Capítulo 14
Media hora. Hacía media hora que Belle escuchaba a Emma quejarse y vociferar contra Regina. Media hora que la rubia le soltaba incansablemente la misma historia. La mentira, la traición, la manipulación, bla, bla, bla, bla…Media hora que Belle se controlaba para no explotar en la cara de su amiga. Pero llegó el momento en que alcanzó el umbral de tolerancia. Con un gesto brusco, dejó el libro que sujetaba en las manos sobre el mostrador y miró a Emma con mirada airada.
«¡STOP! ¡Stop, Emma! ¡Ya no puedo más! Pero, ¿acaso te estás dando cuenta de lo que estás diciendo, santo Dios?»
Emma miró estupefacta a su amiga, nunca había visto a Belle tan enfadada como en ese momento.
«¿Realmente me gustaría saber qué te molesta? ¿Es porque Regina ha intentado ponerte celosa o porque te das cuenta de que, aún amnésica, sigue siendo Regina?»
La rubia frunció el ceño sin comprender, después se hundió en su silla gruñendo.
«¡No lo sé, de acuerdo! ¡No lo sé en absoluto!»
«¡Oh, sí lo sabes…así que ahora deja de comportarte como una niña y afronta lo que realmente te da miedo!»
«No puedo…» resopló Emma bajando la mirada
«¿Por qué? ¿Por qué es tan difícil para ti admitir que tienes sentimientos por ella? ¿Por qué te niegas a admitirlo?»
«¡PORQUE NO QUIERO AMARLA!» gritó Emma llena de rabia
«…»
«No quiero, de acuerdo…¡no por el hecho de sentir algo por ella estoy obligada a seguir adelante con ello!»
«En efecto… pero, ¿por qué rechazar la felicidad cuando la tienes al alcance de la mano?» dijo Belle más calmadamente
«No podrías comprenderlo…»
«Intenta de todas formas explicármelo…y veremos»
«Yo…SÍ tengo sentimientos por Regina…al principio creí que solo era una atracción, pero creí volverme loca cuando la vi con Hook…yo….yo la amo…me he enamorado de ella tras pasar todos esos meses a su lado…pero…» continuó Emma sintiendo sus ojos llenarse de lágrimas
«Ya veo…»
«No, no lo creo»
«Te has enamorado de Regina amnésica…la que es completamente diferente a la que era antes…y lo que te da miedo es darte cuenta de que es a ella entera a la que amas…que amas también a la que era cuando os conocisteis…así que rechazas…rechazas pensar que TÚ…LA SALVADORA…puedes sentirte atraída por su parte oscura…»
Emma se quedó en silencio durante largos minutos. Ella sabía que Belle era muy perspicaz, pero no imaginaba ni por un segundo que pudiera conocerla tan bien. En efecto, estaba aterrorizada. Porque Regina era su rival, era la que había cambiado el curso de su vida, y aunque le hubiera perdonado todo desde hacía tiempo, lo que rechazaba era amar a alguien capaz de tantas atrocidades.
«¿Sabes, Emma?...Todos tenemos algo de oscuridad en nosotros…y sé honesta por dos minutos…siempre se has sentido atraída por los chicos malos…Neal, era un ladrón, te recuerdo…Hook, un pirata…Graham, un cazador…»
«Es diferente…»
«No…no lo es…al contrario, es típico de ti…sales con el malo, así tú eres la buena…»
«¡Yo también he hecho cosas poco claras, de acuerdo! Así que no, no deseo tener el papel de buena, como tú dices»
«Oh, te lo ruego…incluso en Neverland…dejaste que Regina hiciera el trabajo sucio…intentaste convencerte, tener buena consciencia, diciéndote que no fuiste tú quien le arrancó el corazón a ese niño perdido, pero en el fondo sabes muy bien que era lo único que se podía hacer»
«¿Cómo sabes eso?» preguntó Emma frunciendo el ceño
«No importa…no intentes cambiar de tema…estás atraída por la oscuridad, Emma…y no hay nada malo en ello…» declaró Belle enjugando una lágrima que apareció al acordarse de Rumpel.
