Sonic y Gawain se fueron abriendo paso por las tierras de Etsilium gracias a que llevaban la apariencia de unos inocentes mercaderes que conducían un carromato tirado por una mula. Sonic iba dentro junto con algunas vasijas, baúles y otras cosas por el estilo.
- Señor, recordadme por qué estamos aquí - preguntó Gawain mirando a sus alrededores.
- Hemos venido a reinventar las reglas. Con suerte, no tendremos que usar la violencia... - respondió Sonic desde dentro del carro.
- ¡Detente, mercader! - gritó un guardia acercándose a ellos - Nunca te he visto por aquí antes.
- Eso es porque vengo de tierras lejanas y ésta es la primera vez que visito este reino.
El guardia parecía convencido por las palabras de Gawain, pero siguió preguntando:
- No te importará que eche un vistazo a lo que llevas en ese carro, ¿verdad? Es sólo por seguridad. No me fío de ti.
- Claro, mire lo que le apetezca - dijo el equidna al tiempo que daba unos golpes en el carro para avisar a su rey.
El erizo, al oír los golpes, se escondió dentro de un baúl en el que cabía perfectamente. Por lo tanto, el guardia no vio nada sospechoso.
- ¿Qué? ¿Ha visto algo interesante?
- No... Puedes irte. Pero te estoy vigilando.
Así que el carromato se alejó en dirección a la plaza del reino.

* * *

- Es una pena que tengamos que deshacernos de esta espada: nunca he visto una así, parece única - dijo un herrero mientras sostenía a Caliburn.
- Lo sé, pero son órdenes del rey. Hay que echarla a la hoguera: ha sido el arma de un brujo - contestó otro.
Entonces, Caliburn se despertó y, al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo, se liberó de las manos del herrero y le atizó.
- ¡Esa espada está viva! - gritó el pobre hombre.
- ¡Es brujería! - siguió otro.
Caliburn, al ver cómo le temían, dijo:
- Eh... sí, soy una espada embrujada.
- ¡Y además habla! ¡A la hoguera!
- ¡No! No podéis echarme a la hoguera porque... eh... ¡porque haré que caiga una maldición a vuestras familias si me tiráis!
- ¡No nos hagas daño! ¡Te liberaremos! - contestaron al unísono los asustados herreros.

* * *

Al llegar a la plaza, Sonic y Gawain se encontraron con Tails, que iba acompañado de Caliburn... y de alguien más.
- ¡Mira, Gawain! ¡Son Tails y Caliburn!
- Sí, pero... ¿quién es ese que les acompaña?
Sonic hizo un esfuerzo en reconocerle.
- ¡Es Marcus! ¿Qué quiere?
- Tranquilo, Sonic - le calmó Tails - No le ha dicho a nadie que estás aquí. Quiere decirte algo importante.
- ¿Algo importante? ¿Qué es?
- Es sobre la princesa Elise - aclaró el príncipe Marcus - Te va a resultar duro, pero... me ha dicho que quiere que te vayas.
- ¿Qué? ¡Si acabo de llegar! - contestó Sonic, sobresaltado.
- Es mejor así, Sonic... lo siento. Deja las cosas como están y vuelve por donde has venido. Si no te marchas antes del atardecer, avisaré a los guardias.
- Está bien. Nos iremos... gracias por avisar. Vamos, chicos - dijo el erizo, increíblemente tranquilo.

Mientras cabalgaban, empezó a llover.
- Sonic... ¿te encuentras bien? - preguntó su fiel escudero.
- He sido un ingenuo... pensar que podía cambiar las reglas... que Elise y yo teníamos un futuro juntos... Qué estupidez.
- Venga, seguro que, al final, todo se arregla.
- Pero es cierto que eres un poco ingenuo - soltó Caliburn, siempre tan "oportuno".
- ¡No me ayudas! - le reprochó Tails - La verdad es que no entiendo por qué Elise se ha decidido por Marcus si Sonic es el único que la quiere de verdad.
El erizo, al oír y analizar esas palabras, por fin lo vio todo claro:
- ¡Pues claro! ¡Marcus no quiere a Elise!... Él quiere otra cosa...
Entonces, se bajó de un salto del carromato y empezó a correr más rápido que la velocidad del sonido en dirección a Etsilium.
- ¡Sonic, vuelve! ¡No seas idiota! - le gritó Caliburn. Pero fue en vano: el erizo azul se había perdido en el horizonte.