Dissclaimer: Card Captor Sakura no me pertenece, le pertenece a CLAMP.

La historia si me pertenece así que por favor, NO COPIAR.

Lágrimas de esperanza

Emiko hime-sama

Eriol Hiraguizawa

-Te amo…princesa –dije antes de que se desvaneciera ante mí. Mi hechizó había funcionado.

No quería dejarla, pero si eso podía mantenerla segura…

Respire hondo y me concentré en el hombre que tenía en frente.

-¿Por qué? –preguntó rompiendo el hechizo que estaba haciendo.

Lo miré sin entender.

-¿Por qué rechazó ser el líder de nuestra Organización y por qué está ayudando a Tomoyo Daidouji?

-¿Por qué su Organización los quiere matar? –pregunté sin responder a su pregunta.

-El deber de la Organización es proteger el equilibrio entre los mundos.

Me dijo mirándome no inmunizado, ni tampoco enojado. Su expresión no había cambiado, era serena.

-No ha respondido mi pregunta. –dijo mirándome con la misma expresión.

-No puedo dejar que muera...

-¿Se refiere a Tomoyo Daidouji? ¿Es acaso que tiene algún sentimiento por ella? O tal vez… ¿Es lástima?

-No es lástima. Y tampoco se equivoca al decir que tengo algún sentimiento. –le dije. No tenía ninguna intención de decirle que amaba a Tomoyo, eso sería tonto. No le demostraría mi debilidad. –No tengo por qué contestar esa pregunta.

-¿Es esa su respuesta?

Parecía algo decepcionado y solo asentí en silencio.

-No quiero matarlo. –dijo lentamente bajando sus pergaminos y con ello, sus defensas. No obstante, no tenía intención de bajar las mías. –Y aunque quisiera no podría… -murmuró. –Pero usted sí. Tiene el poder para hacerlo sin ni siquiera tocarme un cabello…. Pero no el valor. –terminó. –Aún es joven… nunca ha matado… nunca ha hecho un acto impuro como matar, asesinar. Nunca se ha visto las manos manchadas de sangre.

-Estoy dispuesto a hacerlo si continúa queriendo matar a Tomoyo. –le contesté. –No permitiré que toque a mi princesa.

Levante mi báculo dispuesto a cumplir mis palabras. El hombre suspiró y se preparó.

Lo que había dicho era verdad. Mataría, asesinaría, mancharía mis manos de sangre sólo para que Tomoyo sonriera y continuara viviendo. Conmigo o sin mí, esa era mi realidad, y yo la enfrentaría. La aceptaría.

Kaname Daidouji

Nakuru tosió sangre en el mismo momento en que abrió los ojos.

Me apresuré a abrazarla y murmurar cuanto la quería.

-Nakuru… gracias al cielo… pensé… por un segundo pensé…

-Kaname… -sollozaba. Sus lágrimas corrían por sus mejillas acompañando las mías… me paso los brazos por el cuello y se aferró a mí. Yo le bese sus cabellos y la abrace fuertemente.

¡Por un momento realmente pensé que Dios me la arrebataría!

-¡Estas aquí, Nakuru… estás conmigo!

Ella asintió y me miró con los ojos llenos de lágrimas. Me sonrió.

Sus labios… me quede hipnotizado por ellos. Me pregunte a que sabrían…

-¿Kaname? –me pareció que me llamaba. Trate en vano de apartar mi vista de sus labios y como ya mencione, fue en vano.

Por fin, desvié mi vista a regañadientes exhalando un gran suspiro. Mire a Nakuru.

Sus ojos me miraban a través de sus largas pestañas. Y yo no supe que decirle. Sonreí encerrando la amargura, como siempre.

-¿Pasa algo? –preguntó preocupada. ¡Ah, Nakuru, mi inocente Nakuru!

-¿Me quieres? –pregunté. Sabía la respuesta pero para mi propia vanidad, pregunté. Nakuru no era de esas chicas que se sonrojaban por ese tipo de preguntas, no. Y eso era lo que me gustaba de ella, no era ingenua, no era una Sakura Kinomoto. Sonrió como siempre, con dulzura, con amabilidad.

-Te quiero. –le sonreí dulcemente.

Pareció reflexionar, bajo la vista. Cuando la levantó, pude ver el dolor en su mirada.

¿Qué había pasado?

-"Querer" –empezó. – ¿¡Por qué no puedes decir "te amo"!? ¡¿Por qué nunca podré escuchar esas palabras de ti?! –sollozó al tiempo que yo me sorprendía. Sí. Sabía que me quería… y tal vez incluso que me amaba, y aun así le había dicho "te quiero"

Comprendí mi error casi al instante.

La abracé fuertemente y la besé.

Nakuru me pasó los brazos por el cuello acercándome más a ella.

Cuando nos separamos le bese ambas mejillas. ¡La quería tanto! No… la expresión más acertada sería… "¡La amaba tanto!"

-¿Me amas? –preguntó sonriente limpiándose las lágrimas.

La volví a besar.

Tomoyo Daidouji

¿¡Qué significaba eso!?

¿Por qué Eriol siempre tenía siempre que luchar solo? Cuando ayudo a Sakura a cambiar las cartas estuvo solo, tenía Nakuru y Spinel Sun pero, a fin de cuentas, ¡él los había creado!....

Me encontraba en algún pasillo del mismo hospital, vagando sin saber dónde estaba exactamente.

Los doctores, enfermeras y otros pacientes parecían haber desaparecido como por arte de magia, y… he allí yo, la gran Tomoyo Daidouji, perdida en un hospital. ¡En un hospital!

Estaba al borde de la histeria y tal vez, ya había perdido mi razón y mi cordura.

Recorrí el pasillo hasta que por fin llegué a una sala de espera… vacía. Ahora que lo pensaba, era raro… no me había encontrado con una sola persona. Le quité importancia, tal vez sólo estaban ocupados con algún caso importante y los pacientes pues… ¿Quién en su santo juicio, saldría en pleno día de invierno?

Miré el escritorio situado en la sala de espera donde normalmente habría una enfermera. Parpadeé y miré a ambos lados y por fin, busque entre los cajones hasta encontrar lo que buscaba: la lista de pacientes.

Daidouji… Daidouji…

Busque el nombre de mi hermano desesperadamente, si Eriol me había dicho que buscara a mi hermano debía de ser por una razón, ¿no? O tal vez sólo quería que lo viera, en todo caso, yo no sabía qué hacer.

No podía regresar porque sabía que Eriol se enojaría… y no quería ser un estorbo para él.

Si quería luchar sólo… no me interpondría… no lo haría… ¡No lo haría!

Ya lo había lastimado lo suficiente. Tal vez, demasiado. Me había dicho que me amaba, y yo, egoístamente no pude responderle con esas mismas palabras, y en cambio había dicho solo cosas hirientes y egoístas.

Sentí mis lágrimas de frustración empezando a nublar mi vista.

¡Era tan injusto! ¿Por qué tenía que pasarme esto a mí?

