Disclaimer: los personajes no me pertenecen. Son de la magnífica Stephenie Meyer. La trama es totalmente mía y está hecha sin fines de lucro.

Gracias a la hermosa JulieDeSousaRK por apoyarme con el beteo del capítulo. Mil gracias linda, sigo infinitamente agradecida.

Capítulo Trece

Isabella corrió escaleras arriba. Su intimidad estaba tan mojada y palpitaba deseosa. Se sentía tan miserable. Quería bajar y obligarlo a que la mirara; pero eso sería, ir en contra de todo lo que había estado pensando los últimos días.

Cada fibra de su ser se estremecía cuando lo tenía cerca; sin embargo, su estómago también se contraía de miedo al verlo y, recordar la noche en que lo vio matando a esa mujer.

Se abrazó las piernas y se sentó a la orilla de la cama. Las sábanas estaban limpias y la cama arreglada. No había dormido ahí; así que no era raro. Se removió inquieta en su lugar al escuchar los pasos de Edward, del otro lado de la puerta. La sombra de su cuerpo se reflejó debajo de esta y un anhelante sentimiento se instaló en su vientre; pero él nunca entró. La sombra continuó caminando y ella soltó el aire contenido.

¿Qué le pasaba a ese vampiro? ¿Cómo de la noche a la mañana, hacía esas cosas? No, ella no quería eso, ella quería que la tratara mal; porque de esa forma podía odiarlo, aborrecerlo y no querer tenerlo cerca, como en ese momento.

Ella tenía que dejar de sentir, ese tipo de sentimiento benevolente hacia él. Pues no lo merecía; era un demonio, un ser que mataba sin piedad.

No supo cuánto tiempo estuvo ahí, en aquella posición; no obstante, el sonido de los grillos del otro lado de la ventana, le anunció que ya era de noche. Hizo un gran esfuerzo para levantarse. Se tomó de la cama y empujó con fuerza, cada musculo de las piernas se le había entumecido.

Cuando salió por el pasillo todo estaba completamente oscuro, y no era de extrañarse, ella misma empezaba a acostumbrarse a aquella oscuridad. Al pasillo silencioso y a la falta de calor humano en esa mansión.

La puerta de la cocina estaba ligeramente abierta, la luz sobresalía por debajo de la puerta y por un lado de ésta. Dos pasos más y estaba dentro, pero decidió volver en sus pasos. La pequeña luz que había por debajo de la puerta, le impidió reconocer el camino en cuanto se giró; por lo que chocó directo contra un cuerpo frío, que le sobresalía casi por tres cabezas. Dio un salto del susto.

—¿Tienes hambre? He traído algo para ti —ella negó. Dio un paso hacia un lado; sin embargo, Edward estiró la mano y la tomó de la cintura para regresarla frente a él—, he dicho que traje algo para ti.

—Ya escuché, pero no tengo apetito —Edward gruñó por lo bajo y ella tuvo que aferrarse a su brazo para no trastabillar por el estremecimiento que la recorrió.

—Tienes que comer y no pienso discutir contigo. Mañana tengo un par de asuntos que resolveré aquí en casa y pienso tenerte a mi lado, por eso te necesito fuerte. —sin poder evitarlo un escalofrío la recorrió desde la nuca, hasta la punta de los pies. La última vez que Edward había dicho eso, ella había terminado sobre su escritorio y de piernas abiertas.

—Quieres meterme todo el día entre tu cama. —Edward soltó una carcajada y la levantó en brazos para llevarla a la cocina.

—Es lo que más deseo; aunque lamentablemente, no será de esa forma. Primero, deberás cambiar tu habitación y después saldrás de la mansión.

—¿Qué? —preguntó incrédula. Edward la dejó sobre un banquito en la isla de la cocina y dio media vuelta para comenzar a desanudar unas bolsas. El olor del guisante le llenó las fosas nasales y su estómago gruñó famélico por tan exquisito olor.

—Irás con una de mis empleadas a dar una vuelta por la ciudad. —ella abrió mucho los ojos; pero entonces, Edward levantó la mirada y la miró ceñudo— , no te emociones humana, mi empleada es una vampiresa y no darás un paso sin que ella lo sepa.

—No esperaba tener tan buena suerte.

Edward puso frente a ella un plato con costillas en adobo. Lo miró dubitativa un momento, mientras sentía la mirada del vampiro encima. Se debatía entre comer como una loca frente a él o pedirle de la forma más prudente que la dejara sola. Sin embargo, no dijo nada. Tomó el tenedor y picó una de las costillas.

