Ni Frozen ni sus personajes me pertenecen, todos pertenecen a Disney.
XIII
Anna había escuchado fuertes y claras las palabras. Y sintió que se escapaba todo el aire de sus pulmones.
Esa era la venganza, capturarlas a ellas y esta vez no fallar en eliminarlas.
Si bien para Elsa era sumamente importante defender Aredelle, la seguridad de Anna era su prioridad. Primero la pondría a salvo. Rápidamente analizó sus opciones. Tenía que sacarla de la ciudad, esa era la única forma de garantizar la integridad de Anna y después de ello, Elsa regresaría a tomar su lugar para coordinar la defensa de Arendelle. Si las dos se escondían, tarde o temprano terminarían encontrándolas. Y mientras eso ocurría, seguramente el enemigo sitiaría la ciudad, lo cual podría traer consecuencias desastrosas para todos. Hambre, enfermedad y muerte.
La reina no deseaba sacrificar más vidas.
Bastaron sólo unos segundos para que Elsa trazara su plan. Saldrían del templo, llevaría a Anna a las caballerizas, ahí le daría la instrucción a algunos mozos y soldados de acompañarlas como sus guardias. Montarían los caballos y se marcharían a todo galope. Una vez que hubieran salido de la ciudad, nuevamente la reina daría instrucciones a sus guardias para que llevaran a Anna con los trolls. Posteriormente enviarían a un mensajero de vuelta para que Kristoff se reuniera con ella y no la dejara sola, mientras ella volvía a Arendelle.
Habiendo analizado todas sus opciones, definitivamente era el mejor plan a seguir.
Así que poniendo manos a la obra, Elsa tomó entre sus manos el vestido de Anna y rompió parte de la falda, así como retiró la larga cola.
Anna se sorprendió ante las acciones de su hermana ¿Pero qué es lo que estaba haciendo?
"Lo siento Anna, pero tendremos que correr."
Tomó de la mano a la pelirroja para llevarla consigo. Tenían que huir cuanto antes, no había tiempo que perder. Si las atrapaban, sería el fin para ambas. Y Elsa no permitiría que nadie, absolutamente nadie, tocara un sólo cabello de ella.
Kristoff comprendió parte del plan de Elsa.
"Váyanse de aquí, yo me quedaré para ayudar en la evacuación. Ustedes dos deben ponerse a salvo ahora, son el objetivo del enemigo."
Anna aún no parecía procesar lo que estaba ocurriendo. Finalmente la princesa logró poner en orden sus pensamientos y se giró hacia su hermana.
"Espera..."
Como comprendiendo lo que su hermana pretendía, la reina la soltó.
Anna se aproximó a Kristoff y lo envolvió en un abrazo.
"Ten cuidado."
Anna no pudo decir más que esas palabras tremendamente sinceras y tomó el rostro del chico entre sus manos.
Elsa sintió una ligera punzada de dolor en el pecho. Si Anna haría lo que la reina pensaba, preferiría no mirar. Pero su sorpresa fue grande cuando en vez de aquello, Anna depositó un beso en una de las mejillas del rubio.
"Lo haré."
El chico respondió con decisión, a la vez que se giraba hacia Elsa.
"Sé que no tengo que decírtelo, pero... protégela, por favor."
Y de la misma forma, Elsa respondió.
"Lo haré."
Nuevamente Elsa se aproximó a Anna, tomó una de sus manos y se la llevó de ahí.
Salieron del templo de manera sigilosa. Tenían que huir rápido pero con sumo cuidado. Ignoraban que tanto ya había logrado adentrarse el enemigo en la ciudad.
Anna se dejaba guiar por la hermana, que con cuidado iba avanzando, volteando a ver a todos lados antes de dar siquiera un paso.
Corriendo por la ciudad, avanzaron entre calles y callejones. Prácticamente no había gente de Arendelle en los alrededores. Elsa sintió alivio al percatarse de que la evacuación había sido rápida.
Cuando estaba a punto de cruzar la última calle hacia las caballerizas, Elsa vio a un pequeño grupo de hombres en el lugar. Intempestivamente se detuvo, jalando a Anna hacia ella antes de que la pelirroja avanzara un paso más y se escondieron detrás de un muro.
Elsa no esperaba ver a esos hombres ahí. El enemigo ya había llegado muy lejos en su avance.
