"Naruto-san, por fin te encuentro..."
Tan sólo esas palabras fueron pronunciadas, con voz cansada, por la peliazul, para luego caer del cielo, inconsciente, con sus alas desprendiéndose de su espalda y sus hojas de papel tan sólo volando al viento.
El rubio, todavía sorprendido por la aparición, alcanzó apenas a correr para tomarla antes de que su cuerpo golpeara con el suelo. Con sumo cuidado, la llevó junto a la fogata, para recostarla al calor del fuego.
Allí, con la tenue luz del atardecer, cuando ya aparecían en el cielo las primeras estrellas, pudo contemplar mejor a su visitante: lucía su rostro demacrado y pálido, el pelo alborotado y se veían claramente las heridas de los lugares donde había estado previamente esos extraños adornos metálicos, similares a los que lucían los seis caminos de Pain. Vestía todavía su capa de Akatsuki, pero la misma se encontraba raída y salpicada con sangre por todo el frente, como si se la hubiesen arrojado.
Pero lo peor eran sus heridas. Al costado izquierdo, junto a un agujero en su ropa, una gran mancha de sangre ya seca; su brazo izquierdo rígido, como si ella hubiese improvisado algún tipo de venda, por lo que le resultaba evidente que debía haber otra herida allí. Sin tener claro qué cosa podría hacer para ayudar a la compañera de Nagato, optó por quitarle la sucia capa y darle un poco de agua, para luego llamar a los ancianos sapos por medio del jutsu de invocación.
Ma-chan y Pa-chan se sorprendieron que el rubio los llamase a su presencia tan pronto, pero su sorpresa se transformó en molestia al identificar a la persona a quien el joven les solicitaba ayudar. A Naruto les costó convencerlos de que Konan ya no era la misma a quien habían enfrentado ese fatídico día en que, con su ayuda, Pain dio muerte a Jiraiya-chan, y que ahora confiaba plenamente en ella.
Finalmente, aceptando las justificaciones de Naruto y considerando que la kunoichi no representaba ninguna amenaza en su estado actual, decidieron ayudar a curarla.
Con un kunai prestado por el rubio (de los que había conseguido con el armero sapo), el que esterilizaron con fuego disparado con Fukasaku (con ayuda de su aceite de sapo), para luego ser enfriado por el potente viento de los pulmones de Shima, la anciana efectuó una incisión en la herida del costado de Konan, revisando que no hubiesen rastros de suciedad o restos del arma que suponían le hubiese provocado tal daño. Una vez revisada, y comprobando que ya no había sangrado ni órganos perforados (salvo una herida en el intestino, que ya había cicatrizado), la anciana se sirvió del cabello del rubio, el que el anciano unió con ayuda de su chakra para formar hilo con el que suturar el músculo y la piel separados, endureciendo la punta del mismo para que entrara cual aguja. Mientras eso acontecía, Naruto sujetaba a la paciente, quien trataba de retorcerse por el dolor que le causaba la curación.
Una vez finalizada la sutura, Shima-obaachan lamió la superficie de la herida, a fin de que su saliva desinfectase esa zona, la que cubrió con un trozo de su propio vestido.
Luego, con la ayuda de Naruto, le rompieron la férula improvisada, pudiendo el anciano palpar la herida, donde se notaba la piel amoratada a la altura del antebrazo: fractura del hueso, sin exposición. Mientras la anciana recolectaba hojas de los alrededores, con las cuales hizo una pasta al mezclarla con su saliva y su propio aceite de sapo, Fukasaku-ojii reacomodó con sumo cuidado los huesos rotos, alineándolos correctamente. Naruto sólo sujetaba a la chica, que gritaba de dolor por el procedimiento.
Mientras el sapo mantenía inmóvil el lugar del tratamiento, su esposa le aplicó la pasta formada alrededor de la fractura, mientras le indicaba a Naruto que dicho empaste, una vez seco, formaría una férula que, por sus propiedades, junto con inmovilizar el hueso roto para permitirle soldar calmaría el dolor de la zona. Una vez terminada la aplicación, entre el fuego y el viento de la pareja lograron endurecerla lo suficiente para que cumpliera su función.
Finalizada su tarea, la anciana le sugirió que le proporcionase a la paciente chakra natural por un par de horas durante esa noche, y que repitiese ese proceso al menos cada cuatro horas, por diez minutos, durante todo el siguiente día: el chakra natural aceleraría el proceso de curación, y probablemente en un par de días podría estar completamente repuesta y apta para la lucha. Por último, antes de irse, le recalcaron que no bajase la guardia y tuviese mucho cuidado con la muchacha y con lo que pudiese hacerle, aún estando herida. Luego de las palabras de gratitud del joven, la pareja de ancianos regresó a su hogar en el Monte Myoboku.
Agotado por todo lo acontecido, Naruto se aproximó a Konan, allí pudo notar que ella había abierto sus ojos y le miraba fijamente. Ella trató de hablar, pero él le indicó que hiciese silencio, mientras se sentaba a su lado, al calor del fuego, para proporcionarle del curativo chakra. Un clon, creado al efecto, fue el encargado de mantener el fuego encendido y preparar una comida para la cansada kunoichi, a cuya mejoría el rubio sacrificó el único tazón de ramen instantáneo que había comprado en el pueblo que visitó durante la tarde, el que había adquirido para llevarlo como amuleto (así como para consumirlo cuando su desesperación por comer lo poco que pudiera conseguir lo tuviese al borde de la locura).
Resignado al sacrificio, ordenó al clon que aderezara el caldo con carne del conejo que se asaba en las llamas, raspándolo con un kunai afilado y formando, al mezclarse con el ramen, una pasta cuya consistencia consideró más apropiada para la digestión de su agotada paciente. Con paciencia, mientras permanecía sentado a su lado, Naruto le dio todo aquel preparado por largos treinta minutos, sordo a las primeras objeciones de la herida a consumir aquellos alimentos. Cuando finalizó su improvisada cena, la kunoichi, cansada, le agradeció sus atenciones al rubio con una sonrisa, para luego dormirse, cansada por el esfuerzo.
Cuando se cumplieron las dos horas del tratamiento de chakra natural, Naruto tomó a Konan con sumo cuidado, llevándola en brazos dentro de su carpa, en donde la acomodó dentro de su propio futón. Mientras la dejaba allí, descansando, volvió junto a la fogata, en donde comió como pudo el resto de la carne mal cocinada. Luego, mirando la capa raída y sucia de su visitante, no pudo evitar tomarla y, con rabia por lo que representaba, arrojarla al fuego, donde se consumió hasta las cenizas. Dedicó el resto de la noche a leer sus pergaminos, tomándose sólo un momento, alrededor de las dos de la madrugada, para aplicarle a su dormida paciente la cura de chakra.
Finalmente, agotado y esperando que su invitada estuviese la mañana siguiente lo suficientemente repuesta para que pudiera contarle lo que le había sucedido estos últimos días, se durmió, ordenándole al clon sirviente que se mantuviese vigilante y le despertara a las seis, para continuar con el tratamiento, como le indicó Shima-gama.
La noche había sido complicada, por decirlo de alguna manera.
Confiado en el profundo sueño de la kunoichi y en la presencia del clon de sombras que vigilaba los alrededores, el rubio no había soportado la ansiedad y había ido a reunirse con Hinata, esperanzado por conseguir una segunda cita.
Luego del recibimiento habitual (ofensas intercambiadas entre él y Kurama incluidas), pudo llevarse a la ojiperla lejos de la vigilancia de la bestia, quien se había auto constituido en su celoso guardián.
Recordando lo ocurrido la última vez entre él y la chica, se habían limitado a caminar hacia la nada, a paso lento, conversando sobre cosas sin importancia y absurdos sin sentido, tan sólo por el placer de la mutua compañía.
