Sophie soltó una suave risita al mismo tiempo que veía a su niño irse al recreo. Y lo comprendió… a pesar de esa dura fachada, Damián solamente deseaba ser aceptado.
La docente de ojos oscuros exhaló un largo suspiro y siguió a Damián al patio de recreo. Allí los niños y niñas desarrollaban diferentes actividades lúdicas como saltar la soga, jugar damas o ajedrez, y otro tipo de juegos. Pero Damián estaba sentado en un rincón leyendo un libro.
Sophie frunció el ceño y volvió a suspirar, por más que los niños o niñas lo invitaran a jugar él siempre los rechazaba y se quedaba solo. Eso preocupaba a la joven.
De repente un grupo de niñas, las cuales pertenecían al curso a cargo de Sophie, se acercaron a Damián. Con sonrisas en sus labios y entusiasmo, una de ellas llevaba una larga soga.
-Damián ven con nosotras a saltar. Será divertido, Alice ya batió su record y saltó treinta veces seguidas. ¿No crees que sea genial? –preguntó Catherine, una niña de larga cabellera castaña y ojos azules.
El pequeño Wayne las miro fijamente. Las niñas, sonreían tímidamente y algunas estaba sonrojadas, especialmente Catherine, quien desde que había compartido su asiento en el autobús no dejaba de molestarlo, según él.
-No puedo ir a jugar con ustedes. Estoy leyendo. –respondió sin darles importancia.
Las niñas bajaron sus miradas desilusionadas, al ver esa escena Sophie creyó conveniente intervenir.
-Es una buena idea Damián. Sé que te gusta leer pero… saltar la soga es un buen ejercicio. –opino la maestra con una tierna sonrisa.
Cuando las niñas escucharon la voz de su maestra sonrieron alegremente, más al saber que las apoyaba. Por su parte Damián frunció el ceño y cerró su libro.
-No tengo ganas de saltar niña hippie. –respondió el hijo de Bruce.
Sophie frunció el ceño y exhalo un largo suspiro.
-Soy la señorita Sophie, Damián. –comentó tranquilamente la maestra.
El pequeño Wayne no respondió, volvió a abrir su libro y continuo su lectura, al verlo tan concentrado Sophie les indico a las niñas que continuaran con su juego.
Las pequeñas bajaron sus miradas apenadas pero a una de ellas se le ocurrió una brillante idea:
-Señorita Sophie ¿Quiere saltar usted con nosotras? –pregunto ansiosa la niña.
Sophie miro confundida a sus alumnas, las niñas la miraban expectantes y con una sonrisa en sus rostros. La docente no pudo decir que no ante esas caritas tan tiernas y entusiasmadas.
-De acuerdo. Jugare con ustedes. –respondió la maestra de larga cabellera rubia.
Las niñas saltaron de alegría y una de ellas tomó de la mano a su maestra para guiarla. Una de las niñas tomó la soga de un extremo y la otra pequeña del otro lado. Sophie se ubicó en medio y comenzó a saltar mientras sus alumnas contaban.
Damián levantó su mirada y fijo su vista en Sophie. Por una razón ajena a la lógica el niño no pudo dejar de observar a su maestra con anhelo. La joven lucía muy alegre mientras saltaba con sus alumnas. Al niño de ojos azules le llamaba mucho la atención el comportamiento Sophie. Parecía más una maestra de kínder Garden que de una escuela primaria sin embargo cuando tenía que mostrar su autoridad lo hacía muy bien. Le recordaba a Richard, Grayson también era muy amable y dulce pero cuando tenía que imponerse lo hacía con autoridad.
Pero… ¿Por qué ella se preocupaba por él? ¿Por qué Sophie parecía apreciarlo tanto como a un hijo? Ella no era su madre, ni siquiera tenían un lazo de sangre.
