CAPÍTULO 14

La lluvia seguía incesante. Elena se hallaba en la bañera, tomándose un baño con agua caliente para ver si podía entrar en calor. No se encontraba nada bien, y Damon seguía vigilándola tras la puerta para que no se escapara por la ventana. "Será estúpido" pensó. "¿A dónde voy a ir con este tiempo?". Su mirada se perdió tras los cristales del húmedo ventanal, y empezó a pensar en todas las cosas que habían pasado en tan poco tiempo. Stefan había aparecido por fin, pero ella ya no era la misma. Por lo menos sus sentimientos hacia él eran diferentes. ¿Acaso se habían enfriado con la aparición de Damon? Ahora aquel Damon no era el mismo. Y no parecía querer escucharle contar su historia, como si se negase a recordar todo lo que había ocurrido entre los dos. A veces había pensado que el olvido era la mejor solución para no complicar las cosas, aunque había algo detrás de aquel Damon que sí reconocía. Su forma de mirarla, de haberse interpuesto entre los cristales del coche para rescatarla... ese era el Damon que quería, y por alguna extraña razón, alguien le había manipulado para olvidarse de ella. ¿Pero con qué fin? Esto solo podía ser cosa de un Original, pues solamente los Originales podían manipular a los vampiros. ¿Acaso la estaba secuestrando por orden de Klaus? Tendría que esperar para averiguarlo.

- ¡Damon! – gritó.

El vampiro apareció al cabo de 1 segundo.

- ¿Qué quieres?

- Necesito una aspirina. No me encuentro nada bien.

Damon la observó fijamente. La espuma de la bañera le impedía mirar más allá de lo que quisiera.

- ¿Un intento de distraerme, niñata?

- ¿Por qué no vienes y me tocas la frente para comprobar si tengo fiebre? – insistió.

- ¡No tengo aspirinas! – gruñó él. – Soy un vampiro. ¡Los vampiros no tomamos medicinas!

Elena le echó una fulminante mirada. Damon se acercó a ella.

- Sal de la bañera. – ordenó.

- ¿Qué?

- ¿Quieres una aspirina o no?

- Claro que quiero una aspirina.

- Entonces haz lo que te ordeno o dejaré que te pudras con la fiebre.

Elena obedeció, resignada, no sin antes taparse con una toalla. El vampiro aprovechó su distracción para cogerla en brazos y sacarla del lavabo.

- ¡¿Pero qué haces? – gritó Elena.

Damon la dejó caer en la cama, y ella se aferró a él por miedo a hacerse daño, agarrándolo del cuello con los brazos. No tuvo más remedio que acompañarla en la caída porque parecía no querer soltarse. El vampiro acabó encima de ella, lo que provocó que sus rostros se acercaran a escasos centímetros. Elena no podía parar de mirarle, y se le aceleró el corazón. Damon la contempló por unos instantes, acercándose de forma que le rozó los labios.

- ¡Dios...! Eres tan... – empezó a susurrarle. Su voz sonaba tan sugerente... tan... sexy, que Elena se quedó petrificada. El ardor en su estómago le hizo olvidar por unos instantes la fiebre que tenía.

- ... ¡ilusa! – continuó el vampiro, cogiéndole de la muñeca y atándola con unas esposas a la cabecera de la cama.

- ¿Pero qué...? – Elena no daba crédito. ¿La había atado como si fuese una delincuente?

- Así no te escaparás mientras voy en busca de una aspirina. – le dijo con una sonrisa en los labios.

- ¡Damon! ¡Serás idiota! ¡No me hagas esto! – gritó Elena.

- Estate quietecita mientras pido una aspirina. Pórtate bien y a lo mejor te traigo una revista. – bromeó.

- ¡Te odio!

Cerró la puerta, dejando a Elena completamente sola atada a la cama. Miró al techo, resignada. Estaba claro que le costaría una barbaridad quitarse a Damon de la cabeza, pues un solo roce le causaba temblores por todo el cuerpo. Y ese sentimiento aumentaba a medida que transcurrían las horas junto a él. Nunca había experimentado tanta sensación de libertad aun estando atada con unas esposas. El Damon salvaje de antes todavía se escondía en este nuevo Damon. Necesitaba sentirle, olerle, probarle como había hecho otras veces. Porque detrás de aquel desconocido se encontraba el hombre al que amaba, y no dudaría en hacer lo imposible para recuperarlo.


- Ya casi hemos llegado. – confirmó Stefan mientras Katherine aminoraba la marcha debido a la intensa tormenta.

