Pairing: DeiSaku
Advertencias: UA, lime
Disclaimer: tanto Naruto como su universo al completo, pertenecen a Masashi Kishimoto-sama. Yo, solamente tomo prestados sus personajes con el único fin de entretener a los lectores, sin recibir nada a cambio, salvo la satisfacción del deber cumplido.
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Capítulo dedicado a Sakurarichan y a nessa uchiha, porque votaron por esta pareja y me animaron a escribir con sus reviews =) Espero que os guste!
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14. N de Niñera
Era un día bastante normal en Londres. El encapotado y gris cielo le dio los buenos días cuando se desperezó al incorporarse en la cama. Su boca, de finos labios rosados, formó una O perfecta cuando bostezó, intentando quitarse de encima los restos del sueño tan reconfortante que había tenido. La noche anterior se había acostado tarde porque se había quedado leyendo bastante rato. Y es que la lectura siempre había sido uno de sus grandes placeres. Algunas veces, cuando sus amigas se iban de compras al centro comercial y ella decidía no acompañarlas, tomaba alguno de sus libros y se sentaba en el balancín del jardín a disfrutar de la lectura, siempre que el tiempo lo permitía, ya que ese era uno de los puntos débiles de aquella ciudad. La lluvia casi siempre estaba acechando y pocas veces se disfrutaba del sol. Y aquel día no iba a ser nada extraordinario en su vida… climáticamente hablando, claro.
La muchacha, que seguía en su cama estirando sus brazos hasta límites insospechados, abrió por fin sus ojos, unos ojos verde botella que brillaban ante la presencia del sueño pero que pronto se encenderían dando un punto alegre a aquella cara. Sopló desenfadadamente hacia arriba, evitando que un revoltoso mechón de pelo rosado siguiera entorpeciendo su visión, ya de por sí algo nublada. Se levantó con pasos temblorosos y abrió las cortinas dejando entrar algo de luz, no solar, pero sí diurna. Las nubes llenaban el cielo de la capital inglesa amenazando lluvia. Qué novedad, se dijo mientras se dirigía arrastrando los pies hacia la ducha, seguro que con aquello volvería a ser la misma persona de siempre, dejando atrás al zombi en que se convertía cada mañana cuando se despertaba.
El agua cayendo era el único sonido que se escuchaba en la casa de los Haruno, un pequeño adosado en una urbanización situada en los suburbios londinenses. Allí, se respiraba un aura completamente diferente a la del centro de la ciudad, donde la gente corría desesperada de un lado a otro, cogiendo el metro, autobuses, taxis… aquello era un mundo a parte. La atmósfera cambiaba de forma radical, la tranquilidad reinaba entre las calles con hileras de casitas a ambos lados, todas iguales, lo que a veces podía suponer un problema para los que no se conocían las andadas, y con frecuencia las visitas de una familia habían aparecido en una casa dos calles más abajo. Los muros marrones contrastaban con las fachadas de un blanco puro, y la vegetación era abundante en cualquier sitio. Allí había crecido la joven Sakura, hija única del matrimonio Haruno, que ya contaba con dieciséis años. Y el agua siguió y siguió cayendo hasta veinte minutos más tarde. El calor se condensó y formó una nube de vapor que inundó el baño cuando la pelirrosa abrió la puerta de la ducha y salió envuelta en una toalla verde pálido cubriendo su cuerpo. La viveza había regresado a sus ojos, y una sonrisa terminó de dibujarse en su agraciado rostro cuando, tras limpiar el espejo, contempló su reflejo en él. Le sacó la lengua a la ojiverde que la imitaba al otro lado del cristal y se enrolló otra toalla más pequeña en el pelo, para evitar llenarlo todo de agua. Salió del cuarto de baño y fue a su habitación, donde prendió la radio y sonrió al escuchar uno de sus éxitos de moda favoritos. Abrió las puertas de su armario y contempló el interior con cara de resignación: aquel era uno de los dilemas que se le planteaban, ¿qué ropa ponerse? Miró el reloj que descansaba sobre su escritorio y se animó a sí misma a darse prisa o llegaría tarde a su primer día de trabajo. Se había levantado a las siete y ya eran casi y media. Dentro de una hora debería estar ya preparada para empezar.
