Blanco
Por Pryre-chan
Los personajes de Naruto no me pertenecen
Capítulo 13
-o-
LECCIONES DE VIDA
Uchiha-san me señalo un camino brevemente, era el mismo que pensaba tomar él cuando saliera de los límites de la aldea, me dice que evite a cualquier persona que encontrara en el camino.
Me puse en marcha a través del bosque rápidamente, una punzada de melancolía me llega, pero solo giro y le veo aun en la distancia, me inclino levemente en gesto de agradecimiento.
-Deseo que nos volvamos a ver Uchiha-san, y que para ese día ambos hayamos cumplido nuestras metas-
No me escuchas, pero así está bien. El viento se lleva mi deseo.
A unos cuantos kilómetros sentí la presencia de tres personas, al parecer ninjas parados sin razón aparente en medio del bosque, los evite realizando un rodeo con sumo cuidado de no dejar pistas ni huellas.
¿Dos días? Tal vez tres
Sí. Tres días que estoy corriendo, tomando breves descansos y siguiendo un camino que no conocía, esperando que no sea un redondo para volver a la aldea, hace unas horas empezó a llover torrencialmente nublando mi vista y afectando mi orientación, aunque –lo pienso- tampoco tenía un lugar donde ir.
Mi cuerpo se siente cansado, las pocas horas de sueño que he tenido no son suficientes para mi cuerpo, el simple hecho de pensar en dormir me aterra, el encontrarme en mi cama, devuelta en la aldea me despierta.
Que los Anbus me encuentren me da un miedo terrible, pero el volver a la aldea lo es aún más, nuevamente me pongo en marcha.
Tampoco he comido mucho, solo una pequeña ración que traje.
-La próxima vez que huya traeré un banquete conmigo- pienso con humor
Hace frio y no puedo estar segura de que hora es o qué momento del día, mi chaqueta se siente pesada, más que ayer y aun mas mojada.
-Debo seguir –
Me animo, trato de seguir saltando entre las ramas de los árboles que me resguardan un poco de las gruesas gotas que caen, avanzo lento, mi visión se nubla muchas veces.
No debo desmayarme. No ahora.
Me impulso a una rama cercana y me tambaleo, trato de sujetarme pero mi cuerpo sede a la gravedad y se estrella en tierra húmeda.
Mis ojos se cierran, les ordeno que se abran pero no obedecen.
Me quedo en la oscuridad.
-o-
Siento a mi mente volver de la oscuridad apaciblemente y con la fuerza renovada.
Parpadeo o siento que lo hago, una luz penetra en mis ojos obligando a cerrarlos de nuevo.
-¿Estas despierta?-
Mi cuerpo reacciona al llamado y trato de incorporarme.
-Tranquila Hinata-san- llama la familiar voz poniéndome sus manos en los hombros
¿Donde he oído esa voz antes?
-¿Dónde?...¿Donde?-mi voz se pierde, poso una mano en mi nuca donde siento un hormigueo algo doloroso.
-Tranquila te caíste y te golpeaste-
Lo recuerdo.
-¿Dónde estoy?-pregunto en voz baja dirigiendo mi vista a la persona que tenía al lado -¿Hitomi-san? ¡Hitomi-san!- grite impresionada
-Calma Hinata-san está aquí porque se lastimo en el bosque...está a salvo-agrego.
Mire a la mujer un tiempo analizando mi situación y todo lo que recordaba.
-Hinata-san ¿Tiene hambre?- pregunta con dulzura mientras me dirige una sonrisa.
Por un momento, un breve momento olvide mi situación y me sentí como un día cualquiera
Me abrase a mí misma después de ni reflexión. Aún tenía un duro camino por delante y no quería detenerme y molestar a Hitomi-san.
Me levante de la cama decidida a irme de aquel sitio, Hitomi-san me miro sorprendida, murmure un rápido agradecimiento y salí de la habitación.
Camino rápidamente por unos pasillos de madera, mi nuca palpita y la visión se me nubla, logro visualizar unas escalinatas de bajada y me dirijo a ellas, trastabillo y caigo de rodillas en el suelo húmedo, retengo mis lágrimas de frustración y trato de incorporarme.
-Hinata-san por favor tranquilícese, esta herida- siento sus manos en mi espalda poniendo fuerza para ayudarme a parame.
-Hitomi-san...por favor...-suplico en un susurro, me invade el pensamiento las consecuencias que traería a la buena mujer el solo ayudarme.
-Se lo aseguro...aquí está a salvo, nadie la encontrara-su voz conciliadora me obliga a mirarla.
Sus ojos verdes roídos me miran comprensiva y suplicante, me transmite una sensación de seguridad, me impulso y me incorporo, volteo a verla y sonrió con sinceridad.
Ella me guía de vuelta a la habitación.
Horas más tarde Hitomi-san trae una bandeja con comida a mi habitación su olor es tan cautivante que me envuelve, mi estómago emite un gruñido de respuesta.
