Disclaimer: Los personajes de Inuyasha no me pertenecen, son exclusivos de Rumiko Takahashi. Esta historia está libre de fin de lucro.


Capítulo trece

El tiempo había transcurrido con tal rapidez, que no sabía cómo apreciar o, al menos, saborear la situación en la que se encontraba en esos momentos.

Desde que había estado en el departamento de Sesshōmaru, proponiéndole el negocio de su vida, pasando por la aceptación, la farsa montada y la última pelea que tuvieron, lo demás comenzó a ocurrir como si de una ventisca se tratara.

A pesar de que su noviazgo no era contemporáneo, seguía siendo un tema de conversación para los medios, incluso para sus allegados.

Las especulaciones de como terminaría su relación, se ponía en apuesta constantemente. En especial, cuando les eran capturados por vídeos o fotografías, en los lugares a los cuales asistían como pareja.

Y esa noche no sería la excepción, ya que se enfrentaría a la peor reunión creada y aun existente.

Cena de parejas.

Eran uno de esos eventos, en los cuales un grupo de estúpidos adinerados se reunían, para presumir sus vidas perfectas como pareja, ya fuera en noviazgos o casados. El fin, era restregarle a la cara a los demás quien tenía la relación «perfecta», a pesar de fuera una total falacia.

Sesshōmaru y ella, habían decidido el no asistir a dicha reunión. Pero su idea había sido abortada rápidamente.

Inu No Taishō les pidió el favor de que asistieran, no sólo por la invitación en sí, sino para ir a representar a la familia Tukusama. Ya que ellos no asistirían, por un viaje de última hora que surgió para Izayoi.

Por ende, no tuvieron más remedio que acceder y hacerse presentes en dicha reunión, aunque las cosas no pintaban nada bien. No sólo porque esas fiestas le desagradaran, sino porque su relación con el albino era peculiarmente extraña.

Desde la discusión que tuvieron aquella vez en la residencia de los Tukusama, hubo un notorio recelo por parte de ambos, ninguno de los dos deseaba la compañía del otro.

Ella por lo agresivo que se había portado, a tal grado, de hacerla sentir vulnerable físicamente; en cuanto a Sesshōmaru, tenía sus razones para sentirse fastidiado y encabritado, ante el comportamiento pedante y burlón que había tenido hacia él.

Tenía claro que gran parte de la culpa fue suya, por haber provocado al hombre cuando su paciencia ya era mínima. Pero tampoco iba a disculparse, por lo bestia que se había comportado con ella.

Sin embargo, el mayor problema era que sus tratos eran repelentes y a la vez íntimos, por muy extraño que sonara. Era una contradicción que no tenía ni pies, ni cabeza y, quizás no tenía intenciones de encontrárselas.

Y si eso no era suficiente para su sufrida cabeza, eso no era lo único que tenía que tolerar, ya que iniciaría con el peso pesado de ese día.

—Señorita, su cita le espera —le habló el capitán del restaurante—. El joven mozo, le guiará hasta la mesa.

—Gracias —dio una escueta sonrisa al hombre, que asintió con una reverencia.

—Por aquí, señorita —le indicó el mesero.

Se dispuso a seguir los pasos del joven, que la guiaban hacia la guarida de la «bruja», la enemiga principal de su historia de «amor». Al menos, esos fueron los eufemismos que utilizo Irasue, cuando se enteró a quién vería por la tarde.

Ingresaron a la parte más ajena y clasificada del recinto, las mesas estaban encerradas en cubículos o cuartos, que lograba esa especie de privacidad, para los que no deseaban verse rodeados de otras personas, o que simplemente no querían que sus conversaciones fueran escuchadas.

Por lo general, ese tipo de estadías eran ocupadas por empresarios, que realizaban citas «sociales» con algún socio o con los mismos inversionistas de las compañías.

Se detuvo al momento en que el mozo dejo de caminar, dándole la entrada a la estadía, acto que aceptó sin mucho gusto. Sobre todo, al ver a la insufrible mujer que la esperaba en con esa actitud arrogante y anticuada.

—Me alegra que haya aceptado mi invitación, Rin.

—Me encantaría decir lo mismo.

La falsa sonrisa proveniente de la mujer, desapareció al momento en que ejecuto su frase. Era obvio que esperaba una actitud educada y sosegada de su parte.

Ilusa.

Cogió asiento enfrente de la aristocrática fémina, que le miraba con un dejo de desprecio y superioridad. Una acción que también le había mostrado el día en que se conocieron. Aunque intuía, que esa mirada se la dedicaba a todos los que consideraba inferiores a ella, quitando a las contadas excepciones que debían de existir.

—¿Planeas comer o beber algo, querida?

—Por el momento no, gracias.

—Retírate —ordenó al joven, moviendo su mano despectivamente.

El mesero accedió rápidamente, no sin antes darles una corta reverencia, a pesar de que esa mujer no se lo merecía en absoluto.

—Ahora que ya sabemos que no nos agradamos, porque no mejor me dice que es lo que quiere. Mientras más rápido sea la «cita», mejor para ambas, señora Asano.

—¿Cuál es la prisa? —Cuestionó, mostrando lo insignificante que era su presencia—. No pretendo hacerte daño, querida.

—No se preocupe, no le tengo miedo a la nada —le sonrió—. Es sólo que tengo cosas más importantes que atender.

—Se nota la desagradable influencia que tienes de Irasue —volvió a verla despectivamente—. Bastante vulgar.

—Es curioso que descalifique de esa manera, a la madre del hombre que tanto desea casar a su hija —se recargó gustosamente en el respaldo del asiento—. Tal vez, ese sea el motivo por el cual no atrapan ni con pegamento a Sesshōmaru —sonrió divertida—. No le han dicho que, para ganarse al hombre, primero hay que ganarse a la madre.

—Todo mundo sabe, que los padres jamás han regido en las decisiones de Sesshōmaru. Así que esa, poco me importa —tomó una postura recta y determinada—Dejemos los rodeos de lado, y hablemos de lo que en verdad me interesa.

—La escucho.

—Termine su ridícula y fantasiosa relación con Sesshōmaru.

—¿Y por qué motivo tendría que hacer algo así? —Espetó curiosa.

