Y de nuevo estoy de vuelta con otro capítulo. Me ha costado bastante saber como seguir después de la inesperada visita de los Vulturis. Y tras mucho pensarlo finalmente he decidido saltar algunos años que por supuesto, nuestros protagonistas han seguido su vida como hasta ahora. Carlisle ejerciendo su profesión como doctor y atendiendo a su esposa cuando esta en casa. Dicho esto, espero que disfruteis del capítulo.

Carlisle POV

Ya habían pasado doce años desde que me había casado con Esme. Doce felices años en los que estábamos prácticamente libres de preocupaciones. Esme se preocupaba porqué decía que Edward estaba muy solo, pero yo estaba seguro que pronto encontraría a su media naranja, como yo había encontrado a la mía.

Nos habíamos mudado hacía dos años aquí, a Rochester, en Nueva York. Me había salido una oferta de trabajo, así que eso hacía. Trabajaba en el turno de noche en el Hospital Rochester General Health System. Durante el día estaba en casa, con mi esposa y mi hijo adoptivo. Salíamos a cazar o simplemente cada uno se sumía en sus cosas. Edward tocaba el piano o leía, Esme limpiaba y reordenaba la casa, excepto cuando yo la interrumpia para que estuviese conmigo.

Eran las siete de la tarde, en un par de horas tendría que irme a trabajar como cada día, exceptuando los fines de semana, los cuales me había cogido como mis días libres de la semana.

Caminé hacía mi habitación dónde sabía que estaba mi esposa. Tenía que prepararme para ir a trabajar. Al entrar en la habitación la vi recostada en nuestra cama con un libro en sus manos, leyendo distraidamente, claro que ante mi presencia ella dejó el libro a un lado. Le mostré una sonrisa y me acerqué hasta ella, sentándome a su lado.

- ¿Tienes que ir a trabajar hoy..? -Murmuró cariñosamente Esme, mirándome haciendo un gracioso puchero. Yo tan solo pude asentir haciendo una pequeña mueca. A pesar de lo mucho que me gustaba mi trabajo, no podía negar que en días como estos, cuando ella me pedía así que no fuese, quisiese quedarme en casa.

- Debo ir cariño... -Musité esitirando mi mano hasta su mejilla para dejar una suave caricía en ésta. Sonreí cuando apoya su mejilla en mi mano y me incliné hacía sus labios, dejando un suave beso que ella correspondió sin dudarlo.

- ¿Me llamarás? -Preguntó sobre mis labiosa lo que yo asentí. Siempre la llamaba varias veces por la noche, pues me preocupaba el echo de que se aburriera o se acabase cansando de esta situación. Esperaba que no, claro.

- Siempre lo hago -Sonreí y me incorporé, levantándome de la cama. Me acerqué al armario y cogí una camisa limpia, pues esta ya la había llevado todo el día. Me la cambié por una blanca, poniendome una corbata grisacea que pegaban con mis pantalones grises de traje. Ella se acercó hasta mí para ayudarme a anudar la corbata, cosa que le gustaba hacer y hacía cada día.

Hecho la cogí por la cintura y la pegué a mi cuerpo, inclinandome hacía sus labios y besándola. En respuesta ella me abrazó por el cuello mientras nos besábamos, como si no nos fuesemos a ver en varios días. Con esfuerzo tuve que separarme de sus brazos dejándo unos últimos besos en sus labios.

- Te amo -Dije mientras cogía mi maletín situado junto a la mesita situada al lado de mi cama.

- Yo también te amo. Qué te vaya bien en el trabajo -Me mostró la más cálida de sus sonrisas y salí.

Esto se repetía cada día, como una rutina. Primero la besaba, luego me arreglaba y finalmente volviamos a besarnos, demostrándonos así todo el amor que sentíamos. Desde que había entrado en mi vida todo había cambiado. Toda la oscuridad que pensaba que me envolvía en mis días de soledad, se había esfumado. Ya no estaba solo, la tenía a ella y compartíamos en común un hijo, aunque adoptivo, pero era un hijo.

.

.

.

Ya era mi hora de salir del hospital. Había sido una noche tranquila, pues apenas había tenido trabajo. Como cada noche había llamado a Esme un par de veces, llamadas cortas dónde solo nos recordábamos cuánto nos amábamos.

Tras la última llamada habían pasado ya varías horas. Estaba en mi despacho recogiendo un poco mi mesa para dejarla más o menos presentable para el día siguiente, claro, que volvería a durar poco el orden. Me quité la bata cual colgué en el perchero tras la puerta de mi despacho. Cogiendolo todo y alistado salí del despacho y caminé por el largo pasillo blanco hacía la recepción, dónde por costumbre, tenía que firmar mi salida.

