Cuando Mina abrió los ojos de nuevo, se encontraba en un entorno mucho mas agradable que en la fría celda donde había sido secuestrada. En el momento en el volvió a la consciencia, lágrimas de dolor y gemidos de tristeza salieron de sus ojos y boca respectivamente, pues había creído oír la voz de su hermanastro Matthews pidiéndola que despertase de nuevo. Aun podía ver el rayo de luz verde atravesando su cuerpo y paralizando sus puntos vitales para caer, finalmente, al suelo inerte, vacío. Sin vida. No podía creerlo, simplemente no creía. había ido a buscarla dando su vida por la joven. Pero el jefe de los snakers, seguía vivo, y su hermano, muerto.

¿Dónde estaba la justicia, en el acto de dar la vida por alguien? ¿A donde iban las almas si aquel dios al que había tenido que rezar durante los días de infancia, permanecía impasible ante el mal que aumentaba día a día sobre la faz de la tierra? Ella se aferraba a alguna creencia. Pensaba que la locura le alcanzaría dentro de poco. Porque todo a su alrededor era muerte, todos los que se movían a su alrededor, morían al cabo de tiempo. Hacia tiempo que ya tenía entendido que su familia estaba maldita. El problema era que no había sido consciente hasta aquel momento, cuando Matthews en su afán de protección y no menos venganza, se había enfrentado contra el pálido joven y había caído irremediablemente.

La primera persona a la que vio tras llorar desconsoladamente y luego calmarse, fue al profesor Dumbledore, respaldado por el otro hombre que había acompañado a Matthews a rescatar a Tom y a ella. Tenia los ojos enrojecidos y la cara hinchada por haber llorado durante bastante tiempo la muerte de su compañero de unidad. Pero permaneció en silencio durante todo el tiempo. Aquel momento de aclaración le correspondía a Dumbledore.

–Ya os conocéis pero necesitáis presentaros formalmente. –Dumbledore habló con un gesto carente de emoción alguna, lo que desconcertó a la muchacha–. Mina, éste es Alastor Moody, el auror compañero e intimo amigo de Matthews.

Alastor inclinó la cabeza en actitud reverencial, y Mina le imitó, con los ojos muy abiertos.

-Estás en el hospital de San Mungo, el mejor centro sanitario de todo el mundo mágico. Y de Gran Bretaña –sonrió brevemente–. No preguntes por Tom. Él esta bien, bajo mi protección y mi tutela, para evitar ningún sobresalto. Tampoco preguntes por tu familia de acogida, los Potter. Están demasiado alterados para venir aquí, aunque Mary ha venido a tu habitación para dejarte ropa limpia y muchas notas de agradecimiento y despedida junto con las fotos que tu hermano y tú.

–¿Están todos bien? –preguntó ella, consciente del sentimiento que invadía a los Potter, y entendiendo que no quisieran visitarla.

–A salvo y bajo protección del Ministerio. Al igual que tú. A partir de ahora pasarás a la tutela de Alastor, que ha accedido encantado a cuidar de ti. Pero antes de dejaros solos, necesito saber que es lo que paso exactamente en la mazmorra –insistió el profesor, con palpable impaciencia.

–¿Dónde me mantuvieron secuestrada? –preguntó la joven sollozando.

–Te encontramos por casualidad –aclaró Alastor–; teníamos información sobre el lugar donde encierran a la gente los snakers. Tuvimos que desaparecernos varias veces, casi cien hasta dar con vosotros. Por eso tardamos tanto. Sin embargo, desconocemos cual es la localización exacta. No tuvimos tiempo para hacer averiguaciones sobre vuestro paradero. Y ahora estamos trabajando en ello, aunque sera demasiado tarde, porque ya habrán cambiado de sede...

La voz del auror se quebró y volvió a callarse para que su superior siguiera.

–Tom me dijo que hubo daños colaterales producidos por un encantamiento que realizaste con tu varita en el escondrijo de los snakers y en primer curso. Un encantamiento desconocido hasta ahora y que ha caído en malas manos. ¿Cómo llego ese conocimiento hasta ti?

–No lo sé, señor. Lo hice sin pensar. Quise hacer un encantamiento que aprendí en un libro para niños, lo pronuncié mal y mate a ese hombre. –Estaba claro que Tom no le había dicho que él había abierto la macara secreta de Salazar Slytherin. Los encuentros de Tom con el basilisco eran un auténtico secreto incluso para el astuto profesor. Y ella no iba a ser quien para revelar información sobre ellos. Menos después de que la alimaña hubiera asesinado a una alumna del colegio por su culpa. Comenzó a hiperventilar.

–Calma, Mina. No tienes la culpa por lo que pasó. Lo hiciste para sobrevivir, que es la primera prioridad en todo mago y bruja. Pero ahora, con la maldición de su lado, los snakers no tardaran en presenciarse ante el Ministerio y reclamar un gobierno que no les corresponde. Y también os buscarán a Tom y a ti. Hay que reorganizarse.

