Lonely, too long.

Capítulo XIV.

Aquí va mi confesión
Antes de ti no fui un santo
He pecado como no
Pero eso es cosa del pasado
Desde que llegaste tu
Lanzaste al aire la moneda
Fuera cara o fuera cruz
Ganabas como quiera

Conocerte fue un disparo al corazón
Me atacaste con un beso a sangre fría
Y yo sabía
Que era tan letal la herida que causo
Que este loco aventurero se moría
Y ese día comenzó
Tanto con un disparo al corazón

Disparo al corazón – Ricky Martin.-

Un auto negro estaba detenido en medio de un estacionamiento vacío frente a las costas de San Francisco y una mujer ocupaba el asiento del copiloto. Ella estaba a la espera, a la espera de cobrar la deuda que le había llevado hasta allá, a la espera de hacer correr la sangre de alguien que lastimó a uno de los suyos, a la espera de dejar un precedente y comunicar a quien quisiera ver o escuchar de que nadie podía hacer lo que quisiera en contra de ella y pretender salir impune.

El mar, el cielo y aquella nueva y reluciente construcción de las empresas Duncan serían testigo de ello.

-Todo está despejado -le informó Max cuando volvió al auto. Ella no le miró, sino que continuó observando el mar, tranquilo y manso y seguramente lleno de misterios en sus profundidades. Le hubiera encantado descubrirlos pero en ese momento otros asuntos se imponían-. ¿Estás segura que él está aquí?

-No podría estar en ningún otro lugar -respondió Nikita.

-Es extraño, las Flechas ya debieron haberlo capturado ¿Por qué aun no hemos escuchado algo de parte de ellos?

-Porque andan corriendo como gallinas sin cabeza detrás de pistas inservibles -contestó atenta a como un charran se lanzaba en picada hacia el mar en busca de su presa, justó como haría ella y seria igual de despiadada. El charran no dejaría espinas y Nikita no dejaría huesos-. Él está aquí y lo vamos a encontrar. "Yo lo voy a encontrar."

-Han llegado -anunció Max. El estacionamiento se vio ocupado por dos enormes camionetas más y de ellas bajaron hombres enfundados en trajes tácticos de combate y portando armas automáticas-. Quédate aquí, no salgas hasta que te avise -le pidió y le entregó lo que parecía ser un radio de bajo alcance y una pequeña pistola.

Ambos se miraron, Max esperaba que ella no hiciera una locura, sin embargo sabía que nunca le obedecía, así que mejor se daba deprisa y encontraba a Richard antes de que Nikita decidiera hacer el trabajo por él. Bajó del coche y se acercó al líder del equipo táctico, relevándolo en autoridad y dándole indicaciones de cómo proceder.

Nikita había elegido bien. Max era confiable y bastante capacitado, pero Richard no era asunto de Max sino de ella y Max solo le despejaría el camino hasta él. Se volvió a ver sola, aquellos hombres que trabajaban para ella corrieron hacia el interior de aquellos edificios de viviendas que algún día serían ocupados por las victimas que sus enemigos habían dejado. A Nikita no le gustaba la idea de derramar sangre en un lugar que debería estar impoluto y no contaminado de odio pero no tenía opción. Richard había sellado su destino en el momento en que decidió ir en contra de la Coalición, en contra de ella, en contra de Anthony.

De cierto modo le parecía cómico, siempre supuso que él era un bufón y un cobarde. Ella nunca imaginó que tuviera las agallas suficientes para aliarse con el Consorcio y tratar de asesinarla a ella o a Anthony. Se preguntaba si él había sido parte activa del primer atentado del que ella fue víctima. No perdería la oportunidad de preguntarle cuando lo tuviera enfrente.

"Estoy aquí. Espero por ti. Cuando despiertes todo estará hecho."

El segundo tirador del teatro había cantado enseguida. Richard, aun no sabían cómo, pudo abrirles paso a través de la seguridad del teatro. Se suponía que también matarían a Kaleb, pero él no les dio oportunidad al decidir irse del lugar en cuanto el concierto hubo terminado. Ilusos, Kaleb nunca fue vulnerable a tal treta y ella y Anthony solo fueron dos tontos que decidieron bajar la guardia en medio de sus ilusiones de paz y tranquilidad, interesados más en abrazar lo que ellos tenían y no mirar con más atención las sombras.