Ya acomodado en mi auto, con la música clásica de fondo, conducí por las oscuras calles de Rochester, mientras mi cabeza divagaba en los placeres que la vida me había dado. Primero me había dejado pasar por una larga y amarga soledad. Había pasado por la fase de sentirme un total egoísta al transformar a Edward, incluso me había sentido egoísta al haber transformado a Esme. Pero todo había dado un giro de trescientos sesenta grados. Había dejado de sentirme así a medida que los años iban pasando... Doce años, ya, doce felices años. Los mejores de mi existencia.

Algo me hizo detener el coche. Había percibido un olor intenso a sangre humana. Detuve el coche en doble fila y bajé, cogiendo una bocanada de aire para así intentar dar con la persona que sangraba tanto. Con tanta concentración pude escuchar el débil sonido del corazón, entonces corrí en esa dirección, sin pensármelo. Era una suerte que fuese de madrugada y no hubiese nadie por las calles.

Me encontré un cuerpo inerte, sangrando y desnudo. Una joven rubia, muy joven diría yo, estaba tirada en el suelo, con multiples ematomas por todo el cuerpo. A juzgar por como estaba, seguramente la habían violado de una manera brutal. Me saqué la americana que llevaba puesta y cubrí su desnudez. No tenía tiempo que perder, no iba a sobrevivir mucho tiempo más y quizá podía hacer algo... Incluso transformarla. Sería una buena compañera para Edward y Esme tendría una nueva hija adoptiva. Con la joven en mis brazos corrí hacía el coche. Con mucho cuidado la tumbé en la parte trasera de éste y luego, sin más preanbulos, conducí hacia casa.

.

.

.

Entré en casa con la joven en brazos. Esme me esperaba como de costumbre sentada en el sofá. Su rostro denotaba preocupación. Iba a decirme algo, quizá reprocharme mi tardanza, pero al ver lo que cargaba en mis brazos se quedó estupefacta. La vi aguantar la respiración y hacerse a un lado, preocupada, claramente y con su ceño fruncido.

- ¿Quién es? ¿Qué le ha pasado? -Esme soltaba las palabras sin más suponiendo que no sabía el motivo por el que había traido a una humana herida a casa. Edward rapidamente se uniò a Esme y frunció también el ceño, haciendo una mueca tras leer mis pensamientos y cuales eran mis intenciones.

- La he encontrado en la calle tirada, creo que la han violado. Está muy débil y he pensado en transformarla.. Sería una bueña compañía para Edward -Miré a Edward en el momento que le nombro para finalmente buscar los ojos de mi esposa buscando su aprovación. Ésta parecía dudar, pero no tardó mucho en asentir con la cabeza, mostrandome una muy pequeña sonrisa.

Sin más me incliné al cuello de la joven y mordí transmitiendole mi ponzoña. Era dificil separarse, pero lo había conseguido. Lo había hecho anteriormente con Edward y Esme, así que con la joven resultó un tanto más sencillo. No sabía cual sería la reacción de la joven al despertar, pero iba a tener que aprender nuestras reglas sinó nos buscariamos un problema con los Vulturis... Un escalofrio recorrió toda mi columna al recordar la única vez que nos habíamos enfrentado a ellos. Lo mal que lo había pasado... Sacudí la cabeza deshaciendome de esos recuerdos.

Quedé de rodillas en el suelo una vez me había separado de la joven. Ésta había empezado a gritar y solo era el principio. Le esperaban tres días de amargo dolor mientras el veneno iba congelando cada centímetro de su cuerpo. Recordé por un momento el infierno que yo pasé. Como tuve que abandonar todo y a todos pues mi padre biologico me hubiese destruido de saber el monstruo en el que me había convertido.

.

.

.

Tres días habían pasado. No había ido al hospital alegando que estaba enfermo. En esos momentos tenía que quedarme en casa a ayudar y cuidar de la joven. Entre Esme y yo la habíamos tumbado en una cama, la habíamos lavado y finalmente le habíamos puesto un precioso vestido morado de mi esposa. Esme se había ocupado de peinarla y dejarla perfecta para cuando despertase.

Se escuchaba su corazón latir freneticamente con el único fin de sobrevivir, pero eso no iba a pasar. Un último latido nos puso alerta a los dos quienes estábamos a su lado esperado su despertar. Edward se había mantenido al margen, pero sabía que luego de esto, ayudaría a la chica junto a Esme y conmigo.