Pero, casi al final de la cita, se habían sentado, uno junto al otro, y la bella Hyuga no había hallado nada mejor que apoyar su cabeza en las piernas del rubio. Aquella visión, con esa belleza a su completa disposición, apagó las pocas neuronas funcionales en la cabeza de Naruto, quien sólo se quedó embelesado, viéndola, mientras ella hacía lo mismo con él y sonreía. Luego de un largo rato en esa postura (y sintiéndose con cada segundo menos capaz de aguantar las ganas de robarle un beso), el rubio tuvo la ocurrencia de sugerir tratar de cambiar el vestuario de la peliazul, con la excusa de que ese vestido blanco era demasiado sencillo y que su dueña, ella, probablemente ya estaría cansada de llevar lo mismo siempre. Tal idea no había pasado por la cabeza de Hinata, pero ésta no había querido contrariarlo, así que aceptó el ofrecimiento con un: "gracias, Naruto-kun".
Pero las buenas intenciones del rubio se mostraron insuficientes para lograr su objetivo, obteniendo solamente que la menuda y muy curvilínea Hinata quedara nuevamente desnuda, como la primera vez en que se encontraron. Mientras que a ella, el verse en ese estado, la situación la paralizó del susto, en Naruto tuvo un efecto muy diferente: ya no trataba de apartar la vista o hacer como que no veía nada, sino que sólo se quedó mirando ese cuerpo, mientras una sonrisa maliciosa se asomaba en su cara. O al menos así fue por largos cinco segundos, hasta que reaccionó y pudo volver a hacer aparecer el blanco vestido, cubriendo nuevamente la desnudez de la sorprendida kunoichi.
Extrañamente en esta ocasión no hubo reclamos ni excusas, tan sólo dos jóvenes mostrando un poco de incomodidad por lo sucedido, mientras Naruto se disculpaba por ser incapaz de imaginarse a la chica con otro aspecto. Aceptando sus excusas, Hinata tan sólo tomo la mano del rubio, para volver juntos al lugar donde esperaba Kurama (mientras, en sus adentros, no podía evitar sonreír al recordar la mirada del ojiazul, sintiéndose como nunca antes se había sentido: coqueta y sensual).
Mientras se despedían, y suponiendo que la chica estaría todavía incómoda por la situación ocurrida (que suponía la dejaba en un estado de vulnerabilidad ante él), Naruto le ofreció a Hinata, a modo de compensación, desnudarse ante ella, a fin de que la Hyuga no fuese la única que se pusiera en tan penoso estado. Por toda respuesta recibió un rostro sonrojado, con una Hinata hiperventilando por la sorpresa del ofrecimiento, mientras el Kyubi, molesto con lo que el rubio le había causado a su princesa, lo lanzaba a volar por los aires con una súbita y potente expulsión de su chakra, el que fue acompañado por un rugido estremecedor.
Pero, con todo, lo peor había sido después, mientras dormía…
"A diferencia de otras veces, recordaba el sueño que había tenido perfectamente:
Hinata y él, recostados sobre el suelo de aquella habitación color perla, desnudos y sudorosos, concentrados tan sólo en explorar sus cuerpos, sin inhibiciones, sin miedo; sólo deseo, uno profundo e intenso, compartido por ambos.
No recordaba cómo habían llegado a esa situación (como si a su cabeza no le interesaran tales minucias), tan sólo recordaba el calor que le producía el contacto de su piel, el placer que lo llenaba mientras sus dedos se habrían paso sobrepasando cada uno de los ligeros intentos de la peliazul por defender su pureza, sometida por la fuerza contra el frio suelo, el que con su frialdad les ayudaba a refrescarlos del calor que los consumía. Mientras su agresor invadía con sus dedos su sexo, los seductores labios de la ojiperla se encargaban de acallaban cualquier grito y gemido que pudiese escapar de su dueña, ocupándose en devorar la boca del joven, y sus delicadas manos acariciaban el rubio cabello… el pecho de su compañero… los propios.
Luego vino lo lo inevitable: los gemidos incontenibles, los gritos de pasión, mientras el rubio tomaba para si el tesoro de la virginidad de la doncella Hyuga; su cuerpo de hombre sobre ella, presionándola contra el suelo, mientras le susurraba al oído que ella sólo era de él y que nadie más la tendría, mientras ella aceptaba sus exigencias tan sólo estrechando sus piernas sobre los muslos de su amante. La joven, en medio de los gemidos de ambos, arañaba la espalda del rubio, se mordía los labios en un vano intento por silenciar el placer que la embargaba, mientras, entre estertores, le susurraba: "te amo, te amo, Naruto-kun", palabras que el joven correspondía con igual sentimiento, mientras veía fijamente esos ojos pálidos, hermosos, perdiéndose en ellos justo antes de llegar al momento culmine, cuando finalmente la llenaría con su propia esencia, marcándola como irremediablemente suya…"
Pero dicho momento nunca llegó, siendo tan satisfactorio sueño interrumpido por mano de un impertinente clon, quien lo despertó para indicarle que ya era hora del tratamiento de la durmiente kunoichi. Por todo agradecimiento, Naruto le lanzó un potente puñetazo en pleno rostro, el que hizo desaparecer al inocente.
Luego de cumplida su tarea, notando que Konan se encontraba descansando tranquilamente, decidió retomar su descanso, allí, recostado en el suelo de carpa, cerca de su huésped, sin más abrigo que la ropa que traía sobre él.
Los sonidos de las aves mañaneras, que saludaban al sol del levante, lograron finalmente despertar al rubio shinobi de Konoha.
Incómodo y molesto todavía por la interrupción de su sueño, el que le fue imposible retomar cuando volvió a dormirse, optó por levantarse. Por lo visto, los sucesos de los últimos días (partiendo por ese encuentro con Hinata desnuda en el sueño/no-sueño, dentro de su cabeza) habían despertado en él "apetitos" que se habían mantenido hasta ese entonces en receso, enmudecidos por sus constantes peleas y duros entrenamientos. Y la presencia de una joven, hermosa y muy vulnerable mujer durmiendo a su lado no había hecho más que exacerbarlos, aparentemente. Suponía que con casi diecisiete años cumplidos, ese tipo de reacciones corporales eran naturales y, hasta cierto punto, inevitables (o así eran según las pocas y escuetas charlas sobre el tema que Jiraiya-sensei había tenido con él mientras viajaban y él criticaba su "natural tendencia" a buscar con desesperación compañía femenina -porque Ero-sennin hacía honor a su apodo cada vez que podía-). Desesperado y sudoroso, decidió refrescarse en un claro cercano, en donde un riachuelo que corría se estancaba y ensanchaba, formando una pequeña poza (perfecta para darse un baño).
Ciertamente no había sido esa su noche más descansada, y con sólo seis horas de sueño en el cuerpo (insuficientes luego de la dura prueba del día anterior), se movió a media máquina a todo momento. El aire era frío, por lo que luego de su aseo matinal se enfundó con gruesos calcetines y un par de camisetas, optando por vestir ese día su buzo naranja y negro.
Habiendo llegado las copias enviadas al límite de su resistencia, comenzaba a recibir las memorias de los clones que había enviado a rastrear los alrededores de su campamento. Pudo comprobar, gracias a esos recuerdos, que todo el paraje era lo suficientemente desolado como para que no hubiese nadie en las cercanías, salvo los pocos viajeros que transitaban por la ruta terrestre que atravesaba todo ese territorio del País del Viento, que se encontraba a cuatro kilómetros al sur de su posición.
Se dedicó a reponer esos clones perdidos, esperando que con su labor (sumados al perro rastreador, que aparentemente hacía un trabajo muy meticuloso, moviéndose cuando él se movió durante la tarde y manteniéndose revisando los alrededores cuando se detuvo en su lugar de acampada) no se le escapara su amigo perdido, si es que llegaba a pasar por las cercanías.