En ese momento Sophie se enganchó en la soga y paro de saltar. Damián se puso de pie inmediatamente listo para sostenerla al pensar que podría caerse, especialmente porque llevaba zapatos de taco alto, pero la docente no se cayó sino que se desenganchó de la soga mientras las niñas la aplaudían. Había saltado treinta veces seguidas.
-¡Bien hecho señorita Sophie! –exclamo alegremente Catherine.
-Gracias pequeñas. –sonrió maternalmente la docente. Entonces se percató de la mirada atenta de Damián. – ¿Quieres intentarlo Damián? Apuesto que no llegaras tan lejos como yo. –dijo mientras le guiñaba el ojo en forma cómplice.
Sophie había dado en el clavo. Una sonrisita presumida se dibujó en el rostro del pequeño Wayne y se acercó a su maestra.
-Acabas de perder niña hippie. Ya lo verás. –respondió Damián.
Sophie sonrió divertida y se hizo a un lado. Las niñas emocionadas comenzaron a mover la soga y Damián a saltar. Mientras el pequeño saltaba las niñas contaban emocionadas. Sophie sonreía ampliamente ya había descubierto la forma de incentivar a su querido niño.
Llego un momento en que Damián se cansó de saltar y fingió enredarse en la cuerda. Pero no le importaba había llegado a cincuenta saltos.
-¡Cincuenta saltos! –exclamaron las niñas asombradas.
Sophie aplaudió a Damián y lo felicito.
-Eso fue maravilloso. Te felicito Damián. –dijo la docente mientras le besaba los cabellos al niño.
-Te dije que iba a ganarte. Tú eres un poco torpe. Si no usarás tacos tan altos hubieras durado más. –respondió Damián mientras su maestra lo miraba sorprendida.
-¡Damián se amable! –exclamo Catherine. –Discúlpelo señorita Sophie. –dijo sonrojada la niña.
Sophie exhalo una suave risita, por más que a muchos el pequeño Wayne les resultara insolente y mal educado, para ella era sólo un niño tratando de probar su valía.
-Está bien Catty. La humildad es una virtud muy difícil de adquirir. –comento tranquilamente la maestra.
Damián frunció el ceño y miro profundamente a los ojos a su maestra. En ese instante el timbre sonó y todos volvieron a sus aulas. Sin embargo había algo en Sophie y por eso no podía dejar de observarla. Se hacía muchas preguntas pero la primera y más importante era: ¿Cómo supo la niña hippie hacerlo cambiar de opinión tan rápidamente? ¿Cómo hacía para conocerlo tanto?
Al terminar las clases los niños y niñas salieron corriendo y fueron recibidos por sus padres. Sophie sonreía al ver como los padres saludaban a sus hijos. Sin embargo nadie había llegado por Damián. Y eso le rompió el corazón a Sophie, ver solo a su querido niño y con una expresión que nadie conocía. Por eso se acercó a él y le hablo con dulzura
-Saltaste muy bien en la soga. Las niñas quedaron impresionadas. –comento inocentemente Sophie.
Damián miro seriamente a su maestra y chasqueó la lengua.
-Eso ni siquiera era un reto. Además esas niñas se emocionan por nada. –respondió Damián.
Sophie soltó una suave risita delicada. Que causo confusión en el niño de cabellera negra. ¿Por qué se reía tan animada? No había hecho ningún chiste.
-¿De qué te ríes? –pregunto Damián confundido.
-¿De verdad no sabes porque se emocionaron tanto? –preguntó la maestra sin perder su sonrisa. Al ver la mirada confundida de Damián, Sophie suspiro. –Es porque les agradas. Por eso siempre te buscan para jugar. –explico con ternura y paciencia.
La expresión del hijo de Bruce Wayne cambió a una de repulsión, como si hubiera tomado un café sin azúcar.
-Ellas no me agradan a mí. Ninguno me agrada son demasiado inmaduros. –respondió orgulloso de sí mismo.
