Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.
-Capítulo 13-
Alice se marchó temprano a su piso, por lo que aquel viernes llegó al hospital algo más tarde que de costumbre. En cuanto llegó se dirigió implacablemente a la camilla en la que me encontraba mientras su madre me hacía el masaje que normalmente me hacía Alice. Aquella mañana me habían obligado a practicar la verticalización de nuevo y aquello había conseguido dejarme exhausto. No obstante, le dediqué una sonrisa a mi novia cuando estuvo enfrente de mi camilla.
–Hola –me saludó tanto a mí como a su madre.
–Hola, cielo –Kate se inclinó y le dio un beso en la mejilla a su hija. – ¿Qué te han dicho de la tubería?
–Pues que ya está arreglada, pero que seguramente aún tardarán una semana más en rehacer el techo y eso.
–Pobre Jasper –repuso Kate. –Parece que tendrás que aguantarla otra semana –me comentó guiñándome un ojo con diversión. Yo le respondí con una sonrisa, y después observé a Alice, que miraba a su madre con los ojos entrecerrados, y negué con la cabeza.
–Pues que sepas que no le he molestado ni una sola vez en el tiempo que llevamos viviendo juntos –se defendió Alice, indicándole a su madre que ella se ocuparía de mí en lo que quedaba de hora.
–Eso dices tú –continuó bromeando su madre. –En fin, chicos, iré a ayudar a otra persona. Luego nos vemos.
Se alejó de nosotros para ayudar con la rehabilitación de otro paciente, y Alice me indicó que me quitara la camiseta para hacerme el masaje en la espalda.
– ¿Cómo ha ido? ¿Lo has pasado muy mal sin mí?
–Ni te lo imaginas –exageré cuando estuve tumbado boca abajo en la camilla. –Hoy me ha tocado hacer la verticalización y me han dejado molido.
–Pobrecito –se compadeció. – Pero ¿sabes? He leído que, aunque muy pocos parapléjicos vuelven a caminar, sí que hay algunos que recuperan algo de sensibilidad en las piernas y son capaces de estar de pie durante algún tiempo. Podríamos…
–No, Alice –la atajé antes de que comenzara a hablar y a hacerse ilusiones.
–Si ni si quiera me has dejado acabar la frase.
–Pero sé lo que ibas a decir y no quiero ni que lo pienses. Yo jamás voy a volver a caminar.
– ¿Cómo puedes saberlo si no lo intentas?
Permanecí callado, pues no quería que discutiésemos, y mucho menos en el hospital.
–Alice, déjalo, por favor.
–No quiero dejarlo. Sólo quiero saber por qué te niegas siquiera a intentarlo.
–Porque no quiero decepcionarte ni tampoco decepcionarme a mí –respondí, diciéndole una verdad a medias. –Si seguimos hablando del tema, al final acabaré creyendo que puedo mejorar, pero cuando lo intente y vea que es imposible, me llevaré una decepción y no quiero.
–Estamos en las mismas. ¿Y qué pasa si cuando lo intentas te das cuenta de que sí que puedes caminar? Eso no pasará la primera vez, claro, pero tal vez sí a la quinta, a la sexta, o a la vigésima.
Sus manos estaban masajeando mi cuello con suavidad pero con intensidad, y consiguieron que perdiera un poco el hilo de la conversación. Cuando lo retomé sacudí un poco la cabeza.
–Es que no tengo esperanzas.
–Pues empieza a tenerlas.
Ladeé la cabeza para poder mirarla a los ojos.
– ¿A qué ha venido esa exigencia?
–No ha sido ninguna exigencia. Pero dentro de poco, y con la ayuda de Emmett, comenzaremos a practicar otros ejercicios.
Aquella idea me entusiasmó más bien poco, por no decir nada. Las ideas de Alice a veces me provocaban escalofríos.
– ¿Qué clase de ejercicios? ¿Y qué pinta Emmett en todo esto?
–Ya lo verás. No pienso adelantarte nada más.
