado a otro sus pequeñas caderas, Hinata estaba sentada en el marco de la ventana, el sol entrado con sus calidos rayos, Shikamaru había salido en una misión muy larga, había murmurado entre sueños que se iría por casi un mes a Suna y que aquello era problemático, en aquel momento Hinata había sonreído apenas curvando sus labios, a pesar de pasar tanto tiempo al lado del joven aún no tenía la seguridad ni la confianza para decirle que lo extrañaría así que simplemente se limitó a murmurar un "Que te vaya muy bien Shikamaru-kun" en respuesta, el joven había asentido ligeramente con la cabeza al tiempo que cerraba los ojos, a Hinata le dio la impresión de que estaba un tanto fastidiado pero se imaginó que sería por el calor que hacía ese día.

—¡Ta-ra-ra-ta-ra-ta-ra! —La menor de las Hyuugas seguía en lo suyo tarareando alguna canción pegajosa, Hinata observó detenidamente sus pequeños tobillos moverse al son de la tonada, ciertamente Hanabi era una persona con bastante gracia natural, era divertido verla.

—¿Qué ves Hinata-neechan? —Finalmente la pequeña giró hacía su hermana.

—Que eres muy buena bailando. —La heredera contestó con simpleza.

—Es porque ha llegado un montón de ropa, el señor feudal se lo ha regalado a Ottou-san para las reuniones venideras. —La menor sonrió ampliamente al revelar su secreto, Hinata parpadeó.

—¿Ropa?

—Tiene un estilo diferente, a papá no le ha agradado demasiado pero piensa que deberíamos usarla para acostumbrarnos.

—¿Qué clase de ropa es?

—¡Quieres verla! —Los ojos de Hanabi chispearon—, la verdad me daba un poco de corte ir y probarme la ropa yo sola, pero si vienes conmigo…

—Supongo que podría. —La joven heredera colocó sus pequeños pies sobre la tarima de madera—. Si a Ottou-san no le importa.

—Ottou-san fue quien dijo que usáramos la ropa. —La pequeña sonrió ampliamente, Hinata le contestó con una sonrisa más moderada y ambas echaron a andar hacía el salón que en algún tiempo, que ninguna de las dos recordaba, había sido de su fallecida madre.

—¿Esta ahí dentro? —Hinata señaló una enorme caja, Hanabi como respuesta se abalanzó a abrirla.

—Si no me equivoco hay ropa para nosotras dos, para Neji y hasta para Ottou-san, pero no creo que Ottou-san éste muy feliz con la idea de vestir esta ropa.

—Oh. —Hinata entendió al instante el desencanto que seguramente sufriría su padre, la ropa era bastante simple, vestidos veraniegos, ropa casual, nada que ver con las pesadas y tradicionales vestimentas que el clan Hyuuga solía llevar encima.

—Seguro que Neji-niisan se niega a ponerse esto. —Hanabi sacó unas bermudas y las tiró al suelo con una risita mientras seguía hurgando—. Creo que todos estos vestidos son para ti Hinata-neesan, a mí me vendrían demasiado grandes. —Hinata no supo muy bien cómo, pero terminó con al menos una docena de vestidos en diferentes tonalidades pastel, la mayoría de tirantes y pequeños.

—No creo que me vayan bien…

—Hinata-neesan, con lo mucho que has adelgazado no me sorprendería que te quedaran flojos, la verdad.

Y así había terminado en su habitación, en ropa interior y sacando y metiéndose vestidos por la cabeza, luchando con cintas y sonrojándose al por mayor ante cada nuevo modelito, tenía una vaga idea de lo que el señor feudal quería ver al mandarle esa ropa, sin embargo era diferente, no sabría definirlo muy bien en realidad, pero llevar encima esa ropa la hacía sentir de cierta manera libre, ¿Era comprensible lo que decía?, seguramente no.

Desde que recordaba sólo había llevado dos variedades de ropa: su traje de entrenamiento y kimonos, los kimonos eran bonitos, pero debía admitir que en verano eran sumamente sofocantes, además que caminar con unos pasos tan cortos siempre causaba molestia en Kiba quien solía apurarla para no llegar tarde al festival o a donde quiera que se dirigieran.

El vestido era diferente, nunca antes había dejado ver tanto de sus piernas y no era desagradable, además los colores iban bien con ella, sonrojada tuvo el pensamiento de que se veía bien, tenía que admitirlo, ser femenina y verse bien era una de las cosas que menos le preocupaban, lo importante para ella siempre había sido entrenar y ser mejor para así poder caminar al lado de Naruto, jamás se imaginó que podría caminar al lado del rubio de una manera que no fuera aquella.

