Sí, lo sé. Yo también me recrimino mi irresponsabilidad, y como soy patética dando excusas, lo resolveré como lo hacemos los auténticos manipuladores: sobornando.
Les traigo este capi y esta vez les digo la verdad cuando afirmo que el episodio catorce ya está listo y a la espera de ser publicado. Lo haré después de recibir los primeros cinco reviews.
Bueno, lean este capi e intenten no odiarme.
En puntillas
Décimo tercer capítulo
Un final inexorable
-¿Y qué fueron hacer allá?
"Fuimos a casarnos", contestó Sakura en su mente, sin atreverse a exteriorizar esa verdad que la atormentaba. "Tres, dos, uno…", contó mientras se preparaba para abrir la Caja de Pandora.
-Nosotros… bueno, esto… -trató de respirar con calma, pero no lo logró- fuimos…
Y bendito sean los mirones; llámense: fans acosadores e indiscretos.
-Hola –dijo una chica esbelta y de piel morena. El cantante separó el rostro de Sakura para mirar a la recién llegada- ¡Sasuke Uchiha! ¿Quién iba a decir que iba a encontrarte justo aquí?
A la bailarina le extrañó la familiaridad con la que la supuesta fanática tuteaba a Sasuke.
-¿Karui? –replicó el mencionado con evidente desconcierto- ¿Qué…?
-Vine a un torneo –responde de buenas a primeras- Traté de contactar a tu agente, pero Kakashi si que se vende caro. Según me dijo su asistente, está de vacaciones en Hawai. –Beneficio exclusivo que da ser manager de Sasuke Uchiha- Por eso creí que me iría sin verte.
-¿Quién es ella? –quiso saber la bailarina mientras inspeccionaba a la joven con una mirada algo despectiva.
-Soy Karui –se presentó la chica, tendiéndole la mano- una vieja amiga de Sasuke.
El muchacho se puso pálido. La situación era, por la medida chiquita, incómoda.
-Fuimos juntos a la universidad –adicionó él al percatarse de la actitud parca de Sakura.
-¿A la universidad? –dejó caer, cortante. Ambos asintieron- Pues no tiene pinta de administradora –comentó, más para sí.
-Eso es porque no los soy –replicó Karui con donaire al tiempo que se sacudía el cabello con la mano que Sakura resolvió no tomar- soy abogada. Una excelente si me permiten alardear.
-Ella es mi novia –dijo el chico, señalando a la bailarina, sin que hiciera falta; puesto que eran los únicos en la mesa- Sakura Haruno.
-Mucho gusto –sonrió ella, regodeándose ante el cambio en las facciones de Karui. Esta última le dio un apretón de mano y acto seguido se dirigió a Sasuke con una mueca indecentemente sexi:
-No sabía que ahora te dedicaras a la monogamia –Sasuke pareció ponerse como un tomate- ¡Lástima! –comentó, alzándose de hombros- aunque siempre puedes llamarme; una vez que se te pase este arrebato pueril, claro.
Sakura la asaetó con la mirada mientras la chica se despedía, divertida, devolviéndoles la privacidad.
Por un minuto, ninguno de los dos se atrevió a hablar. Sasuke estaba algo avergonzado por la monserga indecorosa de Karui. La conocía bastante bien y sabía que no era de las que tenían pelos en la lengua para decir lo que piensan, pero la escenita que acababa de protagonizar rayaba en la desfachatez. Sakura, por su parte, había pasado el mal trago con uno peor: recordó la verdadera razón de que estuvieran allí.
-Lo lamento –se disculpó Sasuke al tiempo que Sakura balanceaba la botella de sake sobre la mesa- habitualmente…
-No importa –lo tranquilizó ella, agradecida por poder cambiar de tópico- supongo que es normal que empiecen aparecer las ex novias celosas.