Yo nunca fui la protagonista de ninguna historia, a lo largo de mi vida… siempre había sido la personaje "secundaria"

El papel de protagonista le quedaba a Sakura, a Eriol y… a Syaoran.

No. No quería pensar en él en estos momentos. Si al podía hacer algo por Eriol… era al menos dedicarle mis pensamientos.

¿Cómo estaría? ¿Estaría bien? ¿Había vencido al malévolo hombre de negro?

No lo sabía. Y la ansiedad me estaba matando.

Miré el libro que tenía en mi mano con todos los nombres de gran hospital. Lo hojeé como posesa buscando desesperadamente la letra "D"

¿Por qué tenía que haber tanta gente en ese hospital? Es decir, ¡existían millones de hospitales en todo Japón y escogían precisamente ese!

Por fin lo encontré. Daidouji Kaname, debajo de este, se encontraba mi nombre.

Ambos nombres estaban resaltados con marca textos y subrayados con rojo.

¡Genial…! Ahora resulta que este hospital también es una mentira.

Había vivido en un mundo de mentiras.

Desde el simple hecho de despertar y ver el "amor" que me tenían mis padres, era mentira. Sí, porque, si mis padres me querían… ¿Por qué no estaban allí?

Especialmente mi padre, ¿Dónde estaba en esos momentos? ¿Por qué nos había abandonado? ¿Por qué había abandonado a su familia?

Y mi madre. Aún no lo creía. Mi madre, mi amable, cariñosa, obsesiva y querida madre no se dignaba a venir a pagarnos una visita. Ni a mí, ni a mi hermano.

Ambos, me ocultaban algo. Ignoro si Kaname nii-sama lo sabe, en todo caso, a él no lo culpaba. Ni siquiera me dejaban verlo, y cuando preguntaba por él, parecía que había dado la fecha para el fin del mundo pues negaban resignados dando un largo suspiro cansino y se iban dando un portazo sin responderme. Me miraban con lástima marcada en todo el rostro y me daban palmaditas en el hombro.

Al principio me había irritado, frustrado e incluso una vez, le había gritado histéricamente a Toya exigiendo respuestas. Después de una semana en los que Chiharu, Naoko, Yamazaki, Rika y otras personas me visitaban, me había resignado. No me contarían nada de Kaname, y los que lo hacían, se limitaban a sonreírme nerviosamente, mintiéndome descaradamente. Ni siquiera Eriol me decía la verdad, no obstante, él era al único que no culpaba.

Eriol me había cuidado, mimado, querido y… amado. Y le debía demasiado.

Me apresuré a dejar todo como estaba y a buscar la habitación de mi hermano.

Habitación 9900. La última en todo el santo hospital. Definitivamente sucedía algo raro…

Apreté el botón 99 y corrí hasta el final del pasillo. Una vez más no vi a ningún ser vivo más que las plantas silenciosas. Por fin, llegué a la puerta, y cuando estaba a punto de abrirla… me detuve.

¿Debería tocar? ¿Decir algo?

Parecía tonto y sin importancia, pero para mí, era una cuestión importante. Extrañamente importante.

¿Desde cuándo tenía tantos modales con respecto a mi hermano? Era absurdo. Kaname era la persona más... no, una de las personas más importantes para mí.

Recordándome que era mí hermano gemelo, mi misma sangre y mis mismos ojos; mi mismo reflejo. Entre sin tocar o avisar.

Lo que vi me dejo tan impactada, que me apresuré a salir corriendo de allí. Ni siquiera supe porqué lo hice, simplemente… lo hice.

Mi hermano… mi queridísimo y adorado hermano besándose con la "guardiana" o incluso "prima" de Eriol, Nakuru.

Oh, no es que sintiera que me lo había estado ocultando. No es que sintiera mi orgullo herido, ya que yo siempre había sido la persona MÁS importante en la lista de Kaname. No es que la punzada que sentía en el pecho fueran celos. NO.

Solo me sentía… impactada.

Rompí a llorar.

¡Mi hermano era feliz!

Y estaba feliz por él, pero eso significaba que yo, ya no era tan importante como antes. Que antes de perder a Nakuru, preferiría perderme a mí.

Sabía que eso tendría que pasar tarde o temprano, pero Kaname nii-sama era tan inocente, tan puro, tan amable… que por un instante me olvide de que era humano y que también podía enamorarse de una princesa. Había confiado vanidosamente en que Kaname me amara por siempre.

Apreté el primer botón del ascensor que vi, y salí corriendo. Antes de darme cuenta había llegado a una habitación, cerrado la puerta de esta con candado, y recargado en ella abrazando mis rodillas, apoyando mi frente en ellas sollozando fuertemente.

¡Era egoísta! Necesitaba… no, ¡Quería ser querida! ¡Deseaba que la gente me llenara de abrazos, besos y me dirigieran su adoración! ¡Necesitaba esa vanidad! Era mi consuelo, era lo único en lo que podía superar a Sakura… era lo único que me mantenía firme en el mundo, sosteniéndome para no romper a llorar como lo estaba haciendo en ese momento.

Si tan sólo Eriol estuviera allí…

Si Eriol hubiera estado allí, no hubiera roto a llorar. Le habría pasado los brazos por el cuello y sollozado en sus brazos mientras él me abrazaría y llenaría de besos como quería. Como necesitaba, como deseaba. Eriol me entendía, o tal vez, simplemente éramos tan parecidos, que Eriol hacía lo que yo quería al mismo tiempo que hacía lo que él deseaba. Eriol era egoísta, y yo también lo era. Por lo tanto las formas en que actuábamos, eran parecidas.

Y a todo eso, ¿Por qué estaba pensando en Eriol precisamente en ese momento?

Me abracé más a mis rodillas. No me gustaba eso. Me estaba volviendo demasiado débil, demasiado frágil. Me estaba dejando llevar por el amor… otra vez.

Cuando me enamoré de Syaoran, yo estaba segura de que jamás seria correspondida, y tenía la arrogancia para decir que yo, lo olvidaría pronto. Había sido tan arrogante que había creído que Syaoran me había impresionado solo por su aspecto, y que eso era tan sólo "impresión" o tal vez "amor adolescente" de esos que se pasan rápido.

Pero no fue así. Y me di cuenta demasiado tarde. Tal vez, si en aquel entonces hubiera confesado mis sentimientos a Syaoran, en ese momento no estaría llorando, porque me hubiera rendido fácilmente, me hubiera rendido y ese "amor adolescente" no se habría convertido en el verdadero y autentico amor. Aquel que no era más que una tortura, un martirio.

El amor no era como lo pintaban en los cuentos, en los mangas, en los animes y mucho menos en las novelas. El verdadero amor, el autentico, el real, era cruel.

"No llores mi bella princesa, tus lágrimas son aun más preciadas que el oro" -me había dicho Él. Pero yo no podía, el dolor por lo que lloraba la esperanza que me causaba ese dolor era insoportable, era como una daga callada que me atravesaba el pecho.

