Parte IV

Fluffy Alchemy

"Hoy," dijo el profesor Snape, voz como de seda negra, arrastrando las palabras, "aprenderemos sobre una materia relacionada –aunque indirectamente- con Pociones."

Tener doble clase de pociones con los Gryffindors se da muy a menudo, pensó Arthur, mientras su pluma anotaba sobre un pedazo de pergamino. En el lado del salón de los Gryffindor, Alfred estaba tratando de plegar una estrella ninja.

"¡Jones!," gritó Snape, haciendo que el americano escondiera rápidamente su manualidad debajo de la mesa. "¿Qué le puedes decir a la clase sobre la Alquimia?"

Alfred parpadeó. "Uh," balbuceó, enderezándose. "¿Tiene algún parecido con la química?"

Arthur y los otros Slytherin rieron mientras Snape miraba con enojo al americano.

"Incorrecto," sentenció el maestro de pociones. "¿Kirkland?" volteó a Arthur, quien sonrió de medio lado.

"La Alquimia es el arte de convertir metales ordinarios en oro."

"Exactamente. Diez puntos para Slytherin."

Alfred se veía molesto por eso.

"La Alquimia es un arte muy peligrosa," continuó Snape. "El conocimiento con el que un alquimista trabaja es, casi siempre, hipotético. No sabes qué sucederá si combinas dos pociones, y si lo intentas hay siempre una posibilidad muy alta de morir."

La clase estaba mortalmente silenciosa; el murmullo de las calderas se hacía casi insoportable.

"El producto final de un alquimista que ha tenido éxito es el más curioso objeto, llamado la Piedra Filosofal. ¿Alguien puede decirme las propiedades de la Piedra Filosofal?"

La mano de Arthur se disparó.

"¿Alguien, a excepción del Señor Kirkland? Ah. Señor Jones." El profesor Snape sonrió de medio lado y apuntó a Alfred, que había levantado la mano vacilante. "Infórmenos sobre una propiedad de la piedra."

"Uh, ¿convertirá cosas normales en oro?"

"Incorrecto."

"Pero Artie dijo…

"El Señor Kirkland dijo que el principio de la alquimia era convertir metales ordinarios en oro, Sr. Jones. Está confundiendo la piedra con el Toque de Midas." La sonrisa de medio lado de Snape se convirtió en una mueca. "Cinco puntos menos para Gryffindor."

Alfred se veía furioso.

"La Peidra" continuó Snape, "es, de hecho, capaz de convertir cualquier metal en el más puro de los oros. También hace algo llamado el Elixir de la Vida- Mr Bonnefois, ¡termine de acariciar a la Srta. Desmarais y preste atención!"

La clase entera volteó a mirar a Francis y Madeline. Las manos de Francis se retrajeron rápidamente; Madeline se sonrojó con furia. Con rapidez desviaron la mirada el uno del otro.

"Sr. Bonnefois, díganos lo que hace el Elixir de la Vida."

Francis tosió ligeramente y se sentó. "Euh... l'Élixir de la Vie es una substancia que da la vida eterna."

"Correcto, en esencia," dijo Snape, mientras se dirigía la pizarra con rapidez y escribía 'Elixir de la Vida' en la parte superior. "El Elixir de la Vida no concede la inmortalidad con sólo un trago- para conseguir la inmortalidad con el Elixir, éste debe ser ingerido indefinidamente."

Alfred arrugó el entrecejo de repente y levantó la mano. "¿Profesor?" preguntó.

"¿Qué es lo que quieres?" Escupió Snape, girando para mirar a Alfred.

"¿La Piedra también facilita la resurrección?"

Snape se detuvo en seco y lo miró fijamente, sin decir nada.

"¿Qué clase de pregunta era esa?" Arthur preguntó después de clase mientras él y Alfred subían las escaleras hacia el Gran Salón para almorzar; Francis y Nataliya los seguían un poco más atrás.

Alfred se encogió de hombros. "Una vez Tiffany dijo que había revivido a un bebé que había nacido muerto con una," respondió.

"¿Cómo?"

"Dijo que había dibujado un círculo en el suelo con tiza y que había colocado las Piedras-"

"¿Piedras? ¿En plural?"

"¿Sí?"

