—LA PRINCESA Y EL DRAGÓN—
POR ZURY HIMURA
Gracias por leer y a May por su seme-alidad (loveu). Que disfruten el capítulo.
Disclaimer: los personajes no son míos, mas que los inventados.
DRAGON'S FLAME
UNTIL THE WORLD DIES
I
Durante ese breve encuentro, entre ambos de sus espíritus, hubo un silencio en la oscuridad. No supo la razón, pero de esté nació una visión del futuro, inundada del eco profundo y largo de los sollozos de Andrómeda a quien veía en el suelo con el alma herida. Sus brazos quemados por sus flamas y piel rota temblaban al compás del estremecimiento de su pecho ensangrentado. Justo en su corazón. Consecuencia de lo que haría su amor. ¿Pero, su amor por quién?
—Perdón, Kaoru…
En esa imagen vislumbró su emblema bajo ella, el dragón difuminándose como la sal lo hacía con las olas del viento fuerte y furioso. Su luz era débil y era inexistente ante los ojos de esa doncella que poco a poco se doblegaba a una oscuridad mayor. Ya que no se trataba de un sello cualquiera, signo de una princesa rota y humanizada completamente, no por él sino por alguien más. ¿Quién?
—Perdóname, Ori…
En esa visión de lo que ocurriría en el futuro, se veía en medio de una lluvia de estrellas. No entendía por qué lo hacía sin ayudarla. Su mano fuerte y autoritaria daba órdenes entre risas, mientras los siete vestigios en sus manos eran usados contra ese mundo. La corona blanca de Andrómeda, el arco dorado de Orión, el escudo de diamante de Perseo, la copa rubí de Cráter, la katana de platino de la garra de Doragon, el cuerno de bronce de Tauro y la pluma plateada de Aquila.
Todos estarían unidos con un solo propósito. Porque después de que Andrómeda se degradara por alguien más, caería herida en los brazos de un rey. Evento que ganaría miseria para la tierra, pero también su ira. Entonces, ella, por la pureza de su corazón se entregaría a ellos. Por temor a él.
Por eso, en el futuro que preveía, cierto y claro, ella volvía a ser un sacrificio. Acto que no permitiría.
—Perdóname, princesa Andrómeda.
Mil veces perdón…
Porque al inicio le había prometido liberarla. Y, ahora que la había nombrado para salvarla, rompía sus cadenas remplazándolas con otras y atándola a él por la eternidad. Porque prefería atarla que entregarla a la desgracia de ese mundo.
No podría liberarse mientras sus sellos estuvieran unidos, a menos que se volviera humana o muriera; pero, por su parte, simplemente no sería capaz de dar a conocer su nombre para logarlo. No cuando lo había comprendido mientras sus espíritus hacían el amor en el cielo. Por eso, prefirió compartirle parte de su esté para preservar su divinidad. Porque sin él ningún dios, después de ser nombrado, podría preservarse como tal.
En su encuentro, en ese beso, supo que desde siempre quiso conocerla y que sus destinos estaban y estarían unidos por ese deseo mutuo.
Desde su origen… por la eternidad.
Hasta que el cielo cayera. Cuando el mundo muriera. Desde siempre le perteneció.
¿Era necesario caer para conocer a la persona que admiró y volvió constelación?—. Perdón. —Se arrodilló tocando la tela de su vestido mientras murmuraba porque hasta ahora recordaba su rostro humano e historia—… porque fui yo el que te dio este presente.
El que le daría ese futuro.
Porque fue el que inmortalizó egoístamente. Porque en su mente solo existía el bien y el mal, mas nunca consideró los sentimientos ajenos, solo su amor. Lo veía, con ella, su princesa, su último amor. Se trataba de una entrega y no una decisión. Pues su amor, a pesar de ser incondicional, siempre fue egoísta.
Súbitamente fue levantado por las cálidas manos de esa chica, que iba perdiendo su fuerza para caer de rodillas a su lado. Era consciente de que su opinión hacia la humanidad no difería, mas era sosegada por sus sentimientos hacia ella. Una humana que volvió diosa y que poco a poco iba regresando a su origen. Su amor en ambas naturalezas.
