Un día antes de mi cumpleaños me llamó para decirme que no podría de ninguna forma volar a Boston por algún otro compromiso que anteponía, aunque le sonreí y le dije que estaría bien en el fondo quería ahorcarlo.

Por la mañana llegó al hospital un ramo inmenso de flores, las reconocí, eran Magnolias y no necesitaba una tarjeta, las acaricie y mirándolas volví a aquella terraza del edificio que llevaba su nombre, "si tan solo fuera Albert"…. Entonces estaría conmigo,… unos minutos más tarde su mensaje de "feliz cumpleaños" traía una disculpa por no poder estar presente como si supiera a toda esa distancia que estaba sintiendo, lo ignore por completo, pasé gracias a su ausencia el día con dolor de cabeza, sí, estaba furiosa, cuando al fin salí a las seis de la tarde del hospital un hombre se me acercó mirándome fijamente, en un principio me asusto yo iba directamente a mí auto para volver a mi residencia comunitaria y el estacionamiento estaba solo, suspiré de alivio cuando se presentó, dijo que era un mensajero de parte del señor Andrew y que iba a escoltarme hasta un paseo programado a una plaza que quería conocer hacía tiempo, puse los ojos en blanco, si creía que con eso le disculparía estaba equivocado, pero al fin preferí pasar el resto de mi cumpleaños en esa plaza que ir a mi dormitorio a leer hasta quedarme dormida, me guió hasta el otro lado del estacionamiento en donde había un auto negro elegante, no me impresionaría con eso jamás, el caballero me abrió la puerta trasera y al entrar mire de reojo al chofer, iba uniformado con guantes, chaqueta y sombrero, parecía salir de una película todo aquello, me arrebujé en el asiento mirando hacia la ventanilla y murmuré que ojalá valiera la pena esa plaza, el chofer arrancó el auto sin el caballero que me escoltaba, aunque me pareció extraño estaba concentrada en la llamada de Gis parloteando sobre lo mucho que me extrañaba y su decisión de cambio de vida, me envió una foto de traje y muy seria sacándome una sonrisa, de pronto el chofer me pasó una caja de chocolates, abrí los ojos de par en par, ¡una caja de chocolates! Mientras hablaba con ella o más bien se quejaba sobre lo ocupada que estaba siempre como para devolverle la llamada abrí mi regalo y me comí uno, por más que dije que lo sentía ella seguía recriminándome el tiempo olvidada, la llamada termino y estaba sólo un poco animada con tanto chocolate en mi boca, sonó una canción en la radio que me gustaba mucho, tararee la música a la vez que concentraba mi vida en el sabor de cada bombón relleno, fue cuando le dije con la boca llena a la única persona que podía escucharme en ese auto que no perdonaría jamás a Albert ni por 10 cajas más de cada uno de esas chocolatinas, comí otro, él hombre estaciono al fin delante de la iluminada plaza mientras me atiborraba de bombones decidiendo si bajar o no, asomo un osito blanco por encima del asiento

- Por favor perdóname, no vuelvo a hacerte enfadar señorita enojona, te cambio un día por 10 cajas de bombones mi vida ¿sí? - su voz sonó chistosa y se quitó el sombrero, no quería sonreírle, pero sin poder evitarlo lo hice

- Me crucé de brazos y le saqué la lengua – no me parece gracioso Albert – compuso una mueca en forma de mohín y no pude resistir, tomé el osito y me acerqué besándolo, su combinación con el chocolate compuso mi día al instante

- Lo lamento princesa no quería hacerte esta pequeña broma – pero sonreía al decirlo

- ¡querías hacerlo! Con toda seguridad - miré la plaza del otro lado de la calle – supongo que ya no veremos la plaza

- Si, la veremos, pero no desde aquí sino desde allí - señaló un edificio en frente – hay una suite que reserve para los dos, tenemos una cena de cumpleaños pendiente

- ¿¡Ah sí!? - lo mire enarcando una ceja - pero con una condición, quiero que lleves ese uniforme de chofer tan sexy