La rubia observó detenidamente a aquellos soldados. De inmediato se dio cuenta que no era una tropa improvisada. A leguas podía verse que se trataba de profesionales por la postura que guardaban y por la complexión de sus cuerpos. Eran altos y robustos. Portaban lanzas y espadas al cinto. Y lo que más le llamó la atención, fue el color de las armaduras que portaban. Completamente negras, sin dejar un sólo centímetro de piel a la vista.
Elsa también se dio cuenta que el enemigo probablemente previó un intento de escape y que por ello tenían vigiladas las caballerizas. La reina tenía la esperanza de que el enemigo no hubiera avanzado tanto pero tal cosa no fue así. Ellos ya habían ganado mucho más terreno del que la rubia esperaba. Más le preocupó percatarse también de que cada paso del ataque había sido cuidadosamente planificado. Ante todo lo que estaba presenciando, aquello era más que evidente. Estaba casi segura que no había sido casualidad que atacaran justo el día del matrimonio de Anna. La intención había sido tomarlos con la guardia baja y vaya que lo habían conseguido. Definitivamente alguien había invertido mucho tiempo, dinero y recursos para lograrlo. Alguien muy poderoso.
La reina maldijo por lo bajo. Esos malditos sabían perfectamente lo que hacían y para colmo no podían seguir avanzando para huir de ahí. Sabía que no podría distraerlos tan fácilmente y que no podía arriesgarse a que uno de ellos diera la voz de alarma, indicándoles a todos su ubicación. Aquello sería prácticamente el fin. La única forma de seguir adelante era acabar con aquellos hombres. Y Elsa sólo conocía una forma de hacerlo.
Jamás había querido herir a nadie. Jamás había tomado la vida de nadie. Pero si era por proteger a Anna, Elsa estaba dispuesta a convertirse en el monstruo que siempre temió.
Mientras tanto, Anna estaba tan concentrada en correr que no se detuvo cuando su hermana lo hizo, y había estado a punto de descubrirse así misma de no ser porque en el último segundo Elsa la jaló de repente. Al principio no entendió el por qué Elsa lo había hecho pero casi de inmediato se percató de la presencia de aquellos hombres. Así que la chica, sin decir una sola palabra, no dejaba de observar la expresión tensa y analítica de su hermana. Conocía a Elsa. La princesa sabía que la rubia estaría analizando mentalmente alternativas varias para lograr salir de ahí. Y a pesar de todo lo complicada que se veía la situación, la más joven se sentía protegida, porque sabía que Elsa jamás la dejaría sola. Comprendió que su hermana jamás había dejado de amarla y se sintió tremendamente estúpida cuando pensó que Elsa quizás la odiaba.
De repente, Anna sintió cómo la temperatura comenzó a bajar. Entonces la pelirroja se percató de que en las manos de Elsa comenzaban a formarse gruesas estacas de hielo, capaces de atravesar cualquier cosa, listas para ser lanzadas. Anna comprendió el plan de Elsa.
"No."
Elsa sintió una de las manos de su hermana posarse sobre la suya y entendió lo que pretendía la pelirroja. Se sorprendió bastante de que Anna la detuviera. La miró con ojos interrogantes.
"¿Por qué? Anna, no puedo permitir que ellos te..."
Pero Anna de inmediato cortó las palabras de su hermana, colocando un dedo en sus labios.
"No, escúchame bien, Elsa. Tú no eres una asesina. Tú no eres como ellos. Rres mucho mejor."
Retirando aquel dedo de sus labios, tomó tiernamente las manos de su hermana entre las suyas y las besó.
Elsa se tensó ante tal gesto.
"Estas manos no son para lastimar, para matar, para ser manchadas de sangre. Son para crear belleza, para proteger a los que amas. Son cálidas, nobles y fuertes. Al igual que tu."
Y aquellas últimas palabras cayeron hondo en el corazón de la reina, mientras un ligero sonrojo cubría sus mejillas ante las acciones de su hermana.
Elsa no sabía qué decir, sabía que debía proteger a Anna, pero también sabía que no podía convertirse en un monstruo ante los ojos de su hermana, quien había sido la única persona en el mundo que jamás la había visto con miedo. No, definitivamente Elsa no traicionaría la fe que Anna le tenía.
"Anna... yo... te lo prometo."
Elsa deseaba firmemente mantener esa promesa. También quería más que nada defender a su hermana. Y aunque pareciera imposible conciliar ambos deseos, Elsa estaba convencida de que encontraría la manera. A cualquier precio.