Así que descubrir una feminidad que no sabía que tenía a esas alturas de su vida no podía más que asombrarla de la manera más grata. Esa tarde se la pasó descubriéndose a si misma, cambiando su cabello ya de un lado ya para el otro, comprobando ante el espejo las ondas que levantaba su vestido al caminar, el contraste de su piel con el tenue color, aquel aire infantil y a la vez sugerente que provocaban los listones y los encajes.

Finalmente salió de su cuarto, sonrojada por su atrevimiento, el sencillo vestido celeste pegándose a su piel, los pies calzados con unas sandalias cualquiera, nunca recorrer la mansión Hyuuga había sido tan emocionante, ciertamente nadie le había prestado atención y no había nadie a quien enseñarle el secreto de ser mujer que apenas había descubierto, pero de cualquier manera estaba bien, porque cuando regresó a su cuarto y se echó sobre la cama una enorme sonrisa se dibujó en sus labios y se sintió tonta y feliz a la vez, tan infantil que los listones que apresaban su cintura parecieron reírse con ella.

A partir de ese día empezó a usar vestidos siempre que estuviera en su casa y no hubiera indicio de ninguna misión, se sentía libre cuando el aire acariciaba sus piernas, cuando trepaba a algún lugar y sabía que sus muslos se descubrían un poco, se sentía mujer aunque nadie más que ella pudiera verlo.

Tanto se había acostumbrado a llevar esa ropa en casa que cuando Neji regresó de su misión, sucio, desaliñado y cansado ella salió a recibirle como siempre lo hacía.

—¡Neji-niisan, has vuelto! —Giró hacía él con una serena sonrisa adornando su cara, él la observó con los ojos bien abiertos tanto tiempo que ella empezó a pensar que algo andaba mal con él y justo iba a preguntar que era lo que le pasaba cuando él llegó de dos trancos hasta ella, la sujetó del brazo y le plantó un enorme beso en la mejilla que le coloreó hasta las orejas.

—La dejo un par de meses y me encuentro a una Hinata-sama diferente.

—¿Diferente?

—Esta usted más guapa, esa ropa le sienta bien. —Sinceramente no supo si Neji dijo más, simple y sencillamente sintió que el viento entraba demasiado rápido bajo su falda, que sus piernas eran incapaces de sostenerla y que la mano de su primo en su cintura no la iba a dejar mal parada, así que se desmayo, algo que Neji, por más que creyera que su prima había cambiado en su ausencia, veía venir con un suspiro.

Después de ese día Hinata siguió poniéndose vestidos para estar en casa siempre y cuando Neji no estuviera por ahí, pero con el paso del tiempo se le fue olvidando, eso y que Neji jamás había vuelto a hacer algún comentario ni a besarla de aquella manera, así que terminó por olvidar la incomodidad que le causaba el que su primo la viera, finalmente incluso era capaz de salir a los jardines y regar sus flores usando los vestidos, frescos y etéreos, quizás un poco como lo era ella.

Con el paso del tiempo también fue olvidándose un poco del dolor que la consumía, a veces al acostarse en su cama se encontraba con que ya no soñaba con dorados campos de trigo sino con un extenso bosque verde, pasto, árboles y hojas, todo verde y arriba el cielo blanco, formando figuras de diferentes tamaños.

Esos sueños eran los más felices y Hinata invariablemente despertaba recordando los ojos negros de Shikamaru y aquel rostro mitad aburrimiento mitad paz que se transformaba al dormir.

Últimamente pensaba en él más de la cuenta, se suponía que era porque al irse no se habían dicho demasiadas cosas y viéndolo en reversa Hinata creía que no le había agradecido adecuadamente, Shikamaru había sido para ella un gran apoyo cuando se encontraba tan mal aunque quizás ninguno de los dos se hubiera dado cuenta cabal de ello.

Bajo la luz de la luna o del sol la joven suspiraba y se decía que le agradecería adecuadamente cuando volviera a verlo, sin embargo el joven no regresaba y ella sentía cada vez con mayor fuerza ganas de ir a tenderse en el lugar de siempre y observar las nubes.