- ¿Logras ver el coche por algún lado?

El menor de los Salvatore negó con la cabeza. La lluvia era demasiado fuerte como para ver más allá de unos metros. De repente, en medio de la carretera, una figura que parecía humana apareció de la nada, y Katherine intentó esquivarla, provocando un frenazo que los sacó de la vía de circulación.

- ¡¿Pero qué has hecho? – gritó Stefan.

- ¡He visto una silueta! – exclamó ella.

Stefan se giró hacia donde Katherine había visto la figura pero había desaparecido.

- No te creas que lo he hecho a posta Stefan.

- ¡Pues casi nos chocamos, joder!. Anda... volvamos al coche que nos estamos empapando vivos.

Acto seguido, al girarse para regresar hacia el coche, la figura apareció delante de sus ojos.

- ¡Vaya! Me acabo de encontrar con dos traidores. – dijo la voz misteriosa.

Katherine y Stefan se sobresaltaron al ver al mismísimo Klaus delante de sus ojos.

- ¿K... Klaus? – Katherine empezó a temblar.

El híbrido sonrió de forma maléfica, y sin darse cuenta se vieron rodeados de vampiros en pocos segundos. Intentaron escapar pero fue inútil. Había demasiados. Se acercó lentamente hacia ellos.

- Creo que tenéis algo que me pertenece.

- No sé de qué me hablas. – dijo Stefan con voz amenazante.

Klaus se acercó a Katherine, que se hallaba retenida por dos poderosos vampiros. Cogió una estaca del suelo y se la clavó en el estómago. Empezó a gritar del dolor.

- ¿Dónde está Elena? – preguntó Klaus sin levantar el tono de su voz.

Al ver que Stefan no reaccionaba, decidió coger a la vampiresa por el cuello y empotrarla contra un árbol. Le sacó la estaca del estómago y se la volvió a clavar en el pecho, a escasos centímetros del corazón, provocándole ahogados sollozos.

- Te lo vuelvo a repetir. Si no me dices dónde está Elena le voy a clavar la estaca en el corazón.

Stefan siguió mirándolo, sin pestañear.

- Tú te lo has buscado. – sonrió Klaus. Volvió a sacar la estaca para clavársela en el corazón.

- ¡Espera! – gritó Stefan.

Klaus se giró hacia él.

- Veo que Katerina te importa más de lo que me pensaba. Adelante. Cuéntame lo que sabes.

- ¡Los estamos buscando! Damon y ella han desaparecido. – empezó a contar Stefan.

- Continúa... – insistió Klaus.

- ¡No sé dónde están. Estamos aquí para encontrar pistas sobre su paradero!

Klaus se dirigió a Katherine mientras la estaca seguía clavada en su pecho.

- ¿Está diciendo la verdad? – le preguntó.

Asintió con lágrimas en los ojos.

Parecía satisfecho, así que extrajo la estaca de su pecho. Katherine respiró, pero al cabo de pocos segundos el híbrido la mordió en el brazo. La vampiresa volvió a gritar de dolor.

- Tienes tres días antes de que mueras para traerme a Elena viva. Si no lo haces, te quedarás sin antídoto para curar esa herida.

Katherine le miró suplicante, y Klaus desapareció con su ejército de vampiros, dejando a ambos solos con la mordedura de hombre lobo. Stefan acudió en su rescate.

- ¿Estás bien? – le preguntó con rostro de preocupación.

- Creo que sí...

La ayudó a levantarse, pues apenas podía sostenerse en pie.

- Vamos. Me toca conducir a mí.

Katherine le dirigió una amarga sonrisa.

- Gracias por salvarme la vida.

- De nada. – respondió él.


Damon regresó a la habitación con un par de aspirinas y un vaso de agua que le había facilitado la recepcionista del motel. Elena permanecía en la misma pose que la dejó, tumbada de costado y apoyando su cabeza sobre el brazo atado a la cama.

- Has tardado mucho. – refunfuñó ella.

- Lo suficiente para airearme un poco. – respondió con sarcasmo.

- Son las cuatro de la mañana y no voy a poder dormir en esta pose.

- Pues vete acostumbrando, niñata. No te pienso soltar.

- ¿Qué? – Elena estaba indignada. ¿Tendría que pasarse la noche entera durmiendo atada? – ¡Esto es muy incómodo! ¡No puedes dejarme así!

El vampiro sonrió.

- Pruébame.

- ¡Si me dejas así no te pienso dejar dormir! – amenazó ella.