- Dígame una cosa doctora, ¿pretende tener una aventura con su chofer? - sonrió

- No sería mala idea, lo llenare de besos con la excusa de dar una vuelta y nadie lo sabrá - me gustaba mucho hacerlo reír

En la suite cenamos en una terraza en donde no solo pude ver toda la plaza iluminada sino también la ciudad a su alrededor, no entendía como una sonrisa suya arreglaba todo, lo miraba como atontada mientras me hablaba del proyecto que llevaba a cabo en Nueva York, ¿qué me había hecho este hombre? Porque que yo recuerde antes no había sentido que mi estado de ánimo dependiera de nadie, sus ojos, su boca, hasta el más mínimo detalle imperfecto de su rostro me gustaba tanto que lo hacía ver perfecto para mí, pero siempre podía ver esa tristeza en su mirada, algo que sin querer aunque me sonriera necesitaba sanar

• ¿Qué hay de tu familia? Si George y Archie están contigo en Nueva York Anthony y tu tía Elroy...

• Están en Carolina, con Stear y Patty, a ellos les sienta bien el clima, mi tía es mayor y Anthony... él...

• Esta parapléjico, no enfermo según me contaron – respiró profundamente y desvió la mirada, allí estaba, toda su tristeza tenía un nombre – tiene tratamientos de fisioterapia supongo

• Y médicos personales, créeme no volverá a caminar ni a sonreír

• Quizá, pero está vivo, ¿cuándo lo viste por última vez?

• Hace unos meses - se levantó de la mesa y caminó alejándose supe que le dolía hablar de él

Me acerque y lo abrace tratando de que sintiera mi apoyo – si no quieres hablar de él lo entiendo, pero ten en cuenta que siempre estará y es algo que debes enfrentar o dejar que te envenene el resto de tu vida hasta que ya no tenga remedio

• Discutimos, cada vez que nos vemos sólo discutimos sobre lo mismo y me duele verlo en esa silla, sé que han pasado años…, si lo hubieses conocido antes... su pasión era correr en la pista, sobre cuatro ruedas a toda velocidad y ahora solo está condenado sobre esas dos que lo mueven de una esquina a la otra no volvió a ser el mismo – se giró y me miro a los ojos – siento que de algún modo pude haber hecho algo para...

• ¿Qué? ¿decirle que no corriera? ¿alguien te dijo a ti que pararas y lo hiciste? ¡Claro que puede hacer muchas cosas más! su limitación está solo en la parte inferior de su cuerpo él…

• Mejor no arruinemos con esto tu cumpleaños Candy

• Por supuesto, mejor no arruinar tu presente con tu familia y tu vida en ella Albert - me miró fijamente y me abrazó con ternura

• ¿Quieres discutir conmigo pequeña? porque yo tengo mejores ideas de aprovechar nuestro tiempo – besó mi cabeza – te prometo que en cuanto volvamos a Carolina te llevaré a conocer a Anthony y a mi tía hablaremos de esto luego – asentí con un suspiro para sacarle algo de información debía hacer piruetas

• ¿Y mi regalo? – pregunté con una sonrisa muy sugerente

• Tengo tu regalo justo en mi bolsillo – rebusco en el y sacó unas llaves que reconocí – feliz cumpleaños – dijo mientras del llavero desprendía una de las ruedas con un juego de llaves y me la entregaba el resto que contenía la moto con el otro juego atado a la otra rueda las agito frente a mí guardandola dentro de su bolsillo nuevamente, mi sonrisa se amplió y mi ojos se llenaron de emoción – es una promesa mi princesa – susurro en mi boca y no hubo mejor regalo para mí que aquel

Esa noche hablamos o más bien yo hablé demasiado, del hospital, los pacientes y mi vida ajetreada en emergencias, debía de disfrutar las historias terroríficas que le contaba porqué como siempre prestaba atención de cada detalle, la habitación parecía más bien un pequeño departamento elegante con un enorme jacuzzi que no desaprovecharía y una vista privilegiada, juntos en ese espacio se parecía a otro tiempo en él Magnolia. Al fin decidimos ver una película en el enorme televisor o sería correcto decir que él nos vio a nosotros quedarnos dormidos abrazados con la ropa puesta, nuestra vida laboral nos tenía envueltos.