-Ella no… -Sasuke atrapó la mano de Sakura y acariciándole el dorso, le confesó- tu eres mi primera novia
Por suerte, Sasuke no la miraba a los ojos, por eso no advirtió su mirada de sorpresa e incredulidad. Era imposible para ella creer que él hablara en serio ¿Qué acaso no se había visto en un espejo? Era insoportablemente guapo. Okey, pongamos que no era un narcisista melindroso y que eso de la metrosexualidad no se le diera, pero, vamos, que tenía que darse cuenta del efecto que causaba en las chicas. No era por su fama, no era por como cantaba –que lo hacía de infarto- era su porte. Si. Algo tan frívolo y superficial como su físico que –Sakura estaba segura- si la mayoría de los conductores fueran féminas, sería capaz de detener el tráfico. La primera vez que lo vio, estaba demasiada embebida en sus propias desgracias que apenas si lo había notado. Sin embargo, meses después, cuando se encontró con el hecho de que sería su vecino permanente, tomó todas las precauciones para no caer en sus redes, no obstante, aquí tienen ustedes, que un año después, era la flamante "primera" casi ex novia del susodicho.
-¿Tú-tú nunca…? –farfulló.
-A diferencia de ti, jamás me había enamorado –dijo, retomando sutilmente el tema anterior- hasta me llegué a considerar inmune a todo eso del romanticismo.
Sakura medio sonrió mientras clavaba la vista en sus manos entrelazadas.
-De tantas maneras que hay para complicarse la vida y nosotros escogemos la de enamorarnos ¿eh?
El cantante asintió a la par que decía:
-En mi opinión, si quieres hacer un omelet, tienes que romper algunos huevos. Soy consciente de que no todo será color rosa y estoy dispuesto a correr el riesgo.
Era obvio que nunca le habían roto el corazón como a Sakura. Si él hubiese sufrido aunque fuera una cuarta parte de lo que ella, no hablaría tan tranquilo de "correr riesgos". Sakura maldijo el hecho de ser precisamente ella la que le mostrara las miserias de una traición.
Como al mal paso hay que darle prisa, empezó:
-¿Y qué pasa cuando tienes que decir algo… algo que debiste haber dicho antes y que sabes que el confesarlo ahora podría suponer el fin de todo?
Sasuke la miró extrañado.
-¿Es un acertijo?
Las lágrimas de Sakura le demostraron que no lo era.
-Me estás asustando… ¿Qué pasa? Todo esto de Iruka…
-Me abrió los ojos –lo interrumpió ella, soltándose de su agarre- no puedo seguir haciéndome la de la vista gorda, porque la realidad es muy distinta y ya no puedo seguir ignorándola ¡Ya no más!
Él temió lo peor. Pensó que Sakura le diría que esa llamada había bastado para darse cuenta que no había podido olvidar a Iruka y que lo de ellos se tenía que acabar. Después de todo, lo mismo había pasado con su relación con Gaara ¿No? Tras escuchar las siguientes palabras, sus figuraciones fueron echadas abajo:
-Te amo ¿Lo sabes, verdad? No sé cómo ni cuándo pasó –de hecho, ella no quería que pasara- pero es así; te amo como jamás pensé que volvería amar a nadie y por eso me asusta tanto…
-¿A qué le tienes miedo? –quiso saber él, quien no tenía ni idea de que iba todo.
-A perderte. A eso le temo, porque a lo que te diga la verdad vas a dejarme.
-¿Verdad? ¿De qué rayos hablas? Sakura, la única verdad que me interesa saber, ya la sé: yo te amo y tú me amas.
-No es tan sencillo…
-Sí lo es –insistió.
-¡Joder! –resopló a punto de mesarse los cabellos- ¿Por qué es tan difícil? –gritoneó, levantándose de la silla. Sasuke la sujetó del brazo y le ordenó:
-¡Espera! –ella lo miró con frustración, culpa y melancolía. Todo junto y revuelto- No puedes…
-Estoy casada –dijo en tono quedo como si el alma se le fuera en ello.
-¿Qué? –prorrumpió Sasuke al mismo tiempo que su mano soltaba el brazo de Sakura como si lo hubiera electrocutado.
-Lo que oíste –volvió a musitar ella, ahogada en su propio llanto- cuando Iruka y yo fuimos a Nevada, lo hicimos para casarnos.
-¿Tú? –su cara de confusión era una trova- ¿Pero cuán…?
-Hace un par de años… -aclaró sin atreverse a mirarlo a la cara- en una ceremonia presidida por Elvis. -rió, melancólica y satírica.