La rubia sujetó con fuerza nuevamente la mano de Anna y regresaron por donde habían venido, ya que en definitiva no podían seguir avanzando. Y a punto de lograr alejarse de ese lugar, la fortuna no estuvo de su lado, ya que no se percataron de que alguien las vió.
"¡Son la reina y la princesa!"
Las habían descubierto.
"¡Maldición! ¡Corre, Anna!"
Fue lo único que pudo decir Elsa, y sujetando fuertemente la mano de Anna, se alejaron a toda prisa de ahí.
Pero desgraciadamente la voz de alarma ya había sido escuchada por más soldados.
No lograrían huir de Arendelle corriendo, Elsa estaba segura de ello. Podría crear algún obstáculo para detener a esos hombres temporalmente, pero con el enemigo que continuaba su avance sin parar y tantos soldados persiguiéndolas, eventualmente terminarían cayendo presas.
La reina tomó una decisión rápidamente. Era la opción mas sensata en ese momento, así que se encaminó con Anna directamente hacia el castillo.
Cuando los guardias las vieron llegar, las miraron con asombro, no esperaban ver a la reina y a la princesa huyendo a la vista de todos, pero rápidamente abrieron las puertas, dejándolas pasar y cerrando la entrada nuevamente.
El enemigo seguía avanzando y yendo detrás de ellas, no tardaría en llegar a las puertas del palacio.
La rubia de nueva cuenta analizó sus opciones mientras seguían internándose en el castillo. En aquel momento, lo último que le importaba era su propia seguridad. En su mente sólo tenía lugar la idea de proteger a Anna.
No pasaron muchos minutos antes de que el enemigo se plantara frente a las puertas del castillo. Desde adentro podía escucharse claramente la batalla tenía lugar afuera. Los guardias del palacio trataban de evitar por todos los medios de que los soldados con armaduras negras lograran entrar, pero éstos se organizaban de manera muy eficiente para protegerse mientras tumbaban la puerta con un ariete.
Elsa aún no estaba segura de lo que haría, pero sabía que tenían que alejarse lo más rápido posible de ahí antes de que los soldados lograran tumbar las puertas.
Corrieron de nueva cuenta, alejándose del lugar. Al poco tiempo, se escuchó un fuerte estruendo. Para Elsa, el ruido fue inconfundible. Las puertas habían sido derribadas.
Una gran cantidad de pasos se escucharon por todo el palacio. Elsa podía escuchar detrás de ella como los guardias fallaban en su intento de detener el avance del enemigo y caían uno a uno.
Entendió que suficiente sangre había sido derramada ese día y que solo había una forma de detener aquella matanza sin sentido. Y de salvar a Anna.
Finalmente llegaron al salón de pinturas. Entraron y la reina cerró las puertas.
Elsa dio unos pasos más y entonces se detuvo. Ya no había a dónde más correr.
"¿Pero qué...?"
Anna se sorprendió de que Elsa se quedara ahí de pie. No entendía que era lo que su hermana pretendía hacer.
"Elsa, vamos, tenemos que..."
Elsa se giró, dándole la espalda a su hermana y mirando la puerta frente a ellas.
"No. No podemos huir eternamente. A este paso, tarde o temprano nos atraparan. Y no puedo permitir que ellos te hagan daño..."
"Elsa..."
Entonces Anna se sorprendió y se dio cuenta que en ese momento su hermana solo estaba pensando salvarla a ella.
"No, Elsa. ¡No dejaré que te hagan daño!"
Lo último que Anna deseaba es que Elsa se sacrificara por ella.
Los pasos de los guardias se oían cada vez más cerca. Si Elsa quería salvar a Anna, debía actuar ya.
Ella se quedaría a luchar, tenía sus poderes, pero sabía que no tenía oportunidad contra un ejército de hombres armados en un lugar tan estrecho, ya que si todo salía mal, no tendrían a dónde huir.
Entonces entendió que, para salvar a Anna, únicamente había una cosa qué hacer.
Pero si la hacía, quizás nunca más la volvería a ver...
Sin embargo, no le importaba caer sin con ello lograba salvarla.
Una lágrima escapó de sus ojos al darse cuenta de todo lo que su plan conllevaría. Era tan doloroso saber que nunca más volvería a estar con ella...
