Nuevo capítulo..! se me olvidó actualizar por completo..-.- lo siento... mi Parabatai que no me recuerda las cosas..!-.- pero ya subo capi nuevo.. este es algo fuerte.. espero les guste..!
Stephanie-nii-san: segura que Alec le contará a Magnus..? digo, no ha hablado ni siquiera con Jace.. se abrirá con un desconocido..? recuerda que lo acaba de conocer hace solo semanas...! espero te guste este nuevo capítulo..!=D
Nicolas: lemmon... aun falta, porque Alec no piensa en sexo como algo bueno justo ahora..xD y actualizo lento porque... bueno principalmente porque se me olvida... pero ya pondré alarmas..! tengo algunos fics en los que Alec es pasivo.. no se si quieras pasarte a leerlos..xD gracias por leer..=D
Guest 1: muchas gracias por tu review..! me alegro que te guste..! a Magnus le costará reconstruir a un Alec tan roto.. pero seguro te gustara como lo hace..=D espero te siga gustando..!
Seika Lightwood: uuufff no te imaginas lo pobre que va a ser Alec ahora..-.- todo el mundo quiere destruir a Aldergold, pero pensémoslo bien, eso no le va a ayudar a Alec en nada.. quiero decir.. el problema está ya en su cabeza... espero te guste este nuevo capítulo a pesar de que Alec sufre..-.- y si..! hable con Matt.. me tomé como 5 fotos con él en la convención y luego unos días después me lo encontré en la calle..! paseando por los Jardines de Luxenburgo con Esther, Kat y Will.. ahí si casi me muero, pero mi ex novio me mantuvo firme y viva..xD pero bue.. sigo con vida y puedo seguir escribiendo..!xD espero te guste este capi..!
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Old Scars..!
Alec no pudo escaparse de sus hermanos, había terminado en el Instituto con un buffet de comida esparcida por la mesa del comedor. Max ya estaba en perfectas condiciones, pero los padres Lightwood no se iban a arriesgar, así que no le permitían salir del Instituto aun. El niño se la pasaba en pijama, atormentando a John y a cualquier otro que osara pasársele por en frente.
Los chicos estaban en el comedor, Michael se les había unido, Maryse y Robert habían partido a Idris para "arreglar unos asuntos". Alec sabía que en realidad estaban intentando mantener la atención en Aldergold. Las cosas en la Clave apenas si se estaban comenzando a acomodar, y un criminal del cual no había registro no era prioridad para el Consejo. Si bien les habían dicho que lo mantendrían en una "libertad condicional", no creían que nadie estuviera monitoreando los movimientos de Aldergold.
Después de la larga pero divertida cena con su familia, Alec había hecho tiempo en su habitación, bañándose lentamente y preparando una mochila con un cambio de ropa para llevarse y poder volver por la mañana pretendiendo haber salido a correr muy temprano. Esperó otro rato hasta que estuvo seguro que la mayoría de los habitantes del Instituto estuviesen dormidos. Después, salió con mucho cuidado por la puerta del santuario, la cual casi nunca se abría.
Decidió enviarle un mensaje de texto a Magnus, solo en caso de que ya se hubiera dormido por completo y no le fuera a abrir la puerta. Ya era cerca de media noche después de todo. Estaba a unas cuantas cuadras de llegar a la estación de metro cuando sintió su celular vibrar con la respuesta de Magnus.
Magnus el Magnifico: "No puedo esperar a que llegues :)"
Alec sonrió sintiendo ese familiar pero terrorífico calor que se esparcía por su pecho cada que pensaba en el Brujo. Estaba por responder cuando sintió la presencia de alguien. Levantó la mirada para ver a un hombre acercársele. Estuvo por quitarse del camino y dejar que el hombre pasase, cuando se fijó bien en su rostro, perdió toda movilidad al instante.
-Alexander- Alec miró al hombre, su mente no podía comprender lo que sucedía. Estaba completamente inmóvil, la peor de sus pesadillas estaba frente a él, y era real.
Ahora Aldergold era un poco más bajo que él, pero seguía siendo más corpulento. Se miraba más viejo, pero en si no había cambiado mucho. Llevaba una gabardina de viaje y un maletín pequeño, lucía como uno de los miles de hombres de negocios que llegaban a la cuidad todos los días. Para la mayoría de las personas era solo eso, otro más entre la multitud. Pero para Alec, él era un monstruo; un monstruo mucho peor que el más horrible demonio del infierno.
A pesar de ser mas alto, Alec se sentía sumamente intimidado. El chico quería moverse. Solo quería ignorar al hombre y seguir su camino lo más rápido posible, pero su cuerpo no le respondía. El pecho le dolía, su respiración comenzaba a ser errática y pesada. Aldergold lo miró con falsa preocupación, dejando el maletín en el suelo y acercándose al ojiazul lentamente.
-Alec, tienes que calmarte- le dijo.
