Capítulo 14
―Gracias, Riley.
Rosalie miró hacia arriba a Riley cuando le puso su nuevo manto forrado en piel alrededor de sus hombros. Él la guiñó un ojo y la atrajo hacia sí, protegiéndola de la gran vistosa multitud en las escaleras exteriores. Bajo la parpadeante luz de la lámpara, los extravagantemente vestidos miembros de la alta sociedad se empujaban con los vendedores ambulantes y mendigos. Sonaban gritos de lacayos, cocheros y vendedores de flores mientras la gente intentaba encontrar su camino fuera del cuerpo a cuerpo. Emmett ya se les había adelantado para llamar a su transporte.
— ¿Has disfrutado de la noche?
Rosalie dejó salir un feliz suspiro.
—Fue maravilloso. Siempre he querido ver y escuchar una de las óperas de Mozart. —Ella le cubrió la mano con la suya. —Y la cena estuvo deliciosa también, aunque la forma en que se supone que debemos comer con todas esas interrupciones está más allá de mí.
Emmett los saludó y se unieron a él en la acera. Rosalie se estremeció cuando un ligero viento agitó su nuevo corte de pelo. Emmett y madame Wallace la habían convencido para probar uno de los atrevidos estilos cortos que dejaban al descubierto su largo cuello y rasgos aparentemente agraciados. Todavía se sentía expuesta y un poco vergonzosa. A nivel individual Riley también había estado de acuerdo, insistiendo en que la hacía parecer más como un hombre y a él eso le gustaba.
Riley la condujo dentro del coche y la siguió. Emmett se unió a ellos mientras Riley aún seguía riéndose de ella.
—Rosalie quiere saber cómo diablos se suponía que debía comer su cena cuando toda esa gente quería conocerla.
—No estoy segura de por qué crees que eso es divertido, Riley, —replicó Rosalie. — ¡Tenía hambre!
—Todas esas personas estaban ansiosas por conocerte porque eres hermosa. —Emmett asintió con la cabeza a Riley. —Tu esposa ha arrasado en la alta sociedad.
—No seas ridículo, Emmett. Esas personas se detuvieron para hablar contigo o con Riley, no conmigo.
La sonrisa de Emmett fue lenta.
—Créeme, Riley y yo no somos tan populares generalmente. La conversación hacia nosotros fue simplemente una manera de ingeniarse para que te presentáramos.
Rosalie encorvó un hombro y se volvió para mirar por la ventana. Un nudo de ansiedad se formó en el estómago. Seguramente él estaba equivocado. ¿Por qué alguien se interesaría por ella? Se estremeció y jaló la capa más apretada en torno a sí misma. Quizás los cotilleos eran simplemente la desesperación por tener un buen vistazo de la mujer que Riley había abandonado en el campo durante tantos años, y que la mayoría de la gente creía que era un mito.
—No quiero ser el centro de la diversión.
Riley se rió entre dientes.
— ¿Por qué lo serías? Eres mi esposa y nosotros tenemos un antiguo apellido. ¿Por qué alguien se molestaría en ridiculizarte?
— ¿Porque nunca has permitido que yo venga a Londres antes y se me considera una rareza?
La sonrisa de Riley murió.
—Eso no es justo. Tú hiciste esa elección. Te pedí que me acompañaras muchas veces.
Rosalie se hundió en su rincón de nuevo. Riley estaba en lo cierto. Con el tiempo él había renunciado a invitarla, y ella nunca había abordado el tema de nuevo. Había sido más fácil esconderse y culpar a Riley por su falta de valor. Ella se mordió el labio.
—Rosalie, si estás cansada, no tienes que unirte a nosotros esta noche.
Cerró los ojos contra el gentil entendimiento en la voz de Emmett, luchó para convocar la necesaria chispa de la ira.
— ¿Ya no deseas compartir mi cama?
Emmett se movió hacia atrás en su asiento.
—Eso no es lo que dije.
—Es lo que quisiste decir, sin embargo, ¿no es cierto? Teniendo a Riley sólo para ti, evidentemente, te ha hecho arrepentirte de tu decisión de incluirme en los juegos de tu cama.
Riley la cogió del hombro y suavemente la sacudió.
—Gatita Rosalie, detente. Emmett tiene razón. Si estás demasiado asustada para compartir nuestra cama, entonces sólo dilo, no trates de crear un argumento de la nada.
