Un par de ojos color ámbar se abrieron lentamente y lo primero que divisaron fue el techo de lo que parecía ser una habitación, luego miraron hacia abajo y observaron una puerta y una pequeña ventanilla. El cuerpo de Konan se encontraba descansando sobre una camilla del hospital de Kumogakure. En un instante, la puerta fue abierta por una persona muy familiar para ella.

- ¿Cómo te encuentras, Konan-chan? - preguntó la voz masculina.

- Naruto-kun, me siento mejor que antes, ¿tú como estás? - respondió la mujer al mismo tiempo que le preguntaba al rubio.

- Yo estoy perfecto, pero fuiste tú la que sufrió más daños durante el combate en el templo, por eso estuviste un par de días en el hospital, yo, por otro lado, sólo necesité menos de una hora para curar mis heridas, ya que eran leves - contestó aclarando el ojiazul.

- Me alegro que estés bien, Naruto-kun, acercate por favor - le pidió Konan. El Jinchuriki obedeció y caminó hasta la camilla.

- ¿Qué sucede, Konan-chan? - preguntaba el shinobi. Sin darse cuenta, su rostro comenzó a acercarse lentamente al de la ex-akatsuki, quien también hacía lo mismo. Sus labios estaban a milímetros de tocar los suyos, deseosos de poder experimentar los sensación que producían dos personas unidas. Como siempre algo o alguien interfiere con el momento, la puerta se abrió por segunda vez y por ella ingresó una enfermera del edificio.

- Lamento molestar, pero debo chequear el estado de salud de Konan, si me permite, señor Uzumaki - comentó la mujer del personal. La peliazul estaba más molesta por la interrupción de su tan ansiado momento que por su salud.

- De acuerdo, nos vemos Konan-chan, te he dejado el almuerzo en la mesa de la habitación, justo al lado tuyo - le decía el pelirrubio a la fémina mientras se retiraba del cuarto y del hospital. La peliazul giró la cabeza y vio que su amigo le había preparado unas croquetas de arroz.

'' Gracias, Naruto-kun '' agradecía mentalmente la ojiámbar. Ella se encargaba de la comida y de los deberes cuando está con el rubio, pero éste le brindaba su ayuda y también se preocupaba por ella. Sus pensamientos lograron sacarle una sonrisa en su rostro, cosa que no hacía hace mucho tiempo.

Mientras tanto, en otra parte:

Sasuke y el resto de su equipo caminaban por un bosque cercano a Konohagakure, luego de haber logrado escapar de la aldea.

- ¿Y ahora que haremos? - preguntaba Jugo al notar que el grupo estaba reunido de nuevo.

- Suigetsu, ¿aún sigues conservando tu espada cortacuellos? - le preguntó el Uchiha al usuario del agua.

- Claro, aunque está partida en dos - respondió el peliblanco sin entender aún las intenciones del líder.

- Pues iremos a Kirigakure para que la reparen - concluyó el del Sharingan.

- Pero Sasuke, no tengo muy buena fama en mi aldea, recuerda que soy el hermano de uno de los siete espadachines de la niebla, Mangetsu Hozuki, por lo que no sería muy bien recibido.

- No te preocupes, ya se nos ocurrirá como ingresar a la aldea y convencer a algún herrero para que deje tu arma como nueva - aseguró el pelinegro.

- Muy bien, mientras no llamemos la atención, todo va a estar bien - comentó vencido el ojivioleta al ver la insistencia de sus amigos. Así, el equipo comenzó con su largo viaje hacia la aldea de la niebla.

En Kumogakure:

Naruto estaba entrenando en uno de los campos de entrenamiento de la aldea una nueva técnica para tener nuevas variantes.

- Muy bien, solo tengo que concentrar chakra futon en todo mi cuerpo y luego expulsarlo, debo relajarme - se decía a si mismo al momento de cruzar sus brazos a la altura de sus hombros. Su Rinnegan no estaba activado, por lo que daba a entender que era parte de sus habilidades. Instantáneamente, un aura de viento comenzo a recorrer todo su cuerpo y el suelo comenzó a agrietarse. Parecía que estaba listo, pero...

'' Ahora '' exclamó mentalmente, pero, como resultado, solo consiguió lanzar una pequeña rafaga de viento hacia una roca, que solo recibió un corte no muy grande. Al ver la frustración de su ataque, decidió seguir entrenando por tres horas más, si no lo lograba en ese tiempo, lo intentaría el día siguiente.

Mientras tanto, en otra parte de la aldea de la nube, dos ninjas caminaban tranquílamente por las calles de la villa.

- Oye, ¿qué crees que esté haciendo Naruto ahora? - preguntó Cee rompiendo el silencio entre ambos ninjas.

- Me dijo que iba a practicar algo nuevo en los campos de entrenamiento - contestó su compañero sin más.

- Seguro que sigue un poco deprimido por no estar en compañía de Konan-san - comentó el rubio llamando la atención del peliblanco.