Alec lo vio estirar la mano hacia él, pero no podía moverse. La grande mano se posó sobre su hombro y su cuerpo reaccionó violentamente. Se movió por instinto, su cerebro ni siquiera registró el movimiento. Se movió tan fuertemente que casi pierde el equilibrio. Se tambaleó hacia atrás, dando con el cristal de una panadería. La calle estaba muy oscura, pero podía ver la pequeña y asquerosa sonrisa en el rostro de Aldergold. Alec estaba atrapado. Quería decir algo. Quería gritar y pedir ayuda, pero su voz no salía, como si algo la hubiese apagado.
-Alexander, has crecido muchísimo- dijo Aldergold.
El adulto estaba tan cerca que Alec podía sentir su cálido aliento contra su piel. El chico giró el rostro, su mejilla pegada al frio cristal detrás de él, cerró los ojos con fuerza. Sintió un par de dedos acariciar su cuello expuesto y sintió que moriría en ese instante. De hecho deseaba poder hacerlo, morir rápidamente y dejar de existir, justo como lo había hecho el demonio hacia unas horas.
-Es una lástima que aun no te recuperaras- dijo el Nefilim mayor mirando como Alec se retorcía, pegado al cristal- sigues sin hablar, Alexander?
Alec seguía con los ojos firmemente cerrados, pero podía sentir las lagrimas bajando por sus mejillas sin poder evitarlo. Su cuerpo entero temblaba incontrolablemente. Sintió el aliento caliente de Aldergold pegarse en su oreja unos segundos antes de escucharlo, y sentirlo, suspirar.
-Pero ya no puedo hacer nada por ti, no a esta edad- susurró el hombre a su oído. Sintió el pulgar de Aldergold en su mejilla, quitando las lagrimas- debiste haber continuado con el tratamiento. Seguir siendo ese obediente chico que fuiste los primeros meses. Todo habría salido a la perfección.
El cuerpo de Alec seguía temblando, y tenía los ojos cerrados a pesar de que ya no sentía a Aldergold pegado a él. Le dolía el pecho, su corazón daba contra su caja torácica fuertemente. Sentía que explotaría en cualquier momento. Pero no se podía calmar, seguía sintiendo la presencia de ese monstruo frente a él. Soltó un sollozo, pero se mordió el labio. Aldergold nunca se había tentado el corazón por escucharlo llorar, y estaba seguro de que ahora tampoco lo haría.
-Ahora debo irme- dijo Aldergold volviendo a tomar su maletín- espero no dejes de buscar el modo de recuperarte. Yo ya no te puedo ayudar, pero estoy seguro de que hay muchos otros que estarían dispuestos a hacerlo- lo único que Alec pudo hacer fue negar con la cabeza antes de sollozar- buenas noches, Alexander.
Alec abrió los ojos y alcanzó a ver al hombre doblar en la esquina y perderse de vista. Se dejó caer hasta el suelo, con la espalda pegada a la pared de la panadería. Seguía mirando hacia la esquina por la que había desaparecido Aldergold, con miedo a que volviera. Recogió las piernas y las pego a su pecho, tomándose la cabeza con las manos, tirando de su cabello bruscamente deseando que todo el dolor que sentía se fuera. No podía soportarlo, no podía controlarlo. Se movió rápidamente hacia su mochila, revolviendo rápidamente el contenido buscando su única fuente de alivio.
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Magnus volvió a asomarse por la ventana. El Nefilim siempre llegaba por metro, y tenía que doblar esa esquina a fuerzas al salir de la estación. Pero ya llevaba más de dos horas desde que le había enviado el mensaje de texto, y era hora que el chico no aparecía. El Brujo se paseaba por la sala, con Presidente Miau en brazos mientras acariciaba sus orejitas distraídamente. Le había enviado un mensaje de texto a Alec, pero no había recibido respuesta. Lo dejó pasar al pensar que tal vez había salido algún asunto de Cazador de Sombras junto a sus hermanos. Pero lo mínimo que podía hacer era avisarle que no iría.
Miró el cambio de ropa que había preparado para Alec. Ya le tenía una habitación lista, incluso había hecho una selección de películas cómicas para subirle el ánimo al Nefilim antes de dormir. Dejó a Presidente Miau sobre uno de los sillones y volvió a la ventana. Las calles estaban casi desiertas ahora. Todos caminaban a paso rápido, intentando llegar a sus casas lo más rápido posible. Pasaron dos taxis seguidos a toda velocidad... taxis. Magnus se fijó en la hora, ya pasaban de las dos de la mañana. El metro dejaba de correr a las doce y media.
-Pero que descortés- murmuró pensando en que el Nefilim había decidido siempre no ir a su departamento y no le había avisado. Fue a sentarse nuevamente al sillón, junto a Presidente Miau, sintiéndose molesto y algo decepcionado- no sé porque me sorprendo, es lo mínimo que esperar de un Cazador de Sombras.
Se quedó mirando hacia el vacío unos minutos, pensando. Alec no era un Cazador de Sombras cualquiera, era diferente. Era un Lightwood diferente. Nunca lo dejaría plantado de ese modo a menos que algo malo hubiese ocurrido. Se mordió el labio al tiempo que sacaba su celular para revisarlo, pero no tenía ni un mensaje ni llamada. Suspiró mirando el cambio de ropa para Alec. No perdía nada con llamarlo, o si? No quería presionarlo demasiado y que el chico huyera. Pero al mismo tiempo estaba preocupado y quería saber si el chico estaba bien.