"Esto es tu culpa, nunca más vuelvo a dejar nuestra seguridad en mano de las Flechas."

Nikita bajó del auto, tenía los músculos agarrotados a causa de la ira que la carcomía y el aire dentro del auto se volvía pesado con el transcurso del tiempo. El viento proveniente del mar le acarició el pelo, alborotándoselo en todas direcciones. Decidió internarse en el terreno de los edificios de vivienda, alejándose de la zona segura del estacionamiento y dando un barrido telepático que aquellos humanos no podían hacer.

Se introdujo por el camino de grava del jardín del complejo, lleno de verdor y espacio suficiente para los juegos de patio que los niños utilizarían sin descanso, banquetas para el reposo y fuentes de agua para los días de primavera por venir. La Constructora DarkRiver en el libro de Nikita se llevaba un diez en desempeño y eficiencia.

Al caminar se dedicaba a observar los edificios, las elegantes ventanas y los amplios balcones. Introdujo sus manos en los bolsillos de su abrigo cuando el viento se volvió más punzante. El frio material del arma que le había entregado Max le acariciaba los dedos.

Continuó con el barrido telepático y le sorprendió encontrar tres mentes Psy, ella solo esperaba encontrarse con la de Richard así que decidió ser más cautelosa y no hacer ningún contacto telepático mientras se dirigía hacia donde se encontraban esas tres mentes.

Seguramente debía avisarle a Max pero deliberadamente había dejado el pequeño radio en el auto porque esto era un asunto que solo debía ser resuelto por ella, así que entró al edificio donde ellos tres estaban y subió las escaleras despacio hasta el tercer piso. Posiblemente la esperaban, pero ella no sentía miedo alguno y tal vez no utilizaría el arma que llevaba consigo, su arma era su mente y esta era bastante afilada, poderosa y peligrosa.

El interior del departamento 312 olía a limpio y nuevo, madera reluciente y acabado pro ambiental. Todavía no le habían instalado la alfombra así que sus tacones producían ecos sobre el parquet del suelo cuando se encaminó hacía una de las habitaciones.

Allí había dos personas, una mujer con vestido de gala estaba atada a una silla y otro hombre estaba sobre el suelo aparentemente desmayado. La mujer lloraba a lágrima viva y luchaba contra sus ataduras. Al levantar la cabeza observó a Nikita con desesperación.

-¡Consejera!

-¿Anya? -Nikita no se movió, confusa ante lo que veía seguía intentando saber dónde estaba Richard. Sabía que estaba en aquel departamento pero no podía identificar en qué parte.

-¡Lo siento, Consejera! No fue mi intención traicionarle -continuó llorando desconsolada y miró al hombre en el suelo-. Por favor, ayúdelo, Richard le ha lanzado un golpe telepático y temo que le haya hecho mucho daño.

-¿Qué sucedió? -Nikita sabía que Anya era otra víctima más, aunque con cautela le ayudó a liberarse de las ataduras, la joven en cuanto se vio liberada fue rápido hacia el sujeto en el suelo-. ¿Cómo llegaste aquí?

-Richard secuestró a Dylan y me amenazó con matarlo si no le entregaba mis credenciales, me obligó a introducir a esos asesinos en el teatro. ¡Yo no quería hacerlo! Pero Dylan es importante y no podía dejar que lo mataran.

Importante, la definición para afecto y amor para los Psy que recién salían del Silencio.

-Te creo-. Anya era demasiado sincera, su preocupación por aquel débil hombre era auténtica-. Debemos sacarlo de aquí -dijo ella de rodillas frente a los dos.

-Él está aquí, no nos dejará ir con vida- exclamó Anya llena de terror. Nikita sacó de su bolsillo el arma que llevaba consigo, dejando muy sorprendida a su joven empleada.

-Te servirá más a ti que a mí. -Depositó el arma entre las manos de una temblorosa Anya y se puso de pie y se enfrentó a la puerta que empezó a abrirse con cautela.

Cuando Nikita por fin vio a Richard entendió la razón del por qué las Flechas aun no habían dado con él; su rostro estaba desfigurado por una enorme cicatriz que le atravesaba el rostro desde la sien del lado izquierdo y la nariz hasta el pómulo derecho. Tal visión era grotesca y lo peor era que se lo había hecho a sí mismo con suma intención, esto creaba un bloqueo para los Psy T-K, ni siquiera Vasic podía encontrarlo y si Vasic no podía, nadie lo haría.