—Porque no es la mujer que él merece.

—¿A sí? —Le miró divertida—. Me imagino que Sara, tiene los requisitos necesarios para ser la mujer de Sesshōmaru.

—La he educado para ello —aceptó sin miramientos—, y no permitiré que una…mujer como tú, se interponga en mis planes.

—¿Qué sabe usted de lo que desea Sesshōmaru? —Preguntó tranquilamente, evadiendo la hostilidad de la mujer—. ¿Cómo puede asegurar algo que desconoce?

—No es difícil, niña —volvió a su comportamiento sosegado—. Los hombres de sociedad, necesitan siempre una buena esposa. Los modales, la clase y la buena familia, siempre han sido primordiales para cualquier hombre de esa envergadura.

»En cuando a las mujeres como tú —sonrió—, sólo las quieren para desahogarse.

—No me sorprende el que Sara, tenga todas esas «virtudes». Con una madre como usted, hasta yo me convertiría en una santa.

—Lástima que tú ni de eso pudiste gozar, Rin —atacó abiertamente.

—Tampoco la necesite —respondió amablemente—. Así que tendrá que buscar algo mejor que eso, para hacerme sentir mal, señora.

—No te lo volveré a repetir, aléjate de Sesshōmaru.

—Que pérdida de tiempo —dijo entre un resoplido—. Si no cedí anta le psicótica de su hija, menos con usted. Así que háganse a la idea de una vez por todas, que él es mío. Y no dudaré defender lo que me pertenece.

—Claro, que más podía esperar de una cualquiera como tú —volvió atacar con altivez.

—Cualquiera que mantiene bastante entretenido al caballero, que usted desea como yerno —sonrió ampliamente—. Y no está de más el recordarle que a los caballeros como Sesshōmaru, les gustan las mujeres que lo son tanto en la sociedad, como en la cama. Y esas aptitudes no las posee su hija.

»Así que le recomiendo que empiecen a tirar las fichas para otra parte, porque de aquí no lograra nada.

—No me retes, niña —le advirtió.

—Para nada, solo le estoy avisando lo que obtendrá si sigue insistiendo.

—Quise ser atenta contigo, pero no me dejas más…

—Sólo dígame una cosa —interrumpió las palabrerías de la mujer—. ¿Por qué Sesshōmaru?

—Porque es el hombre perfecto para mi hija, para mi familia, para mi legado.

¿Para su legado?

La mujer no solo era un clasista de lo peor, sino una egocéntrica de primera categoría. Y lo demostraba al dejar de lado a su marido, como si no existiera. A pesar de que, si se trataba de legados y buen linaje, Sōju Asano era superior a la mujer que tenía enfrente.

Para su legado…

~FB~

Desde que la conozco, esa mujer ha sido una vil parasito —Irasue despotricó con hastió—. Un verdadero dolor de cabeza.

Me imagino.

Sin embargo, eso no parece preocuparte, querida —los ojos ámbares le miraron detenidamente.

No me malgasto en personas que no lo valen.

Buen punto, pero esa… —rodó los ojos y se empezó a echarse aire con el elegante abanico dorado—…tienes razón, no vale la pena.

Aunque, aún no llego a entender su desesperado deseo de casar a su hija con Sesshōmaru. Digo, habiendo tan buenos partidos que desearían desposar a Sara.

Las mujeres como Naomi, proyectan su fracaso en sus hijas —dijo burlonamente—. Sólo trata de que Sara, consiga lo que ella jamás pudo obtener.

¿Vive sus sueños a través de Sara?

¿No es obvio?

Bueno… —se quedó pensativa por unos segundos—. Sí tú lo dices, es porque debe ser así.

Cuándo hables con ella, te darás cuenta a lo que me refiero.

Oh…

~FB~

En un principio había pensado que Irasue, había hablado por hablar o, simplemente, para menospreciar aún más a Naomi. Ya que tenía entendido que, Naomi había conseguido todo lo que su hija estaba obteniendo hoy en día.

Naomi Yagami —su nombre de soltera—, fue muy popular en el mundo del modelaje, ya que no se trató de una modelo más, sino una supermodelo.

Había destacado por sus elegantes movimientos, su refinado hablar y, su temperamento fuerte y constante. O al menos, eso es lo que había leído en la biografía laboral de Naomi.

Después se le sumarían más logros, especialmente su boda con Sōju Asano. Un hombre que destacaba en la política japonesa, no solo por venir de una familia que se desenvolvía en ese ámbito, sino porque en verdad era alguien que prometía un gran futuro en el parlamento. Hecho que consiguió y mantenía hasta la fecha.

Pero es ahí cuando pudo entender a lo que se refería Irasue, al decir que la mujer buscaba conseguir sus sueños por medio de Sara.

—Usted siempre ha mostrado abiertamente su odio hacia Irasue —habló meticulosamente, mientras la veía con cierta burla—, y también ha demostrado su poca empatía hacia Izayoi Tukusama.

—¿Y eso qué? —Alzó la ceja, restándole importancia a sus palabras.

—Sesshōmaru es prácticamente es el reflejo de Inu No Taishō, ¿no es así, Naomi? —Su sonrisa se enanchó aún más—. ¡Oh, Naomi! Que patética es.

Naomi mostró su descontento con una mirada ceñuda y esos labios que se presionaban fuertemente entre sí.

—Pobre Sara, ser utilizada de esta manera tan horrible, sólo por el deseo frustrado de una mujer que jamás pudo llamar la atención de un hombre —expresó con desprecio.

—Tú…

—Evite el gastar saliva, no necesito saber más de usted —habló severamente—. Que utilizar y manipular así a su propia hija, con tal de cumplir con un mórbido deseo.

»Ni siquiera tiene remordimiento alguno, al ver cómo ha deshecho el carácter y los sentimientos de Sara, con tal de obtener al «nuevo» Inu No Taishō —negó con su cabeza—. Sesshōmaru no es como Inu No Taishō, y aun así expuso a su propia a hija ser rechazada y humillada incontables veces.

—Inu No Taishō fue un idiota al escoger mujer con tan poca clase —trato de defenderse—. Prefirió irse con una europea engreída y terminar su vida con una…

—Mujer integra y respetable —habló por la mujer—. En cuanto a Irasue, es obvio que no hay necesidad de que la defienda, ella ha sabido hacerlo desde que la conoce.