Y es que las vacaciones eran un momento estupendo para poder ahorrar algo de dinero. Su madre le había conseguido un empleo como niñera. Al parecer a Tsunade, una compañera de trabajo de su padre, la habían ascendido en el hospital, lo que suponía más horas de trabajo y más responsabilidades. Por ello había decidido contratar a alguien que pudiera encargarse de su único hijo. La verdad es que Sakura nunca había sabido que aquella mujer tuviera hijos, ya que ni siquiera le había conocido marido. Pero para ella, eso no tenía importancia. Sólo quería conseguir algo de dinero para así, en el futuro, poder ir a la universidad y contribuir con sus padres en los gastos que aquello supondría. Con la decisión en sus ojos metió la mano entre las muchas prendas que se amontonaban en el armario y sacó una percha al azar. Torció el gesto cuando vio la falda vaquera que ahora reposaba en sus manos. Era demasiado corta para su gusto, aunque tampoco demasiado reveladora. Tenía algunos bordados en rosa a los lados, así que decidió ponerse una camiseta del mismo tono pastel. Era de mangas tres cuartos que se ensanchaban a la altura del codo y tenía un pequeño escote en V bastante discreto. Cuando se hubo vestido se puso unas sandalias blancas planas que le resultaban bastante cómodas. Fue entonces cuando regresó al baño para secarse el pelo.
-Sakura, tu pelo parece una selva tropical –se dijo cuando, al quitarse la toalla, su cabello enredado y algo húmedo cayó por su espalda cual cascada- será mejor ponerse manos a la obra cuando antes.
No le llevó mucho tiempo domar sus hilos rosados, aunque sí que se ganó algún que otro estirón y varios grititos de dolor. Pero cuando, quince minutos después, se miró al espejo y vio su cabello completamente liso y arreglado, sonrió felicitándose internamente por haber sido tan rápida. Aún tendría tiempo para beberse un zumo y comer un par de galletas antes de salir de casa. Y así lo hizo. Diez minutos antes de la hora indicada ya estaba frente a la valla de la casa de Tsunade, pero lo sorprendió no ver ningún juguete en el jardín, pues en las otras cosas en las que había trabajado había juguetes por todos los lados. La tranquilizó pensar que a lo mejor había tenido suerte y le había tocado un niño ordenado. La puerta de la valla estaba abierta, así que con pasos lentos se aproximó a la principal. Llamó dos veces, pero nadie salió a contestarle. Le extrañó que eso fuera así, ya que su madre había hablado con ella la noche anterior para confirmar la hora a la que tendría que llegar Sakura. La joven miró su reloj de pulsera para cerciorarse de que había llegado a su hora, y así era, incluso un poco antes, lo cual eran puntos a su favor por demostrar su puntualidad. Tras unos segundos más parada frente a la puerta decidió probar con la trasera. El jardín de atrás estaba igual de ordenado que el principal, y eso todavía la dejó más descolocada, pero se negaba a sacar conclusiones que posiblemente no fueran reales, así que llamó a la puerta rogando que esta vez alguien le abriera, pero tampoco fue así, ya que ésta se deslizó hacia el interior de la casa proporcionándole una vía de entrada al lugar. Se quedó parada pensando qué hacer. Podrían acusarla por allanamiento de morada si se confundían las cosas, pero por otro lado, estaba segura de que aquellas eran la casa y la hora indicadas. Infundiéndose valor, puso un pie dentro y cerró la puerta tras de sí. Un delicioso olor a tarta de manzana inundó sus fosas nasales, tranquilizándola. Pero al momento, todo rastro de paz en su rostro fue sustituido por la alerta. Un gran estallido y un grito la hicieron salir corriendo hacia el lugar del que había llegado el ruido.
-¿Tsunade-san? –preguntó a la nada esperando una respuesta, mientras llegaba al salón, pero en ningún momento pensó en encontrarse con aquello.
