EL VIAJE DE CANUTO

Capitulo 14: Discusiones

Por Okashira Janet

Sirius despertó y abrió sus enormes y somnolientos ojos grises, descuidadamente movió la cola de un lado a otro y le pegó en la mejilla a Ron quien murmuró algo entre sueños y ladeó la cara al otro lado. Con energía se paró en sus cuatro patas y miró alrededor, Harry dormía con aspecto un tanto perturbado a un lado, ¿tendría otra de sus pesadillas?, colocó ambas patas sobre su rostro y lanzó un pequeño ladrido.

—¿Sirius? —Harry entreabrió los ojos y el perro negro lo movió de un lado a otro—. Quita… —Alargando la mano el joven buscó sus gafas y se las puso como pudo sobre el puente de la nariz—. ¿Qué hora es?

—Las siete de la mañana. —Sirius deshizo la transformación y quedo sentado a horcajadas sobre su amigo quien se lo quito de encima de mala manera.

—¿Por qué has despertado tan temprano? —Harry se puso de pie y Sirius lo imitó.

—No he parado de pensar en la fotografía que me dio Dumbledore. —El joven Black sacó la imagen de entre su camisa—. Siento que significa algo.

—Igual que todo lo demás. —Harry se frotó un ojo por debajo de las gafas.

—Algo que tiene que ver con mi hermano.

—¿Con Regulus?

—¿Lo ves?, —Sirius le señaló a su hermano en una esquina de la foto—, siento que significa algo.

—Podría ser… —Harry observó con tanta fijeza la foto que Sirius tuvo que quitársela.

—¿Por qué no vamos a revisar su cuarto?, Hermione durmió ahí las navidades pasadas, pero igual encontramos algo.

—De acuerdo. —Harry asintió y lo siguió por las escaleras, no creía que fueran a encontrar algo realmente importante, pero no quería quedarse quieto con tantas preocupaciones y pensamientos dando vueltas dentro de su mente. Justo frente a la puerta del hermano menor de Sirius había una leyenda que los dos ojearon sin mucho interés.

No Pasar

Sin el Permiso Expreso de

Regulus Arcturus Black

—Mi hermano era un tanto especialito. —Sirius se encogió de hombros y giró la cerradura, la puerta cedió y ambos encontraron el cuarto tan bien aseado y acomodado como lo había dejado Hermione mientras había vivido ahí, la única nota discordante es que todo estaba lleno de polvo—. Me pregunto sí… —Sirius iba a seguir hablando, pero al girar un poco la mirada vio que Harry se inclinaba hacía delante con la mirada ligeramente desenfocada.

—Es RAB.

—¿Qué? —Sin entender Sirius arqueó ambas cejas.

—¡Tu hermano es RAB!, Regulus Arcturus Black.

—Sí, supongo, son sus iniciales… —La voz de Sirius se le perdió en la garganta, RAB eran las iniciales que se habían encontrado en el falso medallón, Harry se los había mostrado.

—¡Eso quiere decir…! —Los ojos de Harry se iluminaron con algo muy parecido a la locura y Sirius estuvo casi seguro que su rostro describió el mismo sentimiento antes de que la puerta se abriera abruptamente y Hermione entrara luciendo asustada.

—¡Oh!, —en cuanto los vio se llevo una mano al pecho—, ¡Ron los he encontrado!

—¡Diles que son unos idiotas! —La voz de Ron llegó desde la planta baja.

—No se vayan así. —Hermione colocó ambas manos en su cintura—. Cuando despertamos y no los vimos…

—¡RAB es Regulus! —Sirius la interrumpió—. ¡El medallón debe estar aquí!

—¿Qué? —Hermione pareció genuinamente aturdida cuando Harry y Sirius empezaron a contarle la teoría, pero luego pasó a estar tan encantada como ellos, situación que no duró mucho pues cuando llegó Ron tanto ella como Sirius recordaron que durante Navidad había hecho una limpieza ardua y extrema y no había encontrado ninguna clase de medallón.

—¡Pero puede estar en cualquier parte de la casa! —Hermione anunció con brios.

—En cualquier parte. —Sirius y Ron murmuraron desalentados, pero entonces la mirada del Black se encendió.

—¡Kreacher!

—¿Kreacher? —Harry lo miró extrañado, pero antes de que Sirius pudiera explicarse el feo elfo se apareció frente a ellos.

—¿Me llamo amo? —Kreacher tenía la mirada torva de siempre y murmuró por lo bajo acerca de la presencia de todos e incluso tuvo tiempo de quejarse de Sirius, sin embargo el joven no le prestó atención.

—Kreacher, quiero que me traigas el medallón que tenía Regulus.

—¿Para que quiere el amo algo como eso? —Por primera vez desde que lo conocían pudieron ver que los ojos del elfo se abrían con espanto.

—Sólo tráelo. —Sirius rodó los ojos y el elfo desapareció.

—¿De verdad Kreacher sabe dónde esta el medallón? —Ron preguntó con disimulo—. Pues vaya que nos habríamos ahorrado problemas.

—Mi hermano solía tratarlo bien. —Sirius se cruzó de brazos—. Era como su perro fiel o algo así.

—¡Él sólo le tenía aprecio! —Hermione chilló y antes de que pudiera empezar una férrea defensa sobre los elfos domésticos Kreacher regresó, en sus huesudas manos sostenía un medallón, casi ovillado contra su pecho.

—Muy bien Kreacher, dámelo. —Sirius extendió la mano.

—¿Pa-para que lo quiere el amo?

—¡Sólo dámelo! —Sirius frunció el ceño y Kreacher no tuvo de otra que extender las manos y depositar el medallón en la mano de Sirius, al hacerlo gruesos lagrimones escaparon de sus redondos ojos.

—¿Y ahora que te pasa? —Sirius cerró automáticamente los dedos en torno al medallón, usualmente veía a Kreacher quejarse, no llorar de esa manera, sin embargo la pregunta pareció ser el detonante para que el elfo se dejara caer contra el suelo azotando la cabeza de manera violenta.

—¡Que dirá el amo Regulus!, ¡no pude cumplir sus ordenes!

—¡Haz que pare, haz que pare! —Hermione gimoteó, Harry intentó contener al elfo entre sus brazos y Sirius miró de un lado a otro conmocionado.

—¡Kreacher, Kreacher, para! —El elfo no pudo evitar obedecer, su fea nariz goteaba aún las lágrimas derramadas—. ¿Cuáles eran las órdenes de mi hermano? —El elfo se retrajo sobre si mismo, pero Sirius lo tomó de los hombros y lo sacudió—. ¡Te ordeno que me lo digas!

—Sirius. —Hermione lo miró ceñuda, pero esta vez el joven Black no le prestó atención.

—El Amo Sirius huyó… —Kreacher rompió a hablar mirando de mala manera a Sirius que aún lo tenía sujeto por los hombros.

—Eso lo sabemos, no entres en detalles. —Sirius arqueó una ceja.

—Pero el Amo Régulus tenía sentido del orden; él sabía lo que significaba el apellido Black y la dignidad de su sangre pura. Durante años habló del Señor Oscuro, que iba a sacar a los magos de su vida oculta para dominar a los Muggles y los nacidos de Muggles… y cuando tuvo dieciséis años el Amo Régulus se unió al Señor Oscuro. Tan orgulloso, tan orgulloso, tan feliz de servir… y un día, un año después de haberse unido, el Amo Régulus bajó a la cocina para ver a Kreacher. Al Amo Régulus siempre le gustó Kreacher. Y el Amo Régulus dijo… él dijo… —El viejo elfo se estremeció entre las manos de Sirius.

—¿Qué dijo mi hermano? —La voz de Sirius fue firme, Harry no pudo evitar estremecerse ante la manera en cómo había pronunciado la palabra hermano había un lazo ahí que estaba en tensión.

—Él dijo que el Señor Oscuro necesitaba un elfo. —Kreacher miró al suelo y sorbió los mocos—. Y el Amo Régulus había ofrecido a Kreacher como voluntario. Era un honor, dijo el Amo Régulus, un honor para él y para Kreacher, quien debía hacer todo lo que el Señor Oscuro le ordenara… y entonces ve-venir a casa. —Hubo silencio mientras Kreacher empezaba a sollozar.

—¿Luego que sucedió? —Hermione sintió un escalofrío, todos estaban de pie a excepción de Sirius que se había colocado en cuclillas para estar a la altura de Kreacher, y parecía que en esos momentos para el joven Black sólo existía el elfo, incluso su voz se había vuelto ronca y profunda.

—Kreacher fue al Señor Oscuro. El Señor Oscuro no le dijo a Kreacher qué iban a hacer pero se llevó a Kreacher consigo a una cueva junto al mar. Y más allá de la cueva había una caverna, y en la caverna había un gran lago negro… había un bote… —Todos se estremecieron, aquella era la misma historia que les había contado Harry, él también había ido a ese lugar, sólo que acompañado por Dumbledore—. Había una pila llena de poción en la isla. El S-Señor Oscuro hizo que Kreacher la bebiera… —El elfo tembló de pies a cabeza—. Kreacher bebió, y mientras bebía sintió una cosa horrible… las entrañas de Kreacher ardían… Kreacher lloró porque el Amo Régulus lo salvara, gritó por la Señora Black, pero el Señor Oscuro tan sólo reía… Hizo que Kreacher bebiera toda la poción… Dejó caer el medallón dentro de la pila vacía… La llenó con más poción. Y entonces el Señor Oscuro zarpó de nuevo, abandonando a Kreacher en la isla… —El elfo volvió a sollozar, los ojos grises de Sirius frente a él parecían rocas de tan duros—. Kreacher necesitaba agua, se arrastró hasta el borde de la isla y bebió del lago negro… y manos, manos muertas, salieron del agua y arrastraron a Kreacher bajo la superficie…

—¿Cómo huiste? —Harry susurró, en sus manos sudadas pegadas al pantalón podía apreciarse que estaba reviviendo su propia pesadilla.

—El Amo Régulus le había dicho a Kreacher que volviera. —El elfo contestó con simpleza, sus ojos estaban inyectados de sangre por las lágrimas—. La mayor ley para un elfo es hacer lo que le pida su Amo, a Kreacher le dijeron que volviera a casa y Kreacher volvió a casa…

—¿Qué dijo Regulus cuando volviste? —Sirius lo miró hondamente, quizás el elfo vio en aquellos ojos a su antiguo amo porque se estremeció volviendo a llorar.