—¿Entonces no cederás? —Cuestionó.

Se percató de la manera tan desesperada en la que trato de salir del tema, mostrando que ese seguía siendo un punto frágil. Uno que sin duda jamás podría superar, y mucho menos si su hija no conseguía el casarse con Sesshōmaru.

Se levantó del asiento con toda la intención de retirarse del lugar, empezaba a sentir nauseas de solo haberla escuchado hablar. Con eso era suficiente, para saber lo despreciable que podía ser Naomi Asano.

Y pensar que la gente creía que Irasue era una perra insufrible, no quería imaginarse en la categoría en donde pondrían a Naomi. Porque siendo justos, su jefa era un pan de Dios, a comparación de la mujer que tenía enfrente.

—No vamos a llegar nada, Naomi —clavó la mirada en la mujer—. Porque no voy a dejar a Sesshōmaru, y me tienen sin cuidado sus amenazas.

—Eres una ingenua…

—No, mi señora. La ingenua es usted, al creer que puede manipular mi relación, y mucho más estúpida al creer que un hombre como Sesshōmaru, me dejaría por sus patrañas.

»Sí él llegará a terminar conmigo, será por sus propios motivos, y no porque le meta a Sara por los ojos, ya que eso jamás pasara. Porque a su hija le falta todo lo que yo poseo, y eso no se puede superar —sonrió orgullosa—. Ahora si me disculpa, tengo muchas cosas que atender.

Sin darle la oportunidad a la mujer, dio camino hacia la salida del restaurante, con toda la intención de dejar enterrar esa charla y seguir con sus planes.

Y si esa mujer y su hija intervenía de cualquier manera, las aplastaría sin dudarlo.

No permitiría que nadie le jodiera el negocio.

~O~

Pasaban de las ocho de la noche y aún seguía en la oficina, y no precisamente por trabajo.

Se miró en el gran espejo que Irasue, le hizo el favor de proporcionarle para esa misma noche. Ya que tenía el tiempo encima, y la única solución para no llegar tarde a la dichosa velada, era que se cambiara y arreglara en la oficina.

Y si eso no era poco, tenía la presión por parte de Sesshōmaru, que ya se encontraba ahí, específicamente en el despacho de Irasue. Ambos entablaron una charla, así le darían el tiempo necesario, para que terminara de alistarse. Sin embargo, eso no ayudaba mucho, ya que se encontraba totalmente atareada.

Cómo le pudo haber rechazado al ayuda de Kanna.

Había sido un día pesado desde que se levantó y sin duda alguna, así sería hasta que se acostara.

No sólo soporto el cumulo de trabajo que le llegó, desde que puso un pie en la oficina. También tuvo que tragarse las duras palabras de Irasue, por algunos defectos que le encontró a su proyecto. Para luego pasar a su cita con Naomi. Después de ahí, siguió con las exigencias del trabajo y ahora tenía que ir a esa dichosa cena, cuando lo único que pensaba era en la comodidad de su cama.

Chistó molesta ante sus quejas mentales y prefirió concentrarse en terminar de arreglarse.

Terminó de colocarse el rímel en las pestañas, parpadeo un par de veces y vio su reflejo en el espejo, todo estaba listo.

Su cabello estaba suelto y ondulado, su rostro estaba maquillado, a pesar de seguir viéndose discreto.

El elegante vestido rojo —regalo que le fue otorgado y entregado esa misma tarde por Irasue— ya cubría su cuerpo, sólo le faltaba subir el cierre que se encontraba en la espalda. Lo zapatos negros de plataforma ya cubrían sus pies, mientras el saco y el bolso esperaban sobre una de las sillas.

Guardó el maquillaje en el estuche negro que le había prestado Irasue, ya que ella no había cargado con nada de su hogar. A excepción del saco y los zapatos, que había sido traídos por Hakudōshi.

El ligero golpe de la puerta llamó su atención, volviendo su rostro hacia la entrada, a sabiendas de que se trataba de Sesshōmaru. Después de todo, el personal ya había terminado con sus horas laborales.

—¿Puedo pasar?

—Adelante.

Vio de reojo al momento en que la puerta se abrió, para enseguida volver su atención a lo que guardaba en el estuche. No quería entregarle pedacería de maquillaje a Irasue, si es que quería seguir viviendo.

—Veo que aún no está lista.

—Realmente, ya lo estoy —contestó sin verlo—. Sólo me falta subir el zipper —le miró de soslayo—. ¿Podría ayudarme con ello?

Sesshōmaru no le respondió, pero los pasos que dio hasta llegar a sus espaldas, afirmó a su petición. Sobre todo, al momento en que sintió como su cabello era sujetado con sutileza por las grandes manos, para ser colocado en su hombro derecho y así tener la libertad de cumplir el cometido.

La cercanía del albino la abrumó, con la exquisita combinación de la fragancia con el aroma varonil, seguido de aquellas manos que estaban dispuestas a realizar su labor.

Sujeto la parte inferior del cierre con el dedo pulgar e índice, mientras con los otros, agarró la cabecilla del zipper y empezó a cerrar la cremallera con una suavidad y lentitud, que logro que se le erizara la piel.

Cerró los ojos y respiro profundo, tratando de calmar sus descontrolados sentidos, que le fallaban cada vez que estaba cerca de su futuro marido. Hecho que no le agradaba en lo más mínimo.

—¿Algo más? —Espetó sobre su oído.

—No —respondió lo más apacible que pudo—. Muchas gracias.

A pesar de haber terminado, el hombre no se apartó ni un sólo milímetro. Sus cuerpos se rozaban y sus aromas se entremezclaban, dándole una sensación de sofocación, o quizás de excitación.

Se giró para encarar a Sesshōmaru, el cual no se apartó a pesar de su acción. La mirada ambarina seguía enganchada a ella, a pesar de no demostrar absolutamente nada.

—No esperaba menos de usted —se animó en alzar sus manos y recorrer las solapas del saco azul marino, sintiendo la fina textura de la tela—. Si no me equivoco es un corte italiano de Gucci.

—No esperaba menos de la favorita de Irasue —dijo con voz aterciopelada.