-Oh, qué rayos- dijo llamando al Nefilim, solo quería asegurarse.
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El viento soplaba fuertemente, golpeando el rostro y los brazos desnudos de Alec. No sabía cuánto tiempo llevaba sentado ahí, recargado contra la pared de la panadería. Se sentía aturdido. Su piel ya no sentía el frío aire. La piel de su rostro se sentía reseca. Las lagrimas se habían secado ya, dejando un rastro en sus mejillas. Estaba sentado con las piernas extendidas delante de él, mirando hacia la nada. Sus dedos tiraban levemente de la tela de sus pantalones, ahí en donde había intentado cortarse por encima de la tela. Había hecho el intento, pero la tela de sus pantalones de combate era gruesa, y no le permitía llegar hasta su piel.
Sentía algo pegajoso y húmedo bajar por sus brazos y manchar su ropa. Sus dedos también estaban llenos de la sustancia, pero no le ponía atención. Podía escuchar un incesante sonido cerca de él, pero lo ignoraba. Lo ignoró lo mas que pudo, pero el sonido no paraba, era como si estuviesen dándole un golpe en la cabeza con cada nota que sonaba. Solo quería que parara y que lo dejara en paz. Lentamente tomó la fuente del sonido y lo miró, su celular. Pasó un dedo ensangrentado por la pantalla, dejando una línea rojiza sobre esta. El sonido cesó, pero ahora escuchaba otra cosa. Una voz distante, proveniente del teléfono.
-Alec?
"Basta", pensó el ojiazul. Por qué el ruido no se detenía? Levantó un poco más el teléfono y lo acercó a su rostro.
-Alec, en donde estas?- la voz se escuchaba más cerca ahora, terminó por presionar el aparato contra su oreja- ya pasaron dos horas desde que me dijiste que venías. Nadie deja al Gran Brujo de Brooklyn esperando tanto tiempo, querido Nefilim.
-Vete- la voz de Alec era apenas un susurro. Hubo un momento de silencio, el cual Alec agradeció infinitamente.
-Alec, en donde estas?- la voz ahora sonaba seria, preocupada. Pero a Alec no le importaba- estas en el Instituto?
-No- respondió Alec automáticamente.
-Estas cerca de mi departamento? Llegaste a Brooklyn?- Alec estaba confundido. No estaba en Brooklyn. Se concentró lo mas que pudo y miró a su lado. Vio el letrero que indicaba la calle 92.
-No- respondió al ver "2nd Av." en el otro letrero.
-Alec, escúchame con cuidado- dijo la voz en su oído firmemente- dime exactamente en donde estas.
-Te irás si te digo?
-Si, Alec. Si me dices en donde estas, colgaré- dijo Magnus con la voz cargada de preocupación.
-92, y la segunda avenida- dijo en voz baja.
-Bien, Alec. Voy a colgar ahora, de acuerdo?- dijo Magnus con cuidado.
-Gracias- murmuró Alec dejando caer el teléfono a su lado.
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Magnus colgó el teléfono y se puso de pie, caminando de un lado a otro de la sala mientras pensaba. Había llamado al Nefilim incesantemente para regañarlo de broma, pero cuando al fin le había respondido su voz había sido apenas un roto susurro. Algo estaba definitivamente mal. A pesar de tener muy poca información, sabía que algo terrible había pasado.
Podría llamar a los hermanos del chico, ellos debían estar en el Instituto, y más cerca de la ubicación de Alec. Pero sabía que eso probablemente devastaría aun mas al frágil adolescente. Sabía que a Alec no le gustaba preocupar a sus hermanos, y por todo lo que había pasado últimamente, estaba seguro de que los demás Lightwood no tenían idea de que Alec dormía fuera de casa. Se mordió el labio inferior, pensando preocupado. No podía dejar a Alec allá, solo.
Solo tenía dos opciones. Llamar a los hermanos de Alec y dejarles el problema a ellos sin importar como afectara al ojiazul, o ir hasta el chico usando un portal. Se pasó una mano por el cabello antes de soltar un suspiro. Movió sus manos, soltando chispas azules, abriendo un portal frente a su ventana. Se lanzó hacia el otro lado sin importarle ir en pantuflas. Apareció en un callejón entre la segunda y tercera avenida. Alec estaba sobre la 92, justo a donde daba el callejón. La calle estaba a oscuras, había una sola lámpara encendida en una esquina, la otra no funcionaba.
Salió del callejón a prisa y pudo ver una figura sentada en el suelo, recargada frente a una panadería. Corrió rápidamente hasta el Nefilim y al llegar junto a él no pudo contener un jadeo de sorpresa y horror. Alec estaba recargado en el ventanal de la panadería, con los ojos apenas abiertos. Su teléfono estaba en el piso junto a él, al igual que su mochila, cuyo contenido estaba esparcido en la acera. Se fijó en una fina daga manchada de sangre, también en el piso.
