Dos gigantescas bolas de fuego irrumpieron como dos soles incandescentes en los cielos vespertinos de Berk. Hiccup con Chimuelo lograron esquivar las dos masas rojizas que iban directo a ellos; con un giro a la derecha y frenado en seco salieron abantes. Pero cualquier momento de alegría por su hazaña se vio trunca por un ataque de flechas que venían desde tierra. Los estaban atacando con todo lo que tenían, en verdad los querían derribar, los estaban cazando.

El vikingo elevó a su dragón a un punto donde la tensión de las cuerdas de los arcos no diera alcance sus flechas mortíferas. Se quiso refugiar en una de las nubes, esconderse y poder atacar después, pero cualquier intento se vio irrumpido por dos dragones.

Un Nadder azul y un Gronkle lo esperaban con sus jinetes en sus lomos, ambos vikingos sostenían hachas. Hiccup reconoció al jinete del Nadder, se trataba de Astrid que con una mirada llena de furia se le lanzó, sin dudar, en un ataque. Con un ágil movimiento de Chimuelo más que de su jinete escaparon de la brutal embestida de su agresor.

—¿No entiendo porque me tienen tanto rencor? —gritó, para que le escuchara.

—Odio a los hombres que fingen demencia.

Como respuesta la vikinga hizo que su dragón girara en ciento ochenta grados de manera magistral. El castaño estaba preocupado, ese movimiento apenas les daba margen de escape. Sin embargo, el compañero de la rubia ya los esperaba del otro lado con su hacha lista para arremeter contra su persona.

—Flaméala, Chimuelo.

El furia nocturno lanzo un plasma como neblina que dio de lleno en el dragón y jinete, que los esperaban a un par de metros a la distancia, y con esto dejaron fuera de combate al jinete y su dragón. Este acto dejo ciego ambos por unos minutos que aprovecharon para que pudieran pasar por su lado y meterse entre las nubes que buscaban como refugio. No obstante, Astrid los seguía de cercas y no tenía la intención de dejarlos escapar.

Hiccup estaba preocupado, no entendía como habían llegado a ese punto. No se suponía que todo eso estuviera pasando. Debía buscar una forma de salir de ese embrollo, todo sin lastimar a Astrid, quien era su más ferviente cazador. Se adentró a unas nubes grises y espero a que la rubia pasara para poder comenzar a planear su escape; no sin antes recordar cómo es que estaba en esa situación.

En contra

La mañana era fresca como cualquier otra en ese lugar en particular del mundo, y los vikingos ya se encontraban laborando en sus actividades cotidianas. Hiccup se dirigía hacia la herrería para encontrarse con Bocón quien necesitaba hablar por el tema de su labor como su ayudante; se convertiría en un jinete de dragón y eso no le permitiría seguir en la herrería.

La vida del castaño había cambiado radicalmente desde que se quedó atrapado en la isla del dragón. Nunca imagino que podría regresar a su hogar, las leyes de su tribu eran claras con respecto a la iniciación. No había conseguido un dragón en el tiempo estipulado, su destino era ser un desterrado. Por suerte la vida lo había conducido por un camino que lo había regresado a su tierra y con familia.

Estaba feliz, sentía que todo iba para un buen camino. Su deseo de convertirse en jinete estaba más vivo que nunca, su sueño de ser el mejor estaba a unos días por iniciar; y en su mente una melena rubia apareció como un haz de luz.

Astrid. Pronuncio mentalmente el nombre de aquella rubia que lo hacía suspirar, la mejor de su generación y la que creía que era inalcanzable. Pero todo eso cambio desde la isla del dragón cuando la ayudo a obtener su dragón, cuando la salvo de los marginados, y en posteriores batallas.

¿Desde cuándo era tan fuerte? Se cuestionó al momento que un hombre fornido se ponía en su camino.

—Hiccup.

—Alvin.

El jefe de las fuerzas aladas estaba frente suya con una postura que detonaba molestia. El joven vikingo alzo una ceja, parecía que su superior tenia algo que decir y eso lo involucraba.

—Necesito que me acompañes.

—¿A dónde?

—Solo sígueme.

La voz autoritaria de Alvin provoco que Hiccup no cuestionara nada más y solo lo siguiera por las calles marcadas en tierra de la aldea. Los demás vikingos no reparaban en ellos al pasar cerca, cada uno tenía sus propias cosas que atender como para estar al pendiente del hijo del jefe o del comandante de las fuerzas de dragones.