—¿La favorita? —Alzó la vista, para encontrarse con el rostro del hombre—. Claro… —rió.

—¿A caso no lo es?

—No, ni en mis más locos sueños…

Sesshōmaru la vio detalladamente, algo que la hizo sentir incomoda y nerviosa, a pesar de que no era alguien que pudieran ser intimidar con facilidad.

—Hmmm…

—¿Planea darme algo o sólo le gusta invadir mi espacio vital? —Cuestionó bromista, buscando la manera de salir de esa cercanía.

—Puedo darle lo que usted quiera —respondió con suavidad, a pesar de que la estaba retando.

—¿A caso traer alguna pizza escondida? —Lo vio de arriba hacia abajo, para después negar—. Si no es así, abra paso.

El albino no respondió, simplemente se hizo a un lado, permitiendo el que pudiera moverse. Lo cual aprovecho para guardar el estuche en uno de los estantes, para después recoger su saco y el bolso negro, que casualmente correspondía a la misma marca del traje que su compañero portaba.

—Vaya, estamos en sintonía, ¡ah!

—Eso parece.

—Somos un buen dúo, Sesshōmaru —expresó con marcado sarcasmo.

—Hmmm…

—¿Nos vamos?

—Le sigo.

Caminó hacia la salida, abriendo la puerta para que su acompañante saliera y así apagar las luces de la oficina.

Estaba lista para enfrentar al mismo infierno, aunque tenía claro que su demonio personal era precisamente al hombre que se hacía pasar por su novio.

~O~

Al llegar a su destino, fueron recibidos por los anfitriones Tsukuyomaru y Shizu Ichinose. Una pareja de más de dos años de casados, los cuales rondaban la misma edad que poseían Sesshōmaru y ella.

Según palabras de Inu No Taishō y su padre, se trataba de una joven pareja que irradiaban amabilidad y atenciones. Por lo tanto, aquella reunión era realizada con toda la buena intención, lo malo radicaba en las personas a las cuales invitaban.

Saludaron por obligación a cada una de las parejas que estaban presentes en la reunión, incluidos a los Asano, que formaban parte de los matrimonios más «solidos» y admirados dentro de la sociedad.

Suspiró aliviada al momento en que localizo a Kagura, que estaba siendo acompañada por su novio, Claude D'Aramitz.

Luego de saludar a la pareja, se quedaron con ellos y entablaron una charla, aunque de manera unilateral. Ya que Sesshōmaru y Claude se enfrascaron en pláticas de negocios —cosa que no le extrañaba—, mientras tanto Kagura y ella se dispusieron a ponerse al tanto de las noticias. En especial, de una que ya se olía, desde que su amiga le platicó sobre el francés.

—Vivir en París, no suena nada mal —dijo con tono pícaro—. Se nota que no le gustan los rodeos.

—Sabe lo que quiere —aseguró soberbiamente.

—Pues espero y le des el sí, porque hombres como él… —miró al hombre—…muchas quisiéramos.

—Lo sé —sonrió—. No sabes cuanta tipeja a deseado atraparlo.

—Ya me imagino —sonrió.

—Muy similar a la situación de Sesshōmaru.

—Pues… —Prefirió guardarse su comentario.

—Creo que deberías intentarlo.

—¿Intentar qué?

—No te hagas tonta —le miró mal—. Enamorarlo, no pierdes nada con hacer la prueba.

—Pensé que ese tema ya estaba muerto —murmuró entre dientes.

—Morirá hasta que me hagas caso, querida.

—No entiendo tu insistencia a tal cosa, Kagura —le observó inquisitivamente.

—Tal vez es curiosidad…

—¿A qué?

Kagura guardó silencio, mientras perdía su mirada en otra dirección que no fuera la suya. Tal vez meditando la respuesta que le daría, o simplemente para no decirle nada, algo que no le extrañaría por parte de la pelinegra.

Cuando iba a insistir, pudo notar como las pupilas cubrieron casi por completo el iris escarlata, mostrando una expresión de sorpresa que no era muy común en la mujer. Y al querer saber que era lo que había visto, se limitó en mirar hacia la misma dirección que su amiga, llevándose la sorpresa más desagradable de la noche.

Bankotsu había hecho acto de presencia en la velada, y no precisamente solo. Con él estaba esa mujer, la misma con quien lo encontró siéndole infiel.

—Es un hijo de puta —dijo una enojada Kagura.

—¿Ocurre algo? —Preguntó Claude, al escuchar maldecir a su novia.

Ella bajó la mirada, mientras los orbes dorados trataban de encontrar una respuesta. Pero sólo tuvo que voltear, para darse cuenta de que se trataba, y entender lo que estaba sucediendo.

—Nada en especial, cariño —respondió Kagura—. Sólo que hay personas, que simplemente sobran por aquí.

Claude se mostró algo perdido, al no entender a lo que se refería la modelo, pero no mostro intenciones de insistir. Algo que agradeció internamente, ya que con el albino le bastaba y le sobraba para responder dudas.

Sesshōmaru la cogió de la cintura y la pegó a él, orillándola a verlo a la cara. Al final, era mejor ver esos ojos de oro, que ver a su ex novio pavoneándose con esa mujer.

—¿Tanto le afecta verlo con otra? —Preguntó en voz baja.

—No es precisamente eso…

—Entonces acláreme, porque no le encuentro otro motivo a su reacción.

Su quijada se tensó de tal manera, que sintió como sus muelas rechinaron entre sí, al mismo instante en que maldecía por sus adentros. Pero no tenía otra opción que ser sincera, y sacar de su error a su pareja.

Colocó su mano sobre el rostro níveo y lo atrajo hacia su cara, acción que él permitió abiertamente.

—Esa es la mujer con quien encontré a Bankotsu…con ella me fue infiel —musito.

Sesshōmaru apartó su rostro para volverla a verla a los ojos, algo a lo que no se negó, pero aun así era incómodo. En especial, al no tener idea de lo que pudiera estar pensando el hombre al respecto.

¿Se estaría burlando de ella? ¿La consideraba patética? ¿Sentía un poco de empatía al menos?

