Hola gente! Cómo están? Yo muy bien!

Acá les traigo un nuevo cap. Demoré un poco en escribirlo pero aquí estoy de vuelta actualizando y retomando mi tan adorado hobby. Y espero poder demorar menos en terminar el próximo episodio.

Agradezco de corazón el que aprecien lo que hago y compartan conmigo lo que piensan y sienten al leerme. Nunca dejen de hacerlo, sus palabras y sus impresiones son muy valiosas para mí y me motivan a seguir… :)

Bueno, lxs invito a leer el DOCE en paz y espero que les guste y me cuenten qué les pareció!

Todos los personajes pertenecen a su autora, Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.

Besos y abrazos per tutti! Que tengan un muy lindo finde! Hasta la próxima!

Bell.-


:: Capítulo Doce ::

Un mes después…

Era un viernes por la tarde de un bonito y agradable día de sol. Serena estaba en un pequeño bar cerca de su casa, sentada sola en una de las mesitas de la acera. Estaba arreglada con una larga falda violeta, una blusita negra sin mangas y el cabello recogido, se encontraba muy bonita, y su semblante era muy tranquilo y descontracturado, como era habitual en ella. Se veía realmente radiante.

Después de haber pasado unas semanas terribles sin poder dormir, sin dejar de llorar desconsolada, sin poder salir de la profunda tristeza que la desilusión con Darien le había provocado, poco a poco había logrado comenzar a sentirse mejor y recuperar algo de la alegría y frescura que la caracterizaba.

Estaba muy concentrada revisando los mensajes de su celular y no se percató de que alguien se había acercado a ella. —Hola, dam… Hola, Serena.

—Ay, no, esa voz… —murmuró para sí asustada. Alzó la vista lentamente, recorriendo con los ojos al elegante y sobrio hombre de traje gris que la saludaba, para finalmente corroborar que se trataba de quien ella creía.

Cuando vio que era Darien quien estaba de pie frente a ella mirándola con una tranquila sonrisa, Serena sintió que se quedaba sin aire. —Da… Darien… —dijo nerviosa—. Qué… qué sorpresa, Darien —intentó ponerse de pie pero por los nervios que el inesperado encuentro le causaron se enredó las piernas con la tela de su falda y tropezó con tan buena suerte que cayó sobre él.

Darien la sostuvo con sus brazos para evitar que cayera al suelo y ella lo abrazó con la misma intención. —¿Te encuentras bien? —le preguntó él preocupado.

Muerta de vergüenza y sonrojada hasta las orejas Serena separó su rostro de su pecho y lo miró. Darien seguía sonriendo y ella sintió que su corazón comenzaba a latir con tanta fuerza al encontrarse con sus ojos que temía que se le escapara del cuerpo.

Pero él de pronto se puso serio, aunque no dejaba de observarla fijamente. Ambos estaban cautivados por la mirada del otro, no podían negarlo. Entre ellos existía una intensa conexión, algo que los unía fuertemente a pesar de estar tan distanciados. Y aunque sólo permanecieron por unos escasos segundos mirándose así y reconociendo una vez más todo lo que sentían, para ambos fue como si durante esos breves instantes el tiempo se hubiera detenido.

Hasta que Serena reaccionó de repente y se alejó de él. Si bien no hacía mucho que no lo veía, ya que en varias ocasiones había tenido que tolerar encontrárselo a pesar de hacer todo lo posible por evitarlo, no podía dejar de sentirse terriblemente incómoda con su presencia.

Habían cortado todo tipo de contacto y comunicación entre ellos, no cruzaban más que un ocasional 'hola', y ésta era la primera vez que intercambiaban más de dos palabras en un mismo encuentro. —¿Qué haces aquí? —preguntó Serena con la mirada baja mientras acomodaba su ropa.

—Regresando del trabajo, vivo aquí cerca, ya lo sabes —respondió él en tono cortante.

—Claro —dijo ella algo molesta por el eterno modo tan frío y distante de Darien.

—Bueno, en realidad justo pasaba por aquí y… Y te vi y quise acercarme para saludarte —él intentó ser más cordial al darse cuenta de que Serena comenzaba a irritarse—. ¿Cómo estás?

