Capítulo 14: Bienvenida a siete horas en el infierno
Ni un cataclismo conformado por la combinación de un terremoto más un huracán y la erupción de un volcán podrían vencer lo que estaba ocurriendo en su vida en aquel preciso instante. Y estaba completamente segura que ni ver a sus padres teniendo sexo, lo cual sería una imagen que dañaría su salud para siempre, o que algún mago oscuro reviviera para acabar con el mundo, podrían ser peores.
-¿Qué estás haciendo aquí? –rugió, sintiendo que su vista se nublaba.
¿Qué podía ser peor que tener a Malfoy en tu propia casa? Tal vez que su madre la estuviera viendo como si fuera la peor criminal del mundo mágico y estuviera preparando uno de sus discursos morales sobre el buen comportamiento. Y recibiría un castigo, eso seguro. No podía salir ilesa de haber roto en mil pedazos toda la cristalería favorita de su madre. ¿Y cómo quería que reaccionara? Que saltara de alegría y saludara a los recién llegados como si nada ocurriera. Estaba impactada… tanto, que no pudo controlar su ola de ira y la materializó en una magia que rompió las copas de cristal.
-Es el cumpleaños de tu hermano –respondió éste con una pequeña sonrisa de cortesía.
-Como es una instancia familiar, pensé que sería bueno invitar al novio de Lily –tío Harry apareció de la nada. Rose miró alrededor y vio a toda la familia. Casi todos los Weasley se encontraban en el recibidor, observándola sorprendidos y asustados por su repentina muestra de enojo-. Y la verdad creo que cualquiera estaría aterrado de venir solo a conocernos, así que le dije que viniera con un amigo. ¿No es así, Mark?
El susodicho asintió y la miró como si estuviera avergonzado. Claro que debía de estarlo, pensó bufando; había osado aparecerse en el cumpleaños de Hugo con un aliado. ¿Por qué no podía ser Zabini u otra serpiente? ¿Por qué debía traer a ese paliducho exasperante?
-Lo siento –dijo, observando hacia un punto arriba del hombro de Malfoy-. No esperaba verte, Malfoy. Tampoco a ti, Mark. Creí que nos encontraríamos en la escuela.
Un pequeño intercambio de palabras y la tensa situación parecía haberse acabado. O algo así, porque se escucharon murmullos mientras regresaban al salón. Lily miró irritada a su prima, advirtiéndole elocuentemente que estaría vigilándola para que se comportara bien. ¿Acaso iba a poder confabular contra las serpientes cuando su madre iba a asesinarla en cinco segundos? Luego de haberle dicho esto, Lily llevó a Mark y Malfoy al salón para presentarlos formalmente a la familia; y en el recibidor solo quedaron sus padres.
Su madre se cruzó de brazos y empezó a caminar en círculos alrededor de ella. Además de sentirse completamente amenazada, sabía que lo hacía para ver mejor el daño hecho a la cristalería.
-Fue un accidente, Hermione –dijo su padre, de pie en medio del umbral de una de las puertas que conducían a la cocina-. Si Rosie pudiera hacer magia fuera de Hogwarts, lo arreglaría, pero no puede. Si quieres, yo lo hago.
-No me preocupan las copas –lo miró duramente. El pelirrojo volvió a guardar su varita-. Lo que me llama la atención es tu comportamiento. ¿Qué fue eso, Rose Weasley? No tienes tres años para perder el control de esta manera.
-Malfoy y yo no nos llevamos exactamente bien…
-¿Y eso significa que vas a gritar de esa manera y romperás las tejas del techo? –frunció el ceño-. Ron, no digas nada. Veo en tu cara que estás orgulloso que no mantenga buenas relaciones con el hijo de Draco Malfoy. Las antiguas rivalidades me importan un pimiento en este instante –volvió a mirar a su hija-. Te vas a comportar, ¿me entiendes? Hugo está de cumpleaños, y este día tiene que ser divertido. No quiero que lo arruines porque te llevas mal con el hijo de Malfoy… No puedes actuar así, Rose.
Para rematar su mala suerte, su ahora odiada progenitora le decía que iba a recoger los pedazos de cristal de manera muggle. Repararlos podría causar un accidente porque algunos trozos habían caído en el salón y podían cortar a alguien mientras volaban hacia el lugar donde se convocaba el encantamiento para restituirlos en la conformación de una copa. De manera muggle. ¡Muggle!
Tomó la escoba y empezó a apiñarlos, mirando de mala gana debajo de los muebles si había un pequeño grano brillante que lo delatara como cristal. Ni la pequeña sonrisa de su padre, guiñándole el ojo como diciéndole que compartía el sentimiento adverso contra Malfoy, la alegró.
Unos pies entorpecieron su campo visual y levantó la cabeza. A juzgar por la expresión de risa en la cara de Teddy, debía de lucir realmente ridícula.