El coche se detuvo y ella se sacudió lejos de su toque. Se arrojó por la puerta abierta, tropezó contra el pavimento y se torció el tobillo en la cuneta. Ignorando la silenciosa súplica de Emmett para que esperase, siguió su camino, la mirada fija en la abierta puerta principal, la escalera y, finalmente, el santuario de su dormitorio.
— ¿Está bien, milady?
Rosalie se aferró a su capa, sorprendida por la aparición de la criada zurciendo en las sombras del fuego.
—Estoy bien, Marie. Sólo un poco cansada. Ayúdame a quitarme este vestido y luego puedes irte. Voy a bañarme en la mañana.
Rosalie tragó saliva. La garganta le dolía con todas las lágrimas que se negaba a arrojar hasta que estuviera completamente sola. Afortunadamente, Marie no se quejaba a su alrededor. Pronto fue eficientemente despojada de sus ropas y metida en su cama. Su respiración se emparejó y trató de escuchar los sonidos de movimiento en la suite de Riley. ¿Ellos vendrían detrás de ella o la dejarían con sus temores?
Parpadeó unas pocas lágrimas calientes. Había permitido que su propia inquietud la gobernase de nuevo, igual que como había hecho cuando Emmett la tocó la primera vez. Retorció la fresca sábana de lino en sus dedos. ¿Era realmente tan cobarde? Emmett y Riley insistían en que la deseaban. ¿Tendría el coraje de salir de la cama y averiguarlo?
—Eso estuvo bien. —Riley hizo una mueca cuando Emmett se inclinó hacia delante para encender su cigarrillo. — ¿Qué demonios hice mal?
Se sentaron juntos frente a la chimenea en la suite de Riley, una botella de aguardiente y tres vasos en una bandeja de plata entre ellos.
—No creo que hayamos hecho nada malo. Ella simplemente se asustó, —dijo Emmett.
— ¿De nosotros?
—Obviamente.
Emmett se sirvió un gran vaso de brandy y se lo bebió de un solo trago. Volvió a llenar ambos vasos.
—Espero que sea lo suficientemente valiente como para venir a nuestro encuentro. Probablemente va a tratar de fingir que no pasó nada, y por una vez debes considerar no burlarte de ella y permitirle mantener su orgullo.
—No me burlo de ella.
Emmett inmovilizó a Riley con su más intimidante mirada.
—Sí, lo haces. Estoy sorprendido de que ella no te haya mandado al infierno todavía.
Riley se quitó el abrigo negro y lo arrojó sobre el respaldo de su silla.
—Ya te he dicho que éramos casi como hermanos, ¿no?
—Pero no esta noche.
Riley apretó la parte posterior de la silla, su expresión seria.
—No, no esta noche. —Sus dedos acariciaban el brocado de raso. —Espero que vuelva. Por primera vez, puedo verla como una mujer, más que como mi amiga. —Le sonrió a Emmett. —Gracias por darme eso.
Emmett se encogió de hombros.
—Si dijera que el placer fue enteramente mío, ¿me sacarías afuera?
La sonrisa de respuesta de Riley fue ligeramente torcida.
—Sólo si ambos decidieran que yo había pasado a ser irrelevante.
—Ahora hablas como Rosalie. Este acuerdo tenía por objetivo reunirlos, no empeorar la situación. Ten la seguridad, sigues siendo relevante para mí y estoy seguro de que eres lo mismo para Rosalie. Quiere tener un hijo. Quiere tu hijo.
—Y yo todavía quiero hacer esto por ella.
—Y yo también.
Se miraron el uno al otro durante un buen rato. Emmett cruzó el pequeño espacio entre ellos y besó a Riley ligeramente en los labios.
—Quiero disfrutar de los dos. Sé que es difícil para ti estar con una mujer, pero también sé que puedes desempeñarte perfectamente bien si lo deseas.
Riley mordió el labio inferior de Emmett.
—Has estado escuchando chismes otra vez, ¿no?
—De hecho lo hice. Si hubiera considerado la idea de que tocar a una mujer era imposible para ti, nunca habría accedido a compartir tu cama matrimonial en primer lugar.
—Puedo garantizarte que me desempeñaré mucho mejor si tú estás con nosotros.
Emmett profundizó el beso, una mano curvada alrededor del cuello de Riley para mantenerle quieto. Se acercó, dejando que su erecto pene rozase contra el de Riley. Cuando Riley se echó atrás, su respiración era brusca.
—Me alegro de que estamos de acuerdo entonces.
Emmett sonrió.
—Ahora sólo esperemos que Rosalie se dé cuenta de eso también.