—El Amo Régulus estaba muy preocupado, muy preocupado, le dijo a Kreacher que permaneciera en la cocina y que no abandonara la casa. Y entonces… fue muy poco tiempo después… el Amo Régulus vino a buscar a Kreacher a su alacena una noche y el Amo Régulus estaba extraño, no como era siempre, con la mente intranquila, Kreacher lo podía decir… y le pidió a Kreacher que lo llevara a la cueva a la que Kreacher había ido con el Señor Oscuro… —Los dedos de Sirius se crisparon sobre los viejos hombros del elfo, Hermione se abrazó a si misma al notarlo y Harry entreabrió los labios dándose cuenta de que realmente no podía decir nada.

—¿Ustedes fueron a la cueva? —La voz de Sirius parecía un ahogado rugido, el elfo asintió—¿Y te hizo beber el veneno? —Kreacher sacudió la cabeza en señal negativa y lloró. Las manos de Hermione fueron a su boca, como si hubiera entendido algo, los brazos de Sirius temblaron.

—El Amo Régulus sacó de su bolsillo un medallón igual al del Señor Oscuro y le dijo a Kreacher que lo cogiera y cuando la pila estuviera vacía, cambiar los medallones… —Los sollozos de Kreacher subieron en intensidad, Sirius lo veía con una fijeza tal que parecía que lo haría arder de un momento a otro con el puro fuego de su mirada—. Y le ordenó a Kreacher que se marchara… sin él. —Hubo un espantoso silencio en el que los ojos de Sirius se volvieron cera derretida y Harry miró con horror que era porque se le estaban atorando las lágrimas sin derramar—. Y le dijo a Kreacher, —el elfo siguió hablando entre sollozos—, que fuera a casa… y nunca le contara a mi Señora… qué había hecho, pero debía destruir el primer medallón. Y él se bebió… toda la poción… y Kreacher intercambió los medallones… y miró… como el Amo Régulus… era arrastrado bajo el agua… y… —Kreacher se detuvo jadeando, sus enormes y acuosos ojos hicieron contacto con los de Sirius y ambos reconocieron en el otro un profundo y agudo dolor nacido de perder al hombre que había sido Amo y hermano, por mucho que Sirius lo hubiera rechazado en el pasado.

—Y traje el medallón a casa. —Kreacher sorbió los mocos con valentía, aunque las rabiosas lágrimas pugnaban por escapar de los ojos de Sirius las había mantenido a raya, sólo sus brazos exageradamente tensos daban idea de su caos mental—. Pero nada de lo que hizo Kreacher pudo destruirlo ni le dejó una sola marca, Kreacher lo intentó todo, todo lo que sabia, pero nada, nada funcionó… tantos hechizos poderosos en la cubierta, Kreacher estaba seguro de que la manera de destruirla era entrando dentro, pero no se abría… Kreacher se castigó a si mismo, lo intentó de nuevo, se castigó, lo intentó de nuevo. Kreacher fracasó al obedecer órdenes, ¡Kreacher no pudo destruir el medallón! Y su señora estaba loca de pena, porque el Amo Régulus había desaparecido y Kreacher no podía decir lo que había pasado, no, porque el Amo Régulus le había p-p-prohibido contarle a la fa-familia lo que había ocurrido en la cu-cueva… —Kreacher empezó a llorar tan fuerte que ya no hubo más palabras coherentes. Harry y Ron lo miraban con pena, Hermione lloraba libremente, Sirius aún lo tenía sujeto firmemente por los hombros, mirándolo fijamente a los ojos, como si repentinamente se diera cuenta de que no era solamente un sirviente, como recapacitando en que ellos dos eran los únicos que quedaban de una época que hasta hacía muy poco había sido su realidad.

—Deja de llorar. —Su voz fue rasposa, Hermione no pudo evitar girar hacía él asombrada—. Voy a destruir el medallón por ti y habrás cumplido la promesa a Regulus. —Jadeante Kreacher entreabrió los labios y luego, casi torpemente asintió con la cabeza.

—Si Amo Sirius. —Era la primera vez que no había sarcasmos ni murmullos deshonestos en aquella simple frase. Sirius apretó el medallón en su mano, soltó al elfo, dio media vuelta y se fue. Hermione vio su espalda alejarse en dirección a las escaleras y le pareció que nunca antes había habido tanto peso sobre esos jóvenes hombros, pero también, nunca antes le había parecido tan apuesto.

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Harry miró por la ventana del recibidor, afuera había un hombre que miraba insistentemente hacía Grimmauld Place número 12, era un Mortifago, estaba seguro, ya iban varios días en que había hombres merodeando afuera.

—¿De nuevo nos espían colega? —Ron se colocó a su lado y pegó su hombro al suyo mirando afuera. Habían pasado dos días desde que Sirius le había prometido a Kreacher que destruiría el medallón, luego de eso habían pasado un par de cosas, Sirius había estado meditabundo y sin hablarle a nadie un día entero, a la mañana siguiente había bajado muy contento pidiendo de almorzar como si nada, en cuanto a Kreacher, realmente parecía que el elfo estaba dispuesto a servirle a su Amo, incluso había pasado de insultar a los demás.

Pero en cuanto a cumplir la promesa de destruir el medallón no parecía que las cosas fueran tan fáciles, Hermione, Ron, Harry y Sirius habían intentado todos los hechizos que se sabían e incluso habían incendiado y quemado un par de cosas en el proceso, pero de que le hacían daño nada.

Cada que veían que sus esfuerzos eran inútiles Sirius colocaba con frustración el medallón en un cofre que había sido de Regulus y se olvidaban de él hasta el día siguiente.

—Saben… —Sirius suspiró y tanto Ron como Harry dieron un salto, pues no lo habían escuchado llegar—. Alguien va a tener que comprar comida si queremos sobrevivir.

—Comer y entregarnos a los mortifagos o sucumbir de hambre en tu casa, difícil elección. —Ron se rascó la barbilla como meditando.

—Alguien podría ir en la capa de invisibilidad de Harry. —Hermione que venía entrando al recibidor con el libro de cuentos que le había dejado Dumbledore opinó sin ver a nadie en realidad.

—Buena idea. —Harry giró hacía ella y lo mismo hicieron los otros dos.

—Pero tú no vas. —Los tres hombres hablaron en coro y ella rodó los ojos, no estaba muy segura de la razón, pero últimamente los tres se pasaban de sobreprotectores con ella, lo cual era del todo risible porque, ¿para que se mentían solos?, de no ser por ella los tres habrían muerto hacía mucho tiempo.

—Bien, me quedare en casa como una buena esposa a hacer galletas. —Enfadada se cruzó de brazos y sólo Harry fue consciente de que las mejillas de Ron y de Sirius se sonrojaron ante aquel pensamiento.

—Podríamos… —Ron iba a decir algo, pero en ese momento la puerta principal se abrió y los cuatro sintieron como si algo helado subiera por su cuerpo hasta apretar su corazón. El hechizo protector se activó y una voz calmada dio respuesta.

—No fui yo quien te asesinó, Albus. —Sin esperar más tiempo los cuatro jóvenes corrieron con las varitas preparadas, Harry liderando la fila.

—¡No se mueva! —Aunque la voz le salió autoritaria su mano estaba temblando un poco, para colmo el retrato de la Señora Black inició su retahíla de gritos:

—¡Sangres sucia, inmundos deshonrando mi casa!

—¡Alto al fuego, soy yo, Remus!

—¿Remus? —Sonriendo Sirius bajó la varita y dio un paso adelante, pero Harry lo sostuvo por la muñeca.

—¡Déjate ver! —Lupin se movió hacia la luz de las lámparas, con sus manos aún sobre la cabeza en un gesto de sumisión.

—Soy Remus Lupin, hombre lobo, algunas veces conocido como Lunático, uno de los cuatro creadores del mapa de los merodeadores, casado con Nymphadora, también llamada Tonks, y te enseñe como conjurar un Patronus Harry, el cual toma la forma de un ciervo.

—Está bien, —dijo Harry bajando su varita—, pero tenía que verificar, ¿no es cierto? —Sirius se soltó de su agarre mientras Hermione corría las cortinas del retrato de la señora Black.

—Pero es que yo sabía que era él, —Sirius señaló su nariz—, lo he olido. —Remus negó con la cabeza ante aquella declaración, estaba envuelto en una simple capa negra, se veía cansado pero feliz de verlos.

—¿No hay señales de Severus?

—Ninguna. —Sirius contestó con presteza.

—¿Qué está sucediendo?, ¿están todos bien? —Harry continuó rápidamente el interrogatorio.

—Si, —Lupin suspiró—, pero estamos siendo observados. Hay un par de Mortífagos esperando aquí fuera.

—Lo sabemos. —Hermione se abrazó a si misma luciendo incomoda.

—Tuve que aparecerme precisamente en el primer escalón fuera de la puerta principal para estar seguro de que no pudieran verme. No pueden saber que están aquí o estoy seguro que habría más gente fuera; se están colocando en todos los sitios que tienen alguna relación contigo Harry. Vayamos abajo, hay mucho qué decir y quiero saber que pasó después de que dejaron La Madriguera. —Remus se frotó las manos, los chicos asintieron y todos descendieron hasta la cocina, donde Hermione apuntó su varita hacia la estufa, encendiendo un fuego instantáneamente, dando una sensación cálida a las paredes y brillando sobre la mesa. Lupin sacó unas cervezas de mantequilla de entre su capa y todos se sentaron.

—Habría llegado tres días antes pero antes necesitaba deshacerme del Mortífago que me estaba siguiendo.

—Eso suena tan extraño. —Sirius abrió la primer cerveza y empinó su contenido.

—¿Qué pasó después de la boda? —Ron tomó una cerveza y jugó con ella entre sus manos, a pesar de que les habían comunicado que se encontraban bien era lógico que aún estuviera preocupado por su familia.

—Bueno, Kingsley nos salvó, —Lupin se encogió de hombros—, gracias a su advertencia la mayoría de los invitados pudieron desaparecer antes de que llegaran.

—¿Eran Mortífagos o gente del ministerio? —Hermione preguntó dudosa.