Finalmente se decidió a ir sola, se calzó sus sandalias ninja, se puso su pantalón lila que le quedaba incluso más holgado que antes y se echó encima la pesada chamarra, atravesó la aldea y se echó donde siempre, obviamente la falta de Shikamaru era notable, pero aquello no importaba demasiado en esos instantes, se concentró en respirar hondamente, en sentir el pasto bajo sus dedos, a observar las nubes pasar, en su cabello desparramado a su alrededor y entonces pensó que estar echada ahí, con su vestido, debía ser incluso mucho más relajante, así Hinata Hyuuga sería simplemente una chica más, alguien libre por unos minutos, alguien un poco más como Shikamaru.

A partir de entonces fue así, dos veces a la semana iba a tirarse a ver las nubes con un vestido diferente, Shikamaru aún no volvía de Suna y había pasado mucho más del mes que supuestamente iba a durar la misión en primer lugar.

Una vez Neji la había acompañado pero se había fastidiado con los mosquitos, porque el pasto le picaba y porque era completamente incapaz de encontrarle formas a las nubes, de cualquier manera a Hinata le había parecido de lo más tierno que aguantara con valentía todo aquello para estar un rato con ella.

Otro día quien la había acompañado había sido Kiba, pero el joven sólo había podido estar acostado un par de minutos, después de eso se había puesto a correr por todo el campo con Akamaru y aunque Hinata se había reído de lo lindo viéndolo gritar sus consabidos "Yahoo" el joven Inuzuka había sentenciado que ver nubes no era para él así que esperaba que Shikamaru volviera pronto.

El último en acompañarla había sido Shino, casi no habían hablado nada y por primera vez Hinata se había dormido antes que su acompañante, cuando despertó Shino seguía en la misma posición, con los ojos fijos en el cielo pero sin la menor intención de buscar formas a las algodonosas nubes sobre sus cabezas, debía admitirlo, había sido relajante estar con su compañero, pero no quería robarle tiempo así que no volvió a repetir la invitación.

De cualquier manera los tres muchachos habían coincidido en un pensamiento "Ojala que vuelva Shikamaru" Hinata los oía y secretamente también pensaba lo mismo, cada que sentía el pasto verde bajo sus manos se imaginaba el chaleco jounnin del joven moviéndose al compás con su respiración, sus ojos oscuros y aquellas sonrisas un tanto desganadas que de cualquier manera eran autenticas.

No sabía si los vestidos tenían algo que ver en todo eso, pero desde que había comprendido su condición femenina también ansiaba tocarlo, estaba casi segura de que no lo había tocado nunca, ni siquiera un beso de despedida en la mejilla, cuando se acostaban a ver las nubes siempre lo hacían separados uno del otro, nunca sus cuerpos se habían rozado siquiera y ahora un enorme deseo de hacerlo, de rozarlo con los dedos la embargaba.

Ese día se levantó un poco más tarde que de costumbre, se metió a bañar y se puso el vestido más bonito que tenía, era uno color crema de tirantes con un discreto encaje naranja en el borde de la falda, secretamente aquel color le recordaba a Naruto, pero al ver aquel tono en contraste con el blanco de sus piernas ya no sentía aquella melancolía del principio, había comprendido que siempre amaría a Naruto, de una o de otra manera y eso estaba bien, porque él había sido el primero y eso no cambiaría nunca.

Aquel día no había ni misiones ni asuntos del clan que tratar así que se encaminó a su lugar preferido a ver las nubes, su cabello, negro y sedoso caía por debajo de sus caderas moviéndose al compás de sus pasos, estaba por llegar y el sol en su rostro le provocó sonreír, adoraba ese lugar, la hacía sentirse relajada y libre, tanto como para olvidar que era una Hyuuga, que el hombre que había amado había sido sólo un espejismo, que quizás y sólo quizás ella hubiese estado equivocada todos esos años al amarlo de esa manera.

Con delicadeza se abrió paso entre el pasto que aquel verano haba crecido más de la cuenta y brillaba reluciente bajo los rayos solares y entonces lo vio y no pudo evitar que su corazón se disparara acelerado y sus mejillas se sonrojaran.

Era la misma imagen que había tenido de él la primera vez que lo había visto cuando lloraba y él yacía ahí acostado, ajeno a sus problemas, no, no era lo mismo porque esta vez iba vestido de simple civil, pantalón de mezclilla azul y playera verde de manga larga, el cabello atado en su clásica coleta. Hinata no pudo evitar sorprenderse al ver lo mucho que había cambiado en tan poco tiempo, el rostro había dejado atrás por completo cualquier aire infantil, ahora la nariz, la redondez de los labios, las pestañas, todo hablaba de un hombre, el cuello era incluso más ancho, una de sus manos descansaba placidamente sobre su estomago y la otra se mantenía cerrada al costado de su cuerpo, por un instante Hinata se olvidó de respirar.