Articular palabra se volvió un desafío para él y contener las lágrimas en una proeza para ella. Ambos estaban completamente desorientados. Sakura había dicho su verdad ¡Por fin! Y Sasuke parecía muy lejos de estar asimilándola. Cuando al fin recuperó el control de su sinapsis verbal, expresó:
-No puedo creer que no me lo dijeras antes.
-Te lo estoy diciendo ahora.
-¿Ahora? Ahora es muy tarde –sentenció, incorporándose – demasiado diría yo…
Sakura trató de detenerlo mientras decía:
-Hablemos, por favor. Trata de entenderme…
El cantante hizo rodar los ojos a la par que una carcajada irónica se dejaba oír:
-Claro, como no ibas a ponerte nerviosa, si mientras te besabas con tu novio, te llama tu esposo.
-El hecho de que esté casada no significa que tenga esposo –objetó, irritada.
-No sé en qué mundo vives, Sakura, pero en el mío eso es exactamente lo que significa. –Quiso refutar. Por Dios que lo intentó, pero, como antes, las palabras le rehuyeron y se quedó ahí. Muda- ¿Y tuviste el descaro de recriminarme a mí que te ocultara cosas? ¡Debe ser genial tener la sangre tan fría!
-Sasu… lo-lo siento… no sabía cómo decírtelo.
Él pareció no haberla escuchado. Estaba concentrado en su ira.
-Ah, y tenías razón cuando dijiste que esto suponía el fin.
Sin decir más se marchó del bar.
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Al correr la gran puerta de metal que daba a la azotea, Sasuke experimentó un frio implacable, producto del fin del invierno, que le caló hasta los huesos. Sentado en mullido sillón de felpa y resguardado por la única parte techada de la plataforma se encontraba Neji, envuelto en su suéter de las Fuerzas Armadas de Japón. Ya pasaban de las seis de la tarde, por lo que la noche se les había echado encima.
-Sai me dijo que te encontraría aquí.
El chico Hyuga meneó levemente la cabeza para asentir a medida que su amigo se acercaba y se paraba frente a él, recargando la espalda a la pared del tanque que surtía de agua a los habitantes de la residencia San Pedro. Desde que se mudara a Madrid, la azotea del edificio de Sasuke se había convertido en una especie de refugio para él. Allí había lamentado tantas veces el final de su relación con Karin. Y ahora, cuando ella había decidido volver para hacer leña del árbol caído, ahí estaba él, otra vez, afligido y decepcionado por no poder controlar lo que sentía.
-He de asumir que ya te lo dijeron.
-Hinata y Sai están preocupados… -guardó silencio por un instante y luego como bajo el imperio de una duda grave, inquirió mientras se metía las manos en los bolsillos de su jean- ¿Qué va a pasar con Tenten ahora?
-Vaya que te pusieron al día –ambos se encogieron de hombros en un gesto casi reflejo- Pensábamos decírselos hoy, pero, bueno ¿Ya sabes cómo es cuando surgen imprevistos?
El cantante, poniéndose en los zapatos de la pelicastaña, repuso con expresión reflexiva:
-No es justo para ella que le des ilusiones si aún no has superado tus sentimientos por Karin.
Él lo entendía mejor que nadie. Hace unas horas, Sakura le había confesado que estaba, nada más y nada menos que casada ¡CASADA! Ahora, en ese momento, se reprendía por no haber escuchado los consejos de todos aquellos –especialmente los de Sai- que le advirtieron que ella no le convenía. Porque, aunque era más que obvio que él estaba muy lejos de ser un experto en el amor o un Gurú de las relaciones, si algo tenía claro era que en el mundo solo existen dos razones suficientemente fuertes como para lograr que las personas decidan pasar el resto de sus vidas juntas, unidos por el sagrado vinculo del matrimonio: el interés y el amor. Como la primera era incongruente con los hechos, solo quedaba la segunda. Porque ella amaba a su esposo, o al menos lo hizo. El verdadero dilema aquí eran las garantías. A todas estas, ¿Qué le garantizaba que Sakura no lo dejaría a él, tal y como lo hizo con Gaara, una vez que el maldito de Iruka decidiera hacer su entrada triunfal en sus vidas? Si es que no lo había hecho ya.
-Si te soy sincero, no tengo ni puta idea de que voy hacer. Ella dice que no va irse… sin mí.
