HOLA! QUIERO ACLARAR QUE EL FIC NO ME PERTENECE. LE PERTENECE A HIKARI X TAKERU. YO SOLO LO ESTOY ADAPTANDO

Amigos especiales

Como el viento

Al día siguiente, la sorpresa fue masiva… al igual que la carcajada de todo el grupo.

En el momento en que lo vio, Bella se relamió los labios y rió.

Edward se cruzó de brazos e intentó aguantar la risa.

Mike observaba a su tropa de amigos con el ceño fruncido, el rostro pintado de color rojo por la vergüenza y, prácticamente, con humo saliendo de su cabeza. Cabeza que, casualmente y a diferencia de su cara, mostraba con mechones de cabellos blancos pálidos.

- ¿Qué te pasó Mike? ¿Te asustaron y quedaste así? – preguntó Jasper, sin aguantar la risa.

- Ja ja ja, ¡no es gracioso! ¡Mi cabello! – exclamaba el nombrado, haciendo berrinches.

- No te preocupes, queda bien con tu ojo morado – comentó Alan, sin ningún tacto.

Emmet sonrió de lado con los brazos enrollados en la cintura de Rosalie. No se arrepintió de haberlo golpeado, se lo merecía. Aunque él no supiera que todo había estado planeado…

- Chicos, creo que venir hasta acá fue una total pérdida de tiempo – murmuró Ben, inquietando a todos.

- ¿Por qué dices eso? ¡Mira como esta Mike! No fue una pérdida de tiempo. – replicó Ángela, divertida.

- Es que… creo que va a llover fuerte – dijo mirando el cielo.

Todos levantaron la cabeza al momento justo para ver un relámpago cortar el oscuro cielo.

- Oh mierda, no había visto que el tiempo estaba tan mal – había comentado Emmet, despistado como siempre.

- ¡Oigan, yo no salí de mi casa con este aspecto tan vergonzoso para volver al rato! ¡Nos quedamos aquí así llueva o pase un tornado! – se opuso Mike, cruzándose de brazos, negándose a moverse del lugar en donde estaba parado.

Por unos momentos, todos quedaron callados ante la declaración, pero luego de segundos, comenzaron a despedirse y a alejarse, ante la atónita mirada de Mike.

- ¡Esperen, ¿A dónde van? Demonios… ¡Alan espérame!

Emmet se despidió de Rose con un beso y se giró para mirar a su hermana.

- ¿Vamos, Bella?

Ella dejó de hablar con Edward y le sonrió.

- Iré a la casa de Edward… quiero chocolate caliente. – Dijo sonriendo - ¿Verdad que puedo ir? – la sonrisa que luego le brindó hubiera derretido a cualquiera que la mirara, inclusive al Swan.

- Estoy seguro de que, aunque dijera que no, irías igual, ¿me equivoco?

La castaña asintió, regalándole la misma sonrisa, ante el resoplo de su hermano.

- ¿Qué le voy a hacer? No vuelvas tan tarde. – comentó antes de comenzar a caminar en dirección a Rose.

- ¿Tú no te ibas a tu casa? – preguntó ella, divertida.

- ¿Y quedarme solo? No, querida. Tú vienes conmigo – rió, sujetando a su novia de la cintura y cargándola en su hombro izquierdo.

Bella rió ante la actitud inmadura de su hermano.

- ¿Nos vamos? – inquirió Edward, ofreciéndole su mano.

La chica rió e ignorando totalmente su mano, se trepó de un salto a su espalda.

- ¡Vámonos! – señaló con un dedo el camino, mientras que el cobrizo negaba con la cabeza. Ella nunca cambiaría.

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- Por casualidad, ¿tu mamá no hizo la torta que tanto me gusta? – quiso saber Bella, desde el sillón del living.

- Tienes suerte, hizo una ayer – replicó Edward, derritiendo chocolate en una taza. La muchacha sonrió satisfecha, se levantó desde su lugar y caminó hasta la cocina en donde se encontraba él. Lo abrazó por la cintura y apoyó su rostro en su espalda.

Edward cerró los ojos ante ese contacto y echó la cabeza hacia atrás para tocar la de Bella y hacerle entender que correspondería ese gesto si no estuviera haciendo chocolate caliente.

- Tu mamá es la mejor – dijo Bella, sentándose sobre la encimera, al lado de los ingredientes que Edward estaba utilizando para hacer la merienda. - ¿A dónde fueron tus padres en esta ocasión?

- Se fueron a Los Ángeles, papá tenía otro congreso médico y mamá decidió acompañarlo.

- O sea, ¿tienes la casa sola para ti por unos días? – inquirió la chica, llenando su mente de ideas.

- Sí… pero no empieces a imaginar. Sabes lo mucho que odio limpiar, si los chicos se enteraran de eso, quisieran hacer sus fiestas aquí y me quedaría todo el trabajo a mí. – apagó el fuego de la hornalla y vertió el chocolate en dos tazas para entregarle una a su amiga.

- Esta bien… aguafiestas – murmuró por lo bajo para molestarlo.

- ¿Qué dijiste? – se molestó el Edward, con enojo obviamente fingido.