-Coma Hinata-san, necesita fuerzas para recuperarse-
Sonríe con tranquilidad y empiezo a comer lentamente con el pálpito de mi cabeza presente, volteo de vez en cuando a verla y ella solo sonríe al verme, me siento terrible al ver las molestias que le causo a la mayor, más aun imaginando a su persona trasladando mi cuerpo inconsciente por el bosque.
Le miro significativamente merece una explicación, pienso las palabras justas para explicarme.
-Hitomi-san...-
-No es necesario que dé explicaciones Hinata-san- me detuvo yo sorprendida niego con la cabeza.
-Pero le he dado tantas molestias, además me trajo a su casa, cuida de mi...es lo menos que puedo decirle.-
La mujer mayor ríe con gracia en un sonido suave y cortes.
-Hinata-san no es molestia para mi tenerla en mi casa y no se preocupe yo no la traje, fue el joven Eriol que la encontró inconsciente y la trajo en brazos hasta aquí.-
El sonido de sus palabras se pierde en mi mente al tratar de recordar lo sucedido antes de despertar.
Un sonido.
No la voz de alguien llamándome con insistencia, en un principio creí que era Hitomi-san pero con la nueva información que me da me doy cuenta que ella por sí sola no me hubiera podido trasladar.
Mis mejillas enrojecen al imaginarme la escena.
-Y-Yo…el…-
-El joven Eriol regreso a la mansión de su padre, viene visitarme de vez en cuando-
Mi tartamudeo se vuelve insistente, Hitomi-san solo palmea mi hombro y sale de la habitación para que descanse.
La cabeza me da vueltas pero logro dormir, mañana será otro día.
-o-
Después de un par de días mis molestias habían prácticamente desaparecido, Hitomi-san me había dado unas pastillas que ella misma había hecho, no pude evitar preguntar sobre sus conocimientos, ella amablemente me dijo que había aprendido muchas cosas de su madre, entre ellas la medicina natural.
Asombrada vi su gran abastecimiento de hierbas medicinales y remedios para casi cualquier dolencia.
Durante la tarde me llevo aun claro, algo lejano repleto de hierbas medicinales que expelían un dulce y amargo olor.
-Hinata-san ¿Cómo está la herida de su muñeca?-
Por un momento la mire sorprendida, había olvidado por completo esa herida, avergonzada baje la mirada seguro ella se imaginaria como me la hice.
-Hitomi-san...bien-
De pronto me embargo la sensación de que ella quería dar a entender que ya recuperada debería partir.
Era lo justo. Pero entro en pánico.
-Hitomi-san, por favor permítame quedarme un poco más, no puedo volver a mi aldea-
Le suplique poniéndome de rodillas y juntando mi frente al piso, tenía un miedo inmenso de salir del lugar, la sensación de que me encontrarían se hacía más latente en mi pecho.
El silencio que embargaba en campo calaba mi cuerpo en incertidumbre.
-Esta hierba es igual que tu- me dice.
Levante la mirada y la vi frente a mí, sonriéndome como siempre, sosteniendo en sus manos una hierba de color negra
-Con ella puedes crear un potente veneno o una cura, pero solo crece en campos abiertos donde no se ve asfixiada por otras.-
Tomo mis mejillas con tibias manos y me mira fijamente.
-Puedes quedarte todo lo que quieras-
Mis ojos no pudieron retener algunas lágrimas de felicidad.
-o-
Unos días después Hitomi-san se tomó la tarea de enseñarme sobre raíces y hierbas de sus diferentes formas y usos. Yo trataba de aprender todo lo que me enseñada.
Me alegraba que hubiera tomado confianza en mí.
A cambio yo trataba de cocinar para ella todos los platillos que alguna vez quise cocinar en la mansión, lo disfrutaba mucho y me hacía feliz que Hitomi-san me dijera que le gustaba.
Pasaba mis días apaciblemente a su lado olvidando casi por completo mis preocupaciones, aprendiendo y practicando todo lo que se me enseñaba, inesperadamente Hitomi-san resulto ser una maestra muy estricta.
Una tarde de primavera mientras Hitomi-san y yo tomábamos un té en la sala de estar, ella tosió fuertemente soltando la taza, yo logro alcanzarla antes que se desvanezca en el suelo con una fuerte fiebre.
Vigilándola en la noche ella susurraba algunos nombres y se inquieta, me separe de ella por breves momentos para buscar agua y algunos remedios que sabía.
-o-
-Hinata-san….- escuche su llamado entre sueños, abrí mis ojos, ella me sonreía con su facies claramente cansada, pero feliz.
-No debe levantarse aun Hitomi-san la fiebre solo bajo un poco –la tomo de los hombros para acostarla y ella solo sonríe.
-No te preocupes, me recuperare pronto, es solo un resfriado-
Iba a contradecirle cuando saco de su manga un pequeño papel.