-¿Le da asco lo que ve, Consejera?

-Lo que veo atenta contra la estética, Richard. Ningún ser racional se haría algo así a sí mismo, ni siquiera por una razón erróneamente patriótica.

-¿Erróneamente patriótica? -la pregunta sonaba a mofa-. Usted siempre creyendo que los motivos de los demás son erróneos y ajenos a lo que considera correcto pero y qué me dice de lo que usted considera "correcto". ¿Negocios con otras razas? ¿Orden mundial mezclado? ¿Gobierno interracial? Su correcto atenta contra lo normal, Consejera.

-Y por eso decidiste darme una lección intentando asesinarme anoche ¿También eres responsable del primer atentado? -Richard estalló riendo, Anya se espantó pero Nikita no movió un musculo-. Fallaste.

-No fallé, el Consejero Kyriakus está muerto. Sin su rostro y su poder la Coalición Gobernante no podrá continuar ya que nadie confía en usted Consejera Duncan y mucho menos en un sádico asesino como Kaleb Krychek.

Él tenía razón pero eso no lo libraba del final que le esperaba.

-Entonces él era tu verdadero objetivo -declaró a duras penas conteniéndose.

-Desestabilizar el triunvirato era el objetivo y ha sido cumplido -contestó, de repente se tocó la sien y cerró los ojos por un segundo.

-Ese no era tu verdadero objetivo Richard -cuestionó Nikita-. Estuviste trabajando años para mí, eras un espía.

-Bueno… -él comenzó a jugar con la pintura descamada del dintel de la puerta haciendo que Nikita se enervara más -sí, pero realmente nunca obtuve nada. Fue siempre tan cautelosa con su trabajo y Sophia es una maldita guardiana de sus secretos y por supuesto, la basura de Shannon, ensuciando el aire, ocupando espacio que solo le correspondía a uno de los nuestros -escupió con veneno, volviendo a cerrar los ojos como si algo le estuviera molestando.

-No te gustó que lo pusiera a trabajar conmigo, ni a los otros tampoco -comentó. Nikita disfrutaba saber que Richard estaba celoso de la posición que habían logrado los humanos junto a ella.

-¡Eres una traidora!-gritó perdiendo los estribos. Mostrándose tal y cual era.

-Odio que la gente se repita, Richard -le regañó y Richard la miró con esos ojos rojos llenos de rencor-. Tú también eres un traidor, enviaste a dos humanos a hacer tu trabajo, el trabajo de un Psy de tu nivel.

-El Consorcio usa cualquier arma a su alcance, nos aliamos con quien sea para llevar a cabo nuestro objetivo y esos humanos estaban bastante felices de ser parte de esto -expresó con alegría malsana.

-¿Quién es el Arquitecto? -preguntó.

-No te lo diré.

Y Nikita no necesitaba saberlo porque realmente Richard no sabía nada. Había sido otro títere más del Consorcio, otro miembro de las sombras que salió a la luz para enfrentarse a ella y no acabar bien.

Él sacó el arma que Nikita sabía que ocultaba. Se escuchó un disparó y Anya gritó.

Richard asombrado soltó el arma y se agarró el hombro mientras que caía sobre sus rodillas, no podía creer que le habían disparado, no podía creer que Max desde una habitación continua había logrado medio neutralizarlo sin él percatarse de su presencia. Max terminó de entrar a la habitación pasando junto a Nikita sin mirarla.

-¡Bastardo! -Richard empezó a hacer un gestó extraño con su cara y Max le miraba contrariado y algo ofendido.

-¿En serio, chico?- preguntó el jefe de seguridad, agachándose frente a él y enfrentándolo cara a cara-. Tengo un escudo natural así que deja de hacer esa cara antes de que te hagas en los pantalones.

Nikita se acercó a ambos hombres, Richard la miró desde el suelo intentando hacerle a ella lo que no le podía hacer a Max pero lo que Richard no sabía es que desde el inicio de aquel enfrentamiento él ya había perdido.

Max vio como el rostro de aquel desquiciado hombre se transformó en un rostro fantasmagórico sin color y ceniciento, como sus ojos que lo marcaban como un Psy se volvían negros y empezaba a llorar lágrimas gruesas de sangre coagulada.

Lentamente empezó a quedarse sin aire mientras Nikita le exprimía la mente y la vida ante los ojos azorados de Anya y Max. Su rostro se consumió, de sus orejas y su boca también comenzó a salir sangre y al final se agarró el pecho.

