Cuarenta y … ¿veinte?

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Donde hay un deseo, habrá una flama. Donde hay una flama alguien estará destinado a salir quemado.

ADVERTENCIA: Si no te gusta el Lemon — lo cual es respetable — pues... creo que *tos de la autora*, leerías esto bajo tu riesgo.

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Mi cabeza dio un vuelco. Autocontrol, es una palabra que está lejos de mi vocabulario y sobretodo de mis acciones. Me derretí con esas palabras, fundiéndome como chocolate en una fuente. Sí, de esas que ponen en las fiestas, siendo yo un bombón, ¿o una fresa? Eso ya no importa mucho. Lo que sí importa es que en este momento Itachi está fuera de control, su mirada derrocha deseo y pasión y yo… yo me siento cazada, cual presa atrapada y él siendo el cazador.

Esto no terminará en nada bueno, ¿qué opciones tiene una mujer de veinte años en estas circunstancias? ¿huir? ¿seguirle el juego?

No puedo depender de lo que haría Ino, es momento de actuar bajo mis acciones y sufrir las consecuencias de mis actos. Juro que nunca he visto una mirada tan suplicante, puede que él sea el señor del drama después de todo — y no yo, como lo había pensado — es entonces que entiendo que los hombres necesitan una pequeña lección, solo un poco. No debería abusar, ¿verdad?

No le voy a reclamar de cosas que no tienen nada que ver — buen intento —porque en verdad quiero recalcarle cada una de sus jodidos errores — disculpen el léxico — pero es la verdad. ¿A quién demonios se le ocurre dejar a una mujer despertar sola a sabiendas de que tuvieron — o de nuevo el léxico — sexo en toda la noche? Ah, a él. Sí, al gran genio, al gran estudiante y sabelotodo Itachi Uchiha se le ocurrió eso. Lo peor es que ni una llamada, ni un mensaje. Hubiese preferido que me dijera que era una zorra, una puta, una cualquiera a que me dejará así como así. No sé si se entienda mi punto pero me sentí usada. A pesar de que sabía a lo que iba no pude evitar sentirme como una prenda vieja, un objeto, una muñeca.

Y es momento de que "El Gran Itachi Uchiha" tenga su lección.

Me aparté de forma brusca — quizá no tan dramática como en las películas — y rodé mis ojos con suma molestia, irritada mejor dicho.

Estaba confundido, lo vi en sus ojos. Antes de que pudiera decir algo me adelanté y con mis dedos cubrí sus perfectos labios.

Y pensar que me muero por besarlos… una vez más, tan solo un poco.

— L-Lo siento — sí, no puedo ser cruel. No me malentiendan, no es cuestión de debilidad creo eso está muy lejos de ser. Es cuestión de que yo no soy así — tengo otras cosas que hacer, como arreglar "mi" casa —en parte mentira, en parte verdad. A final de cuentas el jardín de Ino quedó estropeado, sería injusto de mi parte no hacer algo cuando en realidad es su hogar.

— No es como si fuera tu casa, Hinata.

— Ciertamente no lo es — reafirmé — pero Ino no está aquí, como se habrá dado cuenta.

—¿Por qué estás siendo tan… formal?

—Oh, ¿no es usted mi maestro? A un maestro se le trata con formalidad, no crea que no me enseñaron modales.

— El viernes no los demostraste.

— Ah — alcé mis cejas, nerviosa, tratando de encontrar excusas o lo que fuera que lo hiciera desaparecer — es cierto. Pero usted tampoco demostró cortesía.

— ¿Disculpa?

— Zanjamos ese tema ahí, es como "Lo que pasó en las Vegas, en las Vegas se queda" ¿no lo ha escuchado?

—Sí

— Bien —alcé mis manos, esta vez admito que sí es de forma dramática — si me disculpa…

— He parado la clase con bastante tiempo de anticipación para poder tener una charla contigo. ¿No te parece suficiente?

— Oh, no, no en realidad.

— ¿Qué demonios te ocurre Hinata? El viernes…

— El viernes fue el viernes. Hoy es Martes, Itachi.

— ¿Y?

— ¡Te olvidaste por completo de mi existencia por más de dos días! ¿Qué querías que hiciera? ¿Fingir que todo estaba como miel sobre hojuelas? Lo siento pero…

— Bien, ya empezamos a tratarnos como dos personas y has vuelto a usar esa informalidad. Conque el problema radica en que "supuestamente" yo me olvidé de llamarte.