Edward esperó a que ella llevara el bocado a sus labios y cuando el tenedor recorrió el inmenso camino desde el plato, esperó deseoso la visión. Contra todo pronóstico, su pene dio un tirón al verla meterse el trozo de carne a la boca. El color rojo del guiso, le quedó en la comisura de los labios. Era como si ella estuviese bebiendo sangre.

Su olor lo golpeó desquiciante. La humana estaba excitada y sus mejillas encendidas se lo demostraban. El demonio de su interior rugió; pero no permitió que saliera, no permitió que su instinto lo hiciera perder los estribos de nuevo.

Él necesitaba demostrar que podía ser más que un chupa sangre.

—¿Puedo preguntar por qué mataste a Irina? —esa pregunta, lo volvió de nuevo a la realidad. La luz de la cocina, le pareció tan molesta en ese momento.

—Ya te he dicho, porque me engañó.

—¿En qué te engañó? —preguntó de nuevo. Edward estiró las manos por debajo de la mesa, recordando lo que había pasado.

—Cosas que un vampiro no perdona y tú, no deberías preguntar tantas cosas si no quieres terminar como ella. —Isabella no se tensó ni se movió. Continuó mirándolo como si le clavara una estaca con los ojos.

—A veces pienso que todo sería más fácil, si estuviese muerta. —él no dijo nada. Ella se removió inquieta en su lugar y dejó el tenedor sobre el plato. Un ruido tintineante flotó en el aire, hasta que ella volvió a hablar—. Me has arrebatado todo lo que tengo. Mi vida entera, mi libertad y creo que la muerte sería una vía bastante eficaz para mí. Y aun así, soy una cobarde que no me atrevo a arrojarme desde el balcón de la habitación.

—Eso no funcionaría —dijo él. Después se sorprendió de sus propias palabras, habían salido sin querer.

—¿Por qué no funcionaría? —Isabella lo miró más interesada y por primera vez, Edward no encontró su propia voz para contestar—, ¿serías capaz de arrebatarme mi humanidad, por tu egoísmo?

—En éste mismo momento, sería capaz de todo con tal de atarte a mí. —confesó. La vio soltar un jadeo de impresión y él mismo se impresionó de sus palabras que salían sin ningún filtro.

—¿Es posible que un vampiro se enamore? —Edward se encogió de hombros ante su pregunta. Si era sincero consigo mismo, era posible que Carlisle tuviese razón.

—Creo que los vampiros se encaprichan con sus juguetes. —trató de decir, pero realmente no creía aquello. Isabella se levantó del banco y puso ambos pies en el piso. Estuvo tentado a volver a tomarla en brazos y llevarla escaleras arriba; sin embargo, dejó que ella caminara sola.

—Espero, algún día me mates —eso nunca, estuvo a punto de decir, antes de que ella desapareciera por la puerta.

Al día siguiente Isabella despertó con el sonido de la tela rosando la ventana. La luz del exterior le causó un dolor de cabeza horrible. De haber podido gritar, lo habría hecho; pero al ver a la mujer bajita de cabello negro y lacio corriendo por completo las cortinas, se quedó muda.

Llevaba un vestido negro que le llegaba un poco debajo de las rodillas. En cuanto se giró, sonrió al verla despierta.

—Buenos días, seré tu nueva acompañante. El señor Cullen, me asignó para que te mantuviera entretenida.

Las palabras de la chica, le retumbaron en la cabeza, ¿qué era aquello? ¿Una casa donde ella era la dueña? Por supuesto que no.

—Eres un vam… —tartamudeó.

—Un vampiro —terminó por ella. La chica no se movió de su lugar y esperó a que Isabella decidiera bajar de la cama.

—¿Edward te mandó? —la chica asintió.

—Puedes llamarme Bree; mas si te es incómodo solo dime Tanner, es mi apellido. —las manos de Bree estaban frente a ella y la miraba con bastante amabilidad. Sin despegar la vista de la mujer, Isabella bajó de la cama y trató de mostrar una sonrisa que ni siquiera le llegó a los labios, se quedó en el intento.

De pronto, la puerta se abrió y la imponente figura de Edward se plantó en el umbral. Las miró a ambas y luego clavó la mirada en la ropa de Isabella. Levaba la misma camisa de la noche pasada y sus largas piernas sobresalían.