La joven de larga cabellera rubia miro un poco decepcionada a su alumno.
-Damián… tus compañeros y compañeras no son inmaduros. Son niños. –comentó con una mirada llena de paciencia y cariño.
El niño de ojos azules bajo su mirada. "son niños" –esa palabra resonó en su mente.
En ese momento una motocicleta se estacionó en la orilla del cordón de la calle y un joven de cabello negro y ojos azules bajo del vehículo, era Dick. Al mismo tiempo otra motocicleta se detuvo y un joven se acercó a Sophie, era Jason.
-¡Damián discúlpame se me hizo tarde! –exclamo Richard mientras se acercaba a ellos. –Gracias Sophie por quedarte con él. –dijo sinceramente agradecido.
La maestra de orbes cafés sonrió dulcemente y asintió.
-No te preocupes Richard. Es un placer cuidar a Dami. –comentó amablemente mientras le acariciaba los azabaches cabellos a su alumno.
Damián miro fijamente a su tutor y suspiro:
-No seas tan ruidoso Grayson, no es para tanto. –respondió el niño.
-Yo se lo dije. Pero él siempre se preocupa demasiado. –opino Jason mientras se acercaba a Sophie y tomaba de la cintura a la joven.
Sophie sonrió amorosamente y le besó la mejilla a su novio.
-Jay… –lo nombro con alegría. Entonces la maestra cayó en la cuenta de algo muy extraño. – ¿Ustedes… estaban juntos? –pregunto confundida.
Dick sonrió divertido y asintió.
-Sí. Estábamos hablando de algo muy importante. ¿Verdad Jay? –pregunto el primer Robin con un leve brillo en los ojos.
Damián frunció el ceño desconfiado mientras que el segundo Robin asentía sin perder su seriedad.
-Lo que sucede Sophie… es que Dickie-bird necesita mi ayuda con una información. –respondió Jason con tranquilidad.
La joven de larga cabellera rubia abrió grandes sus ojos de la sorpresa.
-Eso quiere decir… ¿Qué estás ayudando a tus hermanos Jay? –pregunto asombrada.
Richard sonrió y apoyo su mano sobre el hombro de la joven maestra.
-Así es Sophie. Jason tiene mucha información que nos es útil. Y nos está ayudando a atrapar a unos tipos malos. –respondió Dick con una amable sonrisa.
La ahijada del sacerdote sonrió ampliamente y tomó de las manos a Jason, este la observo con profundidad en sus ojos azules, con un cariño casi indescifrable a la vista de los demás.
-Estoy orgullosa de ti Jason. Me alegra mucho que ayudes a tus hermanos. –dijo alegremente Sophie.
"Estoy orgullosa de ti Jason. ¿Está orgullosa de mí?" –esas palabras resonaron en la mente del joven.
Sin quererlo Jason se sonrojo levemente. Para disimular chasqueo la lengua:
-No es para tanto Sophie. Dick no es tan hábil y le estoy prestando mi ayuda. Además el enano es una carga. –opino con orgullo.
Damián dio un salto en su lugar y empujo con fuerza a Jason:
-¡¿Una carga?! ¡La carga eres tu psicópata! –le grito el pequeño Wayne.
Richard tomó de los hombros a Damián y Sophie se ubicó en medio de los dos para que no pelearan.
-¡Basta no peleen! Jay deja en paz a Damián. Él no es una carga. –dijo seriamente la joven maestra mientras llevaba sus manos a su cintura.
Jason frunció el ceño y sonrió de forma traviesa mientras tomaba a Sophie de la cintura y la pegaba a su cuerpo. Eso hizo que el niño de cabello negro se enfadara todavía más.
-¡Y deja de abrazarla así! ¡Vas a dejarla embarazada! –grito celoso Damián.
Sophie y Dick se sonrojaron al escuchar esas palabras, especialmente la maestra que se sonrojaba de sólo pensar en tener un hijo de Jason. Pero el susodicho de mechón blanco enarcó una ceja y continúo molestando a Damián.