- Puede ser, pero son cosas que debe superar, yo también he perdido grandes cosas por momentos, aún así seguí adelante con mi vida - explicaba Darui quien, en el fondo, también sentía lastima por el Uzumaki.

- ¿Por qué no vamos para animarlo un rato?, de paso, podríamos ayudarle con su entrenamiento - propuso el ninja sensor.

- Está bien, pero si nos dice que no lo interrumpamos, nos vamos, ¿de acuerdo? - aceptó el experto en Kenjutsu.

- Claro, ahora vayamos para allá - decía su compañero para después, ambos, dirigirse caminando al campo de prácticas.

Por otra parte, regresando con el equipo Taka:

Los cuatro habían llegado a las tierras del país del agua, no utilizaron una embarcación ya que costaba dinero, así que caminaron sobre el agua por un par de horas. Al llegar, el grupo estaba un tanto agotado por el uso de chakra en sus pies, pero resistieron hasta llegar a las puertas de la aldea. En su camino, Karin se percató de que dos ninjas estaban robandole a un viajero, decidió intervenir pero el Uchiha la detuvo.

- Espera, yo me encargo de esto - dijo Sasuke comenzando a correr hacia uno de los ladrones.

- Eso fue muy fácil - hablaba uno de los sujetos con su acompañante.

- Y que lo digas, ese anciano no merecía ni que lo amenazaramos - continuaba el diálogo el otro hombre. De pronto, este fue atravesado por la espalda por una espada, para ellos, desconocida. Al voltear sus rostros, reconocieron a su agresor, Sasuke Uchiha, que luego de retirar su cuchilla del cuerpo del maleante, conectó una patada al otro bandido, mandándolo detrás de él.

- ¿Por qué haces esto?, nosotros no te hicimos nada - le recriminaba el ladrón al usuario del Sharingan.

- Por robarle las cosas a la gente, y más si es un anciano o un niño - respondió el pelinegro mientras observaba cómo su víctima caía al piso, desangrándose hasta la muerte.

- Maldito, pagarás por eso - dijo furioso el otro sujeto a su espalda, pero al levantarse fue advertido por alguien detrás de él.

- Yo no lo haría - comentó irónicamente el Hozuki mientras apuntaba una de sus espadas al ladrón restante por su espalda. El maleante recibió la amenaza y levantó las manos, en señal de rendición.

- Suigetsu, te dije que lo tenía bajo control - aseguraba el ojinegro un poco irritado ya que, por una vez, quería demostrar sus buenas intenciones.

- Da igual, ¿que haremos con él? - cuestionaba el ojivioleta acerca del sospechoso.

- Informaremos a los guardias de Kirigakure, seguro que hay alguna celda disponible en la cárcel - respondió Sasuke mientras enfundaba su espada y recibía una mirada de odio del criminal. Karin y Jugo fueron a entregar al bandido en la puerta de la aldea, mientras que los otros dos se dirigieron a donde estaba el viajero.

- Señor, recuperamos sus cosas - le dijo el peliblanco entregandole una cartera con dinero y un mapa al anciano.

- Muchas gracias, jóvenes, no se que habría hecho si no aparecían ahora - agradecía el viejo recibiendo los objetos.

- Fue mejor que no haya intervenido, de lo contrario habría salido herido de aquel encuentro - comentó el Hozuki.

- Como recompensa por este favor, tomen esto - decía el hombre mientras abría su cartera y les entregaba un poco de dinero.

- Ahora somos nosotros los que estamos agradecidos - sonreía el Uchiha recibiendo el dinero. Pocas veces demostraba compación y ayuda a aquellos que la necesitaban.

- Cuidense y hasta otra - saludaba despidiendose el viajero para luego retomar su camino. Al finalizar su tarea, el equipo se reunió, la pelirroja fue a una cercana tienda para comprar cuatro capas con el dinero que recibieron y se infiltraron en la aldea cubriendo sus caras. Mientras andaban por las calles de Kiri, las personas sospechaban de ellos pero no les dieron importancia.

- Ustedes busquen al herrero, yo voy a la torre Mizukage - ordenó Sasuke mientras divisaba cerca un edificio alto.

- Pero, ¿no será peligroso? - preguntaba preocupada Karin al escuchar las palabras del líder.

- Puede ser, pero tengo que arreglar un asunto - respondió el pelinegro dejandoles en claro a sus amigos lo que tenían que hacer.

- Como quieras - comentó Suigetsu mientras cada uno se dirigía a su destino.

Ya en la entrada de la torre, un par de guardias preguntaron el motivo de su visita.

- ¿Qué se le ofrece? - preguntó uno de los hombres.

- Vengo a hablar con la Mizukage - contestó el ojinegro, cubriendo la parte de arriba de su rostro para no ser identificado.

- De acuerdo, solo no causes problemas - advirtió el otro guardia.

