12. Lo inimaginable

Abrió la manija de la puerta con las manos todavía temblorosas. Entró y se puso a caminar deprisa; ya que sentía que si se detenía antes de llegar a su cuarto, sus piernas la iban a jugarle una mala pasada muy pronto.

—Un momento, Bella.

Ella se agarró al puente de la escalera mientras tomaba una respiración profunda para serenarse y, con mucho cuidado, se giró hacia su padre; quien se mantenía sentado en el sofá de la sala observándola con atención.

—Rachel me informó que el miércoles trajiste a un amigo a casa.

—A-así es.

—Y que estuvo en tu habitación.

Se obligó a permanecer impasible.

—Estaba enferma —contestó apresurada—. Dejamos la puerta abierta, solo estuvimos haciendo un trabajo.

—Lo sé, tranquila. Conozco a mi hija —señaló Charlie—. ¿Cómo se llama?

—¿Quién?

—El chico.

—Ah, pues, Edward… Cullen.

Entonces notó una punzada cosquilleante en el centro del pecho.

Hasta pronunciarlo la afectaba.

—¿Cullen? —preguntó Charlie con curiosidad—. ¿Su padre no será el abogado de Cull Fair Alliance, por casualidad?

—No lo sé —reconoció—. Solo me dijo que tenía dos hermanas mellizas.

—He oído que Carlisle también tiene dos hijas. Demasiadas coincidencias —soltó con incredibilidad—. ¿Es muy amigo tuyo?

—Lo necesario —murmuró entre dientes.

—¡Estupendo! —exclamó Charlie, ajeno la no-tan-feliz-cara de Bella—. Entonces podríamos organizar una comida para conocerlo, a él y a su familia.

—¿Qué? ¿Por qué?

El suspiró ante su tono quejoso.

—Bella, el padre de ese chico es un profesional que goza de muy buena reputación.

—¿Y desde cuándo te importa a ti si puedes contar o no con la reputación de los parientes de mis amigos?

—Desde que tienes a uno cuyo cierto "pariente" y yo podemos relacionarnos para asuntos de trabajo, hija —indicó con calma—. Es bueno conocer a alguien de confianza por aquí con quien tratar ciertos problemas o asuntos que necesite manejar en la empresa.

Ella se había mantenido sin entender nada, pero su explicación le había dejado todo tan claro como el agua.

—En otras palabras, estás tratando de utilizarnos a su hijo y a mí para tu provecho —afirmó convencida.

—No me taches de interesado, Bella. Recuerda que paso prácticamente todo mi tiempo, y la mayor parte de mi vida en el trabajo —señaló—. El círculo de amistades más cercano que puedo formar es con aquellos que se relacionan conmigo de una manera u otra en la empresa. Esta no es más que una oportunidad para conocer gente que pueda ser valiosa para mí en ambos aspectos, cariño.

Ella quiso tomarse un momento para pensar, pero él continuó.

—Además, eres tú la que debería preocuparse por hacer buenos lazos desde el colegio en donde estás, ya que todavía no has empezado a desarrollarte laboralmente hablando. Y ante un futuro incierto… vale la pena.

Bella entrecerró los ojos.

—Pero tú siempre me has dicho que solo estoy en el colegio para estudiar —comentó contrariada.

—Y de paso, si te surge la oportunidad, seguir mi recomendación. Como ahora.

Espera, ¿cuándo la conversación había llegado a ese punto? —se preguntó.

—Pe-pero…

—¿Sucede algo?

Sí, que era la primera vez que su padre tenía ese comportamiento frente a la mención de una persona —justo en quien menos ganas tenía de pensar ese día, para su suerte— y que su planteamiento le sonaba todavía demasiado interesado como para creer que no lo era.

No obstante, al mismo tiempo le persistía la conmoción de lo sucedido después de clases; así que continuar con la conversación no entraba dentro de sus planes preferidos.

—Nada.

—Entonces puedes ir a encargarte de tus cosas hasta la hora de comer —respondió él—. A las cuatro tienes que hacer piscina, a las cinco llega la profesora de matemáticas y a las seis y media la de lengua. No pierdas el tiempo o después se te acumulará todo.

—Sí, es verdad. —Tomó una respiración profunda para volver a enfocarse—. Te veo luego, papá.

—Hasta después, Bella.