—Cámbiate y Bree te llevará por un par de cosas a la ciudad.

La voz autoritaria del vampiro, retumbó en la habitación. Un escalofrío familiar le recorrió el cuerpo; no obstante, se obligó a no rodearse con los brazos. Bree miraba a Edward de manera diferente a como lo hacía Irina, era más una mirada de respeto y admiración. No pasó desapercibido el trato que él también le daba a ella; pues no le hablaba de forma déspota, como lo escuchó alguna vez con Irina. Por el contrario, la llamaba por su nombre de pila.

Edward comenzó a caminar hacia ella y Bree hizo una pequeña reverencia, antes de abandonar la habitación. El sonido de la puerta la hizo dar un pequeño brinco.

—Isabella —le susurró en la oreja. Ella se estremeció ante su roce y cerró los ojos por instinto. Las manos de Edward la tomaron por la cadera y la golpearon contra su abultada erección—, me estoy volviendo loco; si tan solo pudiera controlar éste demonio, te haría mi esclava sin los prejuicios que conlleva.

—No lo entiendo —murmuró trémula. Edward sonrió sobre su cuello y luego la alejó de su tacto.

—No lo entenderás, porque yo no permitiré que lo entiendas. Tú siempre serás una humana.

Entonces, Edward salió de la habitación y ella tuvo que sostenerse de la orilla de la cama para no flaquear, ante tremendo choque de energía bullendo en su interior. Eran las nueve de la mañana e Isabella necesitaba un poco de aire para recuperar su dignidad que cada vez, amainaba ante ese vampiro.

Bree entró cinco minutos después, llevando un par de vestidos. El que más le agradó fue uno color azul de tirantes que le enseñó y no dudó en probárselo. Era la primera vez que se sentía cómoda, con algo de esa ropa que Edward mandaba para ella.

Se miró frente al espejo del baño y peinó su cabello con los dedos. Después de dejarlo ligeramente presentable, salió para toparse con Bree. En cuanto la miró, le dedicó una sonrisa, que a Isabella le pareció sincera. Y era raro, pues estaba tan acostumbrada a los malos tratos de Irina que desconfiaba de todos.

—Iremos por ropa, para ti. Edward ha dicho que compres lo que te venga en gana.

—¿En serio? —preguntó. Bree asintió y esperó a que comenzara a caminar con rumbo a la puerta.

En la entrada principal, había un auto de color negro. Bree se apuró a tomar el asiento del conductor e Isabella el del copiloto.

Cuando el automóvil dejó atrás la gran mansión de Edward Cullen, su corazón palpitó con fuerza. No era una libertad completa, pero estaba tan feliz de salir más allá de los portones.

La ciudad era más grande de lo que ella recordaba. La luz del sol brillaba en todo su esplendor y a ella, no pudo habérsele ocurrido algo más hermoso que una mañana como la que estaba viviendo.

Había estado tanto tiempo metida entre esas paredes, que volver a ver el día, las calles adoquinadas, la gente yendo y viniendo con bolsas, autos moviéndose rumbo al trabajo, era tan alucinante. Tanto que no podía dejar de ver el movimiento del otro lado de la ventana, como una chiquilla emocionada por un nuevo descubrimiento. No se había dado cuenta; sin embargo, la sonrisa en su rostro era tan amplia que parecía que iba a gritar eufórica en cualquier momento.

—¿Crees que podamos pasar al parque? —Bree, se giró a verla con las manos fijas en el volante. Ella esperó su respuesta; no obstante, parecía que la vampiresa estaba indecisa a cerca de su petición.

—Tengo ordenes Isabella, no quiero arruinar las cosas el primer día —confesó—, siempre he tratado de mantener los asuntos de Edward tal y como él los quiere.

—No te estoy pidiendo que me dejes libre, sólo quiero que me dejes estar un rato en el parque.

—Está bien, pero será después de las compras. Entre más rápido las hagas, mejor. Todo depende de ti. Tenemos que estar —miró el reloj del estéreo—, antes de las cuatro en la mansión para cuando Edward salga del primer turno.

—Perfecto.

Por lo tanto, se dispusieron a entrar en las tiendas de ropa.


Edward llegó a su oficina, después de dejar que por primera vez, Isabella, saliera de la mansión. No le parecía la mejor de las ideas; mas estaba consciente, que era el primer paso para empezar a revivir el alma de su esclava.

