Disclaimer: NO poseo los personajes pero si el OC.
Capítulo 13: Cita grupal, parte 2.
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Se encontraba tan concentrado en el súbito y pequeño gesto que la chica del grupo había hecho, que no se dio cuenta de que su capitán intentaba a toda costa llamar su atención. Sus pensamientos volvieron a acomodarse adecuadamente cuando un cubo de hielo fue puesto dentro de su camiseta, resbalándose por su piel.
―¡Kise! ―fue la dura voz de Kasamatsu.
―¡Qué frio! ―brincó en el acto el rubio. ―No tenía que hacer eso, sempai. ―pese a la forma en que llamó su atención, agradeció en silencio por la interrupción de sus pensamientos. ―¿Qué ocurre?
Kasamatsu desvió un poco la mirada. ―C-cuando hablas con las chicas, ¿sobre qué temas se supone que debemos conversar?
―Uhm…―Kise reflexionó un momento. ―Sólo temas…normales.
―¿A qué te refieres con temas normales? ―el pelinegro cuestionó confundido.
Junto a él se encontraba Natsumi, que dejó escapar un suspiro. ―¿De verdad no sabes eso?
―Sólo alaba a las chicas porque se vean lindas y cosas así. ―intervino Moriyama. ―También di cosas interesantes en los momentos más apropiados.
―Entiendo. Adularlas y decir cosas interesantes. ―el capitán de Kaijo parecía estar sufriendo de un pesado dolor de cabeza.
Finalmente, las chicas habían regresado a la mesa. Natsumi abrió sus ojos de par en par ante lo que vio. Delineador, gruesas pestañas, cabellos bien peinados y arreglados, brillo labial perfectamente bien aplicado; además, exponían muy bien sus grandes atributos. En comparación a como habían entrado al baño, definitivamente el nivel se había elevado más allá de mil.
―Wow. ―la pelinegra dejó salir, asombrada. ―¿Qué hicieron ellas? Simplemente cambiaron totalmente.
―Se llama la magia del maquillaje. ―dijo Nakamura. ―Podrías intentarlo alguna vez. ―dijo burlonamente. ―Tal vez así seas notada como una niña.
Ella movió la mano con desdén. ―No me importa lo que piensen. ―dijo finalmente mientras sorbía de su bebida. El muchacho negó con la cabeza, pensando que su gerente en serio no cambiaría nunca.
Y así entonces, comenzaron a hablar de temas triviales que para Natsumi rozaban perfectamente con lo aburrido. Girándose para ver a Kasamatsu, lo encontró, al parecer, sereno y tranquilo. Pero, muy, pero muy detrás de su fachada de tipo estoico, se encontraba un chico que estaba deseando que la tierra abriera un hueco y se lo tragara. El epítome de aquello era que Kasamatsu estaba nervioso. Bastante, por lo que sólo atinaba a contestar las preguntas de sí o no que las chicas le hacían. Y, porque cuando eran preguntas que necesitaban una oración completa, la cagaba; como en ese momento.
―Entonces, Kasamatsu-san, ¿qué es lo que más te gusta de las chicas? ―preguntó la castaña que estaba sentada en frente de él.
Kise quiso trasmitirle telepáticamente que dijera algo bonito, casi poético; Moriyama no fue un cuento distinto, que dijera algo de los sentimientos, no importaba qué. El resto estaban a la espera de la respuesta de su tan respetado e inteligente capitán de equipo.
―E-eh….pues…. ―y, al comenzar con tartamudeos incontrolables y ante la presión de las miradas de las féminas sobre su persona, cerró los ojos y pensaba decir lo primero que se le viniera a la mente, que no era para nada una respuesta que una chica estaba dispuesta escuchar.
Por lo tanto, Natsumi conociendo a su tarado amigo de infancia, fue benevolente y lo sacó de aquel embrollo. En milisegundos tiró un vaso de agua encima de su camiseta, llamando la atención del resto hacia su persona.
―Vaya, lo siento. Que torpe soy. ―dijo casualmente, poniéndose de pie tratando de limpiar la camiseta manchada con una servilleta. ―Bien, debo ir a limpiarme la camiseta primero, por favor, disfruten mientras vuelvo.