Damon la contempló, divertido.

- ¿Y qué vas a hacer? ¿Me vas a pegar pataditas mientras duermo?

- ¡Voy a gritar!

- ¿De verdad? – preguntó Damon, mientras se quitaba la ropa para dormir en calzoncillos.

- ¡Por lo menos deja que me ponga un pijama o algo! – insistió ella.

Elena no podía parar de contemplar su hermoso cuerpo. Tragó saliva e intentó disimular su sonrojo cuando se acercó a ella y le lanzó una camiseta suya. Estaba impregnada de su olor.

- Toma. Por lo menos no tendrás que dormir con la toalla mojada.

La desató de la cama para poder vestirse con su camiseta y unos pantalones de chándal que había encontrado en la habitación. Damon no pudo evitar echarle un vistazo, y pensó en lo atractiva que era incluso con una camiseta desaliñada y unos pantalones que no eran de su talla. Aquella chica era tan... no podía describirla, pero se sentía terriblemente atraído por ella. Decidió atarle ambas manos con las esposas y escondió la llave debajo de la almohada. Con sus sentidos vampíricos tan agudizados iba a resultarle imposible acceder a ella sin despertarle. Elena volvió a refunfuñar, pero estaba tan cansada que pronto cerró los ojos. Al cabo de una hora los abrió. La habitación permanecía oscura y Damon se encontraba durmiendo a su lado. Necesitaba otra aspirina, así que intentó ir al baño pasando por encima del vampiro. Arqueó su cuerpo hasta tener a Damon debajo, durmiendo boca arriba y entre sus piernas. Cuando se dispuso a levantar la pierna izquierda para salir por el lateral de la cama donde dormía, notó cómo una mano la cogió por la cintura y la empujó hacia delante, provocando que cayera encima de él. Su pecho chocó contra el suyo, y sus labios casi se rozaron. La joven no podía incorporarse al tener las manos atadas por las esposas, por lo que intentó balancearse hacia atrás sin éxito. La mano de Damon todavía seguía rodeando su cintura.

- ¿Qué... qué haces? – preguntó ella, sorprendida.

- Lo estabas deseando desde la primera vez que me viste. Reconócelo. – le susurró.

- ¿De qué estás hablando?

- Huum... ¿robarme un beso a altas horas de la noche, quizás?

- Eres un arrogante, ¿lo sabías?

- La arrogante eres tú si te piensas que me voy a ablandar solo por el hecho de que hayamos entablado más conversación de la que debiera desde que te secuestré. ¿Qué te crees? ¿Que soy idiota? Tus intenciones se ven a la legua.

- No me puedo creer que seas tan estúpido.

Damon sonrió al percatarse de su enojo. La incorporó y la ayudó a quedarse en su sitio, tumbada a su lado.

- Necesito una aspir...

- Ssssh! Silencio... – interrumpió el vampiro. – le tocó la frente con la mano y comprobó que estaba ardiendo. - ¡Vaya! pero si tienes fiebre y todo.

- ¡No estaba bromeando!

Damon se levantó de la cama y le trajo un vaso de agua con una aspirina. También llevaba un paño humedecido.

- Y ahora duérmete. Ya casi está amaneciendo. Nos iremos en un par de horas.

- ¿Tan pronto? – preguntó ella.

- Por culpa de la lluvia no he podido esconder el coche. Estamos demasiado cerca y es muy posible que nos descubran. No puedo correr este riesgo. Así que duerme lo que puedas.

Le puso el paño humedecido en la frente y en pocos segundos cayó rendida. Damon la contempló mientras dormía. Había algo tan especial en ella y tan imposible de describir que le aterrorizaba por dentro, pero dentro de su incertidumbre existía algo claro: no se podía permitir el lujo de establecer ningún vínculo especial porque tarde o temprano la tendría que matar. Así se lo había ordenado Rebekah y eso es lo que haría.


Katherine miraba pensativa a través de la ventana mientras Stefan conducía. Habían llegado a donde se encontraban los restos del coche robado. Casi estaba amaneciendo y la lluvia había empezado a cesar.

- ¿Te encuentras bien? – preguntó él.

La vampiresa le miró, resignada.

- He sido mordida por Klaus y la única solución que tengo es entregarle a Elena. Y esto es algo por lo que tú no vas a estar dispuesto a pasar, así que imagínate lo bien que estoy.

- Elena es la única que puede acabar con él, recuérdalo.

- ¿Y conseguiremos matarlo en tres días? Permítame que lo dude, Stefan.