La joven dejó de gritar para segundos después abrir sus ojos, unos ojos que eran de un color rojo carmesí. La joven se tocó el rostro, seria y se incorporó en un demasido rápido movimiento. Miró la ropa que llevaba haciendo una pequeña mueca y finalmente fijó la mirada en nosotros.

-¿Cómo te llamas? -Preguntó mi esposa en un tono dulce, maternal.

- Rosalie.. Rosalie Hale.. ¿Dónde estoy? ¿Quienes soys? -La chica parecía bastante asustada, o quizá aturdida. Era dificil de saber exactamente. Miré a Esme y negué, no hacía falta que ella contestase a esas preguntas, así que fuí yo el que tomó las riendas de la conversación. No sería díficil explicarle nuestra naturaleza, ya lo había hecho anteriormente.

- Hola Rosalie -Dije con el tono de voz suave, tranquilo, mientras la observaba detenidamente- Soy el Dr. Carlisle Cullen y ella es mi esposa, Esme. Te encontré malherida en la calle. No había muchas posibilidades de salvarte, Rosalie...

Rosalie me miró fijamente, estaba confusa pero me escuchaba con atención. Sus manos se posaron en su cuello y se lo acarició. Tenía sed. Había que acabar con esto cuanto antes y llevarla de caza.

- Verás, nosotros no somos humanos, Rosalie... Para poder salvarte tuve que transformarte en lo que somos... Vampiros

Por su rostro pasaron diferentes expresiones, pero finalmente fue la rabia la que se hizo más visible. Estiré mi mano hacía Esme y la hice retroceder unos pasos. Esto no iba a ser fácil, no tan fácil como había sido con mi esposa e hijo.

- ¿Quién te dió el derecho a transformarme!? ¿Vampiros!? ¿Estás loco!? -Gritó y gruñó, con fuerza y rabia. Antes de que me diese cuenta había chocado contra la pared de la habitación y Rosalie me agarraba por el cuello, elevándome tan solo unos centímetros del suelo. No hice nada, me mantuve inmóvil mirándola a los ojos, demostrándole la sinceridad de mis palabras y una disculpa. La había transformado para ser la compañera de Edward, quizá no había sido tan buena idea, pero ya estaba hecho.

- Rosalie -Intervino mi esposa algo aterrada por semejante situación- Carlisle solo quiso salvarte de una muerte segura. Te transformó en lo que eres tan solo por salvarte. Mírate en el espejo y verás tus ojos... Fíjate en la fuerza que tienes y en la rapidez en la que le has atacado. No eres humana, ni nosotros tampoco... Deja que te ayudemos, no somos como crees. Nosotros no somos como los demás vampiros, nosotros nos alimentamos de otro tipo de sangre. Si le sueltas podremos explicártelo todo mejor y te ayudaremos a saciar tu sed.

Rosalie dudó, pero mientras esa duda rondaba su cabeza, ella me apretaba el cuello, con fuerza. Menos mal de mi condición vampírica sinó me hubiese matado por asfixia. Finalmente me soltó y se giró hacía Esme quién la miró comprensiva, con ojos maternales. Ella ya la veia como su hija.

- Iba de camino a casa... -Empezó a explicar Rosalie- venía de casa de mi amiga que no estaba lejos de la mía.. Cuando vi a mi prometido con su grupo de amigos. Él me llamo y dijo delante de ellos lo hermosa que era... -Rosalie mostró una sonrisa amarga- Me besó. Yo me separé... Estaba ebrío, le dije de verle por la mañana.. pero me cogió, me desnudó frente a sus amigos y me violaron, uno a uno...

- Rosalie, es terrible -Dijo mi esposa volviendo a intervenir por mí, por lo que mientras tan solo me acomodé la camisa para finalmente ponerme junto a ella, mirando hacía Rosalie que de nuevo le había cambiado la mirada. Esme más que nadie sabia que era que abusasen de ella. Lo había sentido en sus carnes durante diez años. Die amargos años. Hice una mueca olvidando toda esa información de Esme que anteriormente me había explicado.

Tuve que intervenir pues Rosalie tendría que ir de caza y tendríamos que ayudarla antes de que amaneciese.

- Deberíamos ir de caza. Te enseñaré todo lo necesario para sobrevivir. Como cazar, qué hacer y como comportarte. Ahora serás durante un año una neófita y entonces puedes escoger.. o beber sangre humana o de animal. La sangre humana será algo que ansiarás, que te pondrá frenética, pero se puede ignorar, se puede aprender a controlar. Vayamonos ya, amanecerá pronto.

.

.

.