Reavivó el fuego de la su fogata, que ya estaba en las últimas, mientras ponía a calentar agua para ofrecerle algo de té a su paciente, por si despertaba. No quedando carne de su cacería de ayer, se dio por satisfecho con unos hongos que pudo recolectar al pie de los arboles de las cercanías.
Dedicó sus últimos dos clones creados a diferentes tareas: a uno a montar guardia y al otro a buscar algo más sustancioso con que alimentar a su visita.
Con todo eso arreglado, consideró que podría darse un tiempo para una visita mañanera a sus inquilinos mentales, aunque procuraría no evidenciar ante su nueva musa erótica las sensaciones que ella despertaba en su cuerpo, no fuera que el Kyubi se percatara y las emprendiera contra él (y así la bestia, cuyo ascendiente sobre la muchacha aún no tenía del todo claro, decidiera dejar de concederles el espacio privado del que tanto había disfrutado en sus últimas visitas).
Konan se despertó algo asustada, enfundada dentro de un futón limpio, en una carpa que no conocía. Unos segundos fueron necesarios para que recordara el cómo había llegado allí.
Si, finalmente había podido encontrarse con Uzumaki Naruto.
Podía notar su cuerpo mucho más repuesto. El desesperante y permanente dolor de sus heridas mal curadas ya no existía, y la comida y bebida proporcionadas por el hacendoso rubio se habían sentido mucho mejor que las pocas cosas que había podido procurarse en los días previos.
Recordó la asistencia prestada por esos dos pequeños y viejos sapos en la curación de sus heridas; los mismos sapos que había visto en la última pelea contra Jiraiya-sensei, así como en la batalla de Konoha. No pudo evitar sentir miedo ante la proximidad de los mismos: sabía que la pareja tenía motivos y fuerzas suficientes para acabar con su vida en ese mismo momento, y sinceramente no sabía si el rubio podría haberlo impedido si ellos se hubiesen decidido a terminar con ella allí mismo. Le habían sido evidentes las desconfiadas miradas que le dedicaban cada vez que la veían al rostro, y en medio de su cansancio, había escuchado la advertencia sobre lo peligrosa que ella podía ser para Naruto cuando se despidieron. Pero al menos su trabajo había sido excelente, y entre la ayuda prestada y los cuidados esmerados de su improvisado enfermero, ahora se sentía lo suficientemente bien como para moverse por sus propios pies (y ya podía mover su mano derecha sin sentir el punzante dolor que dicha acción le provocaba antes del tratamiento de los sapos).
Al salir de la carpa pudo notar a Naruto sentado junto al fuego, con las piernas cruzadas, como si estuviese meditando. Se acercó con cuidado a él, procurando no interrumpirle en lo que fuera que estuviese haciendo. Pero el rubio no estaba meditando, sino durmiendo, dando pequeños y silenciosos ronquidos mientras permanecía allí, en esa poco natural postura para conciliar el sueño.
Por un momento pensó en despertarlo, pero un clon del joven, que se le acercó en ese preciso momento, mientras le explicaba su condición de copia y su tarea asignada a la peliazul, le sugirió que lo dejase dormir, ya que aquél todavía debía recuperarse de su agotamiento y aún faltaba una hora para que debiesen aplicarle a ella la cura de chakra (fuera lo que fuera aquello). Por un momento pensó en llevarlo ella misma dentro de la carpa, para acomodarlo en el futón que había usurpado durante la pasada noche, pero el temor de que se abriese nuevamente la herida en su costado producto del esfuerzo le hizo desistir (era claro que el joven durmiente no sabía nada de curaciones o jutsus médicos, y aunque estaba agradecida por el gesto, no deseaba volver a encontrarse con la pareja de ancianos sapos). No quiso recurrir a la asistencia del clon para esa tarea, por temor a que el mismo se esfumase antes de completar el traslado y el rubio terminase dando contra el duro suelo.
Resignada a dejar a su enfermero en tan incomoda posición, le pidió ayuda al clon para que le indicara algún lugar donde limpiar su cuerpo. El clon, mientras le facilitaba una de las toallas del rubio, le señaló el lugar donde se encontraba la poza de agua, mientras le aseguraba que se mantendría a una distancia prudente, dándole la privacidad que sabía una dama necesitaba. Agradeciendo el gesto (y sorprendida por la elocuencia mostrada por una simple copia) se dirigió a realizar su limpieza matutina, la que terminó convertida en un muy largo y placentero baño.
A la hora acordada, el clon que se mantenía vigilando el campamento despertó a un algo más repuesto Naruto, recordándole que ya había llegado la hora de la siguiente cura de chakra para la herida kunoichi.
Mientras se levantaba y estiraba sus extremidades, adormecidas por la incomoda postura en que había decidido dormir después de terminar su más que agradable conversación matutina con Hinata, le ordenó al clon, en vista que aquél que había enviado a conseguir comida todavía no regresaba, buscar al desaparecido y, de ser necesario, asistirlo en su búsqueda. Mientras el clon partía a cumplir su nueva tarea, el rubio decidió que, siendo ya casi las diez de la mañana, era una hora más que apropiada para despertar a su visitante, la que suponía suficientemente repuesta como para tener finalmente la postergada conversación que necesitaba sostener con ella.
Pero Konan no estaba durmiendo en el futón en que la había dejado. Es más, ni siquiera estaba dentro de la carpa. No pensaba que la joven se hubiese simplemente marchado y, viendo que el clon vigía ya había salido del campamento, en vez de des-invocarlo y ver lo sucedido a través de sus recuerdos, optó por recurrir a su senjutsu para ubicarla. Identifico la energía de la peliazul donde se encontraba la poza en que el mismo se había bañado esa mañana, por lo que se acercó a dicho lugar con sumo cuidado, esperando no sorprenderla en una situación indecorosa. Pero antes, se aseguró de terminar su transformación soltando unos cuantos golpes de viento, cargados de chakra natural, al cielo: no quería que su visitante se asustara o no lo reconociera si lo veía con su rostro cambiado por el modo sennin.
Pero su búsqueda fue, en un principio, infructuosa.
Cuando consideró que estaba lo suficientemente cerca, la llamó a viva voz, pero nadie contestó. Creyendo que aún estaba demasiado lejos de la corriente de agua, volvió a aproximarse, hasta quedar detrás de un arbusto, casi en la orilla misma del riachuelo, pero su llamado fue nuevamente infructuoso. Seguro de que a esa distancia era imposible que la mujer no le escuchara, el temor respecto a su seguridad fue más fuerte que su prudencia, y salió del arbusto, buscando en los alrededores de la poza, sin lograr verla: tan sólo sus ropas, junto a una de sus toallas, se encontraba en la orilla del agua.
El rubio se paró, con ayuda de su chakra, sobre la superficie del agua, cada vez más nervioso. Afortunadamente, no necesitó llegar más lejos: en ese mismo momento, a un par de metros de distancia, la bella kunoichi emergía de debajo del agua, donde se había sumergido para disfrutar mejor su baño, un placer al que no había podido acceder desde el día de la batalla en Konoha.
Maldiciendo en sus adentros su mala suerte, Naruto mantuvo su postura firme ante la inesperada aparición, que exhibía sin pudor alguno su torso desnudo, saludando a Konan con una sutil reverencia, tratando de disimular su nerviosismo ante la cercanía de ese desnudo y bello cuerpo femenino. Pero no se apartó ni aparentó vergüenza, decidido a dejar atrás el estigma de ser "sólo un niño inocente", como habían sugerido antes tanto Hinata-chan como Kurenai-sensei.
Mientras tanto Konan, sorprendida por la llegada del joven shinobi, tan sólo atinó a salir del agua, parándose sobre la misma, mientras estrujaba su mojado cabello y dejaba que la humedad escurriese por su cuerpo. Aparentemente no le dio mayor importancia al atrevimiento del rubio, sino que sólo le saludó, dedicándole una muy tenue sonrisa, mientras se retiró caminando con paso seguro a la orilla en donde estaban sus ropas.