Y ella fue directa a encerrarse a su habitación. Ingenuamente pensó que dentro de su cómoda privacidad encontraría un poco de paz y alivio, hasta que el tintineo de WhatsApp le avisó que alguien tenía ganas de interceder en su propósito. Rápidamente fue a silenciar las notificaciones, aunque pese a todo no podía quitar la endemoniada vibración.

Perfecto día para entregarle mi número —pensó.

Y para que el problema no se extendiese durante el resto de la tarde y noche, también se vio forzada a bloquear la aplicación y a activar la opción "no molestar" hasta la hora de despertar.

nnn

Edward separó sus labios y se aclaró la garganta.

—¿No vas a decir nada?

Bella seguía sin reaccionar.

—Ey, yo… —Hizo una mueca—. Siento si tú no…

Pero Bella tomó un rumbo inesperado y salió de sus brazos sin darle tiempo a terminar la frase.

—¿Y ahora a dónde vas? ¡Bella!

La oyó llamarla a sus espaldas, pero aun así, no se detuvo. Corrió hasta asegurarse que no podía alcanzarla y se quedó medio oculta, esperando a que llegasen a recogerla.

nnn

Edward, en su propia casa, estaba encogido haciendo garabatos en una libreta. En su mente volvía a reproducir las conversaciones que había mantenido con Bella.

Todas ellas se habían basado en un tira y afloja entre acuerdo y desacuerdo, o en un monólogo impartido totalmente por ella. Pero mentiría si dijese que no había disfrutado ser partícipe en algunas de sus charlas.

Pero no, ese no era el motivo por el cual la había besado. Sino otro, otro que él mismo también estaba tratando de averiguar.

Agh… ¿¡A qué demonios vino eso!? ¡maldita sea!

Ni siquiera se había parado a pensar en lo que sintió, ya que primero tenía que idear alguna explicación que, al parecer, no estaría definida en breve. Que sí, que se había lanzado él, vale, pero …buff… fue tan deprisa. Tal vez planeaba… ¿impresionarla? O no, ni idea, y eso era lo peor, porque tarde o temprano tendría que darle la cara.

Debería de estar aliviado de que lo hubiese ignorado por activa y por pasiva.

Idiota, idiota y reverendo idiota.

Sí, sin duda todo había pasado por dejar que se colara alguien así en su cabeza.

nnn

A la mañana siguiente, cuando Bella atravesó la puerta del colegio diez minutos antes de lo habitual, se encontró con Edward recargado en uno de los árboles de la entrada.

Rápidamente intentó huir de ahí.

—No, no te vas a volver a ir de ese modo.

Él intentó agarrarla, pero ella se movió para evitarlo.

—¡A mí no me ordenas nada!

Edward suspiró.

—¿Volvemos a estar como el primer día? —preguntó con un deje de tristeza.

Muy a su pesar, ella se mantuvo a la defensiva.

—¿Por qué me besaste?

El chico desvió la mirada a los lados y suspiró.

—No lo sé, te juro que no lo sé. He tratado de pensarlo pero… fue un impulso, simplemente.

—¿Ni siquiera tienes un motivo fijo?

Él lucía arrepentido.

—Lo siento, de verdad.

Bella asintió cabizbaja.

—De todos modos, el error ya lo has cometido igual.

—¿Qué más puedo hacer?

—Nada, ya no puedes hacer nada.

Edward se rascó un lado de la cabeza, sintiéndose abatido por la impotencia.

—Entonces no le des tanta importancia y ya está, Bella. Volvamos a empezar. No quiero que nos distanciemos solo por un simple beso.

—¿Un simple beso?

—¡No! no, no, perdona —se rectificó asustado—. No iba en ese sentido, créeme, ya que incluso ha sido mi…

—¡Tranquilo! Lo entiendo, claro que sí, pero escúchame bien. Si vas besando por ahí a quien sea tan seguido que se te ha hecho costumbre, me parece estupendo.

—¿De qué hablas?

—Pero ese es tu problema, ¿de acuerdo? —prosiguió dolida—, no puedes venir a pedirme a mí que lo trate como si nada porque tú lo hagas.

—Yo no soy así…

—¿Ah, no? ¿Acaso no es lo que dejas entrever todo el maldito tiempo con tus bromas y comentarios, eh?

