Avances

-¿Estás seguro de esto, amor?

Remus dejó salir el aire con pereza, ya se estaba cansando de la actitud sobre protectora de su pareja.

-Quiero ver a mi cachorro, Lucian. Es necesario que salga de aquí para hacerlo.

-¿Pero es demasiado necesario el que tengamos que encontrarnos con todas esas personas que estuvieron involucrados en tu vida antes de que te encontrara?

-Hablas de mí como si fuera un objeto, idiota -realmente le molestaba cuando Lucian se ponía en su fase de novio celoso-y por otro lado, ellos solamente me conocen, tú estás muy por encima de ellos. Claro que no tanto como mi cachorro.

-Sé que crees que eso me tranquilizaría -se acercó y lo abrazó posesivamente-, pero aun así siento que el llevarte con ellos significaría que ya no tendría tu completa atención.

-¿Lucian, te estas escuchando? Estas comportándote como un niño pequeño al que lo amenazan con quitarle su juguete favorito si no obedece, pero no es así, Lucian. Eres un hombre adulto (por no decir viejo) y debes comportarte como tal.

El licántropo alfa lo miró con la ofensa marcada en su mirada. Realmente no es que estuviera demasiado celoso de que fueran a ver a los amigos de su pareja, pero después del ataque en el callejón Diagon, se le quitaron todas las ganas que había tenido de salir a la superficie.

Luego de que hubieran vuelto al bunker, Raze les había saltado encima, acusando que el aroma de Remus les indicaba que estaba perturbado y Lucian le había contado lo que les había sucedido durante su paseo, del cual había tenido que prácticamente salir escapando para que no asociaran a Lucian con el asunto. Ya que por no pertenecer al mundo mágico, sería interrogado y quizás involucrado en el ataque, pensando que estaba de lado del Lord oscuro.

Ahora Remus daba vueltas por la habitación de Lucian, tratando de convencerlo para que lo dejara ir a visitar a su cachorro. Había quedado demasiado preocupado por su estado al saber del ataque y que seguramente habían estado ocurriendo con frecuencia, sin que él lo supiera.

-Hagamos algo -le dijo Lucian, acercándose por la retaguardia y abrazándolo por la cintura-, le pediré a Raze, Maxius, Prime y Cleptos, que nos acompañen a la casa de tu cachorro.

-¿No te parece que es muy poco un batallón completo? -le preguntó con ironía, tratando de alejarse de los brazos que afianzaban el abraso a su alrededor.

-Entiende que no permitiré que salgas solo. Mucho menos después de lo que ha pasado.

-Está bien -le dijo con sumisión-, pero quiero tratar de mandarle un mensaje. Sino, la casa no los dejará ingresar y tú entraras en un estado trastornado-histérico.

-Yo no me pongo así -le dijo divertido y dándolo vuelta para besarlo con entusiasmo.

Remus aún se sentía un poco cohibido, pero podía separar completamente el hecho de la violación de Greyback, con los besos suaves y (aunque pasionales) afectivos de Lucian. Podía sentir las manos de su pareja, viajar a lo largo de la espalda y deteniéndose en sus caderas. No podía evitar sonreír dentro del beso al percibir el esfuerzo que hacía Lucian para no ir más allá. Le enternecía en cuidado que tenía con él, para no trastornarlo.

Se separaron por falta de aire y Remus se dio la licencia de hacerlo sentarse en la cama y acomodarse en su regazo, para poder disfrutar un poco más de su compañía.

-Me gusta mucho cuando haces esto -le dijo Lucian, meciéndolo con cuidado, como si estuviera acunando a un bebé-, que me dejes avanzar.

-Y yo te agradezco el que me esperes.

Lucius lo miró extrañado, pero rápidamente entendió a lo que se refería y no pudo hacer otra cosa que acercarlo para darle un dulce beso.

-Lamento interrumpir -la voz de Raze los distrajo de su "empalagosa entrega" y centraron su atención en el morocho-. Es hora de cenar.

-Gracias, Raze -le dijo Lucian, haciéndole señas para que se fuera, cosa que el hombre hizo con todo gusto-. Ahora sí -le dijo mirando a Remus-, hablaremos con los chicos para ir a ver a tu cachorro.

-Como quieras -le dijo Remus, completamente resignado a lo que ese hombre quisiera hacer-, con tal de poder ver a Harry, llevaría a todo el bunker conmigo.

-No me des ideas, cachorro -lo besó antes de que protestara por su apodo. Sabía que a Remus le molestaba que lo llamara así, pero no podía evitarlo.