- Nada, nada - replicó la otra, riendo. Bebió un poco de chocolate y se sintió en el cielo. Le encantaba ese sabor. – Estoy teniendo un poco de frío, ¿puedo ir a buscar una campera?

- Claro, ya sabes donde están. – contestó Cullen al tiempo en que colocaba agua en todas las cosas que había utilizado para hacer el chocolate. Ya lavaría más tarde.

Bella desapareció de la cocina y se dirigió a la habitación de su amigo. Buscó en el armario una prenda en especial y la descolgó de la percha, sonriendo. Antes de colocársela, aspiró el suave aroma que desprendía y cerró los ojos. ¡Como amaba el perfume de Edward!

Se puso la campera sin subir el cierre. Cuando estaba disponiéndose para salir del cuarto, un cuaderno llamó su atención. Nunca antes lo había visto. Le picó la curiosidad.

- Bella, ¿Qué estás haciendo? – quiso saber Edward, apareciendo en la puerta de su habitación.

- ¿Qué es esto? – inquirió Bella, mostrándole el cuaderno abierto en una página escrita.

Edward resopló y se apoyó contra el marco de la puerta.

- ¿Acaso no te enseñaron a no mirar las cosas ajenas?

- Mi hermano es Emmet Swan, ¿recuerdas?

El cobrizo sonrió y acercó para sujetar el pequeño libro.

- Esto es una canción que escribí para cierta amiga cabeza dura que me estaba haciendo sentir confundido…

Los ojos de la muchacha se iluminaron al escuchar eso, o esa fue la impresión que tuvo el chico.

- Quiero escucharla… - comentó con ilusión.

- Ya la leíste, ¿para qué quieres escucharla?

- Por favor – rogó ella, juntando sus manos y entrelazando sus dedos. Edward, simplemente, no pudo resistirse.

Volvió a suspirar y se sentó en la cama, con Bella imitando su acción. Tomó aire y, sin mirar a su mejor amiga, comenzó a cantar con voz tranquila.

- Hoy me he dado cuenta que me ofende tu amistad, mi corazón espera más y no lo entiende… Hoy me he dado cuenta que no somos amigos nada más, que sin pensarlo te empecé a extrañar a cada momento…

Miró a Bella e hizo que prácticamente se derritiera con la sonrisa que le brindó.

- Es como el viento… que lo siento pero nunca puedo verlo… este amor es algo similar. Tú nunca me has dicho que me amas pero lo siento en tu mirada.

Es como el viento… cuando respiro le da vida a mi cuerpo… este amor es algo similar. Tú nunca me has dicho lo que sientes pero mi corazón presiente que algo más.

Hoy me he dado cuenta que no somos amigos nada más, que sin pensarlo te empecé a extrañar a cada momento…

Y me pregunto si es cierto, si es solo un secreto, si hay algo contigo o somos solo amigos…

Es como el viento… que lo siento pero nunca puedo verlo… este amor es algo similar. Tú nunca me has dicho que me amas pero lo siento en tu mirada.

Es como el viento… cuando respiro le da vida a mi cuerpo… este amor es algo similar. Tú nunca me has dicho lo que sientes pero mi corazón presiente que algo más.

Los ojos de Bella no podían despegarse de los de Edward. Lo miraba maravillada. Era lo más tierno que alguien había hecho por ella.

Al terminar de cantar, una mirada verde se posó en una chocolate.

- ¿Y? Vergonzoso, ¿no?

- ¡Es hermoso! – exclamó Bella, lanzándose a abrazarlo. Por la fuerza utilizada, el cuerpo de Edward chocó contra el colchón y el cuaderno cayó al suelo. Edward rió y la rodeó con sus brazos.

- Me alegro que te haya gustado. – comentó antes de darle un corto beso. Admiró la enorme sonrisa de su chica y se sintió bien.

- ¿Y ahora? ¿Vemos una película? – dijo Edward, notando que eran las 4 de la tarde y que aún faltaba mucho para que se cumpliera la visión de "no vuelvas tarde" que tenía Emmet en su diccionario.

- ¡Si, terror! – exclamó Bella, quitándose de arriba de él para correr hasta el mueble del living en donde la familia Cullen tenía la extensa colección de DVD's que ella tanto amaba.

Edward rió ante su actitud y fue a acomodarse en el sillón, tomando un poco del chocolate que había dejado sobre la mesa de té para que se enfriara un poco. Era extraño tomar algo que no fuera alcohol. Observó a la otra persona encender el televisor y lo necesario para ver el filme, después de todo, Bella sabía a la perfección cómo funcionaban los aparatos de su casa, y el Home Theatre no era la excepción.

Tras colocar todo en orden, se posicionó al lado del cobrizo, apoyando su cuerpo contra el de él. Edward pasó su tasa a su otra mano y envolvió los hombros de ella con su brazo izquierdo. Estando ambos cómodos, Bella dio "Play" con el control y se dispusieron a ver la película que tanto les gustaba, aunque solo la hubieran visto una sola vez. "La profecía del no nacido"

- ¿Estás segura de querer ver esta película otra vez? La primera vez que la vimos, me llamaste llorando a las 3 de la mañana porque tenías miedo. – comentó Edward, sin despegar la vista del televisor.