-¿De verdad crees que con solo abrazarla voy a dejarla embarazada? Con razón eres un niño pequeño D. –respondió Jason.
Sophie apoyo sus manos sobre el pecho de su amado y lo detuvo con seriedad.
-Es suficiente Jay. No molestes a Damián. –dijo seria y sonrojada.
Richard carraspeo y tomó de los hombros a su protegido.
-Creo que es mejor que nos vayamos Damián. Sino terminarás matando a Jason. –dijo Dick con una sonrisa divertida.
Sophie se acercó al primer Robin y lo tomo suavemente del brazo.
-Espera Richard. Antes de que se vayan la semana que viene la escuela realizará un festival literario. Tú y tu familia están invitados. –dijo con una sonrisa.
Dick sonrió con amabilidad y asintió.
-Sería una buena idea venir con toda la familia. Gracias por avisarme Sophie. –dijo el primer Robin con una sonrisa.
-No es nada. Espero poder conocer al resto de la familia. –comentó amablemente la joven.
Richard sonrió y asintió mientras tomaba a Damián del hombro.
-Pequeño D despídete de Sophie. –dijo Dick con una sonrisa.
-No me des ordenes Grayson. Y mi nombre es Damián. –retrucó el niño con presunción.
Richard suspiro y Sophie sonrió divertida. La joven maestra se agacho a la altura de su alumno y le acarició los cabellos.
-Nos vemos mañana Dami. –se despidió de él con una sonrisa.
El pequeño Wayne miro hacia un costado y resopló molesto.
-Sí, lo sé. Hasta mañana. –saludó el niño y se fue caminando hacia el vehículo de Dick.
Richard sonrió con cortesía y saludo a su hermano y a Sophie.
-Hasta pronto. Cuídate Jay-bird. Y cuida de Sophie. –dijo mientras le guiñaba un ojo.
Jason se sonrojo y miro hacia un costado.
-Sí. Adiós. –saludo sin importancia.
-Hasta pronto Richard. –sonrió dulcemente Sophie.
Jason suspiro aliviado al ver que al fin había quedado a solas con su novia. Al fin podía abrazarla sin que ningún enano se entrometiera. Los dos iban caminando hacia la motocicleta de Jason pero antes de que Sophie pudiera subir al vehículo su novio la abrazo por detrás y le besó el cuello. Al sentir los cálidos labios de su amado sobre su piel la joven sintió una descarga eléctrica.
-¿Jay? –lo llamo al sentir un suave suspiro provenir de él. ¿Estaría triste?
-Sophie… ven a mi departamento. –dijo Jason mientras apoyaba su frente sobre la espalda de su novia.
El corazón de la joven comenzó a latir con más fuerza. ¿A solas con Jason en su departamento?
-¿A tu departamento? –pregunto boquiabierta la joven maestra.
Inmediatamente Jason se sonrojó al no darse cuenta de las palabras que había usado. Y de cómo Sophie lo había malentendido.
-Sí, pero sólo a cenar. Tengo un par de películas que podemos ver mientras cenamos y… –se detuvo al notarse tan tonto. Él era Red Hood y estaba dando explicaciones a una joven. Pero en realidad no quería obligarla a nada, no quería que su amada saliera corriendo al sentirse incomoda.
Sophie lo miro conmovida, Jason era tan lindo con ella. Solamente quería cuidarla, la joven de larga cabellera rubia no pudo evitar suspirar ante él.
-Está bien iré. ¿Cocinarás tú? Eso sería muy romántico. –opino ella con un leve brillo en sus orbes cafés.
Jason frunció el ceño de forma traviesa y acercó a Sophie a su cuerpo en un abrazo.
-Veo Milady que te gustan las cosas románticas. Lamentablemente si yo cocino podrías intoxicarte. –respondió el joven de ojos azules.