Fruncí el ceño, descontento, y después volví a apoyar la barbilla en mis brazos flexionados.
Al llegar a casa un rato después me duché y me vestí pensando en la cita de aquella tarde con Edward. Me había llamado por la mañana y habíamos quedado en el parque al que fui con Alice el primer viernes y en el que nos encontramos con James. A saber qué había sido de ese miserable.
Alice llegó poco después que yo y, tras ducharse, ambos comimos, descansamos un rato y a las cinco nos marchamos preparados para nuestra quedada.
– ¿Cómo es la novia de Edward? ¿Es guapa? –me preguntó Alice mientras íbamos de camino al parque.
–Sí… Supongo.
– ¿Supones?
–No sé, a mí me pareció bastante guapa.
Alice me miró con los ojos entrecerrados.
–Así que bastante guapa –murmuró con los ojos entrecerrados.
–No me digas que estás celosa. Sólo he dicho que es guapa, no que me enamoré locamente y que planeo dejarte para casarme con ella.
–Más te vale que no –fingió enfadarse, pero después, en medio de la calle, se rió y me dio un sonoro beso en la mejilla. –Que te quede claro que eres mío, y si hace falta, se lo dejaré claro a ella también.
Me reí ante su último comentario a pesar de que había conseguido descolocarme con el primero. No obstante, me gustó que se pusiera algo celosa, pues eso me indicaba que realmente sentía algo por mí.
Al llegar al parque, nos dirigimos a la cafetería en la que nos habíamos citado con ellos, y sólo nos hizo falta estar cerca del bar para dar con Edward y con Bella. Habían decidido sentarse en una de las mesas de fuera aprovechando que hacía sol, y se levantaron en cuanto nos vieron. Hicimos las presentaciones pertinentes, aunque cuando iba a presentar a Bella y a Alice, me di cuenta de que no hacía falta.
–Ya nos conocemos –comentó Alice con una risita.
– ¿De qué? –pregunté yo, sorprendido.
–Del colegio –me respondió Bella. –Veo a Alice cada martes y cada jueves. Da clases a algunas niñas que fueron alumnas mías hace algunos años.
Edward y yo asentimos en silencio, altamente sorprendidos por aquella coincidencia. Al final aquella idea que se me había pasado por la cabeza terminó siendo cierta: ambas trabajaban en el mismo colegio, y por lo visto se llevaban bien.
Acto seguido, los tres se sentaron en las sillas que habían alrededor de la mesa y el camarero apartó la que sobraba para que yo pudiera colocar la mía.
–Jasper me contó el problema que tuviste en tu piso –le comentó Edward a Alice para entablar conversación.
–Sí, es un engorro. Pero bueno, supongo que gracias a una tubería rota ahora Jazz y yo estamos juntos –respondió ella con una amplia sonrisa que incluso me hizo sonrojar. – ¿Y vosotros qué? ¿Cómo os conocisteis?
Yo ya me sabía la historia, pues Edward me la había explicado resumidamente el día anterior, pero escuché atentamente de todas formas porque fue Bella la que la explicó aquella vez incluyendo muchos más detalles. Al parecer, hacía un par de años, Bella tuvo que acompañar a uno de sus alumnos al pediatra, pues el niño se había hecho un esguince al caerse mientras jugaba, y fue Edward quien lo trató a pesar de que hacía apenas unos meses que estaba en prácticas. A partir de ahí ambos se sintieron atraídos el uno por el otro, y sin quererlo ni beberlo, comenzaron a encontrarse en los sitios más inesperados. Finalmente decidieron que tal vez aquello era cosa del destino, y comenzaron a verse más a menudo, hasta que decidieron formalizar su relación.
–Qué historia tan bonita –comentó Alice, quien había escuchado el relato de Bella de cabo a rabo sin interrumpir ni una sola vez. –Será digna de explicársela a vuestros nietos.
–Bueno, eso ya es ir lejos… No tenemos prisa por casarnos ni por tener hijos –comentó Edward claramente avergonzado por aquel comentario de Alice, al igual que Bella.