Rosalie tomó una profunda y tranquilizadora respiración y abrió la puerta de la suite de Riley. Emmett y Riley estaban sentados junto al fuego, los pies extendidos hacia las llamas, los vasos de brandy en sus manos. Riley levantó la vista mientras se acercaba.
—Ah, ahí estás, gatita Rosalie. ¿Quieres un poco de coñac?
Se dio una palmadita en su rodilla mientras Emmett le servía una copita del líquido marrón oscuro. Aún consciente de su dignidad, Rosalie se encaramó hacia la rodilla extendida de Riley y obedientemente tomó un sorbo de su bebida. Riley y Emmett continuaron hablando como si ella no estuviera allí, y gradualmente se relajó hacia atrás sobre el hombro de Riley. Tal vez no habían notado que se había escapado después de todo. Le dio a Emmett una pequeña sonrisa y él la guiñó un ojo. Bueno, tal vez lo hubieran hecho, pero estaban, obviamente, haciendo todo lo posible para fingir lo contrario.
Se puso rígida cuando Riley tomó su brandy y lo puso sobre la mesa. Él ahuecó su rostro con ambas manos.
— ¿Todavía quieres hacer esto, Rosalie?
Ella le miró fijamente, juzgando la sinceridad en sus ojos castaños.
—Sí.
La besó en la frente, luego en la nariz y por último en su boca.
—Gracias a Dios.
Riley asintió con la cabeza a Emmett y Rosalie casi dejó de respirar. Emmett se dejó caer sobre sus rodillas en frente de la silla que ella y Riley ocupaban y la cogió la mano.
— ¿Puedo besarte, Rosalie?
Rosalie se lamió los labios secos. Riley amplió su postura y Emmet se movió más cerca entre las piernas extendidas de él. Sus labios rozaron los suyos en una delicada caricia y ella abrió la boca. Él murmuró su aprobación cuando su lengua flirteó con la de ella, sumergiéndola más y más en un erótico beso. Detrás de ella, los brazos de Riley se tensaron, sosteniéndola desde el hombro hasta la rodilla.
Se sentía rodeada de masculinidad. El olor embriagador de Emmtet se mezclaba con el olor más familiar de su marido. Se estremeció cuando Riley trabajó en la cinta de su bata y la abrió, dejándola sólo en camisón.
—Dios, Rosalie, eres tan bella. ¿No lo es, Riley?
—Sí.
Riley sonaba diferente, su habitual tono burlón sustituido por algo más profundo y más intenso. Volvió la cabeza para mirarle, vio el puro hambre sexual en sus ojos. ¿Era por ella, por Emmett o por ambos? Su cuerpo respondió con una pulsante calidez propia.
Emmett puso sus manos sobre sus rodillas y apretó.
—Quiero tocar tu sexo. Quiero que Riley me observe tocar tu sexo. ¿Me lo permites?
— ¿Estás seguro que Riley quiere ver eso?
Su voz temblaba y saltó cuando Riley respondió por sí mismo.
—Quiero ver su boca sobre ti, sus dedos deslizándose dentro de ti. Quiero ver cómo luzco cuando él trabaja conmigo.
Rosalie relajó sus piernas y le permitió a Emmett llevar la palma de su mano hasta el interior de sus muslos. Riley se quitó la camisa de dormir.
—Déjame sentarme más atrás en el asiento antes de que pierda el equilibrio tratando de ver.
Rosalie se desplazó hacia atrás en la silla, su trasero ubicado firmemente contra el calor y la dureza de la ingle de Riley, sus piernas ampliamente abiertas sobre sus muslos. Emmett le sonrió, la lujuria en su mirada templada por la dulzura del deseo puro.
Ella gimió cuando su lengua osciló sobre su hinchado brote y se retorció hacia atrás contra Riley, quien gruñó a cambio.
—Toca sus pechos, Riley.
Emmett volvió a lamer su clítoris, el dedo ya deslizándose por la resbaladiza humedad de su crema. Riley ahuecó sus pechos y luego colocó los pulgares sobre sus pezones. Observaba por encima del hombro de ella mientras Emmett la trabajaba, cronometrando sus caricias con los empujes de los dedos de Emmett.
