Sexto curso.
En el mismo momento en el que Lily se sentó en la mesa del comedor con Denise a un lado y Charlie al otro, sintió las miradas de la mayoría de la población femenina del lugar. Lo ignoró, como llevaba haciéndolo desde que empezó ese nuevo curso. Solo quedaba una semana para que fueran las vacaciones de Navidad y todos los alumnos aún estaban en los exámenes finales. Incluida ella, a la que le quedaban todavía tres exámenes por hacer.
—¿Qué haréis al final? — inquirió Denise llevándose un trozo de pollo a la boca.
Lily hizo una mueca y Charlie suspiró. Fue la pelirroja la primera en hablar.
—Quedarme en la habitación.
La mirada de incredulidad de parte de la rubia la hizo sonreír.
—¡¿Qué estás diciendo?! — exclamó como si le hubieran dicho que el cielo, en realidad, era rosa— ¡Imposible! ¡Será una noche memorable!
—Pero resulta que tú tienes acompañante— contestó Lily bebiendo un poco de zumo de calabaza— Irás con Brando. Yo, en cambio, no quiero ir sola.
—¡Es el baile de Navidad! — pronunció como si fuera la Gala de los Oscar muggles— No puedes perdértelo. Además, no tienes acompañante porque no quieres.
La prefecta fulminó con la mirada a su amiga.
—No pienso ir con Potter por más que me lo pida— gruñó, sintiendo su pecho acelerarse. A pesar de que una parte de ella quería decir que sí a cada proposición que le hacía, todavía su parte lista prevalecía sobre la idiota. El ir con Potter a ese baile tenía muchísimo más significado para era… y su orgullo no se lo permitiría—Y creo que esto lo hemos hablado ya varias veces.
—¡Porque sigues sin entrar en razón! — exclamó Denise con un lamento— Escucha la voz de tu conciencia, Lily. Sabes que quieres ir.
Si se sorprendió porque su amiga le leyera la mente no lo mostró en sus fracciones. Simplemente siguió desayunando.
—Ya está todo dicho.
Denise gruñó, pero no insistió más en el tema. Sabía que cuando Lily se cerraba en banda con un tema, cuanto más le insistieras peor sería. Todavía quedaban tres días para el baile… Y tres días daban para mucho si se aprovechaban bien.
—¿Y tu, Charlie? Te has quedado muy callada.
La castaña esbozó una tímida sonrisa.
—Sí, bueno… eh…— contestó un poco esquiva.
Atrás quedaron las redecillas de las amigas de tiempo atrás cuando tenían un cotilleo delante. Lily y Denise se echaron un vistazo entre ellas antes de mirar fijamente a su amiga, insistiéndole a que hablara más.
—Un chico me ha pedido que vaya con el— asintió y sus mejillas se colorearon.
Las dos amigas exclamaron emocionadas.
—¿Es él?— preguntaron a coro.
Habían sabido desde hacía tiempo que a Charlotte le gustaba alguien, pero por más que le preguntaba la joven no soltaba prenda. Habían intentado de todo para averiguarlo, pero la castaña era muy recelosa con esos temas. Finalmente, habían desistido, sin embargo, alguna que otra vez le lanzaban indirectas. Por el brillo que ambas veían en sus labios y el rubor en sus mejillas, las chicas estaban segura que ese misterioso pretendiente correspondía a su chico.
Charlie hizo una mueca, se mordió el labio inferior… y terminó asintiendo.
Denise y Lily soltaron un chillido de emoción, que se ganó la mirada y los cuchicheos de gran parte de la gente del comedor. Lo ignoraron, como llevaban haciendo tiempo. Sin perder tiempo, se inclinaron hacia ella, expectante.
—¿Y? — preguntó Denise— ¿Quién es?
—¿Dijiste que sí? — añadió Lily.
Durante unos segundos Charlotte se quedó callada, no obstante, terminó sonriendo y sacudiendo su cabeza.
No tenía por qué esconderme.
—Chicas— las llamó y el brillo en sus ojos alegró a sus dos amigas— Anuncio oficialmente que tengo pareja para el baile.
—¿Quién es?
La sonrisa se amplió e, inconscientemente, sus ojos miraron a un lugar detrás de ellas. Específicamente a una persona que se encontraba desayunando de forma animosa con sus amigos. Emocionada, las chicas se giraron y rápidamente pudieron ubicarlo cuando observaron un poco.
Imposible.
El chico en cuestión era… Remus Lupin.
—Es... ¿Remus? ¿Nuestro Remus? — Denise fue la primera en hablar después de recomponerse de la impresión.
Charlotte cabeceó, a la espera de la reacción.