- Tranquila. Se nos ocurrirá algo. Te lo prometo. De peores cosas hemos salido.

Katherine lo miró, recelosa.

- Lo siento Stefan... pero hasta hace nada me querías ver muerta. ¿Cómo sé que no me estás utilizando? Me necesitas porque no puedes probar la sangre humana, y eso te ha hecho débil.

De repente Stefan frenó el coche y la agarró por los hombros.

- Escúchame Katherine. Que tú te hayas pasado la mayor parte de tu eternidad utilizando a las personas a tu antojo no significa que yo también lo haga. Cuando estuve bajo la influencia de Klaus, fuiste tú la que me ayudó a curar mis ansias de sangre. Estuviste cada noche a mi lado, aun a riesgo de tu propia vida. Y eso no lo pienso olvidar, ¿vale? Ahora hemos de encontrar a Elena y a mi hermano. Juntos se nos ocurrirá un plan.

Le miró a los ojos. Parecía completamente convencido de sus palabras, así que no tuvo más remedio que hacer algo que nunca había experimentado desde su conversión: Confiar en alguien.

Acabaron encontrando el coche de Damon. Stefan miró en su teléfono móvil los moteles que se encontraban a poca distancia de la zona.

- ¿Motel Siesta? – Katherine parecía sorprendida con el nombre.

- Sí. Está a un kilómetro y medio de aquí. Lo más probable es que se haya alojado allí por culpa de la lluvia. – dijo Stefan.

- ¿Tú crees que Elena puede estar con él?

Stefan la miró. Sus ojos transmitían tristeza.

- El paraguas que encontramos era el de Elena. – contestó con resignación.

- Vale vale! Ya me callo!

Stefan se dirigió hacia ella.

- Escúchame Katherine. A partir de aquí debemos confiar el uno en el otro, ¿vale? Yo te he dado mi palabra de que haré todo lo posible por conseguir la cura para tu herida, pero tú has de hacer lo mismo. Quiero que te dejes de juegos sucios y puñaladas por la espalda, ¿de acuerdo?

- Entiendo lo que me dices dado mi currículum. Pero quiero que te quede clara una cosa. Voy a hacer todo lo posible por sobrevivir, y si tengo que elegir entre Elena y yo, con gusto voy a dejar morir a Elena.

- Puede ser que llegue el momento en el que tú y yo tengamos que enfrentarnos por la seguridad de Elena. Pero quiero una batalla limpia. Solo te pido eso, Katherine. ¡Basta ya de juegos! ¿Trato hecho?

Katherine lo miró por unos instantes, pensativa.

- Hecho.


Eran las 6 de la mañana y ya había parado de llover. Damon y Elena acudieron a una gasolinera que se encontraba a escasos metros del motel. A Damon no le costó en absoluto robar un coche utilizando su manipulación mental, y Elena se encontraba algo mejor que el día anterior aunque apenas hubiese descansado. Miró por la ventana, preguntándose a dónde la llevaría y qué haría con ella. Ya había intentado sustraerle información sin éxito, así que esta vez no sería distinto, por lo que decidió contemplar el paisaje en silencio.

Tardaron en llegar una hora a un descampado situado en Oak Ridge, lugar donde apuntaban las coordenadas de Rebekah. Damon frenó el coche y encerró a Elena dentro para que no pudiese escapar. Salió a echar un vistazo mientras llamaba a un número de teléfono anotado en el papel donde estaban las coordenadas, pues había unas indicaciones de llamar una vez hubiesen llegado a su destino. Descolgaron al segundo tono de llamada.

- ¿La has traído contigo? – preguntó una voz femenina que sin duda pertenecía a la de Rebekah.

- La tengo a punto para ti. ¿Qué quieres que haga con ella? – preguntó el vampiro.

- Debes continuar por la Carretera 68. En el 1431 verás una pizzería llamada "Bill's Pizza Pub". Pregunta por el dueño, Bill. Él te dirá lo que tienes que hacer.

- Entendido.

Rebekah colgó el teléfono. Estaba saliendo todo según lo previsto. Su hermano Klaus era muy inteligente y debía cuidar cada detalle de su plan. La coartada era perfecta: Stefan había regresado a Mystic Falls y Damon, cegado por los celos, la secuestró y asesinó a sangre fría. Era muy probable que Damon actuase de aquella forma dada su obsesión por la novia de su hermano. A Klaus le había llegado a los oídos lo impulsivo que podía llegar a ser, pero aun así intentaría averiguar la causa de su muerte y acabar con el culpable. Las pruebas del asesinato de Damon debían ser irrefutables.