Suspiró derrotada, al saber que nunca tendría respuesta a sus incógnitas, y menos tratándose de un hombre como Sesshōmaru, que consideraba banal todo aquello que no le involucrara o perjudicara.

—¿Le dará el gusto?

—¡¿Ah?! —Le miró desconcertada.

—¿Qué no es obvio? —Volvió a colocar los delgados labios sobre su oído—. Trajo a esa mujer para ver su reacción, incluso provocarla. ¿Le dará el gusto de que se salga con la suya, Rin?

—No.

—Entonces demuéstrele que perdió todo, por tan poca cosa.

Volvió a buscar a los ojos dorados, al haber escuchado esas palabras. Estaba incrédula por el «halago» que había recibido, por parte del albino. No sabía si lo había dicho sólo para que no echara a perder el teatro, o porque en verdad lo creía.

Cerró los ojos y sonrió con ironía, tratando de calmarse y no darle importancia a sus dudas. Después de todo, ese hombre siempre hacia las cosas a su conveniencia.

Sesshōmaru Tukusama halagándola…si claro.

Después del recibimiento y de las charlas banales, todos dieron paso al comedor, para dar inició a la cena y a la molesta plática global, en dónde se presumía de todo. Y cuando decía todo, se refería a todo.

—Parece ser que este año, ha sido el inicio de muchos romances —comentó Shizu—. Tantas nuevas parejas, con un futuro prometedor.

—Realmente estamos encantados de tener nuevas caras por acá —el hombre siguió las palabras de su esposa.

—El fin es que duren —escupió Naomi—. Las relaciones de hoy en día son tan esporádicas.

—Naomi —le reprendió Sōju.

—¿Qué? —Le miró airosa—. No es que esté mintiendo.

—Pues esperamos con todo corazón, que las nuevas parejas lleguen a un hermoso matrimonio —comento Shizu, que se tocaba su vientre abultado—. La familia es algo muy hermoso.

—Esperemos que sus bendiciones nos ayuden a lograr el mismo éxito que ustedes, Shizu —habló Bankotsu.

—Espero y así sea, Bankotsu —sonrió—. Aunque estoy sorprendida, no sabía nada de su relación con la señorita Anastasia.

—Ya ve —Bankotsu le miró a ella—, la vida siempre nos tiene algo preparado en el camino. En mi caso, fue encontrarme con esta hermosa y famosa modelo.

La nombrada sólo sonrió airosa, por las elegantes y alzadas palabras del pelinegro.

—Una hermosa y distinguida mujer —alabó Naomi—. Mujeres como Anastasia, pocas mi estimado Bankotsu.

—Lo sé, señora Asano.

—Aunque si de novedades se habla —intervino Tsukuyomaru—. Kagura y Claude, han sorprendido a todo el mundo.

—¿Lo cree así? —Preguntó la pelinegra.

—Mi estimada Kagura, siempre ha sido una mujer cotizada —aseguro el hombre—. Claude merece una ovación, por tal increíble logro.

—Sería algo que agradecería, porque en verdad me costó el poder llegar a ella —comentó el francés.

Los presentes se soltaron riendo ante el comentario de Claude, el único que permaneció en silencio y sin importarle la charla que se desarrollaba en la mesa era Sesshōmaru.

Se notaba que no le agradaban ese tipo de eventos, y menos cuando podía ser el tema de conversación. Y si algo no le agradaba al albino, era estar en boca de todos, y vaya que mostraba su descontento al respecto.

—Hablando de novedades y parejas perfectas —inquirió una de las mujeres—. ¿Para cuándo la boda, Rin?

Alzó la mirada, para ver como ya todos tenían su atención en ellos, incluso la asesina mirada de su ex novio y el descontento de Naomi.

Dio una corta mirada a su pareja, pero mostró interés en participar en la conversación, aunque de eso dependiera su vida. Así que no tenía otra opción que ser el portavoz de ambos.

—¿Boda? —Cuestionó torpemente—. Disculpe mi ignorancia, pero no sé qué sea eso.

Todos rieron ante su comentario, a excepción de Naomi, Bankotsu y el mismo Sesshōmaru.

—Vamos, no me diga que no tienen planes a futuro —insistió Shizu—. Son la pareja más asediada y con un ranquin de éxito.

—No hay duda de ello —intervino Bankotsu—. Después de todo, no es Sesshōmaru la mejor apuesta de André.

—No sé a lo que te refieres, Bankotsu —habló escuetamente.

—Es lógico que sea el prospecto perfecto, para que siga el legado de tu padre. Ya que tú, no pareces interesada en manejar la textilera.

—Sí es así, sería un gran acierto por parte suya y de su padre —agregó de manera positiva Sōju—. Sesshōmaru es el hombre perfecto para proteger el legado de su familia y, sin duda alguna, de velar por una mujer como usted.

—Sesshōmaru es buen partido para cualquier mujer, Sōju —aclaró Naomi.

—Rin no se queda atrás, es una mujer que podría hacer feliz, hasta el hombre más amargado del mundo —Bankotsu refutó las palabras de Naomi.

—Muchas gracias por sus halagos, pero no creo que especular sea bueno —les regaló a todos, una escueta sonrisa—. Mi relación con Sesshōmaru, es ajena a cualquier propósito beneficioso.

»No dudo en las capacidades de mi pareja, pero también tengo presente, que el de las decisiones son mi padre y la junta directiva, no yo —dio un tragó a su copa de champagne—. Tal vez éste tema se pueda debatir, cuando él tenga intenciones de decorar mi dedo anular, y, sobre todo, el que yo acepte tal proposición. Mientras tanto, sólo estamos gozando de nuestra vida como pareja.

—No esperaba menos de la hija de André —Sōju expresó con amabilidad, a pesar del descontento de su esposa—. Una mujer instruida, fuerte y decidida. Sin duda es un hombre con un gusto impecable, Sesshōmaru.

—Lo sé, Rin es la prueba de ello —respondió inesperadamente al comentario de Sōju.

Ella solo se limitó en sonreír, ante la respuesta de su pareja, a pesar de que sólo fueron palabras, se había escuchado tan convincente.

Al finalizar la estresante cena, todos pasaron de nuevo a la sala principal, para seguir con el falso convivio y con las pláticas banales.