Naruto, asombrado por la seguridad (y falta de vergüenza con su propio cuerpo) de la mujer, tan sólo pudo seguirla con la vista, mientras ella le ofrecía la espalda, en rumbo a su destino. Recién allí, mientras ella se agachaba para tomar la toalla y secar su delicada figura, reaccionó, diciéndole aceleradamente que había ido a buscarla preocupado al no encontrarla en la carpa y que regresaría al campamento, donde la esperaría para tratar su cuerpo. Dicho lo anterior, Naruto corrió, alejándose de Konan, mientras ella concluía de secarse para luego vestirse, con total calma y lentitud.
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Konan se encontró con su enfermero junto a la fogata, preparando té en una pequeña tetera que tenía arrimada al fuego. Mientras se acercaba al joven, pudo notar como aquel le ofrecía una taza del caliente brebaje, mientras él terminaba de servirse la propia. Agradeciendo la bebida, se sentó frente a él, envolviendo su cabello con la toalla y sirviéndose la humeante bebida, con lentitud. Ante la consulta del rubio, ella le informó que se encontraba en muy buenas condiciones, agradeciendo sus cuidados y su ayuda de la pasada noche. Avergonzado por sus palabras, el rubio le indicó que la mayor parte del merito de su curación era de los ancianos sapos, y que los cuidados que de su parte habían sido administrados había sido sugeridos por ellos. Curiosa, Konan le consultó el motivo por el que parecía no saber nada acerca de curaciones, a lo que Naruto replicó que gracias al chakra del nueve colas presente en su cuerpo siempre se había sanado con extrema rapidez y facilidad, por lo que nunca se vio necesitado de aprender tales habilidades.
Una vez terminado su propio té, Naruto se acercó a la kunoichi, tomado su mano izquierda, mientras ella en la derecha sostenía su propia taza. Con sumo cuidado e indicándole previamente lo que haría, comenzó a transferirle chakra natural, de su propio cuerpo al de ella. Por diez minutos el rubio se mantuvo absolutamente concentrado en dicho proceso, mientras ella permanecía allí, sentada, percibiendo claramente como aquel reconfortante chakra la recorría toda, proporcionando alivio inmediato al dolor residual de sus heridas ya tratadas y renovando sus propias fuerzas, llevándose el cansancio de su cuerpo.
Una vez terminado el procedimiento, aprovechó que los clones recolectores de comida llegaron llevando huevos y unas pocas frutas, las que se dispuso a preparar para ofrecerlas a su visitante.
Mientras él comía una fruta y los clones se posicionaban en la periferia haciendo guardia, Naruto se dispuso a interrogar a la kunoichi, que comía con apetito evidente lo que le fue servido:
- No pensé que volvería a verla, Konan-san, y mi sorpresa fue mayúscula al verle llegar en tal estado.
- Comprendo, pero sucedieron ciertos acontecimiento que me impulsaron a tratar de encontrarte, Uzumaki-san.
- Dígame sólo Naruto, señora.
- ¿Tan vieja me veo?
- O, no, es sólo que siendo mayor que yo y una dama, consideré que debía tratarle con cierto respeto.
- Pero ambos somos discípulos de Jiraiya-sensei, los modales no hacían parte de sus enseñanzas, ¿no es cierto?
- (riendo, Naruto responde) Si, es verdad… Entonces…
- Tú me dirás Konan, a secas, y yo te trataré de Naruto.
- Claro, Konan-chan
- Ahora te pasaste para el otro extremo, ¿qué edad piensas que tengo?
- ¿Veinticinco?
- Supongo que mi cuerpo se mantiene más firme de lo que correspondería por mis años. Paso ya de los treinta, Naruto.
Impresionado por la revelación, el joven no puede evitar concordar con ella en su mente: ciertamente el rostro de la kunoichi, aunque siempre mostró un aspecto serio, se veía lozano, y luego de ver su cuerpo desnudo en el agua, resultaba claro que esa figura femenina y ligeramente tonificada no tenía nada que envidiarle a cualquier jovencita. Mientras asiente con la cabeza, el rubio le dice:
- Bien, será Konan a secas, entonces. En todo caso, los discípulos de Ero-sennin somos como una gran familia, ¿verdad?
- Supongo, si lo quieres ver de esa manera.
Naruto decide que es necesario que primero le explique el porqué de sus heridas, siendo que se separó de ella hace menos de una semana y no lucía tan lastimada. Le causa curiosidad saber qué ser tan poderoso podría haberla dejado en ese estado.
Pero su curiosidad se vuelve asombro cuando la bella kunoichi le cuenta acerca de su enfrentamiento con el enmascarado. Sin más, él le exige que se explaye con lujo de detalles sobre lo acontecido en esa pelea, a lo que la mujer accede.
El relato es largo, y en ciertos pasajes, incluso escalofriante. Al finalizar, los sentimientos que embargan al rubio respecto de lo que ha oído son diversos: por un lado, no puede dejar de sentir admiración por la fuerza y técnicas que le ha relatado la peliazul (comparándolas con las que su propio padre le mostró en su visión de su pelea con Madara); por el otro, la habilidad del enmascarado lo descoloca, ya que ciertamente se muestra muchísimo más fuerte e invulnerable de lo que se imaginó con lo que sabía de él, y la información sobre su técnica final derechamente lo desconcierta. No puede evitar pensar: ¿cómo se vence a alguien que puede cambiar los hechos a su antojo? Al menos, la información proporcionada por Konan le demuestra que esa técnica no es de uso infinito, sino más bien un último recurso que, ocupado una vez (o dos, si es que tuviese dos ojos sharingan al momento de enfrentarlo, como parece ser) no se puede volver a recurrir a ello.
O sea que, si logra superar ese obstáculo, Madara definitivamente caerá. Ahora sólo debe pensar como rayos lograrlo sin morir en el intento.
Mientras digiere la información, decide salir de ciertas dudas que tiene respecto a la peliazul:
- ¿No sabes porqué motivo Tobi se tomó la molestia de buscarte? Eso para mi no tiene sentido, ya que parece ser del tipo que evita las confrontaciones, y en tu caso insistió demasiado con eso de querer matarte.
- Si, lo sé. Madara fue en busca de los ojos de Nagato, parece que quería usarlos de alguna manera.
- ¡El Rinnegan! ¿acaso está ahora en su poder?
Naruto recuerda el anterior ofrecimiento que le hizo Pain respecto a tener sus ojos. En los días pasados, después de ver como los usaba para revivir a los caídos en la batalla de Konoha y lo sucedido con Hinata, no había dejado de soñar en que podría tener la oportunidad de encontrarse nuevamente con Konan en el algún momento de su búsqueda, y así obtener de ella lo que rechazó aquella vez. Sin embargo, tanto sus sueños como sus temores mueren con la siguiente revelación de la peliazul:
- No, y no lo estarán nunca: esos ojos ya no existen. Nagato me pidió que los destruyera luego de su muerte, lo que hice momentos después de que nos separamos, después de nuestra pelea en Konoha, Naruto.
- (con desazón, el rubio responde) Si, supongo que es lo mejor…
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- ¿Pero cómo fue que lograste engañarlo para que no te encontrara luego de que ese Izanagi lo volvió a la vida?
- Fue fácil, tan sólo hice aparecer un clon mío de papel y el muy infeliz lo atacó creyendo que era yo. Una vez delató su posición, fue fácil escapar de allí.
- Pero se supone que tiene el sharingan, y esos ojos no pueden ser engañados por bunshin con sustancia; tan sólo los kage bunshin pueden engañarlos, y eso es porque comparten el mismo exacto chakra que el original.
- Si, pero mis clones de papel no son como los de chakra de elementos: el papel que ocupo para formarlos es creado con mi propia sustancia, la que transmuto con ayuda de mi chakra y un sello especial que pude crear hace ya mucho tiempo. A la vista de cualquier dojutsu, mis clones son imposibles de distinguir de mi yo real.
