UN FRÍO DISTANCIAMIENTO.

Linda y Stephen Stotch estaban parados junto a la ventana; ambos estaban muy enojados debido a que Butters no había llegado a casa desde hacía unas tres horas, aunque a ese enojo había que añadírsele la preocupación.

Una verdadera preocupación a final de cuentas y como padres que son.

Desde hacía un año y medio el joven se comportaba raro para con los que le rodean, o al menos eso era lo que les comentó la señora Taunter, la consejera escolar, esa mañana cuando les citó en su oficina; llega tarde a la escuela, llega tarde a la casa, se muele verbal, y físicamente si la situación es pertinente, al primer tipo que lo joda a lo lindo, llegando a devolverle con puntería certera cualquier falta de respeto a él mismo.

Un caso ejemplar de esa actitud fue su enfrentamiento verbal con Eric Cartman, quien le estuvo provocando como siempre y frente a todo público; el resultado fue insultar a la madre de Cartman llamándola "perra incestuosa", ya que le había mostrado un video sumamente comprometedor de Liane sosteniendo relaciones sexuales… Con George, su tío abuelo.

Eso sin duda alguna dejó sin palabras a Cartman y le hizo valer a éste una buena semana de burlas y miradas "piadosas".

Y si eso no era todo, a ello se suman los reportes de sus constantes intercambios de buenas golpizas con Louis Velvet, el bravucón de la escuela, al defender a las víctimas del bully cuando la ocasión se presentaba o se agravaba. Y la última vez que el bully se enfrentó a Butters, el resultado fue una buena rotura de mandíbula que el joven le había hecho con un extintor, logrando que Velvet le tuviera más miedo que a su propia sombra y abandonara el camino del bullying ante la sorpresa de todos.

Incluso sus compañeros de escuela, y de manera especial Stan, Kenny y Kyle, empezaron a preocuparse por esa actitud tan fría y violentada del joven Stotch; varios compañeros de su grupo de clases, incluyendo el hijo de Gerald Broflovski, se atrevieron a culpar a Stephen y a Linda por su enfermiza sobreprotección y manipulación psicológica derivado de tantos castigos ridículos. Incluso los padres de familia de sus acusadores empezaron a pensar lo mismo, teniendo como resultado una serie de enfrentamientos y distanciamiento con ellos.

Esa situación ya se les había salido de las manos, y les dolió mucho admitirlo.

Pensaron que con los castigos podrían hacerlo un hombre de bien, pero lo que consiguieron fue criar a un monstruo que se volvió incastigable y de espíritu indomable.

De repente vieron que su hijo había llegado en un taxi; Linda miró de repente a Stephen muy asustada. Normalmente una regañiza y un castigo a un Butters sumiso serían suficientes para acabar con cualquier "estupidez" que estuviera haciendo, pero hasta el propio señor Stotch se sintió rebasado al ver a su hijo convertido en un ser de lo más frío y distante que se hubiera conocido o visto en todo South Park.

En esa ocasión, Stephen y Linda decidieron recurrir al diálogo a juzgar por la gravedad de la situación gracias a la insistencia de Linda, quien pensaba que a lo mejor Butters quería ser escuchado o quería un poco de espacio para él mismo.

- Buenas tardes, padre, madre – saludó el joven gélidamente.

- Butters – le devolvió Stephen el saludo.

- ¿Dónde estabas, Butters? – inquiría su madre – Debiste haber estado en casa hace tres horas.

- Estuve estudiando en la biblioteca para un examen, madre – respondió el joven con aspereza.

Leo se dirigió a las escaleras para subir a su habitación, mas Stephen le detuvo al decirle:

- Hijo, tenemos que hablar.

Hijo…

Extraña palabra para alguien como Leo, quien ligeramente se sorprendió al escuchar esa palabra de los labios de su padre; cualquier niño habría saltado de alegría al escucharla, pero Leo no.

Conocía bien a sus padres y sabía que aquello podría ser una especie de chantaje para sacarle toda clase de información sobre cualquier cosa.

Se volvió, pues, hacia ellos e inquirió con un deje de sarcasmo que los sorprendió mucho:

- ¿Sobre qué?

- Butters – intervino Linda -, hoy fuimos a la escuela a hablar con la señora Taunter.

- ¿Y?

- Bueno, hijo… Estamos… Estamos preocupados por ti.

Preocupados mis polainas, pensó Leo mientras se iba a la sala seguido de sus padres; dejándose caer en el sofá frente a Stephen y Linda, preguntó con desenfado:

- ¿Así que la señora Taunter les habló sobre mí, no?

- Sí – respondió Stephen -. Hijo, nos han dicho que has hecho muchas cosas que han puesto en peligro la integridad de los que te rodean.