No sé si me sorprendió el tono de voz tan calmado que usó o la forma en que su rostro se mostraba tan relajado. Sí, pocas veces en mi vida he sentido un enojo real, usualmente suelo ser una persona sumisa que se deja de lo que le hacen los demás. Pero hoy no es ese día, hoy puedo estar segura que si me lo propongo puedo darle una buena cachetada a Itachi Uchiha, sin importar que — a pesar de todo — siga siendo mi maestro.

Para evitar más disgustos, suspiré y me di la vuelta dispuesta a largarme de una vez por todas de ahí. El tema había sido claro él quiere sexo conmigo sólo eso. Esto debería ser un buen post en esos sitios web que apoyan a las mujeres casadas o en relaciones. O tal vez estoy siendo demasiado paranoica. Lo que sí, es que yo no quiero ser una follamiga, o como quiera que se le llame en el mundo exterior, ¿un free? ¿follamiga? Disculpen, no encuentro la diferencia.

— Hinata —toma de nuevo mi hombro, provocando que su simple tacto se sienta tibio. Es tan… tan perfecto —siento no haberte llamado, creí que … que podría manejarlo. Ya sabes, las relaciones y todo esto no son cosas con las que lidio todos los días. Sobre todo pensé que podría alejarme de ti, apagué mi teléfono dispuesto a olvidar lo del viernes pero me fue imposible. Tienes ese extraño poder de ser un imán, algo inevitable.

— I-Itachi, no sé… ¿por qué haces esto? Días atrás decías que tú y yo no teníamos ninguna oportunidad, es decir, tú tienes cuarenta y yo veinte. Siempre hacías bronca por eso, ¿por qué cambiaste de opinión?

— No la he cambiado — mordió su labio inferior, sus manos siguen en mis hombros. Cualquier persona que ose venir aquí seguro tendrá una mala impresión de nosotros dos, hasta el aire se siente más denso — como dije, no se puede evitar lo inevitable. Es imposible cambiar tu edad o que yo cambie la mía. Así como esta atracción, lo quise reprimir. Juro por Dios que estuve todo el fin de semana tratando de sacarte de mi maldita cabeza pero ahí estabas, tus ojos, tu boca… tus palabras, tu risa. ¡Oh! — me soltó por un segundo para llevar la mano a su cabello — es imposible echarte de mis pensamientos.

Su declaración me dejó todavía más perturbada y noqueada. ¿Qué debo hacer? El reloj marca que todavía tenemos poco menos de media hora. Pero parece ser que él no escatimará en eso, estoy segura que me retendrá aquí tanto tiempo sea posible.

— Soy solo eso — dije con un tono de tristeza — soy una atracción, una calentura. Tampoco se puede evitar.

—¡No! —gritó — no me estoy dando a entender como quisiera, tú no eres una atracción. Bueno sí —titubeó —pero es algo más que eso, jamás me había sentido así en todos estos años, se supondría que yo tendría más experiencia con las mujeres pero la verdad es que no. Apenas y las conozco, no he tenido amigas con las cuales platicar de temas o hermanas. No sé si me explico, pero tú eres más que una atracción, algo más que sexo ocasional de un viernes por la noche.

—Sino soy eso… ¿Qué soy?

A estas alturas sé que debo estarlo bombardeando con preguntas incoherentes o tal vez con coherencia. No importa ya. Lo que es un hecho es que él está confundido, no puedo creer que una persona como él logré tener una debilidad, un punto que lo haga perder el control. Porque él es un maniático del control y de las cosas perfectas, siempre teniendo respuestas para todo —desde algún tema en clase hasta algún consejo — pero el silencio de su voz me reafirma que está al punto del colapso.

— ¡Al diablo con las apariencias! — me sujetó firmemente. Algo que no me esperaba, una reacción tan repentina no era propia de una persona que siempre piensa sus acciones antes de llevarlas a cabo — ¡te quiero justo ahora! —demandó, impaciente.

Sentí algo, allá abajo. Un hormigueó en mi parte íntima. Debo estar enloqueciendo, si yo años atrás hubiese escuchado un dialogo como este en alguna película o conversación mi postura hubiera sido la de "es un maldito patán". Cuan errada estaba, ya que en este momento la idea de que él me haga suya — de nuevo — en ese escritorio me apetece más que nunca.

—I-Itachi — mis pensamientos están lejos, mi razón y toda la parte que sí piensa cuerdamente se ha ido — ¿por qué?