- Pero aunque así fuera, esos ojos deberían haber sido capaces de seguir tu huella, debería haber visto el reemplazo de tu persona por ese clon.
- Tal vez, pero mi técnica de tele-transportación separa mi cuerpo físico en incontables hojas. Con esa habilidad, me resulta fácil engañar a mis oponentes reemplazando en pleno vuelo esas hojas con otras inertes, como las que uso en mis jutsus de papel y que siempre llevo adheridas en número suficiente a mi propio cuerpo, y ya tengo perfectamente dominado el truco de alterar el color de mis hojas corporales para desaparecer en el medio que me rodea, como un camuflaje visual. Hasta ahora nadie se ha percatado del cambio.
- Como un mago en un truco de cartas.
- Si quieres verlo de esa manera.
- ¡Guau, eso es asombroso! Eres increíble.
- (ligeramente sonrojada por el elogio, la kunoichi continúa) Sin embargo, todo eso fue insuficiente para vencer a Madara. Y lo que es peor, él sabe que estoy viva y probablemente tratará de darme caza por la información que llevo conmigo.
- Por eso me buscabas, para que pudiera apoyarte en tu pelea contra él.
- No, Naruto, no tengo tanto apego a la vida. Tan sólo busco que el propósito de mis amigos se cumpla, y tú eres el único que queda que puede lograrlo. Resultaba evidente que necesitarías la información que llevo; Madara es un rival demasiado peligroso para enfrentarlo sin la ventaja que te ofrezco.
- Gracias, Konan.
La conversación se extiende por casi una hora, mientras el rubio inquiere detalles útiles sobre la organización Akatsuki, sus restantes miembros y sus habilidades y flaquezas, su base y puntos fuertes y sus posibles planes de acción, ahora que no cuentan con Pain y su enorme poder. Cuando terminan sobre esos puntos, Naruto le consulta sobre los últimos eventos del grupo, principalmente sobre los progresos que han hecho en la captura de los biju; finalmente se entera que Sasuke no ha capturado ni dado muerte al jinchuriki del Hachibi (lo que ahora supone es la causa de su persecución por parte de la gente de Kumo) y que realmente no forma parte del grupo, lo que le da algo de tranquilidad:
- Entonces, en este momento sólo les faltan dos bestias con cola, el ocho colas y el que yo tengo dentro, ¿verdad?
- Así es, Naruto.
- Pero ahora que Pain ha muerto supongo que el plan de usarlos como armas ya no corre.
- Seguramente, pero dudo que ese fuese el propósito original de Madara.
- Pero según lo que me dijiste, las bestias capturadas están atrapadas en esa estatua…
- El Gedo Mazo.
- Si, y sin Nagato no pueden usarla.
- No lo creo, es más, de seguro Madara ya encontró la forma de invocarla.
Ante la duda del rubio, Konan le cuenta que se enteró, mientras lo buscaba, de un ataque que habría destruido la aldea de Amegakure no Sato. Sin ser capaz de ocultar su dolor por lo sucedido, le dice que según las noticias que pudo recoger el ataque, realizado en la noche del mismo día de su pelea en el lago, fue llevado a cabo por un monstruo humanoide gigante y su invocador, un enmascarado que se hacía llamar Madara:
- ¿Y piensas que ese monstruo era… ?
- El Gedo Mazo, no tengo ninguna duda de aquello. No con la forma en que fue descrita.
- Bien, al menos eso me deja una posibilidad de liberar a las bestias con cola.
- ¿Eso es lo que pretendes, Naruto? ¿Acaso no piensas que con el poder de cada una de ellas la destrucción que causarán en las Naciones Ninja será inconmensurable?
- No creo. En este último tiempo he aprendido a conocerlas, y estoy seguro que una vez que logre liberarlas no serán una amenaza para nadie.
- Espero que tengas razón, pero si Nagato confiaba en ti hasta el punto de entregar su vida para ayudarte supongo que sus razones serían poderosas; probablemente vio algo que yo misma no soy capaz de percibir.
Incómodo por la aseveración de la mujer, Naruto continúa:
- ¿Y como es que puedes tele-transportarte a distancias tan grandes? Hasta ahora el único que conocía con tal habilidad era Tobi con esa técnica de su ojo sharingan…
- Si, el kamui. En mi caso, si bien también es una técnica espacio-temporal, tiene dos importantes limitaciones: sólo puedo transportarme a mi misma y sólo puedo ir a donde se encuentre una parte de mi cuerpo.
- ¿Cómo es eso?
- ¿Recuerdas la mariposa que te encontró anoche?
- Si, claro, se disolvió apenas la toqué.
- Esa mariposa, así como todas las que cree para buscarte, las hice con papel que forma parte de mi cuerpo real.
- ¿Una parte de tu cuerpo, pero entonces tú… ?
- No te preocupes, normalmente para esos usos recurro al papel que forma mi cabello o, en el peor de los casos, mi piel, o sea partes que puedo reponer como parte del proceso natural de recuperación del cuerpo. Así fue como logré escapar de Madara.
- ¿Cómo?
- Cuando atacamos Konoha, tuve el cuidado de dejar una de mis figuras de papel en un bosque cercano a tu aldea, por si necesitaba una vía de escape. Esa parte nunca la recuperé, y pude recurrir a ella para huir del enmascarado cuando me di cuenta de que no podría vencerlo.
- Pero si necesitas una parte de tu cuerpo como guía para moverte de un punto a otro, ¿como lo haces en distancias más cortas?
- Tan sólo lanzo una hoja a alta velocidad al punto al que quiero ir, y cuando esta llega a su posición, muevo el resto de mi cuerpo donde se encuentra ella. Normalmente cuando peleo suelto muchas hojas de papel de mi cuerpo, y mis rivales tiendes a ignorar las hojas individuales que se van desprendiendo. Y eso, sin considerar lo fácil que me resulta ocultarlas.
- Eres impresionante, Konan.
- Eso ya lo dijiste, pero no creas que es tan fácil. Cuando me muevo así me encuentro sumamente vulnerable, además la técnica requiere una concentración extrema para evitar que, al momento de volver a fusionar mi cuerpo, atraiga hacia mi aquellas hojas que haya repartido previamente para usarlas como puntos de escape. Además, aquellas hojas que separo de mi cuerpo pierden su chakra en un máximo de una semana, por lo que no puedo establecer vías de escape permanentes.
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- Por lo visto, mi maestro hizo un muy buen trabajo enseñándote ninjutsu (a diferencia del tiempo que pasó conmigo, en que la mayoría del tiempo fue dormir, apostar, beber y huir de las chicas que acosaba).
- No te sientas mal Naruto, en realidad la mayor parte de mis técnicas fueron ideas mías.
- ¿En serio?
- Sí, si cuando decidió quedarse con nosotros para cuidarnos y enseñarnos a defendernos, no tuvo problemas con Yahiko y Nagato, mis compañeros, pero durante mucho tiempo no supo qué hacer conmigo.
- ¿Cómo es eso?
- Yahiko-kun tenía una gran capacidad física, facilidad para el kenjutsu y un buen control de chakra, con cantidad suficiente para aprender jutsus de nivel A y S. Nagato-kun, además de su dominio del rinnegan, siempre tuvo una velocidad y resistencias especiales para el taijutsu, además de que se le daban muy bien los jutsus de elemento viento. En cambio, en mi caso, no poseía ninguna de las aptitudes de mis compañeros.
- ¿Y entonces, cómo lo hizo?
- Un día me vio jugando con shuriken de papel, los que lanzaba contra mis compañeros. Al verme, recordó mi habilidad con el origami, y supuso que podía enseñarme a imbuir mis creaciones de papel con chakra, Su idea fue, en ese momento, convertirme en una experta en armas (armas de papel, pero armas a fin de cuentas).
