Capitulo XIV:
Jinetes sobre la tempestad.
La noche se mantenía como fiel testigo de las atroces batallas. Ambos bandos estaban reunidos, preparados para luchar.
El viento mecía las lanzas, haciéndolas chocar unas contra otras. Las cotas de malla resonaban en cada mínimo movimiento. Los soldados realizaban bromas nerviosas, todo se sentía como la primera batalla.
Sasuke miraba con atención cada rostro, solamente encontraba miedo, terror, nerviosismo.
—Están asustados. — Murmuro acompañado de un amplio suspiro. Sasuke lo miro, Naruto estaba en la misma posición que los soldados. — ¿Cómo puedes estar tan sereno?— Cuestiono, al ver que en el rostro del pelinegro no había reacción alguna.
— ¿Por qué debería estar asustado?— Respondió. — Solamente me llevaría a perder la cabeza. — Ambos sonrieron débilmente.
—Hinata me envió una carta. — Susurro. — Lleva a mi hija en su vientre. — Esbozo una amplia sonrisa, nerviosa.
—Ahora tienes una razón por la cual regresar con vida. — Sentencio Sasuke, dando unas cuantas palmadas en la espalda del rubio como forma de felicitación.
—Sasuke. — Llamo antes de salir al campo de batalla. — ¿Tienes alguna razón por la cual regresar?— Cuestiono.
—Si. — Respondió a secas. Lanzo un suspiro, un mal presentimiento se posiciono en su pecho, no se sentía confiado sobre esa batalla.
— ¿Cuál es la estrategia?— Pregunto Naruto. Deseaba cerciorarse, enterarse sobre una estrategia para terminar con la vida de sus enemigos.
—Llevaremos al ejercito de Kaguya al angosto pasadizo entre las montañas, cerraremos su camino…entonces atacaremos sin piedad alguna. — Espeto Sasuke con voz fuerte. Todo quedo claro, no necesita alzar la voz para ser escuchado.
Se posiciono en la vanguardia, ahí pertenecía.
— ¡Recuerden este día, porque perdurara por siempre!— Sencillas palabras que alentaron a los soldados a luchar por su pueblo.
Los cuernos de guerra resonaron, anunciando la batalla.
— ¡A sus posiciones!— Ordeno el pelinegro, esperando la ruda llegada del ejercito enemigo. Corrían sobre la tierra, sus pasos resonaban en cada paso que se daba, todo lo que se escuchaba en el campo de batalla, era música de guerra.
El ejercito de Sasuke estaba ahí, inmóvil, cubriéndose solamente con escudos de hierro, esperando clavar lanzas y espadas en los frágiles cuerpos de los enemigos.
Aquel impacto logro moverlos unos cuantos centímetros, enterrar sus pies en el lodo.
— ¡Soporte!— Grito Naruto. Clavaban sus armas sobre cualquier parte de su cuerpo, exterminando, acabando con sus vidas.
La estrategia era buena, se cubrían con los escudos, esperaban y después atacaban. Terminando con grandes hileras de hombres, derrumbándose ante sus pies.
Cuando la mayor parte del campo de batalla estuvo libre, cada hombre lucho sin ataduras.
Sasuke demostraba sus dotes como guerrero, golpeando, esquivando, luchando.
Degollaba, asestaba golpes, jugaba todo o nada, no estaba su vida en riesgo sino la de todo un reino, el cual, depositaba toda su fe en el cómo lo habían hecho con su padre y hermano.
La batalla se prolongó hasta el amanecer, pero cuando finalizo tuvieron el tiempo necesario para reponer fuerzas y darle a cada enemigo un espacio para tomar los cuerpos.
Sasuke deseaba decir que en su ejército no había bajas, pero no era así. Cada día perdía a más hombres valientes, los cuales gritaron con valentía, dejaron atrás sus familias, sus sueños, todo para luchar a su lado y proteger a su patria.
— ¿Quieres un poco?— Pregunto Naruto, ofreciéndole un poco de vino mientras devoraba una rodaja de pan. Sasuke lo tomo, estaba sediento y aquel liquido fue como gloria.
— ¿Cuántas bajas?— El líquido provoco una placentera quemazón en su garganta.
—Quinientos. — Espeto Naruto. Tomo asiento a su lado. Los cálidos rayos del sol chocaban contra sus cuerpos sudorosos, llenos de tierra y sangre una extraña mezcla.
—Con cada día que pasa el número desciende más y más…a este paso nunca podre asediar a Kaguya. — Murmuro, acariciando su rostro en forma de frustración.
—No debemos llegar a la desesperación. Debemos idear un plan para terminar con Kaguya de una vez por todas. — Musito Naruto. — Lo único que deseo en estos momentos es estar al lado de Hinata. —
—Ni que lo digas. — Interrumpió Sasuke. Extrañaba a Sakura, pero no lo admitiría, no había lugar para debilidades ni sentimentalismos, Sakura era su debilidad.
—Olvide felicitarte. — Dijo su amigo. — Quien lo diría, tú como rey de Salitrium, con una bella esposa y meses después con un hijo. Es impresionante como pasa el tiempo. Antes éramos unos niños jugando con espadas de madera. —
—En algún momento debíamos crecer, tomar el control del reino y todo aquello que nos rodea. — Agrego el pelinegro.
Y si, dejaron atrás las espadas de madera y las sustituyeron por armas de hierro con hoja afilada, cotas de malla, pesadas armaduras y yelmos sobre sus cabezas.
Era difícil crecer.