¡¿Por qué, cuando quería acabar con ellos?!
—No puedo liberarte, jamás lo haré —Si la vería morir, prefería encadenarla a él y arrebatársela a los humanos—. No dejaré que vuelvas a sacrificarte, nunca más, no mientras yo exista. No en la misma tierra, bajo este cielo, o en el mismo tiempo. No te dejaré morir.
—Yo…
—Soy tuyo y tú, princesa… no, te has vuelto más que eso. Sé mía…
Una princesa y un dragón, amándose en el cielo y espíritu, como algún día lo harían en la tierra. Así culminó la visión de sus futuros junto a la de esa noche y antes de su charla. En el silencio, él quedo de pie, sosteniéndola inconsciente en sus brazos mientras caminaba a un rumbo conocido. Donde por primera vez, y sin que ella lo hubiera sabido, sus espíritus hicieron el amor.
—¿Quién soy? —Preguntó ella entre murmullos durante su sueño.
—Eres el nuevo amo del dragón…
II
—La princesa no volvió —dijo uno de los ancianos trayendo consigo un par de pergaminos que había logrado extraer de algunos de los siete templos.
Hiko no estaba placido con nada de lo que estaba ocurriendo. Él había sido testigo de la huida que había hecho Andrómeda en el balcón desde su ventana, mas nunca pensó que esa sería la última vez que la vería. Debían hacer algo pronto, sobre todo por Doragon.
—Necesito apresurar la guerra y la búsqueda de los vestigios —No quería sonar ingenuo protegiendo a la princesa, pero quería creer que Doragon la retenía contra su voluntad. Sobre todo después de que no la dejara volver esa noche donde le pediría ser su pareja—. Quiero ver a la Oráculo, y tú —Señaló al líder de su ejército—, prepara las tropas que has colocado en los siete templos. Terminaremos con Doragon más pronto de lo que teníamos planeado.
El anciano sonrió y desdobló los tres pergaminos que había adquirido de los templos que había saqueado. Se suponía que eran sagrados e intocables, pero dada a su condición, ninguna de esa regla aplicaba cuando se trataba de Doragon. Además, tendrían el resguardo de los dioses.
—Aquí muestra que cuando más de dos artefactos divinos estén unidos caerá polvo del cielo y Doragon comenzará a debilitarse. Entonces, podremos aniquilarlo como si se tratara de un humano.
—Tienes que ser más específico con eso de polvitos mágicos y esas cosas… —Claro, no usaría objetos divinos sin saber sobre los conceptos que se usaban para describir su victoria—. Debemos saber más detalles antes de unirlos.
El anciano pasó las líneas rápidamente, contaba la historia de su supuesta creación y cómo se habían otorgado a la humanidad por un dios que no se nombraba. Cada deidad había colocado parte de su espíritu y poder para ayudarlos contra sus enemigos. Juntos, tendrían una fuerza inimaginable que destruiría mundos enteros. Sin embargo, esa información fue lo que menos le importó y la pasó por alto, pues se enfocó en la parte que decía que ayudarían unidos en la caída del más grande y les otorgarían todas sus riquezas. En este caso Doragon. Todo por el amor a los humanos.
—Mi señor, si logramos tener los vestigios más poderosos esos sobrepasarían todo lo que se ha imaginado.
Sabia a lo que se refería.—¿Te refieres a los de Doragon?
—Así es, mi señor.
Huh… era interesante ese asunto de los recuerdos de los dioses, sobretodo hacer uso de sus poderes en una guerra contra uno solo. Si los obtenían tendrían la ventaja.
—También hay otro vestigio poderoso —carraspeó cuando la mirada fría del rey se posó en él—. Se dice, en la historia de Andrómeda, que ella tiene mayor poder en su corona, por su pureza que la propia reina. Por eso, la Oráculo ha ido al templo de Aquila en búsqueda de la pluma plateada y ha mandado a decir que la ha encontrado. Esto nos dará la siguiente pista.