-Lo que acabas de hacer fue muy infantil. Y raro, por cierto. Ahora todos se preguntan cómo la inteligente y tierna Rosie pudo haber recibido de esa manera a los invitados –dijo cruzándose de brazos.
-No esperaba ver al novio de Lily ni… a su amiguito.
-Huelo enemistad. ¿Es tan malo? –preguntó, y ella asintió. No iba a explicarle toda la historia. Teddy la iba a considerar una perfecta loca, y no quería eso. Quería que la siguiera viendo como una chica normal… que tenía ciertos impulsos asesinos de vez en cuando, como el de hacía pocos minutos atrás-. No acabarás hasta la semana siguiente. ¿Dónde está Hermione?
-Subió, creo. Fue a buscar la cámara fotográfica.
-Genial –sacó su varita y con un movimiento circular, atrajo miles de pedazos de cristal. Empezaron a flotar alrededor de él, y apuntó hacia el pequeño montón apilado por Rose, y los cristales empezaron a caer allí como granos de un reloj de arena-. Será nuestro secreto, Rosie. Si tu madre se entera, es capaz de matarme.
-Oh, Ted… ¡Gracias! –soltó la escoba, se puso de pie de un salto y le dio un abrazo. No lo había saludado, ahora que recordaba. Con la llegada de Malfoy, los demás Potter, incluido Teddy que llegó con ellos, quedaron rezagados en su mente-. ¿Cómo estás? ¿Y qué es de Victoire?
Al hablar de Teddy inevitablemente debía preguntar por ella. Sus nombres iban siempre unidos; Teddy involucraba a Victoire y Victoire a Teddy. No era una gran ciencia.
-Bien. Ayer me mandó una carta contándome que cuenta los días para volver a Londres. Dice que está harta de los franceses. ¿Lo crees? Victoire, parisina de corazón, ya no quiere estar en la capital de la moda –dijo, librándose de los brazos de Rose.
Victoire estaba haciendo una pasantía en una revista de moda mágica. Había sido designada para trabajar en Francia por un año. Le quedaban pocos meses para acabar, pero no le parecía raro lo que Teddy le contaba. Aunque su prima anunció la noticia un mes antes de partir, pudo percibir que sus lágrimas eran más de pena que de alegría.
-No creo que no quiera París, ni tampoco que quiera Londres –sonrió-. Ella te quiere a ti.
-Oh, qué romántico, Rosie. ¿Te has tragado miel?
-También tengo mi lado romántico, ¿vale? –se cruzó de brazos.
-¿Vamos a la sala? –no era una invitación. Teddy quería que se reintegrara al ambiente festivo del día-. ¿O te esconderás de tu madre por toda la eternidad?
Tal vez tendría que haberse quedado en un rincón de la entrada, buscando más pedazos de cristal. Eso era mucho más divertido que apreciar lo que era claramente un universo paralelo: Mark Nott hablaba con tío Harry y tía Ginny en una esquina de la sala; mientras que en los sillones del centro se encontraba nada más ni nada menos que Scorpius Malfoy llevándose de maravillas con Molly y Lucy, las hijas de tío Percy. Todo parecía sacado de una fotografía llamada "Familia feliz en un día feliz conversando de asuntos felices".
Trató de prestarles atención a James y Dominique, que le contaban cómo habían aumentado sus ingresos por su mercado negro de venta de deberes, pero no podía quitarle la vista a Malfoy y Nott. ¿Qué rayos hacían ellos interactuando con su familia? Ellos no pertenecían a los Weasley. ¿Y por qué mierda Malfoy estaba en su casa? Podía aceptar a Nott, siendo que es el novio de Lily y de alguna u otra forma llegaría a conocer a los Weasley, pero ese maldito engreído pseudo-albino debía…
-¡Rosie! –Lucy le tendió un vaso de ponche (sin alcohol) y rápidamente lo chocó contra el suyo, haciendo una especie de brindis-. No pude saludarte antes. ¿Todo bien? ¿Qué fue eso de romper la cristalería? ¿Y cómo te ha ido en la escuela?
Si algo que equiparaba a su odio de ver a Malfoy sentado en su sala y comiendo galletas navideñas, era tener que soportar a Lucy. Desde que había ingresado a una escuela privada de alto rendimiento, se creía la reina del mundo. Su padre comentaba que quizás había heredado demasiados genes de su hermano Percy y por eso se le subieron los humos a la cabeza… Tenía que responder a cada una de sus preguntas, porque ella, pobre plebeya que asiste a Hogwarts, no puede guardar información a su majestad.
-Er… No estoy muy bien. Dormí pésimo y creo que por eso tuve aquel pequeño percance…
-¿Un pequeño accidente? No lo creo, Rosie –chasqueó la lengua-. Una mala noche no te hace… -¿acaso Molly le estaba tomando el brazo a Malfoy y empezaba a jugar con una de sus manos?-… que te haga tener reacciones tan bruscas.