Una carcajada se escuchó y fue como una dulce melodía a los oídos de Jason. La maestra no podía dejar de reír al escuchar eso. No se había imaginado que Jason no sabría cocinar. Todo lo contrario, al ser un joven que se había crecido en la calle se imaginó que seguramente él sabría cocinar.
-De acuerdo. Si tienes algo en tu heladera cocinaré yo. –dijo Sophie mientras llevaba sus manos a su cintura.
Jason le guiñó el ojo en forma traviesa y le indico que subiera a la motocicleta mientras él se acomodaba en su vehículo. Sophie se abrazó a él y aspiro aquel aroma que el joven desprendía, tan varonil y encantador a la vez.
Al llegar al departamento de Jason, Sophie exhaló un largo suspiro y dejo su bolso, lleno con sus libros, sobre un sillón. Se acercó a aquel exhibidor con armas que tenía Jason sobre una pared y las observó con atención. Al mismo tiempo Jason buscaba unas películas y se las mostraba a Sophie.
-¿Cuál prefieres? ¿Terror, ciencia ficción, thriller? Olvídate de las comedias románticas son idiotas. –dijo seriamente.
A Sophie le causó mucha gracia aquel comentario y sin querer comenzó a reír divertida. Se acercó su amado y miro las películas con atención.
-En realidad las comedias románticas no están entre mis favoritas. –comento la niña de largos cabellos. –Mis películas preferidas son las épicas. ¿No tienes alguna del Señor de los Anillos? Son las mejores. –dijo mientras le guiñaba el ojo en forma cómplice.
Jason llevo su mano a su frente y se golpeó suavemente, como si recordara algo de pronto.
-Es cierto. Tú me lo dijiste, aquel día en el parque. –comentó de repente. –Sí creo que tengo esas películas. Iré por ellas. –dijo mientras se daba media vuelta.
Sophie le sonrió con cariño y recordó las tardes que había pasado con el joven Robin de antaño. Ahora estaba con él, era su novio, y se sentía muy feliz.
Jason regreso con las tres películas y camino hacia ella. Sophie sonrió ampliamente al ver que tenía los filmes que ella quería.
-Qué bueno. Son mis preferidas. Elige tú cual quieres ver Jay. –dijo con alegría.
-Bueno… siempre hay que comenzar por principio ¿No crees? –pregunto mientras le guiñaba el ojo.
-Si. Por mí está bien. –respondió la maestra.
Jason el indicó que se sentará a su lado sobre un sillón de color negro. Ella sonrió y se sentó junto a él, se acomodó entre los fuertes brazos del segundo Robin y apoyó su cabeza sobre el pecho de él. Jason le acarició la espalda y los cabellos rubios mientras se disponían a mirar el Señor de los Anillos.
Por más que la película fuera la más interesante de todas Jason tenía puesta su atención en Sophie. La joven parecía compenetrada con la película y se asombraba como si fuera una niña. Jason suspiro tranquilo al tener a Sophie con él. Y es que en realidad aquella noche Batman y Robin interceptarían una operación de drogas y él los ayudaría. El responsable sería el mismísimo primo de su novia y para que nadie tome represalias, Jason habían pensado que lo mejor sería tener a Sophie en su apartamento. Había pensado decirle la verdad cuando su primo estuviera tras las rejas, lejos de ella. Su verdadero deseo era matarlo, torturarlo antes y después matarlo por haber hecho sufrir a su amada. Sin embargo él tenía otra forma de hacerlo pagar. Especialmente si este iba a la cárcel.
Un suspiro proveniente de Sophie lo hizo salir de sus pensamientos. No fue un suspiro de asombro, todo lo contrario, su amada suspiraba por uno de los personajes, Legolas, el príncipe elfo.
-¿No crees que es genial? Legolas es uno de los mejores personajes que Tolkien ha hecho. –opino con un leve tono cariñoso.