- Igual que una compañera que tengo en la aldea.
- La técnica era simple, a sensei le resultaba sin problemas e incluso era capaz de hacer su propio cabello impenetrable y duro como el acero, pero en mi caso no conseguía reunir chakra suficiente con la rapidez necesaria para un combate, hasta que finalmente se le ocurrió que podía recurrir al fuinjutsu para suplir esa falencia.
- ¿Sabes fuinjutsu, Konan?
- Si, Jiraiya-sensei me enseño, y debo reconocer que era bastante buen maestro en eso. Me mostró los principios del fuinjutsu, el como dibujar e interpretar los sellos necesarios y como imbuir mi chakra en ellos. Gracias a todo eso, podía preparar mis armas de papel de antemano, sellando mi chakra en ellas para luego simplemente liberarlo al momento en que quisiera usarlas. Fue con esas habilidades que logré la técnica para sellar una parte de la fuerza y espíritu de sensei y mis compañeros, la que usé contra Madara. Con el tiempo, fui capaz de llevar mis habilidades más allá, perfeccionando mis creaciones de papel y finalmente, con un sello de mi invención, poder transmutar todo mi cuerpo en papel.
- (emocionado, el rubio le consulta) Hace casi un año, tuve con mi equipo una misión donde tuvimos que enfrentar a unos Akatsuki para rescatar a Gaara de la Arena…
- Lo recuerdo, Naruto, cuando colectamos al Ichibi dentro del Gedo Mazo.
- Si, esa vez contamos con la ayuda de otro equipo, amigos míos, el que tuvo que pelear con unas copias que salieron de unos sellos que protegían la entrada a la guarida que usaban esa vez; ¿acaso ese sello fue obra tuya?
- En parte. La trampa de los clones espejo tenía la finalidad de matar o agotar a quienes tratasen de forzar la entrada mientras realizábamos la extracción del biju del cuerpo de su portador. Pero mi contribución sólo fueron los sellos para construir la trampa y la barrera de la entrada, el chakra para dar forma a los clones de masa fue proporcionado por Nagato, quien por su rinnegan podía controlar cualquiera de las cinco formas elementales del chakra.
- Pero el sello de la puerta de entrada no funcionó…
- Claro, detectó tu presencia (más bien la de tu biju) y se bloqueó la liberación del clon. No podíamos permitir que una simple trampa pudiese terminar matando a uno de nuestros objetivos y, de paso, imposibilitarnos el completar nuestro objetivo.
- Hubo otra trampa, previa a esa, en que nos enfrentamos a copias de Itachi y Kizame, que eran idénticos en todo aspecto a los reales, hechos con cuerpos de seres humanos, ¿acaso eso también… ?
- No, ese tipo de trabajo es obra de Zetsu. A pesar de las muchas muertes que causé mientras integré Akatsuki, nunca habría torturado personas vivas con técnicas semejantes.
- (recordó el Odama Rasengan con que había acabado con la copia del Uchiha) Así que esas personas estaban vivas, y yo…
- Si, pero la técnica es imposible de liberar una vez iniciada. No tenían ninguna esperanza de liberarse de ella más que la muerte.
Naruto piensa un momento en las cosas que Konan le ha contado, no cree poder contener la emoción por su buena suerte.
Mientras la kunoichi mira extrañada al rubio, ve como éste se para sin decir nada y corre en dirección a la tienda, mientras le grita que le espere allí, sentada. Cuando vuelve, trae en sus manos un par de gruesos pergaminos, uno de los que va abriendo en el camino (el más pequeño), para luego sentarse a la carrera a su lado, exhibiéndoselo. Mientras ella lee, puede notar la mirada ansiosa de su acompañante.
Cuando termina de leer la plana que le ha mostrado el rubio, él pregunta: "lo entiendes, ¿verdad?". Ella responde afirmativamente. Naruto pregunta nuevamente: "¿esto es fuinjutsu, cierto?". Ella responde: "sí, así es". El joven, cada vez más emocionado, le dice: "¿puedes enseñarme fuinjutsu? ¿puedes ayudarme a lograr ésta técnica?" Konan, sonriéndole, le responde: "claro, si quieres".
Naruto la abraza, para luego pararse y dar un salto de júbilo.
Finalmente ha conseguido un maestro (o, en este caso, maestra) que puede ayudarle a lograr el Hiraishin no Jutsu, la técnica de su padre, el Relámpago Amarillo de Konoha.
Mientras la peliazul se enfrasca en la lectura de los pergaminos de fuinjutsu y las técnicas del Cuarto, Naruto se toma un tiempo para tranquilizarse.
Para aprovechar el tiempo decide llamar a sus mensajeros sapos, los hermanos Dokugama. Cuando llegan, con el papel suministrado por ellos, escribe varias cartillas con la información que le ha proporcionado Konan respecto a Akatsuki y el enmascarado, considerando que sus aliados en Konoha podrían hacer muy buen uso de información de tal calidad. Cuando termina (y con su mano adolorida de tanto escribir), les ordena a los sapos que lleven dicha información (que ocupa cuatro contenedores para correspondencia de los sapos) con Kakashi-sensei, en Konoha. Mientras corre a buscar el dinero para pagar el envío, ve como Konan se para del lugar en que leía para acercarse a donde se encuentra él.
Una vez despachados los mensajeros, Konan le avisa que ya ha terminado de leer la información relativa a la técnica del Dios del Trueno, y que necesitarán un espacio más despejado donde hacer sus prácticas. Dándole a entender que comprende sus instrucciones, decide relevar a los dos clones que estaban de punto fijo en el campamento, creando a la vez otros cuatro, de los que manda: dos a buscar comida para el almuerzo; uno a que permanezca cuidando el campamento; el último a que se adelante y busque un lugar que les sirva de campamento de avanzada, que no esté a más de tres horas de camino, para poder moverse a ese lugar a pasar la noche (poniéndose en contacto con los clones que rastrean los alrededores de ser necesario).
Con todo arreglado, se reúne con su nueva maestra, encaminándose ambos a un claro más apartado.
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Mientras caminan, Konan no puede evitar consultar acerca de su capa con nubes, la que traía cuando llegó a aquél lugar. Naruto, algo incómodo, le dice que la ha quemado para evitar que alguien descubra su presencia si llegan a aparecerse en los alrededores. Sin convencerse por tan mala justificación, ella decide no insistir en el asunto, considerando que probablemente eso ya no tiene remedio.
Cuando llegaron al lugar elegido por el rubio para la lección, Konan le hizo sentarse en el verde pasto, mientras ella permanecía de pie, a un par de metros de distancia, frente a él:
- Primero que nada, mientras estemos en estas lecciones me tratarás de "sensei". Pretendo que lo que hagamos sea lo más provechoso y eficiente posible, y estimo que es necesario marcar una adecuada distancia entre maestro y alumno, ¿está claro?
- ¡Perfectamente claro, sensei!
- Bien, ahora quiero saber qué es lo que recuerdas sobre jutsus y sellos de manos.
Naruto se concentró en sus recuerdos, rememorando aquella horrible tarde en que, mientras viajaba con Ero-sennin, su maestro se había molestado con él por no recordar algo tan simple como la razón por la cual se utilizaban sellos de manos para realizar los diferentes tipos de jutsus, razón por la cual lo había hecho sentarse en lo alto de una roca, a la intemperie, en medio de una muy tupida lluvia, con el agua calándole los huesos, mientras aquél lo observaba de pie, con una burlesca sonrisa y protegido por un amplio paraguas de papel, mientras le escuchaba repetir cien veces lo que ahora estaba a punto de decir:
"Para realizar cualquier tipo de jutsu se requiere poder tomar el chakra que se almacena en el propio cuerpo y concentrarlo, de manera tal que resulte aprovechable por su usuario. Pero la acción de reunir el chakra, por si sola, resulta insuficiente para realizar con éxito cualquier jutsu, desde el más simple hasta el más complejo. Para poder aprovechar todas las capacidades del chakra este debe poder ser moldeado al gusto de su usuario, por medio de procesos complejos y sucesivos que permitan llegar a la forma final del mismo, proceso por el cual dicho chakra se exterioriza con una forma o en un elemento determinados.