Un chico de más o menos su edad, un poco más mayor que ella incluso, se levantó del suelo. Tenía el pelo largo y rubio, con un gran flequillo que le tapaba el ojo derecho. Llevaba una camiseta negra de manga corta con una extraña nube roja dibujada a la altura del pecho, y unos pantalones de camuflaje, los cuales arrastraba por llevarlos demasiado bajos. Parecía sorprendido… ¿o más bien asustado? Su mirada azul cielo se centró en el gran agujero que había aparecido en el sofá de cuero, para luego posarse sobre la estupefacta Sakura, la cual le miraba con una mezcla de temor y duda. ¿Quién era aquel chico? Se preguntaba la pelirrosa. Pero una atronadora voz surgió a sus espaldas asustándola de tal manera que dejó escapar un grito de sorpresa.
-¡DEIDARA! ¿Qué se supone que ha sido ese estallido? No me digas que ha sido otro de tus explosivos porque te juro que esta vez te mando derechito al internado. ¡DIOS! Mi sofá… –la voz pertenecía a una mujer. Una mujer que Sakura habría jurado que no pasaba de los treinta años, de fiera mirada castaña y largos cabellos rubios recogidos en dos coletas que ondearon cuando ella se giró del sofá hacia el chico que ahora intentaba esconderse tras la librería- No intentes huir de mí, maldita sea. ¡Ven aquí ahora mismo y siéntate!
La ojiverde no supo en qué momento se había movido el joven, porque al segundo estaba sentado en el sofá, justo al lado del agujero que él mismo había provocado. Se sorprendió de la dureza con que le había tratado Tsunade, por lo que la joven supuso que sería algún conocido de la familia, aunque se preguntaba dónde estaba el pequeño al que debería cuidar. ¿No debería estar Tsunade con él, intentando calmarlo por el susto de la explosión? Estaba bastante confundida, y casi no se atrevía ni a respirar. Dio un respingo cuando la rubia se giró hacia ella, y volvió a respirar cuando vio cómo se suavizaban sus facciones.
-Sakura-chan, tanto tiempo sin verte. Has cambiado mucho desde la última vez –en dos zancadas había cubierto la distancia que las separaba y ahora la estrechaba en un gran abrazo- hace mucho que no te dejas caer por la oficina de tu padre, aunque supongo que habrás estado ocupada con los estudios. Me alegra poder dejar a Deidara con alguien de confianza como tú…
Ella siguió hablando sobre lo revoltoso que era el tal Deidara, pero la cabeza de Sakura dejó de prestarle atención para comenzar a procesar la información. ¿Cómo que Deidara? Aquello no podía ser cierto, ¿cómo iba ella a cuidar de aquel joven? ¡Pero si él tendría que saber ya cuidarse solo! Tendría que ser un error, pero para cuando quiso decir algo, Tsunade ya se despedía de ella con la mano desde la puerta principal. Fue el sonido de la misma al cerrarse lo que la devolvió a la realidad. Su mirada pasó de la puerta al sofá, desde donde el rubio la observaba con el ceño fruncido, y del sofá a la puerta, para dirigirse otra vez al sofá… ¡pero Deidara ya no estaba! Al girarse hacia el otro lado de la habitación le vio desaparecer rumbo a la cocina. Habían sido muchas cosas en muy poco tiempo, no había escuchado ni media palabra de lo que Tsunade había dicho, no sabía ni a qué hora volvería ni si tenía que hacer algo más allá de vigilar a aquel chico, así que decidió que lo primero que tenía que hacer era llenar todas las lagunas que se formaban en su cabeza.
-¡Ey! ¡Espera, tienes que aclararme varias cosas!
Deidara siguió su camino hacia la cocina, como si no hubiera escuchado a la pelirrosa, lo que hizo que ella empezara a cabrearse.
-¿Qué pasa? ¿La explosión te ha dejado sordo? –¿qué había sido del sumiso chico que había visto antes en el sofá? O, ¿es que no pensaba hacerle caso?- mira, voy a tener que pasar bastante tiempo contigo, así que lo mejor será hacer las cosas más fáciles para ambos.
-Muy bien, yo haré lo que me de la real gana y tú te callarás todo lo que me veas hacer, ¿te parece bien?, porque a mí me parece un plan estupendo y…
-Lo primero que podías hacer es callarte. ¿Quién se supone que eres tú?