Sin poder controlarlo Jason se puso celoso de un príncipe elfo que ni siquiera existía.
-Oh vamos Milady, él no es tan genial. Además es más afeminado que Tim. No me parece muy fuerte. –opino mientras resoplaba celoso.
Sophie se giró para mirarlo asombrada por ese comentario.
-Jay… si no te conociera bien diría que estás celoso. –opino mientras soltaba una risita cómplice.
El segundo Robin se sonrojo hasta las orejas. ¿Él celoso? ¿De un principito de orejas picudas que no existía? ¡Por supuesto que no!
-Claro que no. –dijo muy seguro de sus palabras. –No tengo nada que celarle. Mis habilidades son las mejores y además yo existo. –comentó con un aire victorioso.
Sophie enarcó una ceja y ahogo una risita. Su novio parecía un niño celoso.
-Bueno… me alegro que no estés celoso. Y Legolas no es afeminado. –remato la joven maestra.
¿Lo estaba provocando? Jason tomó entre sus brazos a Sophie y la recostó sobre el sillón, ubicándose sobre ella. Comenzó a hacerle cosquillas y ella se removía en su lugar mientras reía a carcajadas por las cosquillas.
-¿Me estás provocando Milady? Mira que no puedes vencerme. –dijo el joven de mechón blanco sin dejar de hacerle cosquillas a su novia.
-Oh… basta Jay... –pedía entre risas.
Jason sonrió, por primera vez sintió su corazón libre, y sonrió con sinceridad y cariño. Dejó de hacerle cosquillas a su novia y la ayudo a incorporarse. Pero al ayudarla vio algo de lo cual no se había percatado antes, una cicatriz en ambas piernas.
Su vestido se había levantado y había dejado al descubierto sus piernas. En ambas tenía una cicatriz que parecía haberse hecho con una navaja. Inmediatamente Sophie se tapó con su vestido aquellas marcas que iban desde la cara interior de sus muslos hasta el comienzo de sus rodillas.
-¿Sophie? –pregunto seriamente Jason.
La joven se sonrojo y una expresión de tristeza invadió su rostro.
-Fue un accidente Jay. No te preocupes. –sonrió con melancolía.
Jason comenzó a respirar pesadamente y a morder su labio inferior. Otra vez aquellos sentimientos de ira y esos deseos de matar. No podía controlarse.
-¿Fue él? ¡Dime la verdad! –exclamo con rabia el segundo Robin.
Una persona normal se hubiera asustado ante ese grito de cólera pero Sophie no era normal, no se inmuto y tomó el rostro de su amado entre sus suaves manos.
-Jason no importa. No me importa lo que me hizo porque ahora tú estás conmigo. Eres lo que realmente me interesa, eres mi amor y mi corazón. Esto forma parte del pasado y tú formas parte de mi presente y si quieres de mi futuro. –dijo dulcemente la docente.
El joven Todd abrió sus ojos de la sorpresa. ¿Él era parte de su presente y de su futuro? ¿Ella le estaba diciendo que…? no pudo contener aquel arrebato de emociones y besó los labios de su amada con una pasión desconocida para ella.
Sophie le acarició los cabellos y las mejillas a su amado mientras correspondía aquel apasionado beso. Sentía los cálidos labios de Jason apoderarse de los suyos, y sus fuertes manos acariciar su espalda y abrazarla de una manera tan protectora, en la cual nunca nadie la había abrazado.
En ese romántico momento el teléfono de Jason comenzó a sonar. Era Dick, le avisaba que estaban preparándose para interceptar la operación de drogas. Sophie le indicó que fuera con sus hermanos, que ella lo esperaría con la comida servida.
A Jason la idea de dejar a Sophie mucho no le agrado pero quería venganza. Quería que ese psicópata pagara lo que lo había hecho a su amada. Por eso se vistió como Red Hood y se encaminó al lugar.