Yo me limité a sonreír, divertido. Estaba claro que aún no conocían la franqueza de Alice respecto a estos temas. Y a todo, en realidad.
– ¿Y vosotros cómo os conocisteis? –fue el turno de Bella de preguntar, y fue mi momento para ponerme nervioso.
Alice no tuvo reparo ninguno en explicar lo mucho que a mí me gustaba verla bailar noche sí y noche también, y cómo nos conocimos oficialmente una mañana hacía ya varias semanas.
–Caray, nuestro flechazo fue rápido, pero anda que el vuestro… –comentó Bella, sorprendida.
–Sí… No sé –Alice se encogió de hombros. –Yo tenía la sensación de que ya le conocía. Es algo increíble, pero realmente así lo sentía cuando aún no había hablado con él en la vida.
Parpadeé seguidamente, sorprendido. Yo eso no lo sabía.
–Lo que yo no puedo creer es que seas un acosador, Jazz –me dijo Edward dándome un suave codazo, devolviéndome a la realidad. – ¿Qué es eso de espiar a las señoritas mientras bailan?
Me sonrojé de la cabeza a los pies, consiguiendo que todos se rieran con diversión.
–No lo hacía con maldad –intenté defenderme.
–Ya me imagino, y menos mal.
Alice alargó la mano y la entrelazó con una de las mías.
–A mí nunca me molestó que lo hiciera. A decir verdad… me gustaba.
–Menuda pareja de raros que estáis hechos los dos –bromeó Edward, consiguiendo hacerme reír.
Un rato después, en el que hablamos del trabajo y de la vida en general, las chicas se levantaron para ir al cuarto de baño, y Edward y yo nos echamos a reír.
–A saber por qué tienen que ir juntas al cuarto de baño –dijo Edward con una risita.
–Supongo que será su momento para ponernos verdes.
–Jesús, espero que no. Pero bueno… –cambió de tema al mismo tiempo que cambió su semblante, cosa que me preocupó. –Pasado mañana Peter habría cumplido veintidós años.
Le dediqué a mi amigo una mirada airada.
– ¿Crees que no lo sé? ¿O es que piensas que ya he olvidado el cumpleaños de mi hermano?
Edward me miró con los ojos muy abiertos.
–Claro que no, Jasper. Sólo era un comentario.
–Pues sobraba.
Mi amigo agachó la cabeza, claramente avergonzado.
–Lo siento. No quería incomodarte.
Ladeé la cabeza para que no viera mi mala cara, y a pesar de que intenté no sentirme mal por enfadarme de nuevo, no pude evitar hacerlo. Había tenido que aceptar de una forma muy dura que mi hermano no volvería, y aunque sabía que Edward no lo había hecho con maldad, mi mal humor fue aumentando por momentos.
Las chicas regresaron al cabo de unos minutos en los que ni Edward ni yo nos dijimos nada más; él para no meter la pata de nuevo, y yo para no discutir.
– ¿Qué? ¿Habéis hablado mucho de nosotras? –nos preguntó Alice cuando volvió a sentarse, y tomó de nuevo mi mano entre las suyas sin darse cuenta de la tensión que se había generado entre mi amigo y yo.
– ¿Te sientes culpable porque vosotras sí que habéis estado hablando de nosotros en el cuarto de baño? –se la devolvió Edward a modo de broma.
– ¿Por qué siempre dais por hecho que hemos hablado de vosotros? Qué egocéntricos que llegáis a ser –bromeó Bella dándole un codazo suave a Edward.
Alice se percató de mi pésimo humor cuando me sonrió y no le devolví la sonrisa. Por eso agitó nuestras manos y se acercó un poco a mí para poder preguntarme con privacidad:
– ¿Qué sucede?
Me limité a sacudir la cabeza sin abrir la boca.
–Jazz… –comenzó, pero Edward la interrumpió:
–Ha sido culpa mía.