Lily tuvo que parpadear un par de veces antes de una amplia sonrisa se expandiera por su rostro que fue imitada por Denise.
—Eso es… ¡Eso es fantástico! — exclamó Lily abrazo a la castaña.
—¡Qué calladita lo tenías, Charlie! — insinuó la rubia riendo— Ahora entiendo todas las tardes que te quedabas con él estudiando y las miradita que le echabas a Lily cuando lo abrazaba.
—¡Qué dices! — replicó Charlie apartándose de la pelirroja sonrojada— Yo no hacía eso.
—Oh, sí— secundó la pelirroja— Ya decía yo que en esos momentos el ambiente se tensaba…— bromeó.
—¡Lily!
Ambas chicas soltaron unas carcajadas.
—Vamos, Charlie, es una broma— le guiñó un ojo la rubia— Estamos muy feliz por ti, amiga.
—Sí— corroboró la otra— Remus es un gran chico. Lástima que pertenece a los Merodeadores pero no puede ser perfecto, ¿verdad?
—Solo tú ves eso como un defecto, querida Lily— la picó Denise.
El ceño de la pelirroja se frunció.
—A ver, chicas— llamó su atención Charlotte sintiendo un cosquilleo en el estómago— que no es nada seguro. Solamente somos pareja de baile.
Denise le restó importancia con una sacudida de mano.
—Échanos cuenta a nosotras. Lo vuestro es para toda la vida— entonces, se giró para mirar a la pelirroja con una ceja arqueada— Cosa que le ocurriría también a otra muchachita si…
—¡Denise! — la paró Lily sabiendo por donde iban los tiros. La mencionada se carcajeó— Al final tendré que hechizarte para que no digas nada más.
—Duelen las verdades, ¿eh? — comentó divertida la rubia. En ese momento sus ojos se desviaron y sus labios se curvaron al encontrarse con algo— Eh, Charlie, tu Romeo te está mirando.
Sin dar tiempo a nada más, la castaña se giró y tal y como le habían dicho, Remus Lupin la estaba mirando. Mordiéndose el curvado labio inferior, lo saludó. Remus le correspondió el saludo.
Mientras, Lily Evans también se había girado para mirar al grupito, si bien la relación entre y amiga y Remus la había enternecido, otra persona ocupaba ahora mismo su mente. Y ese alguien se encontraba riéndose junto a Sirius, seguramente, de la cara de idiota que tenía el tercer merodeador.
Por una vez en su vida quería dejar de lado su orgullo. Realmente deseaba poder decirle que sí a James cuando le preguntara la próxima vez por si quería ser su acompañante. Pero no podía. A su recuerdo siempre llegaban todos estos años que habían pasado juntos, lo mucho que había llegado a odiarlo, la forma que había jugado con ella (¿o no?), sus constantes tonterías e idioteces… Y su lengua se trababa, incapaz de poder pronunciar el deseado "sí". Sin embargo, más tarde, cuando ya se había alejado de él, también a su mente llegaban otros recuerdos: esa noche de tormenta, esa tarde de verano en el parque cerca de su casa, cuando lo defendió de los slytherins… de Snape… Y su corazón empezaba a bombear con fuerza. Se sentía dividida. Como si dos Lily coexistieran en su interior.
Suspiró.
¿Qué debía hacer?
En realidad había algo que había se había guardado para ella misma, y sus amigas no sabía. Había habido otros chicos que le habían pedido ser su pareja para el baile, sin embargo, ella se había negado. Una pequeñísima parte de ella aún anhelaba poder ir con él, aunque conforme estaban las cosas… Más bien se veía quedándose sola en su habitación.
Ella y su orgullo.
A veces le encantaba, lo amaba, porque gracias a eso, a pesar de todas las dificultades le había hecho estar donde se encontraba en ese momento, sin haber bajado la cabeza en ningún momento, pero por otra parte… lo odiaba pues ese mismo orgullo no le dejaba hacer las cosas que quería.
Resopló en su interior.
En ese momento, Lily sintió su corazón pararse.
James la estaba mirando.
Sus ojos marrones la estaban observando con arrogancia, curiosidad… y algo más que no sabía. Que no quería saber. La molesta sensación de calor en sus mejillas apareció y tuvo que morderse el interior de sus mejillas para no curvar sus labios, correspondiéndole la sonrisa (tan de él) que en ese momento le estaba mostrando.
¿Qué tenía ese joven que la hacía sentir de esa manera? ¿Por qué él?