Tenía esperanza. Y esa era mi condena. Mi tortura. Mi masoquismo. La esperanza. No era el amor, porque el amor formaba parte de la esperanza. La autentica razón era la esperanza.

Deje que mi amor infantil creciera demasiado hasta convertirse en uno autentico, hasta llegar a odiar a mi mejor amiga. No quiero que nadie lo malinterprete, yo adoro a Sakura, es mi prima y mejor amiga, sin embargo realmente llegué a odiarla.

Empecé a compararme con ella, incluso yo me di cuenta de ello. Me comparaba todos los días frente al espejo, deseando que mis cabellos fueran cortos, castaños y mis ojos verdes. Incluso llegué a querer cortarme mis largos cabellos solo para parecerme a ella.

Pero eso no era más que consuelo propio. Deseos egoístas y masoquistas: Syaoran nunca vio a ninguna otra mujer más que a Sakura, y Syaoran tan inocente como es, no se dio cuenta de mis sentimientos. O tal vez fue porque nunca lo quise dar a conocer. Me dedique a pintarme una sonrisa de lo más falsa en el rostro y una voz con un falso tono tranquilizante. Me dedique a cantar y a concentrarme solo en las notas, porque eso me distraía. Me dedique a bailar ballet como nunca, ya no por el sueño de convertirme en una gran bailarina, como de niña, sino que realmente, no sabía que más hacer. Yo, la gran Tomoyo Daidouji, quien podía resolver todos los problemas, no podía resolver los míos. Y me perdí.

Perdí todo. No me importo todo lo demás, no me importo el mundo, no me importaron las personas que antes habían sido mis amigos.

Syaoran había elegido a Sakura desde el primer momento en que la vio. Ni siquiera había reparado en mí. No se había quedado embobado ni impresionado por mi belleza, había pasado de largo. El solo hecho de que se diera cuenta de mi existencia, fue porque le aconseje con su enamoramiento con mi amiga. En aquel entonces me había dolido, pero no había derramado ni una sola lágrima, tenía que ser fuerte. Si rompía a llorar, las lágrimas no pararían. A esa lágrima le seguiría otra y luego otras dos, y así sucesivamente. Llegué a superarlo y seguir aconsejándole. Seguí contándole todo lo que podía hacer para confesarse.

Con todo el dolor de mi alma, sonreí en el momento en que me anunciaron su compromiso. Tampoco lloré en aquel momento sin embargo, me volví callada, reservada. Deje de cantar, de involucrarme en cualquier cosa que significara socializar. Mis notas no bajaron, pero no estudiaba ni amaba la literatura como antes, no amaba ni el arte, ni la música ni el baile como antes. No amaba nada, no quería nada, no soñaba con anda.

Mi diario se había convertido en simplemente una libreta. Mi alma se había convertido en una vacía y hueca. Mi vida se volvió amarga….

Hasta que llegó él… Eriol.

La primera vez que vi a Eriol de niña, me llamó la atención por sus finos modales que tenía por mascara. Yo sabía que por dentro no era ni tan inocente, ni tan amable, simplemente me pareció una persona… interesante. Sinceramente no le presté mucha atención.

Cuando se descubrió que era la reencarnación del Mago más poderoso de Todo los Tiempos, no me sorprendí tanto como los demás. Eriol Hiraguizawa, era misterioso, y a la vez sospechoso, o al menos para mí lo era. Cuando volvió a su natal Inglaterra, no sentí nada, absolutamente nada. Ni siquiera fui a despedirlo al aeropuerto, le tenía un trato frio y formal.

Años después, cuando volvió a Japón, me irritó. Es decir, estaba en Japón… ¿y eso qué? ¿Qué me importaba a mí? No tenía nada que ver conmigo así que… ¿Por qué me fue a buscar? ¿Por qué me consoló y me apoyó durante los momentos de mí… enfermedad? ¿Por qué se quedo conmigo?

Seguí sollozando hasta que conseguí calmarme. Respiré hondo. Me limpié las lágrimas.

Tenía que regresar a ver a Kaname nii-sama y asegurarle que estaba tan sana como cualquier otra persona y que sólo lloraba por una tontería…. Incluso podía mentirle diciendo que eran lágrimas de felicidad…

¿Qué estaba pensando?

Kaname era mi hermano mayor. Se daría cuenta en seguida.

Salí de la habitación para encontrarme con mi hermano cabizbajo y con mirada sombría. Creo que yo tenía el mismo aspecto que él.

Me abrazó y sentí sus lágrimas en mi mejilla cuando pegó la suya contra la mía.

-Lo siento, hermanita. –me murmuró. Jadeé silenciosamente y no pude retener mis sollozos. Rompí a llorar por enésima vez. –Sé lo que estas pensando, se lo que estas sintiendo, Tomoyo. Mírame. –no lo miré. No pude hacerlo.

¿Cómo podía entenderme?

Note a Nakuru metros más allá mirándonos a ambos. Tenía los ojos hinchados y en ellos se leía claramente la culpabilidad. Se notaba claramente que había llorado. No la culpaba, Nakuru me caía bien. Era alegre, optimista y energética, cariñosa, amistosa, encantadora, adorable,… y amaba a mi hermano. No la odiaba. Pero me sentía excluida, abandonada. Y no sabía qué hacer. No respondí el abrazo que Kaname me daba con tanta desesperación.

Por primera vez, no respondí a nada de lo que hizo Kaname.

Sí solo Eriol estuviera allí…

Me deje caer sobre mis rodillas. Kaname calló conmigo y me abrazó aun más desesperadamente. Me limpio las lágrimas mirándome a los ojos. Rehuí su mirada.

Meilling Li

Abrí mis labios para decir algo, y los cerré.

La tensión era palpable.

-Kaname Daidouji te dejó a un lado y escogió a Nakuru Akizuki. No te ama. Nunca lo hizo y jamás lo hará.

Cada palabra se me encaba duramente en el pecho desgarrándome el alma.

Lo miré enojada, enfadada y dolida. Yo sabía que por más que lo negara era real. Pero no lo admitiría. Era demasiado doloroso para hacerlo. Miré a Toya quien me miraba fijamente. Por primera vez, yo, Meilling Li, no sabía que decir.

Sus ojos negros se clavaron en mí duramente, como si quisiera clavarme esas palabras a fuego en el alma. Sin embargo, no lo lograría.

-Entonces dime… ¿¡Qué puedo hacer si dejo de creer en él!? ¿Qué puedo hacer si dejó a un lado mi esperanza? –le grité. Dios… estaba llorando. Yo, Meilling Li, la gran y orgullosa Li, estaba llorando, y peor aún, le estaba demostrando toda mi debilidad y franqueza al hermano de la persona que me había quitado a mi primer amor.-¡Dímelo! ¿Qué se supone que puedo hacer? ¡¿Cómo se supone que viviré sin él?!

-¿Y por qué yo debería darte las respuestas a esas preguntas? ¿Por qué no las buscas tu misma?

Pero… ¿Qué…? ¿¡Quién se creía!?

-¡Fuiste tú el que…!

-No me malinterpretes. No lo hago por ti.