Aquella pregunta y la decisión que había visto brillar en sus ojos verdes le habían tomado por sorpresa- ¿Cómo que quién soy? Pues si yo estoy sordo, tú eres idiota.
-Responde a mi pregunta –aquel chico la estaba enfadando y al final iban a terminar mal.
Con un vaso de zumo en la mano, se aproximó hacia la puerta en la que Sakura estaba apoyada. Se había acercado demasiado, sorprendiendo a la chica, y con una sonrisa torcida habló- Soy el hijo de Tsunade, y si crees que voy a hacer caso a una canija como tú, estás muy equivocada.
Sakura tragó saliva al notar el aliento del rubio en su cara. Estaba bastante nerviosa por lo que acababa de escuchar y porque nunca había estado tan cerca de un chico antes. Un chico que, ahora que lo veía más detenidamente, era bastante guapo. Tenía unas facciones finas y una mirada celeste que habían conseguido engatusarla. Y aquella sonrisa, con aquellos labios finos que ahora deseaba besar. Sacudió la cabeza al darse cuenta de las cosas que estaba pensando. No podía hacer aquello, no había ido allí para liarse con el chico al que se suponía que debía de cuidar… pero es que no entraba en sus planes que aquel chico fuera más mayor que ella y condenadamente guapo. Debía tomar las riendas de la situación enseguida, o sino, no saldría bien parada de allí. Perdería el empleo y la posibilidad de demostrarles a sus padres que ya era capaz de sobrevivir ella sola. Pero es que no podía, la proximidad de sus labios la habían paralizado, no entendía qué le estaba pasando, pero la cuestión era que si él no se apartaba, ella iba a explotar.
-¿No vas a decir nada? ¿O es que te intimido? –otra vez esa sonrisa. Aquello no podía estarle pasando- La verdad es que podríamos pasarlo bien, ¿no? –cada vez se acercaba más, hasta que finalmente sus labios se unieron en un leve contacto que Deidara se encargo de volver violento y apasionado. El vaso cayó al suelo y las dos manos del rubio fueron directas a la fina cintura de la Haruno, la cual se esforzaba por seguir el ritmo de los demandantes labios de él. Las caricias del joven le gustaban, estaba experimentando algo nuevo para ella y no quería parar, no ahora que había comenzado, pero cuando sintió la mano del ojiazul abriéndose camino por debajo de su falda, una descarga recorrió su cuerpo y le separó de ella de un empujón. Sus dos esmeraldas se abrieron cuando cayó en la cuenta de lo que había pasado, no se conocían mas que de unos minutos y ya estaban besándose como si la vida les fuera en ella. Él podría ser así, no le conocía, pero ella… cómo había podido dejarse llevar de esa forma. Se tocó los labios instintivamente y cuando quiso reaccionar, el sonido de unos rápidos pies subiendo las escaleras le hicieron caer en la cuenta de que estaba sola en la cocina, con un vaso roto a sus pies y todo el zumo de naranja esparcido por ahí. Con un resoplido se resignó a recoger aquel estropicio, luego buscaría a Deidara y le pondría las cosas claras.
Mientras recogía los trozos de cristal, su cabeza empezó a dar vueltas. ¿Por qué Tsunade querría una niñera para Deidara? Él era mayor que ella, así que, ¿por qué? Le extrañaba de veras, pues nunca había oído nada parecido. Tan ensimismada estaba que no se dio cuenta de que estaba recogiendo cristales y se clavó uno haciéndose una herida bastante profunda en el dedo. La sangre empezó a manchar el ya de por sí sucio suelo, y a gran velocidad presionó la herida con un trozo de papel para evitar la hemorragia. Se levantó, manteniendo la calma, y se dirigió al piso de arriba para buscar el baño. No conocía la casa, así que aquello suponía un problema. El pasillo que se extendía delante de ella tenía cuatro puertas. Dos supuso que serían las habitaciones, la otra podría dar a un estudio y la restante debería ser el baño. Pero, ¿cuál de las cuatro sería la que ella necesitaba? Rogando por no equivocarse, abrió la primera puerta con algo de dificultad, ya que intentaba no manchar nada de sangre. Y lo que vio dentro le dio a entender que aquel no era su día de suerte. La habitación estaba pintada de azul y tenía varias estanterías llenas de discos, libros y figuras de arcilla. Éstas últimas eran bastante abundantes y a Sakura le llamó la atención lo bien hechas que estaban.
