Bueno. Primero de todo: Lo siento por la tardanza. Aunque por lo menos he actualizado y no me lleve un año como la otra vez:P
En fin, un saludo para todas las que siguen por aquí, y disculpas de nuevo, pero la uni es un poco avariciosa :P me quita todo el tiempo.
CAPITULO 14. ACERCAMIENTOS
Desde que Naur cayó inconsciente, el rubiales decidió permanecer junto a la joven. El rostro de la muchacha poseía una belleza imposible de pertenecer a una simple mortal, más bien debía de una elfa, y de una elfa de mucha categoría.
Cada vez que la observaba, en su interior se complicaban más las cosas. Siempre salían a la superficie nuevas preguntas sin ser respondidas las anteriores. Llegaría el momento en el que ya no pudiera pensar.
- Legolas – llamó el montaraz apareciendo por detrás de él -. Deberías descansar. Todavía quedan unas horas hasta el amanecer.
- ¿Viste sus ojos? – preguntó el elfo. Una de sus dudas en su mundo de preguntas.
- No. No me encontraba aquí cuando ocurrió todo. Fui a…
- No era ella.
- ¿Qué? – preguntó incrédulo Aragorn.
- En sus ojos no había felicidad. No poseían alegría, ni vivacidad. Sólo era odio, rencor… muerte.
- ¿De qué estás hablando, Legolas?
- Aragorn – siguió el elfo volteándose para mirar a la cara a su amigo -, no era ella.
- Amigo – dijo Aragorn poniendo una mano en el hombro del elfo -, creo que te estás obsesionando con Pisom. Tal vez deberías aclararte un par de cosas hablando con ella a solas.
El gondorita se retiró en la oscuridad tras dar por acabada la conversación. Pero en el fondo, se sentía preocupado por su amigo. El elfo nunca había dado señas de preocupación sobre ninguna fémina. Como todo un caballero ayudaba siempre que podía a elfas y mujeres, pero nunca en el campo personal, "sólo era educación" decía siempre.
- Pero no eran sus ojos…
"Maldito Gandalf"
- ¿Qué ha pasado? – preguntó extrañada Nayra.
"…"
- ¿Por qué no recuerdo nada?
"Ha sido culpa del maldito de Gandalf. Nos ha atacado"
- ¿Qué?
"No empieces otra vez, querida"
- Pero es imposible. Gandalf nunca me pondría una mano encima.
"Correcto. Y no lo ha hecho, sólo nos ha puesto un bastón"
- Pe-Pero, ¿por qué?
La figura de Pisom se hizo nítida en la mente de Nay. Apareció sonriendo maléficamente.
Era la primera vez que la veía en forma humana, y realmente se sorprendió cuando la vio. Una réplica exacta de ella misma. Sólo había dos diferencias: esos ojos tan horripilantemente azules, y el pelo. Nayra tenía su preciosa cabellara dividida en dos colores, negro y rojo, mientras que la desconocida lo tenía en su totalidad negro, como la más oscura noche.
"¿De qué te sorprendes?"
- …
"Ya te había dicho que estabas ocupando mi identidad" – dijo Pisom escupiendo veneno con cada palabra.
- Pero no es posible. Yo-yo ¡tengo recuerdos!
"¿Segura?"
Una secuencia de imágenes se aparecieron en la mente de Nayra. Una guerra. La guerra donde pereció su padre en la marea de orcos, elfos y humanos. Pero todas las imágenes iban demasiado rápidas, hasta que pararon en una.
En ella. La mujer de fuego.
De repente, las imágenes se convirtieron en recuerdos. La joven se encontraba ante un grupo de elfos, de los que distinguió a Elrond. Empezó una batalla con los elfos, hasta que sólo quedó él solo.
Nay sabía lo que ahora venía. El grito de su padre que declaraba su muerte y la onda expansiva que derribaría a todos menos a ella.
Entre todos los cuerpos destacaba el de ella por estar de pie. Ya no estaba envuelta en llamas, era normal de nuevo, pero…
- No puede ser… - pensaba Nay mirando atentamente.
La joven que ella creía ser, no era ella. Aquella muchacha no tenía su cabellera bicolor. Sólo poseía uno. Y era negro.
- No puede ser – repitió en voz alta.
