Desanimada por bajar caminó hacia su serpiente. Una mano la detuvo, y al instante escuchó:
- ¿Puedes acompañarme? – le preguntó seguro de sus palabras.
Esa voz era de Luffy, su cabeza giró hacia el pelinegro automáticamente, y su corazón se expandió en un respiro.
Si no fuera porque era precisamente Luffy el que sostenía su mano, ella se hubiera desmayado.
La pelinegra asintió delicadamente, ya que presintió que su voz no saldría.
Todos lo que estaban cerca miraron la escena, y los que ya estaban con los pies en la tierra, desearon poder estirar su cuello para ver qué sucedía en cubierta.
Cuando todos terminaron de bajar, ya no querían irse del lugar, la mayoría quería saber que pasaría después.
Pero al final decidieron irse, porque decidieron que necesitarían privacidad.
xxxxx- En la cubierta-xxxxxxxx
El color de sus ojos, alcanzaban un celeste claro bajo el sol. Provocando que la pelinegra arrugara su bello rostro, frente a los agresivos rayos solares.
- Entremos- le dijo Luffy.
Todavía sin soltarla de la mano, y conduciéndola hacia el interior del barco.
Mientras caminaban, la mente del pelinegro iba a toda velocidad. No porque tuviera la mano de Hancock, al contrario esto solo le daba más seguridad y ánimos. En estos momentos, parecía que el barco no era el mejor lugar para hablar con ella, pues no encontraba ninguna habitación apropiada para esto.
Por otro lado, Hancock no estaba mejor, su corazón tenía su propia carrera, básicamente, su ritmo aumentaba a medida que pasaban los segundos. Su mente recordaba todas las cosas vividas con Luffy hasta ahora y no podía para de observar con ojos risueños: la mano del moreno unida con la de ella.
La emoción la sobrecogía, y es que también recordó lo que había dicho Luffy en el muelle.
-Ay! Luffy~ -dijo para sí misma con ojos de estrellitas.
El nombrado se detuvo, como si hubiera realmente hubiera escuchado su llamado.
Haciendo que la princesa serpiente se paralizara pensando en que de verdad la había oído, incapaz de ocultar su rostro con ambas manos, dirigió su vista al suelo.
-Aquí está bien- dijo mientras le soltaba de la mano y se sentaba en sala de estar. La cual tenía como paredes un acuario inmenso y estaba amueblada con un gran living.
Ella lo imitó sentándose a su lado en ese gran sillón.
- Hancock – llamó con voz alta. Haciendo sobresaltar a la pelinegra y qué sus miradas se encontraran.
La pelinegra esquivó aquellos ojos castaños que la miraban con tanta honestidad e intentaba mantenerse firme frente al capitán. Estar a solas con él, le hacía entender que no estaba lista para declarar sus sentimientos, ni ahora ni nunca, pues solo es sus fantasías ella estaba segura que él la quería también y podía dar rienda suelta sus emociones.
No podía soportarlo, estar ahí tan cerca de él, la llenaba de esperanzas y la llenaba de pánico. Porque sabía que después debía afrontar la realidad, seguramente Luffy le pediría algo importante u cualquier cosa, menos matrimonio, así mismo se preguntaba internamente si alguna vez, Luffy la llegaría a querer. Y se atormentaba con la respuesta.
No podía imaginar una negativa de su amado pirata, y esto la destrozaba por dentro. Su mente no proyectaba un escenario sin él, y su moreno rostro iluminando todo a su paso con su sonrisa.
Lo quería tanto, que la sola idea de pensar que nunca navegarían los mares de la mano, le partía el corazón, de repente, las palabras de la vieja nyon vinieron a su cabeza, ella había contraído alguna enfermedad, de otra forma era imposible explicar que su mente no concebía un pensamiento sin Luffy.
Quería desaparecer de allí.
Estar en cualquier lugar con Luffy, le parecía romántico y como estaban a solas, la atmósfera tentaba demasiado su imaginación.
Empuño su mano contra su pecho y aspiró hondo, sintió una angustia tan grande, que se apretó su garganta y supo que debía arrancarse antes de que sus lágrimas aumentaran, se rebalsaran, y se deslizaran por sus mejillas.