Por la mañana no supe que hora era cuando sonaba con insistencia un teléfono, no era el mío quien tenía una cancioncita pegajosa, era un ring desesperante, lo sentí levantarse de la cama y contestar, abrí los ojos y mire la hora en mi pequeño reloj de abuelita que tenía en la muñeca, las 7:00am, escuchaba su voz diciendo que estaría allí a la hora acordada justificando su ausencia con excusas sin sentido, abotoné mi camisa y amarré mi cabello de forma desordenada como siempre, él atendía una video llamada y podía escuchar también la voz del hombre en la pantalla, estaba sentado en la mesa de la terraza, me acerqué y lo abrace por la espalda dejando un beso en su mejilla con mi mejor sonrisa salude

- señor Johnson espero se encuentre bien, todo es culpa mía, ayer fue mi cumpleaños y no le perdonaría a Albert que no estuviese aunque sea un rato conmigo – el hombre quedo sin palabras por unos segundos que aproveche para saludar a Archie que estaba a su lado deseándome feliz cumpleaños, los dos impolutos de traje tan temprano

• Candice buen día y feliz cumpleaños, no tenía idea que estaba en Boston con... usted

• Gracias, le prometo que lo devolveré a tiempo solo permítame despedirme por favor, pasamos demasiado tiempo separados - Archie no pudo contener la risa y el señor Johnson seguía perplejo

• Procure que llegue a tiempo, es importante y... me da gusto saber que está bien señorita.. Espero que William la mantenga en ese estado – se veía preocupado al decirlo pero al fin me sonrió apenas y corto la video llamada

• Ahora no es secreto princesa tendré problemas con George – me atrajo hasta sus piernas y yo me recosté sobre su pecho

• Me hubiese gustado tener un padre como él y no importa si lo sabe todo el mundo, no estamos haciendo nada malo

• ¿Pero sabes las consecuencias de eso? ¿Que lo sepa todo el mundo?

• ¿Y si quiero correr el riesgo?

• No lo correré yo por ahora, la razón por la que George este tan preocupado es por qué ahora mismo soy un estorbo para algunas personas, y siempre está el temor que algún tonto crea que lo mejor es que algo me perjudique

abrí los ojos de par en par y lo miré - ¿Algo puede sucederte?

• No lo creo estoy custodiado, aunque no los veas en este edificio tengo gente, no quiero que te asustes, estaré bien, pero a ti puedo protegerte no exponiéndote solo dame unos meses más saldré de todo esto volveremos juntos a casa y aunque no dejare de viajar por diferentes asuntos tendré a donde querer regresar – le sonreí porqué esas palabras en conjunto con todo aquella noche había sido para mí la confirmación de que existiría un nosotros

Me costó despedirme de él, insistí a el verdadero chofer que me llevara hasta el aeropuerto primero, lo abrace con fuerza y saque un papel doblado de mi bolsillo colocándolo en su chaqueta, le dije que era para el camino, acunó mi rostro y solo mencionó que nos veríamos lo más pronto posible, agite a mi osito blanco cuando camino lejos de mí y se detuvo unos segundos para sonreírme, lo dejaba ir otra vez, aunque la siempre presente esperanza de volver juntos al Magnolia me hacía suspirar y pensar que "lo más pronto posible" llegaría cuando menos lo esperara.

Unas horas después alistándome para mi turno esa noche sonó mi móvil con una vídeo llamada, cuando contesté tenía unos audífonos colgados y caminaba por un pasillo en lo que parecía un edificio, eran las 5:00pm y podía ver claramente por los ventanales en el fondo que era de noche, no estaba en Nueva York

- Debes decírmelo, no entiendo por qué una nota y esperas que me conforme con leer

- ¿Señor Andrew que se siente? – mi irónica pregunta le sacó una sonrisa

- Por favor, aunque es una tortura con tanta distancia, ademas...