—Bien —respondió ella acotadamente y seguía evitando su mirada.

—¿Estás… esperas a alguien? —preguntó Darien algo temeroso, no quería ni imaginarse que podría llegar a existir la remota posibilidad de que ella estuviera viendo a alguien más.

—Bueno, en realidad… —quiso responder Serena y se puso más nerviosa todavía al ver que alguien que acababa de llegar se acercaba a ellos.

Darien al ver su expresión volteó para saber qué sucedía y cuando lo vio a Steven se dio cuenta de repente que la sangre le hervía de la rabia que sintió al reconocerlo.

—¡Hola, Serena! —dijo Steven al llegar a su lado y la abrazó efusivo ignorando olímpicamente a Darien—. ¿Cómo estás, preciosa?

—Bien, estoy bien —respondió ella riendo mientras soltaba el abrazo lo más rápido que pudo—. Llegaste temprano, Steven —y lo fulminó con la mirada pero con una fingida sonrisa en su rostro. La situación no podía ser más incómoda.

—Es que estaba muy ansioso por verte —dijo Steven seductor. Tomó su mano y la besó, pero Serena de nuevo se soltó enseguida.

—Bueno, creo que… yo… —Darien estaba tan furioso con la escena que estaba presenciando que no podía articular palabra—Yo… ya tengo que irme.

—Adiós, Darien —dijo Steven con actitud triunfadora.

Darien lo observó de arriba abajo con desprecio y no respondió. Volvió a mirar a Serena. —Adiós, Serena, fue un verdadero gusto volver a hablar contigo —dijo con sarcasmo, pero ella no respondió y bajó otra vez la mirada. Y él se alejó rápidamente de ellos sin mirar atrás.

Mientras caminaba apurado y maldecía entre dientes, Darien buscó su celular en su maletín y llamó a su mejor amigo que lo atendió enseguida. —Andrew, necesito verte, tengo que hablar contigo, es urgente. En 10 minutos estaré en tu departamento —y colgó sin darle tiempo a responder.

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Serena estaba tan conmocionada con lo que acababa de pasar que no podía reaccionar. Pero Steven la hizo aterrizar de nuevo a la realidad al tomarla del rostro para que lo mire. —Serena, ¿te encuentras bien? —preguntó preocupado.

Ella lo miró enojada y se soltó bruscamente. —Deja de tratarme así, Steven, ¿qué te pasa?

Él sonrió de lado. —Sólo me preocupo por ti, Serena, eso es todo.

—Preocúpate todo lo que quieras, pero no vuelvas a actuar de esa forma porque…

—¡Hola, amiga! —los interrumpió Molly que acababa de llegar corriendo acompañada de su novio—. Disculpa la tardanza, Serena —la abrazó con fuerza—. ¿Hace mucho que nos esperas?

—Descuida, Molly —respondió Serena ya más tranquila y agradecida con su amiga por salvarla de quedarse a solas con Steven—, llegué hace un momento.

—Bueno, el resto de los chicos me avisó que llegarán en cualquier momento, así que juntemos algunas mesas para que haya lugar para todos —dijo Molly entusiasmada.

—Está bien —y entre las dos comenzaron a ordenar las mesas.

Lo que sucedía era que Serena había renunciado a su trabajo y ese había sido su último día en la radio, entonces sus compañeros organizaron una pequeña reunión para hacerle una especie de despedida. Todos la querían mucho y deseaban homenajearla y desearle suerte en sus nuevos proyectos.

Después de todo lo que había vivido en los últimos meses, Serena se había replanteado muchas cosas sobre sí misma, y había decidido darle un nuevo rumbo a su monótona vida, la cual ya la tenía muy cansada.

Pensó que una buena forma de empezar a concretar algunos cambios era dejar el trabajo que había sostenido durante tantos años cuando en realidad la idea original había sido que fuera algo temporal. Y como su verdadera vocación siempre había sido la docencia, quiso apostar a eso y ponerse a buscar un trabajo que le apasionara.

No era una decisión para nada sencilla, porque no contaba con mucho dinero hasta que consiguiera algo nuevo y tuvo que recurrir al apoyo de sus padres para que durante el tiempo que le tomara encontrar un empleo pudiera cubrir sus gastos.