III
Se despertó súbitamente, alzando su rostro lentamente y apretando los ojos al sufrir de algunos mareos. Haciendo un esfuerzo para quedarse consiente, se sentó en aquel lugar extraño donde había despertado. Aunque… frunció el ceño al notarlo, 'no era tan desconocido después de todo'.
Estrujó la tela de su vestido con el puño, sintiendo la suavidad del material que llamó su atención. Sorprendida, subió la vista buscando a ese dragón pervertido que de alguna forma la había cambiado de ropa. Pero no lo encontró. A su alrededor solo había piedras y grutas de agua, una cueva que recordaba. Pues ahí neutralizó el sello de Doragon y conoció la esencia de su espíritu, sus verdaderos sentimientos y su 'yo' genuino. Aunque en ese entonces fueran desconocidas para él.
Sonrió de medio lado agachando la mirada. El don de Doragon era 'ver' dentro de los corazones, por ende, se imaginaba que algo como eso había pasado al mezclar sus espíritus. Posiblemente él ya la recordaba, sabia sobre su pasado y por qué ella le conocía; rememoraba el rostro de la princesa Andrómeda, la humana que inmortalizó en el cielo. Pues habían pasado milenios y aunque seguramente la evocaba tal vez había olvidado su naturaleza… hasta ese día.
Se irguió acariciando su largo vestido escarlata. Era hermoso y sutil, de tela suave y fluida, era tan cómoda que podía tirarse al piso y cobijarse con ella para dormir. Tenía un escote disimulado, mangas largas traslucidas y finos detalles en el cuello. Un atuendo majestuoso, una pieza elegante y obra maestra. Tan única y especial para ella.
Su cabello estaba suelto, arreglado con una horquilla con pequeñas piedras incrustadas en los costados. Se trataba de un tesoro con su significado, por ser de parte de él. Entonces, tras imaginar sus detalles, se detuvo, llevando sus manos hacia el pecho cayendo de rodillas al piso.
¿Qué le pasaba? ¿Por qué se emocionaba con cosas como esas? Cuando el rey Hiko la había querido llenar de adornos y piedras preciosas ella descartó su valor inmediatamente. En cambio, en esos momentos, sonreía sintiendo calidez y ansiedad en su pecho. Como si se tratara de algo más.
Recordando lo ocurrido, alzó su falda con desesperación, buscando lo único que confirmaría su sospecha. Apurada, terminó de desvestirse, encontrando en la parte suave de su antebrazo, cerca de un par de venas, un sello conocido. El inmortal dragón del cielo rodeando su marca: un par de flechas coronadas por su arco, lo que la simbolizaba, Ori y Andrómeda… a él.
Con cuidado lo acarició, pero quedó congelada al descubrir sensaciones provenientes de su pecho. Era extraño. Estaba emocionada y confundida, una sensación parecida a 'libertad', mas no lo simbolizaba. Porque aún tenía el peso de su pasado, su poder y naturaleza.
Anticipándolo, alzó las manos al cielo, creando su arco y un par de flechas de diferentes colores, las que dejó que desaparecieran instantáneamente. Luego, creó mariposas plateadas dejándolas libres para que reflejaran su luz en las paredes. Aunque se llevó una sorpresa cuando docenas de luciérnagas doradas las ayudaron a alumbrar la cueva.
—He colocado dos sellos en nosotros —Doragon señaló el que estaba casi por su muñeca—. Este y uno oculto para asegurarme de no perderte.
Lo escuchó decirle, lo cual la hizo reaccionar instintivamente buscándolo entre las sombras. Guiada por su voz y olvidando estar casi desnuda, caminó hasta llegar a una de las esquinas de la cueva, sin importar lo heridos que estaban sus pies al caminar sobre las piedras sin calzado.
—Algo dorado, —dijo él con un tono de voz más frío de lo normal—… En la oscuridad de la noche, eso será el simbolismo para reconocerte —murmuró más para él.
No le entendió y no supo qué replicar. Solo deseaba que le explicara sobre su nombre y lo que había hecho con ella, y si era parte de su plan. También, si la besó por amor o por estrategia.