Me sentí dolida.

-¿No habías dicho que te importaba muy en el fondo? –le repliqué con la mirada gacha y la voz en un murmullo.

Rayos. Me estaban afectando demasiado sus palabras. Quería sentirme querida y especial por un momento, y así me había sentido al escuchar esas palabras. En cambio ahora, me sentía dolida y desdichada.

-¿Fue lástima entonces? –le volví a replicar al no recibir respuesta. Lo miré duramente con nuevas lágrimas acumuladas en mis ojos. –Suéltame. –Fue una orden, no una petición, quería que me soltara. Y cuando yo quería algo, se lo obtenía.

Vanidosa, arrogante, orgullosa, así era yo, ¿Y qué? Desafiaría hasta al mismo demonio, no le temía a nada. A nada… excepto a perder mi orgullo. Y mi orgullo era mi amor por Kaname.

Syaoran había sido un bonito primer amor, pero ya lo había superado.

Sakura había ganado, fin del juego, fin del cuento. El libro llamado "Syaoran es mi prioridad y mi razón de ser" había terminado y se había cerrado con un pesado candado y encadenado mientras su llave yacía perdida en el fondo del océano. Había terminado para dar comienzo a otro juego, a otro libro. Kaname Daidouji era mi razón de ser, la persona a quien le había dedicado todo mi orgullo, admiración y amor.

Y si lo perdía… si me olvidaba de él… ¡Olvidaría mi orgullo, mi vanidad, mi todo!

Y no lo permitiría. NO me permitiría darme el lujo de huir cobardemente de mi realidad. No lo haría. Simplemente no.

-No. –contestó. Lo miré furiosa. El me sostuvo la mirada.

-¿Por qué haces esto? –pregunté. - ¿lástima? No la necesito. No necesito que me mires de arriba abajo. No necesito que me mires con lástima. No te necesito.

No me soltó. Me miró fijamente, parecía tratar de decir algo.

Su mirada se mostraba fría y dura. Había herido su orgullo y yo lo sabía. ¿y qué? No me importaba. El había empezado, yo había seguido con el juego, eso era todo. El libro tenía que continuar, y tenía que llegar a un final.

-Suéltame. –repetí.

Me miró largamente.

Mia

Me estruje las manos nerviosamente pasando mi vista por todos los presentes.

Kenji se aclaró la garganta y cerró los ojos cansinamente para después abrirlos.

-No hay tiempo que perder… nos queda una hora.

Una hora. Solo eso. Mi corazón latía a un ritmo anormal y mis manos sudaban.

¡Kaname-sama era un ángel! ¿Cómo podían hacerle eso?

-Eriol Hiraguizawa es la reencarnación de Clow, por lo tanto sus poderes son los mismos… sin embargo, su edad, su madurez y su inteligencia por supuesto, no es la misma. Por lo tanto, sus guardianes son diferentes a los guardianes que creó Clow hace más de dos siglos. –hizo una pausa en la que sólo se escuchó la pluma de la señorita Mitsuki rasgar el papel a una velocidad asombrosa. –Ruby Moon y Spinel Sun fueron creados cuando Eriol Hiraguizawa tenía tan solo 8 años de edad mientras que Yue y Kerberos, fueron creados por Clow a los casi 80 años. Clow tenía más intelecto, madurez y experiencia en el campo de la magia mientras que Eriol Hiraguizawa sólo tenía una imaginación digna de un infante y un don que lo ayudó a fortalecer y hacer realidad esa imaginación.

Kaho dejó de escribir por unos segundos.

-Pero… Eriol tenía sus mismos poderes… y Eriol es… quiero decir…

-Señorita Mitsuki… es cierto que Eriol Hiraguizawa es un joven muy inteligente, casi comparable con Clow… pero su edad y experiencia…

-Sus guardianes son poderosos… ¡el poder de ellos fueron comparables a los de Clow cuando Eriol…!

-Eso fue porque la fuente de la magia de Yue y Kerberos en esos momentos provenía de una niña de 11 años…

-¡Eriol tenía la misma edad en ese entonces!

Ambos se miraron fijamente. Comprendía a la señorita Mitsuki por querer defender a Eriol, simplemente, no quería aceptar que Eriol era una mera imitación que no le llegaba ni a los talones al gran mago Clow Reed.

Y yo tampoco lo creía. Había visto a Eriol y había conocido a Clow. Y según mi creencia, Eriol era suficientemente inteligente y poderoso para compararse con él.

-Por favor continúe… -dijo resignada dispuesta a seguir escribiendo.

Kenji asintió.

-Podemos decir que los guardianes de una reencarnación tienen los mismos poderes que los del original, sin embargo menos desarrollados.

Lanzó un prolongado suspiro al tiempo que miraba a Yukito Tsukishiro.

-Cuando Kaname hizo el ritual para mezclar su sangre, fue para aislarse de Sonomi, de mí y de su hermana…

-¿Acaso la sangre de Tomoyo es diferente a la de…?

Kenji negó tristemente, casi amargamente.

-Al ser gemelos, amabas sangres se modificaron.

-Eso es… Tomoyo no era participe del ritual entonces, ¿por qué?

-Son gemelos. La mitad del otro. Ambos son uno. Es un equilibrio que no se puede romper. Tomoyo no podía darse el lujo de romper esa relación tan fácil, Kaname desafió el poder de esa conexión para salvar a su hermana, y como resultado fue castigado por una maldición junto con su hermana.

Los murmullos recorrieron la habitación.

-¡La mariposa…!

Kenji asintió. Apreté mis puños con fuerza.

-La sangre de Clow Reed corre por las venas de ambos así como también corre por la sangre de Yue y Kerberos… si usamos su sangre… podremos…

-Estoy dispuesto a dar la sangre que necesite, y estoy seguro que Kerberos piensa lo mismo. –dijo Yukito Tsukishiro, la contraparte de Yue. –Pero antes quiero que me explique… que nos expliqué a todos aquí, ¿Por qué esos gemelos son una amenaza para el mundo? ¿Por qué la Organización Mágica ha arriesgado su existencia por solo dos personas?

La desesperación se notaba claramente en su voz y sus ojos estaban llenos de angustia. Estaba claro que quería salvar a Kaname-sama, pero también era claro que no cedería tan fácil si no estaba bien informado.

Kenji suspiró largamente, bajó la vista.

Lo miré preocupada y me apresuré a darle unas palmaditas en el hombro.

-¿Kenji? ¿Estás bien? No tienes que hablar si no…

-Estoy bien. Kaname… Kaname no morirá.

Lágrimas bajaron por mis mejillas. ¡Por supuesto que no moriría! No lo haría…

Kaname-sama era…

Recordé nuestro encuentro de años atrás.

"-Kaname te tengo un regalo… ¡Feliz cumpleaños!" –había dicho Kenji en ese entonces.

Kaname había abierto la caja y mirado curioso con sus ojitos brillantes y sus mejillas sonrojadas.

"-¿Una muñeca?"