Pero estaba convencida de que era lo mejor para ella. Necesitaba un cambio rotundo en su vida, uno que tuviera que ver con ella, con sus inquietudes, con sus verdaderos deseos, y aunque estaba bastante asustada por la decisión que había tomado, sabía que era lo mejor.

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Mientras tanto, Darien llegó a lo de Andrew lo más rápido que pudo. Golpeó a su puerta insistentemente hasta que lo atendió. —Darien, por dios —Exclamó su amigo al abrir—. ¡Me vas a dejar sordo! —y lo dejó pasar.

Darien entró apurado y arrojó su maletín y su saco en el sofá. —Estoy… —se aflojaba nervioso el nudo de su corbata—. Estoy… —estaba tan ansioso que no podía hablar, sólo caminaba de un lado a otro sin parar—. ¡Estoy furioso! —soltó al fin.

—¿Por qué? ¿Qué te pasó? —preguntó Andrew preocupado.

—¿Qué me pasó? ¿Quieres saber lo que me pasó? —Darien no dejaba de caminar y se quitó la corbata que también arrojó al sofá—. Serena me pasó.

Andrew echó a reír. —Eso no es nada nuevo, amigo —Darien le clavó una mirada fulminante y él se puso serio—. Lo siento, cuéntame, ¿qué pasó con, Serena?

—Acabo de encontrarme con ella, otra vez —Darien seguía caminando—, en un bar cerca de aquí y tuve la genial idea de acercarme para saludarla, ¿y sabes lo que sucedió?

Andrew se sentó en el sofá y escuchaba pacientemente. —¿Qué fue lo que sucedió?

—Apareció ese tal Steven, el tipo más desagradable y soberbio que vi en mi vida. Y por la forma en que la saludó es obvio que tiene algo con ella, ¿puedes creerlo? Serena tiene algo con Steven, y yo lo sabía, yo sabía muy bien que esto iba a pasar. Ese imbécil seguro la engañó con vaya uno a saber qué cuentito cursi y la muy ingenua cayó ante sus encantos, porque él es tan encantador, con esa voz y esa forma de hablar tan cautivadora, que se cree que puede tener a cualquier mujer rendida a sus pies y que…

—Espera, espera, espera —lo interrumpió Andrew—. No entiendo una sola palabra de lo que dices. ¿Quién es Steven?

—El tipo que está con Serena ahora.

—¿Con Serena? —preguntó Andrew confundido—. ¿Serena está con alguien? Eso no puede ser.

—Claro que está con alguien, está con ese tipo. ¿Cómo pude ser tan ciego? Yo lo vi venir, Andrew, yo sabía que tarde o temprano él…

—No, Darien, eso no puede ser cierto —Andrew volvió a interrumpirlo.

—¿Cómo que no? Acabo de verlo, acabo de encontrarme con ellos.

—No, Darien, debes haber interpretado todo mal, Serena no está con nadie.

—¿Y tú cómo estás tan seguro? —preguntó Darien incrédulo.

—Porque Lita es su mejor amiga y si Serena hubiese empezado a salir con alguien se lo habría contado.

—¿Y Lita qué tiene que ver con todo esto?

—Que si ella sabe, yo también lo sé —respondió Andrew con seguridad.

—¿Acaso eres una extensión de tu novia? Ustedes dos no pueden ser más simbióticos porque no tienen tiempo.

—¿Qué quieres, Darien? —lo cortó Andrew molesto —¿Quieres que te ayude? ¿Que te de algún consejo? Porque si me agredes no lo conseguirás —Darien dejó de caminar e intentó reflexionar sobre lo que su amigo le decía. Quizás tenía razón, tal vez era cierto que Serena en realidad estaba sola y él sólo interpretó cualquier cosa por celos—. Tranquilízate, por favor y hablemos con calma, ¿puede ser?