Alice lo miró achicando los ojos, al igual que Bella, sin comprender lo que sucedía.
– ¿Culpa tuya? –inquirió Alice, sorprendida.
–He hecho un comentario sobre Peter que no debería haber hecho –explicó él, arrepentido.
Y yo me sentí fatal por hacer sentir así a Edward, a mi recién recuperado mejor amigo. Alice volvió a mirarme a mí, esperando alguna explicación más detallada.
–No quiero hablar del tema, por favor –fue mi única respuesta.
Tanto Bella como Edward asintieron en silencio, dándome tregua, pero Alice me miró con el ceño fruncido, indicándome que eso no quedaría así y que tarde o temprano hablaríamos del tema. Y yo sabía que así debería ser, pues no podía ocultarle por más tiempo lo que había sucedido con Peter.
Estuvimos un buen rato más con Edward y con Bella, y con el pasar de los minutos fui relajándome otra vez. Me disculpé con Edward por haber sido tan brusco y me alegré sobremanera cuando le quitó importancia al asunto diciéndome que no había sido un buen momento para sacar el tema a colación. Cuando el cielo comenzó a teñirse de naranja nos despedimos de la pareja prometiendo vernos pronto, y Alice y yo regresamos al piso en silencio. No nos dijimos nada en todo el camino, y cuando llegamos a casa, Tabby salió a recibirnos. Se frotó contra nuestras piernas y después corrió detrás de Alice demandándole comida con maullidos lastimeros.
Mientras cenábamos, me di cuenta de que Alice me miraba de reojo, como si estuviera muriéndose por preguntarme sobre mi hermano, y el hecho de que no lo hiciera a pesar de sus ganas me aseguró que podía confiar totalmente en ella. No obstante, había tomado una decisión y también era preciso que pusiera a Alice al corriente. Dejé mis cubiertos sobre la mesa y respiré hondo antes de comenzar a hablar:
–Alice, sé que tenemos que hablar, pero hay algo que me gustaría decirte antes, o más bien pedirte.
Ella asintió en silencio y, después de haberse limpiado la boca con una servilleta, se sentó en la silla que se encontraba a mi lado. Cubrió una de mis manos con una de las suyas y esperó hasta que me decidí a hablar.
–Me gustaría que cancelaras los planes que tienes con Emmett.
Frunció el ceño.
– ¿Con Emmett?
–Sí. Esos nuevos ejercicios que estás empeñada en que haga –le aclaré. –No los voy a hacer.
Me observó durante unos largos segundos en silencio.
– ¿Cómo que no? ¿Por qué?
Respiré hondo, dándome cuenta de que una discusión parecía algo inevitable en aquel momento.
–Tengo mis razones.
– ¿Qué razones? –inquirió, enfadada.
–Están relacionadas con mi hermano… Me gustaría contarte la historia, y quizás así puedas entender un poco mejor mi punto de vista.
El rostro de Alice cambió por completo, y dejó de ser enfadado para pasar a ser preocupado.
–Jasper… Si no quieres no tienes por qué explicármelo.
–Pero quiero hacerlo. Creo que después de todo mereces saberlo y… Siento que tengo que contárselo a alguien.
Alice asintió en silencio, indicándome que me escucharía, y yo volví a respirar hondo, necesitando todo el valor que pudiera reunir para no desmoronarme como un castillo hecho de naipes tras una ráfaga de viento.
¡Hola de nuevo! Aquí os dejo un capítulo cortito donde los haya, sorry, pero el siguiente es más largo (creo) y muy sustancioso ;) Al fin sabremos la historia de lo sucedido con Peter y algo más, un plus añadido diría yo, pero me callo ya porque no quiero adelantaros mucho.
Espero que os haya gustado el capítulo de hoy y que me lo digáis con muchos reviews (que disminuyen a cada semana T_T)
¡Hasta la semana que viene! Xo
PD: No os molestéis con Jazz por dar dos pasos hacia delante y cinco hacia atrás, el pobrecito es así y no va a cambiar de un día para el otro :(