—Una mezcla de ambos, de todos modos ahora son la misma cosa, —Lupin aguantó un desolado suspiro—, había por lo menos una docena de ellos, pero no sabían que estabas ahí, Harry. Arthur escuchó un rumor de que trataron de obtener tu paradero de Scrimgeour antes de matarlo, si esto es cierto, él no te traicionó. —Sirius sintió que todos tenían el mismo rostro estupefacto que tenía él en esos instantes, incluso se sintió mal de haberlo enfrentado en su último encuentro.

—Los Mortífagos registraron La Madriguera de arriba abajo, —continuó Lupin—, encontraron el Ghoul, pero no quisieron acercarse demasiado y nos interrogaron durante horas. Estaban tratando de obtener información sobre Harry, pero desde luego nadie aparte de los de la Orden sabían que habías estado aquí. Al mismo tiempo que estaban destrozando la boda, otros Mortífagos forzaban la entrada de toda casa relacionada con la Orden en el país.

—¿Alguien…? —Hermione llevó una mano en forma de puño hacía su boca, instintivamente Sirius le puso una mano sobre el hombro.

—Sin muertes, —Remus negó intuyendo la pregunta—. Quemaron la casa de Dedalus Diggle, pero como saben el no estaba ahí y usaron la maldición Cruciatus en la familia de Tonks, de nuevo tratando de averiguar dónde habías ido después de tu visita, todos están bien, perturbados, pero bien. —A Sirius no le parecía que en otros tiempos pudieran hablar del Cruciatus como si fuera cualquier cosa, pero ahora que estaban en tiempos de guerra todo era diferente.

—¿Los Mortífagos pudieron pasar a través de todos esos hechizos protectores? —Harry preguntó con la cabeza ligeramente inclinada hacía delante, era obvio que se estaba culpando de todo lo que había ocurrido.

—Lo que tienes que entender Harry, es que los Mortífagos tienen todo el poder del

Ministerio de su lado ahora, —Lupin suspiró—, tienen el poder de efectuar hechizos brutales sin temer a un arresto. Pudieron traspasar cualquier defensa que habíamos conjurado en su contra y una vez dentro dejaban en claro el por qué habían venido.

—¿Y se han molestado a dar una excusa de por qué torturan gente para conocer el paradero de Harry? —Hermione preguntó con acidez y lentamente Sirius soltó su hombro a veces olvidaba que aquella chica era completamente capaz de cuidarse sola.

—Bueno, —Lupin se frotó la frente luciendo cansado y un tanto temeroso, lentamente sacó una copia de El Profeta—, lo sabrás tarde o temprano de cualquier manera, este es el pretexto para ir tras de ti. —Harry desdobló el periódico y el resto se colocó tras él para leer. Una gran fotografía del chico de gafas ocupaba la primera plana, el titulo enunciaba:

BUSCADO PARA INTERROGATORIO SOBRE LA MUERTE DE

ALBUS DUMBLEDORE.

Ron y Hermione dieron unos gritos de desaprobación, Sirius se pasó una mano por el cabello.

—Bueno, por lo menos te tomaron desde un buen ángulo.

—Idiota. —Harry murmuró entre dientes soltando el periódico, pero no pudo evitar sentir un ramalazo de agradecimiento hacía aquel joven que volvía divertidas incluso las peores escenas.

—¿Así que los Mortífagos también han tomado el control del Profeta? —Hermione colocó ambas manos sobre su cadera, furiosa. Sirius la miró de reojo volviendo a sentirse atraído por la manera en la que peleaba sus principios. Remus asintió y sacudió la cabeza.

—Todo ha sido minimizado, la versión oficial del asesinato de Scrimgeour es que renunció; ha sido reemplazado por Pius Thicknesse, quien está bajo la maldición Imperio. Naturalmente mucha gente se ha dado cuenta de lo que sucedió; ha habido cambios muy dramáticos en las leyes en los últimos días, y muchos sospechan que Voldemort debe estar detrás de todo eso. Pero ese es el punto, solo sospechan. No se atreven a confiar en nadie, pues es difícil saber en quien confiar; no se atreven a hablar, en caso de que sus sospechas sean ciertas y sus familias sean señaladas. Si, Voldemort es un jugador muy astuto, al permanecer oculto ha creado confusión, desconfianza y miedo.

—¿A que te refieres con cambios en las leyes? —Sirius apoyó la cadera contra la mesa y arqueó inconscientemente una ceja, Ron lo miró con humor, incluso en situaciones como esas seguía actuando como un chulo.

—En el Ministerio han comenzado movilizaciones en contra de los magos con padres muggles. —Remus señaló el Profeta—. Mira la pagina dos. —Hermione dio vuelta a las páginas, tuvo que apartar de un manotazo a Ron y a Sirius que insistían en respirar contra su oreja.

—"Registro de los Nacidos Muggles", —leyó en voz alta—, "el ministerio de magia está llevando a cabo una serie de pruebas para conocer cómo los magos de padres muggles llegaron a poseer magia. Recientes investigaciones del departamento de misterios revelan que la magia solo puede ser transmitida de persona a persona cuando los magos se reproducen. Cuando no existen antepasados mágicos, entonces, los llamados Nacidos Muggles, se podría presumir que adquirieron poderes mágicos por la fuerza o por el robo. El ministerio está determinado a finalizar con esa usurpación de poder mágico, y para este fin ha invitado a todos los Nacidos de Muggles a presentarse para una entrevista con la recién creada Comisión para el registro de los Nacidos Muggles."

—La gente no dejará que esto pase. —Ron se echó hacía atrás enérgicamente.

—Está sucediendo, Ron, —Remus los miró con tristeza—, los nacidos Muggles están siendo cercados mientras hablamos.

—¿Pero como se supone que se "robaron" la magia?, —Ron observó alrededor ceñudo—, eso carece de sentido, si pudieras robarte la magia entonces no habría squibs.

—Lo sé, —Remus se encogió de hombros—, pero al menos que puedas probar que tienes por lo menos un pariente cercano que sea mago, ahora eres sospechoso de haber obtenido la magia ilegalmente y debes sufrir un castigo. —Por un espantoso momento los cuatro adolescentes se miraron estupefactos, pero luego Ron saltó.

—¿Qué tal si los sangre pura y sangre mestiza juran que un Nacido Muggle es parte de su familia?, yo les diré a todos que Hermione es mi prima. —Al instante las mejillas de la joven se colorearon y abrió la boca como para decir algo, pero Sirius se adelantó.

—¡No!, será mi prima, además ella no es pelirroja y todos saben que los Weasley…

—¡Pues tampoco tiene los ojos grises!

—¡Tiene más madera de Black!

—¡Pues…! —Ron frunció de manera exagerada las cejas, con fastidio Hermione puso una mano en la cara de cada joven.

—Mientras estemos con Harry Potter, la persona más buscada en el país, no creo que importe si soy o no sangre limpia. —Harry frente a ella se encogió de hombros como pidiendo perdón por su desesperante fama—. ¿Cuáles son los planes de Voldemort para Hogwarts? —Preguntó a Remus.

—La inscripción es ahora un asunto muy estricto para cada joven mago o bruja, eso fue anunciado ayer. Es un cambio porque nunca antes había sido obligatorio. Desde luego casi todo mago o bruja en Gran Bretaña ha sido educado en Hogwarts, pero sus padres tenían el derecho de educarle en casa o enviarlo al colegio si así lo deseaban. De esta manera, Voldemort tendrá a toda la población mágica bajo su mirada desde jóvenes. Y es también una manera de separar a los nacidos muggles, porque a los estudiantes se les debe asignar un nivel de sangre, es decir, que han probado ante el ministerio que son de ascendencia mágica antes de ser aceptados en la escuela.

—Es... es... —Harry murmuró con los brazos tensos, apretando la madera de la mesa, Sirius lo observó con fijeza, lo que estaba ocurriendo iba más allá de atrapar a Harry Potter, era algo que conmocionaba al mundo.

—Lo sé. —Remus lo observó comprensivo, luego dudó un momento y soltó un suspiro—Entenderé si no puedes confirmar esto Harry, pero la orden tiene la impresión de que Dumbledore te dejó una misión.

—Lo hizo, —Harry asintió mirando a su antiguo maestro a sus ojos—, Sirius, Ron y Hermione están conmigo en ella y van a acompañarme.

—¿Pueden contarme cuál es la misión? —Remus giró la mirada hacía Sirius, el joven se sintió desnudo frente a él, recordó cuando ambos eran jovencitos de la misma edad, la primera vez que había visto a Remus convertido en hombre lobo, la emoción de salir juntos en noches de luna llena, la camaradería que a pesar de todo estaba ahí, aquel lazo eterno de aventuras y amistad que los unía.

—No podemos Remus, lo siento. —Pero Harry contestó, al parecer dándose cuenta de la difícil decisión que caía sobre Sirius—. Si Dumbledore no te lo dijo, yo no creo poder.

—Pensé que dirías eso, —Lupin sonrió melancólico, mostrándose decepcionado—. Pero aún puedo ser útil. —Giró esta vez un poco más animado hacía Sirius—. Saben lo que soy y lo que puedo hacer, podría acompañarlos para protegerlos. No habría necesidad de decirme que es lo que van a hacer.

—¡Eso sería genial! —Sirius sonrió mostrando su blanca y deslumbrante dentadura—. ¡Como en los viejos tiempos!, ¡los merodeadores! —Remus le sonrió aliviado de ver su aceptación. Harry parecía pensárselo seriamente, pero Hermione, en cambio, parecía confundida.

—Pero, ¿qué hay acerca de Tonks? —Al instante todos los hombres giraron hacía ella, Sirius recordó aquel día cuando había hecho de padrino para su boda.

—¿Qué pasa con ella? —Lupin contestó rápidamente.

—Bueno… —Hermione dudó, pero luego se recompuso— ¡estás casado!, ¿cómo se siente ella de que te vayas con nosotros? —Ambos se vieron a los ojos y Hermione recordó aquella Navidad cuando el hombre lobo había dormido al lado de ella, maravillado por el calor que le ofrecía la amistad, no podía imaginar que abandonara el calor de una esposa que por fin había conseguido por algo tan riesgoso como hacer de niñero de ellos.

—Tonks estará perfectamente a salvo, —Remus habló con frialdad—, estará en la casa de sus padres.

—¿Tonks? —Sirius soltó una carcajada—. ¡No creo que ella se este quieta en un momento así! —Y es que por lo poco que había tenido contacto con ella era la misma chiquilla que corría tras él cuando eran niños peleándole los juguetes.