- ¿Y si le añades un poco más de drama al asunto?

- ¿Perdón? – Rebekah estaba absorta en sus pensamientos cuando fue interrumpida por una aparición.

- ¿Qué quieres ahora Vicky? La hermana de Matt Donovan, convertida por Damon en contra de su voluntad y asesinada por Stefan, había aparecido delante de sus ojos.

- ¿Quieres ponerte en contacto con tu madre o no?

Rebekah asintió levemente con la cabeza. Desde hace siglos había probado todos los métodos posibles para contactar con los espíritus del otro lado, un mundo en el que los muertos vagaban sin rumbo al no poder descansar en paz. Descubrió que su madre, una poderosa bruja vikinga asesinada por un ser sobrenatural hace mil años, se encontraba encerrada en aquel mundo, pero por una extraña razón había aparecido Vicky en su lugar. Ella era la única que podía llevarla a la verdad sobre quién la había matado.

- Pues hemos de hacerlo todo según lo previsto. Tú me ayudas a deshacerme de Damon y yo te ayudo a deshacer la obsesión de tu hermano con los híbridos. – contestó Vicky.

- ¿Acaso te he cuestionado algo anteriormente? No puedes aparecer de repente como si nada, Vicky. El plan marcha según lo previsto, y Elena pronto morirá.

Vicky sonrió con maldad.

- Sí... pero quiero que Damon pague por lo que me hizo. Necesito que recuerde todo lo que ha hecho una vez mate a Elena.

- Y yo necesito que Klaus no sospeche que estoy detrás de esto. Nunca me lo perdonaría.

Vicky se acercó a Rebekah, con aires de superioridad.

- Entonces vamos a hacer algo dramático y efectivo a la vez.

Rebekah la miró dubitativa.

- ¿A qué te refieres? – preguntó.

- No solo basta con que la mate. Elena debe sufrir delante de Damon para que recuerde todos los detalles una vez le quites la compulsión. – Vicky la miró a los ojos con firmeza. – Quiero que la viole.

- ¿Qué? – A Rebekah le pareció absurda la petición de Vicky.

- Piénsalo por un momento, Rebekah. Klaus querrá pruebas. ¿Y qué más pruebas que el rastro de Damon dentro de Elena?

Rebekah pensó que a lo mejor podía tener razón. Desde luego eso era una prueba más que contundente que podía creerse Klaus. Al fin y al cabo todos los crímenes pasionales acababan de la misma forma: el asesino violando y matando a su víctima.

- De acuerdo. Pero después de esto, quiero que me pongas en contacto con mi madre.

Vicky sonrió.

- Tienes mi palabra.


Bueno! He vuelto a ir un poco más allá con la historia. Esta vez he recuperado a Vicky por ser un nexo de unión entre Rebekah y su madre, por lo que he pensado que puede ser la única en doblegarla. Por fin Klaus ha aparecido y además he dado más protagonismo a Stefan y Katherine. Espero no haber sido muy dispersa con los acontecimientos. Al final acabarán todos con un punto en común, pero necesitaba explicarlos por separado.

La historia de Damon y Elena se está volviendo un poquito más oscura si cabe... espero que os guste por dónde la estoy llevando. Ya os he dicho que me encanta complicar las relaciones ;)

Vayamos con las reviews:

Claracatibiela: Ya sabes que Damon siempre ha sido el ojito derecho de Elena. Me cuesta creer algo que ella no le perdone, la verdad. Aunque nunca se sabe ;)

Charo-Rt: Bienvenida a mi fic. Me alegro que te haya gustado. Si te gustan Damon&Elena y Katherine&Stefan, aquí te vas a hartar, jejeje.

Tefi96: La escena de Damon interponiéndose entre Elena y los cristales también me gustó mucho escribirla. Lo bueno es que él no sabe por qué su cuerpo reacciona de esta forma ante Elena. Es como un acto reflejo. Así que a tí también te gustan Katherine y Stefan... jejeje. Seguiré escribiendo también sobre ellos.

Khrysthynnekega: Bienvenida a mi fic. Espero que te guste tanto como a mí me gusta escribirlo! :D

Karymoon: ¿Tu historia favorita? ¿En serio? Me siento halagada! Muchas gracias! :)

Me hace mucha ilusión recibir reviews cada semana. Ah! Y os recuerdo que vuestras sugerencias son siempre bienvenidas. Nos leemos en breve!