Dejó escapar el aire que no se había dado cuenta que contenía antes de volver a fijarse en Alec. Sus brazos estaban sobre sus muslos, con largos cortes en los antebrazos. Magnus se arrodilló a su lado, respirando tranquilo al ver que no se había cortado ninguna arteria principal. Pero la sangre no dejaba de salir y ya había empapado sus pantalones y manchado la acera. Alec parpadeó lentamente, apenas fijándose en el recién llegado.
-Vete- murmuró sin fuerzas.
-Mi querido Alec, pero que te hiciste?- Magnus no sabía que pensar, lo único que sabía era que tenía que sacar al chico de ahí y sanar sus heridas.
El Brujo se movió rápido, guardando todas las cosas de Alec en la mochila. Se quedó con la daga y el teléfono, guardándoselos en el bolsillo de su pantalón. Se echó la mochila al hombro y abrió un portal, sin importarle que algún Mundano lo viera. La salud de Alec era más importante en ese momento. Se inclinó hacia el chico para ayudarlo a levantarse.
-No- gimió Alec- déjame en paz.
-Tranquilo, vas a estar bien- le dijo Magnus suavemente.
Con todas sus fuerzas puso al Nefilim de pie. Alec se recargaba sobre él a peso muerto y Magnus se esforzó por mantenerlos a ambos de pie. El Brujo podía sentir la sangre humedeciendo su pijama. Se apresuró hacia el portal. Sostuvo con fuerza al adolescente contra él y pasó hacia su departamento. Llegó directo a la habitación que le había preparado a Alec. Lo dejó con cuidado sobre la cama antes de lanzar la mochila a un lado. Alec abrió los ojos por completo y miró a su alrededor, confundido y asustado. Magnus se apresuró a sentarse en la silla junto a la cama para calmarlo.
-Alec, no te levantes- dijo cuando el chico intentó sentarse en la cama.
Magnus puso una mano sobre el hombro del Cazador de Sombras, intentando hacer que se recostara nuevamente, pero claramente era el movimiento equivocado. Alec se sacudió bruscamente, apartándose del agarre. Sus ojos azules estaban llenos de pánico, abriéndose a más no poder mientras intentaba alejarse de él. Respiraba pesadamente y miraba al Brujo completamente aterrado. Se pegó a la cabecera de la cama, recogiendo las piernas hasta su pecho y abrazándose a sí mismo.
-Necesito que respires lentamente, de acuerdo, Alec? Solo soy yo, Magnus. Te prometo que no voy a lastimarte- la voz del Brujo nunca había sido tan suave. Había pasado muchísimo tiempo desde que había visto a alguien tan vulnerable y asustado. De pronto recordó su propio reflejo, justo después del incidente en el que había matado a su padre cuando había intentado ahogarlo. Tan desesperado, tan solo, tan aterrorizado.
Alec solo negó con la cabeza, abrazó sus piernas contra el pecho, enterrando sus uñas cerca de sus codos, causando aun más daño a sus brazos. Magnus tenía que detenerlo, estiró la mano para detenerlo, pero Alec pegó un salto incluso antes de que lo tocara. El Brujo suspiró y estiró dos dedos, presionándolos contra la frente de Alec. Inmediatamente los ojos del chico se cerraron y quedó inmóvil, recargado contra la cabecera de la cama.
Magnus sabía que estaba tomando el camino fácil, pero en ese momento le urgía sanar las heridas de Alec, y noquearlo temporalmente era la mejor forma de hacerlo. No podía estar calmando a Alec cada que lo tocaba para sanarle las cortadas que se había hecho. Rápidamente recostó a Alec nuevamente en la cama, estuvo a punto de tronar los dedos para cambiar las ropas ensangrentadas de Alec por un pijama nuevo, cuando se dio cuenta de sus pantalones. Los pantalones de combate negros que llevaba Alec estaban rasgados descuidadamente. Frunció el entrecejo y tronó los dedos, quitándole a Alec su camisa y pantalones.
Por segunda vez en la noche jadeó de sorpresa y horror al ver el sin fin de cicatrices en los muslos del Nefilim. Sacudió la cabeza para despejarse. No podía hacer nada por esas viejas cicatrices, tenía que concentrarse en lo reciente. Se concentró en los brazos, tomó suavemente la muñeca de Alec para inspeccionar las heridas. Ahí también había cicatrices, muchas menos que en los muslos y más pequeñas, apenas si se notaban a simple vista, tenía que fijarse muy bien en la piel del chico para poder verlas.
Suspiró antes de dejar fluir su magia sobre los antebrazos del Cazador de Sombras, sanando las heridas rápidamente. Una vez que se aseguró de que no le faltara nada, prosiguió a limpiar la sangre. Lo hizo con un paño húmedo, pudo haberlo hecho con solo tronar los dedos, pero necesitaba tiempo para pensar antes de despertar a Alec. Las cicatrices en sus brazos se confundían con las cicatrices platinadas que dejaban las runas. En realidad no las veías si no sabías que estabas buscando, pero ahora que Magnus lo sabía, las cicatrices resaltaban, demasiado rectas y finas como para ser runas.