Sasuke sonrió resignado por la mala suerte de ambos.
-No te acabes toda la botella –dijo al ver al Hyuga engullir casi a fondo blanco la única reserva de tequila.
-Es para casos de emergencias –le recordó- estoy seguro de que ésta califica como una.
-¿Quieres apostar? –lo retó Sasuke, haciendo un aspaviento de "A mí nadie me gana".
-Suéltalo ya –lo impelió Neji a sabiendas de que tenía que ver con Sakura y, tal vez, con eso que Tenten no quiso decirle.
-Sakura está casada.
-¿Cansada de qué?
-No cansada –le arrebató la botella y luego de ingerir un trago largo, le aclaró- casada.
A Neji se le desacopló la mandíbula. Una sola palabra y lo entendía todo. Rompimiento repentino. Amores inconclusos. Viaje a Las Vegas. Las reservas de Tenten eran por eso. Vaya que era un lío.
-Así que a eso fue a Las Vegas –meditó en voz alta.
-¿Lo sabías? ¿Cómo es que…?
-Fue por una conversación que tuve esta tarde con Tenten… algo que le contó su prima.
-Claro, -no le fue difícil deducirlo- Temari es la mejor amiga de Sakura –tomó otro trago- Me imagino cuanto se habrán burlado de mí.
-¿Cómo lo supiste? –indagó, sospechando que las manos, o la lengua, de Tenten podían estar inmiscuida en esto.
-Me lo ha contado la propia Sakura.
El semblante de Neji se ensombreció aún más. Como si no fuera suficiente con sus penas, de ñapa, le tocaba ser espectador de las de su amigo. El cantante aprovechó la ocasión para desahogarse y contarle todo lo que Sakura le había confesado esta tarde. No había querido hacerlo con Sai, no porque temiera un: "Te lo dije", (Que para ser justos, se lo había avisado) si no porque lo vio tan preocupado por Neji, como solo puede estar un hermano, que no quiso añadirle más peso sobre los hombros.
A él jamás le había gustado que se le tachara de mártir. Pensando en eso, había tratado de darle largas al asunto, por lo que al salir de Ichiraku´s, en lugar de regresar al departamento, estuvo el resto del día recorriendo la ciudad en la Harley. Quería organizar sus ideas y, si daba chance, sus emociones, pero tendría que recorrer más que una ciudad para lograr cualquiera de las dos. Le tocaría viajar por el mundo si quería poner orden.
-Vaya –se sorprendió de que alguien pudiera estar más jodido que él al mismo tiempo que se erguía del sillón- tú me ganaste. Lidiar con una ex novia no se compara, en lo absoluto, a hacerlo con un esposo, ausente, pero esposo al fin y al cabo.
Sasuke salió del techado y escoltado por Neji, caminó hasta el borde de la azotea. Desde allí pudo observar los carros que paseaban a toda marcha por la calzada, así como la gente que transitaba por la acera de enfrente.
-Es una lástima que Hinata sea tu prima y que se haya enamorado de Sai. De los tres, él es el único que corrió con suerte. Se quedó con la última chica buena del planeta.
El Hyuga asintió, concediéndole la razón paralelamente que Sasuke esbozaba un gesto tristón.
Menuda vida. Jodida suerte. Maldita Sakura.
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Sakura abrió los ojos y el martilleo en su cabeza le dio la bienvenida al mundo de la resaca. Pestañeando trató de orientase para adivinar la ubicación de su celular que no dejaba de sonar a la par que destrozaba sus nervios. No pudo. El mareo de su cabeza se agravó cuando intentó, en una estúpida maniobra, despegarla de la almohada. Bueno, al menos sabía que estaba en una cama. Eso y la monumental borrachera que se propinó una vez que Sasuke la dejó sola, era lo único que tenía claro.
-Un café doble –escuchó que le decía Vane. Ladeó la cabeza como si se tratara de una bomba atómica y se encontró con el rostro afable de su amiga, que cargaba una taza de porcelana humeante- es lo mejor que hay para el malestar post borrachera- colocó la taza en la mesita de luz y procedió a ayudar a Sakura a incorporarse. Acto seguido, prescribió- tómatelo todo y ya verás cómo te empiezas a sentir mejor.