—Debe estarlo. —Otra vez Remus habló con frialdad.

—¿Y eso por qué? —Sirius lo vio con humor, los demás sólo observaron como dialogaban, Sirius era el único que podía hablarle de esa manera porque había sido su amigo de andanzas en el pasado.

—Eso es porque… —Remus pareció casi forzado a decir algo desagradable—. Ella va a tener un bebé.

—¡Qué maravilla! —Hermione gritó ilusionada.

—¡Excelente! —Dijo Ron entusiasmado.

—¡Felicidades! —Harry sonrió sinceramente.

—¡Oh compañero!, —Sirius se dirigió hasta él y le palmeó la espalda—, cambiar pañales, ¿de verdad te has metido en esto? —Sin embargo todo su rostro resplandecía, ¡Remus iba a tener un bebé!, ¡él!, ¡el hombre lobo que ni siquiera había intentado echarse novia durante el instituto!, Remus en cambio parecía un bloque de hielo y fue obvio que fingió una sonrisa.

—Entonces... ¿aceptan mi propuesta?, ¿nos convertiremos en cinco?, no puedo creer que Dumbledore desaprobara esto, él me contrató como su maestro de defensa contra las artes oscuras después de todo. Y debo decir que creo que enfrentaremos magia que ninguno de nosotros ha encontrado o imaginado antes.

—¡Eso que ni lo digas! —Sirius volvió a palmearle la espalda aún animado por la noticia del bebé—. El peligro esta a la vuelta de la esquina. —Remus empezaba a relajar los hombros cuando la voz de Harry se dejo oír, firme y un poco seca.

—Solo para estar seguros, ¿quieres dejar a Tonks en casa de sus padres para venir con nosotros?

—Ella estará perfectamente a salvo ahí, ellos la cuidaran. —Remus contestó con un tono algo indiferente.

—Si Harry. —Animado Sirius se encogió de hombros—. Mi primita es fuerte, no necesita ayuda extra.

—Además Harry, —Remus miró al chico de gafas con amabilidad—, estoy seguro de que James habría querido que me quedara contigo.

—Bueno, —dijo Harry despacio—, yo no.

—¿Qué estas diciendo? —Sirius soltó a Remus y se encaró con Harry francamente desorientado.

—Estoy seguro de que mi padre habría querido saber por qué no te quedas con tu propio hijo. —Pero Harry lo ignoró y volvió a dirigirse a Remus quien se había puesto pálido.

—No lo entiendes. —Remus farfulló.

—Explícalo entonces. —Harry lo miró de tal manera que Sirius sintió como si fuera la primera vez que lo veía en realidad. Lupin suspiró.

—Cometí un gran error al casarme con Tonks, lo hice en contra de mi criterio y me he arrepentido cada día desde entonces.

—Entiendo, —Los ojos verdes de Harry, esos que no eran los de James observaron al hombre lobo con crudeza—, ¿así que solo vas a abandonarla a ella y al bebé y huir con nosotros?

—¡Repite eso! —Sirius no fue consciente de que había mostrado los colmillos, como en los tiempos de Hogwarts cuando alguien osaba meterse con sus amigos, podría ser que Harry fuera su amigo, pero Remus simplemente era Remus.

—Es lo que esta haciendo. —Harry había empezado a respirar agitadamente, como si reprimiera la cólera, Lupin se puso de pie, su silla cayó hacia atrás, su mirada estaba tan furiosa que el reflejo del lobo estaba patente en su cara humana.

—¿No entiendes lo que les he hecho a mi esposa y a mi hijo aun no nacido?, ¡los he convertido en unos relegados!, nunca debí haberme casado. —Remus pateó la silla que había derribado y Sirius giró hacía él sintiendo inmediatamente la tristeza que siempre embargaba a todos cuando pensaban en la triste vida de su amigo licántropo—. Ustedes solo me han visto en la Orden o bajo la protección de Dumbledore en Hogwarts, ¡no tienen idea de cómo ve el resto del mundo a las criaturas como yo, ¡cuando saben lo que me sucede apenas y pueden hablarme!, ¿no ven lo que he hecho?, hasta su familia está disgustada por nuestro matrimonio ¿Qué padres querrían que su única hija se casara con un hombre lobo?, Y el bebé, el bebé... —Remus se sujetó los cabellos con sus manos, al instante Sirius se colocó a un lado de él luciendo angustiado.

—Lunático… —Susurró bajito, pero Remus no lo escuchó.

—¡Mi raza rara vez procrea!, ¡será como yo! estoy convencido, ¿como puedo perdonarme de haber arriesgado pasar mi condición a un niño inocente? Y si, por un milagro no es como yo ¿no estará mejor, cien veces mejor, sin un padre del que siempre tenga que estar avergonzado?

—¡Remus!, —susurró Hermione con lagrimas en los ojos—. No digas eso ¿que hijo podría estar avergonzado de ti?

—Lunático… —Sirius volvió a susurrar y rozó con la nariz la mejilla de su cansado y viejo amigo, casi como la caricia desconsolada de un perro. Sin embargo la voz de Harry volvió a hacerse presente.

—No lo sé Hermione, —todos giraron a verlo, las esmeraldas en su cara parecían llamas—, yo estaría bastante avergonzado de él.

—¡Bastardo! —Sirius gruñó y la rabia afloró a él con tal fuerza que Hermione se echó hacía atrás con los ojos enormemente abiertos.

—¡Es la verdad y lo sabes!, —Harry señaló hacía Sirius y Remus, el hombre lobo lucía como si lo hubieran golpeado—, si el nuevo régimen piensa que los Nacidos Muggles son malos, ¿qué le harán a un medio hombre lobo cuyo padre está en la Orden? Mi padre murió protegiéndonos a mi madre y a mí ¿y tú crees que te diría que abandonaras a tu esposa e hijo para ir con nosotros?

—¡Basta! —Hermione agitó las manos, pero fue como si nadie la hubiera escuchado.

—¡Nunca habría creído esto!, —pero Harry continuó implacable—, ¡el hombre que me enseñó a pelear contra los Dementores, un cobarde!

—¡Maldito! —Antes de que pudieran reaccionar Sirius se echó hacía Harry con el puño por delante, Hermione gritó, Remus respiró hondo con la cara congestionada de ira y salió por la puerta.

—¡Remus!, —Hermione dio un paso hacía la salida—¡Vuelve! —Pero ya sus pasos se alejaban por la puerta principal—. ¡Basta, ustedes dos! —Pero Sirius estaba cegado y Harry dejaba aflorar meses de frustración y miedo. Ambos habían caído al suelo y no paraban de darse con el puño en dónde pudieran.

—¡¿Cómo te atreves?! —Sirius respiraba con dificultad—. ¡Es mi amigo, nuestro amigo!

—¡Y estaba planeando huir y entregarse a la muerte! —Harry contestó rabioso.

—¡Quería enfrentar el peligro por su hijo!, —Sirius le enterró la rodilla en el estomago, Harry se dobló de dolor—, ¡se supone que nosotros somos los únicos que podemos detener esta guerra!, ¡¿que ganaría estando en casa con su hijo?!

—¡Vivir con él, amarlo! —Harry dio media vuelta y se sentó a horcajadas sobre el Black, su puño se estrelló contra su mejilla, pero Sirius alcanzó a darle en la cara mandando a volar las gafas—. ¡No dejar a su chico huérfano enfrentarse solo contra la vida!

—¡Ya basta, ambos, paren! —Hermione chilló asustada, Ron sujetó a Harry por la cintura y jaló de él para quitárselo de encima a Sirius, pero ambos jóvenes siguieron aventando patadas furiosas.

—¡Yo crecí con padres que era mejor no haber tenido!, —de la frente de Sirius corría sangre—, ¡hubiera preferido mil veces saber que mi padre peleó para lograr mi libertad en lugar de quedarse asustado conmigo en casa!

—¡Y yo hubiera sido feliz si por lo menos me quedara el recuerdo de mi padre tomándome en brazos! —La rabia de Harry se confundió con las lágrimas.

—¡Pues felicidades!, —Sirius rugió, Hermione lo sujetó del brazo mientras Ron seguía arrastrando a Harry—, ¡tu padre, mi mejor amigo murió porque tu vivieras!, tal vez se entregó por completo al peligro, pero lo hizo porque amaba a su hijo, te amaba a ti. ¡Tú, el idiota que ha llamado cobarde a Remus!

—¡Sirius! —Hermione lo sacudió, pero parecía que entre Harry y él no había sólo dos metros de distancia, se miraban a los ojos con tanto rencor como si fueran enemigos declarados.

—¡No sabes nada de él, no sabes lo que ha sufrido, no sabes lo que ha pasado!, ¡no lo conoces ni un poco!

—¡Sirius! —Hermione ya lloraba desconsoladamente para esos momentos—. ¡Por favor!

—¡Los padres no deberían dejar a los hijos a menos que tengan que irse! —Harry gritó, pero su cuerpo perdió fuerza, sus brazos dejaron de mostrar resistencia ante el agarre de Ron—. Ellos no deberían… —Sirius lo miró con un odio que no era consecuente con las palabras que había dicho, entonces Hermione lo entendió, Sirius no podía entender a Harry, Sirius había vivido sin una familia que lo apoyara, había crecido amando el peligro que lo hacía sentir vivo y protegiendo a los pocos que amaba poniendo su propia vida en el filo, pero Harry estaba pensando en el bebé, se veía reflejado en el niño que crecería sin un padre que lo amara y lo llevara a montar en la escoba, estaban viendo aquello desde los ojos de su propio corazón y por eso les dolía tanto.

—¡Suéltame! —Sirius se zafó violentamente de su agarre, Hermione lo soltó asustada y herida, él le lanzó una mirada feroz que en realidad no era para ella y subió de dos en dos las escaleras que lo llevaban a su habitación. La estancia quedo fría y gris.

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—¿Qué te ha pasado en la cara?

—¿Qué le importa?

—Oh bueno, no es común que un descendiente de nuestra antiquísima y prestigiada casa Black.

—Me caí. —Sirius escondió el rostro entre las manos, ¡se veía espantoso!, ni siquiera en la ocasión dónde Remus se había pasado de loco y los había atropellado en su forma de hombre-lobo había terminado tan magullado. No quería verse en el espejo, tenía un ojo morado, el labio reventado y un feo hematoma en la frente, eso sin contar el montón de raspones en el resto de su cuerpo.