—¿Por qué dos sellos? —Preguntó ella empezando con lo que se convertiría en un largo cuestionario.
—En el pasado, me ordenaste buscarte en la oscuridad, sin importar tiempo o espacio, «siempre» dijiste —Se puso de pie saliendo de la sombra de su escondite—. Cambiaré el futuro para que te quedes y no tenga que buscarte en esté. Así que esperaré a que «completes» nuestro sello para que puedas reconocerme…
Presentía que algo había ocurrido entre la unión de sus espíritus y que por eso no entendía gran parte de lo que solicitaba, y, aunque no tardaría en preguntar, no podía evitar, pero cuestionarse: ¿Si había visto su verdad? ¿Y… qué había hecho con ella, aparte de lo que sospechaba?
—El primer sello es para hacer lo mismo que hiciste conmigo, prevenir que te vuelvas enteramente humana —reveló él, dejándole saber que al igual que ella había tomado parte de su espíritu creando una cadena, y que, por tratarse de él, el más fuerte, sustituía las viejas que la doblegaban a los humanos—. El segundo es un secreto. No te daré a ellos.
Esa era la razón por la que no se había vuelto humana y sus cadenas solo habían cambiado de dueño. ¿Por eso estaba molesto y le había pedido perdón tantas veces, aunque no lo merecía? ¿O por haberla nombrado?
—¿Y eso en qué te afecta? —lo retó alzando el mentón. No la usaría, aunque le hubiese nombrado por estrategia y a ella también lo hubiese acorralado para que lo hiciera—. Es mi decisión.
—¿Viste las visiones…? —Su voz se quebrantó, al darle la espalda. Tal vez aún no comprendía lo que los unía. Lo que ella se había convertido para él, y lo que ella sentía. Probablemente tampoco se daba cuenta que la trampa que supuestamente había planeado, en realidad solo era una excusa para darle a conocer sus sentimientos.
Él era….
—Soy tu debilidad, Kaoru. —Su voz estaba llena de culpabilidad, y lo pudo notar cuando sus palabras comenzaron a cortarse—. Me amaste y no lo sabias. Yo no lo sabía.
Ella se quedó pasmada. Primero reaccionó en negación, queriendo recriminarle su arrogancia, pero no pudo, porque sería una excusa para ocultar la verdad. Puesto que él había sido capaz de nombrarla. ¿Cómo podía decirle que le amaba sin pensar en las consecuencias de sus confesiones…que todo había sido por el amor infalible que les tenía a los humanos… y a él?
—Desde que deseaste conocerme, dejando tu constelación solo para verme… Cuando te sacrificaste para ayudarme a volver y no me arrepintiera de nada de lo que hiciera aquí en la tierra. De tu admiración nació el sentimiento. Uno que me alcanzó.
—Eso… —Quiso excusarse y desviar el tema. Se sentía culpable. Pero la verdad era que siempre amó la idea de él. De un ser tan bueno incluso antes de verle—. Perdón por todo…
—Te sacrificas cuando amas. En tu pasado, por ellos… —pausó, no quería sonar altanero, pero la cohesión de sus espíritus había funcionado y su nombre había sido el correcto, aunque nunca debió habérselo dado. Pues en su afán de salvarla había caído en otra trampa, se había dado cuenta cuando era demasiado tarde—… por mí en el presente y por ellos en el futuro nuevamente. Por eso… has venido, sabiendo tu destino. Te nombré estúpidamente, sin saber qué era lo que querías… que era parte de tu plan; caí, y lo supe cuando ya era tarde.
Ella bajó la vista tras ser descubierta y se acercó hasta llegar a su espalda, cuando ya no había nada que ocultar. Todo era verdad. Todo. Había hecho un trato con él, utilizándolo, creyendo que también él lo hacía. Sabía que terminaría nombrándola y por eso no se sorprendió, su plan era… morir por o vivir con ellos, usando su amor por él.