Sakura acató sin chistar, aunque el gesto se le torció en más de una ocasión. Ese café sí que estaba cargado. Ella conocía una mejor manera de doblegar la resaca: nada mejor que un par de tequilas secos. Ya lo resolvería a su modo.
-¿Qué hora es? –se interesó por saber una vez que había tomado el último sorbo de la bebida energética.
-Sobre las siete de la noche –le comunicó la otra luego de comprobarlo en el reloj de pulsera- te traje para arriba hace poco más de una hora y luego de contarme como seis veces que acababas de terminar con Sasuke o él contigo, te quedaste dormida.
-Él conmigo –rememoró, tocándose las sienes con los dedos medio e índice. Entonces, el teléfono volvió a zumbar- ¿Dónde está ese maldito aparato?
-Está en tu cartera –señaló el accesorio sobre la mesita donde reposaba la taza vacía y la chaquetilla de jean azul que antes había llevado puesta- la verdad pensé que dormirías más.
En realidad, de no ser por el maldito que llamaba, aún estaría dormida. Tomó su bolso y cuando tuvo el celular en la mano, juró por lo bajo. No tenía el número registrado en sus contactos, pero conocía de sobra el teléfono de la Embajada. Luego de aclararse la garganta, atendió:
-¿Sí? Diga.
-Soy Kizashi –anunció fríamente su padre- te hablo para avisarte que voy de salida para tu casa. Hay algo importante que debo decirte.
¡Joder! ¿Qué habría pasado? Sakura llevaba, alrededor de tres años viviendo en Madrid, en ese mismo departamento y obviando la vez –hace como siete meses- que su papá fue a visitar a su hermana Shizune, él nunca había mostrado interés alguno por el estilo de vida de su hija ¡Jump! Eso no le daba buena espina.
-¿A casa?
-¿Algún problema?
-Ninguno –se forzó a decir mientras que en su fuero interno, rezongaba: "Solo que no estoy en casa y de pasapalo estoy algo ebria"- te espero –prometió antes de escuchar el pitido que daba por terminada la llamada.
-¿Te llamó un taxi? –aventuró Vane; cuyas habilidades psíquicas le habían permitido adivinar que Sakura debía irse.
-Te lo agradecería mucho –suspiró. Después de mirar en todas direcciones, recordó- ¿Dónde está Kiba?
-Aún no llega –respondió, escueta.
-Lo sabía –negó tenuemente con la cabeza- Está con él ¿verdad?
Al parecer, la borrachera la había dotado con dones de clarividencia. Esta vez, a Vane le fue imposible negarlo.
-Me temo que sí, pero te juro que no es lo que piensas.
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El taxista le cobró una suma exorbitante. De no ser porque ella no tenía todo el efectivo no hubiera podido pasar por alto todos sus desplantes. Para ponerle la guinda, cuando se bajó del automóvil, luego de discutir con el conductor, el tacón de una de sus zapatillas se rompió.
-¡No me jodas! –siseó al borde del cólera. Todavía estaba bastante mareada y ahora tenía un soporte menos- esto sí es el colmo de la mala suerte.
Siguió caminando; mejor dicho cojeando y antes de llegar al portal se percató de la presencia de un hombre que esperaba en la entrada del edifico, envuelto en una gabardina azul o negra. Ella no estaba segura. Descartó de inmediato la posibilidad de que fuera Kizashi; ya que no vio apostado a ambos lados de la calle su séquito de limosinas y guaruras. Tampoco era Sasuke (Sí, por un momento el corazón se le detuvo de solo imaginárselo) porque su cabello plateado discrepaba totalmente del azabache de su ex novio.
-¿Te ayudo? –se ofreció el muchacho. Sakura lo miró con precaución al tiempo que él le extendía la mano- préstame tu zapatilla.
-¿Para qué? –rió, nerviosa, dando unos pasitos atrás.
-Pues, no puedo evitar la tentación de ayudar a una damisela en apuros.
El chico vestía un riguroso Hugo Boss de corte italiano. Sobre el traje, llevaba el tabardo negro. El pelo gris le confería más edad de la que en realidad tenía. La bailarina estaba segura de que no pasaba de los veinticinco, tal vez ni siquiera llegara al cuarto de siglo. Por una razón desconocida, el talante socarrón del chico la reconfortó.