Kise se levantó automáticamente (a saber por qué), pero una mirada de ella le comunicó telepáticamente que se quedara para asegurarse de que nada saliera mal y se daba el caso, que ayudara a Kasamatsu a salir del lio por alguna estupidez que dijera (o fuera a decir). Las únicas personajes que tal vez podrían manejar a la chicas eran ellos dos (sin cagarla en el proceso), y pues ella ya se la había jugado. El rubio se sentó en su silla mientras su gerente caminaba hacia el baño de mujeres, silenciosamente agradecido de que el grupo de chicas no notara hacia donde se dirigía la pelinegra.
Una vez estuvo en el baño, se paró en frente del lavado y se quitó la camiseta para lograr lavarla, solo vestida con su chaqueta para lograr cubrir su cuerpo.
―Y pensar que esta es una de mis camisetas favoritas.
Rezaba para que las cosas estuvieran yendo lo más normales posibles. Estaba agradecida de que tantos años de amistad con Yukio la habían dotado de un sexto sentido para percibir cuando su amigo iba a decir una pendejada. Además, la camiseta sucia era una buena excusa para saltarse la parte de la socialización y salir de allí por unos momentos, porque, en serio, lo último que Natsumi quería era que una de esas niñas intentara ligar con ella.
Después de unos buenos quince minutos, su camiseta estaba completamente mojada, pero con la mancha aun ligeramente visible. La parte buena era que podría lavarla después en casa adecuadamente ya que para entonces la mancha no sería tan difícil de quitar. Apretándola con fuerza, la pelinegra llevó la camiseta húmeda en uno de sus brazos, usando la mano de su brazo libre para abrir el pomo de la puerta.
Se sorprendió al ver las chicas marchándose apuradas al momento de salir del baño.
Ella gimió en agonía y caminó rápidamente hacia la mesa, anotándose mentalmente de no volver a confiar en Kise jamás (para empezar, ¿cuándo empezó a confiar en él?).
―¿Qué pasó? ―preguntó una vez había llegado a su destino, posando una mano en su cadera.
Kise la miró cansadamente. ―En realidad, Natsumicchi, todo salió bastante bien. No se dijo ninguna palabra equivocada. De hecho, casi nada de lo que dijimos les interesó.
La chica de ojos negros negó con la cabeza. ―Pues con sólo baloncesto en sus tostadas cabezas, definitivamente no estarían interesadas.
Los demás muchachos, salvados por el mesías de Kaijo (entiéndase, Kise) agacharon la cabeza y suspiraron en señal de derrota. Pero, verlos de esa forma, lejos de hacerla sentir a gusto, la hizo sentir mal.
―Al menos ―comenzó, tratando de animarlos. ―Pueden aprender del error de hoy. La próxima vez, debemos preparar que temas y cuales no hablar con las chicas.
Aquello pareció iluminarlos un poco.
―¡Eso está bien! ―dijo Moriyama. ―La próxima vez, Kise y tu pueden enseñarnos.
―¿Qué? ―la morena y el rubio exclamaron, claramente sorprendidos con la conclusión de sus superiores.
Más antes de negar dicha propuesta (o afirmación, más bien) los muchachos ya se habían puesto de pie y estaban abandonando el restaurante, charlando casualmente, como si nada hubiese pasado. Cuando Natsumi salió también del restaurante, no encontró ni señas de los chicos. Habían desaparecido entre la multitud. Allí, de pie y sola mientras una gran cantidad de gente pasaba de aquí para allá, la pelinegra suspiró irritada ante la petición de los muchachos. Ella siempre había sido mala con eso de enseñar. ¿Por qué demonios le pedirían que les enseñe a hablar con las chicas? de todas formas, no lo haría; le transfería toda la responsabilidad a Kise, segura de que al menos él sería mejor que ella en esos temas.
―Oye, lindura, ¿estás sola? ¿Quieres venir con nosotros? ―la morena se volteó bruscamente hacia la izquierda, lugar de donde provenía la voz masculina. Junto a ella había un grupo de muchachos, en su mayoría más altos que ella. ¿Cómo diablos notaron que ella era un niña? bien, que eso era un punto a su favor pero sintió que aquello no le convendría.
―Déjenme en paz. ―dijo inexpresivamente, alejándose rápidamente de ellos.
Los hombres silbaron mientras aquel que le había hablado la sostenía de su brazo derecho, impidiendo su huida. ―Está de mal genio, eso me gusta.