Batman y Robin estaban espiando en un viejo almacén mientras esperaban que las fuerzas policiales de Gordon hicieran su aparición. En ese momento Red Hood saltó junto a ellos.
-¿Qué están esperando para patear traseros? Los polis tardaran demasiado y ellos terminaran su negocio pronto. –pregunto el joven de la capucha roja. Su voz sonaba colérica y rabiosa.
Batman frunció el ceño y se percató del tono de voz de Jason, Damián por su parte chasqueo molesto la lengua.
-¿Esa es tu idea de un ataque sorpresa? ¿Patear trasero? –pregunto Robin con ironía.
Batman fue a hablar pero Jason lo interrumpió sin darse cuenta:
-No te metas enano. Ese Albert y yo tenemos cuentas pendientes. –respondió Red Hood con voz sombría.
Robin fue a responder pero Dick lo detuvo. Batman había sentido una fuerte opresión en su pecho. Podía sentir lo que su hermano menor sentía. Aquella tristeza y aquella rabia por lo que su amada había sufrido. Sabía que Jason no se contendría.
-Red Hood recuerda tu promesa. –dijo seriamente Batman.
-La recuerdo. No planeo matarlo. En la prisión le esperan cosas peores. –respondió Jason mientras la máscara ocultaba aquella sonrisa sádica.
Batman se llevó la mano a su frente. Su hermanito nunca cambiaría. Robin fue quien tomó la palabra:
-Es nuestra oportunidad. Ataquemos. –dijo al mismo tiempo que se lanzaba contra los traficantes.
Batman suspiro, acostumbrado a que Robin nunca le haga caso, Red Hood los siguió. Jason no usó sus armas está vez, con sus puños le era más que suficiente al igual que Batman quien no necesitó ni un batarang para desarmar a los maleantes.
-Vaya… vaya… Red Hood. –lo nombro Albert al ver que Jason lo dejaba para el final y caminaba hacia él.
-¡Albert! ¡Este es tu fin! ¡No volverás a ponerle un solo dedo encima! –grito furioso Red Hood.
Robin miro a Batman seriamente, le llamo la atención que Richard no intervenía, ya tenían maniatados a todos los traficantes y el único que faltaba era el primo de Sophie quien era arrinconado por Jason. Batman le hizo una señal a Robin para que no interviniera, a lo cual el niño se sintió bastante ofendido ya que Sophie también era un ser muy querido para él. Sin embargo obedeció y ayudo a Batman.
Red Hood arrinconó al primo de Sophie y ambos comenzaron a pelear como si se tratara de una lucha callejera. Pero Jason no era ningún novato y esquivaba cada puñetazo del joven traficante. Un puñetazo en seco dejo Albert confundido, en ese momento Jason aprovechó la oportunidad y una lluvia de puñetazos y patadas cayeron sobre Albert. Batman solamente observaba, con expresión seria y solemne al igual que Robin.
-Detenlo… lo va a matar. –pidió uno de los maleantes a Batman.
El caballero de la noche miro de forma sombría al hombre. Pero fue Robin quien respondió:
-Él no se detuvo cuando lastimó a su prima. –dijo con cólera en su voz.
Red Hood dejó fuera de combate al joven, Albert luchaba por respirar ya que la sangre salía a borbotones por su nariz y por su boca. Sin embargo el narcotraficante no sabía lo que era rendirse y empezó a provocar más a Red Hood.
-Vaya… luces furioso. Tanto lío porque me folle a mi prima. ¿Te enojaste porque le quite su virginidad y tú no? –pregunto de forma irónica.
Jason apretó sus dientes de la rabia y tomó del cuello al moribundo joven levantándolo del suelo. Sin embargo no articulo palabra solamente un gruñido furioso, como un grito de guerra.