"-No es cualquier muñeca… esta es la legendaria piedra filosofal… se llama Mia"

"-Es preciosa…" –sus ojos habían brillado al pronunciar esas palabras y sus palabras me habían hecho llorar. Jamás me habían dicho algo semejante… jamás me habían tratado como si fuera… importante.

En el momento en que había abierto mis ojos y puesto de pie, lo supe. Ese pequeño era especial. Le di mi precioso diamante y una cruz, Kaname ya tenía el anillo que necesitaría para defenderse… y protegerme. Desde ese momento se convirtió en mi amo, señor, amigo, guardián y la persona más especial para mí.

Kaname había sido el amo perfecto. Amable, encantador, inocente y… puro. Un alma tan pura como yo.

"-Kaname-sama…"

Así era como le llamaba. Yo era el único ser al que le había permitido verlo llorar, y yo le había consolado.

Lo quería y le estaba agradecida.

"-¿Kaname-sama? –pregunté un día. –Sí se reencuentra con su hermana… ¿me dejará sola?"

Había hecho la pregunta como si no me importara, casualmente. Pero en realidad me importaba. Y me importaba mucho.

Me había abrazado fuerte y dulcemente. Tan puramente…

"-Mia… te quiero mucho, te adoro… no te abandonaré por nada…"

Palabras. Palabras amables.

Las había pronunciado como si fueran fáciles de cumplir, cuando no era así.

No era tan fácil. Kaname tenía una salud tan débil como una hoja y además….

Miré a Kenji esperando a que les explicara.

-La Organización quiere matar… -la palabra resonó en la estancia perforando los oídos de todos los presentes. –A Kaname y Tomoyo porque… -apretó los puños con fuerza. En aquel momento supe que era demasiado doloroso para él. No podría hablar.

En ese caso… yo hablé por él.

Kenji Daidouji era el hombre quien me había salvado de todos esos científicos que sólo habían experimentado cruel y vilmente conmigo, y así como quería a su hijo, lo quería a él.

Me aclaré la garganta para llamar la atención de los presentes.

-Hace aproximadamente 9 milenios, existía una bruja… -cerré mis ojos y lance un largo y prolongado suspiro. –La bruja se enamoró de un joven de una familia adinerada. El joven la amaba, sin embargo en aquel entonces, las brujas no eran bien vistas y se consideraban locas. Por lo tanto, el joven, víctima de la vergüenza y prefiriendo conservar su estatus, la dejó. La bruja enamorada, destruida y dolida y con lágrimas en los ojos le encajó una caja en el pecho y maldijo a su descendencia… pero las brujas viven más… mucho más que las personas normales, y pronto se arrepintió. Se arrepintió de haber matado al joven de quien estaba enamorada en lugar de haberle dejado conocer a una persona con quien hubiera podido ser feliz… pero ya era tarde. Muy tarde.

Me detuve un momento leyendo la expresión de los presentes.

-Mia… no estamos aquí reunidos para escuchar un cuento de hadas así que por favor…

Le lancé una mirada fría al científico quien me había hablado con tanta confianza. Como si me conociera…

Lo ignoré y continué con mi historia.

-La bruja trató de deshacer el hechizo, pero no lo logró. Intentó todo, hasta llegar al punto de vender su alma al demonio. Pero el demonio es malvado, así que engaño a la pobre e inocente bruja quien había sido demasiado trastornada por los años y ya no pensaba con claridad, y sólo retraso un poco la maldición. La maldición cayó en Tomoyo, pero sorpresivamente tuvo un gemelo…

El silencio cayó en la habitación, no me fue necesario hablar.

-¿En qué consistía la maldición? –preguntó tímidamente un científico. Yo lo miré con lágrimas en los ojos.

Me cubrí el rostro con mis manos tragando fuerte para acallar mis sollozos. Fue inútil. Rompí a llorar.

Eriol Hiraguizawa

Busqué a Tomoyo desesperadamente.

Había derrotado al hombre de negro no sin dificultades, pero al menos ahora, estaba en paz.

El brazo me dolía y sangraba, pero no me importo. Lo primero era Tomoyo.

Apreté el botón del elevador con fuerza, desesperadamente.

No tenía magia que gastar, así que espera pacientemente a que el elevador subiera.

Me recargué en la pared, el brazo me dolía tanto…

Rasgué la manga de mi camisa para vendarme el brazo, me reproché por no buscar en la habitación unas vendas. Después de todo… era un hospital.

Por fin, el elevador llegó al último piso y yo corrí hasta el final del pasillo.

Lo que vi, me impresionó tanto que olvide el dolor de mi brazo.

Nakuru lloraba, Kaname lloraba… y Tomoyo, mi princesa, también lo hacía.

Pero lo impresionante de todo esto, es que Kaname abrazaba desesperadamente a su hermana, mientras esta ni siquiera lo miraba.

¿Qué estaba pasando allí?

-¡Eriol! –dijo Nakuru al percatarse de mi prescencia. -¿Qué pasó? –preguntó preocupada dirigiendo su mirada castaña a mi brazo.

-Eso es lo que quisiera saber… -murmuré.

Nakuru se apresuró a ponerse de pie, a limpiarse sus lágrimas. Kaname y Tomoyo parecían ausentes, y en otro lugar.

Kaname murmuraba cosas al oído de su hermana que no alcancé a escuchar debido a la distancia que nos separaba.

Nakuru me abrazó y rompió a llorar en sollozos. Era la primera vez que la veía tan lastimada, pero no tenía fuerza para consolarla…

Mi mirada no se movía de la figura de mi princesa. ¿Qué había pasado para hacerla llorar de esa forma?

¿Era mi culpa?

No. No lo creía. Porque si era así, ¿Por qué rehuía la mirada de su querido y adorado hermano gemelo?

Hasta donde yo sabía, Kaname era la persona más importante y más querida por Tomoyo, entonces ¿Por qué Tomoyo parecía temerosa de mirarlo?

-Es mi culpa. –al escuchar esas palabras miré por primera vez a mi prima. –Yo… yo… besé a Kaname… -murmuró y rompió a sollozar cayendo una vez más al suelo abrazándose a mis rodillas. -¡Fue mi culpa! Yo… yo…

Miré a Nakuru. Quería zarandearla y preguntarle cómo había podido hacer eso, pero no podía hacerlo. Nakuru siempre me había sido fiel, era tiempo de que ella misma se fuera fiel a sí misma y buscara su propia felicidad.

Pero por más que aceptara que Nakuru tenía derecho a ser feliz… yo también lo tenía, y mi felicidad residía en que si Tomoyo era feliz, yo lo era.

Y en ese momento, Tomoyo no era feliz, por lo que yo tampoco lo era.

Miré los ojos oscuros de Nakuru. El castaño de sus ojos atravesó el azul de los míos. Sus pestañas largas estaban húmedas por las lágrimas y de sus labios salían largos y prolongados sollozos desgarradores. Me arrodillé ante ella y le acaricié la mejilla suavemente. Le bese la mejilla como lo había hecho desde niño, desde que la había creado.

