XIV. Último día en Karakura.
Pero Kaien-dono no asomó su cabeza por Karakura en los días que siguieron, de hecho, ni tan siquiera volvió a llamar. Tan sólo el último día, a primera hora de la mañana decidió comunicarse con Rukia.
Ichigo se despertó esa mañana con nervios en el estómago ¿Quién le iba a decir que un viaje para ver a su familia le iba a cambiar tanto? En fin, así habían salido las cosas y ahora, una vez tomada la decisión no iba a calentarse más la cabeza.
Bajó las escaleras esperando ver a su familia con un opulento desayuno, y no se equivocó en absoluto. Yuzu tenía voz triste, pero intentaba ocultarla de todas maneras posibles, Karin también tenía el semblante algo cambiado, pero ocultaba mucho mejor sus sentimientos, en cambio Isshin estaba orgulloso de su hijo hasta decir basta. Su pequeño retoño había crecido, y se llevaba a una chica consigo, ya que la noche anterior Rukia dejó caer que viviría con Ichigo en Tokio, así que tuvieron que soportar una última noche en Karakura plagada de dobles intenciones del padre del chico, seguidas de puñetazos y patadas propinadas por el primogénito. Todo un show.
-Buenos días –dijo el chico nada más sentarse en la mesa.
-¡Buenos días Ichi-nii! –respondió rápidamente Yuzu.
-¿Dónde está Rukia? O se da prisa o llegaremos tarde…
-Rukia-chan se levantó muy pronto esta mañana, y salió a desayunar hace un rato, pero al parecer la llamaron al móvil y aún no ha vuelto.
-¿Al móvil? –Ichigo frunció aún más el ceño, ya que esperaba que fuera Byakuya soltándole un sermón, y aunque no desconfiaba de la muchacha, algo le decía que ese hombre de mirada lánguida tenía poder de persuasión.
-Debe ser algo importante –comenzó a decir Isshin mientras cogía una tostada.- Ya que a veces levanta algo la voz.
-Tampoco seas exagerado papá –le replicó Karin.
-Lo que sea… ¿de verdad que no quieres que te acompañemos al aeropuerto?
-No hace falta, nos despediremos aquí.
Ichigo estaba más que seguro que una despedida en un aeropuerto con su familia era algo que viviría una sola vez en su vida, y eso ya había pasado. La primera vez que viajó a Tokio le prepararon una gran despedida al estilo Isshin, pero todo acabó con su padre detenido por los guardias de seguridad y él haciéndose el sueco para que le permitieran subir al avión. Así que no, no y no. Esta vez la despedida sería en su casa, donde los follones y jaleos no alertaban a ningún policía.
Al poco tiempo salió Rukia con cara de pocos amigos de su cuarto, cosa que no pasó desapercibida para nadie, pero aún así no quisieron preguntar. Los chicos debían salir para el aeropuerto en escasa media hora y sólo quedaba tiempo para alegría y promesas de que volverían pronto, no para interrogatorios.
Antes de salir, Isshin le repitió un millón de veces a Rukia lo bueno que había sido tenerla en casa, además de insinuarle en varias ocasiones que hiciera un hombre a su hijo, tras esos comentarios se llevó varias patadas de regalo de despedida del propio pelirrojo. Yuzu no pudo contener las lágrimas y justo antes de que entraran al taxi, abrazó fuertemente a Rukia-chan y ésta le prometió que la llamaría asiduamente. Y Karin, simplemente, se despidió secamente, pero aún así echaría en falta a los dos muchachos.
-¿Estás lista? –le preguntó Ichigo antes de entrar en el taxi. Ella asintió con la cabeza mientras sonreía a la familia que dejaban atrás. A la que por unos meses había sido su familia.
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Una vez embarcados, les quedaba escasa una hora hasta llegar a Tokio. Ichigo deseaba dormir sobre todas las cosas, los aviones nunca habían sido lo suyo, pero antes de eso quiso asegurarse de que Rukia estaba bien, y todavía conforme con la idea de estar con él, y sobre todo de vivir con él.
-¿Cómo estás?
-Algo nerviosa, la verdad.
-¿Quién te ha llamado esta mañana?
-¿Te pica la curiosidad Kurosaki-kun? –le sonrió falsamente mientras comenzaba a beber un zumo que amablemente le había servido la azafata.
-Joder, enana –resopló- ¿no te parece normal que quiera saber con quien diablos te estabas chillando? –la chica frunció el ceño ¿tanto había gritado?- ¿era tu hermano?
-¿Nii-sama? Él jamás grita, tiene otros métodos. Era Kaien-dono.