Se dirigió a las cicatrices en los muslos del chico. Parecían haber sido hechas rápidamente y sin cuidado. Pero que se estaba haciendo el Nefilim? O tal vez la pregunta importante era, por qué? Dejó escapar un suspiro lleno de frustración antes de tronar los dedos, la pijama que había preparado para Alec apareció sobre el cuerpo del chico. El Brujo volvió a sentarse en la silla junto a la cama antes de pasar suavemente dos dedos por la frente de Alec. Esperó un par de segundos antes de que los hermosos ojos azules volvieran a abrirse. Al principio solo parpadeo, luego Magnus pudo ver como sus ojos se llenaban de pánico al intentar descifrar en donde estaba y como había llegado hasta ahí.
-Estas en mi departamento, Alec. Estas a salvo aquí- le dijo el Brujo llamando su atención. Alec lo miró con los ojos muy abiertos y se apresuró a sentarse en la cama.
-Como... como llegue aquí?- se sobó los antebrazos, donde sus heridas habían cicatrizado ya.
-Te traje por un portal- le respondió Magnus estudiando los movimientos del chico.
-Portal? Como supiste en donde encontrarme?- Alec ya no lo miraba, se miraba los brazos mientras los recorría con sus dedos, como si no reconociera que fueran suyos.
-Te pregunté en un mensaje- mintió Magnus. El chico ni siquiera recordaba la llamada, no quería abrumarlo con demasiada información.
-Mis brazos...
-Eran un desastre ensangrentado cuando te encontré- Magnus se esforzó por no sonar molesto. Pero no podía dejar de pensar en cómo Alec podía hacerse eso?
-Yo...- Alec cerró los ojos con fuerza, su cuerpo temblando levemente.
-En que estabas pensando?- le dijo Magnus, su voz era suave, pero se notaba lo molesto que estaba.
-Debería irme- dijo Alec, moviéndose rápidamente hasta bajar las piernas de la cama.
-Irte? Irte a donde? Estabas de camino acá cuando te encontré- le dijo Magnus. Alec dejó caer su cabeza entre sus manos, su cuerpo temblaba. El Brujo se estiró para poner una mano sobre su rodilla e intentar reconfortarlo, pero Alec se estremeció justo antes del contacto.
-Lo siento- murmuró Alec, su rostro aun oculto entre sus manos. Magnus cerró los ojos un momento, intentando calmarse.
-Alec, mírame- dijo suavemente. Lentamente, el Nefilim levantó la cabeza, mirándolo con los ojos enrojecidos e hinchados. Hacía apenas unas horas, se la habían pasado tan bien, paseando y hablando, y ahora el pobre chico era un absoluto desastre. Magnus levantó sus manos, poniéndolas con las palmas hacia arriba frente a él- quiero que tomes mis manos.
-Por qué?- preguntó Alec, mirándolo confundido.
-Recuerdas cuando me dijiste que confiabas en mi, que no entendías por qué?- Alec asintió- confías en mi?
-Quiero hacerlo- susurró el chico, su labio inferior tembló un poco.
-Toma mis manos, Alec, por favor- el Cazador de Sombras se mordió el labio inferior y levantó sus manos lentamente. Después de un momento de duda, al fin colocó sus manos sobre las de Magnus- voy a tomar tus manos, si?- Alec asintió levemente, tensándose cuando las manos morenas, un poco más grandes, se cerraron suavemente sobre las suyas. Pero no se apartó- quiero que sepas que no voy a lastimarte. Estas a salvo conmigo, de acuerdo?
-Me da miedo creer eso, Magnus. Si te creo y termina siendo una mentira yo... yo... no creo soportarlo. Es mejor no confiar- dijo Alec en voz baja. Magnus asintió, entendía sus problemas de confianza. Él mismo los había tenido en algún punto de su vida.
-No tienes que creerlo, pero eso no cambia el hecho de que es verdad que estas a salvo conmigo- Alec suspiró y retiró sus manos, poniéndolas sobre sus rodillas, bajando la mirada. Magnus podía verlo morderse el labio inferior, perdido en sus pensamientos. El Brujo respiró profundamente antes de seguir- pero tenemos que hablar de esto.
-No hay nada que hablar- dijo Alec cerrando los ojos con dolor.
-Te encontré en la calle a mitad de la madrugada, semiinconsciente y con los brazos llenos de heridas que tú mismo te hiciste- el adolescente comenzó a sobar sus muslos con frustración, sin saber qué hacer.
-Debo irme- repitió. Magnus negó con la cabeza.
-A donde iras? De vuelta al Instituto?- Magnus sabía que estaba siendo cruel, pero debían tener esa conversación. Alec no iría al Instituto, no sabía porque, pero sabía que no podría dormir allá. El menor recorrió la habitación con la mirada, sus ojos seguían llenos de dolor.