El placer onduló a través de todo el cuerpo de Rosalie. Nunca podría haber imaginado que dos hombres serían capaces de enviarla instantáneamente dentro de semejante frenesí. Pero entonces, ¿ellos no habían estado preparándola para esto todo el día? Todas esas pequeñas caricias, la atención dada a sus pechos en lo de la modista, la pesada cubierta del brazo de Riley por encima de su hombro en el teatro. No se sentía como una adecuada dama en absoluto. Quería retorcerse y gritar y rogar que no se detuvieran.
Riley apretó sus pezones.
—Dios, Emmett, quiero ver más de los dos. Quítate algo de tu condenada ropa, hombre.
—Es una idea excelente, si Rosalie está de acuerdo.
Riley levantó a Rosalie fuera de su regazo y se puso de pie, su polla claramente visible a través de la ajustada tela de sus pantalones blancos. Rosalie se dio cuenta que la vista no la asustó en absoluto. Incluso miró hacia atrás a Emmett para ver si él también estaba excitado, admirándose de la semejanza de los dos hombres, se sonrojó ante su propio atrevimiento.
—Ayúdame a desvestirme, Rosalie.
Emmett la hizo señas, su sonrisa invitadora, y se volvió para ayudarla.
Detrás de ella, Riley se quitó el chaleco y la corbata y se sentó para quitarse los zapatos.
—Déjate tus pantalones puestos, Royce.
Rosalie miró hacia arriba a Emmett y se volvió para ver la reacción de Riley, con las manos congeladas en la cintura de sus pantalones.
— ¿Por qué?
Emmet sonrió.
—Porque quiero que sufras, por supuesto.
Rosalie tocó el brazo de Emmett.
—No me molesta si se desnuda, la verdad.
La tocó la mejilla.
—Me alegro de oírlo, pero esto es para beneficio de Riley, no tuyo. Me gusta hacerlo esperar. Tiene tendencia a ser tan impaciente.
—Maldito seas, Emmett.
Riley se quitó la camisa y luego cuidadosamente re-abotonó sus pantalones por encima de su tirante eje. Una mancha de humedad inmediatamente asomó a través del satén blanco. Hizo una reverencia y un gesto hacia la cama.
— ¿Podemos proceder ahora?
—De hecho podemos. —Emmett le dio a Rosalie su camisa y salió de su ropa interior. Se puso de pie y la tendió la mano. — ¿Rosalie?
Ella miró a su camisón. Sus pezones ya se veían a través de la fina tela. Cerró los ojos y se sacó el camisón por la cabeza.
Riley suspiró cuando Emmett la atrajo hacia la cama.
—Esto es muy injusto, ya sabes, ser la única persona a la que no se le permite estar desnudo.
Emmett acarició una mano hacia abajo de la espalda de Riley y ahuecó sus nalgas.
—Estarás desnudo pronto, te lo prometo. Pero quiero que juegues con Rosalie primero.
Ella subió a la cama después de Riley, quien deslizó un brazo alrededor de su cintura y la hizo rodar hacia su lado. La atrajo hacia sí hasta que ella entró en contacto con su pecho y su ingle. Sintió la caliente presión de su constreñida polla y se contorneó. Ella gimió, meciendo sus caderas contra él.
—No hagas eso, Rosalie, o voy a correrme en mi ropa interior y no he hecho eso durante años.
Emmett se ubicó en frente de ellos de costado, su pene ya erecto y húmedo.
—Eso es perfecto, Riley, sostenla contra ti justo así, mientras yo la hago correrse.
Rosalie tragó saliva cuando Emmett se la acercó de nuevo y besó el camino hacia abajo de su garganta. Riley llevó su brazo alrededor de su cintura, anclándola contra la parte inferior de su cuerpo. Suspiró cuando Emmett lamió su pezón y lo succionó dentro de su boca. Sus dedos jugando con su otro pecho mientras succionaba. La tensión se estremeció a través de ella haciéndola arquear su espalda y moverse con los cada vez más exigentes tirones de su boca sobre su delicada carne.
Riley se movía con ella, meciendo sus caderas en su contra, la húmeda presión de su oculta polla deslizándose entre sus nalgas y la parte baja de su espalda, encendiendo una erótica respuesta entre sus piernas. Él agarró su rodilla, la llevó hacia atrás de su cadera, abriéndola para Emmett y llevando su polla más cerca de su sexo.
Para anclarse a sí misma contra la avalancha de sensaciones, deslizó una mano hacia atrás y la envolvió alrededor del cuello de Riley, y la otra la ubicó en el cabello de Emmett. Una de las manos de Emmett se instaló entre sus piernas y se sumergió en la espesa humedad allí, frotando sobre su clítoris y luego hacia atrás sobre el restringido bulto de la polla de Riley en un círculo sin fin de provocación que tenía a Rosalie y a Riley gimiendo.