-¿Qué no lo sabías? -le sonrió, divertida. O estaba realmente borracha o había perdido le cabeza- Las damiselas ya no nos apuramos.
Empezó a descalzarse, pero el desconocido la detuvo:
-Ese no… no creo que pueda repararlo sin más ayuda que mis manos. El otro –indicó con un gesto de la barbilla. Ella obedeció, a decir verdad, sin saber por qué, y le tendió la zapatilla intacta. Enseguida, el chico le arrancó el tacón- Listo. Ahora tienes un par de zapatos bajos.
Era imposible resistirse a sus despliegues de virtuosismos. Vaya que sabía cómo conquistar chicas. Realmente, era una lástima que ella no se hallara emocionalmente disponible. Su pasado acababa de destruir su futuro y eso la estaba matando. Por encima del alcohol y la resaca, estaba el dolor que la reacción de Sasuke le había producido; aunque no era para menos. Si tan solo él entendiera que si no se lo dijo antes es porque quería borrar esa etapa de su vida. Si tan solo se hubiera dignado a escucharla. Si tan solo.
-Y así se perdieron cuatrocientos cincuenta euros –retribuyó con garbo, volviendo en sí- esos zapatos eran Gucci, ¿sabías?
En el rostro del desconocido se pinceló una sonrisa incrédula. No es como él anduviera por ahí rompiendo tacones a diestras y siniestras, pero, sin duda, sus galanteos jamás causaban esa reacción ¡Menuda chica!
Se apuró a ajustarse la otra zapatilla y luego de comprobar con unos cuantos pasos que todo andaba bien, se encaminó hacía el umbral. Por una fracción de segundo le ganó la curiosidad, por lo que fisgoneó:
-¿Esperas a alguien?
-A unos amigos –una sonrisa chulesca se bosquejó en su semblante al flirtear- aunque una chica linda desplaza camaradas.
Ella abrió la puerta al tiempo que aducía:
-Mira,fue muy romántico todo eso del tacón, pero estoy algo ebria y un chico guapo conmigo ebria, no resulta en cosas buenas.
Antes de que entrara, él la sostuvo del brazo.
-Soy Suigetsu Hōzuki, por cierto.
Sakura volvió a sonreír, pero no le dio su nombre. De hecho, no dijo palabra alguna. Se adentró en el edificio sin saber que el hombre que acababa de conocer cobraría relevancia más adelante en su vida. Hoy era un desconocido, mañana sería la persona que marcaría el rumbo de su historia. Pero eso sería mañana.
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Cuatro largos y eternos días habían pasado desde que la relación de Sakura y Sasuke llegara a su fin. Un final inexorable si se veía desde un punto de vista neutral. Después de todo, pocos son los hombres que pueden superar una mentira. Ellos son excelentes mentirosos. Unos maestros del engaño. Las patrañas son su pan de cada día. Pero su ego no les da para entender que ellos no están exentos de este tipo de eventualidades. De nada servía que Sakura llenara su buzón de voz, disculpándose y alegando que no le había mentido, que a lo sumo si le había ocultado información. Ella sabía que era inútil. No por nada era la principal precursora de la premisa: "Omitir es traicionar".
A un día del estreno, su mente giraba en torno a Sasuke Uchiha. Él se había dado el lujo de negarse a hablar con ella. Hasta los condenados a muerte tenían derecho a un juicio en el que se le permitía dar su versión de los hechos. Pero no, él -el muy insolente- había sido juez y verdugo. La había condenado sin escucharla. Sin darle el beneficio de la duda.
Los últimos días fueron un lío. Los ensayos en el teatro estaban cargados de tensión, Paul no había mejorado en su trato con ella y Sasuke… Bueno, el era un tema aparte. Ni siquiera sabía dónde estaba. El domingo cuando llegó a su casa no fue a buscarlo por dos motivos: quería dar tiempo de que se enfriaran las cosas; además estaba a la espera de la visita indeseable de su padre, quien venía a darle una noticia más indeseable aún. Por alguna inexplicable razón, el Embajador había decidido adelantar la boda. Sí, la misma que sería en un mes, había sido reubicada para dentro de seis días. El sábado de la semana en curso, Ino Yamanaka se convertiría formalmente en la señora Haruno y por tanto, en su madrastra ¡Maldición! Lo único que faltaba para completar su retahíla de desgracias era que la sustituyeran en la gira. Posibilidad por demás viable; ya que su concentración por estos días era un asco.