Caminaron hasta que salieron del poblado, su dirección era hacia la arena de los dragones donde se entrenaban a los jinetes. Justo cuando el vikingo creía que iban en camino hacia la arena Alvin giro como si fuera hacia los barrancos que daban a los muelles. Sin embargo, en el último cruce dio hacia las catacumbas.}

La zona de las catacumbas estaba en dirección hacia el bosque de punta cuervo, pero en vez de subir para pasar por la montaña pico descendías hacia la arena y el mar.

Muchas preguntas rondaban por su cabeza amenazando con salir por su boca, pero el aura que transmitía el enorme vikingo delante suya lo hizo callar. No estaba en una posición de cuestionar, y solo tenía que seguir órdenes. Pero todo aquello lo sentía fuera de lo normal como si hubiera algo que no estuviera bien.

Cada paso que daba su corazón latía con mayor fuerza, el ambiente se sentía más pesado y cuando se introdujeron en una caverna su piel se erizo.

—¿Qué hacemos aquí? —cuestiono cuando se adentraron al corazón de la caverna.

—Hiccup —Alvin ignoro su pregunta—. Crees que puedes romper las leyes sagradas de nuestra tribu solo por ser tener un furia nocturno, eh.

—¿Qué?

—Te crees superior solo por haber ganado unas victorias con tu dragón misterioso.

Hiccup no entendía nada sobre lo que Alvin hablaba, no podía comprender porque su cambio de ser con respecto a él. Creía que había tomado de buena forma su regreso a la tribu, pero pudiera que solo generara envidia sobre él.

—Las cosas no son así, hijo de Estoico.

Unas antorchas se encendieron apartando la penumbra del lugar, y demostrando que no estaban solos. Varios vikingos los rodeaban con las antorchas en mano, vestían unas túnicas negras y portaban en sus cinturones las armas favoritas de cada uno.

Pasó su mirada por cada rostro que lo rodeaba reconociendo a todos; eran jinetes experimentados.

—¿Qué significa todo esto?

—Atrapenlo.

Con la orden de Alvin los vikingos se lanzaron sobre él, que por reflejo los esquivo gracias a su tamaño y velocidad. Si algo le había dejado vivir bastante tiempo en la isla dragón era que tenía que ser rápido.

Cuando uno de los jinetes lo iba atrapar con sus brazos le lanzo un puñetazo en el rostro que lo saco de momento de la partida. Ese movimiento le dio pase libre hacia la salida de la caverna, la misma por donde habían entrado, y eso lo aprovecho.

Corrió como pudo y logro salir de aquel lugar encerrado y en penumbras, pero no todo estaba bien ya que tenía pisándole los talones por los vikingos de Alvin.

Al salir de la caverna corrió en dirección hacia el poblado, pero estaba muy lejos y seguramente otros vikingos leales a Alvin lo estaban esperando por si salía mal algo dentro de la caverna.

En una intersección giro en camino hacia las barrancas, estaba seguro que si lo estaban esperando seria por el camino hacia la aldea y el camino del bosque. Tenía que ser inteligente e ir por la dirección que menos le favorecería, la zona de las barrancas se veía como la decisión más loca, y por no ser viable era la mejor.

Corrió cuanto le daban sus piernas, pero los hombres de Alvin aun con su tonelaje le estaban dando alcance.

Cuando creyó que no lograría escapar lo vio a lo lejos corriendo sobre el barranco en su dirección.

—¡Chimuelo!

Grito como le dieron sus cansados pulmones, y su dragón no tardó en dar con él y acelero en su carrera. En ese momento no se preguntó cómo era que su dragón estaba fuera de los corrales, solo estaba alegre de que estuviera allí para él.

Alvin era el que más próximo estaba a su posición, y Chimuelo aun con su velocidad no parecía que lo fuera alcanzar.

—¡Te tengo!

El vikingo lo iba a sujetar por la espalda cuando Hiccup hizo algo que no esperaba. El joven se lanzó del barranco sin temor alguno, y cuando bajo su mirada lo vio caer y su dragón a unos metros de él planeando como podía para llegar hacia su jinete. Cuando parecía que no lo conseguirían Hiccup consiguió montar a chimuelo y colocar su posición para maniobrar la aleta de la cola de su dragón.

El movimiento había sido una locura, pero con esa osada acción consiguieron huir de sus perseguidores. Chimuelo elevó el vuelo y pasaron a gran velocidad frente a Alvin, que sintió la brisa arremolinar su varaba y melena.

—Debemos salir de la isla —dijo Hiccup, mirando a Alvin que ordenaba con su brazo a la lejanía.

El vikingo del furia miró hacia donde el líder de los jinetes y su corazón dio un vuelco al ver las ballestas de la arena apuntar hacia él y su dragón.