Sin hacer sonido alguno se desplomó en el suelo. Nikita lo miró sin parpadear y habló de manera tranquila como si en ese instante no acabara de arrancarle la vida a un hombre.

-El amigo de Anya necesita primeros auxilios -le dijo a Max-. Tal vez ella necesite ver un terapeuta.

Y como si nada salió de allí, sin mirar atrás y queriendo volver a respirar ese aire limpio que venía desde el mar. No había culpa en su alma, ni se recriminaba a si misma pero de alguna forma entendió que aquello no le daba la paz que necesitaba. Al caminar entre el equipo táctico que corría hacia el edificio y la ambulancia que recién acababa de arribar, comprendió finalmente que la venganza jamás fue una cura para sus pesares y su dolor, aunque le daba cierta satisfacción y volvería repetir todo aquello cuando fuera necesario. Quedarse de brazos cruzados y no cobrar las deudas nunca fue parte de su naturaleza y su actual vida no cambiaba ese pensamiento.

"Cariño..."

El llamado a través del enlace de pareja la hizo detenerse en seco. Esa voz la acarició por todas partes y la paz que no consiguió con la muerte de Richard se la otorgó el dueño de esas palabras de amor. Se abrazó a ella, la confortó y la reclamó; ella gustosamente se entregó.

Lo sentimientos no expresados con palabras viajaron a través de aquel lazo, la calidez llenó su corazón y alma y sonrió, le brindó a él la imagen hermosa de aquel mar mientras él le pedía que fuera a su encuentro.

-Nikita… Nikita… -ella miró sin ver a su más fiel empleado-. ¿Estás bien?

-Llévame al hospital -y en aquella orden Max pudo ver que no había ni un rastro de tristeza.

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Ella entró al hospital como si el lugar le perteneciera, seguida de cerca por Max.

Todos los doctores y enfermeras que se cruzaban con ella la observaban con un halo de cautela y respeto; ella les saludaba con un ligero movimiento de cabeza que había aprendido de Anthony pero no detuvo su avance hasta que llegó a la sala privada donde tenían a la mitad de su alma, por muy cursi que pareciera.

Sascha, Lucas, Vaughn y Sophia estaban allí reunidos con el doctor. El pequeño grupo dejó de hablar cuando notaron su presencia, ellos también la observaron, tal vez esperando un acto violento de su parte o su tan conocida actitud fría ante todos y con todo. No hizo nada de eso.

Se acercó a Sascha y la abrazó como siempre quiso hacerlo, Lucas y Vaughn contuvieron el aliento y Sophia se agarró al brazo de Max. El doctor los miró sin entender nada pero Sascha si entendía y abrazo también a su madre, disfrutando el amor y la calidez que trasmitía con tal gesto y volviéndose a sentir la niña que alguna vez fue.

-¿Estás bien?- le preguntó Nikita a Sascha cuando rompieron el abrazo.

-Ahora si -respondió sincera. Ambas miraron hacia la puerta de la habitación donde estaba Anthony y allí de pie se encontraban Tanique y Faith-. ¿Sigue despierto? -preguntó Sascha porque podía leer la curiosidad en Nikita.

-No, se volvió a dormir hace quince minutos- contestó Faith cuando se acercó al grupo y se dejó abrazar por Vaughn-. Él preguntó por usted, Consejera. -Nikita hizo como si no la hubiera escuchado.

-Vayan a casa.

Nadie se atrevió a protestar la orden dada. Todas tenían mucha curiosidad por saber o ver con sus propios ojos cómo eran ambos Consejeros cuando estaban juntos pero nadie tenía la suficiente valentía como para quedarse a fisgonear. Empezaron a despejar la sala, Sascha volvió a abrazarse a su madre y Nikita supo que ese gesto jamás volvería a ser abandonado.

Tanique la observó por un par de segundos antes de partir, la intriga y la curiosidad bailando en sus ojos exactamente tal como era la de su padre. Tal vez algún día le permitiría a Anthony llenar la curiosidad de sus hijos, hacer tal cosa no los lastimaría pero posiblemente quedarían algo alarmados. No se podía hacer nada contra eso.