Ya era media mañana. Habíamos vuelto de cazar de madrugada. Rosalie lo había hecho bastante bien para ser la primera vez. Entre Esme y yo la habíamos ayudado y le habíamos enseñado lo básico. Parecía que se había quedado con todo, pero ella tenía sed de venganza, venganza contra todos aquellos que la habían violado hacía tres noches. Y no la culpaba, pero tampoco podía dejar que lo hiciese.

Rosalie tenía mal carácter. Había conocido a Edward por la mañana y apenas le había escupido palabras desagradables. Edward la había ignorado. Íbamos a tener claramente problemas en controlarla, pero estaba seguro que finalmente lo conseguiríamos. O más bien, Esme lo conseguiría. Ambas se habían hecho buenas amigas. Justo ahora las dos se encontraban en la habitación de Rosalie, charlando. Intentaba ignorar la conversación, pero escuchaba como Esme le explicaba a Rosalie todo lo que había sufrido en su vida humana. También le explicaba cuando me había conocido, a sus 16 y como diez años más tarde nos habíamos reencontrado. Cosas del destino. Escuchaba como le decía como se había sentido nada más despertar, su primera caza, sus ganas terribles de hincarle el diente a algún humano, pero como poco a poco, y con mi ayuda, había llegado a este punto. A ser una vampira completamente controlada y enamorada. Enamorado, así estaba yo.

Rosalie se empeñaba en querer vengarse, pues de nuevo habían vuelto a esa conversación que ya habíamos tenido horas atrás. Pero eso no conseguía ni Esme sacárselo de la cabeza. Tendríamos que esperar a los acontecimientos. Mientras esperaba volver a tener la tranquilidad que había en casa hasta ahora.

De repente escuché el sonido de la puerta y alcé la mirada hacía ésta, dando paso a quién fuese. Me sorprendió bastante ver a Rosalie en el umbral de la puerta, pero como todo padre, le mostré una sonrisa, mirándola.

- Rosalie, qué sorpresa, ¿Tienes alguna duda? ¿Necesitas algo?

- Verás Carlisle.. quería disculparme por atacarte cuando desperté. Me daba rabia el haber sobrevivido a todo lo que me hicieron, pero he hablado con Esme y... sé que puedo hacerlo. Ser uno de vosotros. Pero no me detengais. Necesito vengarme y lo haré, con o sin vuestra aprovación. -Esto lo dijo aún en un tono más serio. Suspiré apoyando los codos sobre mi mesa, juntando mis manos y apoyando mi barbilla en estas.

- ¿Estás segura que quieres hacerlo? Yo no puedo detenerte Rosalie, es cosa tuya... pero si hubiese algún modo de que cambiases de opinión..pues...

- No. -Dijo convencida, cortándome- Lo haré Carlisle. Y luego seguiré con vosotros. Aprenderé todo sobre esta vida.

Me resigne y asentí a sus palabras. No tenía más que hacer, si ni Esme había podido, yo tampoco podría. Rosalie se retiró de mi despacho y yo decidí quedarme por un rato más. Justamente hasta la noche, cuando fui con mi esposa a nuestro cuarto.

.

.

.

Me encontraba tumbado en la cama, con mi esposa apoyada en mi pecho desnudo, mientras con sus dedos dibujaba figuras sobre éste. Estábamos callados. De vez en cuando dejaba un beso en su pelo o dejaba una suave caricía sobre su cintura. No nos hacían falta palabras para demostrarnos lo que ambos ya sabíamos.

- Amor... -Escuché a mi esposa llamarme y dirijí la mirada hacía ella, quién la había subido hacía mí, encontrándome con sus ojos color dorado.

- Dime

- ¿Crees que Rosalie acabará llevándose bien con Edward?

- Dale tiempo, solo tiene tres días de vida como vampira.. Debe acostumbrarse.

- Sí... -Volvió a recostar su cabeza sobre mi pecho pero no sin antes dejar varios besos sobre éste. Me encantaban estas noches tan tranquilas. Me gustaba la privacidad de nuestra habitación, pues dejábamos de ser el Dr. Cullen y su esposa, dejábamos de ser padres para tan solo ser dos adolescentes de 23 y 26 años quienes tan solo se demostraban su amor.

- Te amo.. -Musité con una sonrisa en mis labios.

- Te amo.. -Correspondió Esme.

Y así nos fundimos en un profundo beso. Ni muy lento ni muy desesperado, tan solo un dulce beso dónde dejábamos claro quienes éramos en ese momento. Una joven pareja de enamorados.

Me ha costado bastante subir el capítulo. No sabía de que modo expresarme ni siquiera tenía una idea fija. Pero lo conseguí. Aquí tenéis otro capítulo. Por favor, dejad reviews, son super bienvenidos.

Besos! Hasta el próximo capítulo!