—¡Están locos! —grito, desesperado.

Las ballestas estaban en rango de alcanzarlos y pronto lanzaron su primer ataque el cual lograron esquivar por poco.

—Demonios, van enserio.

Con un dolor en su corazón y una flama de vikingo encendida ordeno a su amigo alado que se lanzara en ataque alas ballestas. Y con una destreza mostraba en batalla fueron eliminando una por una las armas mortales de sus ex camaradas.

Aun cuando lo estuvieran atacando a matar el no hirió a ninguno de los suyos, solo deshabilito las armas para poder huir. No obstante, cuando estaba eliminando la última de las ballestas por la entrada de la arena emergía dos grupos de cinco jinetes con sus dragones.

—Por los dioses.

Los jinetes se dirigieron hacia ellos a toda velocidad y una vez en rango ordenaron a sus dragones atacar con bolas de fuego, pero Hiccup y Chimuelo tenían una destreza innata que les ayuda a esquivar los ataques. Una vez que lograron esquivar el fuego enemigo Hiccup hizo que Chimuelo volara a su mayor velocidad y con esto ningún dragón le dio alcance, pero otro grupo ya lo esperaba del otro lado de la isla.

Con una mirada fugaz el vikingo se percata del grupo que lo intercepta; Patán, Siggy, Bjorn y al final la vio a ella. Astrid estaba en el centro del grupo con una mirada que detonaba furia, una que solo había visto en combate. No entendía como ellos estaban en su contra, quizás podría entenderlo de Patán con el que jamás congenio aun siendo de la familia, pero de los demás no esperaba esa actitud.

El dragón de Bjorn lanzó un par de flamazos que lo desviaron de su camino cayendo frente a Siggy quien con su dragón lanzaron un ataque frontal que por muy poco lograron esquivar.

Enfrentar a dos de los mejores jinetes de la isla iba a ser un reto que nunca pensó que pudiera suceder. Debía ser inteligente si deseaba huir de la isla entero, y si lo conseguía iría con Camicazi y su tribu. Esperaba que en la isla aliada encontrara resguardo, su padre se encontraba en ese momento en aquel lugar.

—Flaméalo —ordeno Hiccup, cuando Patán se postraba enfrente de él.

La flama del furia impidió que Patán con Colmillo lo detuvieran con una embestida, que con el tonelaje superior del dragón rival los hubiera derribado en el primer intento.

—Eso estuvo cerca —observó como su primo lo buscaba con la mirada—. Debemos elevar el vuelo, Chimuelo.

El furia gorgoteo en forma de dar entender que comprendió la orden, y enseguida se fueron hacia las nubes blancas. Hiccup esperaba encontrar un resguardo en las nubes, pero Astrid le pisaba los talones y no le perdió de vista hasta que consiguió ponerse enfrente suyo con su hacha en mano.

—¿No entiendo porque me tienen tanto rencor? —gritó, para que le escuchara.

—Odio a los hombres que fingen demencia.

Como respuesta la vikinga hizo que su dragón girara en ciento ochenta grados de manera magistral. El castaño estaba preocupado, ese movimiento apenas les daba margen de escape. Sin embargo, el compañero de la rubia ya los esperaba del otro lado con su hacha lista para arremeter contra su persona.

—Flaméalo, Chimuelo.

Una vez que dejo fuera de combate salió disparado del aquel lugar, sin embargo, la rubia aun le estaba dando caza y aunque su dragón no era tan veloz como el suyo no los podían dejar atrás por mucho.

Debía idear una manera de librarse de la rubia sin tener que lastimarla, el solo hecho de pensar que tendría que atacar a la chica que le robaba los sueños le erizaba la piel. Pero si las cosas seguían de ese modo no tendría otra opción. Hizo girar a Chimuelo para quedar frente a su compañera jinete, pero cuando dio vuelta no la encontró con la mirada.

—¿Dónde te has metido? —Entorno la mirada en su búsqueda, pero no la localizo por ningún lado—. Ha usado las nubes en mi con…

Un gran objeto los golpeo del costado derecho provocando que perdieran el control, y cayeron unos cuantos metros antes de recuperarse. Astrid los había envestido y les lanzó un ataque con su dragón en forma de bola de fuego.

La bola incandescente no les dio en un impacto limpio, paso por su costado y una vez en rango exploto sacándolos de combate.

Hiccup fue perdiendo la conciencia mientras caía con Chimuelo hacia el mar que tenían debajo. Su visión se nublaba hasta el punto en que no distinguió salvo sombras, y antes de que la penumbra se apoderara de él observo como una mancha azulada se lanzaba hacia ellos.