-Mira, no tengo por qué ra…
-Disculpa, Lucy, necesito a Rose –Albus apareció justo en el momento más oportuno para evitar un largo testamento de malas palabras seguido de caos familiar-. Lo siento –volvió a decir al notar la mirada gélida la chica.
Albus la arrastró hasta el recibidor, apartándola completamente del resto.
-Sé que estás en una crisis de rabia, pero tienes que controlarte. Está toda la familia, no puedes enseñarle a Lucy tu gran conocimiento de los sinónimos de "imbécil" –la tomó por los hombros con firmeza y la miró a los ojos-. Respira, Rosie. Tranquilízate… Piensa con la cabeza fría…
Los latidos de su corazón fueron disminuyendo así como su respiración. Él tenía razón. Esto era un campo de batalla y Malfoy había elegido uno interesante. Toda su familia estaba presente. Un paso en falso y podía ganarse el castigo del siglo junto con el repudio entero de los Weasley. Tenía que pensar muy bien cómo desenvolverse de ahora en adelante.
Suspiró, relajando los hombros y así haciendo que Albus se separara de ella.
-Esto me recuerda a un juego muggle llamado "Siete minutos en el paraíso". Solo que esto no es un armario, ni es con el chico que te gusta ni son siete minutos.
-Entonces, bienvenida a siete largas horas en el infierno –le dio unas palmaditas mientras sonreía.
Le correspondió con el mismo gesto, pero volvió a tensarse. Julie lo engañaba. Y Kate no le había permitido echárselo en cara para luego decírselo a Albus. De repente se sintió demasiado incómoda y quería escapar de su presencia lo más pronto posible. O que un evento inusual como un incendio (que obviamente no iba a provocar ella ni había ironía en esta frase) o una tormenta eléctrica mandara un rayo sobre la casa. Por su suerte, podía adivinar con facilidad que moriría achicharrada por un rayo… Al menos así evitaría sentir culpa por lo de Albus y no pasaría siete horas en el infierno con Malfoy.
Hora 1: Llegada de las serpientes y limpieza de la cristalería rota.
Hora 2: Interrogatorio. Sobrevivir al almuerzo.
Los Weasley eran apasionados y deslenguados. Cuando se trataba de proteger sus intereses o a un familiar, nada les impedía dar a entender su posición. Y era en aquellos momentos cuando Rose quería clavar el tenedor sobre la mesa y gritar por qué mierda se portaban como seres civilizados por primera vez en su vida con Malfoy.
Trataban a Mark como de la realeza, por ende a Malfoy también. ¡Hasta su propia madre le ofrecía más pavo asado a su Némesis!
-Mamá, quiero más pavo –dijo, tendiéndole su plato casi vacío. Solo había restos de brócoli.
-Cariño, no es bueno que comas tanto –le respondió con una sonrisa. Volteó el rostro-. Oh, Mark. ¿Más pavo?
Se consoló triturando con profundo odio el arroz hecho por tía Ginny, y miró fijamente a Mark.
El chico se encontraba en el asiento de en frente, escuchando con atención todos los relatos de los mayores de la familia y contestando con mucha elocuencia todas las preguntas. Mientras era sometido a un interrogatorio por parte de tío Harry, Lily le tomó la mano, que estaba apoyada sobre la mesa, y le acarició el dorso con el pulgar. Consíganse un motel, pensó nuestra protagonista, y rápidamente toda su ira emergió cuando Lily la miró y le sonrió. Una sonrisa resplandeciente por el triunfo.
El almuerzo tuvo como postre una pregunta que casi la hizo atragantarse y morir por ahogamiento allí mismo:
-Bueno, cuéntame qué tal tu vida, Rosie –pidió tío George a su lado. Angelina, su esposa, asintió y estiró el cuello para poder verla con más claridad-. ¿Rompiendo corazones de Hogwarts?
Esta es la parte donde la música de fondo de las películas se detiene como si hubieran detenido un tocadiscos, rayando a su vez el vinilo en el acto.
A su otro lado, Hugo se movió con interés al escuchar a su tío. Albus levantó la mirada de su zumo de calabaza casi en el infinito del mundo (al otro extremo de la mesa), Lily también perdió la concentración sobre el trabajo de Mark en el Ministerio, y a su vez él también porque su novia lo hizo. Y… Los ojos de sus padres estaban fijos en ella. Y los de la sosa de Lucy, Molly había dejado de parlotear para escuchar…
-¿Có-cómo crees? –una risa automática en plan de: eso-es-muy-absurdo salió de su boca. No mires a Malfoy, no mires a Malfoy, no mires a Malfoy; repitió en su cabeza mil veces. ¿Y por qué rayos pienso en Malfoy ahora? -. Lo único que rompo son los marcadores de los partidos de quidditch.
La risa de los adultos no se hizo esperar, pero los demás la seguían mirando, y aún peor. Podía sentir que de sus ojos emanaba la palabra MENTIRA con letras grandes, brillantes y hasta con fuegos artificiales alrededor.