Un nerviosismo del que no era consciente, se apoderaba de él al pensar que podría escapar de Bree y que la dejaría de ver para siempre. No estaba seguro si una vez que ella hubiese salido, él podría traerla de nuevo al encierro que significaba estar a su lado.

Las personas eran esclavos de algo, él por su parte era esclavo del tiempo, de la eternidad, e Isabella a la vez, era esclava de la obsesión que él había empezado a desarrollar por ella.

Dejó de darles vueltas al asunto. Por supuesto que, Isabella no iba a escapar, porque Bree era un vampiro y los vampiros son más fuertes que un humano.

Había empezado a investigar el paradero de James; pero hasta el momento, no llegaba a ninguna conclusión. Le quedaba la opción de hablar directamente con Carlisle; aunque eso significaría darle explicaciones de por qué había matado a Irina y el por qué tanto alboroto por una humana. Lo que significaba aceptar que había dejado de verla como una simple presa o juguete.

Llevaba tanto tiempo sin hablar con su creador, sin darle explicaciones de lo que hacía con el tiempo que tenía de sobra y no pensaba empezar en ese momento, como cuando tenía su primer año como vampiro y no podía controlar su sed por ninguna sangre.

En aquel entonces, pedirle ayuda a Carlisle había estado bien; mas después de 500 años, ya no era tan redituable. Y menos, cuando él había mandado a James para ponerlo como su sabueso.

Así que esperaría a que uno de sus siervos, trajera noticias con respecto a ese asunto. Por lo tanto, él tenía tiempo de sobra para atender asuntos en la empresa y de Isabella.

James no era tan importante como para darle prioridad. No al menos, la que ese bastardo deseaba.

Isabella miró a Bree quedarse unos cuantos pasos detrás de ella. El parque estaba bastante movido y lleno de gente; sin embargo, no era momento de salir corriendo, no cuando apenas podía ubicarse. Si pensaba huir, al menos necesitaría saber más hacia donde correr. Y no reconocía las calles ni los edificios, como para darse una idea de dónde se encontraba.

Un grupo de personas se arremolinó a su alrededor empujándola. Trató de hacerse lo más delgada que pudo para evitar los empujones; no obstante, estos se volvían más bruscos. Levantó la mirada para tratar de enfocar a Bree, pero estaba igual de estancada entre la gente como ella.

—Permiso —pidió a una mujer que venía en dirección contraria a ella. Llevaba unas bolsas, mas pareció no escucharla porque continuó caminando y la golpeó con algo que traía dentro.

Un dolor agudo se le instaló en la pierna, donde la habían golpeado con las bolsas. Se pasó la mano por la pierna y gimió al darse cuenta que estaba sangrando, ¿Qué carajos podría haber traído esa mujer en la bolsa?

Dio media vuelta para tratar de regresar con Bree; pero un cuerpo sólido y frío se topó con ella. Al levantar la mirada, se encontró con unos ojos tan rojos como los de Edward; aunque la mirada era diferente. Su profundidad era descabellante; tanto que los pelos de la nuca se le erizaron, cuando el hombre la tomó de la mano y la arrastró hasta una de las banquetas.

—¿Te encuentras bien? —Isabella asintió. El hombre sonrió de forma irónica y luego se agachó, hasta alcanzar la herida que sangraba en su pierna.

—Tu sangre huele delicioso. Ahora entiendo porqué Edward te cuida tanto.

Ella abrió mucho los ojos al ver que el hombre, mostraba los colmillos por encima de la carne de sus labios.

—¿Qué es lo que quiere?

—A ti.


Hola hermosas y miles de gracias por sus flamantes y sensuales reviews. De nuevo y como en cada actualización pido disculpas por la tardanza. Ésta vez fue de mi parte, pero juro que fue sin querer. Todo se lo debo a la universidad ¬¬. A Meli se le ha dañado la pc y tiene asuntos en la universidad. Buenas vibras para los exámenes.

Espero que les haya gustado el capítulo y me lo hagan saber. Supongo que no debo preguntar quién es el vampiro con quien se encontró Bella, ¿O sí?

Agradecimientos:

Eidy swan

zeron97

Guest1

Marietta93vlc

Cary

Mary Baltazar

JulieDeSousaRK

helenagonzalez26-athos

soledadcullen

chovitap

katherin p

dracullen

Guest2

Miu-nia

Besos a todas y nos leemos en la próxima actualización.