Luego todo pasó rápidamente y si le hubieran preguntado ciertamente no habría sabido que contestar, su primer impulso había sido sentarse a su lado, sólo eso, pero sin saber muy bien cómo ocurrió se encontró a si misma acercándose hacía él mucho más de la cuenta, más de lo que se había acercado jamás en su vida a ningún hombre. Sus mejillas estaban intensamente rojas cuando se acomodó al lado de él y apoyándose en sus codos acercó su rostro al de él, sabía que en la posición en la que se encontraba su corto vestido se levantaba dejando ver gran parte de sus muslos, pero no le importaba, nadie pasaba por ahí de cualquier forma, casi estaba a gatas al lado de él, con el corazón latiendo como tambor y sin saber muy bien lo que estaba haciendo ni ganas para cuestionarse.

Quería besarlo, lo había querido desde hace tanto tiempo que no podía evitar sorprenderse, su pequeña nariz bajó hasta rozar la nariz de él, sus labios apenas en un diminuto frote, pero a pesar de querer seguir no podía hacerlo, tenía miedo y emoción, estaba sorprendida de su proceder pero a la vez no podía apartarse de aquel cuerpo varonil.

Se preguntó mentalmente que diablos estaba haciendo y entonces enrojeció de una manera aún más escandalosa e intentó separarse de él abruptamente, por supuesto, sólo lo intentó, porque al instante una mano grande sujetó su delgado brazo y entonces —y no supo realmente cómo sucedió— quedó tendida en el pasto, sus manos inertes a los lados de su cabeza y él encima, los ojos negros cómo si acabara de despertarse.

—Pensé que nunca lo harías. —El joven murmuró adormilado y ella parpadeó sin entender.

—¿Ha-hacer que Shikamaru-kun? —El genio Nara sonrió, una de esas sonrisas amplias y un tanto desganadas que solía dar, por supuesto ella no lo sabía pero la había estado esperando sin saberlo desde aquel día en el que la había encontrado llorando por culpa de Naruto, la paciencia era una de sus virtudes así que fue a su tiempo, sanando poco a poco sus heridas, sin presionar.

Pero aquel vestido era más de lo que cualquier hombre podía soportar, la tela pegándose finamente a su cintura, los dos senos asomando tímidamente por el pequeño escote, la mezcla de inocencia y seducción que se acentuaba en sus caderas, ella era simplemente lo que había estado esperando.

—Estaba esperando a que me besaras. —Y entonces la besó él a ella, con cuidado de no aplastar su pequeño cuerpo con su peso, apenas rozando su masculino pecho con los redondos senos de ella.

—¡Ah! —Ella abrió grandes los ojos, todo su cuerpo tembló bajo de él y entonces se dijo que amar a Naruto no había sido un error, no cuando gracias a eso había logrado conocer a Shikamaru.

—Te quiero. —El joven sonrió contra sus labios—. Aunque sea problemático confesarlo.

—Y-yo también. —El sonrojo se extendió por toda su cara—. También te quiero. —Y aunque sinceramente Shikamaru no lo estaba esperando le gustó oírlo, le agrado como sonaban esas palabras en sus pequeños labios rosas así que dándose la vuelta quedó tendido en el pasto con Hinata sobre él, su cabeza apoyada en su pecho y su largo cabello regándose sobre su cuerpo.

—¿Qué te parece esa nube? —Señaló con un dedo mientras su otra mano descansaba sobre la cintura de la joven, ella tardó un poco en contestar.

—E-esto… ¿Una piña? —Y él no pudo evitar soltar una carcajada.

.

.

.

.

.

Notas de Okashira Janet: Decididamente amo a Shikamaru, nunca antes se me había pasado esta pareja por la mente pero realmente me agrado.

Agradecimientos a:

Diosa Luna

Namikaze Rock

Lu Hatake

YyessyY

Rociio Uzumaki

FlorItachiUchiha

Por sus amables comentarios, por otro lado y cómo lo mencione en el capitulo anterior, voy a realizar fics de las imágenes que me dejen por review únicamente esto porque soy bastante vaga y pierdo todo lo demás, así que no valen correos, mensajes personales, vía Facebook, no, nada de eso, sólo reviews.

Por ahora es todo un beso —estoy muy cansada por la semana cultural y empiezo a ver doble—. Ciao

12 de Abril del 2011 Martes