- Oh… Ya veo. Sobre lo que me imagino que les dijo la señora Taunter: Uno, Cartman me ha estado jodiendo todo el tiempo y durante toda mi vida por cualquier cosa que haga, humillándome en público como si fuera su mascota. Y si mostré el video de su madre teniendo sexo con su tío fue justamente para poner en su lugar a ese idiota que, por si fuera poco, fue a casa de Kyle a maltratar violentamente a la pobre de Wendy, provocando que ella se marchara de South Park. Y dos, ese hijo de perra de Velvet se ha estado metiendo con personas indefensas, especialmente con aquellos que son en edad más chicos que él. Me parecía pertinente que alguien saliera en su defensa o les enseñe a defenderse de personas que no saben escuchar razones o súplicas de cualquier índole como él. Lo golpeé con el extintor porque no tuve opción… Y me alegro de haberlo hecho porque ya me encabronaba que cada vez que paso por los pasillos vea a un pobre infeliz encerrado en su locker, teniendo los ojos amoratados y con el miedo impreso en su alma por ese malnacido.

Stephen y Linda se quedaron sin habla ante la tamaña franqueza de su hijo; éste, con un gesto, añadió por último:

- ¿Es todo lo que querían decirme? Porque de ser así, me gustaría ir a mi cuarto a descansar. Estoy muy cansado y no estoy de un jodido humor para discutir sobre mi eminente castigo, que podría ser el no bajar a cenar, el pintar toda la casa u otra cosa por el estilo.

Al no obtener respuesta, el joven tomó sus cosas y subió a su habitación.

Aquella frialdad y franqueza con la que Leo les enfrentó era para Linda la eminente evidencia del profundo rencor que siente hacia ellos.

Un rencor que tal vez había nacido y crecido a la par de paso de los años sin que ellos, especialmente ella, se dieran cuenta hasta ese momento; como una madre espartana, Linda tuvo que guardar sus lágrimas para sí misma y expresarlas en un lugar solitario.

Dios… La culpa la corroe… La corroe y hasta la tortura como las Furias a Hércules cuando éste asesinó a su mujer e hijos.

Era una culpa de la que no podía escapar más que por el perdón de su hijo.

Era una culpa que por seguro que le perseguirá toda la vida.

Eso… porque sabía que en manos de ambos su hijo sufrió mucho, cosa que se lo hubiera ahorrado si hace 16 años no le hubiera dicho a Stephen que había entregado al pequeño en las manos de su suegro, Anthony Miles, en pos de que fuera criado en un ambiente de libertad y amor, y no en medio de la represión.

Miró a Stephen, quien se había sentado a leer el periódico, como si nada hubiera pasado.

¿Cómo podía ser así?, se preguntaba mientras cogía su libro y se sentaba de espaldas a su marido.

¿Cómo podía su marido ser así de frío luego de la contestación de su único hijo? ¿Acaso no comprendió que tenían qué intentar dialogar con él y saber qué le sucede… O simplemente no le interesa?

Si a Stephen no le interesa para nada su hijo, ¿entonces por qué ella se esperanza en contar con su apoyo para tratar de romper esa brecha de hielo que ellos mismos construyeron alrededor del joven durante 19 años?

Tal vez sea porque ella no tenía la libertad de tomar decisiones y acciones rápidas para erradicar el problema…

No sin el consentimiento y aprobación de su esposo respecto a esas acciones.

Fue ahí en donde dio cuenta de lo impensable, de lo inverosímil…

De lo que es real para una madre que nunca supo serlo y que lo sufre por ser el dolor más grande que el ser humano podría sentir:

Había perdido a su hijo para siempre.


Leo miraba las estrellas desde el balcón de Cristina; la confrontación fría y distante con sus padres acaecido el día anterior le habían hecho reflexionar sobre hasta qué grado él había decidido apartarlos de su vida.

¿Sería eso lo correcto para él? ¿Sería posible sustituir la falta de amor familiar a través de su interacción social con los Asesinos y sus familias?

Podría ser, más como le había dicho el Mentor, esa sustitución sería esporádica, ya que la familia es un mundo muy importante para un Asesino; es un valor que se ha cimentado para la Hermandad desde los tiempos de Altair y su importancia no debería de ser menospreciada…

Salvo en escasas excepciones, siendo el caso de Leo una de ellas.

Sólo rogaba que Dios le perdonase por ese frío distanciamiento, pero sabía que era el único modo de hacerles ver el peor pecado que habían cometido sobre él y sobre sí mismos: El pecado de la vanidad y la búsqueda obsesiva de la total perfección.

- Dios… Perdónales… Porque nunca supieron lo que me han hecho.


Algo cortito, pero con la intención de ver hasta qué grado se podría llegar la situación por la que Butters ha pasado con su familia durante toda su vida.

Yo siempre he pensado que a los hijos hay que amarrarles y soltarles a la vez; siempre he pensado que un buen hijo es aquél al que se le inculca amor y libertad, no frialdad, sequedad y represión como los padres del pobre Butters.

Sentí que quería al menos intentar retratar esa situación desde el punto de vista de Linda y un poco de Butters, porque del de Stephen lo pienso guardar como sorpresa... En fin, espero que les guste este capítulo.

Chaito!