Ella se había dirigido al baño, para tomar un tiempo fuera y tratar de asimilar lo que tuvo que vivir en esa velada.

El estar aguantando el despreciable carácter de Naomi y la desfachatez de Bankotsu, la tenían al límite.

Apoyó sus manos en la repisa del lavamanos y se miró al espejo, tratando de encontrar un poco de tranquilidad para salir ilesa de esa velada. Aunque lo dudaba, ya que desconocía como le iría al terminar la reunión.

Negó con su cabeza y terminó por lavarse las manos, tenía que salir antes de que empezaran a murmurar tonterías, lo cual se le daba perfectamente bien a toda esa gente.

Terminó de lavarse las manos y las secó con una de las toallas, la dejo en el pequeño bote y salió del baño, sólo para ser jalada por alguien.

Lo reconoció al instante de ver la larga y trenzada cabellera negra.

—Maldición, que idiota eres Bankotsu —se quejó al momento de zafarse del agarre y sobar su muñeca.

—Si no lo hago así, tu perro no me dejaría acercarme a ti.

—Será porque no quiero que te me acerques.

—Así que si estás enojada —sonrió victorioso.

—¿Qué esperabas? Viniste con la mujer con quien te encontré cogiendo.

—Eso quiere decir…

—No seas idiota, no me afecta el que tengas una relación. Sino que fueras tan imbécil de querer hacerme «encelar» precisamente con esa.

—Quería ver tu reacción.

—Y aquí la tienes, es de repudio y asco.

—Te molesta que esté con Anastasia —se acercó a ella, acortando la distancia—. Aun sientes algo por mí…

—Alto —colocó sus manos enfrente, evitando el que siguiera avanzando—. Deja de soñar, quieres.

—Yo sé que aun te gusto, Rin —siguió su paso, a pesar de la restricción puesta—. Y te lo voy a demostrar.

—Si me tocas, te arrepentirás.

—No lo creo.

—Yo creo que sí.

Bankotsu se detuvo de golpe al escuchar la voz de Sesshōmaru, que ya estaba detrás del pelinegro, con aquella expresión de pocos amigos.

—¿Qué es esa desconfianza, Sesshōmaru? —Lo retó abiertamente—. Tienes que estar pegado a ella, para que no te la quiten.

—No seas ridículo —torció la boca—. Sólo un idiota creería que me engañaría con alguien como tú.

—Fuimos pareja —le recordó.

—Y tú la engañaste, como el idiota que eres —torció los labios en una sonrisa—. Si en verdad conocieras a Rin, sabrías que es una mujer con el orgullo y la dignidad bien cimentada.

»Tus esfuerzos son estúpidos, y más al traer a la mujer con quien le fuiste infiel. Ni siquiera para provocar tienes buenas ideas.

—Tú maldito bastardo…

—Ya basta —se interpuso entre los dos. Aunque con obvia cercanía hacía Sesshōmaru—. No voy a permitir que vengas a convertir esto en un maldito circo, Bankotsu.

—Es que eres tú, la que se está engañando al andar con él —habló entre dientes.

—Cállate —ordenó amenazando el albino—. No acabes mi paciencia Niikura, porque te pesara.

—No te tengo miedo, Tukusama.

—Deberías.

—Basta, por favor —se puso enfrente de Sesshōmaru—. No vale la pena, Sesshōmaru.

Sesshōmaru la vio fijamente, para asintió sin decir ni una sola palabra, pero aun así no pudo evitar el que le lanzara una amenazadora mirada al pelinegro.

Lo cogió de la mano y lo hizo avanzar, así alejándose de una vez por todas de Bankotsu. Aunque sabía que eso le acarrearía problemas, lo tenía presente.

Al llegar al lado de Kagura y Claude, Sesshōmaru se pegó a ella por detrás, sujetándola de la cadera con ambas manos, mientras los delgados labios rosaron su cuello. Una acción que no se esperó, sobre todo al estar a la vista de todos.

—Hablaremos de esto, cuando todo haya terminado —le susurró sobre su cuello, para para luego besárselo.

—Claro, amor —asintió con una sonrisa.

A pesar de que no había dudado en asentir, la verdad es que aquel acercamiento tan marcado, la había hecho tiritar, no sólo por la «advertencia» en sí, sino por lo bien que se sintió aquellos labios sobre su piel desnuda.

Sesshōmaru estaba activando partes de ella que no debería, y que se suponía que jamás despertaría. Mostrando que su plan no estaba saliendo también como se lo propuso, y lo pudo comprobar con la sonrisa altiva que le regalo la pelinegra.

Kagura se lo había advertido, cuando le dijo que no había mujer que se le negara a Sesshōmaru.

Estaba jodida.

~O~

Tan rápido como llegaron enfrente del edificio en donde moraba, no le dio oportunidad al albino de nada. Se bajó del auto rápidamente y siguió su camino hacia su departamento. Y no porque temiera al albino, sino porque ya estaba fastidiada y lo único que deseaba era poner su cabeza en una almohada y olvidarse de todo.

Sin embargo, Sesshōmaru parecía que no iba a dejar que eso ocurriera, porque le pisaba los talones a cada paso que daba, y demostraba lo disgustado que se encontraba, a pesar de que eso no fuera su culpa.

Cuando llegó al frente de su hogar, inserto la llave en la perilla, con la esperanza de entrar y no entablar ninguna discusión con Sesshōmaru.

—Discutimos después, no tengo ánimos de seguir jodiéndome la noche —dijo al momento en que abrió la puerta.

—No lo creo.

Sesshōmaru posó su mano sobre la suya, volviendo a cerrar la puerta y acorralarla contra ésta.

Mostró su notorio enfado ante su acción, pero eso le importó muy poco al hombre, que estaba considerablemente cerca de ella.

—En serio, no quiero discutir —pidió con voz modulada—. Lo hablamos mañana, si así lo desea. Pero esta noche, no.

—No tengo intenciones de dejar esto para mañana.

—Es que realmente no pasó nada —le recordó.

—Se suponía que iba a poner un alto al acoso de Bankotsu —la ignoró y fue directamente al tema—. Pero parece que no tiene interés de que eso ocurra.

—¿En serio? —Rodó los ojos fastidiada—. Sabe qué, crea lo que le venga en gana.