Así lo demostraba sus actos recientes.
Esta mañana cuando se levantó, jamás se imaginó que terminaría borracha (N/A: No es como que tenga un problema con la bebida ni nada, pero entiendan que su vida era un verdadero embrollo) en un dormitorio universitario, congeniando con la última persona con la que hubiese imaginado tener algo en común. En resumidas cuentas, si eso le ayudaba a solucionar sus problemas, valdría la pena tragarse su orgullo. Había tomado la resolución ayer tarde antes de irse a la cama, después de hacer una docena de intentos estériles por comunicarse con Sasuke. Pero él sencillamente no daba señales de vida. No estaba en su casa. No atendía su celular. No respondía sus mensajes de texto ni los que le enviaba vía WhatsApp. Simplemente había desaparecido.
Hinata le había asegurado que no tenía ni idea de donde pudiera estar, que lo último que supo de él fue que el domingo se había ido de farra con Sai, Neji y un amigo que los visitaba de Valencia, pero solo eso. Después de allí le había perdido la pista. Con Neji había cruzado un par de palabras el martes en la mañana, sin embargo, sus indagaciones no dieron frutos. El otro integrante del círculo cercano de Sasuke con el que le faltaba hablar no era otro que su tercera persona menos favorita del mundo. Sai.
En fin, ahora mismo iba caminando por los pasillos de los dormitorios del campus, vistiendo el atuendo más casual que encontró en su guardarropa: jeans, camiseta de tirantes y escarpines bajos. Antes de tocar la puerta, confirmó una vez más el número que Hinata le había anotado. Era correcto. Chocó los nudillos y casi como si la estuvieran esperando, la puerta se abrió de par a en par, dejando ver a un chico en bermudas, franelilla y descalzo.
-Hola –sonrió, tímida.
Mea culpa, lo admito.
Por favor no me odien por esto. Sé que muchos habían apostado porque Sasuke comprendiera a Sakura y no rompiera con ella, pero era algo que necesitaba para el final de la historia y prometo recompensarlos con una ardiente reconciliación. De igual manera, estoy dispuesta a pagar el precio de este desliz.
Como les dije arriba, luego de recibir los primeros cinco reviews publicaré el capítulo catorce: Intervalos.
Actualmente estoy trabajando en el quince, que les adelanto lleva por nombre: Juegos peligrosos.
Sin más a que hacer referencia, paso a responder sus reviews:
Vane-Namikaze : pues sí, ese es tu guardado... Kiba e Iruka están juntos, pero los detalles se verán más adelante. Espero que te guste esta nueva intervención tuya. Me alegro que te gustara el capi anterior; mil gracias por comentar y por la paciencia. Es bueno saber que esperas a que publique.
Ladyrose23: Siempre me encanta leer tus reviews, son largos y entretenidos. Tus observaciones me ayudan a mejorar algunos aspectos de la historia al hacerme ver cosas a las que no le había dado mucha importancia. Que bien que te gusto el capitulo pasado y por fa, trata de no odiarme por los destrozos que hice en este. Prometo arreglarlo.
Cher Uchiha: Si, verás: en una parte de la historia había planeado que Sakura no quedara con Sasuke, porque ella estaba casada ya, pero seguí las recomendaciones de los lectores y planeo que sean felices. Sin embargo, como necesitaba crear un obstáculo: e ahí la aparición de Iruka. Gracias por comentar y espero te guste este capitulo.
DULCECITO311: Si, le contó casi todo, porque Sasuke no la escucho completamente, en su lugar se fue enfadado por que le ocultó eso. Tal vez no es la reacción más m,adura y se que no era la que esperabas, pero así son los chicos. Gracias por leer y comentar.
Lilith S. B. Jaeger: Lo sé, es raro, pero vale la pena variar. Es bueno salirse de vez en cuando de los paradigma y aunque esta historia esta, como cualquier relato de amor, plagada de clichés, espero que le des una oportunidad. Gracias por leer y comentar.
Saludos desde Venezuela.
Feliz, casi, fin de semana.