Darien se sentó a su lado. —Calma… yo ya no tengo calma —continuó quejándose—. Desde que Serena apareció en mi vida yo ya no sé lo que es la calma. Toda mi tranquilidad, toda la estabilidad que con tanto esfuerzo logré construir durante estos años se desvaneció, desapareció de repente, como por arte de magia. No puedo dormir, no puedo comer, no puedo concentrarme en mi trabajo, no puedo dejar de pensar en ella. Mi vida es un infierno, Andrew, un completo infierno —se recostaba en el respaldo del sofá agarrándose la cabeza con las manos—. Esto es terrible, Andrew, mi vida es un caos, ya no puedo más, perdí el control de todo, lo perdí —hizo una pausa—. Y a ella también la perdí… —suspiró con pena—. Y no sé qué hacer, estoy desesperado, Andrew, necesito recuperarla.

—¿A tu vieja vida o a Serena? —preguntó Andrew, pero Darien no respondió y bajó la mirada. Andrew volvió a reír—. No seas tan fatalista, Darien, sólo estás enamorado, nada más y nada menos que eso —se quedaron en silencio, Darien sabía muy bien que a quien necesitaba recuperar era a Serena, pero prefirió no decirlo.

—Darien, ¿me permites decirte algo? —Andrew volvió a hablar—. Esa misma expresión que tienes ahora, de desesperación, de impotencia, de furia, la tienes por lo menos desde que llegaste a Tokio, y de seguro que la traes a cuestas desde mucho antes. Porque tú estás así por lo que te pasó con Dayna —Darien lo miró con una dura expresión, no toleraba ni escuchar el nombre de su ex mujer—. Es eso lo que te pasa, todavía no la perdonas y sigues resentido con ella, con lo que te hizo, y eso es lo que te impide seguir con tu vida como quisieras, como te mereces. Ya supéralo, Darien, pasaron más de tres años, ya es historia, ya quedó atrás.

—Eso es asunto del pasado, Andrew, yo ya me olvidé de ella. Ahora tengo otros problemas que no tienen nada que ver con eso.

Darien sabía muy bien que todo lo que su amigo le decía era cierto, estaba resentido y ese dolor que no podía soltar lo interrumpía de tal forma que no se permitía volver a sentir algo por otra mujer.

Pero a pesar de todo inesperadamente y en contra de todas sus razonables teorías, Serena había aparecido en su vida y había conseguido despertar en él una profunda emoción que jamás creyó que volvería a sentir por nadie. Y no podía controlarlo, no podía resistirse, y eso lo aterrorizaba terriblemente.

Andrew inspiró profundo para intentar contener el fastidio que la orgullosa y testaruda actitud de su amigo le provocaba. —Claro, porque el mundo es una fiesta y a ti no te invitaron —dijo con sarcasmo.

—Estoy hablando en serio, mi vida como era ya no existe más, lo perdí todo, y no sé qué hacer —insistió Darien—. ¿Qué hago, Andrew? ¿Qué hago? —preguntó desesperado.

—No lo sé.

Darien volvió a enfurecer y se puso otra vez de pie para empezar de nuevo a caminar nervioso. —¿No lo sabes? ¿No tienes nada para decirme? Tú estás cambiado, Andrew, ya no te preocupas por la gente como antes, por tus amigos, ya no me escuchas, no me ayudas, ya no…

—¡No puedo creerlo, Darien! —dijo Andrew exasperado—. Si pudieras darte cuenta del grado de ingenuidad con el que te manejas.

—¿Ah, sí? ¿Yo soy ingenuo? Pues a lo que tú llamas ingenuidad yo lo llamo amistad.

—Deja de reprocharme ridiculeces —Andrew también se puso de pie—. Entiéndelo, yo no puedo hacer nada para cambiar tu vida, porque eso no depende de mí, sino de ti. Tienes que entender que pase lo que pase, hagas lo que hagas, vas a continuar estando solo, amargado, dolido, hasta que no asumas que lo que se acabó es la adolescencia, no la amistad.