XX

Un dolor punzante en la cien lo hizo despertar de la inconciencia, y una vez recuperado y con la vista enfocada entorno los ojos para ubicarse. El techo de madera con paja sobresaliendo de entre las ranuras, la cama suave por borrega, y el aroma a estofado le dejo en claro donde se encontraba.

Se quiso incorporar pero una mano lo detuvo, hecho que le tomo desprevenido al no sentir la presencia de alguien más en su propia habitación.

—No hagas mucho esfuerzo —Astrid lo miraba desde arribo con unos ojos distintos a cuando la enfrento—. Te he dado una buena que no te recuperaras pronto.

—¿Astrid?

Hiccup se sentía confundido, no era como si estuviera de prisionero como pudiera pensar y el cambio de actitud de la rubia lo hizo dudar de lo que había vivido.

—¿Cómo es que…?

—Hay respuestas para todo, pero primero descansa.

La joven se dirigió a la entrada de su habitación y antes de salir se giró para verlo.

—Le diré a Alvin que has despertado.

Escuchar aquel nombre lo hizo recordar en la trampa que le había puesto, en su mirada retadora y en como tenía todo planeado para atacarlo. Sin embargo, en su interior algo le decía que no tenía que temer de la presencia de aquel vikingo.

Y al cabo de unos minutos entro por su habitación el líder de los jinetes, el semblante era diferente y el aura que transmitía era el de siempre. Alvin se aproximó al joven vikingo en la cama y con una sonrisa alzo los brazos con júbilo.

—Diste una buena batalla, joven vikingo.

Hiccup alzó una ceja en muestra de confusión.

—Todo ha sido una prueba, necesitábamos hacerte creer que te odiábamos para que dieras todo de ti —explico sin más—. Nunca pensé que llegarías tan lejos, pero una vez más has demostrado tu valía.

—¿Todo ha sido una prueba?

—Tradición de los jinetes.

Aquella tradición no la conocía, y no sabía que la hubieran aplicado antes por lo que se extraño.

—Es algo que se hace en secreto, y casi nunca logran llegar al punto de huir en su dragón —Alvin se acariciaba su larga barba con trenzas—. Quiero decir, incluso tu dragón presintió que algo no andaba bien y salió en tu búsqueda… esa unión es muy fuerte.

Lo último lo dijo más para sí que para el vikingo en la cama, guardo silencio unos minutos con esa mirada perdida.

—Entonces, era una prueba para ver si valía ser un jinete.

—Es una prueba para ver hasta donde puedes llegar en una situación precaria.

—Comprendo.

—No dejas de sorprendernos, y pensar que hace poco era el renacuajo que nadie quería en la isla.

Esas últimas palabras aunque no salieron de la boca del vikingo con mala intención le pegaron duro en su interior. En cambio, estaba feliz de que todo aquello solo hubiera sido una prueba, cruel, pero al final solo un examen que debía pasar.

—Te dejare descansar, dentro de dos días te quiero ver antes del alba en la arena de los jinetes.

—Ten por seguro que ahí estaré.

Con una sonrisa dibujada en los labios de Alvin este partió dejando solo al castaño que reposo cuanto le dio por ese dia. Su mente necesitaba reflexionar por todo, porque aun cuando era una prueba quizás algo había de verdad en todo lo vivido. La envidia por lo que él estaba logrando no se podía exentar en algún vikingo de la tribu, pero quienes podrían envidiarlo esa era una pregunto que solo tenía una respuesta.

Si tenía personas en su contra tendría que saber manejarlos, tenía que ser más listo y ganarse a todos si es que deseaba ser el mejor jinete. Un líder es alguien a quien se admira y respeta, y eso era parte de su meta por alcanzar. No descansaría hasta ver cumplido su sueño de ser como su padre y madre, quienes por años demostraron su valía y la tribu se los reconocía.


¡Hola a todos! Ya demasiado tiempo sin actualizar esta historia, no sé si aun quedara alguno de mis lectores pero aquí estoy de regreso. Tenia planeado subir este capitulo el domingo pasado, pero tuve problemas con mi Internet y con el poco tiempo que tengo entre semana apenas hoy he podido subir el capitulo. No quiero envolverlos en excusas de mi ausencia así que solo diré que vendré más seguido para actualizar salvo que los capítulos serán un poco más cortos que los primero, pero creo que es mejor eso a dejar inconclusa la historia. En fin, espero que hayan disfrutado del capitulo y nos leemos en los reviews... hasta la próxima.

Au Revoir.