- No lo haré - aseguró Sasuke mientras ingresaba al lugar. Al llegar a la oficina, tocó la puerta, recibió la orden de poder ingresar, cosa que hizo y tras esto, cerró la puerta. La mizukage examinó de arriba a abajo al visitante y le preguntó lo siguiente:

- Que tal, ¿necesita algo? - fueron las palabras de Mei Terumi, la kage de Kirigakure y quinta líder de la aldea.

- Solo hablar con usted - respondió el ninja encubierto.

- Adelante, ¿de qué quiere conversar? - cuestionó la pelirroja sin saber de que se trataba.

- Vengo a disculparme - dijo el usuario del Sharingan dejando confundida a la mujer.

- ¿Por qué ha venido a disculparse?, que yo sepa, usted no me ha hecho nada, ni siquiera lo conozco - confirmó la ojiverde. Su mirada de confusión cambió por una de sorpresa al ver como el shinobi rebelde se quitaba la capucha de su capa y revelaba su verdadera identidad.

- Me recuerde o no, vengo a pedirle perdón por haberla atacado en la reunion de los kages, mi objetivo era otro, por eso me dejé llevar por mi odio y lastimé a todo aquel que se me cruzaba - explicaba Sasuke sin omitir ningún detalle.

- Interesante, primero atacas la cumbre, luego escapas del país del hierro con lo justo y ahora vienes a mi aldea sólo para disculparte - comentaba la usuaria de lava y vapor mientras se levantaba de la silla de su escritorio.

- Valió la pena, además, un amigo vino a reparar una espada - añadió el ojinegro. La mujer se acercaba lentamente hacia él.

- Te perdono, aunque lo que has hecho en el país del hierro dejó más que claro que eres un criminal, de todas formas, aún no he hecho lo que dije allá - comentó la fémina mientras seguía acercandose al ninja.

- ¿De qué está hablando? - preguntó el Uchiha sin entender a lo que se refería.

- Solo cierra los ojos - le dijo Mei mientras se seguía acercando al pelinegro. Éste aún no comprendía el motivo pero, sin preguntar otra vez, obedeció la orden y cerro sus ojos. De repente, siente como una mano lo toma del mentón y unos suaves labios se posan sobre los suyos, dando lugar a un calido y tierno beso que el ojinegro no esperaba. La pelirroja metió su lengua en la boca de éste, quien hizo lo mismo y, así, se dejaron llevar por un momento, sintiendo pasión y un poco de amor por el otro. La tentación superó al pelinegro y, dirigió su mano a uno de los voluptuosos pechos de la ojiverde, quien soltó un leve gemido al sentir como su busto era apretado. La mujer se separó lentamente del ninja y lo miró preocupada.

- También me gustaría hacerlo contigo, lindo, pero si se enteran que tuve sexo con un renegado, me van a destituir de mi cargo y sería desterrada - explicó la líder para luego volver a su escritorio.

- Entiendo - aceptó el pelinegro con cara de decepción, ese beso le había gustado, y no había experimentado esa sensación con nadie, ni siquiera con Karin o Sakura.

- Apenas terminen aquí vayanse de la villa, pronto se darán cuenta de que algo anda mal con ustedes - sugirió la pelirroja.

- De acuerdo, adiós - se despidió el shinobi mientras su cara reflejaba un leve sonrojo, casi había olvidado cubrirse el rostro, pero se acordó justo antes de salir de la torre.

Mientras tanto, en la herrería:

Suigetsu, Karin y Jugo estaban sentados en un banco cercano al puesto del herrero, que estaba reparando la espada del peliblanco.

- ¿Que estará haciendo Sasuke y que querrá decir con eso de asunto? - preguntaba la ojirroja de gafas.

- Seguro que fue a espiar, tu sabes como es él - contestó el pelinaranja, dándose una idea de lo que su líder estaba planeando. De pronto, el herrero llamó al Hozuki para devolverle su arma reparada.

- Aquí tiene señor, son sólo cien ryo - le dijo el hombre mientras le entregaba la espada al ojivioleta, y este, a su vez, le pagaba con el dinero mencionado. Ya estaban listos para ir con su líder.

- Vale, ahora tenemos que buscar a Sasuke - dijo convencido el ojivioleta.

- Eso no será necesario - habló una persona no muy lejos de donde estaba el equipo. Era el Uchiha, quien volvía de su encuentro con la Mizukage.

- ¿Cómo te fue? - le cuestionó Jugo al usuario del Sharingan.

- Solo arreglé un par de cosas con la líder, ahora vamonos de aquí - ordenó el pelinegro para, luego, dirigirse a la puerta de la aldea y salir definitivamente de Kirigakure. Sasuke quería quedarse un tiempo más, ya que esa mujer había despertado algo en él que nunca había sentido.

'' ¿Acaso a esto es lo que llaman amor? '' pensaba el ninja rebelde recordando el rostro de la pelirroja.

Aquí el capitulo 14, ¿que pasará con Naruto?, ¿y con Sasuke?, que les espera a ambos. Dejen comentarios, saludos.