—Ni siguiera es capaz de negarlo.

—Da igual el que lo niegue, usted no me va a creer —despotricó molesta—. Y realmente me da igualmente lo que usted piense al final.

—Pensé que era mujer que sabía a lo que jugaba, Rin.

—¿Qué quiere decir con eso?

El cuerpo masculino presiono el suyo, sintiendo la rigidez de la puerta detrás de ella y el calor que emanaba de Sesshōmaru.

El agradable aroma que provenía del hombre, le llenaron los pulmones y esas grandes manos cubrieron las suyas, convirtiéndola en la prisionera del albino, que le veía de manera retadora.

—Podría convencerme de lo contrario —incitó abiertamente.

—No me rete, Sesshōmaru —le dijo desafiante.

—Sé muy bien lo que hago.

Sesshōmaru le alzó las manos por encima de su cabeza, mientras las sujetaba firmemente con las suyas.

Sus miradas se penetraron, sus labios se tocaron y sus alientos se mezclaron, rompiendo la poca resistencia que le quedaba, porque no pudo más y termino por besar esos endemoniados labios que sabían calentarla con rapidez.

Se liberó de las manos del hombre, para llevar las suyas hacia la nuca platinada, profundizando aún más el beso.

El embriagante sabor y la sedosidad del contacto, hacía que sus lenguas entrarán en una ardiente batalla por poseer el control y obtener más del otro. Mostrándole que no se había equivocado al pensar en lo ardientes y adictivos que eran los delgados labios.

Sesshōmaru la apretó aún más a su cuerpo, en especial cuando esas fuertes manos recorrieron sus caderas y ascendieron lentamente hasta su espalda, como si estuviera delineando las curvas de su cuerpo, algo que el mismo vestido permitía con facilidad al ser tan entallado.

Bajó una de sus manos hacia la perilla, la cual abrió tan rápido como la encontró, dándole paso hacia al departamento que estaba bañado en oscuridad.

Jaló al hombre del saco, adentrándolo hacia el interior de la habitación, sin dejar que los besos fueran interrumpidos en el proceso.

Sesshōmaru cerró la puerta de un solo golpe, mientras ella adentraba sus manos debajo del saco, quitándoselo por completo y dejarlo sobre el sofá en donde estaba siendo recargada.

El albino aprovecho eso y se dispuso a romper el contacto de sus labios, para apoderarse de su cuello, exactamente en dónde la había besado anteriormente.

Un suspiro escapo de sus labios, ante los besos, lamidas y los ligeros mordiscos que le regalaba. Logrando que su necesidad creciera, al igual que la temperatura que había invadido todo su cuerpo, incluida su cabeza, que había perdido lucidez de todo y sólo se dejaba llevar por las sensaciones que su acompañante le regalaba.

Empezó a desabrochar el molesto chaleco, para después aflojar la corbata que le impedía el paso al grueso y fuerte cuello. Quería en estar en igualdad de condiciones, pero no lo lograría, si seguía permitiendo que él tuviera el control de la situación.

Lo apartó de golpe y lo atrajo hacia el sofá en donde lo empujó y orilló a sentarse, para no tardar en colocarse sobre hombre, que la observaba de manera distinta.

¿Deseoso? ¿Caliente? ¿Necesitado?

Se mordió el labio inferior de sólo pensar, que podría estar provocando todo eso en el hombre, que resultaba ser que no era tan de hielo como lo había pensado.

Se subió sobre de él, haciendo que la ajustada falda empezara a alzarse, dándole acceso a las grandes manos a tocar sus piernas con libertad. Y no tardó mucho en poder sentir como la recorrían sin miramiento alguno, trasmitiéndole un calor tan abrazador, como si fuesen brasas lo que estuvieran recorriendo la piel.

Sujetó la corbata con fuerza y atrajo al hombre hacia ella, para volver apoderarse los deliciosos labios, que no tardaron en corresponderle el fogoso beso, mientras ella terminaba de quitarle la estorbosa corbata y tirarla en un lugar incierto.

Ninguno decía nada, estaban tan centrados en sus propias pasiones, que lo demás dejaba de importar. Sólo el roce de sus cuerpos, el juego de dominación y los gemidos que eran robados ante el contacto.

Su mente estaba nublada y lo único que le importaba era lo que estaba viviendo en ese momento.

Un fuerte gemido escapo de sus labios, al sentir como las fuertes manos apretaron sus nalgas, y como esos afilados dientes mordieron su labio inferior. Provocando que clavara sus uñas en los blanquecinos hombros de Sesshōmaru.

Pero toda aquella hambre de probar un poco más, se detuvo abruptamente, al momento en que escucharon todo un alboroto en la puerta del apartamento.

Sesshōmaru la acostó en el sofá, quedando encima de ella, siendo cubiertos por el respaldo del sofá y de la misma oscuridad. Ambos se quedaron estáticos y escucharon a las personas que estaban ingresando.

—¡Maldición, deja de moverte, Hakudōshi! —Gritó Shippō.

—Deja te ayudo —Se ofreció Kohaku.

Escuchó como sus amigos batallaron en ingresar al inquieto —y seguramente alcoholizado— Hakudōshi, que sólo balbuceaba cosas sin sentido y poco entendibles.

—Odio cuando se pone así —siguió quejándose el pelirrojo.

—Eso ya no importa, hay que dejarlo en su cuarto.

—Ya qué.

Los hombres siguieron su camino, sin siquiera prender la luz, se notaba que ya conocían esa morada a la perfección. Y un alivio para ella, sino hubiera sido descubierta junto a Sesshōmaru, y tendría que dar muchas explicaciones a sus sobreprotectores amigos.

En ese instante el albino se apartó de ella y se levantó, y sin decir absolutamente nada cogió el saco que reposaba en el sillón, para empezar a colocárselo.

Ella hizo lo mismo, al acomodarse la falda de su vestido y tratando de arreglar su alborotado cabello, como si lo que había ocurrido minutos atrás no hubiera importado. Y debía ser así, no debía ser relevante.

—Esto no debe volver a repetirse —dijo en voz baja, para sólo ser escuchada por Sesshōmaru.