Riley la empujó hacia atrás incluso más cerca, la punta roma de su polla machacando contra su abierto núcleo como si tratara de entrar por la fuerza. Los dedos de Emmett trabajaban a ambos en un frenesí desesperado. Rosalie culminó en primer lugar, sus gritos amortiguados por Emmett, quien volvió a besarla en la boca mientras ella convulsionaba impotentemente entre él y Riley.
Mientras trataba de recuperar sus sentidos, oyó suplicar a Riley.
—Por favor, Emmett, déjame sacarme estos malditos pantalones y correrme.
Emmett miró a Rosalie.
— ¿Te gustaría ayudar a Riley con su polla?
Ella se las arregló para sentarse, centrando su mirada en Riley, que estaba de rodillas en la cama, con el rostro en una agonía de lujuria, sus pantalones estirados hasta el límite por su gran erección. Ella miró a Emmett.
— ¿Y tú qué vas a hacer mientras yo estoy haciendo eso?
—Observar y hacer el amor contigo al mismo tiempo. —Emmett acarició su propia polla y se situó detrás de Rosalie. — ¿Piensas que te gustaría eso?
— ¿Y a Riley?
—Sí, a mí sí. Sólo date prisa y hazlo antes de que explote.
Rosalie gateó hacia él y trabajó cuidadosamente sobre los botones de sus pantalones. Su aliento siseaba cada vez que sin querer rozaba su pene. Cuando logró liberarle, se sentó sobre sus rodillas.
—Maldita seas, Rosalie, has visto mi polla antes. ¿Por qué estás mirando tan concentrada?
—En realidad, nunca te he visto así. —Le tocó la hinchada punta. —Tu eje es más grueso que el de Emmett, pero tal vez no tan largo.
Se inclinó hacia delante y le dio una lamida tentativa. Él sabía a cuero y canela. Los músculos de su estómago se apretaron y él agarró un puñado de su cabello.
—Chúpalo, Rosalie. Comprueba cuanto mucho más grande que Emmett soy cuando me pruebas y me tomas en tu boca. —Sonaba ronco, y muy diferente de sí mismo. Rosalie consideró hacer otra pregunta. Como si adivinara sus intenciones, él aumentó la presión sobre su pelo.
―Chúpalo. Estoy seguro de que Emmett te ha dicho que me gusta duro y áspero.
Ella deslizó su boca durante las primeras tres o cuatro pulgadas, inhalando su aroma terroso, tolerando el insistente tirón en su pelo, la implícita demanda de que ella tome todo de él en este momento era tan inherente a Riley que casi le dieron ganas de reír. Incluso se acordó de relajar su garganta y respirar por la nariz, llevándolo aún más profundo.
—Cristo, eso es bueno, Rosalie, casi has tomado todo de mí.
Quiso sonreír pero no podía con la boca llena por la gruesa, palpitante carne masculina. Empezó a moverse, deslizando la polla hacia delante y atrás por su garganta. Él la animaba con cada estrangulado gemido y cruda demanda que hacía. Incluso si ella no entendía las palabras, comprendía que él estaba disfrutando de lo que le hacía.
Las manos de Emmett se apoyaron en sus caderas y la levantó hasta que quedó en cuatro patas, con los brazos y las manos haciendo equilibrio sobre las piernas de Riley.
―No hemos terminado aún, Rosalie. Voy a besar a Riley y luego voy a deslizar mi polla dentro de ti.
Emmett se arrodilló y Riley abruptamente dejó de hablar. Cuando Emmett le dio un beso su polla se sacudió y se hinchó dentro de la boca de Rosalie, haciéndola atragantarse. Permaneció quieta cuando la cabeza de la polla de Emmett rozó sus nalgas y luego se deslizó dentro de ella, obligándola a inclinarse hacia adelante, haciendo que ella tome todo de Riley.
Emmett comenzó con superficiales empujes, y Rosalie simplemente dejó que su cuerpo y su boca se movieran con él. El agarre de Riley en su cabello se volvió más frenético, sus caderas se sacudían mientras él luchaba contra su clímax. Emmett acarició el clítoris de Rosalie, uniéndose al abrumador ritmo que la enviaba a una tierra donde la sensación gobernaba y lo único que importaba era el próximo empuje de la polla de Emmett, la impactante plenitud de Riley en su boca y el golpe de carne sobre carne.