"Claro que si – aseguró Pisom con voz melodramática -. Pobre chica, me parece que vas a sufrir una crisis de identidad – continuó riéndose ampliamente -. Y recuerda, no te acerques a los elfos si quieres evitar que vuelva a resurgir y echarte de tu magnifica vida"
Una pequeña mancha brillante hizo poner fin al sueño continuo que poseía la joven. Abrió los ojos y pudo ver una esplendorosa luna llena en lo alto del oscuro cielo.
Se destapó de una manta que tenia encima e intentó levantarse, pero un peso sobre su cuerpo no la dejó.
Miró por encima de su cuerpo y deslumbró un bulto encima de su estómago.
Ghiki.
Parecía que el mono, al fin y al cabo, no la había abandonado del todo.
Con cuidado, cogió al mono y lo colocó a un lado. Parecía un gatito encogido, aunque luego hizo aparecer ese encanto que tiene el mono y se estiró cuan largo era aún dormido.
Ahora si, Nay se levantó y observó el panorama.
Todos dormían excepto Gandalf.
Seguro que le toca la guardia – pensó la joven.
- Nayra, acércate.
La muchacha se acercó algo recelosa al mago. Aún recordaba la conversación con "Pisom". "Ha sido culpa del maldito de Gandalf. Nos ha atacado"
- ¿Qué ocurre?
- Quisiera saber que ha ocurrido – respondió el anciano.
- Creo, creo que me has atacado – contestó mordazmente, aunque algo dudosa. ¿No se supone que Gandalf le ha ayudado siempre?
- ¿Quién te ha dicho eso? – preguntó el mago con una enigmática sonrisa en la cara.
- ¿Có-cómo sabes que me lo ha dicho alguien? – la chica estaba realmente sorprendida. Sabía que Gandalf sabía cosas sobre ella que desconocía, pero saber que tiene dos "personalidades"…
- No te confundas. Conozco a Pisom y se que es lo que quiere – Nay permanecía estupefacta -. Intentará ponerte en contra de nosotros, pero recuerda: no creas todo lo que te dice.
- ¿Quieres decir que hay cosas que si debo creer?
- Tal vez.
- Como que no fui creada por Sauron, sino que nací. Soy hija de una elfa. ¿No?
Gandalf cayó durante unos segundos. Esa afirmación lo había cogido por sorpresa. La viperosa lengua de Pisom parecía que hablaba más de la cuenta.
- Es cierto, pero no puedo explicarte nada todavía.
- Gandalf, necesito saberlo – le suplicó la muchacha con lagrimas a punto de salir -. Ni siquiera se quien soy.
- ¡Claro que si! Eres Nayra Dûr Lothelawen.
"- ¿Lothelawen? – recordó la pregunta de Arwen -. Así se llamaba mi madre."
- Puede ser, ¿qué sea hija de la madre de Arwen? – preguntó con las lagrimas libres por su cara.
- Lo siento Nay, no puedo contestarte aún.
No debería haber preguntado nada sobre su madre. Ahora su mente estaría dando vueltas en un tema que no tiene nada que ver con la misión. Pero…
Gandalf se levantó de la roca donde estaba sentado y se dirigió hacia uno de nuestros compañeros que dormía profundamente, seguramente para cambiar la guardia. Pero ella seguía pensando en lo mismo.
Habían demasiadas coincidencias si se ponía a pensarlo. Es decir, si la señora Lothelawen era su madre, su esposo, Elrond, era su padre…
- ¿Te ocurre algo? – preguntó una voz mientras se sentaba detrás de ella y la abrazaba.
- Legolas…
- Estás un poco rara.
- Estoy perdida.
La respuesta descolocó un poco al elfo. Sabía que le ocurría algo, pero estar perdida no era una respuesta de las que esperaba. Podía haber contestado que tenia miedo, ¿cómo va ha tener miedo?
- No te preocupes – le contestó al rato para reconfortarla -. Seguro que te encuentras muy pronto.
- ¿Es posible ser elfo y no tener las orejas que les caracterizan? – preguntó Nayra.
Legolas sabia que contestar. Por supuesto que todos los elfos tenían esas características orejas. Sin embargo dejó la pregunta al aire y se dedicó a dar besos al pelo de su compañera.
Con el tiempo, el elfo empezaba a sentirse nervioso. La cercanía que tenia con la chica y el silencio que había en el ambiente no lo tranquilizaban.
Y pensar que esa chica había querido matarlo días antes… aunque el sabia que no era ella, esos ojos se lo habían demostrado, no eran suyos.