Albus y Alastor salieron de la sala y dejaron a Mina sola en la habitación. Esta, cansada de estar tumbada , se levantó del lecho y deambuló por el cuarto para examinarlo con detenimiento. Las paredes de cal daban al lugar un aspecto recio, frió. Se dio cuenta de que no era la única paciente en la sala. Un hombre viejo, de largas barbas blancas y plagado de arrugas en su piel cenicienta, sufría en silencio una extraña mutación. De su piel salían protuberancias nudosas de aspecto leñoso, como el tronco de un árbol. Pequeñas ramitas verdes de hojas alargadas salían de su frente y de su nariz. Mina pensó que tal vez se hubiera sido un accidente de herbología o posiblemente, de jardinería Muchos magos y brujas presumían aquella época de valores ecológicos y tenían bien arreglados los jardines de sus casas, fruto del equilibrio entre la armonía entre la naturaleza y el ser humano, y la estética de lo bello, de lo hermoso.

No le prestó mucha atención al principio. Pero de pronto, los ojos del viejo se abrieron. Dos iris cubiertos por cataratas que irradiaban una extraña luminosidad galvánica, buscaron la presencia de la muchacha. Su voz, profunda inundo la sala:

–Sé dónde esta tu hermanastro. Se dirige hacia aquí y se encuentra algo desorientado, Mina Vans.

El instinto alerto a la muchacha. ¿Quién era ese desdichado anciano maldito que tenía conocimiento sobre el fallecido Matthews?

–¿Quién es usted? ¿Por que espía las conversaciones ajenas ? Concéntrese en lo que le ocurre, que seguro que ya tiene bastante –contestó Mina, ruda. Pero el hombre no pareció percatarse de su tono de voz.

–Escúchame, jovencita. Tengo poco tiempo antes de perder mi conciencia humana. Necesito que prestes toda la atención del mundo porque la información que te daré sera de gran utilidad para tus amigos y para ti. Conozco al líder de los Snakers. Yo soy su hermano gemelo.

Algo se rompió en el interior del corazón de Mina. Sintió como su alma se partía trozo a trozo.

–Eso es imposible...Él es demasiado joven, no puede ser verdad...

–Hasta hace varios días, yo era tan joven como él. Pero no compartía su espíritu corrupto. Estoy aquí gracias a Albus Dumbledore que me ha brindado la oportunidad de dejar de ser humano.¡ Espera, joven, no te levantes aún y huyas, aterrorizada! Te contaré el porqué. Llevo casi mil años en este cuerpo, incorruptible por el paso de los años. Hace mucho tiempo hice algo perverso. Oscuro. Burlé a la muerte por medio de un hechizo prohibido. Un encantamiento de tiempos en los que la alquimia y la magia estaban estrechamente vinculadas. Mis hermanos y yo eramos grandes eruditos de la magia del alma y de la Eternidad. Creábamos vida a partir de las plantas, materia a partir de la tierra y el agua, y lográbamos grandes cantidades de oro. Pero la ambición de mi hermano mayor era insaciable en el campo de la alquimia. Deseaba vivir para siempre y ser el mayor mago de todos los tiempos. Esa ambición calo profundamente en mi hermano el menor, que tras haber perdido a la mujer que mas amaba, decidió seguir los pasos de Ignotus Peverell, pues ese era el nombre de mi hermano. Ante la falta de comprensión por mi rechazo, Ignotus y Caius comenzaron a estudiar una forma de separar el alma en varias partes e implantarla en objetos imperecederos. La idea resulto exitosa, pero de la forma mas cruenta y vil posible: mi hermano asesino a miles de personas al igual que el mediano, que supero en formas sanguinarias a Ignotus.

Y a base de los crímenes cometidos, las almas de mis hermanos se desgarraron y se ingertaron en dos objetos mágicos. Sin embargo, el mayor de todos los errores cometidos durante ese periodo de oscuridad, fue el mío. Seguí los pasos de mis superiores y desgarré el alma y la inserté en una capa de invisibilidad, pues después de lo que iba a llevar a cabo, por vergüenza y por dolor, debía desaparecer. Maté a miles de personas para ser de la misma condición que mis hermanos y enfrentarme a ellos. Nos batimos en duelo Ignotus y yo, y salí victorioso. Lo empujé por un acantilado, enterrándolo para siempre en el lecho marino. Pero Caius huyó aterrorizado, escondiéndose para siempre... Hasta ahora. Él ha regresado, dispuesto a acabar con toda la raza de magos y brujas. Pero con un pensamiento muy simple: vengarse de mi destruyendo al mundo entero. Destruyendo todo por lo que luché. Yo luché para que la magia oscura que empleamos nunca viera la luz. Pero ahora su daño ha sido completado. La maldición letal ha sido descubierta. –Señaló a su mesita blanca que tenia frente a la cama. Un pequeño libro y una ajada capa fue lo que Mina distinguió, encima de ella–. Allí encontrarás todo lo que necesitas saber.

–¿Cuál es su nombre, señor? –preguntó Mina con lágrimas en los ojos mientras el hombre se volvía arbóreo y su cuerpo surcándose como si de un robusto tronco afectado por los años se tratara.

–Salix... –dijo simplemente, antes de perder para siempre la consciencia humana.

–Mina... –Una voz tenue que venía del pasillo, desconcertó profundamente a la joven. Un gato negro miraba a la chica con penetrantes ojos azules. Mina se sobresalto, pues la voz venía del felino, que se acercó lentamente a la joven–. ¡ Soy yo, Mina... Soy Matthews Potter!