- Te amo – se detuvo mirando la pantalla fijamente

- Repite eso

- Te amo William Andrew - lo vi sonreírme como si fuera un niño y su ternura lleno mi corazón

- Yo también te amo – unos hombres hablaban a su alrededor en otro idioma - debo colgar princesa - por unos segundos acaricio la pantalla - te amo mucho - y colgó así sin más, yo me quedé mirando el teléfono procesando ese momento mi corazón se aceleraba y aunque estuviese a distancia pude sentirlo en cada parte de mi, me hubiese gustado tenerlo en frente..

Las semanas pasaban bastante rápidas, y cada vez más ocupadas, por el internet las noticias decían que William Andrew había despedido a más de 160 personas cerrando tres sucursales que eran importantes en el país, había regresado a desestabilizar el sistema bancario, otras por el contrario anunciaban que lo más probable era que la medida se debía a la investigación de corrupción y estafa, la situación como se leyera estaba complicada y quería entender todo el asunto, pero Albert me mantenía 100% al margen, en un video en que lo abordo la prensa dijo que estaba completamente convencido de que el cambio estaba orientado a la mejora del sistema, procuraría ofrecer mejores accesos a sus clientes erradicando papeleos innecesarios con un estudio verdadero a cada caso, garantizando la estabilidad de las inversiones naturales y jurídicas, se había ganado un grupo de enemigos y otro de seguidores, a todas estas su vida personal era otra cosa, algo para lo que no tenía tiempo, decidí no preocuparme tanto por lo que él no quería que me preocupara y trabajar duro. Cuando hablábamos se escuchaba agotado, me decía que las únicas horas de paz la tenía cuando hablaba conmigo por Skype, sonrió cuando me confesó que tenía agendada esas vídeo llamadas, también me causo gracia porque yo tenía una alarma para ello, nos reímos del asunto pero sé que ambos deseábamos una cosa, volver.

Si no lo pensaba demasiado este tipo de relación no era más difícil que soportar el anhelo, no imaginaba cómo hubiese sido en otro tiempo en donde la red no nos mantenía conectados en cualquier parte del mundo, hubiese muerto de ansiedad esperando una carta suya escrita de muchas semanas en lugar de recibir a diario sus mensajes de voz, vídeos de sitios en los que estaba y nuestras conversaciones de una hora, no, no lo hubiese soportado en otra circunstancia, yo también le enviaba aunque no eran fotos de paisajes los vídeos graciosos de mi cocinando y las fotos con mi familia del hospital sé que lo hacían sonreír, toda esa distancia hacía que deseara más el momento de volver a verlo, de abrazarlo y llenarlo por completo de besos, me hacía soñar con ese mañana en el que regresaríamos juntos a casa.