«¿Cómo lo has hecho? Quiero decir…¿con Rumpel?
Belle sonrió, después se sentó al lado de la rubia
«Luché…luché durante mucho tiempo contra lo que sentía…después comprendí que no servía de nada rechazar mis sentimientos…era infeliz…mi corazón se aligeró cuando acepté mi amor por él…comprendí que uno no elige a la persona de la que se enamora…y lo he amado enteramente, Emma…he amado todo de él…aprendí a perdonarle sus errores…a comprenderlo…y cada día lo amaba más»
«No sé si yo puedo hacer eso, Belle…no sé si soy tan fuerte como tú…»
«Por supuesto que lo eres…¿eres la salvadora, no?» concluyó Belle con un guiño
En ese mismo momento, Henry estaba en plena elaboración de su plan de ataque para evitar que sus madres se acercaran. Solo había una opción y él lo sabía. Debía hacer todo para que sus padres biológicos volvieran juntos. Neal no era el problema, él moría de deseo, era Emma el obstáculo a salvar. No sabía cómo, ni por qué, pero estaba convencido de que si dejaba a sus dos madres juntas, Emma acabaría por romper la maldición y Regina recobraría su memoria, el único parámetro que le faltaba era saber si era algo malo o bueno. Así que tenía que impedir que eso se produjera y para ello sabía qué tenía que hacer, solo el tiempo jugaba en su contra, debía actuar rápido, pero sin precipitación, debía esperar al momento ideal.
«¿Neal?»
«¿Sí?» respondió el hombre mientras mordía su hamburguesa
«¿Crees que un día tú y Emma volveréis a estar juntos?»
«Heu…no lo sé Henry…en todo caso a mí me gustaría mucho»
«Ya lo sabes…Hook está ahora fuera de competición…eso quiere decir que tienes el campo libre con Emma…deberías invitarla a cenar una noche…»
«Yo…creo que tu madre no tiene la cabeza para eso en estos momentos…»
«Justamente…le vendrá bien pasar un rato agradable…proponle solo una salida entre amigos…seguro que lo apreciará»
«Sí…es una buena idea…tienes razón»
Henry asintió con una enorme sonrisa en el rostro, ahora debía convencer a Emma de que le diera una oportunidad a su padre de ser su amigo. Conociendo a su madre biológica, sabía que no tendría ningún problema en ablandarla.
Aprovechó la ocasión cuando fue a buscarlo al día siguiente a la escuela para llevarlo a casa de Regina. A pesar de las reticencias del principio, Emma aceptó ir a cenar con Neal el sábado siguiente a condición de que él respetase su palabra de comportarse como un amigo, y además, Emma le debía una explicación sobre su pequeña escapada que le había costado la vida a su coche. Nada más entrar en la casa, el muchacho subió las escaleras para ir a encerrarse en su habitación. Podía, desde la planta de arriba, observar a las dos mujeres, e intervenir en cualquier momento para evitar todo acercamiento.
«¿Puedo ofrecerte algo de beber?» propuso tímidamente Regina
«No gracias…ya me voy»
«Emma…¿podemos al menos hablar?»
«No tengo nada que decirte…»
«¡Vale! ¡Entonces me vas a escuchar! Siento haber utilizado una estratagema para ponerte celosa, ¿de acuerdo?, pero ¡no me dejaste elección! ¡No sé a qué atenerme contigo! ¡Un día me saltas encima para besarme y al día siguiente eres más fría que el hielo! Ya no sé qué pensar, Emma»
«Lo sé…lo siento…» respondió Emma bajando la mirada
Regina se acercó a la rubia y tomó las manos de Emma en las suyas. Comenzó a atraerla hacia ella cuando escuchó a su hizo bajar corriendo las escaleras. Soltó rápidamente las manos de la rubia y se giró hacia el origen del ruido.
«¡No corras por las escaleras!» clamaron las dos mujeres a la vez
«Lo siento…» respondió el joven, con una sonrisa plantada en su rostro.
«Yo…me tengo que ir…»
«Emma…no hemos acabado de hablar»
«Más tarde…te lo prometo…más tarde…» respondió la rubia posando sus labios en la mejilla de la morena.