Después de tanto tiempo, tantos años juntos, tantas cosas vividas… Con James Potter, para Lily, no había dos años iguales. Bueno, incluso días. Esa manera suya de ser tan… molestamente apasionada… Hacía que los sentimientos de la pelirroja fueran una montaña rusa. Una muy peligrosa. Una realmente intimidante.
Y, a pesar de su mente, en el fondo de su corazón, Lily sabía que no se almendraba ante cualquier peligro.
Sin embargo, el temor de llegar a gustarle esa sensación la consumía.
·
—¡Esta noche! ¡Por fin! —exhaló Denise estirazándose y una enorme sonrisa cruzando sus labios— ¡Fuera exámenes, fuera clases! ¡Hola a la diversión! — exclamó riendo.
Charlie, la cual iba caminando a su lado, le acompañó en la risa.
—Tienes toda la razón. ¡Hoy nos lo pasaremos en grande! — secundó Charlotte.
—Sobre todo tú, pillina— le codeó la rubia cambiando su sonrisa a una maliciosa— He oído algunos rumores por ahí que…
—¿Qué? — preguntó la castaña ruborizándose.
—Nada— se limitó a responder alzando los hombros.
—¡Denise! ¡Dime! — exclamó Charlie riendo.
—Oh, no. ¡Ya lo verás esta noche! — se excusó la rubia guiñándole un ojo— Tengo totalmente prohibido decirte nada.
Charlie resopló disgustada y bastante intrigada. ¿Qué pasaría esa noche… con él? Realmente le pilló totalmente desprevenida cuando Remus le pidió ser su pareja para el baile de Navidad. Ambos estaban estudiando en la biblioteca y ella había podido verlo un poco nervioso… Sin embargo, no había podido relacionarlo con eso. Cuando el sonido de la pluma (seca) golpeando el pergamino ya se hizo constante y algo irritable, Charlie alzó sus ojos de los libros y arqueando una ceja le preguntó. Allí, a bocajarro, él se lo soltó.
"Supongo que cuando estoy contigo los nervios pueden conmigo y no me dejan ser verdaderamente un caballero. Sé que debería de haberte traído flores o algo, pero con el simple hecho de pensarlo me era imposible moverme, así que te lo voy a decir ahora. No sé cuál será tu respuesta, pero… bueno, al menos lo habré intentado, ¿no?" le había dicho de carrerilla casi sin respirar, con sus ojos color miel clavados en ella "Charlotte O'Donnell, ¿te gustaría ser mi acompañante en el baile de Navidad?"
En ese momento, la castaña sintió como su corazón aumentaba de velocidad. Sonrió y casi sin pensárselo aceptó. Era cierto que llevaba tiempo fijándose en Remus más de lo debido y nunca soñó con la posibilidad de que él se lo pidiera. Se sentía muy feliz. Sin embargo… ella sentía como si nada hubiera cambiado en su relación. Sí es verdad que se quedaban mirándose fijamente embobados, él le sonreía tiernamente y pasaban más tiempo juntos, pero… él no había hecho ningún… movimiento.
Y eso le frustraba mucho.
¿Qué sería, entonces, lo que tendría preparado?
—Mientras que cuando no lleguéis no hagáis mucho ruido…— se escuchó la voz de Lily por detrás de ella.
Ambas chicas pararon y se giraron para encontrarse a la prefecta con ambas manos en las caderas. La pelirroja venía de unas reuniones de prefectos que habían tenido, dando las últimas instrucciones para el viaje de vuelta a casa del día siguiente. Lily había terminado más temprano de lo que creía así que había decido buscar a sus amigas en el Gran Comedor, pero se las había encontrado a mitad de camino.
—¡Por Merlín, Lily! — exclamó Denise gruñendo— Todavía no me creo que no vayas a venir.
—Eso es verdad— añadió Charlie haciendo una mueca— ¿Y si vienes sol…?
—¡Alto! — dijo Lily, alzando la voz para acallarlas— Hemos tenido esta conversación miles de veces. He dicho que no voy a ir y ya está. Por mucho que digáis no voy a cambiar de opinión— afirmó Lily frunciendo el entre cejo.
Denise resopló e iba a seguir replicando, cuando Charlie, suspirando para ella, le dio un codazo a la rubia.
—Muy bien, da igual—dijo la castaña sonriendo burlonamente— Tú lo has querido, no insistiremos más.
—Pero…
—Nos acordaremos de ti— volvió a acallar la voz de Denise, lanzándole una fugaz mirada—, mientras estemos todos juntos, charlando, riéndonos y divirtiéndonos. Pero bueno, somos tus amigas y acataremos tu decisión. Solo espero que no te retractes a mitad de la noche… aunque, bueno, también podrías venir, te estaremos esperando— y culminó todo esa parrafada con una sonrisa abierta que causó que las carcajadas salieran de Lily, ante otro de los intentos de las chicas para que cambiara de opinión.
