Epílogo II: Alcatraz.

-Bienvenida al hotel, nena –anunció Paraguay con cierta superioridad. Estaba feliz de que lo hubieran escogido para acompañarme a Alcatraz, y que le hubieran otorgado un puesto de guardia. –Espero que te agrade, porque vas a tener que pasar el tiempo aquí por varios años.

Miré inexpresivamente la celda que le había tocado. No tenía nada en especial que la diferenciara de las demás: un catre a un lado, un lavabo y un lugar para sentarse (o al menos eso parecía) que no eran más que dos peldaños de metal unidos a la pared. Y, obviamente, los barrotes infaltables.

Uruguay me empujó dentro de la celda y la encerró. Luego se puso de espaldas y suspiró.

-Al fin.

Paraguay asintió, mostrando su acuerdo.

-¿A nosotros nos toca el primer turno? –preguntó, refiriéndose a los puestos de guardia.

-Sí. Luego vendrán México del Norte y México del Sur.

vVv

Estar en aquella celda era más aburrido que masticar un clavo. Todo lo que había hecho en las horas que habían pasado (que no sabía cuántas eran) era sentarme en el catre, luego recostarme, mirando el techo, acto seguido levantarme, y sentarme nuevamente, para repetir la secuencia. Me sentía mareada y hambrienta.

Me acerqué a los barrotes. Rodeé uno con mi mano y lo apreté con fuerza, intentando derretirlo con mi magia. El barrote destelló por un momento con una luz violácea, pero no mostró ningún cambio. Después de intentarlo varias veces, me dejé caer al suelo, rendida.

-Ehm, hermano, ¿quieres que juguemos a un juego? –escuché una voz alegre y algo estúpida. Supuse que sería México del Sur. Cerré los ojos para concentrarme en él.

De inmediato recibió una respuesta.

-No –esta voz era más potente, ronca y seria. Creí que sería de México del Norte.

Se oyó un pequeño resoplido.

-Mmmh, hermano, ¿puedo hacerte una pregunta? –pasados unos minutos, otra vez la voz de idiota.

-No voy a jugar a ningún juego.

-Mmh, no, no es eso. ¿Algún día te harás amigo de Italia? –preguntó rápidamente. –Cuando terminó de la batalla y nos despedimos de los demás, no le dirigiste la palabra.

El otro tardó unos momentos en contestar.

-No lo sé.

Pasaron unos instantes en silencio, cuando de vuelta resonó la voz idiota.

-Voy a ir a ver a Belarús.

-Ten cuidado –dijo simplemente el otro mexicano.

Abrí los ojos sin prisa y me incorporé. Oí atentamente pasos que se acercaban, y segundos después, tenía a México del Sur frente a mí, mirándome con curiosidad con unos ojos grandes y verdes a través de los barrotes. Yo le devolví la mirada de una forma algo lúgubre.

De pronto una idea azotó mi mente, y alargué la mano hacia él.

-Acércate –pedí sin dejar entrever ninguna emoción en la voz.

Él titubeó, pero luego me hizo caso y adelantó la cabeza, intrigado. Había picado el anzuelo.

Sin dejarlo siquiera respirar, apoyé la mano en su frente. Ésta destelló con una luz rojiza por un momento, y al segundo siguiente yacía desmayado en el suelo frío y húmedo.


¿FIN?


Tal y como leíste: ¿FIN? :D Esta historia no quiere terminar, y yo tampoco quiero finalizarla.

Antes planeé hacerla de un solo "tomo", pero los seguidores (sí, te incluyo) no estaban muy contentos, así que decidí hacer una segunda parte. :D ¿Felices? Yo sí :'D

Debo aclararles que tardará en salir, y no va a ser en este fic, sino que abriré otro, con el mismo nombre, claro, y algo que señale que es la secuela~ Quizá me tome un mes de vacaciones, por varias razones, las cuales son:

1. El instituto = falta de tiempo

2. Debo terminar otros fics

3. Rumiar la idea = todavía no sé exactamente qué sucederá.

Bueno, así que eso :D Si has leído hasta aquí, ¡felicitaciones! Realmente te amo. Señalo que los reviews que me lleguen sólo los contestaré por PM, ya que FF no permite hacer "capítulos" que sean sólo respuestas a los reviews (si fuera por mí, haría millones de ellos).

Bueno, ¡grazie mille por leer! :'D

Ahora, tal y como me juré, ¡voy a bailar el Marukaite de Prussia! :D

ORE-SAMA~... XD