Pero fue como si se lo hubiera dicho a la nada, porque el albino sólo se limitó en salir del departamento, sin decir absolutamente nada al respecto de lo sucedido. Y quizás, eso había sido lo mejor para los dos.

—¿Eres tú, Rin?

Fue la voz de Kohaku, que la trajo a la realidad, haciendo que despegara sus pies del lugar en donde estaba y dirigirse hacia el interruptor de la luz.

—Sí —respondió escuetamente—. ¿Qué hacen aquí?

—Ven a verlo por ti misma.

—Ya voy.

Se miró al espejo y terminó de acomodar su cabello y de despintar sus labios con un pañuelo que estaba a la vista.

Respiró profundo y tranquilizo su descontrolado corazón, para dirigirse hacia la habitación de Hakudōshi, en donde estaba los chicos.

Ambos estaban a los costados de la puerta y en la cama estaba un embriagado Hakudōshi, que murmuraba un sinfín de cosas que no llegaba a comprender. Algo que no era común de ver, pero cuando llegaba a pasar sólo era por un motivo.

—Lo rechazaron, ¿verdad?

—Podría decirse —respondió Shippō.

—¿Es decir?

—«Estaba» ligándose a una mujer de más de cuarenta y cinco años, pero ella termino por irse con un chico de veinte años —le informó Kohaku.

—¡Auch!

—Sí, está perdiendo el toque —dijo entristecido el pelirrojo.

—Más bien se está volviendo viejo —rectificó ella—. Es obvio que esas mujeres buscan carne tierna, no a un tipo de más de treinta.

—De hecho —le apoyó Kohaku.

—Cómo sea —suspiro—. No se preocupen, yo me encargo de él a partir de ahora, ustedes vayan a casa.

—Gracias, jefa. La verdad traigo un montón de sueño.

—Cualquier cosa que necesites, me llamas —le dijo Kohaku.

—Sí.

Acompañó a sus amigos hacia la salida, los cuales partieron sin más contratiempos. Ni siquiera le cuestionaron nada sobre la velada que tuvo esa noche. Algo que agradecía internamente. Lo que menos deseaba, era el terminar admitiendo que estuvo a nada de tener sexo con Sesshōmaru.

Cuando se disponía en apagar la luz, se dio cuenta que algo estaba sobre la mesa de centro de la sala. Camino hasta llegar ahí, percatándose de que se trataba de la corbata de Sesshōmaru.

La cogió, apago las luces y se dirigió hacia su recamara, necesitaba un buen baño para calmar sus necesidades y así poder dormir como debía.

Luego de salir de la ducha se miró al espejo, al llamarle la atención un par de marcas que tenía en su cuello y clavícula.

—¡Oh!

Se tocó las pequeñas áreas rojizas, recordando la forma en que el albino los había provocado.

Cerró los ojos tratando de calmarse, no quería darse un baño con agua fría y terminar pescando un resfriado como consecuencia.

—Al menos casi no se ven —trató de convencerse—. ¡Ay, Rin! Estuviese a nada de cometer una estupidez.

Movió su cabeza frenéticamente de un lado al otro, tratando de olvidar esa situación. Tenía que meterse en la cabeza que eso jamás paso, y, sobre todo, el no estarse cuestionando por qué había accedido al encuentro.

Al terminar de secarse el cabello y colocarse el pijama, fue hacia la recamara del albino, al cual encontró tal como lo habían dejado.

Fue hacia él y le quito los zapatos y lo cubrió con la colcha de la cama, aparto el flequillo que cubría la frente del hombre, para darle un corto beso.

—De alguna manera u otra, terminas salvándome de cometer una estupidez —sonrió—. Incluso estando borracho.

Dio otro beso más a la frente del hombre, se levantó y apagó la luz, para dar camino de una vez a su habitación. Esperando que, al conciliar el sueño, se olvidara de todo lo que había sucedo en ese día.


Notas:

*Supermodelo: Es un(a) modelo muy bien pagado(a), que goza de fama mundial gracias a su experiencia en la alta costura y en el modelaje comercial. Por lo general, éstos trabajan para diseñadores de modas y marcas de alto prestigio. Tienen contratos millonarios, endosos y campañas publicitarias, llegando a convertirse en celebridades.

*Gucci: Es una firma de lujo italiana dedicada al diseño y fabricación de artículos de moda, maletas, relojes, perfumes, etc. Fundada en 1921 por el artesano Guccio Gucci en un pequeño taller de Florencia, Italia.

~O~

¡Hola a todos!

Bienvenidos sean al capítulo numeró trece de Gentle Lie, que espero sea de su agrado, al igual como lo fueron los capítulos anteriores.

Sin embargo, quiero pedir una disculpa anticipada, por si encuentran bastante errores ortográficos y narrativos. La verdad es que lo terminé hoy mismo y no tuve el tiempo necesario para checarlo como se debe. Les prometo que el próximo capítulo estará mejor atendido y cuidado.

Quiero agradecerles a las personas que le han dado en favoritos y han decidió en seguir el fic. Espero cumplir sus expectativas a lo largo de esta historia.

Y cómo siempre mi reconocimiento y amor a las personitas que se toman su tiempo para dejar su hermoso review, las cuales son:

floresamaabac, La Rozeta, Claudy05 (por el capítulo 11 y 12), Rinmy Uchiha, maril, Mayuzz, ookami-ouji, Mina Rose, Milly Taisho, Star fiire -Lupita Reyes, Cleoru Misumi (espero haya podido leer el mensaje que te mande, y gracias por tus observaciones), Kathy s, Aleliz y GabyInuTaisho.

¡Las amo, nenas! :3

Recuerden que a todas las personas que estén interesadas en la pareja SesshRin, se les invita cordialmente a unirse al grupo de Facebook, Elixir Plateado. En donde encontraran recomendaciones, fan art, concurso, debates y mucho más.

En mi perfil podrán encontrar el link y el nombre de las administradoras.

También recuerden darle un ojito al arte creado por La Rozeta, que siempre nos trae un poquito de nuestra hermosa pareja y de unas cuantas más del mundo del anime. El link de las plataformas en donde muestra su arte, están en mi perfil.

Sin más que decir, les deseo un bonito inicio de semana, que se diviertan y la pasen muy bien, y nos leemos el próximo viernes.

¡Hasta luego! :D