Ahora bien, mientras más poderoso sea un jutsu o mayor transformación requiera el chakra a usar en el mismo, los pasos que se deben usar en el cuerpo para darle su forma definitiva son más complejos.
Por lo mismos, los primeros shinobis desarrollaron los sellos de manos para facilitar esa tarea.
Cada sello evoca una forma determinada o cualidad precisa del chakra, por lo que la ejecución correcta y sucesiva de cada uno de ellos permitirá al usuario poder completar incluso el jutsu más complejo, sin necesidad de saber moldear el chakra sin recurrir a ellos.
Todo jutsu que requiera el uso de un sello de manos no depende del tiempo en que se conserve dicho sello, pero si requiere que el sello o algún equivalente se encuentre presente para su correcta terminación.
Todo jutsu que implique el uso de algún elemento o manifestación del chakra (viento, tierra, fuego, agua, rayo, luz y sombra) requiere que dicho jutsu culmine con el sello de manos de dicho elemento.
Todo jutsu que requiera un número dado de sellos puede ser ejecutado con mayor rapidez y facilidad con la suficiente experiencia, ya sea: aumentando la velocidad en que se realizan los sellos; aprendiendo a hacer los sellos de dos manos sólo con una; o aprendiendo a transformar el chakra sin recurrir al sello de manos determinado para obtener dicha transformación."
"Eso ha sido impresionante, alumno." Aquello fue lo único que pudo decir su maestra ante el discurso coherente y ordenado del joven. "Realmente no esperaba tal grado de exactitud. Seguramente fuiste de los mejores estudiantes durante tu formación ninja".
Herido como ella no tenía idea por el inmerecido elogio de su sensei, Naruto sólo atinó a preguntar:
- ¿Y qué tiene que ver todo eso con aprender fuinjutsu?
- De inmediato resolveré tus dudas, pero dime primero, ¿entiendes claramente lo que acabas de decir?
- Si, supongo. El chakra, tal como está en el cuerpo no puede ser utilizado, y los sellos ayudan a darle una forma que lo vuelve útil.
- Así es, alumno.
- Pero la última parte de las bases del estudio de sellos me confunden, eso respecto a los sellos a una mano y a no necesitar sellos.
- Bien, es básicamente lo mismo: aquellos que pueden realizar sellos con una mano dominan en forma mínima la capacidad de moldear el chakra en sus cuerpos, por lo que esos sellos incompletos son suficientes para completar los pasos necesarios para completar un jutsu. Con mayor nivel de habilidad en al transformación del chakra interno, un ninja puede ser capaz de ir transmutando el chakra de la misma manera en que se haría con sellos de manos, pero de forma mental (y, por lo mismo, a mucha mayor velocidad). De allí que puedes ver a los shinobis con los niveles más altos de habilidad y experiencia realizando jutsus de alto nivel con pocos o ningún sello de manos, jutsus que incluso a guerreros experimentados les requieren diez o más sellos.
- Pero hay veces que incluso ninjas de muy alto nivel usan sellos de manos en sus jutsus, lo he visto personalmente.
- Si la situación te sobre exige o quieres asegurarte de realizar un jutsu muy complejo o demandante sin errores, hasta el ninja más hábil puede ir a la segura y recurrir a sellos de manos, aunque normalmente no requiera de ellos.
- Creo comprender eso, ¿y que hay de los sellos escritos del fuinjutsu?
- Que cumplen la misma función que los sellos de manos.
Al ver que con sus últimas palabras había captado toda la atención del joven rubio, Konan continuó su explicación:
- El fuinjutsu fue concebido, en sus orígenes, como una alternativa a los sellos de manos. De la misma forma que con los dedos, los trazos en el papel indican al chakra puesto sobre ellos la forma en que debe transmutarse y operar.
- Y si son tan útiles, porqué se estudian tan poco.
- Tienes que comprender que los sellos de manos tiene la gran ventaja de no requerir material especial para ser ejecutados, así como estar disponibles en el mismo momento en que son ejecutados.
- Entonces el fuinjutsu no tendría razón de ser.
- Tal vez, pero piensa en qué situaciones se usa más habitualmente…
Naruto se tomo unos instantes para hacer memoria y hallar la solución a la pregunta de su maestra, luego dijo:
- Invocaciones y prisiones o barreras.
- Bien, ahora trata de imaginar por qué podría ser eso.
- Es fácil, son situaciones en que normalmente se requiere mucha gente (como las barreras) o que el jutsu este disponible de inmediato y con facilidad (como el invocar armas o animales).
- Casi, pero es más bien poder ejecutar jutsus muy complejos (hablamos perfectamente de veinte o treinta sellos si se hiciesen con las manos) o que puedan ser utilizados por terceros diferentes al creador del sello (como con las invocaciones).
- Entonces, los sellos escritos facilitan esas cosas.
- Así es, alumno.
- Pero entonces porqué tan poca gente los práctica.
- Es más difícil escribir un sello que hacerlo con las manos; el riesgo si te equivocas en un sello escrito versus un error con sellos de manos es mucho mayor en el caso del primero (si te equivocas con las manos, en el noventa y nueve por ciento de los casos no pasará absolutamente nada; si te equivocas con un sello dibujado puedes terminar incinerando aquello que sólo querías guardar); y el fuinjutsu siempre requiere de dos pasos: el escribir el sello y el utilizarlo.
- Pero si es así…
- Mejor te muestro las ventajas del fuinjutsu.
Konan tomo un lápiz que Naruto llevaba consigo, y escribió un pequeño kanji de "fuego" en un papel. Luego, dejó ese papel en el suelo, a unos diez pasos de distancia. Le dijo luego a su alumno: "fijate bien".
La peliazul concentro su chakra y realizó tres sellos, para después crear una pequeña llamarada de su boca. Luego, con similar cantidad de chakra, se concentró en el papel escrito y dijo: "¡Kai!". Del papel escrito surgió una poderosa bola de fuego que se alzó por casi cinco metros antes de desaparecer.
- Primera ventaja del fuinjutsu: no requieres compatibilidad con un elemento para conseguir ejecutar jutsus de dicho elemento.
Después, volvió a escribir en otro papel, concentrando su chakra en el proceso, el kanji "hielo". Repetida la acción, estacas sólidas de hielo se manifestaron con rapidez desde el suelo, sólidas y mortales, de casi un metro de alto.
- Segunda ventaja del fuinjutsu: puedes recurrir a formas complejas del chakra sin necesidad de tener un kekkei genkai.
Por último, tomo cuatro papeles y les escribió, sucesivamente, la palabra "prisión", numerándolos del uno al cuatro. Una vez listos, los situó cada uno a un metro alrededor del rubio, quien miraba la demostración cada vez más entusiasmado. Una vez en posición, con sólo dos sellos de manos conjuró una barrera alrededor de su alumno. Cuando estuvo levantada, le dijo: "trata de atravesarla". Naruto se levantó y trató de forzarla con su fuerza física, pero le fue imposible. No queriendo quedar en ridículo ante su maestra, recurrió a un rasengan, pero el golpe rebotó como si nada. Preocupada por que su tonto estudiante tratara de hacer algo más drástico para cumplir son su solicitud, ella simplemente se acercó al papel mas cercano y lo piso, deformándolo lo suficiente para hacer colapsar la barrera.
Cuando su alumno se relajó lo suficiente tras la experiencia, le dijo:
- Una barrera como esa tan sólo habría durado un par de minutos más, pero creo que ha dejado claro mi punto: con fuinjutsu puedes llevar a cabo técnicas de alto nivel de complejidad y energía, con un gasto menor de chakra y sin necesitar elementos especialmente hábiles para ello.