—Mi amor por ellos fue lo que me llevó a ti y me hizo quien soy. Es la base de lo que siento por ti. Así que créeme cuando te digo que lo que siento por ti es verdadero —Lo rozó con su índice—. Lo planeé desde que me di cuenta que los dioses no bajarían; tuve que pensar en otra forma…sabía que lo notarías y me nombrarías. —Estiró su mano titubeante, insegura de ser rechazada.
Deseaba tocarlo, pero no podía atreverse después de lo que le estaba diciendo. Luego de su decepción, supo que la única forma de hacer algo por los humanos era ser nombrada por Doragon. Una parte suya moriría para regresar a su pasado, pero viviría por ellos con más libertad. Al final, si moría, el manto de estrellas que la conformaba sería la única túnica protectora que usaría para cubrirlos al entregarse a la muerte, siendo humana.
—Entonces, los protegería de ti y los dioses con todo lo que me queda, sin nada que me atara —siguió hablando con honestidad; pues a ese punto ya no había nada que él pudiera hacer. Se había equivocado al nombrarla y aunque odiaba haberle hecho eso, había caído en su trampa.
Solo quería verle a los ojos y pedir lo imposible: no ser odiada por él. Deseaba ver su reflejo en su fuego hasta que el mundo se consumiera.
Lista… demasiado lista, pero entendía lo que había hecho, algo que probablemente estaba haciendo al posar doble sello en ella—. No quiero que mueras o te sacrifiques por ellos. Deseo... mil veces… no, por toda la eternidad, deseo conocerte hasta que el universo se acabe. Aquí, en otro mundo o en otro tiempo, bajo el mismo cielo o sobre otra tierra. Hasta que las constelaciones se extingan… quiero tenerte. —Se giró con una lagrima rodando sobre su mejilla—. Quiero llamarte mi Kaoru, mi princesa, mi mujer… así que, por favor, no me dejes solo. No mueras… y lucha conmigo no contra mí. No importa lo que ocultaste…
Kaoru dejó que su mano callera a un costado, mientras que sus lágrimas caían por igual. ¿Eso era devoción? ¿Al igual que él… necesitaba fortaleza y la convicción para mostrarle su amor?
—El futuro puede cambiar, nada es seguro —Se acercó, su pecho se unió con el de él. Al fin se daba cuenta de lo mucho que le amaba y que todo había sido una excusa para decírselo. Ella se había engañado a si misma—. Pero solo hay dos opciones.
Y él sabía: trataban de subir al cielo mientras evitaban que el futuro se cumpliera o dejaban que las cosas siguieran su rumbo.
—No quiero pensar que fuiste tan fría como para calcularlo todo… —Doragon alzó la barbilla para deshacerse de su nostalgia, y entonces la miró desde esa altura—sé de sobra que no eres así. Ibas a morir sin contar que yo también te amara. —Acarició su mejilla—. Los olvidaré, a los humanos, mas no volveré a ayudarlos, ¿eso será suficiente para ti?
La princesa sonrió. No lo planeó de esa manera, sin embargo, estaba pasando. Lo más importante era que no tuvo la necesidad de pedirle nada, todo nacía de él, signo de que en el fondo tampoco quería herirlos y los dejaría vivir.
—Lo es. —replicó alegre rozando el dorso de su mano—. Ahora dime, ¿qué deseas de mí?
Era ella quien cambiaba su mundo y extinguía la soledad de milenios. Era ella… quien le mostraba lo que era libertad.
—Tengo que ir a terminar unos asuntos —Se refería a hablar con la Oráculo y los hombres que fielmente le habían seguido—. Te daré esta noche —Caminó hasta la salida viéndola por el rabillo del ojo— pero cuando regrese… ofréceme todo de ti, y completa nuestro sello con una promesa que cumplirás, incluso cuando el mundo se caiga en pedazos. Eso es lo que quiero de ti: tu todo.
Continuará…
Notas de autor: Lo que en realidad Kaoru deseaba, en el fondo de su corazón, era que Kenshin se diera cuenta que lo amaba y no lo que le hace pensar, pues incluso ella tampoco se había dado cuenta hasta después cuando habla con él. Lo ama y cuando descubre su verdadero deseo es cuando recibe lo mismo de él.