-¿Y que quería ese… –"desgraciado", pensó, pero no lo dijo en voz alta, desde que conoció al moreno su animadversión hacía él crecía por momentos- hombre?
-Pues –Rukia sonrió ¿Ese hombre? ¡estaba celoso! ¡Ichigo estaba más que celoso! Y ella por una estúpida y extraña razón estaba contenta con esa reacción.- Creo que llamaba para decir que iba a Karakura.
-¿Qué?
-Si, sabes que no hablo con él asiduamente, de hecho llevábamos días sin hablarnos… así que no sabía qué día volvíamos.
-¿Y por qué estaba enfadado?
-Porque al parecer estaba cogiendo el avión…
Ambos comenzaron a reírse. Ichigo sonreía como un idiota, él había ganado, y en su pequeño marcador personal, él iba ganado por goleada al mujeriego Kaien-dono. En cambio Rukia dejó de sonreír mucho antes que Ichigo, al fin y al cabo ella no le deseaba ningún mal al que había sido su pareja durante unos meses.
-¿Te importa si duermo? –le preguntó el pelirrojo.
-Ah, no –respondió suavemente mientras el chico se recostaba y ella admiraba el paisaje tras sus pies, por algo se había sentado cerca de la ventana.
Ichigo se veía tranquilo durmiendo, ella sabía que durante esos meses en Karakura había tomado mucha confianza en sí misma, pero no era nada comparada con la seguridad que desprendía en todo momento Ichigo, es como si jamás hubiese sido un niño, como si toda su vida hubiese sido un adulto. Y eso en el fondo le entristecía.
Pero sus pensamientos estaban en otro lugar, lejos de ese avión. Estaban en el apartamento que iba a compartir con Kurosaki ¿en que diablos había estado pensando? Dio gracias a Dios de estar sentada, ya que las piernas le flaquearon. Ella no era cobarde, pero aún así comenzar a vivir con un chico era un paso que jamás había dado. Sí, había estado algunas noches con Kaien-dono, pero nada comparado con vivir con él.
Suspiró profundamente y pensó que lo mejor que podía hacer es ver como se desarrollaban las cosas, así que sacó un libro y comenzó a leer.
Las piernas dejaron de temblarle.
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El día que Kuchiki Rukia llegó por primera vez a Tokio, se volvió a sentir sola. Se encontraba otra vez sin amigos, y con la única compañía de su hermano. Shiba Kaien y su esposa habían sido muy amables cenando con ellos casi todos los días desde su llegada, pero aún así ella estaba sola.
Así que cuando el avión comenzó a aterrizar en la locura de ciudad que era Tokio, recordó a la perfección ese sentimiento, pero miró a su derecha y vio a un chico pelirrojo de mirada serena y ceño fruncido que la acompañaba. Así que no pudo más que cogerle la mano.
-¿Tienes miedo? –le preguntó.
-No, no eso…
-¿Y que es?
-Me alegro de estar contigo, Kurosaki-kun –Ichigo se asombró, pocas veces ella solía decir cosas así, sería por las alturas, pero aún así se alegro de escucharlo.
-Ah, yo también.
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Coger las maletas y salir disparados del aeropuerto fue tal follón que no tuvieron ocasión de hablar de nada. Así que una vez sentados en el taxi que les llevaría al que ahora sería su nuevo hogar, Ichigo creyó que era conveniente hacer lo que no había hecho en esos días… advertencias.
-Hachi…
-¿El casero? –interrumpió Rukia.
-Si, el casero –se acomodó en el asiento, aún tenían un rato para hablar.- Es muy buena persona, creo que de hecho por eso lo tratan así.
-¿Así cómo?
-Como si no existiera… -sonrió.- Así que con él no vas a tener ningún problema. Pero en cambio… creo que no te podrás llevar bien con Hiyori.
-¿Por qué?
-Porque no se lleva bien con nadie… a la primera de cambio te saca una zapatilla y te arrea con ella.
-Interesante. No zapatillas, apuntado –sonrió Rukia.
-Luego está Hirako, es algo pesado, pero es con el que mejor me llevo, aún así aléjate de él, está algo loco.
-No zapatillas, no loco.
-Exacto –asintió complacido con la cabeza.- Luego Lisa siempre está viendo revistas… extrañas… así que tampoco quiero que te acerques a ella.
-No zapatillas, no loco ¿no revistas? –Rukia estaba perdida.
-Mira, para resumir, intenta esquivarlos a todos, será lo mejor.
-Vale… esquivarlos a todos.