—Ya en mis tiempos las caídas con puños por delante eran comunes. —Phineas Nigellus sonrió con suficiencia desde el marco de su cuadro.

—¿Puede callarse? —Sirius gruñó, nunca le había caído bien ese retrato, Regulus podía pasar horas conversando con él, pero sinceramente era un arrogante (como todos en su familia)—. ¿Por qué no se va a pasear a su retrato en Hogwarts?

—Hogwarts permanece cerrado por vacaciones muchacho inculto. —Phineas rodó los ojos—. ¿Realmente eres de mi estirpe?

—Y yo que sé. —Sirius se cruzó de brazos con tan mal tino que volvió a lastimarse el brazo herido—. ¡Outch!

—¿Con quien has peleado? —El antiguo director susurró con un tono fraternal y comprensivo.

—Con alguien. —Esquivo Sirius agarró aire y volvió a pegar la espalda contra la pared, estaba sentado en el recibidor, todo el día había sorteado a Hermione y a Harry, en cuanto a Ron parecía que el pelirrojo lo esquivaba por su propia cuenta.

—¿Con algún enemigo quizás?

—No. —Sirius se enfadó ante la pregunta, recordar que Harry en realidad era su amigo lo enervaba más, en el pasado nunca había tenido necesidad de irse a los golpes con James, de hecho al único que atormentaba físicamente era a Peter y eso sólo a veces, ¿por qué con Harry se habían calentado tanto las cosas?

—¿Algún mal amigo?

—Es un amigo. —Sirius lo cortó con sequedad y luego lo miró de reojo—. ¿Y por qué parece tan interesado?

—¡Oh, por nada! —Phineas vio discretamente las uñas de sus manos.

—Viejo metiche. —Sirius gruñó por lo bajo y Phineas se hizo el indignado.

—Por eso tu hermano era mucho más agradable, ¡ciertamente tienes poco de la sangre Black!, no entiendo como es que te has vuelto diminuto de nuevo, por lo menos…

—Oh vamos, cállese. —Sirius hundió el magullado rostro contra las rodillas, le dolía a base de bien incluso respirar porque la nariz estaba un tanto frágil.

—Creo que alguien viene. —Phineas arqueó ambas cejas—. Siento la madera vibrar.

—Me largo. —Sirius se puso de pie y Phineas agitó un pañuelo de tela en el aire, el joven Black salió del salón y ladeó el rostro hacía la pared cuando vio que Hermione venía subiendo las escaleras.

—¡Sirius! —Ella intentó alcanzarlo, pero él se metió en una habitación y azotó la puerta para cerrarla. Hermione se quedo afuera sintiéndose herida y tonta nuevamente, ¡era increíble hasta donde llegaba el orgullo de los hombres!, Harry tampoco quería hablar con nadie y se la había pasado encerrado en su habitación como una mula. Solo Ron parecía accesible.

"Ya pasara, a veces las peleas son necesarias", eso seguramente lo decía porqué él se había peleado con Harry un par de veces, ni siquiera quería recordar aquel tonto episodio durante el torneo de los tres magos cuando Ron se había empecinado en enojarse con su amigo a causa de su popularidad.

De hecho siempre que Ron se molestaba con Harry era porque le tenía envidia, sinceramente Hermione no lo entendía, ¿cómo podía envidiar una popularidad que lo ponía frente a frente contra el mago más tenebroso de todos los tiempos?

En cambio la razón por la que Sirius y Harry se habían molestado era mucho más compleja y dado que era una razón más importante parecía poco probable que pudieran contentarse tan fácilmente.

Si cerraba los ojos aún podía ver la expresión en el rostro de Sirius, realmente él debía amar a Remus como se ama a los mejores amigos, lo había visto en la profundidad de sus ojos que en aquel momento semejaban plata derretida. ¿Los querría Sirius de la misma manera como había querido a los Merodeadores en el pasado?

—No lo creo. —Se contestó a sí misma y suspirando avanzó hasta la biblioteca de la mansión. Al principio cuando habían llegado al número 12 de Grimmauld Place nadie quería separarse y se la pasaban cerca los unos de los otros, pero últimamente todo se había relajado, peor aún, con la pelea entre Harry y Sirius el ambiente se había enrarecido.

Estaba segura de que ese par de tontos sanarían más rápido de sus heridas si ella los trataba con sus pociones y ungüentos, pero ambos estaban empecinados en portarse fríamente también con ella, ¿qué tenían los hombres por enredar a las mujeres en su mal humor?

Frustrada se dejo caer en el polvoroso sillón en medio de la sala con un libro entre las piernas "La pureza de la sangre", la mayoría de los libros de la casa Black tenían contenido por el estilo, Hermione había terminado sabiendo de memoria una línea de antepasados que de seguro ni el mismo Sirius conocía. Cuando no leía volúmenes de la biblioteca de la familia Black se la pasaba leyendo el libro de cuentos que le había dejado el profesor Dumbledore, pero hasta ahora no había logrado obtener nada de valor.

¿Esperaba realmente su antiguo director que ella descubriera algo de ese pequeño libro?, si así era estaba resultando una misión cercana a lo imposible, se sentía completamente carente de pistas. Ya había contado el número de letras renglón por renglón buscando algún código numérico, había leído la primer letra de cada palabra intentando formar algo, pero nada, lo había leído al revés, había leído una palabra sí y otra no, pero parecía que todo era en vano.

¡Y para empeorar aún más las cosas no tenían ni idea de cómo destruir el medallón!, Hermione había leído de principio a fin "Hechizos poderosos y sus catastróficas consecuencias", pero ni aún con el encantamiento más fuerte había logrado hacerle cosquillas al Horcruxe, realmente debía admitir que Voldemort era un mago que hacía una magia extraordinaria. Por otro lado, Kreacher, que casi siempre veía sus esfuerzos por destruir el medallón continuamente les indicaba que debían abrirlo, ¿pero quien aparte de su dueño podría hacer algo como eso?

—¿Hermione? —Escuchó la voz de Ron por el pasillo, pero en lugar de indicarle donde estaba se ovilló aún más en el sillón. No entendía porqué, pero no quería estar cerca de Ron, por lo menos no de momento. Tal deseo era extraordinario, porque en primer lugar Ron nunca antes se había mostrado tan solicito y atento como en los últimos días. Quizás era eso, aún no le perdonaba el noviazgo con Lavander, o tal vez es que quería desquitar su frustración, si Harry y Sirius la ignoraban y hasta huían de ella se lo haría pagar a Ron, era infantil claro y no iba con ella así que no le quedo de otra más que soltar un suspiro.

—Madura Herm. —Y acto seguido se asomó por la puerta—. ¿Ron? —Pero ya el pelirrojo no estaba, ¿a dónde se habría ido?, por un momento pensó en regresar a la comodidad del sillón y del libro que estaba leyendo en su robado momento de paz, pero finalmente le ganó la responsabilidad y el peso de culpa por haber intentado escaquearse de Ron cuando él era el único que la trataba amablemente.

—¿Ron? —Se puso el libro bajo el brazo y echó a andar por el pasillo, aunque Kreacher había mejorado muchísimo sus maneras y formas desde que Sirius había hablado con él aún había partes de la enorme casa que se mantenían sumidas en el polvo, era lógico, el pobre elfo no podía con todo.

—¡Ron! —Que raro, cuando había escuchado que el pelirrojo le hablaba no había creído que se encontraba tan lejos—. ¡Ro…! —El nombre de su amigo se le perdió en el aire, pues sin querer se enredó en la alfombra (que alguien había dejado mal plisada sobre el suelo) y soltó un chillido de terror al darse cuenta que caería por el hueco de las escalera. Por un estupido momento su instinto literario le provocó pegar el grueso volumen de "La pureza de la sangre" contra su pecho, pero al darse cuenta qué "el libro o la vida" decidió que la genealogía de los Black bien podría perderse en el olvido así que soltó el pesado manuscrito que se deshojó mientras caía en el vacío.

Por su parte se agarró desesperadamente al barandal mientras su cuerpo seguía girando, volvió a soltar un chillido cuando sus pies se vieron sin apoyo y quedo colgando del barandal, debido a la rapidez de su mente aún tuvo tiempo de maldecir a quien hubiera hecho una arquitectura tan poco agraciada de las escaleras, pedir perdón por sus pecados en dado caso de que cayera y muriera y más aún, le dio tiempo de burlarse de si misma por una muerte tan poco heroica y nada agraciada.

—¡Hermione!

—¡Mione! —Para su sorpresa dos gritos de hombre hicieron juego con dos manos que la halaron de los brazos hacía arriba como si fuera una pluma.

—¿Qué diablos? —Harry estaba ahí luciendo desencajado, la sujetó de los hombros mientras Sirius la palpaba nerviosamente como buscando un hueso roto, Hermione enrojeció de vergüenza y lo apartó.

—¡No soy un chico para que me estés tocando! —Pero fue como si ninguno de los dos la oyera, Sirius la sujetó bruscamente y la pegó contra su pecho.

—¡Me asuste tanto!

—¡Pensé que había entrado un Mortifago! —Harry estaba blanco como el papel—. Que te había atacado.

—¡Yo pensé que había entrado Voldy! —Sirius agitó la cabeza de un lado a otro.

—¡Yo creí que por fin habían encontrado una manera de entrar! —Harry siguió exclamando y Sirius haciéndole segunda y entre "yo creí" y "yo pensé" Hermione estuvo segura de que el joven Black acabaría asfixiándola.

—Pues bien, lamento haberme tropezado con la alfombra. —Mosqueada se soltó del abrazo de Sirius, quien simplemente la observó estupefacto unos segundos, Hermione estaba segura de que se burlaría aparatosamente de su torpeza, pero en lugar de eso se encogió sobre si mismo tapándose el rostro.

—¡No me mires, estoy espantoso! —Al mismo tiempo Harry llevo una mano a su nariz inflamada y se coloreó hasta las orejas.

—Eso les pasa por ponerse en plan de cavernícolas. —Hermione frunció el ceño y en eso Ron gritó desde la planta baja.

—¡¿Todo bien?!