"Entonces está mintiendo," Dijo Arthur con simpleza mientras entraban al gran Salón. "Sólo hay una Piedra Filosofal en el mundo, y tú prima demente no es la dueña."

La tarde del sábado encontró a Alfred y Arthur quedándose en el Gran Salón después de la cena. "No puedo creer estuve de acuerdo en ir a explorar contigo," se quejó Arthur.

"¡Será divertido!" Exclamó Alfred, feliz.

Hermione pasó cerca de ellos. "Perdonen, pero no pude evitar escuchar que ustedes dos tienen la intención de ir a explorar el corredor del tercer piso," dijo autoritariamente, "no creo que deban hacerlo."

"No creo que tú debas meter la nariz en los asuntos de otras personas," respondió Arthur.

Ella resopló y se fue.

"Hermiones es, de hecho, una persona agradable, cuando ves más allá de su autoritarismo," remarcó Alfred, mientras dejaban el Gran Salón.

"Lo sé, pero nuestro pequeño viaje- del cual tienes toda la culpa, por cierto- no es de su incumbencia, realmente."

Alfred rió. "¿Sabes qué? Ella me recuerda a ti. Altanero, mandón, y devora libros."

"¡Hey!" Arthur golpeó su brazo.

"Oh, y sin mencionar fácil de hacer enojar," Continuó Alfred, sin tener en cuenta el sonrojo en las mejillas de Arthur. "Pero una vez… que pasas lo de afuera, ves a esta persona realmente agradable, ¿sabes? Hermione es así. También tú."

Arthur se congeló es el lugar, su corazón latiendo tan fuerte que estaba casi sordo por el sonido. "¿Q-q-qué?" balbuceó.

¿Alfred acaba de decir que soy agradable?

El americano, sin embargo, no notó la reacción y rió. "¡Ya deja de detenerte de repente, Artie! ¡Tenemos un corredor que explorar!" Y con eso, corrió por las escaleras que llevaban al corredor del tercer piso, Arthur corriendo tras él. Las escaleras no se iban a quedar en esa misma posición, después de todo.

El pasillo estaba oscuro y carente de personas. "Lumos," susurró Arthur, iluminando su varita. Alfred hizo lo mismo. Caminaron por el corredor hasta el final, donde había una puerta.

"Está cerrada," dijo Alfred en voz baja. Arthur se quedó mirando la puerta de manera extraña.

"Interesante, creo que he visto esto antes," Dijo, tomando su varita y golpeando la cerradura. "¡Alohomora!"

La puerta se abrió y entraron, cerrándola tras ellos.

"¿Qué se supone que hay aquí y que es peligroso?" preguntó Alfred, moviendo la varita mientras hablaba. La luz se reflejó en las paredes, sobre el techo, sobre…

"¿QUÉ DEMONIOS ES ESO?" gritó Arthur, agarrando el brazo de Alfred y apuntando con su varita hacia un punto en la oscuridad.

"¿Qué?" preguntó Alfred, siguiendo el haz de luz. "Oh, es sólo un perro."

"¡NO ES SÓLO UN PERRO, ES UN PERRO GIGANTE DE TRES CABEZAS!" Arthur retrocedió hasta la puerta, incluso cuando la… cosa parpadeó con sus seis ojos y de repente se quedó mirándolos, los ojos en blanco, babeando.

Comenzó a gruñir, Alfred palideció. "Artie, ¡Creo que ya sé por qué éste corredor está fuera de los límites!" gritó.

"¿no, en serio?" Arthur gritó de vuelta con sarcasmo, incluso cuando miró hacia el monstruoso pie del perro, y notó algo raro. Estaba parado sobre algo- una puerta trampa.

"Hey Alfred, ¡mira ahí abajo!"

Alfred miró hacia el suelo. "No veo- ¿es una trampilla?"

"¡Sí, sí! ¡El perro está custodiando algo! ¡Ahora vámonos rápido antes de que nos volvamos comida de perro!" Arthur abrió la puerta y los dos muchachos saltaron hacia afuera-

-cayendo justo a los pies de la Sra. Norris. Miraron hacia arriba. Ahí estaba Filch, sonriéndoles con maldad.

"Vaya, vaya. ¿Qué tenemos aquí?" preguntó. "¿Tratando de entrometerse en el corredor del tercer piso, verdad?"

Arthur y Alfred tenían la misma mirada de 'oh, diablos' en sus caras.