-Ay, Rosie, pero si en la fiesta…
Molly chilló y miró en dirección a Albus:
-¿Pero qué…?
-Creí ver una araña –dijo después de un largo rato. El nerviosismo en su voz y el hecho que le lanzara miradas cada segundo desacreditaron su pésima excusa.
-¿Y por eso me tienes que pisar el pie?
-¿Fiesta? –la voz de su padre se alzó en el tenso ambiente-. ¿Algo que contar, hija?
La moción de asesinar a Molly bajó de prioridad al instante (resultaba muy inconveniente que sus primos asistieran a Hogwarts), y la boca se le secó. ¿Qué le iba a decir a su papá?
Inconscientemente, su mirada se posó en Malfoy. Él también parecía nervioso. Su pálida tez se había hecho tan transparente que no dudaba que podrían vérsele las venas y nervios con todo lujo de detalles.
Por su mirada, supo que él también empezó a recordar cómo sus cuerpos se pegaban y habían tenido un beso colosal. Esos de los que los labios no se quieren separar, hay lengua, y las manos suben y bajan haciendo imposible la tarea de no contenerse a llegar a lugares más privados de la anatomía humana.
-La fiesta de Ravenclaw. Ravenclaw vive su mejor racha desde hace dos años. Por fin tendremos el trofeo y se los restregaremos en sus caras –sonrió y alzó una ceja hacia Albus.
El tema rápidamente se dirigió al quidditch y Rose tuvo que soportar todos los comentarios Gryffindors del lugar. Incluso Mark participó en la conversación tratando de ser neutral, aunque apoyando ligeramente más a Ravenclaw. No sabía si sentirse agradecida por ello, ya que generalmente se trataba de ella contra todo un nido perteneciente a la casa de los leones; pero todavía estaba demasiado conmocionada por el tema del beso.
Ahogó su consternación en el postre. Los adultos volvieron a concentrarse en el nuevo novio de Lily, y mientras ella estaba encantada por la educación de su familia, Molly y Lucy volcaban su atención en Malfoy.
¿Qué castigo le darían si le lanzaba el Mousse de frutilla a Malfoy?
Hora 3: Volver a pensar en el asunto de Goliat. Partido de ajedrez equivale a intento de intimidación.
James y Dominique estaban en un rincón apartado, tratando asuntos más importantes que los olvidados trozos de pastel intactos sobre la mesita más cercana. Había sabido que su negocio de venta de deberes tenía muchas ganancias, y trataban de expandirse para vender resúmenes que servían como apoyo de estudio para rendir en los exámenes. Se alegraba por ellos pero todavía seguía siendo un poco ilegal su negocio. Además que eso de los resúmenes podía seguir fomentando su irresponsabilidad…
Al otro lado de la habitación, Malfoy jugaba ajedrez con Hugo. Hubiera sido la oportunidad perfecta para atacar a su enemigo, pero en un sofá cercano estaba tío Harry hablando con Mark y Lily.
Caminó hacia James y Dominique, pero ambos tomaron sus platos con pastel y se dirigieron hacia el tablero de ajedrez. Su pequeña reunión parecía haber terminado.
-James –dijo, acercándose por la espalda a éste.
Malfoy movió uno de sus alfiles y la miró:
-Oh, Rose. Creí que no tendría el placer de tu presencia este día…
-Necesito pedirte un pequeño favor –prosiguió, haciendo acopio de todas sus fuerzas para ignorar al rubio-. ¿Conoces a Bones, no?
-¿Jeff Bones? ¿Nuestro compañero? –inquirió James, luciendo sorprendido.
-¿Y tú por qué preguntas si lo conocemos? –Dominique tragó con rapidez el pedazo de torta.
-Bueno, Rosie es una chica, después de todo –dijo Hugo, comiéndose el alfil de Malfoy y dejándolo en una posición peligrosa. Tenía que pensar bien su estrategia para hacer jaque-. Pero, ¿Bones? Creía que ni el mismísimo Merlín era merecedor de tu atención, hermanita –la miró con diversión y escepticismo a la vez.
Se preguntó qué decirles. No se le ocurría nada brillante para evadir sus preguntas y salirse con la suya. Todo apuntaba a que sentía interés por Bones. Y claro que sí, el muy imbécil era el tío con el que Goliat le ponía los cuernos a Albus.
-Ya, pero es guapo –no era una mentira del todo. Vamos, que cuando la buena combinación genética otorgaba especímenes buenazos como él, no podía negarlo. Pero cuando Dominique se atragantó, Hugo la miró como si tuviera tres cabezas y Malfoy hizo caer casi todas sus piezas moviendo la torre con más torpeza que una persona después de haber subido tres veces a la montaña rusa; Rose supo que había empezado mal su mentira-. Y le gusta el quidditch.