— Me haces perder el control, el sábado que no te tuve entre mis brazos, el domingo y el lunes. ¡Incluso hoy! Que no estuviste conmigo al amanecer se sintió terriblemente mal, no sabes cuánto. No dejaré que eso suceda hoy.

— ¿Qué hay de que eres mi maestro? Esto… no…

— ¿No está bien Hinata? — acercó su cuerpo contra el mío. Ahora más que nunca — Siempre pensé que este salón era perfecto para un encuentro. De hecho estaba iracundo la primera vez que me dieron este espacio para impartir mis clases, ninguna ventana que de hacia la dirección, ni una cámara de seguridad. Fue tan fácil poner el seguro en la puerta. Los de intendencia no llegaran hasta pasado la hora. Dices que no está bien, se supone ese debería ser un dialogo dicho por mí y no por ti, una chica de veinte años.

— Uh-uh, yo solo decía ya que tú eres el Rey del Control.

—Quizá me has contagiado algo de tu desobediencia.

Decir que estaba al borde de la excitación era poco. Soy irreconocible, ¿qué me ha hecho este hombre? Ino seguro estaría aterrada, Naruto me reclamaría por todas las veces que quiso tener sexo y yo le dije que "virgen hasta el matrimonio". No sé si echarme a reír o echarme a llorar. Cuánto he cambiado.

Y no tardó demasiado para que él me tomara de las muñecas y me plantara un beso. Pero no cualquier beso, más bien fue uno que demandaba más de mí. Apretó sus labios y me hizo gemir, aquella reacción mía hizo que tocara uno de mis —no tan discretos — senos.

Estoy roja cual jitomate, es algo inevitable. No puedo hablar, mi capacidad para emitir palabras — coherentes —se ha ido. Lo único que puedo hacer decir intentos de balbuceos, palabras que ni yo misma entiendo.

El escritorio —en efecto —no está nada lejos, unos metros cuánto mucho. ¿Qué tan arriesgada es la idea de tener sexo en un escritorio? Y no cualquier escritorio, es el escritorio de mi maestro y estoy en una Universidad. Si alguien nos ve haciendo semejante barbarie nos matarían, a él por abusar de mí y yo quedaría fichada como la "putita que se tiró al maestro" vayan las personas a creer que fue porque en verdad sentimos algo real a pesar de la edad, vayan ellos a creer que en verdad nos gustamos. Ahora entiendo…

En este instante, los prejuicios y opiniones de los demás deben irse — ciertamente — al demonio.

Me recuesta sobre el escritorio aventando algunos papeles —a juzgar deben ser los reportes que entregamos la semana pasada, curioso, ¿no? — y quitándome mi chamarra de un jalón. Temo por ella más que por mi vida, es decir, si se llega a romper moriré de frío —porque aunque el clima aquí esté excesivamente calienta afuera es otro tema — y no tendré que ponerme. Pero poco le importa, ya que en menos de un segundo está besándome. Y yo no me resisto, no más.

Quisiera aclarar muchas cosas, por ejemplo que es lo que somos, si acaso amantes, novios, follamigos o qué. Sin embargo no puedo, mi lengua está enredada y está haciendo su trabajo.

Él no se limita, y se quita su traje negro, había olvidado mencionar que los hombres con traje se ven excesivamente bien. Más que eso, son fascinantes.

Sus besos no se limitan a los labios, sino que también recorren un camino hacia mis pechos. Ahí él juguetea con ellas, argumentando ser hermosas.

Vaya, yo sigo ahí, tumbada y sumisa. ¿Debería hacer algo? Sí, debería. Pero no lo hago porque me siento demasiado extasiada como para poner mi humanidad a trabajar.

— No seas tímida, Hi-na-ta — dice en mi oído —el viernes estabas diferente.

— I-Itachi — dije entrecortada. No estoy llorando, estoy lejos de hacerlo.

— Tal vez no lo estoy haciendo bien —dijo con un tono decepcionado que activó mis alarmas, pero al final su sonrisa pícara y su mirada de deseo hacía mí me hicieron pensar que aquella oración no fue más que un teatro, un drama.

Hubiese esperado una bomba nuclear caer sobre nosotros, a Hiruzen Sarutobi entrar y sacarnos a patadas. Pero no, eso no pasó.

Sucedió lo inesperado. La parte explosiva de Itachi salió a la luz, ni siquiera el viernes la dejó salir.