-Me puedes dar mi mochila?- Magnus suspiró y le tendió la mochila. El chico comenzó a buscar algo en su interior al instante. Al no encontrar lo que buscaba, levantó la mirada hacia el Brujo, el pánico invadiendo sus ojos nuevamente.
-Que estas buscando?- Magnus sabía exactamente qué era lo que buscaba el ojiazul, pero necesitaba que Alec lo admitiera para poder hablar de ello. Magnus sacó el celular de Alec de su bolsillo- acaso buscas esto?- Alec suspiró y tomó el aparato, metiéndolo a la mochila.
-Magnus, por favor- suplicó, pero el Brujo negó con la cabeza.
-No voy a dejar pasar esto, Alec. Hace unas horas la estábamos pasando genial. Luego volviste a ese jodido Instituto y esto pasa- le dijo, intentaba por todos los medios que su enojo no se demostrara en su voz, tenía que sonar suave para no asustar al Cazador de Sombras.
-Tengo que ir al baño- dijo Alec poniéndose de pie abruptamente. Magnus se apresuró a bloquearle el paso, tronando los dedos rápidamente.
-No encontraras nada con filo ahí dentro- le dijo firmemente, Alec se estremeció.
-No... no iba a...
-Hace cuanto que te cortas?- preguntó Magnus recargándose en el marco de la puerta del baño, dándole a entender que no lo dejaría huir.
-No quiero hablar de eso- respondió el chico bajando la mirada.
-Vi todas las cicatrices cuando te estaba sanando- Alec se tensó e instantáneamente se abrazó a si mismo protectoramente- los Iratzes te ayudaban a mantenerlo en secreto de tu familia. Dime hace cuanto que lo haces?
Alec se movió lentamente, pegando la espalda a la pared más cercana y dejándose caer hasta quedar sentado en el suelo, su expresión reflejaba lo derrotado y exhausto que se sentía. Recogió las rodillas hasta pegarlas a su pecho, abrazándolas con los brazos. Magnus fue a sentarse junto a él. Muy pocas personas lo hacían sentarse en el piso, pero esa vez ni siquiera lo dudó.
-Hace unos años- dijo Alec en voz baja. Sin atreverse a mirar a Magnus.
-Alguien más lo sabe?- Alec negó con la cabeza, jugueteaba con un hilo suelto en los pantalones de pijama. Entonces Magnus preguntó lo mas difícil- por qué haces esto, Alec?
-No lo sé- respondió Alec cerrando los ojos y los puños con fuerza.
-Creo que si lo sabes- dijo Magnus suavemente. Alec abrió los ojos y finalmente miró a Magnus. El Brujo se estremeció al ver el mar de emociones que reflejaban esos bellos ojos.
-Crees que quiero hacer esto?- preguntó el Nefilim elevando la voz. Lagrimas de ira comenzaban a llenar sus ojos- crees que quiero estar así? Todos piensan que nosotros los Nefilim disfrutamos torturándonos al hacernos las runas. Y yo aun así sigo haciendo... haciendo esto- Alec enterró sus uñas en sus codos, sin darse cuenta, las lagrimas ya recorrían sus mejillas- crees que no se cuan patético soy?
-Te estás lastimando, Alec- dijo Magnus. Alec movió sus manos como si su propia piel le hubiese quemado, sonrojándose a más no poder.
-Es solo... es mejor... puedo controlar este dolor. Lo puedo soportar- Magnus dudaba que el chico tuviese el control de su comportamiento, pero no lo dijo.
-Es mejor que qué dolor, Alec?- preguntó el Brujo y pudo ver que el chico se cerraba nuevamente.
-Nada- murmuró el ojiazul.
-Alec...- ahí tenía a un chico con problemas de confianza mayúsculos. Que apenas si podía soportar que otra persona lo tocara. Que estaba asustado de su sexualidad. Que no se sentía a salvo en su propio hogar. Que se cortaba a sí mismo. "Nada" era la mentira más grande que había escuchado en su larga vida.
-Estoy cansado, Magnus- Alec en verdad sonaba agotado, al menos emocionalmente.
-Lo sé, Alec- dijo el Brujo. Sabía que había llegado al límite de Alec, que tendría que esperar para poder volver a sacarle algo.
-Te... te vas a quedar con mi daga?- a pesar de que lo había preguntado, Magnus estaba seguro de que Alec ya sabía la respuesta y se había resignado a ella.
-Si, Alec. Me la quedaré- le respondió suavemente. Alec apartó la mirada tristemente.
-No le veo el caso, Magnus. No puedes alejar todo de mi. Por favor, podrías devolvérmela?- pidió el chico sin atreverse a mirarlo.
-Escucha, no soy terapeuta, pero estoy seguro que es mejor que la reemplaces por algo mas- le dijo Magnus poniéndose de pie.
-Como una navaja?- preguntó Alec.