Remus miraba con un poco de pesar la casa frente a él. Estaba parado en la vereda del frente de Grimmauld Place y la casa con el numero 12 aún no está a la vista. No estaba muy seguro de lo que diría Harry al verlo, teniendo en cuenta tanto sus cambios físicos como el que estuviera de novio con Lucian. Sabía que su cachorro no le reprocharía el que estuviera con otro hombre luego de la muerte de Sirius, tomando en cuenta todo lo que había pasado y el tiempo que había transcurrido desde su fallecimiento. Estuvo a punto de no ir, pero su conciencia no lo dejaba en paz, mucho más sabiendo que seguramente Severus había sido llamado y se hubiera enterado de lo que le había ocurrido en los dominios de Voldemort.

Se paró derecho y se encaminó a la vereda contraria, pero antes de que pudiera empezar el conjuro para abrirla, alguien puso su mano en su hombro.

Lo que pasó después fue demasiado rápido.

Los cinco licántropos que habían acompañado a Remus, se lanzaron contra el hombre que había aparecido de la nada y se había atrevido a tocar al cachorro de la manada.

-¡No, deténganse! -gritó Remus al ver de quien se trataba.

Muy a su reticencia, Lucian dio la orden de liberar al hombre que tenían apresado y al cual estuvieron a un paso de descuartizar.

Desde el suelo, Severus miraba a todos alucinado.

-Lupin –saludó, muy a su manera, al licántropo que extendió su mano para ayudarlo a pararse- ¿Se puede saber dónde demonios te has encontrado todo este tiempo?

Lucian gruñó ante el tono fuerte con que le hablaba a su pareja, pero en el fondo se sintió aliviado de que alguien, aunque sea este hombre, no pareciera muy embobado con la nueva apariencia de Remus.

El castaño, muy a la sorpresa de todos, se lanzó contra el hombre vestido de negro y lo abrazó con fuerza.

-Severus, me alegro mucho que estés bien -Remus sabía que si algo le pasara a este hombre, su cachorro terminaría por enloquecer.

-En este momento no me encuentro muy bien, Lupin -le dijo removiéndose del brutal abrazo del licántropo-. Me estas moliendo los huesos y no necesito los míos para mis pociones.

-¡Oh, lo lamento mucho, Severus! -le dijo soltándolo.

-¿Quiénes son esos? -le preguntó muy descortésmente, por los hombres que lo habían atacado. No le gustaba para nada tener a tanto individuo extraño rondando cerca del lugar en el que se refugiaba su pareja, muchos menos ahora, que su embarazo estaba tan avanzado.

-Oh, verdad -le dijo sonriendo-, ellos son quienes han cuidado de mi durante todo este tiempo.

-Y yo soy su pareja -le dijo Lucian, posando una mano en la cintura de Remus, muy a la vergüenza de este-, mi nombre es Lucian.

-Deja la paranoia ¿Quieres? -le susurró Remus, sin alejarse de él, claro está- Él es Severus Snape. Es la pareja de mi cachorro.

Los hombres miraron al sujeto parado frente a ellos. Y aunque no eran nadie para juzgarlo, se sorprendieron un poco al recordar que Remus les había comentado que su ahijado tenía 16 años y el hombre parado frente a ellos, supera con creses los 30.

-Primero que todo, tengo que informarle a Harry de tu presencia. En su estado no es conveniente el que se altere mucho.

-¿En su estado? -preguntó preocupado- ¿Qué le pasa a mi cachorro?

Severus los hizo entrar a la casa, tampoco era conveniente el que un grupo tan grande estuviera por tanto tiempo en la calle. Se volteó para mirar a Remus, que se había quedado preocupado desde que le había dicho lo de Harry.

-Está embarazado -vio la impresión que causó la noticia-. Está esperando un hijo mío, tiene cinco meses de gestación.

Remus se quedó impresionado por la noticia. Su cachorro tendría… un cachorro.

Lucian por su parte, se encontraba en el limbo.

¿No se supone que el cachorro de Remus es un chico?

Y de ser así.

¿Los magos varones, podían quedar embarazados?

Su mirada se quedó prendada de la figura de su pareja. Desde la muerte de Sonja, en la que se habían llevado la vida de su hijo con ella, nunca más volvió a albergar la idea de tener un bebé suyo en sus brazos, pero luego de lo que dijera el hombre que ahora subía por las escaleras, la idea volvió a rondar su imaginación y no pudo evitar anhelar el que su pareja le diera esa felicidad.

Continuará…