Cinco semanas después lo extrañaba un montón, pronto seria su cumpleaños y definitivamente pensé mucho en que podía regalarle a un hombre que lo tenía todo, mi conclusión era volver a pensar en los pocos ratos en los que podía, cuando hablábamos se disculpaba por no poder volver de momento yo también tenía muchas ocupaciones y muchas veces no podía ni contestar sus mensajes o llamadas, tenía que hacer algo y si la montaña no venía a Mahoma... un permiso especial de unos días fue concedido gracias a mi arduo trabajo en esos meses, le hable a Archie para llevar a cabo mi plan y por supuesto a él le encantó, cuando hable con Albert el día anterior se veía cansado y abatido, traté de subirle el animo a una sonrisa, pero nada lograba alguna, en su lugar decidió estar negativo y decirme que le gustaría tenerme cerca. Al día siguiente salí con una pequeña maleta a Nueva York, llegue en la mañana, el clima no era tan distinto a Boston, llame a Annie por un pequeño consejo y resulto que me puso en contacto con una amiga, me dejaría llevar por ella que era la experta y yo un verdadero desastre, la mañana estuvo movida pero confieso que me fascinó, el salón de belleza me hizo de todo, de pies a cabeza, me hizo pensar que de vez en cuando podría tener algo así para desestresarme, me alisaron el cabello con ondas en las puntas y me maquillaron como una estrella, me miré al espejo diciendome "al fin fuera ojeras y moño despeinado, ¡hola muñeca!" hice reír al salón entero y me divertí en todo ese proceso, el vestido era... jamás me había puesto algo así, negro, un poco ajustado pero elegante con un cierre dorado que cruzaba desde mi costado derecho hasta mi pierna izquierda, zapatos rojos altos gamuzados con un toque de encaje y un lazo, no estaba acostumbrada a usar nada de aquello pero en una ocasión especial como esa no tenía alternativa, mirarme así me hacía sentir un poder distinto, más segura que nunca y es que aquellos zapatos eran preciosos, combinaban bien con mi boca y… la lencería sexy, atrevida y pequeña que llevaba, sonreí de forma macabra tenía un plan y debía seguirlo si quería que fuera una sorpresa.

Cuando entré a el edificio de puertas giratorias sentía las miradas sobre mí, prefería pasar desapercibida, tal vez había llegado demasiado lejos o había algo que exageraba, me dirigí a recepción y en cuanto nombré a Archie junto con mi nombre se comunicaron a su oficina, espere unos cinco minutos en los cuales recibí miradas de las que no estaba tan habituada y menos de mujeres, ¿alguna de esas personas sabría en realidad quién era? Lo dudaba, eso me hacía sentir como una extraña muy agena a la Candice normal, pensaba que quizá esta que reflejaba ese día era una parte de mí que estaba oculta cuando apareció frente a mí con una enorme sonrisa

- ¡De verdad! ¿Eres la Doctora Candice? ¿O una actriz...? – negó con la cabeza mirándome de una forma que nunca había hecho - Si que eres malvada – su risa inundo el espacio y me dio un beso en la mejilla – estas hermosísima, no dudo que necesites aplicar los primeros auxilios al anciano

- ¿Anciano?

- Si, últimamente esta comportándose como el viejo tío abuelo, supongo que necesita ver a su chica – me guiñó el ojo y yo alce las cejas con sorpresa

• Te juro que estoy pensándomelo creo que la gente me está mirando como si estuviese loca, creo que todos saben lo que estoy haciendo – subimos a un ascensor y marco un piso con una llave

• ¡Que va! Todas esas miradas que te ganaste dicen lo contrario, te miran por cómo te ves no por quién eres, y te ves divina, esto si será una sorpresa – suspiro audiblemente – pagaría por ver su cara cuando te vea, que suerte tiene

• Hay hombres que tienen la suerte frente a sus ojos y deciden no mirar – aquello le propinó una sonrisa acompañada de una mueca, entendió muy bien mi indirecta

Me condujo por unos pasillos en donde sentí que los trabajadores dejaron de hacer sus labores para mirarme, puse mentalmente los ojos en blanco siguiendo las instrucciones de la modista amiga de Annie "camina como si fueras sobre ellos, como si mirarte fuese un privilegio", quizá aun recordarían el artículo de hacía un año, pero aquella chica era muy diferente a la que estaba caminando frente a ellos. Cuando al fin llegamos a una oficina amplia iluminada con un ventanal enorme me dijo que no tendría que esperar mucho tiempo la junta estaba por terminar, se despidió de mi con un abrazo dejándome a solas en el lugar. Me pasee con fascinación por la biblioteca leyendo los lomos imaginando que pasaba mucho tiempo entre esas paredes, preguntándome si había leído todos esos libros, del otro lado había una estancia preciosa, sonreí todo eso me era fascinante, pero con solo pertenecerle a él lo sentía más familiar, me fui directo al escritorio, me senté en la enorme silla de cuero que era bastante cómoda y observe desde allí como él podía ver lo que le rodeaba, entonces la vi, tenía una foto mía sobre el escritorio, la foto era de hacia exactamente un año cuando fuimos a Florida esa no era ninguna que yo tuviera, la había sacado él cuando no miraba, la tenía allí a vista de todos pero sobre todo de la suya, suspiré y la coloque en su sitio, realmente podía haber sentido algo por mí desde él Magnolia, antes de que lo besara. El lugar me parecía bastante imponente, gire en la silla y detrás de mí el ventanal mostraba a Nueva York, le encantaba a ese hombre sentirse en el aire, a lo lejos se podía ver la estatua de la libertad a mi derecha, me recline y disfrute de la vista que tenia a diario que para ser honesta era hermosa, la puerta se abrió y escuche su voz decir algo a alguien, no emití ningún sonido, siquiera me moví enterrada en la enorme silla no me vería, oí como se cerró y dude que estuviese hasta que escuche unos pasos acercarse hasta llegar cerca, mi corazón quería salirse de mi pecho