-No, Alec. Reemplazar este comportamiento autodestructivo. Dices controlar este dolor. Creo que es mejor si enfrentaras el dolor que sientes desde un principio. Si no lo haces las cosas se salen de control, y este es el modo en que tu "recuperas" ese control- Alec lo miraba como si le estuviera hablando en otro idioma. Magnus sabía que el ojiazul no tendría ayuda psicológica o algún tipo de consejo en su sociedad. Los Nefilim eran muy cerrados con todo lo que emociones difíciles se refería- cuando te sientas abrumado o que te sea imposible controlar tus emociones, tienes que hacer algo, y cortarte a ti mismo no es la respuesta.
-Que puedo hacer?
-Podrías llamarme. Incluso si quieres hablar de otra cosa, lo que sea- Magnus sabía que se estaba metiendo en un problema muy complicado. Pero ya era demasiado tarde, se sentía demasiado atraído por ese pobre muchacho, no podía dejarlo solo. Alec lo miró fijamente unos segundos.
-Por qué te importa tanto, Magnus? Apenas me conoces, y soy un Nefilim- le dijo el ojiazul. Magnus lo miró fijamente también, de hecho, él mismo se había preguntado eso antes- si sientes lastima por mí, no la quiero- Alec sonó casi agresivo. Magnus sabía que había atracción entre ellos, aunque Alec no se atreviera a aceptarlo, pero esa no era la única razón por la que quería ayudarlo.
-No es lástima, Alec. Se lo que es sentir tanto dolor y no saber qué hacer con él... como manejarlo. Pero hay muchas otras formas, no la autodestrucción- Alec lo miró, todo enojo se había esfumado.
-Por tus padres?- Magnus suspiró, comenzaba a sentir la fatiga él también.
-Fue hace mucho tiempo. Pero yo tuve personas que me ayudaron, y yo quiero ayudarte a ti. Deberías llamarme. Y si yo no estoy disponible, entonces podrías hablar con alguien más. Tienes a alguien con quien hablar? Solo hablar, no tienes porque contarles nada que no quieras- Alec asintió.
-Podría hablar con Jace- respondió el chico- o tal vez Izzy o John.
-Bien. Sé que eso no significa que todo quedará arreglado mágicamente, pero es un buen comienzo- dijo Magnus. Alec lo miró sin estar muy convencido, pero aun así asintió. El Brujo le tendió la mano para ayudarlo a levantarse- vamos, creo que ambos necesitamos dormir.
Alec miró la mano, y después de lo que pareció un largo tiempo, la tomó para que el Brujo lo ayudara a levantarse. Magnus le sonrió y le dio un suave apretón a su mano. Se moría por tirar de él y abrazarlo fuertemente. Pero claro que se contuvo, no quería asustar al pobre chico.
-Gracias- murmuró Alec mirando sus manos entrelazadas.
-Buenas noches, Alec- dijo el Brujo antes de darle un apretón a la blanca mano antes de salir de la habitación. Como queriendo reafirmarle que, al menos esa noche, estaría completamente a salvo de cualquier terror que lo atormentara fuera de su departamento.
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Al principio todo lo que podía ver era purpurina. Brillante purpurina por todos lados. Después pudo sentir un par de dedos acariciando su frente y mejillas, bajando hasta su quijada. Abrió los ojos y se encontró con unos curiosos ojos de gato, que lo observaban con atención. Alec se inclinó hacia adelante, posando sus labios sobre los del Brujo, enredando sus brazos en el cuello del moreno, pegándolo contra sí.
El ojiazul pasó su lengua por el labio inferior del Brujo, pidiendo acceso. Magnus gimió contento, pasando sus manos por la cintura del Cazador de Sombras y tirando de él para que avanzara. Magnus retrocedió hasta que sus piernas dieron contra la cama, dejándose caer de espaldas sobre ella y llevándose a Alec junto con él, poniéndolo encima.
Alec se acomodó sobre Magnus y profundizó le beso, explorando el interior de la boca del Brujo. Magnus se removió poniéndose mas cómodo, y Alec ajustó su cuerpo encima del moreno, pasando una rodilla entre las largas piernas del Brujo y rozando sus pechos, nunca separando sus labios unidos. La mano de Magnus se aventuró debajo de la camisa de Alec, acariciándole la blanca espalda.
El corazón del ojiazul latía con tanta fuerza que se preguntó si Magnus podía escucharlo. Imitó al mayor y comenzó a explorar el cuerpo debajo de él. Escabullendo sus manos por debajo de la camisa de Magnus. El Brujo movió las caderas y Alec se sonrojó al sentir ese bulto en los pantalones del Subterráneo restregándose contra su muslo. Cerró los ojos saboreando la sensación. De pronto, Magnus lo tomó por la cintura y de un rápido movimiento los giró para ser él el que quedaba encima de Alec. El menor suspiró al sentir el peso del Brujo sobre él.
-Esto esta tan mal, Alexander. Muy, muy mal- el cuerpo entero de Alec se paralizó y abrió los ojos horrorizado. El hombre sobre él no brillaba. Lo miraba con una mezcla de disgusto y deseo tan aterradora que Alec intentó gritar, pero nada salió. Su voz parecía haber desaparecido. Luchó contra Aldergold, intentando escapar, pero el hombre era mucho más fuerte- mírate nada mas, listo y dispuesto a entregarte a otro hombre. Peor, a un Brujo. Que vergüenza, Alexander. Creo que debes aprender una lección.