—A mí no me parece que…

—¡Basta, Darien! —Lo interrumpió Andrew —Madura de una buena vez. Deja ya de querer ver las cosas de una única manera y buscar respuestas afuera. Porque de eso se trata, de buscar dentro de ti mismo esas respuestas —hizo una pausa y suspiró para intentar suavizar su tono de voz—. Darien, tienes que entender que ni yo ni nadie va a quitarte todo ese viejo dolor que tienes en tu interior, tú solo tienes que hacer lo que sea que te permita salir de ese lugar. ¿Por qué no lo intentas y dejas de querer dar lástima todo el tiempo? ¿Por qué no le pierdes un poco el gusto a eso? A lo mejor así consigues salir adelante de a poco y…

—¿De dónde sacaste todo ese palabrerío de 'autosuperación'? —preguntó Darien riendo.

Andrew suspiró frustrado, Darien no cedía ni un poco con todo lo que le decía. —Está bien —se sentó de nuevo—, sigue así, ríete de mí, de lo que te digo, y todos tus problemas se solucionarán.

—Lo siento —Darien recapacitó al fin—, no quise… No quise ofenderte —se acercó al sofá para tomar todas sus cosas—. En verdad lo lamento, creo que… Mejor me voy, tengo… tengo cosas que hacer y…

—Te acompaño —Andrew lo conocía lo suficientemente bien como para saber que cuando Darien ya no quería continuar hablando y decidía irse de repente sin decir más nada, era porque en realidad estaba recapacitando verdaderamente sobre lo que habían platicado. Sólo que era demasiado orgulloso para admitirlo y decírselo con franqueza.

Entonces fueron juntos hasta la puerta en silencio. —Llámame si necesitas algo —dijo Andrew al despedirlo.

—Gracias —dijo Darien en voz muy baja—, adiós —y se fue.

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Por su parte Serena se estaba despidiendo de sus amigos una vez que la reunión había terminado. Y el único que quedaba era el obstinado de Steven. —Bueno —dijo ella al regresar a la mesa después de que Molly y Kelvin se retiraron—, ya todos se fueron, así que yo también me voy.

—Espera, Serena —él la tomó de la mano—, ¿por qué no nos quedamos un rato más? Te invito una copa, ¿quieres?

—No, gracias —ella se soltó—. Ya es un poco tarde, prefiero irme —y se puso de pie.

—Por favor, Serena —Steven la detuvo tomándola otra vez de la mano—, sólo una copa. Estuve esperando toda la tarde para estar a solas contigo, déjame invitarte.

—Steven —ella volvió a sentarse a su lado—, mira, no quiero ser grosera contigo, pero…

—Vamos, será sólo un momento —insistió él.

—Lo siento, Steven —Serena se puso otra vez de pie y colgó su bolso en su hombro—. No acepto tu invitación, me voy a mi casa.

Él suspiró frustrado. —Está bien —también se puso de pie—. ¿Entonces me dejas acompañarte?

Serena echó a reír por su insistencia. —¿No piensas dejarme en paz? —él negó con la cabeza y sonrió—. Bueno —suspiró resignada—, está bien, acompáñame —y se fueron juntos.

Mientras caminaban el corto trayecto desde el bar hasta lo de Serena, conversaron y rieron distendidamente sobre temas ligeros, ella tenía la impresión de que aparentemente todo volvía a ser natural como siempre entre ellos y se trataban simplemente como compañeros de trabajo, como amigos, como antes. Al menos eso parecía.

Cuando llegaron al edificio permanecieron un momento en silencio, hasta que Steven habló de nuevo al notar que ella no tenía la más mínima intención de hacerlo pasar. —Bueno, lo pasaste bien hoy, ¿verdad?

—Sí, unos divinos los chicos, me encantó que hayan ido todos. Los voy a extrañar tanto…

—¿A mí también me extrañarás? —preguntó él con una insinuante sonrisa mientras se acercaba a ella.

—Steven, por favor —Serena comenzó a incomodarse al darse cuenta de sus verdaderas intenciones.

—Porque yo sí voy a extrañarte —él acariciaba su rostro y se acercaba más—. En realidad hace tiempo que te extraño, Serena, porque ya no hablas más conmigo, ya no nos tratamos como antes y a mí me gustaría mucho que las cosas entre nosotros…

—Lo siento, Steven —ella se alejó de él—, yo ya te aclaré que entre nosotros ya no hay nada de qué hablar, ya no somos amigos, y ahora tampoco seremos más compañeros de trabajo. Así que…

—Por favor, Serena, no me hagas suplicarte, dame una oportunidad —Steven volvió a tomar su rostro—. Yo sé que sigues dolida por lo que pasó con Melissa, pero eso es historia, ya no estoy más con ella, ya te lo expliqué, porque a mí quien realmente me importa eres tú, siempre fuiste tú… —intentó besarla, pero ella se soltó bruscamente de él.