—¡Todo bien Ron! —Hermione hizo altavoz con las manos, aunque por dentro rodó los ojos, todo bien, sólo que había estado a punto de morir por salir a buscarlo—. Ustedes dos vienen conmigo. —Se giró hacía ellos ceñuda sabedora de que les sería más fácil seguir con la reconciliación si se unían en un plan común, aunque ese plan fuera quejarse de ella.

Los tres bajaron las escaleras sin mediar palabra y luego Hermione les llenó la cara de una poción grumosa y espumosa con ayuda de Kreacher, como se lo suponía no paso mucho tiempo antes de que los dos empezaran a quejarse de que fuera tan autoritaria y que la poción olía mal y que quemaba y que ¡Ay Hermione!, realmente los hombres tenían unos cambios curiosos, podían pasar de adultos a niños en una sorprendente fracción de tiempo.

Ron se la pasó viéndolos y burlándose, Hermione compartió más de una sonrisa malvada con él. Mientras veía como Harry y Sirius se quitaban aquel pote de la cara, Sirius echándole agua en la cara y Harry contestando la ofensiva, pensó que decididamente su relación había cambiado con Sirius en medio. Incluso la manera en la que veía a todos en su pequeño grupito se había visto alterada.

—¡Ayúdame Ron, hundámoslo en el lavabo!

—¡Hecho! —Sirius era picante y divertido, quizás era eso, Harry siempre había sido serio y bien portado (su fama de meterse en problemas no era culpa suya a fin de cuentas), Ron era más bien tímido, de esos que se ríen mucho en las sombras, pero Sirius era diferente, le gustaba que lo notaran y sabía como ser encantador.

—¿Quiere la amiga del Amo tarta de manzana? —Kreacher se colocó junto a ella, pero ella negó con una mano y bondadosamente le hizo la seña de que iba a salir, tras de ella dejo a tres hombres mojándose con el agua del grifo.

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El primer día de Septiembre Sirius se apareció en el primer escalón de Grimmauld Place bien cubierto por la capa de invisibilidad, bajo el brazo llevaba una copia de El Profeta, una caja de gomitas que le había pedido Ron e ingredientes para la cena que prepararía Kreacher. Afuera había más Mortifagos que de costumbre y de hecho se veían realmente animados.

En cuanto entró a la casa tuvo que soportar el hecho de que se le enrollara la lengua y que Dumbledore se le fuera encima chillando, por muchas veces que tuviera que pasar por encima de ese embrujo no acababa de acostumbrarse.

—¿Trajiste las gomitas? —Ron asomó la roja cabeza por el final del pasillo, el cabello le había crecido tanto que dentro de poco tendría la misma cabellera de Charlie.

—Traje algo más que las gomitas y no les va a gustar nada. —Sirius se quitó la capa, lucía molesto.

—¿No encontraste las papas que te pidió Kreacher? —Harry apareció un poco más atrás, también él tenía el cabello considerablemente largo.

—Esto es peor que quedarnos sin puré para la cena. —Los tres muchachos caminaron hacía la cocina donde Hermione estaba inclinada contra la mesa, al parecer leyendo algún recetario.

—¿Sucede algo? —Sirius intentó no distraerse mucho en la manera en la que un elaborado rizo le había caído sobre el rostro.

—Esto sucede. —Acto seguido dejo caer de mala gana el periódico contra la mesa. El titular principal resaltó al instante

SEVERUS SNAPE HA SIDO CONFIRMADO COMO DIRECTOR DE

HOGWARTS

—¡No! —Ron y Hermione jadearon, Harry solo atinó a ponerse lívido.

—Todo el mundo hablaba de esto en el supermercado. —Sirius se cruzó de brazos apretando los dientes—. Me he cabreado tanto que casi me descubro.

—Severus Snape, —Hermione empezó a leer—, profesor de Pociones en Hogwarts, la escuela de magia, fue designado hoy como el nuevo director y es uno de los más importantes cambios de personal en la antigua escuela. Después de la dimisión de la profesora de Estudios Muggle, Alecto Carrow tomará el puesto mientras su hermano, Amycus, llena la posición de profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.

—"Doy la bienvenida a la oportunidad de mantener nuestras mejores tradiciones

y valores" —Sirius siguió leyendo en tono burlón—. ¡Murciélago mal nacido, pelos de fideo, cara de Quejicus, cuerpo de langosta!

—¡No puedo creerlo! —Ron golpeó en el suelo con el pie, Hermione en cambio miró hacía el suelo y sintió que su ser se revolvía, ahí estaba de nuevo, normalmente intentaba no pensar en Snape, pero cuando lo hacía no podía parar de repetirse, ¿qué era lo que estaba buscando en ella cuando la había entrenado esos días en la escuela?, ¿acaso había sido todo un retorcido juego?

—Los otros profesores no estarán tranquilos con esto, McGonagall, Flitwick y Sprout saben la verdad de cómo murió Dumbledore—. Ron empezó a negar con la cabeza—. No aceptaran a Snape como director. ¿Quiénes son estos Carrow?

—Mortífagos, —Harry mugió con amargura—. Hay fotos de ellos adentro. Estaban arriba de la torre donde Snape mató a Dumbledore, así que todos son amigos. Y no creo que los otros profesores tengan opción excepto quedarse. Si el Ministerio y Voldemort están tras Snape será una opción entre quedarse y dar clases o unos cuantos años en Azkaban, y eso si tienen suerte. Yo creo que se quedaran e intentaran proteger a los estudiantes. —Mientras Harry hablaba Kreacher se acercó a la mesa con un gran cuenco y vertió sopa en unos tazones blancos, canturreando una canción de rock que Sirius le había enseñado. Ron lo observó con humor, era increíble el cambio que había tenido el elfo desde aquella plática sentimental con su Amo.

—Al menos ahora sabemos donde está Snape. —Harry soltó el periódico desanimado.

—¡Oh!, —Sirius dio el primer sorbo a su tazón—. Sopa de Cebolla Francesa, mi favorita.

—Te ha quedado muy buena Kreacher. —Hermione también lo halago, aunque sus pensamientos seguían lejanos, recordando a aquel hombre de eterno negro que le había ofrecido una taza de bebida caliente cuando lo había necesitado.

—Aun hay muchos Mortifagos afuera de la casa, —Harry miró hacía la pared, como si de esa manera pudiera ver el exterior—, más de los usuales. Es como si esperaran que salgamos con las cosas para la escuela y vayamos al Expreso de Hogwarts. —Ron miró su reloj mientras Sirius sorbía la sopa de forma poco gentil y Hermione le susurraba que era un cerdo.

—He pensado en eso todo el día, —el pelirrojo murmuró—, salió hace casi seis horas. ¿No es raro no estar en el tren?

—Lo es. —Sirius infló las mejillas—. Y yo que quería devolverle a Draco las gentilezas que tuvo con Harry el año pasado.

—¿Habrá subido Draco en el tren? —Ron arqueó ambas cejas.

—No lo creo, —Harry hizo un mohín con la boca—, debe tener cosas "más importantes" que hacer bajo el ala de su nuevo Amo.

—Servir a Voldy no debe ser tan grato. —Sirius echó la cabeza hacía atrás, su garganta quedo expuesta y Hermione se vio obligada a desviar la mirada, usualmente pasaba por alto la belleza de Sirius, pero en ocasiones era imposible no notarlo.

—¿Podrías dejar de llamarlo de esa manera? —Ron contuvo un escalofrío.

—¿Quieres que lo llame por su verdadero nombre?, —Sirius parpadeó—, porque puedo hacerlo, es sólo que se lo digo de cariño.

—Estas loco. —Ron frunció exageradamente el ceño.

—Oye, estoy jugando. —Sirius terminó de una vez la sopa—. Además me parece ridículo que…

—Otra pelea no, por favor. —Hermione los fulminó con la mirada, apenas los dos se preparaban para decir algo cuando Harry los interrumpió a favor de la paz.

—Supongo que Neville y Luna asistirán.

—Y Ginny también. —Ron apretó sus rodillas—. Aunque me gustaría que no lo hiciera.

—Ginny es valiente y fuerte. —Hermione arqueó ambas cejas—. Estará bien. —De reojo Sirius vio como el rostro de Harry se contraía, imaginó que su amigo hubiera deseado estar con ella.

—¡Oh miren! —Ron abrió una hoja del periódico al azar—. Han actualizado la lista de los nacidos muggles que no se han presentado para la interrogación, ¡aparece tu nombre Hermione!

—Si no estuviera con Harry de todas formas no hubiera ido. —La castaña miró su nombre en el diario sin interés—. Es obvio que sólo se trata de un engaño para meterlos en Azkaban o algo así.

—Yo tampoco iría. —Sirius infló el pecho mientras Kreacher dejaba una deliciosa rebanada de pay frente a él—. Aunque claro, tengo la sangre limpia más pura de toda la nación.

—A veces como que suenas un poquito Mortifago. —Harry lo observó negando con la cabeza y el apuesto joven echó a reír.

—Puede que haya oscuridad corriendo por mis venas.

—Mira Harry. —Hermione le enseñó una pagina a todo color del periódico, en ella un Harry con el cabello erizado y una mirada oscura gritaba, abajo había la siguiente leyenda: "Harry Potter. Se busca. Recompensa 10,000 galeones". Ya antes había aparecido esa imagen (que alguien había tomado cuando Dumbledore había muerto y que, definitivamente, no retrataba al de gafas en su mejor momento).

—Te han subido la recompensa, de no ser porque eres mi amigo te entregaría y viviría a mis anchas el resto de mi vida. —Ron y Hermione se empezaron a reír, pero Harry sólo forzó una sonrisa, se llevo una mano a la frente y musitó que ya volvía, acto seguido salió del salón y subió a todo correr las escaleras.

—¿Qué fue eso? —Ron miró el sitio por donde había salido.

—¡Oh vamos!, —Sirius se cruzó de brazos—, sólo bromeaba, no entregare su erizada y despeinada cabeza hasta que me den diez millones. —Como respuesta Hermione le empujó la cabeza.

—Yo creo que es de nuevo su cicatriz. —La castaña tamborileó con los dedos sobre la mesa mirando insistentemente hacía las escaleras, como si con eso Harry fuera a volver.

—¿Y bien? —Ron respiró hondo y luego giró a verlos, los tres suspiraron y luego Sirius elevó una mano al cielo.

—¡El último en llegar es un huevo podrido!