Hubiera deseado hacer tantas cosas con Anna. Hubiera deseado no haberla hecho sufrir tanto, no haber cometido tantos errores que sólo causaron dolor a quien más amaba. Hubiera deseado...
Y en aquel momento, se arrepintió profundamente de no haberle dicho todo lo que sentía. La reina siempre había pensado que habría un mañana, pero inesperadamente, su tiempo juntas había llegado a su fin.
Al comprender aquello, todo el miedo y el temor de aceptar sus sentimientos, se desvaneció por completo. Ya nada más importaba.
Y entonces se dio cuenta de que a pesar de que no tendrían un futuro juntas, había una última cosa que deseaba hacer. Así fuera la primera y la última vez.
"¡Elsa! ¡Elsa!"
La princesa estaba muy asustada por la reacción de su hermana. No entendía qué era lo que pasaba por su mente. Caminó lentamente hacia su costado y vio una lágrima correr por su mejilla. Por instinto, trato de acariciar su rostro.
Pero intempestivamente Elsa se giró hacia Anna, la tomó por la cintura...
Y la besó.
Anna... Anna no supo nada más.
No sabía cómo reaccionar, estaba totalmente impactada. No podía creer que ella y su hermana...
Sin embargo, poco a poco sus pensamientos se fueron apagando y comenzó a dejarse llevar por esa caricia.
Se aferró al cuerpo de Elsa mientras ella la abrazaba aún más fuertemente, acercándola todo lo posible a su cuerpo. No había nada que las separara.
Lo que empezó como un beso intempestivo poco a poco se fue volviendo en uno más intenso y urgente. Tantas y tantas emociones eran las que se transmitían una a la otra a través de aquella caricia.
La reina trataba de invadir la boca de su hermana y se sorprendió al notar que ella la abría para permitirle el paso.
No podía creer que Anna le estuviera correspondiendo con tanta pasión, la misma pasión que ella también desbordaba.
Así que sólo atinaron a aferrarse aún más la una a la otra. Como si estuvieran buscándose y finalmente pudieran encontrarse.
Era tan extraña aquella sensación para ambas. Saber que aquello era incorrecto, pero sentir en el fondo del corazón que así es como tenía que haber sido desde siempre.
Siempre juntas, siempre. De esa manera...
El corazón de Elsa palpitaba con fuerza, casi con furia. Siempre había soñado con los labios de Anna, y ahora finalmente había tenido el valor de reclamarlos. Nunca creyó que sería necesaría una situación de vida o muerte para poder tener el suficiente coraje de hacerlo. Aquel era un beso tan dulce que no le hubiera importado morirse en ese momento.
Anna no entendía las reacciones de su propio cuerpo. Era como si corriera fuego por su sangre. Jamás se había sentido así. Tan protegida y tan amada. Y quien la hacía sentir así era su propia hermana. Pero a pesar de ello, por un momento sintió que desearía que aquello nunca terminase. No estaba pensando, únicamente estaba sintiendo.
Y aún sin lograr transmitirse todos los sentimientos, algunos totalmente nuevos y desconocidos, enterrados durante años a través de aquel beso, fueron obligadas a separarse.
Su tiempo juntas estaba llegando a su fin.
"Anna, yo..."
Anna aún mantenía los ojos cerrados, esperando ansiosamente por cualquier cosa que Elsa le pudiera decir.
"Perdóname..."
Entonces Anna entendió lo que Elsa pretendía.
Elsa no le pedía perdón por el beso.
Le pedía perdón porque aquel había sido un beso de despedida.
La reina levantó fuertemente la mano de Anna y a paso rápido la guió hacia la pared, tocó la esquina de una de las pinturas y aquella pared cedió. La pelirroja comprendió.
"No, Elsa, por favor... ¡No!"
Elsa empujó con fuerza a Anna dentro y antes de que la chica pudiera hacer algo, la reina nuevamente tocó la esquina de esa pintura y la pared se cerró inevitablemente frente a la princesa.
"¡No! ¡No! ¡No!"
Elsa se sacrificaría por ella, una vez más.
"¡Elsa!... ¡Elsa!"
Continuará...
Bueno, actualización un poco más lenta pero capítulo un poco más largo, y pues vemos que las cosas ya se han puesto muy tensas, así que en el próximo capítulo sabremos que sucede.
Gracias por sus reviews, en verdad me alegra leerlos, así como saber que agregan esta historia a favoritos y a follow.
¡Saludos!