Ichigo suspiró aliviado, y Rukia decidió obviar todo lo que le había dicho, si era cierto que alguien podía sacar zapatillas de la nada, ella lo quería ver. Y si había un loco, aunque fuera de lejos, querría conversar con él, y con lo de las revistas ya se perdió un poco, pero aún así creyó que Ichigo estaba exagerando…
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-¡Atún! –una zapatilla voló por el patio interior de la casa.- ¡Queríamos comer atún!
-¿Y que coño he comprado? –gritó Hirako tras sacarse una zapatilla que extrañamente había llegado a su boca.
-¡Atún en lata! –le gritó Hiyori.-. ¿Cómo mierda asamos esto?
-Bueno… puedo hacer una ensalada… -comenzó a decir amablemente Hachi.
-No me gustan las ensaladas –dijo con voz de reproche Mashiro mientras no podía quitar esa cara de niña buena que le caracterizaba.
-Eso es porque tu no engordas… yo no puedo comer otra cosa –reclamó Kensei mientras se sentaba en la mesa.
-¡No! Ni un gramo.
-¡Te dijimos atún, descerebrado! –seguía bramando Hiyori.- ¡Y nos vas a traer un atún! ¡No me importa si tienes que pescarlo!
-Bueno, bueno –comenzó a poner paz Rose.- ¿A que restaurante voy encargando la comida?
-Me da igual –Love estaba leyendo un manga y le importaba muy poco comer o no.
-Creo que tenemos visita… -la única que advirtió la presencia de Ichigo y de Rukia fue Lisa.- Hola Ichigo.
-Hola chicos –todos y cada uno dejaron sus quehaceres para fijarse en la acompañante del chico.- ¿Cómo habéis estado?
-Bien –contestó Hirako sin hacerle mucho caso.- ¿Y ella es…?
-Kuchiki Rukia –saludó la chica.- Encantada.
Así en un momento, todos de golpe comenzaron a presentarse. Ichigo suspiró, cogió las maletas y comenzó a subir las escaleras, esperando que Rukia hiciera lo mismo. Pero en esos pocos segundos, que no llegaban a un minuto, todos y cada uno de ellos le habían hecho alguna proposición.
-¡Venga va! –gritó desde el segundo piso el pelirrojo.- ¡Venimos de un viaje y estamos cansados!
-Si.. –dijo Rukia saliendo de la marabunta humana y subiendo rápidamente.
-¡¿No nos vas a contar nada Ichigo?! –preguntó algo asombrado Hirako.
-¡Tú a callar, descerebrado! ¡y corre a por la comida! –le dijo Hiyori mientras le pegaba por la espalda.
-Nah, no hace falta, ya voy llamando para que la traigan –Rose comenzó a marcar en su teléfono móvil.
-¿Comeréis con nosotros Ichigo-kun? –Hachi les seguía amablemente con la única maleta que Ichigo había perdido de vista.
-No, gracias, descansaremos mejor.
-Está bien ¿luego pasaras para contarnos qué tal tu viaje?
-Claro –sonrió el pelirrojo y entró rápidamente en su habitación.
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-¡Jo! –Mashiro estaba algo disgustada- otro chico guapo con novia…
-¿Y a ti que más te da? –le replicó Lisa.
-Nunca está de más tener posibilidades…
-Pues se acabaron –la chica se sentó en una silla cogió una de sus revistas y decidió que el resto siguiera chillándose. No habría paz hasta que llegara algo que les cerrara las bocas: la comida.
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-¡Vaya! –exclamó Rukia nada más entrar, mientras Ichigo dejaba las maletas y se disponía a tumbarse en la cama.- ¡Si que son gente rara!
-Un poco –bostezó el pelirrojo.
-Creo que me va a encantar vivir aquí… -se acercó a la cama y se sentó a su lado.
-Bueno, no se… te acostumbras…
-¿Vas a dormir otra vez?
-Si, el avión me deja muy cansado –Rukia bufó ante la expectativa de que Ichigo sólo pudiera dormir.- ¿Qué quieres que hagamos?
-Pues no se –se recostó a su lado apoyando su cabeza en el pecho del chico.- Ahora que por fin estamos solos…
-¿Qué?
-Creo que yo también voy a dormir –se acurrucó aún más.
-Hm… eso ya lo veremos, enana.
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Y nada, ¡he vuelto a actualizar! Lo que hacen unas noches de insomnio… En fin, ¿qué os parecido? A mi me encanta la convivencia de los Vizards, desde luego no pueden estar más locos los pobres…
En el próximo capítulo saldrá por fin Kaien ¿qué hará? Pronto lo pondré, pero ya no se cuando. No puedo asegurar que sea esta misma semana, pero lo intentaré. Aún así y por si acaso…
¡Feliz navidad a todos!