Henry observó el intercambió entre las dos mujeres, y pensó que no podía permitirse esperar toda la semana para llevar a cabo su plan. A ese ritmo, el fin de semana sus dos madres estarían juntas, debía avisar a Neal para que actuara más rápido.
Habiendo seguido los consejos de su hijo, Neal había invitado a Emma esa misma noche a tomar una copa. Le había dado su palabra de que se comportaría como un amigo y que no intentaría nada. Para su gran sorpresa, Emma descubrió que mantenía su palabra. Ningún gesto fuera de lugar, ninguna palabra que llevara a malentendidos, la noche estaba saliendo perfecta hasta el momento en que Emma sintió su teléfono vibrar en su bolsillo del pantalón.
«¿Puedes pasarte esta noche?»
A su pesar, Emma puso en su rostro una gran sonrisa que no pasó desapercibida a su compañero.
«¿Quién es?» preguntó Neal inocentemente
«Nada…es Regina que me pregunta una cosa»
«Oh…»
«Ahora no…puedo pasar dentro de una hora más o menos»
«¿Qué te puede retener durante una hora?»
«Regina…no comiences»
«¿Que no comience qué? ¡Solo te he hecho una simple pregunta!»
«El problema es que la respuesta no te va a gustar»
«¡Entonces no te preocupes en venir! ¡Quédate con tu príncipe azul!»
«¡Ya voy!»
Emma se bebió su copa de un trago y se levantó precipitadamente ante la mirada de asombro de Neal.
«¿Qué te ha dado de repente?»
«Tengo que irme…lo siento…ya nos vemos»
«Heu…sí…ok…si quieres»
La rubia llegó como una rayo al 108 de la calle Mifflin, se sirvió de la copia de la llave que aún tenía en su posesión y entró en la casa. Subió despacio las escaleras hasta la planta de arriba, habiéndose sorprendido de no encontrar a Regina en el salón. Tocó suavemente a la puerta de la habitación de la morena, después pasó la cabeza por la apertura para comprobar si había alguien. Comprendió que Regina estaba en el cuarto de baño cuando escucho la ducha, y decidió esperarla pacientemente sentada en la cama.
Aunque había estado viviendo en la casa varios meses, era solo la segunda vez que Emma se encontraba en la habitación de Regina. Le dio varios golpecitos al colchón para ver si era tan blando como en su recuerdo, después se acostó a lo largo y se quedó mirando hacia el techo.
Emma cerró los ojos unos instantes, dejándose llevar por el ruido del agua que chocaba contra la pared de la ducha, dejándose invadir por imágenes de la morena completamente desnuda, enjabonándose, sus delicadas manos rozando su cuerpo perfecto. La rubia sintió su cuerpo calentarse ante esos pensamientos, dejó escapar un gemido de deseo y sin darse cuenta, sus propias manos había alcanzado su propio pecho que masajeó delicadamente.
Se levantó bruscamente cuando escuchó que el agua dejaba de correr e intentó recobrarse antes de que la morena se diese cuenta de su presencia.
Regina salió de la ducha y se enrolló en su gran toalla que reposaba sobre al radiador, no lejos de ella. Su larga ducha le había permitido calmarse. No soportaba que Emma pasara tiempo con Neal, y aunque la rubia no había confirmado nada, su texto decía suficiente para comprender que estaba con él. Cuando soltó el teléfono, sintió que de nuevo la cólera se apoderaba de ella, esa cólera que no comprendía y que no lograba calmar sin la presencia de Emma. Había sentido cómo su cuerpo se llenaba de una energía negativa y deseos de muerte recorrieron su mente. Aunque aún estaba enfadada con la rubia, su cuerpo se había calmado un poco. Se cepilló meticulosamente los dientes, peinó sus cabellos, y salió de del baño con una simple toalla alrededor de su cuerpo.
Emitió un grito de susto y se llevó las manos a la boca por instinto al ver a alguien echado en su cama. Le hizo falta unos segundos y la mirada llena de deseo de Emma para comprender que su toalla había terminado en el suelo y que estaba como su madre la trajo al mundo delante de la rubia. Se dio prisa en recoger el pedazo de tela y ajustarlo alrededor de su pecho.