Llegó a su clímax, las sensaciones rasgaron a través suyo como una tormenta, su cuerpo retorciéndose entre los dos hombres que se corrían dentro de ella, llenándola con su semilla, completándola. Abrió la boca, jadeó para respirar cuando Emmett se dejó caer sobre ella, hundiendo el rostro en el hombro de Riley.
―Eso fue un excelente comienzo.
Rosalie gimió cuando Emmett salió de ella. Riley estaba a su lado. Besó a Rosalie y luego a Emmett.
―Estoy de acuerdo, ―dijo Riley. ― ¿Qué sigue?
Emmett le sonrió a Rosalie, y a pesar de sus recientes actividades su cuerpo respondió a la lujuriosa promesa en sus ojos azules. Ella le devolvió la sonrisa.
―Bueno, si Riley tiene la intención de crear un niño, ¿seguro que tiene que cambiar de lugar contigo?
―Es una idea espléndida, Rosalie. Y él ni siquiera tiene que moverse demasiado. ―Emmett tocó el hombro de Royce. ―Quédate sobre tu lado y lleva la espalda de Rosalie contra ti.
Riley cumplió y Rosalie se encontró presionada contra la longitud muscular de su cuerpo, de pies a cabeza, sus brazos alrededor de su cintura.
―Ahora lleva su pierna derecha hacia atrás por encima de tu cadera. Mmm... Eso es bueno. Puedo veros a los dos muy bien. ―Emmett dio golpecitos al clítoris de Rosalie y jaló la polla de Riley entre sus nalgas. Se agachó, su boca los trabajó a ambos hasta que Royce estuvo totalmente erecto otra vez.
Riley lanzó un gemido.
―Quiero follarla.
―Entonces, adelante. ―Rosalie se estremeció cuando Emmett ayudó a Riley a deslizarse en su interior. No sintió dolor, su canal ya estaba húmedo y abierto después de hacer el amor con Emmett.
Emmett yacía sobre su costado y estudiaba el sexo de Rosalie. La polla de Riley estaba incrustada en su interior, sus labios hinchados y extendidos alrededor de su grueso eje palpitante, su clítoris tan rígido como la erección de cualquier hombre. Ella no parecía tener miedo en lo más mínimo y, como Emmett había sospechado, Riley demostró ser muy susceptible a sus instrucciones directas.
Emmett suspiró, apreciando el delicioso contraste de sus amantes. Dios, se veían hermosos juntos. El pelo corto de Rosalie caía en apretados rizos alrededor de su cara en forma de corazón, el cuerpo más grande de Riley enmarcándola y rodeándola, su pulposa boca medio abierta mientras gemía de placer.
―Tan apretada, gatita Rosalie, tan jodidamente apretada.
Riley empezó a empujar, una mano apretando la cadera de Rosalie, llevándola con fuerza hacia atrás contra él con cada golpe. Cada vez que ella se acercaba a su cara, Emmett lamía su clítoris, haciéndola retorcerse sobre Riley. Se estremeció cuando sintió la mano de Royce cerrarse sobre su muslo.
―Rosalie, toma la polla de Emmett en tu boca.
El pene de Emmett se hinchó cuando Rosalie se acomodó a sí misma hacia una posición más complaciente. Trató de no empujar demasiado duro, recordando que ella era nueva en esto y que necesitaba que el placer fuera todo suyo. Continuó jugando con su clítoris mientras ella le atraía más profundo hasta que creció aún más en su garganta y se olvidó de ser gentil. Olvidando acerca de tratarla cuidadosamente, simplemente le folló la boca tanto como pudo.
Riley soltó un gruñido, sus movimientos rápidos, estampando a Rosalie contra la polla de Emmett.
―Me voy a correr.
Emmett redobló sus esfuerzos en el sexo de Rosalie, sintiéndola tensarse, a punto de gritar cuando ella llegó a su clímax y le mordió el eje, lo que le obligó a correrse también.
Cuando Emmett finalmente abrió los ojos, Riley le sonreía y Rosalie aparentemente estaba dormida, aplastada felizmente entre ellos.
―Creo que ha salido bien, Sr. Hale.
Emmett le devolvió la sonrisa.
―Creo que sí, Lord Beecham.
―Tal vez mañana por la noche demostremos que puede ser aún mejor.
La sonrisa de Emmett vaciló al contemplar lo que el mañana podía deparar. Sostuvo la mirada de Riley.
―Dios, eso espero.