• Es bastante difícil sorprenderme, además he llegado a conocerte demasiado y tu perfume llega hasta aquí princesa – yo estaba más sorprendida que él y eso que tenía un plan, pero me había distraído así que no me moví, aunque estaba detrás de mi

• ¿Es todo lo que tiene que decirme señor Andrew? - lo escuche reír

• No, tengo mucho que decirte, ¿me dejas siquiera abrazarte? - me gire en la silla y observe como su sonrisa se desvaneció de pronto, me levante con chulería y di la vuelta al escritorio hasta llegar frente a él

• Feliz Cumpleaños Albert - no dijo nada, pero me miraba de arriba abajo muy lentamente, lo estaba logrando, la única mirada que quería sobre mí era la suya, abrió y cerró la boca, intentaba decir algo, acaricio mi cabello, fue entonces cuando me acerqué poco a poco hasta su boca y susurre – te extrañé mucho

estaba inmóvil frente a mí con sus ojos fijos en mi boca, lo besé y me abrazo por la cintura manteniéndome cerca por un minuto, cuando al fin me hablo susurró con los ojos cerrados que le dijera si era un sueño o realmente estaba una sensual rubia frente a él, me reí y acaricie sus ojos contestando que era un sueño, se echó a reír, me encantaba tanto que lo hiciera, entonces volvió a mirarme como la primera vez que sentí que podía tenerlo, había pasado un año entero

• Que... tú y... ese vestido es...

• Nuevo y Extremo - sonreí - ¿crees que dejaría que rompieras tu tradición? No señor, he venido a buscarte, haremos lo que tú quieras

• Ahora mismo es una propuesta tentadora – se mordió el labio y sentí escalofríos, alguien toco la puerta, pero tuvo que hacerlo de nuevo hasta que le dio el pase sin dejar de mirarme

• William te traje unos documentos que … - el señor Johnson me miró y parpadeo varias veces antes de saludarme con sorpresa – Candice, casi que no la reconocí está usted preciosa, no me dijo que vendría, miro a Albert quien no le devolvía la mirada, simplemente sonreí guiñándole un ojo

• La verdad no lo sabía, me dieron unos días en el hospital, ¿cómo ha estado?

• Bien, muy bien gracias – se quedo unos segundos en silencio - ¿supongo que viene a llevárselo? - lo miró sonriendo como nunca lo había visto antes – es buen momento, unos días fuera le caerán bien después de tanta presión - se acercó a nosotros y beso mi mano – me alegra verla como siempre – en un movimiento rápido se giró a él y le extendió la carpeta - será mejor que firmes esto y te vayas antes que surja algo, Archie y yo podemos manejar todo unos días

• Si... Gracias George – entrelazo nuestras manos y me sonrió – de todas formas, no podría concentrarme en otra cosa de momento, ¿te gustaría escaparte conmigo Candy? - asentí

Sería otro de esos días en los que nada importaba más que estar juntos nuestro hoy era siempre nuevo y extremo.