- Era porque no estaba preparada para las escenas de susto y me traumé un poco.

- ¿Un poco? Estuviste una semana llamándome a la madrugada.

- ¡Bueno, eh! Jaja, perdón si te molestó – rió Bella, golpeando levemente el pecho de su compañero.

- Para nada, mira, ahí empieza…

Las siguientes dos horas se las pasaron atentos al televisor, abrazados, sintiéndose seguros aunque estuvieran mirando una película de horror con un día de terror.

- ¡Corre! ¡Corre, idiota! ¿Por qué siempre se quedan paradas cuando se acerca el niño muerto? – a menudo se alteraba la Swan, señalando al televisor como si eso no pudiera ser.

- Por el miedo, por la sorpresa o porque el idiota del autor lo quiso hacer así. Ya quisiera ver que hicieras tú en uno de esos casos – respondió Edward, revolviendo sus cabellos con diversión.

- Te llamo a ti y tú vienes a salvarme. – replicó la chica, girando su rostro para quedar cara a cara. Tras reír ante la oración, besó a su chico y se pegó aún más a él.

Casi al final de la película, en donde se estaba llevando la resolución de todo el desenlace, un trueno se escuchó fuera de la casa y a continuación, se desató un diluvio muy pocas veces visto por los adolescentes.

Edward profirió un silbido extenso y se levantó para asegurar las ventanas. Tras hacer eso, se giró y extendió los brazos.

- ¡Te tengo atrapada en mi casa y ahora no te dejaré salir! – exclamó con voz macabra, notablemente fingida, a la muchacha que, al escuchar esto, se llevó las manos al rostro.

- Oh no, ¿y ahora que haré? ¿Qué quiere usted de mi… hombre malo? – preguntaba Bella, exagerando los movimientos y las palabras, mientras se acostaba a lo largo del sillón en posa trágica.

- Te voy a hacer cosas que te harán sufrir como nadie… - continuaba el cobrizo, caminando en posición encorvada, frotando sus manos como si estuviera planeando algo. Y, de un momento a otro, se tiró sobre su amiga - ¡Cosquillas!

- ¡No! ¡Edward, jajajaja!

Ambos bien sabían que el punto débil de Bella eran las cosquillas que tenía en su abdomen y costados y que no resistía si alguien tocaba esas partes sensibles para ella. A Edward le encantaba hacerle cosquillas, lo hacía sentir que él era el único que podía hacer reír y desesperar a la castaña al mismo momento.

Después de un tiempo torturando a la castaña, la miró desde su posición arriba de ella y suspiró. Bella estaba despeinada y levemente sonrojada por las carcajadas, con una extensa sonrisa plasmada en su rostro. Edward la observó detenidamente por unos segundos, cosa que la extrañó.

- ¿Qué tengo? – quiso saber.

Edward no contestó, solo sonrió levemente antes de bajar su cabeza y arremeter contra sus labios en un beso apasionado. Casi por inercia, Bella pasó sus brazos por sus hombros y lo empujó hacia ella, para que se acostara sobre su cuerpo. El castaño buscó su lengua con impaciencia, comenzando una danza entre ellas, logrando volverlos locos.

Casi inconscientemente, Bella enredó sus piernas en la cadera del chico y lo apretó contra ella.

Dios, en ese instante y más que nunca, no podía decir que Edward era su amigo. Lo necesitaba. Urgentemente. Pero no como se necesita a un amigo o un hermano. Lo que sentía era extraño. Sentía que lo quería y lo necesitaba… dentro de ella.

Intentaba acercarlo aún más a su cuerpo pero era prácticamente imposible. Quería sentirse unida a él, sentía que debía expresarle todos los sentimientos confusos que se arremolinaban dentro de su corazón.

Cuando Edward aventuró su mano por debajo de su blusa, Bella suspiró ante el contacto. Era ilógico. Edward había tocado su piel mil veces antes pero nunca había conseguido tal sentimiento en ella. Tal pasión y necesidad.

Sin embargo, ambos sentían que algo iba mal…

Sin ir más lejos y sin entender a la perfección porque no continuaba, Edward se separó de la boca de su chica y la observó. Esos ojos castaños que tanto le gustaban estaban opacados por el deseo y tenían un brillo distinto al que tenían siempre.

Bella analizó los ojos verdes de la persona que tenía sobre ella y creyó entender lo que pasaba por la mente del corizo. Pensamiento que, casualmente, también cruzaba la de ella.

- ¿Lo entiendes, no? – preguntó Edward, acariciándole el rostro con suavidad.

La castaña asintió, sintiendo alivio al saber que él sentía igual que ella.

- Estamos yendo muy rápido. – murmuraron los dos al mismo tiempo. Y, tras un segundo de silencio, se sonrieron mutuamente.

Les reconfortaba saber que la decisión de esperar no le molestaba a ninguno de los dos. Es más, tenían todo el tiempo que quisieran. Y por lo que había sucedido esa tarde, no creían que ese acto se retrasara mucho más tiempo.

Ya llegaría el momento indicado.

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Review?