—¿Un que? —Ron parpadeó, pero Hermione y Sirius ya se le habían adelantado así que no le quedo más que ignorar la frase muggle (Sirius tenía más experiencia en eso porque Remus le había enseñado una que otra expresión). Estaban subiendo las escaleras en franca competencia amistosa cuando Harry comenzó a gritar y aquello dejo de ser un juego.

—¡Harry!, ¡HARRY! —Hermione gritó desesperada—. ¡Harry abre! —Al parecer su amigo se había encerrado en el baño y la joven tocó en la madera de una manera casi maniática, Ron y Sirius simplemente se quedaron parados tras ella, comprobando una vez más que cuando el asunto trataba sobre Harry Hermione solía perder los estribos. Apenas la castaña iba a seguir con su tanda de golpes cuando la puerta se abrió, Hermione entró a la habitación, se detuvo y miró sospechosamente alrededor. Ron y Sirius entraron tras ella, el primero nervioso y el segundo con aire desenvuelto, ambos apuntaron su varita hacia las esquinas del baño.

—¿Qué hacías? —Hermione lo increpó al no ver peligro, casi como una madre que busca explicaciones de su hijo adolescente.

—¿Que pensabas que hacia? —Harry preguntó débilmente.

—¡Estabas gritando como un loco! —Ron guardó su varita y Sirius le pasó un brazo por los hombros.

—Pensamos que alguien te estaba destripando o algo así. —Harry se encogió contra su agarre, cosa que alerto a todos, pues usualmente Harry no era dado a muestras físicas de aprecio.

—Acabo de ver a… —Quiso decir el nombre de Voldemort, pero se sintió aturdido y sólo negó con la cabeza—. Él mató a una mujer. Ahora quizás ya mató a toda su familia. Y no necesitaba hacerlo. Fue igual que lo de Cedric, una y otra vez. Simplemente estaban ahí…

—¡Harry, se supone que no puedes dejar que esto pase más! —Hermione le gritó interrumpiéndolo su voz resonando por todo el baño—. ¡Dumbledore quería que usaras Oclumancia!, ¡él pensó que la conexión era peligrosa!, ¡él la puede usar, Harry!, ¿qué hace que lo veas matar y torturar?, ¿cómo te puede ayudar?

—Para saber lo que está haciendo. —Harry la miró con firmeza y los ojos de Hermione ardieron como si de un momento a otro fueran a lanzar chispas.

—¿Entonces no intentaras dejar de verlo?

—Hermione, no puedo. Tú sabes que soy pésimo con la Oclumancia. Nunca la entendí.

—¡Nunca lo intentaste! —La joven apretó los puños.

—¡Oh vamos!, —Sirius apretó más el hombro de Harry—. Esto puede ayudarnos, saber lo que esta haciendo Voldy.

—¡Dumbledore dijo…! —Hermione redirigió su indignación esta vez contra Sirius.

—Olvídate de Dumbledore. —Harry dio un paso al frente—. Esta es mi decisión, de nadie más. No se porque esta buscando a Gregorovitch…

—¡Pero vamos a descubrirlo! —Sirius afirmó con energía, aunque no sabía bien de que iba la cosa, Hermione los miró molesta a los dos.

—¡Tú sólo buscas el peligro!, —señaló a Sirius con los ojos encendidos y luego apuntó a Harry—, ¡y tú no te quedas atrás!, ¡por Merlín Harry, es tu vida la que esta en riesgo!

—Pues no estamos haciendo gran cosa metidos aquí. —Harry contestó con amargura.

—¿Prefieres que estemos afuera sin pistas? —La joven tomó aire y extendió los brazos—. Aquí estás a salvo de momento, no hay un lugar mejor para esconderte, ¡todo mundo te busca!

—Y mientras alguien muere yo me ocultó cobardemente aquí. —Harry la miró fijamente y en ambos se reflejó el desencanto.

—Salir afuera y hacer que te maten no es la solución. —Hermione enunció con frialdad y salió del cuarto de baño con paso firme.

—La has hecho enojar. —Ron se lo aclaró, como si no hubiera quedado suficientemente patente.

—Ella siempre se enoja. —Harry intentó fingir indiferencia, pero falló—. De cualquier manera esto es importante. —Acto seguido les contó acerca del fabricante de varitas que Voldemort parecía estar siguiendo, aunque Sirius seguía con genuino interés la historia no pudo dejar de pensar en qué estaría haciendo Hermione.

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Eran las dos de la mañana cuando Hermione despertó en medio de la noche y dio vueltas enfadada de un lado a otro, últimamente era común que alguien se irritara, primero habían sido Sirius y Harry, luego Ron se ponía molesto y ahora ella. Seguramente se debía al encierro, uno de ellos salía una vez a la semana a conseguir diversos alimentos y el diario, pero lo hacía bajo la capa invisible. Además ver que sus intentos de destruir el medallón eran infructuosos también los tenía de mal humor.

Luego de girar muchas veces sobre sí misma, y darse cuenta que el sueño no volvía a ella, se levantó despacio poniéndose las sandalias y, echándose sobre la ligera piyama una bata, tomó a la pasada los cuentos de Biddle el Bardo. Anteriormente nunca había tenido problemas para dormir, ni siquiera cuando los problemas con Harry se veían más preocupantes, pero ahora solía despertarse con mil preocupaciones a lo largo de la noche, ¿y si Voldemort los encontraba?, ¿y si atrapaban a Harry?, ¿y si lo mataban?, ¿y que si atrapaban a alguno de ellos en sus salidas de Grimmauld Place?

Intentó despejarse sacudiendo la cabeza, pero sólo logro enredar más sus desordenados rizos. Colocando el pequeño libro bajo su brazo salió del cuarto de Regulus, que era el que ocupaba para dormir, pasó por delante del cuarto de Harry y se detuvo frente a la puerta, sabía que Harry no necesitaba de sus gritos aparte de todo lo que ya llevaba encima, pero simplemente no había podido evitarlo a veces le parecía que la conexión entre su amigo y el mago tenebroso era un poco atrayente para Harry, se le había ocurrido desde aquel aciago día en el que habían intentado salvar a Sirius y en lugar de eso habían caído en una trampa.

—Harry… —Susurró despacio pasando los dedos por encima de la madera de la puerta, pero de cualquier manera era demasiado tarde para intentar hablar con él así que siguió andando en dirección a la cocina, tomaría un vaso de leche caliente y luego se arrellanaría en el sillón a leer en busca de alguna pista que le hubiera dejado Dumbledore.

Sus pies apenas hicieron ruido cuando bajó las escaleras, la casa a oscuras era incluso más tétrica y escalofriante de lo que era normalmente, pero ya se había acostumbrado, por lo menos Kreacher se había deshecho de los ratones. Pensando en cómo lo habría logrado el elfo abrió la puerta que daba a la cocina, se sorprendió al notar que había luz, pero fue apenas un parpadeo, Sirius estaba ahí, sentado frente a la barra, las piernas dobladas contra el pecho y una fotografía entre sus manos que veía con fijeza, pero al notar que alguien había entrado sacó su varita con un gesto rapidísimo y gritó un conjuro, Hermione ni siquiera alcanzó a chillar cuando voló por los aires y se estrelló en la pared.

—¡Estas bien! —Sirius corrió hacía ella tan rápido que le pareció que antes de caer él ya estaba arrodillado a su lado—. ¡Lo siento, yo…!

—Baja la voz o despertaras a los demás. —Hermione susurro aún adolorida mientras se frotaba la nuca.

—No podía dormir así que estaba… ¡de verdad lo siento! —Sirius la tomó por los hombros, luego subió por su cuello y palpó su cabeza en busca de sangre, Hermione empezaba a acostumbrarse a que él tocara más de la cuenta cuando estaba nervioso o asustado, seguramente era porqué había crecido con una pandilla de chicos a los que podía tratar de esa manera.

—Esta bien, debí avisar, aunque a mi favor debo decir que no esperaba encontrar a alguien despierto a las dos de la mañana. —Ella se quejó y él la levantó de un solo movimiento, sólo hasta entonces se dio cuenta de que la estaba estrujando por los hombros, la tela de su bata era delgada y sentía casi como si estuviera tocando su piel.

—¡Lo siento! —La soltó como si quemara, pero del dolor Hermione no notó su turbación.

—¿Y que se supone que estabas haciendo aquí? —Hermione se palpó una vez más la cabeza.

—Nada. —Él enrojeció lo que le valió que Hermione lo mirara con genuino interés, eran pocas las veces en que se podía ver a Sirius avergonzado—. ¡Oh bien!, — al final se rindió ante los ojos castaños—, estaba mirando la fotografía que me dejo Dumbledore.

—Ah, cierto. —La castaña se sentó en un banco de la barra y él se sentó a un lado, sus hombros hicieron contacto rozándose.

—No creo que haya querido decirme que el medallón original era propiedad de mi hermano porque era imposible que él supiera eso, ¿cierto? —Sirius suspiró—. Si lo hubiera sabido no habría llevado a Harry a ese lugar por el medallón falso y quizás no habría muerto.

—¿Entonces…?

—No sé. —Sirius suspiró frustrado—. Pensé que quizás tenía algo que ver con mi anterior grupo Merodeador, es decir, algo que se relacionara con Lunático, Cornamenta y Colagusano, pero… Bueno, cuando Remus quiso ayudarnos…

—Aunque no creo que haya sido la manera correcta estoy de acuerdo con Harry. —Hermione entrelazó los dedos—. Tonks lo necesita.

—No sé. —Sirius habló con amargura.

—Cuando las mujeres están embarazadas necesitan de ese apoyo, son más frágiles, además estamos en guerra. —La castaña se encogió un poco en su asiento—. Si fuera a morir mañana me hubiera gustado estar con la persona que amo hasta el último momento.

—Lastima que no sea así. —Sirius suspiró pasando un dedo por encima de la imagen que contenía a sus antiguos amigos.

—¿Por qué dices eso? —Hermione lo miró sorprendida.

—Porque… —Sirius se sintió incomodo—. Nosotros podemos morir en cualquier instante y estas lejos de tus padres y tu familia.

—Pero ustedes son mis amigos, —Hermione lo miró sin comprender —, estoy con ustedes porque los amo. —Al instante Sirius giró hacía ella con la boca abierta, sintiendo que en el fondo de su estomago un sentimiento muy calido ganaba fuerza, antes, cuando había estado con los Merodeadores, lo más seguro es que hubiera llegado a amarlos, pero los hombres no decían esa clase de joterias. En cambio Hermione podía decirlo con libertad porque ella era una chica, esa era la clase de relación que a ellos les había faltado en el pasado.