-No es tu culpa… amar no es un pecado, mariposa mía… ¿Amas a Kaname Daidouji, o no? –le sonreí tristemente. Ella asintió. Pude palpar el dolor en cada una de sus acciones. –Ya… no me necesitas… ¿eh?

Nakuru bajó la vista para luego levantarla alarmada.

-¡No…! ¡Eriol yo… yo… amo a Kaname pero tú eres…! –la interrumpí con un abrazo. No quería escuchar más. No quería. Simplemente no me atrevía.

No me atrevía a escuchar las suplicas del corazón de Nakuru, porque si empezaba a escucharlas, estaba seguro que me desmoronaría. Que no tendría la fuerza de encarar a Nakuru como si nada estuviera pasando y sonreírla tranquilamente. Era un cobarde, sí, pero prefería eso antes de salir lastimado.

Me puse de pie al tiempo que Nakuru hacía lo mismo. Camine lentamente hacía donde estaba Tomoyo.

-¿Princesa…? –pregunté para después recibir una mirada dolorosa por parte de su hermano.

-No dejaré… que la alejes de mí… ¡es mi hermana! No soportaría volver a perderla… por favor, Eriol… me quede una hora de vida…

Tomoyo tembló ante esas palabras mientras yo retrocedí.

-¡Kaname! –la exclamación de Nakuru me perforó los oídos. Su exclamación estaba tan llena de angustia….

Mi guardiana, mi Nakuru, mi mariposa, alegre y optimista…

¿Estaba yo tratando de alejar a Tomoyo de su hermano? No.

Tal vez, había estado bastante celoso de Kaname en alguna ocasión, pero ya no. Tomoyo me necesitaba, ¿peco de vanidad cuando digo algo así? No me importa. Tomoyo me necesitaba y yo lo sabía.

Pero la mirada de Kaname era… angustiante, dolorosa, sufrida. Sus lágrimas corrían por sus mejillas. Sus ojos eran tan profundos y claros como los de su hermana. Su mirada era pura, inocente, profunda, angustiante, perforado y a pesar de todo, era hermosa. Preciosa.

Los abracé a ambos.

Kaname se sorprendió y Tomoyo pareció salir de su trance. Nakuru se apresuró a acercarse, pero su prescencia ya no la notaba. Me encontraba en un mundo en el que sólo me importaban ambos gemelos.

Tomoyo se estremeció bajo mi abrazo y Kaname dejo de abrazar a su hermana. Bajó la vista para mirar a Tomoyo quien lo miraba anhelante. Sonrió dulce y tristemente.

-Lo siento, hermanita… -Tomoyo lo miró, como si ya se esperase esa reacción. –Pero amo a Nakuru, pequeña. Por primera vez pude amar a alguien además de ti, de papá y de mi mismo. –besó ambas mejillas y las lágrimas que empezaban a correr nuevamente por las blancas mejillas. –Y… ya no puedo ponerte como prioridad ante todo… y yo ya no soy tu prioridad. -Kaname lloraba tanto que casi me perforó el alma, no obstante, no deshice mi abrazo. -¡Pero te amo! ¡Te adoro! –Tomoyo lanzó un sollozo y le pasó los brazos por el cuello, Kaname la abrazó con la misma ternura y desesperación. –Ya hay alguien más importante que yo en tu vida, Tomoyo. –murmuró.

Nakuru ya no podía escucharlo, ya que se encontraba más allá de donde nos encontrábamos.

Me estremecí al saber que se estaba dirigiendo a mí. Jadeé ligeramente esperando a que continuara. Sabía que ese momento era vital y muy, muy importante para ambos. Así que esperaría. Paciente y dócilmente a que terminaran.

-¿Sabes? Kaname nii-sama te adora. –dijo dirigiéndose a sí mismo.

-Tomoyo-chan también te adora, onii-sama. –le contestó.

Kaname sonrió al tiempo que me pasaba un brazo por los hombros y se apoyaba en mi hombro.

-Eriol… quiero a mi hermana más de lo que Toya quiere a su hermana… -sonreí nerviosamente pero aun así espere a que continuara. Sentía sus lágrimas mojar mi hombro. Sus cabellos estaban húmedos y se pegaban a su frente. Tenía el mismo aroma que su hermana: lavandas. -¡No te perdonaré que la lastimes!

Yo asentí silenciosamente al tiempo que este me miraba fijamente. Vi que su mano también estaba vendada.

-Lo mismo digo. Cuida a Nakuru. –dije acariciando sus cabellos paternalmente. El me sonrió dulce, inocentemente.

Llevó su mano vendada a mi mejilla y luego la besó.

Me quedé tan sorprendido por su acción que no me moví. Por primera vez en mucho tiempo, me quede sin habla, y sin conciencia. Deje de pensar.

Parpadeé varias veces. Nakuru reía. Me sonrojé fuertemente y la miré enojado y avergonzado. Kaname me miraba inocentemente.

-Nakuru… cuida a Kaname. –le pidió Tomoyo.

-Siempre. –Nakuru lucía radiante. Y eso me alegraba.

Pero esa alegría duró poco.

Kaname cayó de rodillas con la mano al pecho.

-¡Kaname! –gritó desesperadamente Nakuru. Yo abracé a Tomoyo.

-Tranquila, princesa. –le dije a pesar de no saber exactamente si era lo que debía hacer. No era un momento para estar tranquilos.

Los ojos amatistas de Kaname, se volvieron plateados y este gritaba adolorido.

-Nakuru tu sangre…

-No servirá. –dijo débilmente Kaname. Me miró tranquilamente, serenamente, pero pude notar el dolor y el esfuerzo en su voz. –Escuchen, Eriol, Nakuru… Tomoyo. –se incorporó con la ayuda de Nakuru. Acarició la mejilla de Nakuru levemente. –Me queda una hora de vida, yo lo sé. –Tomoyo y Nakuru lo miraron alarmados al tiempo que sentía mi corazón acelerar sus latidos. –Tomoyo, somos gemelos. Cuando yo muera, mi energía volverá a ti. –acarició su mejilla con la mano vendada que ya empezaba a sangrar. –Vivirás… esa es la solución a la que llegué…

-Kaname… -Nakuru estaba asombrada, estática.

A estas alturas estaba llorando. Pero yo no tenía tiempo para consolarla, Tomoyo iba primero.

La abracé aun más fuerte y Tomoyo se aferró a mi sabiendo que Nakuru necesitaba estar con Kaname.

Empezó a sollozar.

-¡Kaname qué es lo que…! ¡Kaname mírame! –le insistió Nakuru. Lo obligó a verla poniéndole ambas manos en sus mejillas. Kaname la miraba con mirada sombría pero dulce. –Me dijiste que me amabas… ¿Por qué me despertaste si iba a vivir en un mundo sin ti? ¡No puedo… me reusó a vivir sin ti!

-Nakuru…

-No me dejes sola…

-No quiero hacerlo… -el murmullo, la forma en que lo dijo se me clavo en el alma. Había tanto resentimiento… tanto arrepentimiento en su voz. –No quiero dejarte… pero Nakuru, tienes que ser feliz…

Nakuru lo miró con sus labios temblando y su mirada sombría.