—Basta, Steven, no insistas más —Serena exclamó molesta.

—¿Pero por qué, Serena? —preguntó él confundido—. ¿Por qué me rechazas así? Yo creí que tú… que nosotros podríamos… Cuando me invitaste para que viniera esta tarde pensé que…

—Pues pensaste mal —lo interrumpió ella—. Te invité porque eres uno de mis compañeros de trabajo y no quería ser descortés contigo, sólo por eso. Lamento que hayas entendido otra cosa, yo no estoy interesada en ti de la forma que tú crees. No estoy interesada ni en ti ni en nadie, en este momento estoy sola y me siento muy bien así, no necesito involucrarme con nadie, mucho menos contigo.

—Pero Serena, yo…

—Tú me decepcionaste tanto, Steven, tanto —decía ella enojada—. Tenía una idea muy diferente de ti cuando éramos amigos, creía que eras una persona muy distinta a quien demostraste ser cuando te fijaste en Melissa. Me di cuenta de que eres superficial, prejuicioso, arrogante, que sólo te fijas en las apariencias.

Cada vez subía más su tono de voz, al fin se atrevía a decirle todo lo que pensaba y ponerlo en su lugar. —Jamás te diste cuenta de lo que me pasaba, de que no sólo era tu amiga fiel y consejera, sino que tenía sentimientos por ti. Nunca lo viste, nunca lo valoraste —hizo una pausa para intentar calmarse y no empezar a gritar—. Y ahora las cosas cambiaron mucho, Steven, yo ya no soy la misma ilusa y enamoradiza de entonces, ya no estoy más interesada en ti. Lamento que hayas interpretado otra cosa.

—Bueno —Steven estaba completamente descolocado tras escuchar las duras palabras de Serena—, no sé qué decirte.

—No digas nada, no es necesario —ella buscó las llaves en su bolso—. Gracias por acompañarme. Buenas noches —lo despidió y entró al edificio sin mirar atrás.

Una vez dentro de su departamento, soltó un largo suspiro y se apoyó en la puerta. —Vaya, no puedo creer que se lo haya dicho —dijo con una gran sonrisa en su rostro, se sentía tan aliviada con lo que había hecho, al fin había logrado darle un cierre a su frustrada relación con Steven, y eso le daba mucha satisfacción.

Mientras caminaba hacia el sofá, apareció Luna corriendo. —Hola, hijita —la tomó en sus brazos y se sentó con ella en el sillón—. ¿Cómo estás, Lunita? ¿Extrañaste a tu mamá Serena? —la gatita maullaba y ronroneaba contenta—. Ay, hija, lamento informarte que desde este preciso momento tienes oficialmente una madre soltera —dijo con un suspiro—. Y encima también desempleada —echó a reír y abrazó a Luna mientras se recostaba en el sofá.

Recordaba todo lo que le había dicho a Steven, la reunión con sus amigos, el encuentro con Darien. —Hoy lo vi de nuevo a tu papá Darien —volvió a hablarle a la gata, ésta maulló—. Ya lo sé, lo extrañas, ¿verdad? —volvió a suspirar melancólica—. Yo también lo extraño, Luna, lo extraño mucho… —y apretó a la pobre gatita contra su pecho.

Si bien ya no estaba tan triste como antes, no podía negar que seguía pensando en él, que lo extrañaba, que lo necesitaba, que seguía teniendo intensos sentimientos por él como nunca antes había tenido por nadie. Y no podía evitarlo, a pesar de su ausencia y la enorme distancia que existía entre ellos, lo amaba profundamente.

Sin embargo muy lentamente estaba consiguiendo sentirse mejor y sanar su corazón roto, al menos eso creía. Y confiaba que con el paso del tiempo podría recuperar la calma que había perdido desde que lo conoció. Estaba decidida a intentarlo, ya no quería sufrir más.