No hay nada
Ryota continuaba encerrado en su habitación, deprimido, perdido pensando entre lo que había pasado, lo que debió pasar y lo que no pasó. Era difícil asimilar. De pronto recordaba bonitos momentos con Aomine y se lamentaba por haber sido tan crédulo ante aquel.
Todo a su alrededor estaba tan igual, él era el único desestabilizado al que le pesaba levantarse de su cama o dejar de llorar, y ni hablar de sonreír. No se permitía ir a trabajar así, no quería que lo vean hecho un trapo de piso mojado, no se veía como el mismo de siempre, estaba desecho.
*¿Por qué ya no hay nada de ese todo que eramos? ¿Qué tan a fondo tiene que llegar uno a tocar para no sentir nada? Si te cruzaría en este instante, Aomine Daiki, sentiría ese nada. Sería un muy muy enorme vacío en el cual debí llenar con odio pero ni valió la pena.*
Desde que el sol se volvió lluvia y frío, desde aquello, la visión de Kise oscureció. Y si ya de por sí, él, muy dentro suyo tenía una parte que no le gustaba mostrar a nadie, esto empeoró. Con toda esa gente podrida no pudo evitarlo. Quería que vean una parte distinta, demostrar lo molesto que estaba con medio mundo. Con sus fanáticas, con el trabajo, con él mismo y por supuesto, con Daiki. Un resentimiento que no pensaba dejar.
Cuando tomó su celular vio las llamadas y mensajes de él mezclados con los de otras personas. No decían nada que quiera leer, no eran importantes ahora, era solo un eco que retumbaba. No ayudaban a que su situación cambie.
Imaginaba que si hubiese aceptado a la chica que se le declaró anteriormente delante de todos, aunque sea su vida amorosa iba a ser mejor y no tan penosa.
Ese entre otros pensamientos que no lo dejaban en paz. Hasta que encerró todo dentro de un cajón olvidándose de pasado, presente o futuro que lo haga sentir mas patético de lo que ya se sentía. Iba a ser un nuevo Kise Ryota, distinto al que cualquiera puede llegar a suponer, y tantos cambios bruscos gracias a las personas desfavorables de su círculo íntimo y no íntimo hicieron que él cambie endureciéndose, robando su ingenuidad y dejando dentro suyo un estado nulo, un nada.
No era él único al que no le quedaba nada... Aomine tambien estaba deprimido, frustrado, enojado consigo e intentando aceptar lo que perdió de importante. Ese sentimiento de amargura, lo idiota que se veía tan debilucho y sobretodo la pesada culpa que cargaba. No podía siquiera separar lo que quiso que ocurra y lo que ocurrió de verdad. Se estaba dejando llevar por una bola de negatividad que le decía "Aquí termina todo" ¡Y no era así! Es que si tanto se amaban ¿Por qué no olvidan lo malo y vuelven a estar juntos? No es tan complejo si se piensa de esa forma pero por otro lado, mas allá de pensar en positivo o negativo, hay una realidad ¡Nadie confiaría en un tipo como él! Tenía tantas oportunidades para hablar y soltar la verdad pero cerró su boca hasta el final.
Usó la mentira y tiene una sola realidad: Aceptar que lo perdió todo a causa de sus actitudes.
¿Por qué la conciencia lo castigaba hoy y no antes? Lloraba por su grave error, hasta soñaba con la sonrisa de Kise que se iba alejando dentro de un pasillo oscuro que por mas que corra para alcanzarlo nunca llegaba. Un castigo que le pasaba factura tan tarde.
. .
El calvario pasado por ambas partes fue de aproximadamente un mes y medio, ese que pareció mas, pero tenían que levantarse de ese golpe, no podían permanecer mas deprimidos ni encerrados.
Kise estaba harto de escuchar llamadas de sus superiores para que asista al trabajo. Odiaba todo lo que tenga que ver con ello, le recordaba el porque de su dolor, lo que mas detestaba, la causa que hizo de él que cada vez que se mire a un espejo vea el reflejo mas horrible del mundo. Quería renunciar y antes de que lo haga, algunas personas le dijeron que lo piense bien antes de hacerlo, entre ellos, el jefe de la agencia que tanto lo quería y sus dos lindas hermanas que lo acompañaban siempre.