«Pero, ¿qué haces aquí?»
Emma se quedó completamente con la boca abierta. Lo que acababa de ver sobrepasaba todas sus fantasías. La morena tenía un cuerpo de infarto, y Emma tuvo que juntar todo su coraje para no lanzarse sobre ella y quitarle de nuevo esa maldita toalla que ahora le escondía esa visión.
«¡Cierra la boca! ¡Pareces un adolescente lleno de granos delante de un revista porno!» replicó Regina dirigiéndose hacia la cómoda
«Yo…heu…lo siento…yo…»
Viendo la turbación de Emma, Regina decidió sacar provecho de la situación. Tenía las armas a su disposición, y contaba con servirse de ellas. Se dio la vuelta lentamente, y con un gesto muy sensual se quitó de nuevo la toalla que dejó caer atrás de ella.
«¿Lo que ve le gusta, Miss Swan?» preguntó la morena acercándose lascivamente a Emma
«Regina…» respondió la rubia sin poder apartar sus ojos de los magníficos pechos que tenía delante.
Regina se acercó más a la rubia, posó sus manos sobre sus hombros y la obligó a sentarse en la cama. Con un movimiento casi felino, se colocó en sus rodillas, ofreciéndole así a Emma una vista directa sobre sus senos. Ella le tomó el mentón entre los dedos y alzó delicadamente la cabeza de la rubia para clavar su mirada en la suya
«Mis ojos se encuentran un poco más arriba, Miss Swan…» susurró Regina, con la voz embargada por el deseo.
Eso ya fue demasiado para Emma que se lanzó a los labios de la morena, mientras que su mano derecha se posó en uno de los riñones de la Reina para atraerla más hacia ella. Regina profundizó el beso dejando que su lengua franquease los labios de la rubia que gemía de placer.
Muy rápidamente, Emma se encontró sin su ropa, y a merced de la morena que recorrió su cuerpo con su lengua, deteniéndose en los puntos más sensibles. Regina quería degustar cada parte del cuerpo de Emma, quería descubrirla, aprenderla, hacerse una con ese cuerpo y no solo poseerlo. Quería sentir los sobresaltos provocados por sus besos, escuchar los gemidos de Emma, sentir la excitación hacerse tan grande que incluso una sola caricia pudiera provocar el más violento de los orgasmos. Quería hacerle el amor a Emma, no, quería hacer el amor con Emma.
Se detuvo un momento en el ombligo de la rubia, después descendió muy lentamente su lengua hacia la intimidad tan deseada. Depositó dulces besos entre los muslos de su amante, seguidos rápidamente por su lengua que hacía bailar a lo largo de la ingle de la rubia, acercándose cada vez un poco más al sexo ya más que húmedo que se le ofrecía ante ella.
«Regina…» susurró Emma completamente sumergida en el deseo
Animada por la sheriff, Regina depositó un beso en la entrada del sexo de la rubia, después subió con su lengua hasta su clítoris. Emma se arqueó de placer y Regina repitió la maniobra varias veces antes de concentrarse únicamente en el objeto de su deseo. Tomó el clítoris de la rubia entre sus labios, lo besó, lo succionó, lo aspiró, jugó con él con su lengua quedándose con las reacciones de su pareja. Sintió cómo Emma hacía más profundo el contacto elevando su pelvis y decidió intensificar sus golpes de lengua para satisfacer a su amante.
Emma sintió llegar su orgasmo y se agarró con todas sus fuerzas a la sábana bajo ella, elevó la cabeza para mirar a Regina, y la excitación de ver a la morena con la cabeza entre sus piernas se apoderó de ella. Su cuerpo se tensó súbitamente, y tuvo que morderse el puño, cerrando los ojos, para ahogar sus gritos. Lentamente recuperó su respiración, abrió de nuevo sus ojos, y vio a Regina delante de ella, con una mirada cargada de deseo. Ella cambió las posiciones y se encontró encima de la morena que la miraba amorosamente.