Las batallas sucesoras fueron acumulándole victorias al joven halcón y al Rey naranja. Canciones e historias rondaban por todos los reinos, sobre sus valientes batallas, sobre su fuerza.
Cierta noche termino de escribir una carta a Sakura, como siempre, avisándole sobre su bienestar y las ansias de estar a su lado y de vez en cuando pidiendo un consejo a su reina, sobre lo que debía hacer, las decisiones que debía tomar.
El cuerno de guerra resonó avisándoles una batalla sorpresiva. Sasuke se apresuró a tomar su espada y guardar la carta entre su ropa.
— ¿Cuántos?— Pregunto Sasuke, terminaba de colocar su armadura.
—Nos superan en número. — Seria difícil salir victoriosos de la batalla.
Aquellos no podían ser llamados hombres, llevaban máscaras y ropas oscuras que ocultaban todo su cuerpo, en medio, había otro ser desconocido, una abominación, algo que ningún otro hombre vio jamás.
Estaba encadenado desde el cuello, controlado por lo menos 10 hombres en cada extremo.
—Mierda. — Susurro Sasuke mientras montaba su caballo.
En los ojos de aquellos hombres solo había desesperanza y una gran oscuridad.
"Inmortales" Sasuke pondría a prueba ese título, no aceptaría una derrota como respuesta.
La batalla dio comienzo. Siempre era el mismo panorama, hombres luchando con garras y dientes, aferrándose a la vida como lo más precioso que tenían en su vida.
Sasuke descendió de su caballo, el chico poseía una rapidez inigualable, una gran habilidad en el campo de batalla. Catalogado como un potencial de guerra que debía ser eliminado cuanto antes.
Evito que uno de sus soldados fuera asesinado, apenas era un niño, solamente contaba con 14 años de edad, o al menos eso fue lo que calculo Sasuke.
Escucho a sus espaldas como era desencadenada la bestia.
—Corre. — Ordeno al ver el terror reflejado en la mirada del muchacho. La bestia golpeo a Sasuke con todas sus fuerzas apenas este giro para encárarlo.
El aire escapo de su cuerpo, una sensación de desespero de la cual no podía salir, el impacto fue amortiguado por los cuerpos apilados de varios soldados.
Al ver como ese "hombre" se aproximaba hacia él. Toco el suelo con las manos, había perdido su espada en el momento del impacto y necesitaba un arma con la cual protegerse, la suerte estaba de su lado, encontró una lanza, retomo sus fuerzas y se puso de pie para enfrentarse contra aquella bestia.
Con facilidad corto la madera de la lanza dejando a Sasuke de nueva cuenta sin armas. Los golpes que asestaba el troll magullaron su escudo, sentía como si le lanzaran enormes piedras, aquellos impactos dejarían resentimientos en su brazo.
El joven alcen volvió a impactarse contra el suelo. Tomo una espada, asestando un golpe en la rodilla del troll. Algunas gotas de sangre se impactaron contra su rostro.
Se puso de pie, atravesando el brazo del monstruo. Este, tomo con facilidad la hoja de la espada sacándola de su cuerpo con suma facilidad. Otra vez los golpes asestaron a su cuenta. Lo alzo, dejando sus pies al aire, levantándolo dos metros del cielo y con fuerza volvió a lanzarlo, despojándolo del escudo.
Sasuke no poseía más fuerzas, la desesperación lo estaba haciendo su esclavo. Tomo otra espada que estaba tendida en el suelo al tiempo exacto. El arma del troll impacto contra la espada del pelinegro, rechinaba al pasar sobre el yelmo, causo una raspadura y un ligero corte en el ojo del joven rey.
Aquella bestia lo despojo de su yelmo, Sasuke ya no tenía ninguna protección y menos cuando la bestia intentaba clavar la espada en su cuerpo mientras este las esquivaba con rapidez.
Se acercó a su rostro, rugiendo con voracidad, evitándole respirar al joven rey, ya que su pesado brazo recaía con toda su fuerza en el cuello de Sasuke.
El pelinegro tomo la espada que segundos antes le fue arrebatada, atravesó el ojo de la bestia y aprovecho esa distracción para cortarle la cabeza.
Sasuke intentaba recuperar la respiración. Su vista se nublaba ¿Cómo no? Recibió golpes con la fuerza de un elefante.
Con dificultad subió a su caballo, un soldado le proporciono otra espada, tomo con fuerza las riendas de su corcel, buscaba con la mirada a alguien o mejor dicho algo.
Una flecha impacto en su hombro, atravesando la carne y segundos después broto la sangre con pequeñas y finas gotas.
Al inicio no sintió el dolor. El caballo estaba aterrado no había manera de tranquilizarlo, pero el animal estaba rampante, Sasuke no consiguió tomar las riendas de nueva cuenta, por lo cual, cayo del caballo recibiendo un fuerte impacto contra el suelo y clavando una daga de madera en su pierna, atravesando la tela y carne, causándole un dolor punzante.
Otra vez se nublo su mirada, todo la parecía muy legando, presa del dolor y sufrimiento. El rey halcón cayó.
— ¡Sasuke!— Grito Naruto, desesperado. Corrió hacia él, abriéndose paso entre los enemigos. — Mierda. — Susurro al verlo inconsciente. — ¡Un médico!— Espeto, furaco. — Amigo resiste. — Susurro.
El rey que perdió Salitrium estaba tendido en el suelo, inconsciente. Puso en prueba el titulo de los inmortales y también el suyo.
Continuara.