-Pero ese tipo es un cabeza hueca. No diré hueco, porque estoy seguro que le gustan las chicas con grandes tetas… -James se rascó la nuca, incómodo por tener esa conversación-. La mayoría de la gente de Hogwarts es guapa y le gusta el quidditch. Búscate alguien mejor.
-Quiero saber dónde vive Bones…
-¿Ahora vas en plan de acosadora? –soltó su otro primo mayor, visualmente alterado.
Sí, iba en plan de acosadora. Pero del tipo que lo amenazaba de muerte para que le confesara desde hace cuánto veía a Goliat y obtener más pistas sobre su asqueroso idilio sexual. Si quería hacer caer a Goliat a lo grande, necesitaba prepararlo a lo grande.
-Por favor, Jamie… Nique… -hizo un puchero.
-No somos Teddy. ¿Crees que esas caras de borrego abandonado surten efecto en nosotros?
-Teddy me habría ayudado sin chistar, James. Qué mala familia tengo –bufó.
-Oye, Malfoy –le llamó Hugo-. Has estado años sin mover. ¿Problemas?
-Me has obligado a hacer algo que no quiero –sonrió con maldad. Señaló con disimulo hacia atrás-. Me pregunto qué dirá tío Harry cuando sepa qué tipo de cosas leen en la biblioteca. Ah, y dicen la palabra "teta" delante de mí como si nada. Sin mencionar que estarán más recluidos que monjes en un templo perdido en la montaña cuando se entere que hacen dinero vendiendo…
La mano de Dominique le tapaba la boca, y algo muy parecido a "mmmhjammheggt" se escuchó mientras seguía hablando.
-Maldita tramposa –dijo James-. Cierra ya el pico. Síguenos…
Ambos salieron del salón desapareciendo por las escaleras.
-Fue un golpe bajo, Rosie –comentó Hugo, analizando las piezas de Malfoy.
-El fin justifica los medios –citó a Maquiavelo. Se puso detrás de su hermano-. Qué ciego eres. Mira, haz esto –tomó un caballo y en menos de un segundo acorraló a Malfoy-. Jaque.
-Gracias, no había visto eso. ¿Y el mate?
-No te ayudaré tanto –sonrió. Alzó la mirada hacia el rubio-. Eso fue un golpe bajo, ¿no? Que la hermana de tu oponente, que no había estado prestando atención al partido, te haya hecho añicos. Pobre ejército negro, me daría pena ser manejado por un…estratega como tú, Scorpius –la lengua le ardía de tanto sarcasmo.
Casi subió dando brincos dignos de una niñata sacada de colinas llenas de flores y un cielo resplandeciente. Intimidar a Malfoy con tanto éxito la hacía sentirse en las nubes. El muy estúpido se había quedado sin habla.
Cuando sus primos le dieron un papel con la dirección de Bones, que casualmente era cliente frecuente del negocio y tenían casi todos sus datos, la felicidad tambaleó. Solo un poco. Recordó que Kate le pidió que no hiciera nada al respecto. Sin embargo, ¿qué iba a saber ella? Albus no merecía que lo engañaran. Y más encima con un adonis más vacío en personalidad que un tronco hueco. Además, con Julie fuera del mapa, Kate podría ser feliz al lado de Albus. Y ella misma seguir con sus sueños de ser madrina de alguno de sus encantadores hijos.
Hora 4: Lily analiza la situación.
-¿Duele, no?
Rose levantó la cabeza, viendo a Lily de pie detrás. La chica rodeó el sillón y se sentó a su lado.
-¿Qué me debería doler? ¿El estómago? No creo, la comida ha estado deliciosa…
-Darte cuenta que has estado equivocada –giró los ojos y suspiró. Se acomodó, subiendo un poco una de sus piernas para quedar sentada encarándola-. Papá me ha dicho que Mark es un buen chico, mientras que mamá me felicitó por mi gusto en novios.
Mark se encontraba tomando gaseosa junto a Roxanne. Su prima reía y se le veía estar pasándoselo muy bien, lo cual era muy inusual. Ella era la más huraña y antisocial de toda la familia.
-Que se haya ganado a Roxanne, James, Dominique, a tus padres, a los míos, a Albus, y a Hugo, que como uno de tus amigos ya debe estar habituado a la idea que salgas con él; no significa que hayas salido victoriosa en la guerra. Hasta al momento han sido simples batallas –dijo, repentinamente enojada. Solo había perdido todas las batallas, pero la guerra. Nunca había estado en el bando perdedor-. El que ríe último, ríe mejor.
-¿Por qué te empeñas en ponerlo a prueba? –preguntó, arrastrando la voz. Apoyó el codo izquierdo en el borde superior del respaldo del sillón y dejó que su mano se posara sobre su mejilla-. Me he cansado de tratar de razonar con Mark. Él cree que es la única manera de ganarse tu aprobación, y aunque esté en lo correcto, estás jugando de una forma horrible. ¿Te divierte herirme, Rosie?
-No quiero herirte. Impido que salgas herida.