Alec negó con la cabeza con lagrimas recorriendo sus mejillas. Su corazón seguía latiendo con fuerza, pero ahora por una razón completamente diferente. Sentía las grandes manos de Aldergold recorrer su cuerpo, causando nada más que asco y dolor, todo lo contrario a lo que había sentido con Magnus. Alec se aferró a las cobijas con fuerza y cerró los ojos deseando que todo eso terminara. A donde se había ido Magnus?
De pronto sintió como el peso desaparecía y una mano se cerraba fuertemente en su muñeca, levantándolo de un tirón y obligándolo a hincarse junto a la cama. Otra mano lo tomó bruscamente de la barbilla girándole el rostro hacia el frente. Abrió los ojos e intentó quitar la mano que lo sujetaba, fue entonces que se dio cuenta que sus muñecas sangraban. Como había pasado eso? Magnus ya lo había sanado.
Escuchó el sonido de un cinturón siendo desabrochado y giró el rostro sin querer ver lo que había frente a él. En la distancia pudo ver brillos de nuevo. El alto Brujo lo miraba desde la puerta de la habitación. Aldergold lo tomó con una mano, enterrando sus dedos en las mejillas bañadas en lagrimas de Alec para que abriera la boca, pero Alec no apartaba la mirada del Brujo. "Ayúdame", imploró en silencio. Magnus simplemente se giró para salir de la habitación.
-No quiero nada que este tan usado- dijo el Brujo con un ademán de la mano antes de alejarse lentamente.
Para cuando Alec despertó, estaba bañado en sudor y con las cobijas enredadas en su cuerpo. Se sentó en la cama, sintiendo unas horribles ganas de vomitar. Su corazón latía con fuerza y tenía las mejillas llenas de lagrimas. Lanzó la cabeza hacia atrás, golpeándose fuertemente contra la cabecera de la cama, pero ni siquiera sintió dolor. Se levantó rápidamente de la cama y corrió al baño, colapsando frente al escusado y vomitando toda la cena que había comido la noche anterior. Se quedó inclinado sobre el escusado hasta que vació su estomago, aunque los espasmos siguieron, haciéndolo doblar su cuerpo dolorosamente.
Finalmente se puso de pie, bajándole al baño y recargándose en el lavamanos. Se lavó la boca lo mejor que pudo y se lanzó agua en el rostro. Todo su cuerpo temblaba, y aun podía sentir los asquerosos toques de Aldergold en su piel. Abrió las pequeñas puertas debajo del lavamanos y también el gabinete detrás del espejo, sus manos buscando desesperadamente por algo que le ayudara a soportar el dolor. Maldijo por lo bajo dando un golpe a la porcelana, Magnus de verdad había escondido todos los objetos afilados.
Volvió a la habitación y tomó su mochila. Solo traía su estela, pero no podía hacer nada con ella más que hacer runas. Miró el reloj. Eran las cinco de la mañana. Podía ir a hablar con Magnus, como el Brujo le había sugerido la noche anterior, pero su estomago se revolvió al pensar en el sueño que había tenido. Estaba tan cansado y confundido. Por qué su subconsciente le hacía eso? Él no quería besar a Magnus, o al menos intentaba convencerse de eso. Y aunque quisiera hacerlo, no podría. Un sin fin de imágenes horribles llegaron a su mente. Cualquier tipo de toque, ni que pensar un beso, lo hacía recordar todas esas terribles cosas y convertir la situación en una pesadilla.
Cerró los ojos con fuerza para no dejar escapar las lagrimas, recordando lo que su mente le había forzado a hacer en ese sueño. Cuantas veces lo habían forzado a hacer eso cuatro años atrás? Las lagrimas se escabulleron entre sus pestañas. Necesitaba salir. Tomó su ropa, se vistió rápidamente y acomodó lo mejor que pudo antes de colgarse la mochila al hombro. Garabateó una nota a Magnus y la dejó sobre la almohada, diciendo que lo habían llamado urgentemente del Instituto y que tenía que irse.
Salió de la habitación en silencio, sabía que siendo Cazador de Sombras podía escabullirse sin que el Brujo se diera cuenta. Llegó hasta la puerta y la abrió con cuidado, entonces sintió algo pegarse a su pantorrilla. Bajó la mirada y vio a Presidente Miau, restregándose suavemente contra él. Alec suspiró y se agachó para acariciar suavemente al gato antes de salir y cerrar la puerta, bajando los escalones de tres en tres. Al salir del edificio se acomodó la mochila sobre sus hombros y luego echó a correr. Si no tenía sus dagas, al menos podía intentar huir de sus recuerdos.
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Alec sigue negándose a abrirse... que opinan..? debió quedarse al menos hasta que Magnus despertara..? es frustrante que no quiera hablar..-.- esperemos que lo haga pronto.. muchas gracias por leer..!=D