-¿Por qué… siempre eres así? ¡¿Por qué me besaste entonces?! ¿No me amas?

Kaname lo miro dolido pero se incorporó con mucho esfuerzo. Le pasó los brazos por el cuello y la abrazó fuertemente. Kaname la amaba, tanto… que lo lastimaba.

Nakuru se arrodilló ante él aferrándose a su camisa mientras Kaname la abrazaba fuertemente.

-Tienes que olvidarme, Nakuru. Si muero tienes que continuar con tu vida… seguir sonriendo… y si es necesario… -besó sus cabellos al tiempo que nuevas lágrimas empezaban a salir por sus ojos. -¡Tienes que olvidarme!

-¡Kaname te amo! ¡No te olvidaré!

Kaname la abrazó. Nakuru se aferró a él.

Traté de decir algo, pero la mirada de Tomoyo me detuvo.

-Eriol… -me llamó en murmullo.

-Tomoyo, princesa… ¿Estás bien?

Ella asintió no despegando la vista de su hermano ni por un momento.

-Lo siento. –dijo.

-¿Por qué?

-Porque no soy capaz de decir "te amo"… y te lastimo con cada "te quiero" recordándote que no son las palabras que quieres escuchar. Que "te quiero" a comparación de "te amo" son palabras frágiles, crueles y crudas.

Me miró fijamente. No sabía que decir. Sus largas pestañas enmarcaban sus ojos haciendo que se formara una pequeña sombra debajo de ellas.

-Tomoyo… te amo… -murmuré, casi más para mi mismo que para ella. Yo no era capaz de decir algo como Kaname.

Si, Kaname era vanidoso en muchos aspectos, pero no era un egoísta. Y yo SI lo era. No podía decir "Si muero, se feliz, olvídame, no llores por mí" y en lugar de ello diría "Si algún día llego a morir, espero que llores por mí, que nunca me olvides. Que no olvides cuanto te ame" o algo así. No era capaz de decir algo como "olvídame"

No podía. No lo soportaría. El solo pensamiento me aterraba. El pensar que Tomoyo podría seguir viviendo felizmente sin mí a su lado era… era… aterrador.

Syaoran Li

-¿Entonces? Kaoru-san. ¿La Organización se reúsa a obedecer a un descendiente de Clow Reed?

Kaoru me miró y lanzó una carcajada.

-La Organización nunca ha obedecido las órdenes de nadie. Usted fue una mera marioneta que siempre hemos necesitado para mostrar la cara ante la sociedad. Una máscara, si así lo prefiere. Nunca… hemos obedecido a nadie.

-¿Me están dando la espalda? Se la están dando por segunda vez a mi familia.

Kaoru me miró al tiempo que bajaba su abanico y se ponía de pie. Su alta y majestuosa figura se acercó a mí y me levanto la barbilla con sus largas uñas rojo rubí.

Llevaba un kimono color rojo y sus ojos negros eran grandes y brillantes.

-¿Acaso no entendió nada de lo que he dicho? No obedecemos a nadie, ni antes ni ahora… por lo tanto, no hemos traicionado a una sola persona.

Apreté los dientes con fuerza para no insultarla. Me obligué a tranquilizarme.

Yo era Syaoran Li, un descendiente de Clow Reed. No podía ser tan impulsivo.

-¿Qué es lo que quiere Kaoru? –pregunté mirándola fijamente. Kaoru no se inmunito, me miró serenamente. Su serenidad me frustro y me desesperó.

¿Cómo podía tocarme tan fácilmente sin sentir temor a mi sangre, a mi magia, a mis poderes… a mi familia?

-Observar. El mundo está cayendo, quiero ver como lo hace.

-Entonces, ¿Qué gana con sacarme a mí de mi puesto? ¿Qué pasa con que un joven de mi misma edad tenga un poco de felicidad junto con su hermana?

-Quiero observar más, y si lo dejo vivir… el mundo acabará. Soy exigente, caprichosa, Li. Quiero ver algo divertido…

-¡La vida humana no es un juego! –la voz de Sakura la interrumpió. Sakura la miró fijamente, sin el menor temor aparente. Yo sabía que estaba temblando por dentro.

Sakura apretaba mi mano fuertemente y yo le devolvía el apretón con tan solo una mínima fuerza.

¡Tenía que salvar a Kaname!

Confiaba en que Eriol hubiera podido derrotar a Lao. Eriol protegería a Tomoyo.

Meilling, mi prima Meilling estaba con Toya Kinomoto, y, por lo que sabía, Toya Kinomoto era de los que no se dignaría a dejar a una dama desprotegida. Después de todo, Meilling no tenía magia… por más que me doliera decirlo, así era.

El doctor Akizuki, Kaho y Yukito Tsukishiro estarían en una sala de juntas encontrando la forma de salvar a Kaname. Sudé frio al observar el reloj. Una hora. Habían estimado tres horas de las cuales 2 habían sido desperdiciadas, o eso creía yo, ya que la prescencia mágica de Kaname, que si bien, ya era bastante débil, se estaba debilitando a una velocidad asombrosa.

-La vida humana es lo más maravilloso que ha creado Dios. –Kaoru retrocedió indignada. –Dios no dejará que se lleve a un alma pura e inocente como Kaname.

La miré sorprendido. ¿No era ella quien estaba a favor de matar a Kaname?

-Sakura… -murmuré.

-Kaname es hermano de mi mejor amiga y prima, por lo tanto lo hace mi primo. Kaname es… un alma inocente que Dios protegerá. ¡La magia no les servirá cuando llegue el Juicio Final, el Apocalipsis, señores. –dijo dirigiéndose no sólo a Kaoru, si no a todos los magos de la estancia. –Dios es…

Murmullos recorrieron la sala.

Kaoru lanzó una carcajada aun más perversa que la anterior. Aun más burlona. Pero no fue ella quien habló, si no otro hombre cuyo nombre era Masaru, que en realidad no era más que un joven de 20 años.

-Sakura Kinomoto… -empezó. Le lancé una mirada que él me devolvió gustoso. Una sonrisa burlona se asomó por su rostro. Sus ojos dorados se clavaron en los de Sakura y al abrir los labios para sonreír pude notar sus colmillos. Masaru era un vampiro.

La Organización se conformaba por no solo magos, sino también por creaturas sobrenaturales como aquella. Creaturas que ya no eran aceptadas por la Sociedad Moderna. Creaturas rechazadas, abandonadas, temidas.

-Encontró el libro cuando tenía tan sólo 10 años y cometió el grave error de leer la carta "Windy" activando su poder y liberando todas las cartas causando varios problemas para el mundo, Kerberos, la bestia del sello le dio la categoría de "Card Captor" para que recuperará las cartas. Fue juzgada por Yue, el juez de la luna, y se le fue dada una segunda oportunidad por cortesía de la reencarnación de Clow, Eriol Hiraguizawa y el apoyo de Kaho Mitsuki. Actualmente es la prometida de Syaoran Li y su futura esposa… -sonrió. Su mirada era sombría, repetía cada palabra como si se lo hubiera grabado a fuego en su memoria y le pareciese injusto y patético que una niña de tan poco conocimiento mágico le fuera otorgada semejante don.