—¿Quieres parar ya de juzgar a la gente sin más? —exclamó enfadado—. Vas de chula por la vida diciendo que solo opinas, pero no estás haciendo más que lo contrario. ¡Y también para de tomarte todo lo que te digan como el peor de los ataques!

—¡No me pidas que cambie la imagen sobre ti, si a la primera oportunidad vas y me demuestras que no debo hacerlo! —gritó.

—¡Primero deberías aprender a escuchar antes de hablar!

—¡¿Acaso te he pedido consejo?!

Y contra esa actitud altiva, Edward vio que no tenía nada que hacer.

—Mira, desisto. Ya te he pedido perdón, si no quieres parar atención y dejar que me explique, entonces hazlo. Piensa que te he besado, que no me ha importado y que tan rápido como pueda lo olvidaré de mi cabeza, ¿contenta?

—Sí.

—¡Pues felicidades!

Y se marchó de allí, dejándola quieta y agitada.

En el fondo, aunque sonase tonto, hubiera deseado con todas sus fuerzas que se quedara.

Por otro lado, Bella se conocía y, o bien descargaba todo lo que tenía guardado dentro de una manera, o lo haría de otra. Así que empezó a correr, a paso recto hacia el edificio y sin mirar atrás. Se metió deprisa al primer baño que alcanzó y, después de cerrar la puerta de uno de los cubículos, dejó salir los primeros gimoteos contenidos a la vez que se arrinconaba en una esquina.

—¿Ni siquiera tienes un motivo fijo?

Él lucía arrepentido.

—Lo siento, de verdad.

Había intentado hacer lo imposible para no echarse a llorar como una maldita niña en ese momento. Porque sí, era así como se había sentido durante su corto intercambio de palabras.

Chilló mientras sus lágrimas salían a borbotones, acompañadas de lastimeros sollozos que no podía controlar de ninguna forma. Se agarró a sus rodillas y las acarició de arriba a abajo como una forma de darse un mínimo autoconsuelo.

Tal vez no era para tanto, no había sido secuestrada ni violada ni nada peor, pero mientras que para cualquiera sería una reacción exagerada, su mente no pensaba igual.

Recordaba las escenas borrosas de su infancia junto a nítidas ideas de maravillosos e idílicos romances que habían estado guardadas por muchos años en su cabeza y que, de vez en cuando, habían salido a la superficie. De forma secreta ella había esperado que aquellos momentos mágicos descritos en palabras y formados en su imaginación, de alguna manera u otra sucedieran de verdad.

No obstante, de un día a otro su primer beso había sido robado como resultado de un arrebato sin importancia.

Habría aceptado lo que sea, excepto la desvalorización de algo tan pequeño pero preciado para ella.

De alguna manera u otra, muchas de las ilusiones que tenía se habían roto. Sobre todo por culpa de las personas.

Y es que a veces no se trata tanto de la gravedad de la causa en sí, sino del valor propio que le concedes. Y su deseo hecho añicos, sin duda, la había dejado destrozada.

Más incluso de lo que podría haberse planteado.


Wow. No pensé que en el anterior capítulo el beso generara tanta expectación. La verdad me ha dejado sorprendida XD Me habéis multiplicado el número de reviews en esa parte :v Espero que este capi también os de penita y os aliente a continuar jeje :3 ¡Gracias!

Nop, como véis Bella no se ha tomado nada bien lo del beso. Mejor dicho, se lo ha tomado peor :P Siento romper el corazón a algunas, pero es lo que hay.

(RECORDAD QUE OS RESPONDO A VUESTROS REVIEWS POR INBOX SIEMPRE).

CONFESIÓN

Al principio de escribir esta escena me pareció que la reacción de Bella era demasiado cursi. No obstante, recordé que alguna vez todas hemos tenido el deseo de un amor perfecto y fantasioso de juventud. Pero que, por algún motivo u otro, no hemos podido vivirlo tal cual las pensamos. Así que esta escena va dirigida a esa ilusión infantil mezclada con el primer amor o primer toque de realidad. A esas primeras experiencias que nos hacen crecer y dejar la niñez atrás.

Pregunta: ¿Creéis que esto se solucionará pronto o tardará? Alguno de los dos tendrá que dar el primer paso. ¿Quién lo hará?

Si os ha gustado el capítulo, dejad vuestro comentario :)

Kisses! Y hasta la próxima.