- Naur, ¿todavía sueñas con esos ojos azules a los que tanto miedo tenias? – preguntó para sacar algún tema.
- No. Mucho peor – contestó sin vacilar -. Tengo una lucha interior con ellos todo el tiempo. Y aunque parezca de locos – dijo dándose la vuelta para ver la cara de Legolas -, me cuentan cosas que me aterrorizan. De locos, ¿no?
¿Cómo iba a estar loca esa linda muchacha? Con el cariño que le tenia la defendería ante cualquiera para demostrar lo contrario.
La observaba detenidamente. No tenía esos ojos azules a los que el también había tenido miedo. Volvían a ser verdes, el verde esperanza que tanto le gustaba.
Esperanza, la que guardaba desde hacia días que guardaba en su corazón. No era obsesión, como le había dicho su amigo. Ya se había aclarado un poco, descubriendo que en lo profundo había esperanza para hacer una locura que deseaba hacer.
Nayra también miraba detenidamente al elfo. Se había dado cuenta que Legolas la miraba fijamente, examinándola por todos lados debatiéndose por hacer algo. Se le secaban los labios por el frió y tuvo que humedecérselos.
Ese gesto hizo que el elfo se decidiera, tomándolo como un reto para hacer lo que ambos querían. Y aceptó encantado.
Como dos lobos hambrientos comenzaron a besarse salvajemente. Nayra se había dado la vuelta completamente y se encontraba sentada en las piernas del elfo.
Sentían que la temperatura de ambos subía, y no era la única cosa que había sentido Nayra.
La chica le había pasado las piernas por la cintura del elfo, y como respuesta de éste, había comenzado a morderle el cuello a la chica mientras ésta le abrazaba fuertemente.
El elfo cogió a la muchacha y la levantó, soltándola únicamente en el suelo.
Se encontraban uno frente al otro. De nuevo se dedicaban a observarse uno al otro. Los dos con las mejillas coloradas, la ropa descolocada, e incluso, el pelo.
Legolas decidió volver a lo que estaban y buscó esos labios que lo habían vuelto loco, y Nayra lo recibió gustosamente.
Tuvieron que separarse para respirar unas cuantas veces. Sus bocas solo se dedicaban a una cosa, sus manos sin embargo, se dedicaban a explorar el cuerpo del otro por encima de la ropa.
- Me vas a volver loco – dijo en un susurro el elfo en uno de los intermedios de sus besos.
Con una sonrisa pillina, Nayra lo miró a los ojos para responderle, pero fue lo peor que pudo haber hecho.
Los ojos azules de Legolas le recordaron unas palabras.
"No te acerques a los elfos" "Por el bien de todos"
La joven se separó del elfo, y con un pequeño susurro y mirando al suelo le contestó:
- Lo siento.
Dio la vuelta y se dirigió a dormir.
- ¿Qué ocurre? – preguntó Legolas caminando detrás de ella.
- No ocurre nada, es solo que me siento mal.
- Pe-pero, ¿fue algo que te dije?
- No, claro que no.
- Entonces, ¿fue el beso?
- ¡No! – le contestó rápidamente.
- Dime entonces el que – le exigió dándole la vuelta.
Se miraron a los ojos de nuevo. ¿Cómo habían llegado a esto? Ninguno de los dos se dio cuenta, pero si tenían algo claro, y era que se deseaban.
No aguantaron más. Se unieron de nuevo en un beso menos salvaje que el anterior, pero más profundo y lleno de sentimientos.
- Legolas – habló Nayra mientras se besaban -, tenemos que dormir.
El elfo le sonrió picaramente y le cogió de la mano para llevarla a las mantas donde se acostaron ambos. Allí, siguieron con los besos y los tocamientos, hasta que de nuevo, Nayra paró.
Pasaron la noche juntos. Y aunque no ocurrió nada por petición de la joven, para ambos fue una de las noches más felices desde que empezaron con la travesía.
- Vaya, vaya – comentó Boromir cuando observó la imagen ante él con cara de pocos amigos.
- Me debes dos jarras de cerveza y una pipa – habló una voz felizmente.
- Cuando terminemos la misión te pagaré lo que te debo, señor enano.
Hasta aquí llego. Se que ha sido cortito, pero es que no me viene la inspiración ni el tiempo. Sorry.
Nos vemos en la proxima.