Creyendo que yo no lo estaba disfrutando — o quizá un poco de chantaje y aprovechándose de ese supuesto recurso — comenzó a desabrocharme los pantalones. De forma instintiva moví mis manos para alejarlo. No malentiendan, fue una forma de decir "¿Qué crees que estás haciendo pervertido?" pero lejos de sentirme mal fue una reacción involuntaria. Él aprovechó eso y se desató su corbata, esa corbata que parecía sacada de alguna tienda fina y costosa. Quizá esa prenda valía más de lo que yo tuviera en este momento en mi cuenta de ahorro.

Al principio creí — ilusamente — que se despojaba de ella por sentirse asfixiado. Mas no fue así, ya que con su boca la sostuvo y amarró mis manos con la corbata.

— ¿Qué? —dije incrédula — ¿Q-qué estás h-haciendo?

— Oh, solo estoy procurando que sea mejor que el viernes.

Quise gritarle y decirle que esto ya era mejor que el viernes — mucho mejor — empero mis labios no se movieron y no obedecieron la oración que maquiné en mi cerebro.

Por si eso fuera poco, comencé a arquear más y más la espalda. Sus manos seguían ahí, recorriéndome cual terreno desconocido. Su boca mordió mi abdomen, mi cuello…todo. Todo cuanto tocaba. Sin embargo el momento decisivo llegó justo ahí, cuando se relamió los labios, como quién está a punto de probar su pastel preferido.

Su respiración en mi parte íntima no hacia una ecuación racional en mi cabeza. Estoy perdiendo todo juicio —si es que quedaba — lo lame, gustoso.

Y yo grito. Pero el tapa mi boca con una de sus manos.

— Shh, alguien podría escuchar.

Mis manos siguen atadas lo peor es que no pongo ninguna resistencia.

Cada beso es más demandante, cada instante es más placentero. Pero el tiempo se está agotando y lo sabe por que lo veo en su mirada.

Pensé —equivocadamente — que terminaría con esto, pero no fue así. Me tiene a su merced, y no conforme con eso muerde mis pezones. Haciéndome gemir.

Acto seguido saca su — perdón por la expresión — para nada discreto pene. Esta tieso y duro como una roca. No opongo resistencia, y sé lo que está por venir.

— L-La pro…protección — logró decir.

Él asiente con la mirada pero yo no logro divisar ningún maldito condón.

—Ese no será problema Hinata.

— ¿Qué?

Pero es demasiado tarde para negarme o correr de ahí ya que lo mete. Una, dos… tres. Las embestidas logran sacarme varios gemidos ya que él — hqbilidosamente debo reconocer —sigue cubriendo mi boca para que mis intentos fallidos de gritos no se escuchen.

Se viene dentro de mí, todo cuanto hubiese reprimido antes.

Yo suspiro… sin embargo esa culpabilidad, me niego a tomar una de esas llamadas "pastillas del día siguiente" una vez más. Bien es sabido que no es un dulce que se deba consumir a todas horas.

— No usaste protección — volví a decir una vez que él me estaba desatando las manos. Mi tono no es de enojo ni mucho menos.

—Eso ya lo sé —contesta, pero tampoco logro ver culpa o algún sentimiento negativo — ese era el punto.

—¿De qué estás hablando?

— Escucha Hinata, esto es importante — se acercó a mí y me plantó un beso —tengo cuarenta, y es probable que mi tiempo se esté pasando. Quiero… quiero tener un hijo.

— ¿¡Qué!? — no doy cabida a la impresión, me levanto ignorando el dolor entre mis piernas.

— Lo diré de esta forma, quiero que quedes embarazada.

— ¡Itachi! —regañé — ¿estás loco?

— Sí, en este instante soy un hombre irreconocible, Hinata.

— ¡¿Qué te hace pensar que esto siquiera funcionara?!

— Tú… no hacen falta las formalidades Hinata, tú eres más que sexo en viernes por la noche y que en un escritorio. Eres mía y de nadie más. Eres mi mujer. ¿O si hacen falta formalidades para decirte que no puedo vivir sin ti?


N/A ¡OMG! Esto es demasiado para mi Kokoro :O (en todos los sentidos) Ustedes disculpen, soy una novata escribiendo lemon, sin embargo, algo es algo, ¿verdad? ¡GRACIAS! por los reviews y las visitas, ¡gracias! como lo prometí, estaré actualizando muy seguido.

Mando saludos a todas las personas que visitaron este fic (y mis demás) ¿Alguien quiere un ItachiQuiereBebé para ustedes?

Tamahara-Chan, mi página en facebook.

See ya!