*Como sea, renuncie o no, nada va a cambiar, porque todo me da igual. Puedo mantenerme en la línea si quiero porque no tengo obstáculos y ya no pienso en cosas feas, ya no pienso en nada.*
Salió a comerse el mundo volviendo a su labor. Por suerte sus compañeros y jefes tuvieron consideración con él, obviamente porque le fueron con el chisme de lo que había pasado pero no preguntaron demasiado. A parte, Ryota se justificaba con el solo decir "problemas personales" en Kaijo igual. Era su justificación por estar un mes y medio desaparecido. Simple pero aceptable.
Sus sesiones impecables, tal como las solía hacer él. Usaba su carisma únicamente para eso. Cuando se cruzaba con sus fanáticas las esquivaba. Ya no quería ningún tipo de relación con ellas. Incluso cuando lo llamaban para que se acerque porque querían disculparse, él las ignoraba. No deseaba contacto cercano alguno y no andaba pendiente de otras cosas que no sean estudio o trabajo. Por ahora estar aislado era lo mejor.
Daiki continuaba igual, seguía su vida de básquetbol y de vago que siempre hizo antes de meterse con Kise.
Lo que si se podía llamar cambio era que abandonó las revistas y también lo relacionado con trabajo sucio o dinero sucio. A veces pasaba por un puesto de revistas mirando de lejos en alguna portada a Kise o Mai-chan y se aguantaba de no comprarlas. Esa ganancia no la utilizó mas desde que dijo la verdad, ya no quería ser un imbécil, quería ser otro y en ese tiempo que continuaba con su monótona vida se dio cuenta de cuán vacío estaba, de cuanto hubiese deseado hacer las cosas bien así tenía sentido su vida, así tenía lo que mas quería: a Kise. Ese chico le dejó tanta marca que le robó todo, como si fuera que su alma fue vendida al diablo.
..
Cuando el modelo llegó exhausto de su trabajo a su hogar, al abrir la puerta, halló tirado un sobre en el suelo. El emisor era anónimo, el receptor: él. Algo ya por desconfiar. Tal vez era de alguna admiradora pero no parecía un sobre de ese tipo, sino mas bien era uno muy común.
Al principio lo dejó de lado y no lo tomó en cuenta. Luego de pensarlo mejor, era extraño que alguien deje una carta para él porque además, enviar cartas era algo antiguo y alguien joven enviando un mensaje de esa forma que no sea por celular no era normal. Puede ser que pertenezca a un familiar lejano que no veía hace mucho y como ya no aguantaba su curiosidad la abrió y todo eso que especuló desapareció en un segundo.
~Hola Kise. Se que es algo raro que envíe una carta pero no tenía otros medios por los cuales comunicarme. Estaba al tanto que por redes sociales ya no te manejas así que decidí hacerlo de la manera antigua: una carta hecha a papel y lápiz.
Ahora bien ¿Cómo estas? Espero te hayas mejorado. Y no, no soy una fanática loca tuya, soy tu vecina de en frente y además de querer saber como estas, quería decirte que necesito hablar contigo, es urgente. Hay algo clave que debo contarte. Puedes pasarte cuando quieras. Repito, es urgente-importante.~
Algo no cuadraba ¿Cómo sabía que no andaba pasando un buen momento? ¿Será que se trataba de esas típicas vecinas chusmas? ¿Una nueva acosadora? No, eso era en lo que menos quería involucrarse. Ya fueron demasiadas locuras juntas y si se trataba de algo similar ya no lo toleraría.
Y esa curiosidad, esa incertidumbre que lo quemaba por dentro era mas poderosa que cualquier cosa. Tan fuerte que no le importaba si se trataba de una nueva trampa, si era su vecina, si era una broma de mal gusto, no importaba porque "era algo urgente" y le picaba saber.
¿Qué era eso tan importante?
Era hora de una nueva aventura para salirse un poco de su vida dentro de la nada y visitar a una vecina no iba a cambiar las cosas ¿O si?