- Si, me quedó perfectamente claro, sensei.
- Pero te advierto, el fuinjutsu no es infalible. Como lo viste, su primera y más importante debilidad es que depende de la integridad constante del sello utilizado. Rompe los sellos y romperás el jutsu (aunque siempre puedes, si cuentas con la habilidad, dotar a los sellos de mayor resistencia o algún tipo de protección adicional).
- Eso explica la fama del Clan Uzumaki y lo poderosos que pudieron llegar a ser sólo con fuinjutsu.
- Si, y si has leído el pergamino que tienes de ese famoso clan ninja seguro que puedes hacerte una idea de las posibilidades.
La lección continuó con su maestra mostrándole como escribir los sellos más básicos con chakra y su activación rápida. Ver su primera bola de fuego realizada con un sello de papel fue verdaderamente realizador para el joven estudiante.
La clase avanzó con gran rapidez, con un alumno realmente dedicado y una maestra contenta de contemplar el rápido progreso del jinchuriki del Kyubi.
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Después de mucha escritura, control de chakra y estallidos de los primeros sellos explosivos creados por el rubio, la maestra pasó a revisar con su alumno el porqué de los sellos en la técnica del Dios del Trueno:
- Bien, alumno, supongo que después de tanto ensayo y muestras podrás decirme porqué se requiere fuinjutsu para ejecutar el jutsu del cuarto Hokage.
- Si, sensei. Esto… no es que sea estrictamente necesario saber fuinjutsu para poder completar la técnica del Dios del Trueno, si no que al ser tan compleja en su realización, es muy probable que en la mayoría de los casos no se complete correctamente, si sólo se hiciera con sellos de manos.
- Y como hemos estado revisando, un error en los sellos más importantes de la técnica podría terminar enviándote a cientos de kilómetros de tu punto de destino original. A ver, ¿y cual es la función del sello usado por Yondaime Hokage?
- Si entendí correctamente sus notas, el reducir el número de sellos usados en la técnica, además de proporcionar un punto de destino único para el desplazamiento.
- No desplazamiento, transposición. Necesito que tengas bien clara la diferencia entre ambos conceptos: si el jutsu fuera una técnica de desplazamiento (esto es, que sólo te hiciera ir más veloz) podría ser interrumpida por cualquier obstáculo físico o barrera. Pero es una técnica espacio-temporal, que lo que hace es sacar tu cuerpo del plano físico y colocarte en un punto diferente del espacio al instante; y en este último caso el riesgo no es que choques con algo mientras tu cuerpo cambia de un punto a otro, sino que aparezcas en tu destino en el mismo momento en que algo o alguien ocupe el espacio que necesitas para aparecer (lo que, supongo, haría que te fusionases con esa materia, matándote al instante).
Mientras el rubio repetía la advertencia de su maestra una y otra vez en su cabeza, ella le solicitó algún arma para realizar el primer sello necesario para poder practicar definitivamente el jutsu. Consultado, el rubio le ofreció uno de sus kunai normales (los comprados con el armero sapo), pero la peliazul los rechazó, señalando que el mango era demasiado corto para escribir los sellos necesarios en él. Complicado por ese obstáculo no previsto, probó con su kunai de acero blanco.
Konan lo revisó, percatándose que era un veinte por ciento más largo que los kunai normales: no mucho, pero posiblemente ese poco de espacio extra debería poder permitir escribir el sello necesario.
Naruto vio como su maestra escribía en un papel la combinación de símbolos necesarios para poder llevar a cabo el sello requerido: seis dibujos diferentes, en posición vertical, cada uno representando cuatro variaciones diferentes del chakra, excepto el de más arriba (que le explicó que era el ancla para señalar ese pergamino como punto de destino) y el último de abajo (que era una combinación extraña que sintetizaba su identidad, para evitar que cualquiera pudiese usar el sello para replicar la técnica o encontrar el origen de la misma).
La peliazul tomó luego un papel de su cuerpo, del tamaño del mango del kunai de acero blanco, el que lo transmutó en un duro papel amarillento. Dándole el papel a Naruto le indicó que escribiera los cinco primeros sellos, de arriba a abajo, mientras emitía su propio chakra hacia su escritura, pero dejando el espacio necesario para el último sello.
Finalizada la delicada operación, mientras su maestra le mostraba su aprobación por el resultado de la misma, le indicó que escribiera el último sello, pero sin imbuir chakra alguno en el dibujo. Terminado, le indicó que concentrar su chakra, sin presencia de ningún otro chakra extraño, en la punta de su índice derecho. Cuando este brilló por la energía concentrada, le hizo colocarlo sobre el último símbolo dibujado, mientras trataba de activarlo como lo hacía con los sellos que practicaron antes.
Al hacerlo, Naruto pudo ver como ese último sello se transformaba, adoptando una forma antes inexistente y única, mientras trazas de tinta, como dibujos de adorno, se extendían a lo largo del papel, paralelos a los otros sellos. Con cuidado, su sensei tomó el sello resultante, mientras Naruto desanudaba la cinta azul que llevaba amarrado el kunai blanco. Cuando estuvo listo, Konan le indicó que pusiera el sello justo sobre el mango.
Al momento en que Naruto hizo lo indicado por su maestra, el papel del selló se sujeto automáticamente alrededor del mango, adhiriéndose al mismo. Sensei, satisfecha, le dijo: "bien hecho, ya está listo". Naruto se tomó unos momentos para ver el resultado de su trabajo: su primer sello de transposición, el requisito necesario para poder, finalmente, llevar a cabo el jutsu de su padre.
Ya eran casi las dos de la tarde, así que Konan-sensei decidió parar en ese momento la lección, a fin de que pudiesen regresar al campamento para alimentarse y realizar su tratamiento de chakra natural.
Mientras caminaban de regreso el rubio jounin se entretuvo volviendo a enrollar la cinta azul al mango del kunai de acero blanco, mientras no paraba de agradecerle a Konan por su ayuda y le indicaba lo rápido que pretendía aprender a realizar el jutsu.
Ella, mientras le escuchaba, le recordaba que si bien el sello era una gran ayuda, debía aspirar a que, en el futuro, pudiera lograr hacer ese jutsu sin recurrir a sello alguno, ni escrito ni de manos.
Naruto sólo le replicó que así lo haría, mientras le comentaba la necesidad de facilitarle ropa diferente a la que usaba (que se encontraba ya toda raída y avejentada).
La llegada al campamento fue sin sorpresas de ninguna clase, donde se veía ya a dos dedicados clones cocinar en una pequeña olla al fuego (que la siempre ocurrente Shima-obaachan había incluído entre sus cosas, al igual que la tetera del té) la comida que habían conseguido con sus muchos esfuerzos: dos conejos, unas cuantas papas (patatas) y más fruta.
Después del tratamiento de chakra natural, con la comida ya terminada, se sentaron junto al fuego. La mirada codiciosa de los clones cocineros, como si ambicionaran una probada de ese abundante almuerzo acabó con la poca paciencia del rubio, el que los des-invocó sin contemplaciones.
Mientras contemplaba comer a la peliazul, no pudo evitar recordar lo que él le había dicho acerca de que los discípulos de Jiraiya eran una especie de gran familia. Mientras le sonreía a la peliazul (que lo miraba dudosa de su actitud, mientras mascaba un pedazo de carne) no pudo evitar imaginarse alborotados alrededor de ellos, como si fuesen fantasmas, a todo el grupo reunido: Jiraiya-sensei, Nagato, Yahiko, Minato, Konan y él mismo, todos riendo y disputándose la comida, felices y juntos como nunca pudieron estar en vida, y en medio de todos esos varones, una única flor embelleciendo todo ese inexistente jolgorio.