-¿De qué?
-¿De qué? –lanzó una corta risa antes de respirar profundamente-. Mira quiénes son sus amigos. Malfoy no es exactamente el modelo ideal de corrección, y ese Zabini ya debe de tener gonorrea o cualquier enfermedad sexual… Dime con quién te juntas, y te diré quién eres.
-Detente –le ordenó, mirándola severamente-. Basta de tus refranes, basta de tus conspiraciones. Sé que estás tratando de sabotear mi relación y te está saliendo el tiro por la culata –se inclinó y bajó la voz-. Última advertencia: si haces que Mark no se sienta bienvenido en la familia, lo pagarás caro.
Un huracán pasó delante de ella. Lily se fue tan rápido como llegó.
Tenía muchas guerras que librar: que Lily ya no estuviera de novia con Mark, revelar el sucio secreto de infidelidad de Goliat, y que Albus rompiera con Goliat y se enamorara de Kate (si no lo estaba ya).
¿Acaso Rose no se acordaba de la pequeña tarea enviada por "Amor y paz" Taft? ¿Ésa que incluye a Malfoy y tres aspectos positivos de su persona?
Suspiró, agobiada. Mark de verdad estaba conquistando a la familia…
Aparentemente, ni por enterada se daba.
Hora 5: Invasión de territorio.
Le dieron ganas de ir al baño y fue al del piso superior, el que compartía con Hugo. Al salir, se dirigió a su cuarto casi por inercia. O tal vez se debía a que estaba aburrida de ver como cada miembro de la familia caía rendido a los pies de Mark y felicitaban a Lily por su novio, mientras que comentaban que el hijo de Draco Malfoy era un alter ego del padre. Tío Harry lo atribuyó a Astoria como la madre del chico, mientras que tía Ginny decía que después de la guerra todos habían cambiado, incluso Malfoy. Le enfermaba que tuvieran la presencia del mismísimo Scorpius Malfoy ante sus narices sin hacer nada. Ni siquiera mandar señales de humo informando a las autoridades.
Al entrar, se quedó de piedra.
-Ah, no. Vienes a mi casa, celebras el cumpleaños de mi hermano y coqueteas con la enfermiza de Lucy. Ya te has anotado más puntos en mi escala de odio, si aún podía ser imposible –dijo, dando un violento portazo-. ¿Y ahora estás en mi cuarto? –buscó sobre el escritorio la engrapadora-. ¿Qué mierda haces aquí, Malfoy? –se la lanzó.
-¡Cuidado, fiera! –se agachó, y la engrapadora terminó golpeando la pared-. ¿Qué recibimiento es éste?
-Exijo saber por qué estás en mi cuarto –sobre el escritorio solo estaba el monitor del computador, el teclado y el ratón. Considerando que adoraba muchísimo descargar series y películas (todas pagando por ellas, en esta historia no se promociona las descargas gratuitas e ilegales), se fijó en uno de los estantes junto a la ventana-. ¡Ándate de aquí! –le aventó un peluche de perrito.
-Tenía curiosidad cómo era tu hábitat natural…
Le tendió el peluche, que había impactado en su pecho, y lo dejó caer sobre la cama al ver que la chica no iba a hacer ningún ademán de tener contacto físico con él.
-Tus paredes son rosa.
-¡Por Merlín! No lo sabía. Te agradezco tanto por decirme el color de mi habitación –le levantó el dedo del centro de la mano derecha-. Púdrete, Malfoy.
-Y tienes libros muggles –señaló su pequeño mueble que era su mini biblioteca personal. El libro que más sobresalía en la parte superior era uno de Química Orgánica-. ¿Acaso estudias la materia muggle?
-Di exámenes libres hasta los catorce años. Luego me aburrí de estudiar en Hogwarts y también para los exámenes muggles, pero en vacaciones me pongo al día con lo muggle… -se quedó callada.
Estaba relatando un aspecto personal de su vida a Malfoy. Solo Kate y Albus sabían que tomó exámenes libres muggles. Era su secreto. Sabía que la mirarían como una pobre pirada psicópata si contara que estaba interesada en la educación muggle, y que todavía seguía siendo esa niña que ansiaba ir a las Olimpiadas de Química.
-¿Olimpiadas de Química? –Rose se dio cuenta que ya no estaba de pie junto a la cama, sino que escrutando algunas fotografías colgadas de la pared donde estaba el mueble con el televisor-. ¿Primer lugar? ¿Olimpiadas de Matemática? –la señalaba en cada una. Se giró, con una gran sonrisa-. Eras una ñoña.
-¿Te sorprende? –preguntó amargadamente.
-Para ser Ravenclaw, eres una muy perezosa e irresponsable…
-Bueno, la gente cambia. Por alguna razón me parecen más interesantes las asignaturas muggles. Son más difíciles. En cambio, las mágicas son más fáciles y… Oye, deja eso –se le acercó y le quitó una de las tres medallas que ganó en Olimpiadas de asignaturas básicas-. No quiero que mi reluciente medalla de oro se estropeé con tus grasientos dedos.