Al entrar a la habitación por un momento sintió que volvía al pasado, al día que ella casi lo mató a él. Aquel día él estaba como ahora, pálido y débil, pero esta vez ella no era la causante de aquello, esta vez ella fue la que hizo pagar la afrenta y venía a él para contarle cada truculento detalle.

Se quitó el abrigo negro dejando mostrar un sencillo vestido de seda azul que nadie esperaría ver en ella, luego procedió a soltarse el pelo porque Anthony odiaba verla con esos moños tan aburridos y ella de ahora en adelante estaba dispuesta en complacerle en cuanto pudiera.

Se acercó a la cama despacio y sin dudarlo tomó su mano, bebió cada marca de su rostro patricio enmascarado de la ligera barba que se empeñaba en salir. Observó su pecho cubierto de vendas que subía y bajaba al compás de su respiración, él había ido al infierno y había regresado bastante magullado pero victorioso, porque él nunca se rendía y lo había demostrado. Curiosa le acarició la mandíbula y los labios resecos con su mano libre, sintiéndose bendecida de verlo vivo.

No pudo reprimir el deseo de estampar un beso sobre la cálida mejilla, sentirle bajo sus labios aunque fuera un segundo y respirar nuevamente su esencia natural. Aunque cuando él despertó de repente se sintió un poco culpable por perturbar su descanso.

-En verdad estás vivo -expresó ella casi con la voz quebrada de dolor y él sonrió-. Si alguna vez pretendes repetir algo como esto ten en claro que la única que tiene derecho a lastimarte soy yo -sentenció.

-Entendido -dijo él con voz débil y selló el trato besándole la mano-. ¿Cuántas cabezas ha cortado, mi dulce dama de hierro?

-No la suficientes -contestó ligeramente molesta.

-Lo lamento- observó detenidamente su rostro- y lamento también causarte tanto pesar con mi silencio, no sabía que mantener la vía cerrada te pudiera causar tanto dolor pero es que no quería que sintieras mi dolor físico.

-El dolor físico no se compara con el dolor de mi alma -le confesó-. Estaba tan asustada- apoyó su frente en la de él- y lo peor fue que no podía decirte lo mucho que te amo.

Ella en ese instante permitió que él viera en el interior de su mente y el enlace brilló con la convicción de aquel sentimiento compartido, mostrando la devoción, el respeto y la fiereza del amor entre ambos, nunca igualado por otros seres.

Nikita se dejo besar por él, finalmente apaciguada la ira, la rabia se había ido y se fundió en aquella caricia carnal. Cuando se separaron, ella vio a Anthony respirar irregularmente pero no lo regañó porque ella quería ese contacto tanto como él.

-Tienes los labios resecos -le comentó y se dedicó a frotarle un poco de hielo que había obtenido de una jarra junto a la cama. Él solo asintió, con los ojos cerrados y tan agotado como estaba, se dejó mimar por aquella extraordinaria mujer.

"Me quiero ir de aquí."

-No hasta que el médico lo disponga -comentó ella tajante pero secándole los labios cariñosamente-. Ahora estas a mi merced, Kyriakus.

"A eso lo llaman karma, pero no me quejo" el plano psíquico se llenó de silencio por un rato. "Así que la Consejera Nikita Duncan ama a este pobre mortal."

-¡Eres tan humildemente creído!

Pero ella estaba feliz de escucharle decir aquello, que él estuviera seguro de sus sentimientos y que no ponía en duda de que así continuaría siendo. Ella se acurrucó a su lado en la cama que gracias al cielo no era una cama típica de hospital, cuidando de no lastimar sus heridas pero se dejo abrazar por él, por lo tanto ella tampoco tendría escapatoria, y no lo quería porque estaba completamente decida a no pasar un minuto más lejos de él.

PSY BEACON.

Tras dos semanas desde el atentado contra el Consejero Anthony Kyriakus y de especulaciones sobre su estado de salud, las oficinas de la Coalición Gobernante han comunicado que el Consejero está totalmente fuera de peligro y ha vuelto a sus funciones administrativas a media jornada.

*Noticia en desarrollo.

-Se te ve muy bien Anthony, aunque creo no era necesario que te presentaras en esta reunión,-expresó con dulzura Ivy y a la vez preocupada porque él se había aparecido allí aun maltrecho y en silla de ruedas-. Estoy segura de que Nikita podría presentarte un resumen de lo que hoy se hable aquí.

-No creo que el Consejero esté dispuesto a que yo le rinda informes en los que usualmente no confía -comentó Nikita mirando directamente a Ivy, quien le dio una mirada de confusión.