-¿Y qué es lo que quieres decir, Masaru? –pregunté impaciente. Estaba dispuesto a matarlo si se atrevía a ofender a Sakura, pero sabía que eso no sería necesario. Masaru era demasiado civilizado para cometer un acto tan atroz como ofender a una damisela.

-¿Cómo se atreve a mencionar algo como "Dios"? –sus palabras salieron apresuradas. Nadie se inmunito. Todos estaban de acuerdos. Todos sin excepción allí reunidos eran diferentes, tenía magia o alguna otra habilidad o aspecto que los diferenciaba del resto de la sociedad. -¡¿Crees que Dios nos ha apoyado, protegido, cuidado?! ¡Desde que tengo memoria las iglesias me han cerrado sus puertas, y me he peleado con gatos por una migaja de pan! ¡Y tú te atreves a decir algo como "Dios"!

Estaba furioso. Sentía tal amargura que era palpable en el aire.

-¡Mírate Sakura Kinomoto! –dijo apuntándola, me puse en frente de ella. Pero esta se mostro firme. -¡Míranos! –hizo un gesto de modo que señalara a todos. -¡Tenemos magia! ¡Hemos cometido un pecado por el simple hecho de tener magia! ¡Dios nos ha dado la espalda!

-No es así… Dios…

-¿Es amor, ternura, cariño?

Sakura asintió bajando la vista. Masaru caminó furioso hacia ella y la zarandeó con fuerza. Le pegué un golpe en la mejilla.

-¡Masaru abre los ojos, tranquilízate! –le espetó Kaoru abrazándolo. –Comprendo cómo te sientes, muchos de aquí sentimos lo mismo. Pero tienes que tranquilizarte. Respira. Todo estará bien. –su voz era tan tranquilizadora y abrumadora que por unos instantes no la reconocí.

¿Era ella la misma Kaoru, fría, insensible, sádica quien no dudaría en apuntar un arma ante un recién nacido?

En seguida lo comprendí. La única persona a quien Masaru escucharía era a Kaoru. ¿Por qué? Porque la sangre de Kaoru corría en grandes cantidades por las venas de Masaru. Kaoru se había convertido en su única presa. Su ser más querido. Se había condenado por Masaru. Le daría su sangre por el resto de su vida, a cambio de ello, jamás moriría. No obstante, no detecté ni un rastro de sangre vampírica en sus venas. Masaru la había mantenido intacta, humana, por lo mucho, hechicera.

Y por lo que veía, eso consumía dolorosamente a Kaoru.

Kaoru se hizo un corte en el cuello con una de sus largas y filosas uñas. La reacción de Masaru fue inmediata. Se tapó la nariz y la boca con una mano. Sus ojos verdes adquirieron un brillante color carmesí. Respiraba dificultosamente, y sudaba.

-Bebe. –ansiedad. ¡Tanta ansiedad en esa voz! Abracé a Sakura tan fuerte que casi lanzó un grito de dolor.

-Te amo, Sakura. –no sé que me impulso a declararlo tan de repente, sinceramente no lo sé. Tal vez fue el hecho de que Kaoru abrazará lentamente a Masaru obligando a que le clavara los colmillos en el cuello. La expresión de Kaoru se había vuelto increíblemente ansiosa y completamente a merced del joven vampiro.

Sakura me sonrió y me abrazó.

-Yo también te amo, Syaoran.

Ieran Li

-¡¿Qué quiere decir con qué la Organización está traicionando a la familia Li?!

La joven no me contestó. Se quedó allí plantada dirigiéndome una fría mirada.

"La Organización no había traicionado a nadie, ya que nunca le había jurado lealtad a nadie" ¡¿Qué clase de expresión era esa?!

Después de haber servido por tantos años, sacrificado tantas vidas por ella… ¡Mancharnos nuestras manos de sangre para que nos traicionaran de esa forma!

Estaba escandalizada. ¿Cómo se atrevían! Precisamente a la familia Li… ¡Precisamente a mi amada familia!

¡Oh, Hien si solo estuvieras aquí…!

-Señora Li, exijo que me diga donde esta Sonomi Daidouji. –la chica era tan joven…. Sí. Era joven pero muy poderosa. Alzó una mano. –Le daré cierta información a cambio.

La miré fríamente esperando a que continuara.

La chica sonrió.

-Las sentencias de muerte que ha declarado la Organización son las siguientes: Tomoyo y Kaname Daidouji, ambos serán aniquilados de forma directa y sin dejar rastro. –entreabrió los ojos como si quisiera dejarme en claro aquello. Remarcó con un tono de voz alarmante ambos nombres. –Eriol Hiraguizawa, quien será asesinado de forma tortuosamente lenta y… -sonrió para sí, siniestramente. –Sakura Kinomoto y Syaoran LI.

Jadeé temblorosamente.

¡Oh Hien… mi amado esposo, ¿Por qué me dejaste en esta época de crueldad y tortura?

NOTAS DE AUTORA:

¡Hola, mis queridos lectores y lectoras! Me alegra mucho recibir sus reviews y saber que les gusta el fic. En lo personal, lo adoro, es mi historia, y yo adoro todo lo que escribo.

El capitulo terminó en oficialmente 8299 palabras. Iba a ser más largo, pero pues, creo que ya era demasiado largo… y yo entiendo eso, a veces cansa leer tanto en tan poco tiempo. Y hablando de tiempo… ¡Lo siento, lo siento, juro que quería actualizar antes! ¡Lo juro por mi amor al anime y al manga! ¡Necesito más tiempo, eso es lo que necesito! Prometo como prometí en "Prohibido por sangre" que trataré de actualizar más seguido. Sólo les pido un poco de paciencia, yo siempre cumplo mis promesas….

Así pues, tengo 55 reviews, (un gran logro para mí) y como ya el 14 es un número interesante… (en realidad nop, pero bueno ustedes entienden…) decidí hacer una gran lista de todas las personas que me han hecho el gran favor de decirme que opinan sobre mi amada historia….

La criticona, Nunally-chan, LyS Cosmo, Natsuki-chan95, Karina Natsumi, Aiko-1993, dianazul, ziitah-TxE-, darthmocy, hitsuyackie, Cherry-chan96, Fernanda Gonzalez, Miki-chan96, Akiko-san, lfanycka, naomy, tommy, Ann-chan, alice maiden, ALICE…

¡Y a todos y cada uno de ustedes que dejan o no reviews! ¡Los quiero mucho! Si olvide mencionar a alguien, no dude en avisármelo…

Muchas gracias por su paciencia, sus reviews, por agregarme a sus alertas y favoritos, por leer mis actualizaciones y notas de autora, hehe, y finalmente… ¡GRACIAS POR TODO!

¡Hasta la próxima!

Emiko-chan.