-¿Qué haces aquí? –con un respingo la joven se giró a su izquierda, hacia la ventana, donde Deidara estaba sentado, observando el exterior. Parecía enfadado porque ella había osado entrar en su habitación, pero cuando vio la sangre que empapaba el papel en torno a la mano de la chica, su cara se convirtió en el mejor ejemplo de la preocupación, pero, ¿por qué aquel cambio tan drástico?- ¿Qué te ha pasado? ¿Estás bien?
Al momento ya estaba junto a ella examinando la herida- No es nada, simplemente un corte, buscaba el baño para curármelo –se intentó excusar ella, evitando mirarle a su único ojo visible.
-Acompáñame, te curaré yo.
Y así fue, ahora se encontraban en el baño, Sakura sentada en el borde de la bañera y él junto a ella desinfectando la herida con cuidado de no hacerle daño, aunque no puedo evitar ver alguna que otra cara de dolor. Finalmente le puso una tirita y todo terminó. Se quedaron ahí, sentados uno junto al otro, mirando ambos al suelo y sin atreverse a hacer ningún movimiento ni a decir ninguna palabra.
-Yo… -dijeron los dos a la vez. Sonrieron cuando se miraron y vieron al otro en la misma posición, intentando decir algo.
-Empiezo yo, ¿te parece? –dijo el rubio con una pequeña sonrisa, que Sakura pudo comprobar que no era la misma de antes- si vamos mejor al salón y nos sentamos estaremos más cómodos.
-Me parece bien –y juntos bajaron hasta la primera habitación donde se habían encontrado.
-Antes de nada, quería pedirte disculpas por mi comportamiento. No es que sea siempre así… bueno vale, casi siempre soy así –un risa casi angelical escapó de sus labios- pero, no sé qué me has hecho –fijó su ojo en ella mientras continuaba sonriendo, la pelirrosa empezó a pensar que había muerto desangrada y que estaba en el cielo, justo delante de un ángel. Pero su voz la devolvió a la realidad- no sé por qué, pero siento que tú no eres como las demás que han entrado por esa puerta para mantenerme quieto todo el día. No me preguntes la razón, ni yo mismo la sé, pero… tampoco suelo descontrolarme como en la cocina –ante eso ella se ruborizó, divirtiendo al muchacho- pero era como si no pudiera evitar besarte, ¿sabes? Tampoco me arrepiento porque ha sido genial –volvió a reírse- en fin, que puedes preguntarme lo que quieras.
Le costó unos segundos asimilar que era el momento de aclarar sus dudas- ¿Cuántos años tienes?
-Diecisiete, uno más que tú.
-¿Y por qué necesitas a una niñera que te cuide mientras tu madre está fuera? ¿No eres capaz de cuidarte solo todavía?
-El problema es que… como habrás podido comprobar antes, me gustan demasiado las explosiones –otra vez esa risa, Sakura iba a terminar enamorada de aquella música- y mi madre teme que cualquier día haga saltar la casa por los aires. Pensó que si alguien se quedaba conmigo, dejaría de comportarme de esa forma, pero se equivocó, como la mayor parte de las veces…
Eso último lo susurró, pero la ojiverde pudo captarlo perfectamente- ¿Por qué yo soy diferente a las demás?
-No estoy seguro, pero creo que se debe a que tú eres más adecuada para mí que el resto.
Sakura abrió los ojos con sorpresa sin entender al cien por cien las palabras del ojiazul- ¿Más… adecuada?
-Sí, tienes casi mi edad… no te has burlado de mi amor por la arcilla, aunque no creo que hayas podido pararte mucho a ver mis pequeñas obras…
Fue entonces cuando ella cayó en la cuenta. Las figuritas de arcilla de las estanterías de su habitación. Tenía razón, no había podido verlas muy bien pero, ¿por qué debía de burlarse? Cuando formuló aquella pregunta en voz alta, mientras subían las escaleras hacia el cuarto del rubio, él le contestó:
-Mi madre dice que tengo que crecer y dejarme ya de jugar con arcilla… quiere que algún día sea cirujano, como lo era papá… -su semblante se entristeció de pronto, pero fueron tan solo unas milésimas de segundo, porque al momento ya la instaba a que entrara a la habitación- pero lo que yo quiero ser es pirotécnico, y dedicarme a mi pequeño arte, aunque no de forma profesional.