"Nikita."

"¿Acaso no te divierte volverlos locos y confundirlos? Está muy claro que se mueren de la curiosidad por conocer cada detalle de lo que creen saber."

"Ella solo está siendo agradable y atenta."

"Eres un tonto si lo crees."

-Me siento muy bien, en verdad, Ivy. Agradezco tu preocupación e interés -le dijo Anthony a Ivy-. Sinceramente prefiero estar aquí. En vista de lo ocurrido no sería correcto que me ocultara.

-Creo que el público general puede entender las circunstancias por las cuales has pasado -intervino Ivy.

-Y muy posiblemente lo haga, pero ahora estamos más cerca de ganar la confianza de los humanos y debemos continuar trabajando en pro de ese objetivo.

-Hablando de eso -intervino Kaleb-. Al parecer fue muy bueno que te dispararan. La aprobación del público hacia la Coalición Gobernante ha aumentado a un 86%. Eso incluye a los humanos y los cambiantes.

"A nadie le gustó que osaran atacar al rostro más amable de los Psy."

"Y tú te encargaste de castigar por ellos al perpetrador."

"No me arrepiento."

"No, no debes. Haría lo mismo. Haré lo mismo."

-No me gusta que ganemos aprobación de ese modo -se quejo Ivy-. La violencia conlleva a más violencia. Que quieran matarnos no nos harán más santos y algún día uno de nosotros morirá en vano y sin cumplir nuestro verdadero propósito.

-Ivy tiene razón -continuó Aden-. La Coalición ha sufrido tres atentados en el último año, eso también incluye los atentados contra nuestros aliados y el intento de secuestro de la hija de Lucas Hunter -miró directamente a Nikita-. Han fallado, eso se debe a nuestra buena suerte y su sistema de trabajo bastante desprolijo, pero terminarán organizándose, cerrando las brechas y encontrarán sujetos que logren llegar con éxito a nosotros y sacarnos del juego.

-¿Qué propones que hagamos? -preguntó Kaleb.

-Es ilógico pedir que dejemos de matar a nuestros victimarios -volvió a mirar a Nikita- porque ha quedado claro que saben mucho menos que nosotros. Son peones, movidos por una extraordinaria mente maestra.

-El Arquitecto -agregó Anthony y Aden asintió.

-Lo ideal sería voltear las reglas del juego, introducirnos en sus filas, hacerles creer que uno de nosotros es una manzana podrida que desea desestabilizar todo lo estamos construyendo.

-Eso sería peligroso -comentó Ivy asustada.

-Pero efectivo -dijo Kaleb con interés.- Lo haré.

-No -negó Nikita-. No sería creíble, tú hiciste caer el Silencio, y no por tu propio beneficio- le recordó-. Lo hiciste por una mujer y todo lo que continuas haciendo es guiado por ese motor -expresó de manera acertada. Ivy quiso intervenir pero Nikita la detuvo-. Tú tampoco, no eres apta para los juegos de poder, ninguno aquí puede hacerlo. Hemos demostrado tener intereses muy personales, hace mucho mostramos con bastante peso que no iríamos en contra del Acuerdo Trinidad, por lo tanto, El Arquitecto no creería que alguno de nosotros quisiera apoyarlo.

-Difiero -cuestionó Kaleb-. Eres parte del Consorcio porque amas el poder y no quieres abandonarlo y no te mueve la familia, las alianzas o los afectos. Eres perfecta para el plan.

"¿Lo ves? Lo hace a propósito. Es quien tiene más curiosidad."

-Lamento decepcionarte, Kaleb pero ya me "aburre" ser la villana de tu cuento.

Y Kaleb sonrió porque disfrutaba como nadie tener esas conversaciones viperinas con Nikita. Le hacían descubrir más cosas con respecto a ella y aunque la ex Consejera no le daba muchas pistas, él sabía, todos sabían, que Nikita Duncan hacía tiempo había cambiado a un ser emocional y estaba profundamente relacionada con Anthony.

Ambos, aliados en los negocios, en el poder y muy probablemente en la cama, aunque eso último a él no le constaba, eran una fuerza a temer y de algo si estaba seguro, el Consorcio no sabía con quién se había metido. Cuando llegara su fin tampoco sabrían qué los había aniquilado. Kaleb tendría un asiento de primera fila para ese espectáculo, no se lo perdería por nada en el mundo.