―¡Déjame ir! ―ella había levantado la voz y había tirado fuerte de su brazo para conseguir su libertad. Que absurda situación tan cliché estaba viviendo en ese momento, porque justo en ese instante alguien apareció para alejarla completamente del hombre que la retenía. La persona la agarró rápidamente y la escondió tras su espalda. Alzó la vista para ver unos cabellos rubios, dándose cuenta de quién era.
Si, jodidamente cliché.
―Déjala en paz. ―dijo, increíblemente serio. Natsumi se sorprendió al escucharlo hablar, pues parecía que estaba enojado, pero ella no podría decirlo bien, nunca lo había visto en ese estado.
Los chicos retrocedieron, dándole poca importancia al asunto. ―Bien, quédate con la perra. Nosotros nos vamos.
Una vez que los tipos estuvieron fuera de su visión dorada, se giró para mirar a la chica, que no había ejecutado ningún movimiento hasta ahora. ―¿En serio? ¿Eres tonta? ¿Salir con esa ropa?
―¿Huh? ―ella frunció el ceño, confundida por lo que había dicho pero también enojada porque la había insultado por primera vez desde que se conocieron. Generalmente era ella quien lo hacía. ―No me llames así, idiota. ¿Y qué pasa con mi ropa?
El rubio se palmeó la cara. ―Y pensé que era lista.
Fuera lo que fuera y si estaba enojado, no le gustaba para nada que se dirigiera a ella de esa forma; no era el Kise que conocía.
―¡Oye! ―su declaración la había ofendido. ―¿Qué quieres decir con eso?
―¡Pues mírate! ―exclamó, señalando la apariencia de la chica.
La pelinegra miró su chaqueta, que estaba cerraba, pero sólo cubría muy poco su pecho, no dejando mucho a la imaginación, pues una parte de su sujetador se podía ver desde la amplia abertura de la chaqueta. Inevitablemente, ella se sonrojó. Carajo, que era la primera vez que Kise la veía así de roja, pero estaba tan cabreado con ella que no dio paso a molestarla (o pensar si quiera que se veía linda).
―P-pues pensé que no se darían cuenta de que soy una niña. ―dijo Natsumi en voz baja, tratando de controlarse por la vergüenza.
Escuchó a Kise suspirar exasperado, mientras se acercaba más a ella y la tomaba de los hombros.―ERES una chica, ¿de acuerdo? ―volvió a suspirar, tomando el control de su enojo, viéndola subirse el cierre hasta el cuello. ―Tienes que saber que la gente si nota que eres una chica.
La situación era por mucho la más extraña que hubieran estado ambos. Ella simplemente atinó a asentir ante sus palabras, no encontrando las propias para replicar, mientras el muchacho la miraba directamente a los ojos. Al darse cuenta de su proximidad, ella lo empujó suavemente y miró hacia otro lado, tosiendo para aclarar su garganta.
―De todos modos, tu ayuda no habría sido necesaria. Podría haberlo manejado perfectamente yo sola.
Natsumi lo vio sonriendo, de vuelto a su yo habitual. ―Lo sé, pero ¿crees que iba a perderme la oportunidad de ser tu caballero de brillante armadura? ―bien, ahora prefería al otro Kise, recordó por qué este le irritaba tanto.
―¿Me veo como una damisela en apuros? ―ella enarcó una ceja y le dio una palmada en el brazo, haciéndolo reír. ―No necesito tu ayuda.
―Bueno, no me importa. Te ayudaré así no lo quieras.
―Piérdete, Kise. ―y con eso, ella comenzó a caminar, siendo seguida por él unos segundos después.
―Sí, de nada.
―No te agradecí absolutamente nada.
―Bruja.
Y terminó con él siguiéndole hasta su casa, todavía sin ella haberle agradecido el ayudarle en esa situación, incluso ni siquiera después de que ella le cerrara la puerta en la cara. Sin embargo, él no fue testigo de la sonrisa que adornaba los labios de la pelinegra al subir a su habitación.
Porque sí, aunque no se lo dijera ni a su sombra, aquella tarde quise había sido su caballero de brillante armadura.
No me maten, por favor. Ya saben que aunque me demore mil años actualizo, de verdad. Espero que disfruten del cap escrito con mucho café en mi sistema xD ¡Nos vemos en un año! mentida :v cuando pueda actualizar, nos vemos :3