Malfoy estaba fascinado con todo. Una cosa era leer en libros, escuchar relatos de la profesora en Estudios Muggles y paseos anuales a Londres muggle; pero era muy diferente estar en una casa donde lo muggle y lo mágico se combinaban por todos lados.
Junto a las fotos de Olimpiadas, había un recorte del partido donde tía Ginny recibió el reconocimiento de Mejor Deportista Femenina de Inglaterra. Su tía, mucho más joven, saludaba alegremente hacia la cámara mientras se bajaba de la escoba.
-¿Y eso? –señaló el techo.
-Un encantamiento de papá. Se parece al de Hogwarts, pero el cielo varía con mi estado de ánimo, no es una representación del clima –explicó.
-Hay muchas nubes negras. Una tormenta se aproxima.
-Me pregunto por qué –bufó, sentándose en la cama.
Vio distraídamente la lluvia que iba formarse en su techo mientras la figura de Malfoy se movía con lentitud. Parecía tomar detalle de todo: le gustó un extraño cacto de flores multicolores, regalo de tía Luna; preguntó si tenía cuenta de correo electrónico, ya que usaba tan poco el Internet y ella replicó que sí; y le llamó la atención que tuviera tantos libros de Stephen King.
-Hablando de libros, me acordé de la redacción de Estudios Muggles. La entregaste, ¿no?
-Sé que mi vida tiene tintes trágicos al tenerte que haber trabajado contigo, pero también quiero una buena calificación…
No se defendió por su sutil ataque, estaba más ocupada viendo un tablero de ajedrez muy viejo: las piezas estaban casi destruidas y el color de los cuadrados desteñidos.
-Ajedrez de mi tatarabuelo. Con él mi padre aprendió a jugar, y yo también. Podría arreglarlo; pintar las piezas y tablero, pero me gusta así. Me recuerda la niñez…
-Mi padre también trató en enseñarme…
-¿Trató? –preguntó.
-Le desesperaba que no me gustara pensar la estrategia. Todavía me cuesta ver todos los posibles movimientos de mi adversario.
Rose no podía verle el rostro, estaba dándole la espalda pero estaba segura de haberlo escuchado con tristeza. Su voz sonaba más suave y apagada de lo normal.
-Oye, Rose –dio un paso hacia el lado, poniéndose de cuclillas para ver su colección de El Señor de los Anillos en la parte inferior del mueble-, ¿te gusta Bones?
-¿Ese imbécil? Jamás. Es mi móvil para darle la lección a una zorra escurridiza, eso es todo –su risa comenzó a quebrarse. De repente, se hizo muy consciente que Malfoy estaba en su habitación, estudiando todo y ambos mantenían una conversación-. ¿Por qué te importa? -la pregunta resbaló de sus labios sin haberla procesado del todo.
-Resultas muy interesante, lo sabes, ¿no?
Sus ojos se encontraron. Él estaba muy serio. Ya no sabía si estaba triste por empezar a hablar de su padre y el ajedrez, pero no le apetecía pensar en ello.
-Ándate a la mierda, Malfoy –de un brinco se puso de pie y abrió la puerta-. Ya he excedido mi dosis anual de tu persona en menos de un día –le tomó la mano y lo llevó hasta la salida sin que ejerciera oposición alguna-. ¡Eres desagradable! ¡Apuesto que estabas aquí analizando qué usar en mi contra para vencerme de una vez por todas! Pues, ¡hola, despierta! Sé que eres una mierda de persona, que Mark debe de ser igual a ti y que algún día seré la mejor de la generación. ¡Acéptalo!
Cerró la puerta con violencia.
Su techo estaba cubierto de lluvia y algunos relámpagos.
Hora 6: Plegaria.
Sentada a los pies de la escalera, como un perro guardián receloso, custodiaba la intromisión de enemigos en su territorio; ocultó la cara entre sus rodillas flexionadas y empezó a hacer una larga plegaria:
Merlín, Rowena de Ravenclaw, los demás fundadores de Hogwarts y hasta Salazar Slytherin, Nicholas Flamel y su obsesión con la vida eterna, cada director de Hogwarts, difuntos ministros del Ministerio, sabia Dama Gris de Ravenclaw; Vladimir El Triste, gran filósofo mágico; Einstein y su bendita teoría de la relatividad; Valmai Morgan, la buscadora estrella de las Arpías de Holyhead de la década de los noventa; mundial de quidditch; oh, Teddy, su casi primo favorito; Dios, Alá y todos esos nombres que recibe el mismo dios de las religiones muggles; y la sabiduría de las galletas de las fortunas chinas… ¡Por favor, hagan que Malfoy se fuera pronto de su casa!
Hora 7: La retirada y táctica de guerra.
-Ha sido un placer conocerte.