Ahora que lo veía, el cuarto estaba lleno de pequeños animales de barro: leones, jirafas, perros, elefantes… pero sobretodo, pájaros- ¿Los has hecho todos tu? –dijo mientras giraba sobre sí misma para no perderse ninguna figurita.
-Correcto. Y tengo cajas llenas en la buhardilla. Aunque mi madre lo vea como una tontería para críos, yo lo veo como mi mayor diversión, después de… –pero cuando fijó su ojo en Sakura, su voz se desvaneció poco a poco. Por fin podía verla completamente, y ahora podía decir con seguridad que le gustaba. Era guapísima, con aquel pelo largo ondeando a su alrededor cuando ella se giraba para mirar las paredes, y aquella sonrisa sincera le había enamorado. Le tenía cautivado desde el momento en que la había visto por primera vez, casi una hora atrás, pero ahora se daba cuenta de que le iba a doler decirle adiós cuando se hiciera la hora de la llegada de Tsunade. Aquel beso llegó a su mente y se tocó los labios con cuidado, recordando aquel dulce sabor a fresas. Y sonrió, porque por primera vez su madre había acertado en algo- Sakura, ¿cuál es tu animal favorito?
-Mmm… -aquella pose inocente, con la mano en la barbilla y los ojos mirando hacia arriba en actitud pensativa le hizo gracia. Tendría ya dieciséis años, pero tenía a una niña en su interior conviviendo con ella- me encantan los gatos, Deidara-san.
-No me digas el san, no me queda todavía, solo Deidara, ¿vale?
-¿Puedo llamarte Dei-chan? –preguntó mientras sonreía de aquella forma otra vez, haciéndole ceder ante cualquier petición. Cuando él asintió Sakura le dio las gracias con la mirada.
-Está bien, Sakura-chan. Ven, acércate.
Ahora él se encontraba sentado en una silla frente a su escritorio, y estiraba la mano para coger una bolsa marrón. Cuando la pelirrosa estuvo a su lado, él la agarró firmemente por la cintura y la sentó sobre sus piernas, notando como ella se estremecía ante el contacto. Como era bastante más alto que ella, apoyó su barbilla en su hombro y extendió las manos para manejar las de Sakura- No te resistas ¿vale?, sólo, déjate llevar –aquellas palabras, susurradas en su oído, la hicieron casi suspirar, pero se contuvo recordando que él estaba delante, muy cerca de ella, manejándola como a una muñeca.
Las horas pasaron y ellos seguían en la misma posición, pero ahora, Sakura sostenía entre sus manos un pequeño gatito persa de arcilla, al cual le estaba limpiando algunas impurezas para darlo oficialmente por finalizado. Sonrió cuando lo vio completamente terminado, era precioso, y lo había hecho ella con ayuda de su rubio… ¿su rubio? Se sonrojó ante ese pensamiento y dio gracias porque Deidara no se dio cuenta.
-Dei-chan es precioso, me encanta. Gracias.
Pero la sonrisa que tenía el chico en su cara no la tranquilizó mucho que digamos. Era esa sonrisa retorcida de la cocina- Bueno… Sakura-chan, ¿cómo piensas pagarme por la figurita? –ahora la tenía atrapada otra vez al estar rodeada por sus brazos, pero algo le decía aquel brillo en su ojo, de que Deidara sólo estaba jugando. Y a ella le gustaba mucho jugar. Así que, imitando el gesto del rubio, ella se aproximó a su rostro y rozó su nariz con la suya, pero sin llegar a unir sus labios.