-Sabes algo Jason. –dijo Albert con voz socarrona. –Mientras me la follaba ella gemía por ti. Gritaba "Robin" "Robin" como si tu pudieras salvarla. Terminó hartándome y por eso le deje esas marcas en el cuerpo. Para que me recuerde a mí y no a ti. Para que sepa que es mía y no tuya. –susurro con maldad.
Al escuchar esas crueles y malvadas palabras Robin se arrojó contra el hombre que tenía Red Hood entre sus manos, iba a darle muerte por haberle hecho semejante cosa a Sophie. Pero Batman lo detuvo inmediatamente.
-Suéltame se lo merece. Merece una muerte lenta y dolorosa. –dijo Robin mientras se removía entre los brazos de Batman.
-No podemos hacer eso. No nos corresponde. –respondió Dick.
En ese momento Jason dejo caer el cuerpo de Albert y un disparo se escuchó en el lugar. Red Hood había comenzado a disparar sin importarle los presentes. Prácticamente descargo el cartucho de su pistola.
-¡Hood no! –exclamo Batman.
Pero todos se sorprendieron que de Albert todavía estuviera vivo al escuchar sus gritos de dolor. Jason solamente le había disparado en los brazos y en las piernas. El joven gritaba del dolor y se removía en el suelo. Red Hood lo volvió a tomar del cuello y se acercó para susurrarle:
-Ella no te recuerda. Nunca más lo hará. Porque yo soy su futuro. Y no volverás a verla… en la cárcel conocerás en infierno. –murmuro lleno de ira.
Albert abrió sus ojos grandes al escuchar esas palabras. Sabía lo que le esperaba, sabía lo que Red Hood le tenía preparado. Había perdido.
Entonces Jason dejo caer al joven y se acercó a Batman y a Robin. En ese momento las sirenas de los policías se escucharon.
-He terminado aquí. Me voy. –dijo seriamente. Su voz sonaba tan rabiosa, como si tuviera un nudo en su garganta y no pudiera hablar.
Richard lo miro con compasión y apretó con fuerza y cariño el hombro de Red Hood.
-Lo has hecho bien. –respondió con orgullo.
Red Hood asintió y comenzó a trepar las paredes para irse del lugar. Batman intercepto a Gordon y le explico la situación. El viejo policía se asombró al escuchar que Red Hood los había ayudado.
Jason desapareció en la noche y regresó a su apartamento. Allí se encontró que Sophie tenía lista la cena y lo esperaba con una cálida sonrisa en su rostro.
Holaaaaaa! ¿Cómo han estado? Espero que bien =) Mil disculpas por haberme tardado tanto, sé que ni las peores penas del infierno son suficientes castigos por haberlos dejado sin capítulos. Pero tengo una buena excusa, he estado rindiendo exámenes finales y después con el intenso calor nos cortaron la luz, y por ende no tenía ni internet ni laptop =( Mil disculpas en serio =(
Hablando del capitulo, Albert al fin tuvo su merecido, Jason habrá hecho una promesa pero eso no lo hizo perder su encantadora personalidad jajajaja. Y Dami... nuestro Dami se está dando cuenta que quiere a Sophie. Y no me cansare de decirlo quiero un hermano como Dick =) Encima yo no tengo hermanos, soy hija unica. Tal vez Dami me quiera prestar a Dick jajajajaja xD
Muchas gracias a todas las personitas hermosas que siguen mi historia, espero que todavía sigan por aquí =) Sakura-Selene, dragonazabache y BatCatForEver. Y a los que no han dejado review todavía, anímense así los conozco mejor =)
Les mando un abrazo gigante, espero que hayan comenzado el año con muchas bendiciones =) Hasta el próximo capitulo que prometo será dentro de una semana =) Besitos!
PD: Por cierto no estoy muy de acuerdo con el título que le he puesto al fic y me gustaría cambiarlo. Ustedes ¿Tienen alguna sugerencia? Si las tienen no tengan vergüenza y díganme. Me encantaría saber. Ahora si me despido. Besitos!