Eran las mejores…
—Tendré en cuenta lo que me has dicho, Charlie— le respondió una vez que se calmó y colándose entre ellas, las cogió a cada una de un brazo y empezó a llevarlas hacia la torre de su casa— Ahora deberíamos irnos, que hay dos hermosas muchachas a las que arreglar para su cita.
Casi se puso a aplaudir la prefecta cuando descubrió a su voz sonar entusiasmada y para nada decaída. Bien, no quería preocupar a sus amigas, las cuales debía disfrutar su noche. Mostró una de sus sonrisas, agradeciendo que se mostrara verdadera, e ignoró el estremecimiento que le recorrió entera cuando pensó en la carta que descansaba bajo el montón de ropa en su baúl.
Mientras caminaban, las tres empezaron hablar de mil y una cosas sin sentido alguno para los que escuchaban de fuera. Sin embargo, el plácido y agradable ambiente que las rodeaba, rápidamente fue truncado cuando escucharon el sonido de voces desde una de las esquinas de los pasillos y al girar, Denise se chocó accidentalmente con una de las chicas que caminaban en su dirección.
Lily juró por lo bajo.
Justo la que faltaba.
—Cuidadito, gatita, no vaya a ser que se rompan tus zapatitos de cristal— espetó la chica, apartándose la melena rubia platina por detrás del hombro, y mirándolas altivamente. La otra chica que estaba con ella, se rio.
Denise sonrió ampliamente, maliciosamente.
—Te digo lo mismo, víbora. Cuidado con no tragarte tu propio veneno.
Lily masculló para ella. Genial. Ahora mismo no tenía ganas de aguantar las mismas tonterías.
—¿Te crees guay haciéndote la valiente? — inquirió arqueando una ceja, ganándose la risa de sus amigas a ambos lados.
—¿Haciéndome? — soltó una carcajada— Perdona, pero ese es tu papel.
—Todos sabemos que te corroe la envidia, cariño— se metió Denise— Te gustaría ser Lily.
—Por supuesto. Mientras que tú te desvives porque James y Sirius te echen solamente una mirada, ella vive en la misma casa que ellos— añadió Charlie maliciosamente.
Lily quiso callarlas pues bastante era ya el alboroto cuando todo el mundo se enteró que Lily Evans no solo vivía con James Potter, sino que también con Sirius Black. Casi todo el sector femenino se revolucionó ante ese hecho y ahora no dejaba de ganarse miradas de odio y de envidia. Al principio a Lily le había molestado, pero conforme pasaba el tiempo se había ido acostumbrando. No era su culpa que los acontecimientos hubieran ocurrido así. No obstante, ahora, cuando se lo sacaron en cara y Tania Firewell frunció su ceño con rencor, no pudo más que reír. Se lo tenía merecido.
—Y a pesar de eso, ¿con quiénes irán cada uno de ellos? — contestó cuando se recompuso, esbozando una lenta sonrisa. Alzó una de sus manos con las uñas bien cuidadas como si estuvieran en una clase— Oh, yo sé. Contigo no.
El tono de asco y desprecio que usó Tania para decir eso último, hizo que las tres amigas se tensaran.
El que se lo recordara, causó que una garra se estableciera en el pecho de la pelirroja, la cual rechinó los dientes. No tanto Sirius, pues a ese le daba igual con quién iba, sino más bien con… Potter. Sí, vale, ella no tenía ningún derecho pues se había dedicado a rechazar todas y cada una de sus ofertas por mucho que no quisiera…
—Y es raro que no sepáis ya pero, como todo el colegio sabe, yo, siendo su presidenta de club de fan, querida, soy la que iré con mi querido James.
Un chispazo saltó en la mente de la pelirroja y sintió como su cuerpo se tensaba. ¿Con ella? ¿Justamente con ella? ¿Es que Potter estaba loco? ¿Cómo se podía coexistir más de dos minutos con ella, como se podía convivir con ella una noche entera? ¿Era un suicida? Maldición, lo sabía. Sabía que finalmente se cansaría de ella y escogería a otra pero… en serio… ¿Tania? Y no, no es que estuviera furiosa, celosa ni ninguna tontería de esas, solamente se estaba preguntando por la salud metal del chico, de la cual realmente parecía carecer.
—Pobrecillo—murmuró Denise sacudiendo la cabeza— Me compadezco de él.
—Yo no le deseo eso ni a mi peor enemigo— hizo una mueca Charlie.