Cuando él fue a eliminar la distancia entre ellos, Sakura se alejó, disfrutando de la sorpresa en la cara del chico. Entonces fue cuando Deidara comprendió de qué iba aquello. Era un juego. Y él no iba a perder. Con un rápido movimiento de sus brazos la apretó contra su pecho, el cual ella acarició delicadamente con sus manos. Pero cuando la pelirrosa esperaba sentir por fin sus posesivos labios de nuevo, el rubio se dedicó a besar su cuello y su clavícula. Los suspiros que escapaban de su boca, que ya no eran reprimidos, inundaron la habitación. Ella comenzó a recorrer la espalda del chico con su mano izquierda, acariciándole la nuca con la derecha. Y después de eso, por fin se besaron. Pero esta vez no era un beso tan agresivo. El primer contacto fue tímido, sencillo y muy dulce. Disfrutaban del momento al máximo, ya que su primer beso no había sido todo lo maravilloso que habrían querido. Así que ahora iban despacio, saboreándose mutuamente. Sakura mordió levemente el labio inferior de Deidara y, aprovechando que éste había abierto la boca dejando escapar un gemido, introdujo su lengua explorando la cavidad del rubio. Perdieron la noción del tiempo mientras se besaban, y justo cuando el ojiazul se había incorporado, con las piernas de la chica enrolladas en su cintura, rumbo a la cama, el sonido de la puerta principal abriéndose les sobresaltó.
-Chicos, ya estoy en casa. ¿Cómo ha ido el día?
Al momento ambos estaban ya en el piso inferior junto a la rubia dueña de la casa, como si nada hubiera pasado. Ella estaba empapada, porque finalmente se había cumplido la predicción de Sakura aquella mañana y había terminado lloviendo. Mientras ella guardaba el paraguas mantuvieron una pequeña conversación sobre la mañana de los tres, y cuando Tsunade se dispuso a despedir a Sakura hasta el día siguiente, Deidara se adelantó, sorprendiéndola gratamente:
-Tranquila mamá, acompañaré a Sakura hasta su casa. Llueve mucho y no lleva paraguas. Tú mientras prepara la comida.
Y sin esperar respuesta, el chico agarró un paraguas y a la pelirrosa del brazo y la sacó de la casa. A penas le dio tiempo a Sakura de decirle adiós a Tsunade, la cual ahora sonreía divertida desde el porche. El camino fue de todo menos silencioso. Había descubierto que Deidara era hablador y divertido. A veces tenían hasta que pararse para que Sakura pudiera reírse a gusto de los chistes que contaba él. El trayecto se hizo corto y antes de que se dieran cuenta ya estaban en la puerta de la casa de los Haruno y se disponían a despedirse. Bajo la lluvia y bajo el gran paraguas negro que sostenía el rubio.
-Bueno, ha sido un día guay –dijo Deidara mientras se metía una mano en el bolsillo del pantalón despreocupadamente- supongo que nos veremos mañana, ¿no?
-Pues claro, aunque espero que a tu niñera no le importe que vaya –mientras decía eso, Sakura se acercó al rubio y comenzó a dibujar círculos en su fuerte pecho inocentemente- ¿qué me dices?
-Pues te digo que, mañana pienso mantener muy ocupada a la niñera –y tras una última sonrisa traviesa, se besaron de nuevo, despidiéndose hasta el día siguiente.
׺°"˜"°º×׺°"˜"°º×׺°"˜"°º×׺°"˜"°º×׺°"˜"°º×׺°"˜"°º×׺°"˜"°º×׺°"˜"°º×׺°"˜"°º×׺°"˜"°º×׺°"˜
Agradecimientos: Saru Uchiha y nessa uchiha.
Bueno, aquí estoy otra vez, después de varios días intentando subir el capítulo... bueno más bien intentando entrar en FF porque no había manera... en fin, personalmente me gusta cómo me ha quedado n.n además es que es una pareja sobre la que me gusta mucho escribir. No he hecho un lemon en condiciones porque he preferido dejarlo para una posible segunda parte, si a alguien le parece bien que vuelva a escribir otro drabble sobre esta pareja =) Espero que haya gustado y sí, me inspiré en la película Ghost para el momento de la arcilla xD
Por cierto nessa, ni se te ocurra cortarte las venas O.O no quiero perder una lectora tan valiosa por dios! Y nada más mis lectores jeje nos vemos en el siguiente drabble ii recordad votar en la encuesta que hay en mi perfil para decidir las parejas eeh y please T.T dejad algún review
Cuidaos mucho, ja ne!