-Fue mío, Lucy.
¿La mirarían feo si odiaba a su prima? La muy coqueta se colgaba de Malfoy como si fuera el hombre más apetecible del universo. No sabía cuál era su problema. ¿Cómo alguien podía encontrar deseable a Malfoy si a ella le daban ganas de vomitar al pensar en él?
Ya eran casi las seis de la tarde y ya estaba oscuro. Dominique se había ido con sus padres hacía un rato, mientras que Teddy se disculpó diciendo que debía comprar los últimos regalos navideños poco después del almuerzo. Ahora tío Percy con su esposa, y tío Harry y Ginny se iban con sus respectivos hijos.
-Tomaremos café y charlaremos un rato. Tomarán red flu en nuestra casa –le comentaba tía Ginny a su madre, apartadas del resto del grupo.
-¿Vamos, papá? –preguntó Lily, tomando de la mano a Mark.
-Deja despedirme de Ron. Eh, Ron, ¿pero qué…? –desapareció por la puerta que comunicaba el recibidor con la cocina.
Así que los tíos permitirán que Mark y Malfoy tomen café en su casa, pensó ofuscada. Todos amaban a Mark. A pesar de ser dos años mayor que Lily, dieron su aprobación implícita a la relación cuando lo llamaban por su nombre de pila con tanta confianza.
Tío Percy dijo que ya era hora de irse, por lo que Lucy tuvo que despedirse de Malfoy.
-Espero saber pronto de ti. Irás a la fiesta del Ministerio, ¿no? –preguntó. El baile navideño conmemoraba el fin de la guerra y se rendía honor a los héroes de los periodos oscuros de Voldemort-. Oh, me alegro. Entonces, mañana nos veremos –le dio un beso en la mejilla antes de girarse para seguir a Molly hacia la chimenea.
-Lo que hace la falta de testosterona en su colegio privado –susurró a Albus.
-¿Celosa? –preguntó, divertido.
-¿Celosa de tener tanta mierda en la cabeza como para abalanzarme a él? –movió el mentón con desdén hacia Malfoy-. Oh, sí. Ni te imaginas lo celosa que estoy… Espera un minuto… -dijo, quedándose boquiabierta.
Verborrea mental de Rose: celosa significaba celos. Albus le dijo lo de los celos. A Albus le están poniendo los cuernos con un muñeco Ken tamaño real. Julie Godiat estaba con dos chicos a la vez. Con su novio y su amante. Los engañaba al mismo tiempo… Y todo esto terminaba con celos, romper los lazos de confianza, etc. ¡OH, MERLÍN MÍO!
-¿Qué te pasa?
-Nada, Albus –sus ojos brillaban-. Absolutamente nada.
Se despidió de todos sin decir mucho. Solo le dio un abrazo a Albus, diciéndole que lo quería mucho. Lily preguntó en voz baja si acaso había bebido vodka en el juego del almuerzo, y Albus se alzó de hombros, diciendo que cada día estaba más acostumbrada a sus arrebatos de personalidad.
-¿Te puedes creer que Lily es novia del hijo de Nott? –vociferó su padre casi al instante en que desaparecieron los Potter e invitados.
-Papá, Mark es buena onda –replicó Hugo.
-¿Cuántas veces te he dicho que dejes de ser tan resentido y prejuicioso, querido?
La voz de su familia se alejó. Seguramente estaban en el salón, arreglando el desorden de la fiesta.
Rose se quedó un rato allí como si fuera una momia. En su mente se tejía una compleja táctica de guerra que si desarrollaba con precisión el día siguiente, tendría todos sus problemas arreglados.
Habría perdido todas las batallas, pero la guerra la ganaría. De eso estaba segurísima.
N/A: Hola, ¿me recuerdan? Sí, yo solía ser esa chica que actualizaba muy seguido y tenía adelantados varios capítulos el fic. Bueno, la universidad me ha tomado por esclava y apenas tengo tiempo de escribir. Recién acabo de terminar esto, de hecho. Ya saben lo que puede hacer un día completo celebrando la independencia del país (¡Viva Chile!)… ayuda a terminar el capítulo.
Me ha encantado escribirlo. Creo que tener a Malfoy y a Mark en casa de Rose fue hilarante. La mejor escena a mi gusto: cuando Rose va a preguntarle a James y Dominique la dirección del domicilio del chico con el que engaña Julie a Albus.
Espero no haberlos decepcionado y que me sigan dejando sus opiniones. ¡Muchas gracias por el apoyo, chicas!
Y un pequeño adelanto/regalo por la larga espera: el siguiente capítulo será el clímax. Rose por fin se dejará de juegos y actuará de verdad, pero, ¿qué hará?
No sé cuándo actualizaré. Espero que pronto, de verdad. La idea ya la tengo, como pueden esperar… ¡Todo este fic lo tengo planeado! En fin. Me estoy dilatando mucho.
Gracias por leer. Besotes, chau.