La serpiente actuó como si no hubiera escuchado nada y esbozando una sonrisa satisfecha, clavó su mirada en los ojos verdes de Lily. Se cruzó de hombros y ladeó la cabeza, verdaderamente pareciendo degustar la sensación de triunfo.
—Así que, por favor, estúpida, no me hagas reír. Puede que James sea muy complaciente contigo de puertas para a fuera, sin embargo, ¿con quién termina estando al final? ¿A quién es a la que va a ver todas las noches? ¿Con quién termina descargándose? No sabes lo bueno que llega a ser James y no me refiero exactamente a su comportamiento—enfatizó, soltando una carcajada y haciendo una señal a su amiga, ambas empezaron a caminar, dejándolas detrás— ¿Yo? ¿Celosa de una sangre sucia? Créeme, antes muerta.
Y el sonido de las risas de ambas chicas de Slytherin resonó por todo el pasillo durante unos segundos más antes de que desaparecieran.
·
Once y cuarto de la noche, leyó Lily en el reloj.
Suspiró y dejando a un lado el libro sobre criaturas de la noche que estaba leyendo, se acurrucó sobre su cama.
La fiesta ya hacía tiempo que había empezado.
Recordó con una vaga felicidad y emoción el rostro de sus dos amigas, su parloteo entusiasmado mientras se vestían y arreglabas, su nerviosismo e histeria momentos antes de irse. Ambas habían estado preciosas. Charlie se había decantado por un simple vestido negro, con escote de palabra de honor, nada muy provocativo mientras que Denise había escogido uno azul marino ajustado hasta la cintura y la falda suelta.
Lily las había estado animado, ayudándolas, charlando y riendo juntas. Por unos segundos se le había olvidado todo, sin embargo, cuando sus amigas tuvieron que irse pues sus parejas la estaban esperando (a Charlotte en la Sala Común y a Denise en el cuadro), una pesadez se instaló en ella. Tanto la castaña como la rubia habían insistido una vez más para que cambiara de opinión, pero cuando vieron que sus esfuerzos en vano, terminaron suspirando y con un abrazo y miles de besos se despidieron hasta más tarde.
La puerta se había cerrado y en ese momento la sonrisa que había estado adornando el rostro de la prefecta se esfumó. Ya no tenía que seguir fingiendo. Aparentando que no le importaba quedarse sola en una de las noches más importante del colegio. Sabía que era estúpida, que era una tontería lo que estaba haciendo. Pero ya no podía hacer nada. Su orgullo no le dejaba ahora plantarse allí en medio del Gran Comedor después de todo. Además de que no tenía un vestido decente para el baile. Y, por supuesto, otro de los problemas era que las últimas palabras dicha por esa… víbora no dejaban de repetírsele en la cabeza.
¿Con quién termina estando al final?
Se había mostrado indiferente ante esas palabras, pero por dentro las tenía clavada en el cerebro, aguijonándolo. Sí. Por Merlín, hablábamos de James Potter. ¿Cómo había podido ser tan estúpida de pensar que daba igual cuántas veces lo rechazara, siempre iría a ella? Todo el mundo tenía un cupo y al parecer James lo había alcanzado. Finalmente iba a por Tania Firewell.
Sentía un dolor agudo en el pecho, ante la perspectiva de ver a James con esa chica. ¿Dónde dejaba entonces esa irracional deseo que tenía él por salir con ella? ¿Significaba, entonces, que ella simplemente sería una conquista más? Bueno, hablando en un futuro e hipotéticamente, porque de ser así jamás saldría con él.
Porque… ahora que lo pensaba, él nunca le había dicho que la quería o algo así. Solamente estaba su obsesión por tener una cita con ella.
Deprimiéndose, sin querer pensar muy bien en los motivos para ello, decidió alejar esos pensamientos. Así que para entretenerse se dispuso a leer o, mejor dicho, investigar. Había algo que le había estado rondando por la cabeza desde hace un tiempo y si llegara a ser cierto…
—¿Cómo lo estarán pasando? — comentó la pelirroja al aire mirando un punto indefinido de la habitación.
Volvió a suspirar y cerró los ojos.
Pero poco tiempo estuvo así, pues un repiqueteo en los cristales la alertó. Su cuerpo se tensó y levantándose de la cama, miró hacia la ventana de la habitación.
Lily sintió como el aire escapaba de sus pulmones de una exhalación.
Ahí fuera, montado sobre una escoba, y sacudiendo la mano con una sonrisa se encontraba… James Potter.
¡LA COSA EMPEZÓ A ARDEEER!
¿Qué pasará entre estos dos tres corriendo a gran velocidad en una misma vía?
¡Nos vemos!