-Recibí este mensaje ayer, es del joven Eriol viene a verme pronto-Esboza una sonrisa aún más grande, seguramente de recuerdos que invaden su mente.
-¿Él es muy unido con usted Hitomi-san?-
-Él es un joven muy atento, lo he cuidado desde niño, lo considero como un hijo y aun estando ocupado con la empresa de su padre encuentra tiempo para venir a verme-
Un sentimiento cálido se siente en mi corazón al saber que existen personas que no olvidan a personas como Hitomi-san, es bello saber que viene a verla aun estando ocupado.
-También pone en la nota que quiere verla-
Siento que la sangre se me sube a la cabeza y empiezo a respirar con dificultad, aun no se me había olvidado la propuesta que me hizo durante la fiesta del matrimonio de su hermana.
"No le interesaría el hijo de un comerciante adinerado"
-No este nerviosa Hinata-san el solo lo dice porque está preocupado por usted, cuando la encontró se le veía muy alterado, quería llevarla a un hospital pero está muy lejos y le pedí que me la dejara, se quedó un tiempo pero tuvo que partir, es una buena persona se muestra frio algunas veces por el aire de negocios que le enseño su padre.-
Mostré una sonrisa agradecida por tranquilizarme.
-Hitomi-san, se ve tan feliz cuando habla de ellos, usted los quiere mucho y ellos a usted-
La mujer mayor suelta un suspiro mientras su frente se perla en sudor por la fiebre que regresa.
-Han hecho tanto por mi desde que era joven, el padre del joven Eriol me regalo esta casa para que viniera a practicar y experimentar con hierbas, el me salvó de morir hace tanto… y aun no puedo pagar mi deuda con él.-
-Hitomi-san ¿Estaba usted en peligro?-intrigada por su declaración inconscientemente tome su mano que sobresalía de entre las sabanas invadida por un sentimiento de angustia al pensar en perderla.
-Está bien Hinata-san, fue hace tanto, pero no lo olvidaría. Le gustaría oír una historia-
Asentí en silencio.
-La historia empieza con un pequeño clan ninja que era conocido por realizar asesinatos a través de venenos extraños, únicos, mortales y efectivos, este clan trabajaba para cualquiera que pagara lo suficiente, aquí entra una joven intrépida y temeraria, hija menor del líder del clan, que fue enviada a una misión de asesinato junto a su equipo para eliminar a un comerciante competidor del cliente que los había contratado.-
-El plan era sencillo, infiltrase en la casa y envenenar el alimento, en este caso la tetera con te que solía tomar el blanco, esperaban en las sombras mientras veían el movimiento de la gran casa, vieron enseguida al objetivo mientras se sentaba en el jardín junto a una pequeña que jugaba y reía a su alrededor, un hombre de familia como muchos otros antes de él, la sirvienta había dejado la charola en la mesa con una taza recién servida, expectantes por realizar su trabajo todos veían la escena.-
-Lo que no contaban era que la pequeña arrebataría la taza a su padre en un gesto infantil, disponía a beberlo, la joven no dudo, tolerar la idea de que una pequeña inocente muriera… así que salió de su escondite y lanzando un piedrecilla hacia la niña logro romper la taza antes que toque sus labios, el hombre sorprendido se incorporó y poniendo en un movimiento rápido a su hija detrás de él en ademan protector, la joven al verse sorprendida por el blanco maldijo y se fue corriendo con su equipo por el bosque, ya en un lugar seguro el resto de integrantes culpándola del fallo de la misión la golpearon hasta el cansancio, la joven no pensó en disculparse en lo que creía correcto y no lo hizo, más tarde cuando estaba en el suelo tendida en un charco de sangre la escolta del comerciante apareció capturando a todos después de una feroz pelea, el jefe de la guardia del comerciante perdono su vida casi extinta y mando a la joven a que la mansión para que examinaran sus heridas a pedido del comerciante.
Poco después ella despertaba en una habitación custodiada, en su frente el comerciante le ofrecía dos opciones en agradecimiento por salvar a su pequeña hija.
La primera: morir honorablemente a manos suyas
La segunda: vivir para pagar la deuda que ella tenía por perdonarle la vida.
Poco después la joven entrada al servicio del comerciante como su sirvienta más fiel y en la que el depositaria su confianza para criar a sus dos pequeños niños.-
Hitomi-san sonrió con melancolía y volteo a verme los rastros de alegría y tristeza se agrupaban en sus ojos, supuse de inmediato que ella era la mujer de la historia.
-Hitomi-san…-
-Cuando Eriol-san cumplió un año su madre murió y fue responsabilidad mía criarlo y a su hermana, me alegra tanto que ahora sean personas de bien y que hayan crecido saludablemente-
Su risa se escuchó pequeña y débil.
-Descanse Hitomi-san, aún tiene fiebre-
-o-
Saludos
Maribelteka
Mitsuki-chan17
Annie Thompson
Layill
Nos leemos
Pryre-chan