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Nikita entró a la cabaña esperando verlo pero, si bien podía sentirlo a través del vínculo, no estaba esperándola en la puerta. Aunque le pareció extraño, dejó su abrigo junto a la puerta, su bolso en el sofá y se acercó a la puerta de la cocina porque, de alguna manera ella sabía que lo encontraría ahí.

Anthony giró justo a tiempo para verla asomarse y le sonrió desde donde estaba, vistiendo apenas un pantalón gris y una camisa blanca, arremangada de forma descuidada y con los botones del cuello abiertos. Estaba descalzo y se veía como un hombre normal descansando en su hogar, disfrutando de las cosas simples de la vida.

El olor a lasaña delataba lo que había estado haciendo.

Ella en forma casi automática, le devolvió la sonrisa. Dejaba los juegos y la perfecta apariencia de Psy para los demás, aquellos en el exterior que no consideraba dignos de compartir lo que Anthony y ella tenían.

-Vaya señor Kyriakus, acaba de salir de la cama de un hospital y ya está experimentando de nuevo en la cocina –dijo con su mejor tono de sarcasmo, algo que ya tenía bien dominado gracias a él. Ella observó lo bien organizada que estaba la mesa donde comerían la cena que él había preparado.

-Bienvenida señora Duncan, justo a tiempo para probar mi nueva receta italiana, espero que este convaleciente anciano no sea una mala compañía para usted –replicó él mientras se acercaba a ella.

-En verdad no deberías estar mucho tiempo de pie. Tienes que cuidarte –susurró ella al tenerlo cerca, sus manos inevitablemente tomando las de él-. Estuviste tan mal, casi te pierdo… -el nudo en su garganta amenazó con ahogarla, y él pudo sentir su angustia, le enojó saber que la estaba afectando de esa manera.

-Cariño, estoy bien, no debes preocuparte, no voy a ninguna parte –la atrajo hacia él y la envolvió entre sus brazos. Nada era mejor que abrazarla, en especial porque ahora su abrazo era completamente correspondido por ella, de una forma tal que llenaba de gozo su corazón y le daba la calma que por años había sentido perdida de su vida.

Unos minutos después, se alejó un poco para tomar con su mano derecha su barbilla y darle un tierno beso en los labios. Besarla ocupaba el segundo lugar en su lista de las mejores cosas en la vida, así fuera un corto y tierno beso para calmarla.

Anthony pudo sentir en el lazo que compartían, como en ella la tibia sensación de alegría y amor que se despertaba con cada segundo del beso era regresada hacía él, casi como una onda que rebota reflejándose.

-Su cena se enfría, mi hermosa invitada –dijo alejándose lo suficiente de aquellos labios que lo llamaban a continuar.

-Espero que valga la pena como para haberte detenido en este momento – afirmó alejándose de él y pasando a la mesa. Él la ayudó a tomar asiento-. Y espero también que hayas incluido un postre en el menú.

-Por supuesto, mi querida señora Duncan –dijo riéndose mientras caminaba a la cocina por los platos-. El postre está incluido y seguro le va a encantar.

Casi una hora después, los dos estaban sentados en la sala, descalzos y con sendas copas de fruta con helado de vainilla y salsa de chocolate. Una música instrumental suave sonaba en el fondo, proveniente del tocadiscos clásico que Anthony solía disfrutar.

-Recuerdo la primera vez que me insististe para que comiera contigo, y en aquel entonces pensé que estabas perdiendo la cordura –afirmó Nikita entre bocado y bocado de postre. El dulce sabor del durazno, junto con el frio del helado y el toque fuerte del chocolate encima, sobrecargaba sus sentidos, pero ahora ya lo controlaba y lo disfrutaba totalmente. Suspiraba de gusto.

-Nunca me dijiste que no, en realidad siempre vas siguiéndome la cuerda, que podía yo haber deseado en ese momento sino que tú me prestaras atención en lugar de matarme por estar incomodándote.

Él llevó su cuchara hasta la boca de Nikita y ella tomó el pequeño bocado de jugoso durazno. Anthony observó casi hipnotizado como masticaba el pedazo de fruta y como una pequeña gota de helado asomada por el borde de sus labios amenazaba con caer.