—Yo también te amo. —La frase se le escapó antes de que pudiera detenerla, Hermione lo miró con los ojos bien abiertos—. ¡Es decir!, ¡a todos!, ¡como amigos!, ¡pero no les digas a Ron y a Harry, me verían mal! —Hermione tuvo que ahogar una risita asintiendo, él la miró sintiendo que el aire entraba casi dolorosamente a sus pulmones, ciertamente podía dar la vida por ella, ¡la amaba como a su más querida amiga!, pero también le gustaba, ¡le gustaba mucho!, le gustaba más que cualquier otra chica que hubiera conocido.

Con un suspiro se recargó contra ella, pegando su sedosa melena a su cabellera de rizos revueltos, Hermione se río al sentirlo apretujado contra ella e intentó aventarlo en dirección contraria. Luego de un rato ambos se reían por lo bajo, finalmente estuvieron a punto de caer y Sirius la sujetó por la muñeca, era una muñeca fina, la clase de mano que pertenecía a una chica. Ella seguía riendo cuando él la estabilizó sujetándola por los antebrazos, cuando Hermione se reía sus ojos se volvían muy bonitos.

—¿Tienes sueño?

—Ni un poco. —La castaña sujetó el libro de Biddle en una mano—. Voy a leer un rato.

—Yo tampoco tengo sueño, ¿quieres algo de leche? —Estaba intentando alargar ese momento y era consciente, Hermione afirmó y volvió a subirse en un banco mientras Sirius iba a poner la tetera, al tiempo que calentaba la leche la vio de reojo, sus piernas colgaban desnudas en el aire, sus pequeños piecitos jugueteaban con el hilo de la sandalia.

Nunca le había puesto mucha atención a sus piernas antes, la bata de dormir le tapaba hasta por encima de la rodilla, sentada como estaba podía ver a contraluz sus pantorrillas, eran unas lindas piernas, suaves a la vista y lisas como seda.

—¡Leche caliente a la orden! —Sirius se sentó frente a ella y le extendió una taza mientras se llevaba a los labios su propia bebida—. La próxima vez que alguien salga de compras deberá traer cocoa.

—Sería buena idea. —Hermione dio un trago a su leche y miró como Sirius tomaba de su propia taza, como un niño pequeño se había dejado unos bigotes de leche sobre el labio superior, sin embargo aquello no parecía volverlo divertido, los genes Black hacían que cualquier cosa luciera bien en ellos. Distraídamente Sirius se pasó la lengua por el borde blanco que la espuma le había dejado y empezó a elogiar los progresos de Kreacher en la cocina, Hermione no lo estaba escuchando, pensaba en lo sensual que Sirius era, incluso en movimientos tan cotidianos.

Para él era cosa natural ser asediado por las mujeres y famoso por añadidura, era la clase de hombre que al sonreír derretía hasta los gustos más refinados, con su playera negra de dormir y sus pantalones deportivos cayéndole flojos por la cadera parecía más el modelo de una marca de juguetes eróticos que un muchacho desvelado paseando por su casa.

"En que estoy pensando", se dijo a si misma coloreándose hasta las orejas y poniéndose abruptamente de pie.

—¿Sucede algo? —Desde un plano más bajo Sirius la observó con aquellos ojos que parecían plata derretida.

—Nada, me voy a leer. —Aún turbada ella sujetó su libro y dio media vuelta, era peligroso, generalmente ella era la clase de persona que seguía sólo la voz de la razón y el conocimiento, pero Sirius siempre se le iba de las manos. Se sentía tan voluble como las niñas tontas que seguían a un hombre por su belleza o fama, ¿acaso no había estado enamorada de Ron por años?, porque entonces Sirius entraba en su vida de esa manera tan abrumadora. Sabía que esa atracción por él podía llevarla a algo de lo que se arrepentiría, no podía empezar a ver a nadie desde un punto de vista romántico hasta que aclarara las cosas con Ron, ya fuera dándole una segunda oportunidad a un amor que había mimado en secreto y con cariño por años o terminando esa faceta de su vida que, de hecho, nunca había empezado del todo.

Estar a solas con Sirius era más de lo que cualquiera podría soportar, él era como un imán sexual, fuera o no consciente estar junto a él ponía los pensamientos más poco puritanos en su cabeza. Y sabía que no debía avergonzarse, tenía diecisiete años, en cualquier momento podría morir, estaba llena de dudas y preocupaciones y para colmo hasta el tope de hormonas. Era normal que tuviera pensamientos por el estilo hacía Sirius (que era el modelo exacto de la perdición), lo que ya no era tan correcto es que se pusiera a si misma en situaciones dónde aquella atracción pudiera llegar más lejos.

—Espera, —para su desgracia Sirius echó a andar alegremente tras ella—, voy contigo. —Como no se le ocurrió ninguna excusa para negarse ambos entraron a la biblioteca, Hermione iba a poner de manifiesto que sólo había un pequeño sillón, pero Sirius se le adelantó.

—Podemos compartir el sillón.

—Es muy pequeño. —La voz le salió en un hilo y aferró el libro en sus manos, como si esa fuera la única manera de poder protegerse a si misma de él.

—Me sentaré en el reposa brazos, no hay problema. —Insegura ella se sentó en el sillón fingiendo leer su libro mientras Sirius repasaba los estantes buscando algo que fuera de su agrado, finalmente un manuscrito pareció llamar su atención.

—¡Oh, esta cosa es la que traía el papá de Luna colgando del cuello! —Hermione ni siquiera prestó atención a lo que había dicho, esperó casi conteniendo la respiración a que él se sentara de un salto en el reposabrazos, una de sus piernas cayó por un costado del sillón rozando su propia pierna, tuvo que pasar saliva y esforzarse en leer su libro, algo que por lo general no le constituía ningún problema.

Ambos leyeron en silencio y Hermione se preguntó si él era ajeno a la tensión que de pronto se había creado, no, no era tensión, era casi electricidad, ¿sería que sólo ella lo estaba sintiendo?, ¿sería esa sensación la que hacía tan famosos a los Merodeadores?, pensó en Lily, la madre de Harry, y por fin comprendió porqué, luego de haber dicho que lo detestaba, había acabado amando a James Potter, si había sentido la mitad de lo que ella estaba sintiendo por la cercanía de Sirius…

"Concéntrate tonta, concéntrate" se reprendió a si misma y puso su mente en blanco, luego se metió de lleno en la lectura de los cuentos, luego de un momento había logrado olvidar el nerviosismo que le causaba Sirius a su lado e incluso pudo contener el temblor que la atacó cuando él bostezó y ladeó peligrosamente la cabeza en su dirección.

Eran cerca de las cinco de la mañana cuando Hermione cerró los ojos y dejó que el libro resbalara de sus manos, los labios se le entreabrieron mientras el sueño llegaba lentamente a ella, Sirius esperó fingiendo leer su libro, uno, dos, tres segundos, luego giró en su dirección, observó su pecho subiendo y bajando con su pausada respiración, las pestañas brillando ante el tintineante movimiento de las farolas, las mejillas ligeramente sonrojadas. Lentamente adelantó una mano y rozó su rostro, acarició con cuidado la tersa piel y bajó hasta el cuello, apenas acariciando con el dorso de su dedo, como el vuelo de una mariposa.

Ella contuvo un escalofrío y ninguno de los dos quiso poner de manifiesto que ambos eran conscientes de que ella continuaba despierta.

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Ron bajó temprano a desayunar y se encontró a Harry mirando por la ventana a los Mortifagos que los espiaban desde la calle de enfrente buscando un indicio de ellos.

—¿Y Sirius? —Preguntó tallándose un ojo mientras engullía cereal.

—Dormido aún seguramente.

—¿Y Hermione?

—¿No estará en la biblioteca? —Ron se encogió de hombros, la castaña siempre estaba en la biblioteca a ser sincero. Terminó de comer cereal y debatió un rato con Harry acerca de sí conseguirían alguna vez cómo abrir el condenado medallón.

Cuando se cansaron de idear estrategias disparatadas Ron subió de dos en dos las escaleras llevando consigo una manzana, era un buen detalle ofrecérsela a Hermione de buena mañana.

Abrió la puerta de la biblioteca con una de sus mejores sonrisas y ya con la manzana extendida, pero la expresión se le murió en los labios.

Hermione estaba dormida en el sillón, una mano colgando parcialmente y la cabeza de rizos revueltos medio girada hacía la derecha, Sirius dormía en sus piernas en su versión de perro, tenías las patas delanteras apoyadas contra su vientre y parecía muy cómodo con el hocico casi sobre su pecho.

Ron supo instantáneamente que nunca había conocido los verdaderos celos hasta ese preciso momento.

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Notas de Okashira Janet: Bien, me he tardado eternidad (como siempre), pero aunado al fin del semestre (que fue una cosa brutal) escribir este fic siempre me toma más tiempo del habitual porque debo leerme el libro y luego compararlo con el fic y tratar de que no se me escape nada (que al final siempre termina yéndose algo), además cada capitulo es más largo que el anterior.

De cualquier manera ya hemos avanzado mucho en la historia, ahora dirán ¿por qué el medallón estaba en poder de Kreacher?, si lo recuerdan Sirius estuvo viviendo en Grimmauld Place así que Mundungus no pudo robarse el medallón.

Agradezco a:

Lunatico0030

Nicole castillo

Allison Cameron

Susan-black7

Acizej-HaruZuchia

Annabeth Evans

Kuarzo

Ravenclaw Dalek

Maru

Annie Thompson

Lath-Vel

Laura

Hola

BlackAthena66

Niko

HP

Lalyys

GabyL

Diosa Luna

Zaol1996

Eve-tsuki

Meister Tezca

Cristina

Bloody Snake 6

Jaaaviera

Luna-wood

Cary Palacios

Aithussa

KrnBlackdeGrange

Cookie Cullen Potter Granger

Fly Away

Fersha Malfoy

Grafull

Aid4

Rawr para todos, si quieren contactar personalmente conmigo búsquenme en Facebook como "Okashira janet" y nada, gracias por estar ahí, gracias por leer Ciao

10 de junio del 2013 Lunes