Se paró ignorando la llamada anterior y caminó hacia la puerta.
El pelinegro se sorprendió, ante la reacción de la pelinegra. Ella jamás le había rehuido una mirada y ahora la veía marcharse.
¿Le había dicho algo malo? (ni el mismo recordaba que no había dicho nadaxd) ¿tal vez se sintió mal? Se preguntaba así mismo el moreno, mientras hacía un esfuerzo sobre humano, para recordar lo que había hablado con su hermano. Uno de los consejos era ser prudente y delicado.
-No te vayas tengo algo importante que decirte- le dijo con sinceridad mientras se paraba para ir tras ella.
Aquellas palabras fueron más que suficiente para retener a la princesa serpiente.
- tú me gustas – declaró lleno de alegría.
La figura frente a él, empezó a temblar. Y aunque solo veía su espalda, notó como sus hombros subían y bajaban dando pequeños tiritones.
-Hancock- llamó esta vez alarmado. No entendía que pasaba, así que caminó hasta ella e hizo lo único que sabía hacer cuando la veía preocupada.
Sin embargo, cuando intentó coger sus manos, se dio cuenta que no podría.
La emperatriz tenía una mano sobre su boca, lo que hacía incomprensible sus sollozos, y a la vez observaba a figura unos milímetros más baja que ella con los ojos llenos de lágrimas.
Cuando él hizo ademán de retirar su mano, ella la apartó de su rostro y las estrechó contra las del moreno.
- Luffy, tú también me gustas – respondió con una hilo de voz sin que sus lágrimas dejaran de caer.
- Hancock - susurró feliz y se abalanzó sobre ella para amarrarla en un fuerte abrazo.
- Me gustas! Me gustas! Me gustas- repetía en su oído con plena alegría, alborotando el cuerpo de ella, con cada palabra.
No se dio cuenta cuando había dejado de temblar ni lo cerca que tenía al moreno de sí misma, hasta que sintió el cuerpo cálido del capitán apretado al de ella.
A sus oídos llegaba a escuchar la respiración del moreno y cómo este inhalaba mucho aire para decirle cuanto la quería.
La capitana de las kujas estaba tan feliz, que sentía que podía morir, sus sensaciones eran tan enormes, que sentía que estaba soñando.
Él moreno, aflojó el abrazó, desconcertándola por unos segundos.
A continuación, todo pasó en cámara lenta frente a sus ojos.
El nieto de Garp, se separó un poco, lo suficiente para fijar su objetivo, cerró sus ojos y se acercó, sin miedo a equivocarse pues la distancia era pequeñísima.
Unió sus labios con los de la princesa en un beso efímero, pues tan pronto como presionó sus labios, los retiró y estrechó el abrazo de nuevo con una sonrisa gigante entre sus reestrenados labios. Fue apenas un pequeño contacto entre sus labios, que para la pelinegra significó un corto circuito en su organismo. Al momento de abrazarla, el moreno ignoraba que había paralizado a la emperatriz con ese tímido beso de principiante. Y sin quererlo con el impulso del abrazo la había empujado al piso. Antes de que se estrellaran, hizo gala de su fuerza para sostener a la emperatriz y su propio peso con un brazo.
Evitando así la caída y dejándola con delicadeza sobre la alfombra.
El rostro de la pelinegra cambió a rojo cuando notó que tenía a Luffy encima suyo. Él se limitó a sonreír y se acercó peligrosamente.
Podía ver como se contraía el cuerpo bajo suyo, la respiración de ella se volvió pesada y sus pechos se elevaban y descendían al compás de esta.
Su largo y brillante cabello, se dispersaba alrededor de su cabeza, su rostro era iluminado por sus claros y hermosos ojos y sus mejillas adornadas con un tono rosado opaco.
Bajó su mirada hasta sus labios, y supo que quería hacerlo de nuevo.
Sí, quería besarla y….
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N/A:
Lamento demorarme, entrar a clases y coger el ritmo, toma tiempo. Les pido disculpa.
Esto ni siquiera alcanza para la primera parte, así que me esforzaré en la segunda.
Es solo que no quiero que se fastidien con la espera u.u, de verdad me esmeré en escribir, me costó más de lo que pensaba, ¿qué tal quedó? Cualquier opinión es válida c;