Antes debía contenerse, en otros tiempos su helada cárcel mental lo hubiese castigo por pensar en lo que estaba pensando. Por desear hacer lo que un buen Psy no debería estar deseando. Apoyó la copa de postre sin terminar en la mesa de café y se acercó a ella un poco.

-¿Puedo limpiarte ese poco de helado que te ha quedado ahí? –preguntó señalando levemente con la mano hacia su propia boca. Ella copió su movimiento y dejó la copa en la mesa sin decir palabra.

Anthony enmarcó con sus manos el hermoso rostro que lo perseguía en sueños, tanto dormido como despierto. La llevó hacia él y estando a apenas unos cuantos milímetros, tomó con la lengua el poco de helado restante.

Y como si tenerla tan cerca no fuera suficientemente embriagante, probar su piel enloqueció sus sentidos por completo, y no había forma en que se convenciera que era mejor seguir comiendo su helado a seguir besándola.

Nikita dejó igualmente su copa de postre, olvidada en la mesa gracias a los besos tibios y húmedos de Anthony, porque el hombre era dedicado y había que reconocerle que cada instante de práctica que tenia, se volvía cada vez más hábil en todo el asunto de besar.

Mientras besaba lentamente sus labios, él acariciaba se cuello y trenzaba sus dedos entre el cabello sedoso que tanto le fascinaba, mientras que ella le devolvía las caricias le dejaba oír los primeros gemidos involuntarios que él por fin había logrado sacarle. Se sentía tan orgulloso de haber logrado que ella se relajara a tal nivel como para que sus instintos subieran a la superficie y le mostraran lo que en realidad era sentir.

La situación se fue tornando más caliente, la pasión que los envolvía a ambos era tan fuerte, tan inesperada que sus sentidos clamaban por un clímax que aunque no conocían aún, anhelaban por instinto, esa naturaleza briosa que antes no conocían, al máximo, difícil de controlar aún por el condicionamiento más profundo.

Él empezó a besar su cuello haciendo pequeños recorridos, lamiendo y mordiendo un poco, estaba consumiéndose por el olor y el sabor de su piel. Para Anthony era sorprendente lo mucho que Nikita había aprendido a controlarse cuando aquellos encuentros en aquel sofá. Ya no había imágenes fluctuantes, flores, mariposas o lo que se le ocurriera a su mente artística y que proyectaba gracias al poder de Anthony.

-Espera, no podemos seguir… -susurró ella frenándolo un poco, justo cuando la mano de él se deslizaba bajo su blusa para acariciarle la piel y contradiciendo todo ese supuesto control inicial.

El se alejó un poco de ella, su cerebro estaba nublado por la excitación pero no podía evitar sentirse algo angustiado y triste de que en ese momento Nikita deseara detenerse. La deseaba con una fuerza que le dolía, pero si ella quería parar, el cumpliría totalmente con sus deseos.

-¿Qué sucede, cariño? –Respondió en un gemido ahogado-. ¿Quieres que nos detengamos? –preguntó casi sin aliento, llevando su manos hasta acariciar suavemente y con ternura sus mejillas.

-No podemos seguir esto en el sofá, no me parece que sea el lugar adecuado Anthony –le explicó mientras se ponía de pie, dejándolo helado de preocupación.

-¿Sucede algo malo?

Nikita no contestó nada, solo extendió su mano izquierda hacia él, él la tomó con la suya, y ella le dio un pequeño tirón al cual Anthony obedeció presto y sin vacilar a pesar de no entender lo que sucedía. Y es que no podía hacer nada más que obedecer, si en este momento ella le pedía la luna y las estrellas, por más cursi que sonara, iría por ellas sin pensarlo.

Ella le dio una mirada llena de amor y se encaminó rumbo a la pequeña habitación de la cabaña llevándolo consigo. Anthony solo podía sonreír, una amplia sonrisa que casi no cabía en su rostro. Cuando atravesaron la puerta abierta de la habitación Nikita se giró para mirarlo, sus intenciones eran muy claras, no había dudas y tampoco habría arrepentimientos.

Él tampoco tenía ningún arrepentimiento, se dijo cuando le acarició la mejilla sin titubear, jamás los tendría porque todo lo que había hecho fue para poder verse frente a frente con esta mujer sin mascaras, sin frialdad y falsas intenciones; ese momento había llegado, era ahora y no solo estaban despojados de sus mascaras y su Silencio, sino que sus almas y corazones que estaban llenos de lo que otros no se atrevían a experimentar, amor.

Continuará…